Menospreciar es “darle a una cosa o persona menor valor o importancia del que merecen” o “considerar que algo o alguien no merece ningún aprecio o atención”.
Salomón escribió: “Oye a tu padre, a aquel que te engendró; Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.” ¿Por qué escribió estas palabras?
Él nos conocía y sabía que los hijos tendemos a menospreciar a nuestros padres en ciertos momentos.
Dios llama mi atención con este proverbio. Mi padre está con Dios y reconozco que muchas veces no lo escuché.
Ahora queda mi madre, que está envejeciendo. Es de 1934. Se llama María. Ella siempre cumplió, cumple y cumplirá su deber.
Mi familia y yo vivimos con mi madre. ¡Ese es nuestro privilegio! Gracias a Dios, ella se desenvuelve independientemente, aunque no sin sus males.
Proverbio 23:22 es una espada en mi corazón. Duele hallar momentos en que no aprecio a mi madre como merece.
Siempre debemos valorar a nuestras madres, pero más cuando envejecen. En esa etapa debemos duplicar y maximizar nuestra intención y esfuerzo por atenderlas como les corresponde por ser quienes son, y por lo que han hecho y hacen por nosotros.
¡Dios mira como tratamos a nuestras madres!
Hablemos con ellas.
Escuchémoslas atentamente.
Caminemos a su ritmo y velocidad.
Visitémoslas y démosles presentes.
Suplamos sus necesidades.
Hagamos por ellas lo que no pueden hacer…
Todos debemos trabajar y cuidar nuestras familias. Todos tenemos problemas. Todos tenemos que despejarnos y reposar.
Estamos en este mundo y estamos sujetos a sus vicisitudes… pero eso no implica que olvidemos a nuestras madres.
Nuestras madres nos dieron su juventud. Su fuerza y lozanía las gastaron en hacer de nosotros lo que somos. ¡Ahora nos toca cuidarlas y honrarlas gozosamente!
¡Qué Dios nos ayude a valorar y a apreciar a nuestras envejecidas madres!
Mi segundo hijo me sorprendió con una pregunta. Me dijo: “El miedo es lo que nos hace humanos. ¿Qué piensas de esta declaración.” Su pregunta me hizo pensar. ¿Los seres humanos tenemos miedo? ¡Claro que tenemos miedo! A unos les da miedo una cosa; a otros, otra. ¿Es verdad, entonces, que el miedo es lo que nos hace humanos?
La pregunta de mi hijo me llevó a la Biblia, porque para mí, ella es palabra de Dios y, por tanto, la fuente de autoridad para todo asunto de la vida del hombre y del universo en que habita. Al ir a la Biblia, encontré que el miedo sí está asociado con el ser humano.
Adán y Eva fueron los primeros en experimentar miedo.
El miedo es una emoción y una sensación horrible. Cualquier diccionario resume al miedo como una “sensación de angustia provocada por peligro real o imaginario.” Su sinónimos exponen lo terrible del miedo: “recelo”, “temor”, “espanto”, “terror”, “pavor”, “pánico”.
Adán y Eva tuvieron recelo, temor, espanto, terror, pavor, pánico. Su miedo les hizo enconderse. ¡Fueron los primeros en experimentar esta horrible sensación!
El miedo de Adán y Eva fue a Dios. Le tuvieron pavor y se escondieron de él. No quisieron que los viese “desnudos”. No quisieron estar a su lado… Antes no habían tenido ese terror ni ese pánico de Dios. Antes escuchaban a Dios y no tenían ni espanto y ni recelo. ¿Qué pasó?
El relato bíblico lo dice. Ellos desobedecieron a Dios, fueron en contra de su mandato. Ellos obedecieron a otro antes que a Dios. Obedecieron a la serpiente, que es identificado como el diablo y satanás (Apocalipsis 12:9).
Adán y Eva no experimentaron miedo previo a su desobediencia a Dios por el engaño del diablo. Su miedo, esa sensación horrible que turbó sus vidas, no fue parte de su ser original, sino una consecuencia, un resultado de desobedecer a Dios y de hacerle caso al diablo.
“El miedo es lo que nos hace humanos” es una afirmación inexacta. El miedo no nos hace humanos. Fuimos creados sin experimentar miedo. Vivimos un corto lapso de nuestra vida sin miedo. Disfrutamos de Dios, de nosotros mismos, de las otras criaturas y de todo lo existente sin miedo alguno. El miedo llegó a nosotros como una consecuencia de la desobediencia.
El miedo, entonces, está asociado con nosotros como una evidencia de que somos seres humanos pecadores. El miedo es una expresión de estar alejados de Dios y de haber perdido nuestra comunión con él. El miedo está con nosotros porque hemos caído en desgracia. Pablo lo expresa con contundencia: “Por cuando todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).
Es por eso que no existe ningún ser humano sin miedo. ¡Todos tenemos miedo! ¡Tenemos miedo casi a todo!
Algunos tienen miedo a los perros, a los gatos, a las ratas, a las serpientes, … hasta a los ratones. Otros tienen miedo al futuro, al fracaso, a la soledad, a la pérdida de control, a la pérdida de empleo, etc. Y la mayoría, por no decir, todos, tiene miedo a accidentes, a enfermedades… ¡a la muerte!
El miedo es propio de los seres humanos pecadores y está siempre presente en nuestras vidas.
Pero el miedo tiene su lado bueno, aunque es horrible y nos hace pasar vergüenza. El miedo nos ayuda a ser cautos, precavidos, cuidadosos. El miedo nos ayuda a “huir” de peligros y a no “meternos” en tantos problemas.
Pero, tristemente, hay un pero terrible con respecto al miedo que experimentamos los seres humanos. Tenemos miedo a casi todo, pero hay un miedo que se está perdiendo, y que se ha perdido, y que ya casi no existe en muchos humanos. Es el miedo primigenio, el primer miedo que existió, el miedo de Adán y Eva: el miedo a Dios.
Adán y Eva tuvieron miedo de Dios. Habían pecado; habían desobedecido; Habían sido desleales; habían traicionado a Dios, Su Creador bondadoso. Eso les hizo tener miedo de él y por eso se escondieron y no quisieron estar en su delante.
Adán y Eva tuvieron pavor a Dios por su condición caída.
Los hombres y mujeres de hoy están en la misma condición de Adán y Eva. Son pecadores y ofenden a Dios. Están caídos. Están destituidos de la gloria de Dios. Pero, a diferencia de Adán y Eva, no tiene miedo, no le tienen pavor.
Son muchos los que no honran y no agradecen a Dios, pero no tienen pánico. Viven cómo si no Dios existiese y como si nunca fuesen a pararse delante de Dios para darle cuenta por cómo se relacionaron con él mientras estuvieron vivos.
El miedo está con nosotros y es nuestro compañero constante. Pero ningún miedo es tan crucial como el miedo que experimentaron Adán y Eva. El miedo a Dios es el miedo indispensable. Y es indispensable porque refleja que sabemos que hemos pecado, y que merecemos el justo juicio de Dios, y que no tenemos excusa ante él, y que estamos en sus manos para lo que él determine.
Adán y Eva tuvieron miedo a Dios y eso hizo que Dios se conmoviese, los buscase y los llamase. Dios se acercó a ellos con misericordia y los trató con benevolencia. No los destruyó. No determinó su exterminio. Evitó la perpetuidad de su condición y les abrió camino para su redención.
Yo he tenido ese miedo a Dios y por eso me acerqué a él cuando fui joven. Yo tengo miedo a Dios y por eso es que me arrepiento a él cuando peco y le desagrado. Yo tengo miedo a Dios y es por eso que evito ofenderle y desagradarle lo más que puedo.
El miedo del pecador es horrible. La sensación de pavor por haber ofendido a Dios es espantosa. He experimentado el espanto y el terror por ser pecador. Pero ese espanto y ese terror son positivos porque nos colocan en la situación oportuna para que podamos experimentar la misericordia, la gracia y la buena voluntad de Dios.
Dios socorre al que tiene miedo de él debido a su condición pecaminosa. El profeta Isaías escribió: “Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.” (Isaías 66:2).
El ser humano pecador que tiembla de miedo ante la presencia de Jehová Dios y su voz porque es consciente de su condenación es el que Dios salvará. Dios mostrará su compasión, su misericordia, su gracia y su favor al ser humano pecador que le tiene terror a causa de su pecado.
Dios no quiere condenar; él quiere salvar. Es por eso que envío a Jesucristo a la tierra. Jesucristo murió por nosotros pecadores. Jesucristo resucitó de entre los muertos y vive para siempre. Jesucristo da perdón y vida eterna a aquel que cree en él y le sigue. La persona que cree en Jesús y le sigue tiene comunión y paz con Dios. Él que sigue a Jesús ya no tiene miedo de Dios, ni de su juicio, ni de su condenación.
El que sigue a Jesús es hecho hijo de Dios. Es coheredero juntamente con Cristo. El cree en Jesús ha dejado atrás el miedo primigenio. Ahora se acerca a Dios confiadamente y vive así toda su vida en esta tierra. El cree en Jesús sabe que vive con Dios y que al morir irá con Dios y ya no le tiene miedo y ya no se esconde de él.
El que sigue a Jesús tiene todavía sus miedos, que son terribles, pero el miedo original, el miedo del pecador sentenciado no redimido ya no está en su vida. Jesucristo lo ha vestido de justicia y santidad y ya no tiene porqué esconderse de Dios.
¡Gracias a Dios por Jesucristo, Su Hijo, quien nos quita el miedo a Dios por ser pecadores y quien nos cubre consigo mismo para vivir libre y gozosamente con Dios por toda la eternidad!
Acuérdate de Jesucristo, le dice Pablo a Timoteo. Jesucristo es la vida de los cristianos. Él debe estar siempre presente en la mente y corazón de cada cristiano.
Timoteo debía acordarse de Jesucristo constantemente. Su Señor y Salvador debía estar en su mente cada día.
¿Qué debía “evocar” y “traer a su memoria” siempre Timoteo sobre Jesucristo?
Debía tener presente que Jesucristo es el Señor y Rey de Israel, del mundo y de todo el universo.
Debía recordar que Jesucristo había muerto en reemplazo de los pecadores, para perdonarlos y quitarles toda condenación.
Debía recordar que Jesucristo había resucitado, estaba vivo, y estaba salvando y añadiendo más pecadores a Su Iglesia, Su Cuerpo.
Debía recordar siempre que el evangelio de Jesucristo es el único mensaje de salvación para todos los pecadores.
Timoteo debía acordarse que la vida en Cristo y el servicio a él anunciando la palabra de Dios trae sufrimiento y prisiones injustas, pero aun así, la palabra de Dios nunca quedaba presa.
Acordarse siempre de Jesucristo trae sentido, orientación y poder a la vida de cada seguidor suyo. Pablo lo sabía, lo experimentaba. Su ánimo y su fuerza para vivir y servir a Cristo y a la iglesia sin desmayar dependían de acordarse de Jesucristo siempre.
Pablo quería que Timoteo experimentase y disfrutase la vida en Cristo como él. Por eso le dice: “Acuérdate de Jesucristo”.
Jesucristo nos da enfoque eterno al vivir esta vida. Necesitamos pensar siempre en Jesucristo y su obra de salvación descrita en la Biblia.
Yo necesito acordarme de Jesucristo.
Necesito evocar a Jesucristo y a su presencia y su obra en todo momento.
Acuérdate de Jesucristo, búscale, y vive con fe en él siempre. Tendrás aliento, vigor, visión y entusiasmo para vivir en este mundo que se aleja más y más de Dios y de Jesucristo, el único salvador.
Supe de los Awajun (Aguarunas) cuando empecé a predicar el evangelio, en mis inicios. Dios me llevó a Moyobamba. Fue en 1988. Estando en Moyobamba, visité el pueblo de Quilloallpa. Desde Quilloallpa se puede mirar el territorio Awajun. La gente de esta etnia llegaba hasta Quilloallpa cuando quería ir a Moyobamba y también cuando quería vender su caza.
En ese tiempo no pude acercarme a ellos. Porque no supe cómo hacerlo. (Foto: Oda y Olfa, dos mujeres awajun lavando ropa en una fuente de agua cristalina).
Mi segunda experiencia con los Awajun ocurrió antes del 2005. Viajé a hasta Nueva Esperanza, en el río Marañón, Departamento de Amazonas. En esa ocasión viaje con una delegación de coreanos y peruanos. Fuimos para una campaña médica y para predicar el evangelio de Jesucristo. En esa ocasión sí me relacioné con los Awajun. Dios me dio el privilegio de enseñarle la palabra de Dios.
Después de esa experiencia, solamente escuchaba de los Awajun ya que tengo amigos que siempre van a sus comunidades a predicar el evangelio.
Luego, unos días antes del inicio de la pandemía por Covid 19, recibí la llamada del pastor Awajun Eduardo Ushap. Esa llamada quedó grabada en mi mente, pero no pude hacer mucho más en aquellos días.
Hasta que el pastor Enoc Príncipe, pastor de la Iglesia Bautista Betel, que es el pastor de la iglesia donde soy miembro, me pidió que comunicase con el pastor Eduardo Ushap para ver cómo es que nosotros le podíamos ayudar a él y a su congregación.
Tomé la petición del pastor Enoc y me comuniqué con el pastor Eduardo Ushap y coordinamos que viajaría hasta su comunidad del 23 al 28 de noviembre de este año. (Foto: El pastor Eduardo Ushap y yo, al fin nos pudimos conocer cara a cara).
El viaje y los transportes.
Para llegar hasta Yutupis hay que viajar una larga distancia. Como vivo en la ciudad de Trujillo, compré un boleto para viajar hasta la ciudad de Jaén. Jaén está a unos 500 km de Trujillo y a unas 10 horas de viaje en bus. Salí a las 9 de la noche y llegué a eso de las 7 am. (miércoles para jueves). Fui en Entrafesa. El boleto me costó 57 soles. El viaje fue tranquilo, sin interrupciones, pues la carretera es buena. (Foto: Casita azul, mi hogar, en Trujillo. Círculo azul, Yutupis, mi destino).
En Jaén, luego de tomar un desayuno liviano, tomé un auto hasta Bagua Chica. Sali a eso de las 8 am y llegue a las como a las 9 am. (Jueves). 1 hora de viaje. La carretera es buena y el viaje fue cómodo.
En Bagua Chica tomé una camioneta de doble cabina y viajé hasta Santa María de Nieva. Salimos a eso de las 9.30 am y llegamos como a las 4.30 pm. (Jueves). Viajamos un promedio de 7 horas. La carretera está bastante deteriodada en su mayor parte; el viaje, en consecuencia, es bastante movido e incómodo. El conductor detuvo la camioneta para que todos podamos almorzar. El precio de un almuerzo en ese punto de la carretera oscila entre 8 a 20 soles, de acuerdo a lo que uno quiera comer. (Foto: Santa María de Nieva, río Marañón. Río Santiago marcado con banderitas. Círculo azul, Yutupis).
Una vez en Santa María de Nieva, determiné pasar la noche en allí. Busqué un hotel y encontré uno que tenía una vista muy hermosa. Desde la sala del hotel se veía el río Nieva y su encuentro con el río Marañón. El precio del hospedaje fue de 50 soles.
Podría haber viajado a Yutupis tan pronto como llegué a Santa María de Nieva, pero no lo hice porque 1) era mi primera vez que iba por esa parte de Perú, 2) viajaba solo y 3) necesitaba un poquito de reposo luego de haber viajado por tantas horas.
Al día siguiente, salí del hotel para emprender el último tramo de mi viaje. Me habían informado que la Chalupa desde Santa María de Nieva hasta Yutupis salía a las 8.30 am. Fui a esa hora, pero aprendí que la hora de salida en esa zona siempre es incierta. No salí a las 8.30, ni a las 9, ni a las 11, sino al mediodía.
Para ese momento del viaje, se me informó que navegaríamos un tramo pequeño del río Nieva, un tramo largo del río Marañón y un tramo de una hora y media por el río Santiago. En total, hasta arribar en Yutupis, navegamos un promedio de 3 horas. Llegamos a Yutupis a eso de las 3 pm. (Fotos: La chalupa en la que navegué y el puerto de Yutupis, mi destino final).
El pastor Eduardo Ushap y la comunidad de Yutupis.
En Yutupis, mi sorpresa fue grande. Me había hecho a la idea de un pueblito pequeño, con pocas viviendas y con muy poca gente, como muchos de los pueblitos que he visitado por el Bajo Amazonas. Pero Yutupis es un pueblo con un buen número de habitantes. También me impresionó el tamaño de las casas. Yutupis parece tener el destino de ser una ciudad similar a Santa María de Nieva. (Foto: Yutupis ya empezó a construir con material noble).
En Yutupis me recibió el pastor Eduardo Ushap. Él vino a mi encuentro junto a otros pastores. Junto a ellos me adentré por las calles del pueblo con destino al local de la Iglesia Alfa y Omega, que es la congregación que dirige el pastor Eduardo Ushap.
El espacio que ocupa la congregación es amplio. Tienen un buen edificio para sus reuniones. Están construyendo otro ambiente más. Cuentan con una cocina y un comedor bastante espacioso. Me gustó mucho lo que vi respecto a sus instalaciones.
El pastor Eduardo Ushap y su familia son muy hospitalarios. Su esposa se llama Licenia y pertenece a la etnia Wampis. Eduardo y Licenia tiene tres hijos, dos varones y una hija mujer. El mayor de sus hijos se llama Frank Edward y tiene el deseo de entrenarse para servirle a Dios. El segundo de sus hijos se llama Tseman Menelio, ya ha terminado su educación secundaria y está en planes de estudiar un oficio. La mujercita se llama Bridy Noraly y todavía está estudiando su secundaria. El pastor Eduardo pertenece a la etnia Awajun. (Foto: Familia Ushap Padilla, la familia es tanto Awajun como Wampis).
La Iglesia Alfa y Omega de Yutupis es una congregación relativamente grande. Está constituida principalmente de ciudadanos de la etnia Awajun. Empero, la congregación tiene también ciudadanos de la etnia Wampis. Me sorprendió el tamaño de la congregación y también la infraestructura.
La comunidad de Yutupis tiene más o menos 5000 personas y unas 5 iglesias. (Esta información me la brindó el pastor Eduardo Ushap). En Yutupis hay tres tipos de ciudadanos. La mayor parte pertenece a la etnia Wampis. En segundo lugar están los Wampis. También hay unos pocos ciudadanos hispanos. Los que viven en Yutupis y no son muy mayores, se comunican y entienden el aguajun, el wampis y el español. La gente muy anciana solamente entiende su propia lengua.
Las etnias Awajun y Wampis y los hispanos que habitan Yutupis tienen conocimiento del evangelio de Jesucristo. Su conocimiento es resultado del trabajo católico y del trabajo evangélico. La apertura al evangelio y al mayor conocimiento de la palabra de Dios es bastante obvio y alentador.
Estoy muy impresionado de lo que Dios está haciendo tanto entre los Awajun, como en los Wampis, y en los hispanos que habitan en esa área.
La oportunidad que nos presenta Yutupis.
Yutupis es un pueblo en crecimiento. Como mencioné antes, es muy posible que el pueblo llegue a constituirse en una ciudad del tamaño de Santa María de Nieva. Además, los Wampis son una etnia que se expande y que está asimilando lo moderno, pero sin perder su identidad ni su unidad como una etnia singular. (Foto: Plaza de armas de Santa María de Nieva, ciudad fundada a orillas del río Nieva. ¿Se convertirá Yutupis en una ciudad similar a Santa María de Nieva?).
Para nosotros los discípulos de Jesucristo, que por obediencia a Jesucristo, queremos alcanzar a la gente de toda nación, Yutupis nos presenta un enorme desafío y nos otorga también una gran oportunidad.
Desde Yutupis podemos alcanzar a todos los no discípulos de Jesucristo que habitan en toda esa lejana e inhospita zona del Departamento de Amazonas. Entre los ríos y las montañas y la espesura de la selva de ese territorio están los Awajun, los Wampis y los hispanos que todavía no están siguiendo a Jesucristo.
Desde Yutupis también podemos servir a los discípulos y a las iglesia de Jesucristo que están establecidas entre las comunidades Awajun y Wampis que habitan en esa área. Esos discípulos y esas iglesias necesitan conocer más y mejor el evangelio y toda la palabra de Dios.
Desde Yutupis también se puede bendecir a los pastores y a los obreros que dirigen las congregaciones Awajun y Wampis. Ellos necesitan mayor entrenamiento. Ellos quieren y están dispuestos aprender. Lo que necesitan es que vayamos y le llevemos entrenamiento bíblico consistente, periódico y constante. (Foto: Vivienda típica de los Awajun, en la espesura de la selva hay muchas de estas viviendas).
Por último, desde Yutupis y la experiencia de relacionarnos con los que Dios está haciendo por alli, nosotros mismos podemos crecer y afirmar nuestra fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, que vino a esta tierra a dar su vida en rescate por todos.
Motivos de oración.
Pido oración por la vida del pastor Eduardo Usha y su familia. En todo grupo humano el liderazgo es indispensable. El pastor Eduardo es un hombre con visión. Su corazón está en Dios y en la obra de Dios entre sus conciudanos. Ayúdemosle con nuestras oraciones. Pidamos a Dios que proteja a él y a su familia y que los siga usando grandemente en Yutupis y alrededores.
Oremos también por la iglesia Alfa y Omega y su rol en las comunidades Awajun, wampis e hispana. Esta congregación puede ser una bendición grande para todas las comunidades y para todas las iglesias de ese amplio territorio. Roguemos a Dios también por los pastores y líderes de las iglesias Awajun y Wampis. Toda congregación entre los Awajun y Wampis tiene su pastor y sus líderes. Todos ellos requieren de nuestra constante intercesión. Ayudémosles con nuestra intercesión constante a favor de ellos y de sus familias.
Pidamos a Dios por las personas de las comunidades Awajun y Wampis que necesitan el evangelio y mayor conocimiento de la palabra de Dios. ¡Qué Dios les ayude a tener interés en el evangelio de Jesucristo. (Foto: La Biblia ya está traducida a la lengua Awajun. ¡Gloria a Dios por los siervos que realizaron ese arduo trabajo!).
Oremos, asimismo, por la iglesia Betel y su mayor utilidad e impacto en el cumplimiento de la gran comisión en Trujillo, en el Perú y en todo el mundo. La iglesia Betel es la congregación en la que soy miembro. Fue por ellos que viajé a Yutupis. Pidan a Dios por el pastor Enoc Príncipe, nuestro pastor, para que nos siga conduciendo en pro de llevarle el evangelio de Jesucristo y el conocimiento de la palabra de Dios a muchísima más gente de nuestra ciudad, nuestro país y el mundo.
Finalmente, oremos por cada discípulo de Jesucristo, para que nos comprometamos y ocupemos nuestro lugar en la obra de Dios. Todos debemos estar metidos de lleno en la expansión del evangelio. Todos podemos hacer algo para que más gente conozca el evangelio de Jesucristo y sea salvo. ¡Ocupemos nuestro lugar y cumplamos nuestro rol extendiendo el evangelio y haciendo todo lo que esté a nuestro alcance para que más gente crea en Jesucristo!
Palabra final.
Me gocé enseñando a los hermanos Awajun, Wampis e Hispanos que se congregaron en la iglesia Alfa y Omega de Yutupis. Vi fe genuina en muchos de esos hermanos. Vi también conocimiento del evangelio y de la palabra de Dios. Y lo mejor de todo, vi mucho interés en aprender y conocer mucho más y mejor la palabra de Dios. Enseñé el desafío de “Cómo conseguir que los discípulos e iglesias de Jesucristo testifiquen y hablen el evangelio cada día a las personas por donde quiera que vayan”. La atención y las preguntas durante las clases me impresionaron y me dieron mucho ánimo. Dios me bendijo en esta visita misionera. ¡Muchas gracias doy a Dios por esta experiencia! (Foto: la congregación a la que tuve el privilegio de enseñar la palabra de Dios desde la perspectiva misionológica).
Si Dios lo dispone y confirma, volveré a Yutupis. He compartido un plan de entrenamiento para esa zona. El pastor Eduardo tiene interés en el entrenamiento. El pastor Enoc Príncipe también tiene interés en entrenar a la gente de esa zona y propondrá a nuestra congregación el proyecto de capacitar consistente y periodicamente a las iglesias Awajun y Wampis. Veremos cómo es que Dios nos guía y qué es lo que él dispone para todos los que estamos incluidos en esta crónica.
En Yutupis he experimentado un anticipo de lo que se vivirá cuando Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, retorne y el reino de Dios sea manifiesto en todo su esplendor. El Apocalipsis muestra que alrededor del trono de Dios habrá una multitud de gente de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas adorando y alabando a Dios por su salvación. Yo he tenido el privilegio de ver a tres naciones (Awajun, Wampis e Hispanos) alabando a Dios. La experiencia me hizo pensar de inmediato en la palabra que transcribo a continuación:
“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.” (Apocalipsis 7:9-10).
La palabra “gracias” es única. La humanidad la usa para “expresar gratitud por algo a una persona.” La palabra es una interjección.
En su sentido profundo, la palabra “gracias” está en la boca de quienes cuentan los beneficios que tienen mientras viven.
La palabra gracias procede del corazón que mira a Dios e interpreta su vida y todo alrededor de ella como resultado de la buena voluntad de Dios.
Toda la humanidad debe dar gracias a Dios todo el tiempo y en todo momento. No es así, tristemente, pero nuestras bocas tendrían que decirle a Dios gracias cada día.
Motivos de gratitud:
Existencia.
Personalidad.
Familia.
Comida.
Vestido.
Vivienda.
Trabajo.
Descanso.
Salud.
Dificultades.
Males.
El agradecido ve bondad en todo suceso, bueno o malo.
Las personas más agradecidas deben ser los cristianos. ¿Por qué? Porque conocen a Dios y a Jesucristo a quién él ha enviado.
Motivos de gratitud:
Son hijos de Dios.
Están perdonados.
Sus pecados y culpas han sido quitados.
No tienen condenación.
Tienen vida eterna.
El Espíritu Santo mora en ellos.
Son instrumento de Dios en esta tierra.
Han vencido al diablo y la muerte no tiene potestad definitiva sobre ellos.
Tienen moradas en la casa de Dios y vivirán con él eternamente.
Sus vidas están en manos de Dios siempre.
Dios nos quiere agradecidos. Todos los seres humanos debemos dar gracias a Dios siempre, pero mucho más los cristianos.
La voluntad de Dios en Cristo Jesús es que le demos “gracias en todo”. “Todo” es lo bueno y también lo malo. En todo suceso hay bondad y los cristianos lo sabemos.
¡Dios ayúdame a serte agradecido y a tener siempre la palabra gracias en mi boca!
La voluntad agradable y perfecta de Dios es la salvación de todo pecador.
La Biblia es clarísima. Aquí dos textos bíblicos:
“… Vivo yo, dice Jehová, que no quiero muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva.” (Ezequiel 33.11).
“… Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas…” (Juan 9.55-56).
Dios prioritariamente quiere salvar. Pero Dios juzgará y castigará a todo pecador que “lo obliga” ha hacerlo.
La Biblia narra juicios que Dios “tuvo” que ejecutar:
Maldijo y echó a Adán y Eva del huerto.
Sentenció a Caín a vagar erizando todo terreno a su paso.
Destruyó con el Diluvio a los prediluvianos, excepto a Noé y familia.
Destruyó a Sodoma, Gomorra y otras tres ciudades que se corrompieron rápidamente.
Mató al Faraón y su ejército por impedir la libertad de Israel.
Determinó muerte y desarraigo de los cananeos por su corrupción y depravación.
Envió muerte, sequía, hambre, guerra, dispersión y cautiverio a Israel por su idolatría y rebeldía.
Hoy Dios juzga con enfermedad, debilidad y muerte a sus hijos cuando pecan, no se arrepienten y no viven como su familia.
Reiteró, Dios no quiere condenar a nadie, pero lo hará… si lo obligamos.
El castigo eterno en el lago de fuego a quienes desprecian a Jesucristo y su obra de salvación es real. Dios preparó ese lago para el diablo y sus ángeles, “no para nosotros.”
Dios quiere salvar a los hombres de condenación y de un horrible y eterno final “inacabable”.
Jesucristo vino, murió y resucitó para salvarnos. Necesitamos su salvación. ¡Creamos en Jesús y salvémonos… no obliguemos a Dios a condenarnos con justa justicia!
Nada, nada absolutamente es para siempre aquí en esta tierra. Solamente Dios y la vida con él sí son para siempre.
David experimentó y vivió siempre este hecho: Todo podemos perder, pero Dios siempre está a nuestro lado y en él hay fortaleza suficiente para sobrellevar cualquier situación.
David tenía esposa e hijos.
Tenía vivienda y espacio donde morar.
Tenía un ejército leal para todas sus guerras.
David disfrutaba y se gozaba en lo que tenía, pero un día lo perdió todo. Hasta pudo morir horriblemente, pues, su mismo “… pueblo hablaba de apedrearlo.”
Los hombres normales siempre vuelven a sus casas para recrearse y descansar del árduo trabajo diario. Pero en esa ocasión el retorno de David y de su ejército fue desesperadamente doloroso y horriblemente amargo. Lo que encontraron en su pueblo tristemente desolador.
Su aldea estaba quemada. Sus bienes muebles no estaban. Y los más valioso, sus familias, sus esposas y sus hijos tampoco estaban, habían sido llevados cautivos. El cuadro que era espantoso.
Nada de lo que amaban estaba allí.
Todo su ejército empezó a llorar a gritos. Lo que vieron los derrumbó. El ejército de David estaba compuesto de hombres fuertes, hábiles y valientes. Pero aún así, la idea y la experiencia de haberlo perdido todo desvaneció su vigor y su ánimo.
En su amargura, todos hombres buscaron un culpable … y lo hallaron. El culpable de que no estuvieran en su pueblo, junto a su familia era David. Y pensaron el peor destino para él, había que matarlo, había que apedrearlo.
David se dio cuenta de la crítica situación en la que estaba.
Había perdido su casa, sus bienes, su familia y también su leal ejército, que hablaba de ejecutarlo a pedradas. David sabía que la sentencia de sus hombres era firme. Él vio la furia y la muerte en sus miradas.
¿Cómo David no se derrumbó ante tan dramática y mortal situación? “… David se fortaleció en Jehová su Dios.” David encontró fuerza y ánimo en Dios y en su vida con él. David sabía que Dios estaba allí, a su lado, a su disposición. David acudió a Dios y Dios lo fortaleció.
Dios evitó que David cayese en desesperación y en angustia extrema.
Nada es seguro en esta tierra. Todo se puede perder.
Todo se puede ir, y se va a ir. Nosotros también.
En un segundo, en un minuto, en una hora, en un día, etc.
Puede ser hoy, o mañana, o pasado.
Todo se puede perder por un breve tiempo o para siempre.
Así ha sido, así es y así será en esta tierra.
Solamente Dios y nuestra vida con él son seguras. Dios siempre es seguro en esta tierra y también en el mundo nuevo que ya pronto será realidad cuando Jesucristo venga por segunda vez.
A Dios no lo perdemos nunca. Dios siempre está a nuestro lado. Quienes creemos en Jesucristo y lo seguimos lo sabemos y lo vivimos. Dios es real y está con nosotros cada día porque Jesucristo lo trajo a nosotros, ya que él es Emanuel, “Dios con nosotros” (Mateo 1:23).
David sabía que Dios está disponible siempre.
Nosotros tenemos que saber que Dios siempre está.
Dios está a nuestro lado para darnos fuerzas, ánimo y todo lo que necesitamos para vivir cualquier circunstancia que nos toque.
Busquemos a Dios en Jesucristo. Si tenemos a Jesús, Dios está con nosotros.
Relacionémonos con Dios íntimamente. Amémosle y busquémosle.
¿Qué es lo que Dios más quiere? ¿Qué desea y anhela más? ¿Qué es lo céntrico en sus acciones? ¿Podemos saberlo?
Sí, sí podemos saberlo. Dios es transparente y comunicativo. Él ha revelado su deseo más profundo en La Biblia, Su Palabra.
La Biblia muestra que Dios quiere, anhela y desea intensamente la salvación de los seres humanos.
Por eso envío a Jesucristo. Por eso Dios Hijo se humanó y habitó entre los hombres. Por eso Jesucristo murió en la cruz por los pecadores. Es por eso que Jesucristo resucitó de los muertos.
Dios envío a Su Hijo para salvar, no para condenar. Todo acto de Dios busca la salvación del hombre.
Es por eso que Dios Espíritu Santo está obrando hoy en la tierra. Es por eso que Jesús mandó a sus discípulos y a su iglesia a predicar el evangelio.
Es porque Dios quiere salvar a los seres humanos que él tiene paciencia y no derrama aún juicio definitivo sobre su creación.
Si hay seres humanos que se pierden y van a condenación eterna por sus pecados, no es culpa de Dios. Nadie puede levantar su voz para reclamar a Dios su perdición. No, no, no; quien se pierde y va a condenación, lo hace por sí mismo.
El párrafo que encabeza este texto es elocuente: Dios quiere salvar al pecador. Dios ama a los pecadores y sacrificó a Jesucristo para salvarlos.
Jesucristo y su obra redentora son evidencia indubitable de que Dios anhela intensamente la salvación de todo pecador.
La salvación en Jesucristo está disponible. Todo pecador puede alcanzarla. Lo único que hay que hacer es creer y seguir a Jesucristo.
¡Dios, ayúdanos a creer y a seguir a Jesús cada día!
Evangelio significa “buena noticia”, “buena nueva”. Para los cristianos, el evangelio anuncia los hechos redentores de Dios por medio de Jesucristo.
El cristiano debe conocer el evangelio de Cristo, no sólo porque le ha dado salvación por creer en Jesucristo, sino porque se le ha mandado a predicar el evangelio a toda criatura.
Un resumen básico del evangelio tiene este bosquejo: Dios, el hombre, Jesucristo y la apelación a creer.
Ejemplo:
“Dios, el Único que existe, el de la Biblia; es misericordioso, ama al hombre y se interesa por él, aunque el hombre es pecador y no le obedece, no lo glorifica, … ni le da gracias.
El hombre está perdido y bajo condenación por sus pecados. Pero Dios no quiere condenarlo, sino salvarlo. Por eso ha enviado como Salvador a Jesucristo.
Jesucristo vino a salvar a pecadores. Fue crucificado para quitar nuestros pecados. Resucitó al tercer día, está vivo y sus discípulos lo certifican. Jesús vivo y resucitado, por su muerte y resurrección, ofrece salvación y vida eterna al que cree en él y le sigue.
Dios llama hoy a los hombres a creer y a seguir a Jesucristo para ser perdonados. Si usted cree en Jesús y le sigue mientras está en esta tierra, es salvo, tiene vida eterna. Pero si usted no cree ni sigue a Jesús está condenado. La Escritura, la Biblia, así lo dice.
Jesús es su única opción. Crea en él y sígalo.”
Este resumen debe estar en la mente y boca de todo hijo de Dios para anunciarlo a toda persona porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.
¡Qué el Espíritu Santo nos motive a hablar el evangelio a las personas cada día! Amén.
El sacrificio “era la ofrenda que los hombres ofrecían a los dioses por adoración, penitencia, satisfacción o alcanzar su favor.” Se ofrecían en altares, en donde se los quemaba totalmente, para que subiesen hasta sus “dioses”.
A Jehová, el Único Dios Vivo y Verdadero (los demás son falsos) también se le ofrecía sacrificios. La Biblia narra cómo se entregó sacrificios a él.
Caín y Abel presentaron sacrificios. Noé y su familia también. Abraham, Isaac y Jacob, adoraban a Dios con sacrificios. La nación deIsrael también ofreció sacrificios.
Dios, empero, no recibió todo sacrificio… porque vio maldad en el “sacrificante”. Los profetas reprendieron a Israel porque “sacrificaban” de labios, pero con corazones alejados de Dios.
Hasta que llegó Jesucristo, quien se ofreció como sacrificio perfecto y agradable a Dios para salvar a los hombres de sus pecados. Jesús tomó forma humana para ser ese único y definitivo sacrificio a Dios. Él, entonces, quitó el sistema de sacrificios y estableció la obediencia como la forma de agradar y glorificar a Dios. (Efesios 5.2 y Hebreos 10.1-10).
Hoy Dios quiere a nosotros mismos (en sentido figurado) como “sacrificios” a él; quiere todo de nosotros; nos quiere totalmente entregados. Todo nosotros debe estar a su servicio.
Pablo entendió que Dios nos quiere como “sacrificios”, no muertos, sino “vivos, santos, agradables.” Darnos a Dios cada día voluntariamente como “sacrificio vivo, santo, agradable” en todo lo que hacemos es nuestro “culto racional”.
Trabajar, estudiar, vender, comprar, pasear, viajar, jugar, etc., testificando la salvación en Cristo, tiene que ser nuestra adoración… nuestro “sacrificio” a Dios. ¡Qué Dios nos ayude a serle sacrificio vivo, santo, agradable y agradecido a Él por Jesucristo al vivir en esta tierra! Amén.