Oremos encarecidamente por los obreros del Señor, ¡lo necesitan!

Los ministros evangélicos son personas claves en el plan de Dios. Ellos, por la voluntad de Dios, son los responsables de enseñar y predicar la palabra de Dios, la Biblia. De su trabajo depende el crecimiento de cada hijo de Dios, la edificación de la iglesia y la salvación de los perdidos. De su ministerio depende, asimismo, la fidelidad y la pureza de la verdad divina. ¡Su labor es trascendental!

Las iglesias y los hijos de Dios, por tanto, tenemos que interceder siempre por los maestros, pastores, misioneros y evangelistas y sus familias. Nuestra oración constante a favor de los ministros de la palabra de Dios y sus familias es la voluntad de Dios para nosotros.

Pero Dios no solamente nos da la carga y el desafío de orar por los ministros del evangelio, él también nos instruye sobre qué es lo que tenemos que pedir por ellos.

Nuestros ruegos y peticiones por los que presiden y apacientas las iglesias tienen que ser específicas y bíblicas. Nuestra intercesión a favor de los obreros y siervos de Dios tiene que estar respaldada por la palabra de Dios. ¡Es imprescindible que así sea!

La Biblia, gracias a Dios, no nos deja a oscuras respecto a qué es lo que debemos pedir a favor de los obreros del Señor de la mies. Ella nos instruye y nos da mandatos específicos respecto a qué pedirle a Dios por ellos.

En esta nota compartiré textos bíblicos con peticiones específicas para interceder por los obreros de Dios.

  1. Que tengan valentía para hablar la palabra de Dios. “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:29). La predicación del evangelio y la enseñanza de la palabra de Dios se realiza, muchas veces, en un contexto de oposición y de violencia verbal, física y “legal”. El diablo y el mundo opuesto a Dios no toleran que Jesucristo sea creído, seguido, obedecido, adorado y esperado. Los obreros de Dios son humanos y también tienen miedo. De allí que es crucial pedirle a Dios que los haga valientes y apasionados para hablar y testificar de Jesucristo.
  2. Que Dios respalde todo su trabajo. “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hechos 14:23). Los obreros y siervos de Dios hablan en nombre de Dios y necesitan que Dios los empodere y respalde al cumplir su tarea. Nosotros los ayudaremos mucho si pedimos siempre que Dios esté presente en sus vidas personales, familiares y ministeriales. El respaldo divino sobre ellos tiene que ser notorio, evidente. Todos quienes los oímos, vemos y seguimos tenemos que “experimentar” con nuestros sentidos externos e internos que Dios está con ellos en todo lo que hacen.
  3. Que sean librados de los rebeldes y de los que se oponen a evangelio. “Pero os ruego hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, …” (Romanos 15:30-31a) (2 Tesalonicenses 3:2). En este mundo hay gente mala, muy mala, “irredimible”. “La fe no es de todos”, no porque Dios no quiere que lo sea, sino porque no todos la quieren … aun cuando está a su alcance. Esta gente hace sus maldades a todos, también a los predicadores. La maldad de estos hombres puede ser oral, escrita, física y hasta mortal. Los ladrones, extorsionadores, asesinos y terroristas no se detienen ante nadie y los siervos de Dios no están inmunes a ellos. La violencia, ya política o ya religiosa también afecta a a todos los hijos de Dios y los ministros del evangelio no están exceptuados. Necesitamos orar por ellos y sus familias para que no sean dañados por los delincuentes ni por quienes odian al evangelio y quienes lo predican y enseñan.
  4. Que su trabajo ministerial sea aceptado por Dios y su iglesia. “… y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta; …” (Romanos 15:31b). La ofrenda de los ministros a los santos hoy es lo que hacen para ellos. Sus mensajes, sus predicaciones, sus consejos, sus correcciones, sus visitas y todo lo que realizan para el crecimiento de los hijos de Dios en Cristo son “su ofrenda” a ellos. Esta “ofrenda” es preparada con amor y trabajo árduo. Si la congregación no acepta ni recibe esta “ofrenda” o la rechaza, el ánimo y la pasión de los siervos de Dios disminuye. Los obreros son humanos, como todos, y se desalientan. Un predicador desalentado no tiene fuerza, ni gozo, ni ganas. La congregación tiene que recibir con entusiamo lo que quienes los conducen han preparado para ellos. Todos necesitamos valorar el trabajo que realizan lo obreros del Señor y recibir y aceptar con gozo lo que ellos hacen para y por nosotros es indispensable. ¡Qué Dios nos ayude a rogar a para que el trabajo de los siervos de Dios sea aceptado y recibido con entusiasmo por las congregaciones en las que sirven! Amén.
  5. Que sus viajes ministeriales sean prósperos. “… para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros” (Romanos 15:32) (Hebreos 13:18-19). Para llevar el evangelio y enseñar la palabra de Dios hay que salir de donde se vive. Mucho del trabajo de los siervos de Dios se realiza fuera de su casa, de su barrio, de su ciudad, de su provincia y de su país. Los viajes son parte de la vida de los obreros. Al viajar, ellos corren peligros. Pueden ocurrir muchas cosas tanto al ir como al volver. Rogarle a Dios para ellos vayan, lleguen, cumplan su labor y retornen en paz y con alegría es muy importante. ¡Hagámoslo, no solamente por ellos, sino también por sus familias, que los están esperando!
  6. Que reciba las palabras adecuadas para comunicar el evangelio con claridad y en forma entendible. “Y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar” (Efesios 6:19-20). Mucho del trabajo que realizan los siervos de Dios es verbal. Ellos tienen que hablar clara, amena, comprensible y poderosamente. Sus enseñanzas requieren convición, certidumbre. El evangelio tiene que salir de sus bocas con poder y valentía. Pablo sabía lo crucial que es hablar apropiadamente el mensaje de Dios. Nosotros habemos mucho bien a la obra de Dios si es que pedimos que los obreros de Dios reciban de él las palabras y el poder que necesitan al predicar y enseñar.
  7. Que se les presente oportunidades óptimas de predicación de la palabra de Dios. “Orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar” (Colosenses 4:3-4). Aunque el evangelio tiene que ser predicado a toda criatura y a todo el mundo, no todos quieren oír o no todos están listos para escuchar. Las personas están en sus propios asuntos sin “ver” el peligro en el que se encuentran. Dios tiene que obrar en ellos para que se interesen por sus almas y por su condición ante él. Por eso, al interceder por los ministros, tenemos que pedirle a Dios que les abra puertas para que prediquen el evangelio a quienes están preparados para escucharlo. Dios es el interesado principal de la salvación de los pecadores y es él mismo quien mueve a sus siervos a donde él quiere que vayan. Oremos a Dios, entonces, para que dé a sus siervos oportunidades óptimas para predicar y testificar el evangelio de Cristo.
  8. Que su predicación del evangelio tenga resultados concretos verdaderos y firmes. “Por lo demás hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, …” (2 Tesalonicenses 3:1). Los predicadores son como los sembradores, ellos quieren sembrar el evangelio en donde éste germina, crece y da fruto. Ellos se gozarán y tendrán muchísimo más ánimo si es que ven prosperar su trabajo para Dios. Los siervos de Dios predican y enseñan porque quieren ver más conversiones, más bautizados, más hermanos obedeciendo a Dios, más dedicación y más fervor por Dios y su obra. Si ellos ven que la palabra de Dios avanza y tiene fruto, se gozarán y su ánimo será muchísimo mayor. Necesitamos pedirle a Dios que el trabajo de los obreros del Señor tenga fruto a treinta, sesenta y a ciento por uno.
  9. Que siempre tengan buena conciencia y buena conducta al vivir en esta tierra. “Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo” (Hebreos 13:18). La buena salud espiritual personal de quienes dirigen la iglesia de Dios en este mundo es trascendental. Los que apacientan la grey tienen que estar bien con Dios, con su familia (esposa e hijos), con su congregación y con toda persona a su alrededor vivir y al hacer su trabajo. Su santidad y su perfeccionamiento espiritual es vital. Si ellos tienen carga por pecado interno o externo no vivirán ni ministrarán con entusiasmo. No es posible ningún trabajo espiritual con mala conciencia por pecado personal interno o externo, aun cuando nadie, excepto Dios y los obreros mismos, lo sepan. La mala conciencia quita poder, autoridad, convicción y pasión al enseñar, predicar, aconsejar o corregir a otros. Es indispensable que oremos por la vida privada e íntima de los que encabezan las iglesias del Señor Jesucristo. Pidámosle a Dios que ellos no tengan nada que no está corregido ni confesado. Roguemos que ellos no tengan nada de que avergonzarse. Es muy importante que así sea. Amén.
  10. Que cuando sean atacados por Satanás su fe no les falte y salgan así fortalecidos de ese ataque. “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32). No hay nada que desaliente más a los maestros, pastores, misioneros y evangelistas que el pecado, ya suyo, ya de su familia, ya se su equipo de trabajo o ya de los hermanos de su congregación. El pecado causa gran estrago en todos los hijos de Dios. El daño es muchísimo más grande cuando el pecado es del obrero de Dios o de la familia suya. El diablo sabe esto último y por eso es que tienta continuamente a los obreros y a sus familias. Mantener en nuestros ruegos a los ministros y sus familias es importantísimo. ¡La obra de Dios sufre mucho cuando los siervos de Dios o sus familias pecan gravemente! ¡El desaliento, el desánimo, la falta de fuerzas son horribles en momentos así! ¡La fe y la confianza en Dios y en su obra y en sus promesas se debilitan peligrosa y terriblemente en esos momentos! Jesucristo lo sabía y es por eso que no dejó de interceder por sus discípulos cuando pecaron contra él, negándolo y abandonándolo. Hagamos lo mismo nosotros cuando el pecado hiera a los siervos de Dios y sus familias, ¡pidámosle a Dios que su fe no les falte! Amén. ¡Qué Dios nos ayude a orar diariamente por las familias de quienes conducen la grey y la obra de Dios en este mundo!
  11. Que sepan edificar hogares ejemplares. “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, … que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Timoteo 3:2, 4-5). La familia está bajo ataque. El diablo tiene por objetivo la perversión y la destrucción de la familia como institución divina. El hogar de los hijos de Dios no está exceptuado del asedio del maligno, y el hogar de los siervos de Dios, muchísimo menos. El diablo y el mundo, que se oponen a Dios y a su obra, saben que detendrán y perturbarán el evance del evangelio si dañan la familia de los ministros de la palabra. Por tanto, la iglesia tiene que rogar por ellos y sus familias. Es muy importante interceder, interceder e interceder por la estabilidad, el crecimiento y el perfeccionamiento de los siervos de Dios y sus familias.
  12. Que tengan buen testimonio para con los no creyentes que rodean su hogar. “También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:7). Los obreros del Señor y sus familias, al igual que todos los hijos de Dios, viven inmersos entre inconversos. Los inconversos siempre los están observando. Su modo de vivir y todos sus actos están en el escaparate público todo el tiempo. Sus buenas obras son clave para la difusión del evangelio y para que sean muchos más los que vienen a Cristo. Lo contrario también es cierto, si es que ellos viven y hacen mal. Su mal testimonio estorbará y hará tropezar a los no creyentes y también a las ya creyentes. Orar por el buen testimonio de los ministros del evangelio entre los que viven a su alrededor, por tanto, es vital. ¡Hagámoslo!
  13. Que tengan la intercesión constante y fiel de todos aquellos a quienes ministran. “Hermanos, orad por nosotros” (1 Tesalonicenses 5:25). “Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, en que hacéis y haréis lo que os hemos mandado” (2 Tesalonicenses 3:4). Pablo pedía oración a los hermanos y confiaba en que ellos escucharían su pedido y orarían por él y su equipo de trabajo. Los ministros del evangelio deben hacer esta petición a las congregaciones de Cristo. La intercesión del pueblo de Dios es vital. Los siervos de Dios que saben que sus hermanos en Cristo los tienen en sus oraciones cumplen su trabajo con confianza y mayor tranquilidad. ¡Dios bendiga a sus obreros con congregaciones que constantemente oran por ellos ante Dios!

Seguramente hay muchas otras peticiones específicas y bíblicas a favor de todos los que son ministros del evangelio. Empero, los motivos alistados son, según el Espíritu Santo que inspiró lo que está escrito en la Biblia, trascendentales y demasiado importantes como para pasarlos por alto.

En consecuencia, considero que los ministros del evangelio que tienen iglesias que oran a su favor fiel y fervorosamente estos principales motivos, son bienaventurados y los más propensos al éxito ministerial, que aquellos que no tienen tal privilegio y escudo.

Este artículo ha sido escrito para que los hermanos en Cristo y todas las iglesias oren, oren … y oren estas peticiones fielmente a favor de quien los apacientan.

Necesitamos orar por los siervos de Dios y sus familias cada vez que Dios los traiga a nuestras mentes. ¡Es imprescindible!

Finalizo esta nota con la confianza en que Dios hará que sus iglesias y cada uno de sus hijos orarán por los ministros del evangelio conforme a lo aquí enseñado.

Dios quiere que oremos por los ministros del evangelio y los ministros mismos nos piden encarecidamente que lo hagamos: “Hermanos, orad por nosotros” (1 Tesalonicenses 5:25).

¡Qué Dios bendiga a los ministros del evangelio con congregaciones y hermanos fieles que oran, oran y oran estos motivos y ruegos bíblicos!

Amén, amén … y amén.

Los resúmenes, un método de enseñanza clave para apresurar y afirmar el conocimiento bíblico en los discípulos de Jesucristo.

Los resúmenes son un método de enseñanza vital para acrecentar y afirmar el conocimiento bíblico en los discípulos de Jesucristo a fin de que proclamen el evangelio con convicción y valentía.

Dios se ha revelado a los hombres siempre.

La narración bíblica testifica ese hecho en todos sus relatos. Dios quiere que todos los seres humanos conozcan su persona, sus obras, sus deseos, su voluntad y sus recompensas.

Todo lo que Dios quiere que nosotros sepamos está en la Biblia, la palabra escrita de Dios. En todo lo que quiere que sepamos hay un mensaje básico de Dios a nosotros, los seres humanos. Este es su mensaje: Yo soy Dios, vuestro creador y sustentador, que quiero constante y continuamente vuestro bien, compañerismo, obediencia y adoración.

Este mensaje básico está en el contexto de la libertad de los seres humanos de creer y seguir o no la voluntad de Dios para con ellos (los hombres en su mayoría decidieron no seguir la voluntad de Dios). El mensaje, asimismo, se enmarca en la misericordia y los actos de Dios para cumplir con esa su buena voluntad para con nosotros.

Como Dios se revela en el tiempo y en el espacio, y él es eterno y nosotros no, él ha repetido su voluntad para con nosotros en cada generación. La Biblia es justamente el testimonio viviente de cómo él se ha manifestado y de cómo Dios cumple y cumplirá su objetivo de vivir con los seres humanos eternamente al final del mucho presente.

Apocalipsis 21:4 afirma claramente que Dios vivirá con los hombres y entre los hombres cuando este mundo llegue a su final y sea cambiado por otro, que será nuevo, eterno y sin ningún tipo de mal.

El mensaje de Dios se resume y se repite continuamente a través de toda la Biblia. La evidencia de resúmenes de hechos bíblicos precedentes son notorios en los siguientes libros:

El libro de Deuteronomio resume el mensaje básico de la Biblia desde el Génesis hasta el libro de Números.

El primer y el segundo libro de Crónicas sintetizan la información clave de los sucesos biblicos desde Adán y Eva hasta el retorno de israel a la tierra prometida después de los 70 años de cautiverio.

El libro de Mateo y el libro de Lucas hacen una sintesis de la revelación de Dios desde Adán hasta Jesucristo por medio de las geneaologías de personajes claves del Antiguo Testamento. (Mateo 1:1-17; Lucas 3:23-38).

Los resúmenes o los síntesis de los hechos cruciales de Dios en la  Biblia son vitales para nuestra edificación y para afirmar nuestras convicciones. Son vitales, asimismo, para difundirlos en forma rápica, clara, ordena y convincente a muchos más hombres y mujeres de este mundo.

Todos los que somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo estamos llamados a conocer bien el mensaje central de Dios en la Biblia para difundirlo por dondequiera que vayamos. En la Biblia tenemos varias personas que nos muestran que los resúmenes o los síntesis de la obra de Dios sí son posibles de enunciar si es que se ha aprendido bien lo que ella dice.

He aquí algunos de ellos:

Josué, antes de morir, hizo ante del pueblo de Israel un resumen de cómo Dios obró entre ellos desde Taré, padre de Abraham, hasta la conquista de la tierra prometida. (Josué 24:1-28).

Samuel, antes de “jubilarse” como profeta, dio un discurso en el que resumió cómo Israel se reveló contra Dios desde los días de Moisés y Aarón hasta cuando el pueblo desechó a Dios pidiendo que se le diese rey, el cual fue Saúl. (1 Samuel 12:5-25).

Esdras hizo un recuento de la rebeldía del pueblo y del trato misericordioso de Dios, desde la elección de Abram hasta la reedificación del templo luego de retornar a la tierra prometida después de los 70 años de cautiverio. (Nehemías 9:6-38).

Esteban, antes de ser apedreado por los judíos hasta morir, también hizo un recuento de la rebeldía de Israel desde cuando Dios se apareció a Abraham hasta la crucifixión de Jesucristo. (Hechos 7:1-60).

La predicación del evangelio incluso, no es sino un resumen de cómo Dios ha obrado en la historia de la humanidad por medio de Jesucristo para salvar a los pecadores. Solo tenemos que repasar los mensajes evangélicos de Pedro (Hechos 2:14-42) y de Pablo (Hechos 17:22-33) en el libro de Hechos para confirmarlo.

Es imprescindible, por tanto, enseñarle a los hijos de Dios el mensaje de la Biblia por medio de resúmenes. Nuestros hermanos en Cristo necesitan conocer la voluntad de Dios expresada reiteradamente en la Biblia en forma sintética, clara y ordenada.

Todos los seguidores de Cristo tenemos que ser testigos suyos y predicar su evangelio a toda criatura, a todas las naciones y por todo el mundo (Hechos 8:4). Para que todos podamos hacerlo, necesitamos ser capaces de sintetizar en pocas palabras y en forma coherente y ordenada este bendito mensaje salvación, que es la historia de cómo Dios salva al pecador por medio de Jesucristo, Su Hijo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

¡Qué Dios nos ayude a proclamar el evangelio de Cristo y su salvación por medio de un resumen completo, claro, coherente y poderoso a muchas más gente y en más lugares! Amén y amén.

Iglesia Bautista Tesalónica, Miramar, Alto Moche, Trujillo.

Conocí una congregación nueva en mi ciudad este último fin de semana. Esta congregación está ubicada en Miramar, Alto Moche, Trujillo. Miramar es un centro poblado desde donde se puede contemplar el Océano Pacífico, a la altura de la costa de Salaverry.

Nunca antes había estado en esa parte de mi ciudad. Esa zona era un desierto de arena hasta hace unos veinte años atrás. Ahora hay una gran población afirmándose y acrecentándose en Miramar.

Gracias a Dios, el evangelio de Cristo también se proclama allí.

Betel, la congregación en la que soy miembro, ha contribuido y contribuye con la difusión del evangelio en Miramar. Nuestro pastor gestionó para que visitase y enseñase a nuestros hermanos en Cristo de ese lugar.

Dios alienta mi alma cada vez que conozco una nueva congregación y conocer a los hermanos de la Iglesia Bautista Tesalónica, en Miramar, Alto Moche, Trujillo, me ha animado y llenado de gozo.

Mi corazón se regocijó con el entusiasmo, el conocimiento bíblico, el gozo al cantarle a Dios, la atención a la exposición a la palabra de Dios y la amabilidad de los hermanos para conmigo.

Ellos son sencillos, fervorosos y hospitalarios.

Los hermanos se reúnen en el terreno de uno de los discípulos de la congregación. En ese terreno nuestro hermano está construyendo su casa y es en uno de los ambientes que se realizan las reuniones.

La zona está bastante poblada y es una gran cosa que existan iglesias de nuestro Señor Jesucristo allí. La luz del evangelio de Cristo debe alumbrar todo lugar en el que habitan seres humanos.

Ruego sus oraciones por esta iglesia de Dios en Miramar. Pidámosle a Dios que se mantengan firmes y crecientes en Cristo y en su obra de salvación a favor de todos los pecadores.

El nombre Tesalónica es un desafío tremendo para la congregación.

La iglesia de Tesalónica en la Biblia es una iglesia ejemplar. Pablo la alabó por cómo imitaron a los apóstoles y al Señor, por cómo recibieron la palabra de Dios con el gozo del Espíritu y por cómo es que fueron un ejemplo a los creyentes de aquel tiempo … y de todos los tiempos.

La congregación bíblica se convirtió de los ídolos al Dios vivo y verdadero por medio de Jesucristo para servirle, adorarle y proclamarle en Macedonia y en todo Acaya. Su vida y su trabajo para el Señor Jesucristo son un reto que la iglesia Tesalónica en Miramar tiene que emular en su zona y en todo lugar a donde nuestro Dios los conduzca.

Dios fortaleció mi fe y me hizo recordar mi llamado a ser testigo suyo en todo lugar a donde él me lleva mientras estaba congregado con los hermanos de Tesalónica. Disfruté y crecí enseñando la palabra de Dios a mis hermanos de esa pequeña congregación. Enseñar la Biblia es un privilegio y una responsabilidad grande que Dios me concedió cuando me salvó por su gracia por medio de Jesucristo Su Hijo y estoy bendecido por eso.

Dios me habló por su palabra junto a los hermanos de Tesalónica de Miramar y fortaleció mi fe en Cristo al hacerme pensar en la ejemplar iglesia de Tesalónica, cuyo testimonio está en el Nuevo Testamento, en las dos epístolas que Pablo les escribió.

Termino este testimonio expresando mi anhelo de que la iglesia Tesalónica de Miramar y yo, encarnemos y reflejemos en nuestras vidas el carácter, la fe, la obra, el amor y la constancia que caracterizó a la iglesia de Tesalónica que está en el Nuevo Testamento. 

“… ACORDÁNDONOS SIN CESAR DELANTE DEL DIOS Y PADRE NUESTRO DE LA OBRA DE VUESTRA FE, DEL TRABAJO DE VUESTRO AMOR Y DE VUESTRA CONSTANCIA EN LA ESPERANZA EN NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.”

1 TESALONICENSES 1:3.

¡Dios nos ama … a lo pecadores!

Dios es amor.

El amor es su esencia, su naturaleza.

No existe ningún gesto ni acción divina que no estén impregnadas por su esencia, el amor.

El amor de Dios es el atributo divino que me atrapa, me conmueve, me impresiona y me persuade.

Al principio, cuando me acerqué a Dios por medio de Jesucristo, me acerqué por mi vacío, por mi frustración existencial y por mi anhelo de cambio, de transformación. Yo estaba cansado de vivir como vivía, y quería una vida nueva … y Dios me la ha dado.

Así fue cuando me acerqué a Dios, ahora, sin embargo, después de los años, y de mi estudio de la Biblia, y del conocimiento de mí mismo (en especial, de mi condición pecaminosa), me quedo con Dios y continuaré con él hasta el fin, no solamente porque me dio vida nueva, sino porque me cautiva, me maravilla y me impulsa su amor, su grandioso, asombros e inefable amor.

El amor de Dios para con nosotros los seres humanos no tiene nada que ver con que haya algo especial en nosotros mismos. Todo el amor de Dios para con nosotros tiene que ver solamente con Dios. Su amor empezó cuando nosotros no existíamos siquiera; es por él que existimos; es él quien decidió crearnos y formarnos, conforme a su imagen y a su semejanza.

El amor de Dios se hace patente en toda nuestra historia, pues, a pesar de que nos revelamos contra él en Adán, nuestro padre; él no nos ha exterminado ni nos ha desaparecido de sobre la faz de la tierra. Al contrario, él no ha mantenido y nos mantiene en ella, y nos multiplica, y nos sustenta, y nos tiene paciencia, y nos soporta, y nos busca redentoramente todo el tiempo de nuestra vida en ella.

La evidencia cumbre del amor de Dios es lo que él hizo por medio de Jesucristo a favor de nosotros aun cuando somos pecadores. Su obra de amor está descrita muy claramente en los cuatro evangelios, que narran ciertísimamente quién es Jesús, qué es lo ha hecho, qué es lo que ofrece y qué es lo que pide de nosotros pecadores.

La escritura afirma que Dios amó tanto a los pecadores que envió a Jesucristo a esta tierra para buscarlos y salvarlos de sus pecados. Su venida, motivada por el amor de Dios, está expuesta por el propio Jesús en Juan 3:16. Sus palabras son más que sublimes: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Los cuatro evangelios del Nuevo Testamento son unánimes respecto a que Jesús sabía muy bien que su misión consistía en servir a la humanidad pecadora dando su vida en rescate por ella. En consecuencia, la traición de Judas y su entrega a las principales autoridades judías para ser condenado a muerte no fueron una sorpresa para él.

Tampoco lo dejaron perplejo sus sufrimientos a manos de las autoridades judías y el pueblo de Israel de ese entonces. Ni aun la muerte misma lo agarró “desprevenido”; lo que desconcertó a Jesús, humanamente hablando, fue “el abandono”, “el desamparo” de Dios.

Y es su clamor en su agonía en la cruz del Calvario la que confirma su desconcierto. Mateo testifica su clamor y estupor así: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí. Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

El “desamparo” de Dios a Jesús tiene su explicación en el amor de Dios por los pecadores. En la cruz del Calvario Jesús llevaba el pecado del mundo. Él tenía sobre sí el pecado de todos y cada uno de los seres humanos que han vivido, que viven y que vivirán hasta el fin de este mundo presente.

En la cruz, Dios hizo pecado a Jesús por nosotros. En aquel crucial instante, Jesús estaba padeciendo el castigo de nuestra paz.

Dios, por tanto, por amor a nosotros pecadores, estaba sacrificando a su amado Hijo, al único que nunca lo ofendió ni pecó contra él. Todo lo que hizo Dios y la forma que trató a Su Unigénito en la cruz, fue por amor a nosotros.

El mensaje de Romanos 5:8 sobre el amor de Dios es maravilloso e inigualable. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Estas palabras no necesitan explicación, sino gratitud, asombro, reverencia, adoración, consagración, amor, obediencia, lealtad, etc., etc.

Todo lo que ha hecho, hace y hará Dios por los seres humanos pecadores a través de Jesús Su Hijo, es por amor. Dios nos ama y nunca hay razón para dudarlo. Y si por una u otra razón nos viene la duda de que Dios nos ame, lo que tenemos que hacer es mirar a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador: Él es la evidencia indubitable y concreta de que Dios nos ama en una forma impresionante.

En consecuencia, y para terminar ya esta reflexión, los cristianos y el cristianismo bíblico somos una realidad por el amor de Dios y es por eso que nos debemos a su amor; nosotros somos cautivos del amor de Dios.

Los cristianos, por tanto, tenemos que amar y vivir  siempre amando como Dios ama. Nosotros no podemos anidar odio en nuestro ser. No es propio del Dios a quien servimos, ni de Cristo, quien se sacrificó por amor por nosotros.

El amor de Dios tiene que gobernar y dirigir todas nuestras relaciones personales, y todas nuestras acciones y reacciones. Dios y su amor son nuestro ejemplo y nuestra meta al vivir en esta tierra. Y Dios, para asegurarse de que así sea, ha derramado su amor en nuestros corazones.

Dios nos ha capacitado para vivir en su amor y por su amor. Está escrito: “… y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:5).

¡Siempre te estamos muy agradecidos, oh Dios, por amarnos en Cristo Jesús como nos amas!

¡Ayúdanos, oh Dios nuestro, a vivir en amor y por tu amor todos los días que nos des para vivir en esta tierra!

¡Enfoquémonos en la renovación de nuestro hombre interior!

El hombre exterior es el hombre en Adán, el hombre viejo, lo que somos como criaturas de Dios. De acuerdo a este bíblico, es hombre exterior se va “desgastando”.

La palabra desgastando viene del verbo desgastar, que significa “agotar o cansarse por uso excesivo o gran esfuerzo o estrés”.

La palabra desgastarse también puede ser reemplazada por “debilitarse”, “marchitarse”, “extenuarse”.

La palabra “desgastarse” describe muy bien lo que pasa con nuestro hombre exterior, el hombre físico, que fue creado por Dios del polvo de la tierra.

Este cuerpo tiene su étapa de apogeo, de efervecencia, de crecimiento. Esa étapa es maravillosa, y revosante, y llena de vigor y de energía.

Pero esa étapa culmina, se acaba. Y cuando se acaba, ese hombre exterior empieza a debilitarse, a marchitarse, a extenuarse, … a desgastarse.

Este proceso se complica con las enfermedades y con el paso de los años. Tal es así que a más enfermedades o más años, mayor desgaste y mayor extenuación y debilitamiento, hasta el día del final, que es cuando morimos.

El desgaste del hombre exterior es paulatino, y lento, pero fatal y dolorosamente eficaz.

Dios me ha hecho ver este desgaste en mí mismo, y en familiares, y en amigos, y en hermanos en Cristo.

Justo hoy mismo me impresionó ser testigo de cómo “el desgaste” del hombre exterior ha transformado en débil y marchito a un amigo antes fuerte y lozano.

El marchitamiento y debilitamiento del hombre exterior es doloroso, incómodo, frustrante, vergonzoso e imposible de evitar, frenar y curar.

Los cristianos, sin embargo, en razón de nuestra fe en Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación, recibimos de Dios al hombre “interior”, que es un hombre nuevo, “… creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24).

Este hombre interior, a diferencia del hombre exterior que se va desgastando, “… se renueva de día en día”.

La palabra “renueva” significa “hacer nuevo a algo”. Esto quiere decir que el hombre interior no “se deteriora ni se marchita”. Este hombre interior no deja de “transformarse” positivamente, y de crecer, y de fortalecerse.

Los cristianos vivimos estas dos realidades contradictorias entre sí. Tenemos, por un lado, al hombre exterior, debilitándose y muriéndose; y por el otro, al hombre interior, haciéndose nuevo, y vigorizándose, y regenerándose, más y más cada vez.

Los cristianos sí tenemos que tomar providencias para cuidar nuestro hombre exterior, pero no debemos afanarnos demasiado por él.

Nosotros tenemos que ocuparnos mucho más en el crecimiento de nuestro hombre interior porque ese es el hombre que vivirá eternamente al lado de Dios cuando Jesucristo venga por nosotros.

El hombre exterior se va a desgastar completamente, hasta morir y ser absorbido por la corrupción propia de la mortalidad. El hombre exterior no es el hombre que vivirá por la eternidad.

El hombre que vivirá por toda la eternidad es el hombre interior, que absoverá totalmente al hombre exterior hasta hacerlo desaparecer totalmente.

El apostol Pablo lo sabía y es por eso que escribió estas palabras: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.” (1 Corintios 15:53-54).

Yo no puedo evitar el desgaste, el marchitamiento, el debilitamiento de hombre exterior. Quisiera, pero me es imposible hacerlo. Pero esta imposibilidad no es solamente mía, sino de todos los seres humanos. Ninguno de nosotros los mortales puede evitar el desgaste de su hombre exterior.

No me tengo que afanar por eso entonces. No debemos gastar energía en lo que nos es imposible de evitar.

Lo que yo sí puedo y debo hacer, es aprovechar la energía y el vigor que todavía tiene mi hombre exterior para cultivar y acrecentar mi hombre interior, que es el que se renueva, se revigoriza y se transforma día a día.

El acrecentamiento del hombre interior que Dios me ha dado al creer y seguir a Jesucristo es el que me dará ánimo, fuerza y esperanza al vivir con el hombre exterior que se va desgastando.

¡Creamos y sigamos a Jesucristo! ¡Él nos dará al hombre interior que se renueva de día en día y viviremos con ánimo en el hombre exterior aunque se desgastando!

¡Crezcamos en nuestra fe en Jesucristo, si ya somos hijos de Dios, y fortalezcamos y acrecentemos nuestro hombre interior para que vivamos con gozo en esta tierra a pesar de los sufrimientos y el debilitamiento de nuestro hombre exterior!

Amén.

¡La muerte dejará de reinar al retornar Jesucristo!

La muerte reina en esta tierra.

No me gusta la muerte.

Me aflige la muerte y sus efectos.

Tampoco me gusta ver la agonía, ni cuando empieza ni cuando está finalizando.

Asimismo, no me gusta ser testigo del dolor de nadie por causa de la agonía y de la muerte.

Empero, no puedo esquivar a la muerte. Siempre hay alguien en agonía. No falta en todo momento un ser humano que no esté muriendo. Tampoco faltan seres humanos que estén sufriendo por la agonía y la muerte de un ser querido.

La Biblia expone clara y crudamente todo lo que tiene que ver con la muerte.

Al respecto de la muerte, este párrafo de la Biblia que transcribo dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan. (Hebreos 9:27-28).

Es clarísimo en esta escritura que no podemos eludir ni evitar la muerte de nadie. Tampoco vamos a esquivar ni impedir nuestra propia muerte.

“La muerte está establecida”. La muerte física ocurrirá sí o sí “una sola vez”. Dios lo determinó así, pero no porque fue su plan inicial, sino porque Adán, nuestro padre desobedeció y pecó, y nosotros también en él. (Romanos 5:12).

Pero la muerte, siendo lo terrible que es, no es lo más terrible que está establecido para nosotros los seres humanos. Lo más terrorífico y amedrentador que nos espera luego de ella es el juicio, no el del hombre, sino el de Dios, nuestro Creador, Sustentador y Redentor, y también nuestro Juez.

Son muchos los que piensan que la muerte es el final, el descanso, el dejar de sufrir. La Biblia, empero, no confirma ese pensamiento. La Biblia presenta al juicio de Dios como lo que sigue le sigue a la muerte. Sus palabras son clarísimas: “… y después de esto el juicio.”

Me causan pavor los juicios, y el juicio de Dios mucho más. Exponer mis actos, mis pensamientos y mis motivaciones externas e internas ante Dios no es algo que quiero hacer. Mi pecaminosidad e imperfección han untado todo lo que vivo. Será espantoso y vergonzoso estar de pie ante Dios en el juicio.

La muerte y el juicio de Dios me espantan porque soy pecador y porque el serlo me es inevitable. No me malentiendan, he luchado, lucho y lucharé para no pecar contra Dios. Lo que quiero decir con mi declaración es que el pecado en una fuerza que no podemos derrotar por nosotros mismos.

Ser pecador no es algo de lo que me vanaglorio. No he disfrutado, no disfruto y no disfrutaré, en última instancia, ni ser pecador ni pecar contra Dios. La condición de pecador en un hecho trágico para mí. Todos los males de mi vida son consecuencia de mi pecaminosidad.

Empero, el párrafo de Hebreos 9:27-28, nos da esperanza. En ese bendito párrafo se habla de Cristo, el Hijo de Dios que vino a este mundo por mandato de Dios, no para condenarlo, sino para salvarlo (Juan 3:16-18). Jesucristo fue introducido a este mundo con muchísima alegría porque es el Salvador de mundo (Lucas 2:8-14).

Jesucristo es el remedio de Dios para la condenación del pecado, la muerte y el juicio final suyo. El párrafo presenta a nuestro Señor y Salvador en sus dos cruciales venidas: la primera y la segunda.

En su primera venida, Jesús vino a la tierra para salvar a los pecadores. Él mismo dijo que había venido para llamar a los pecadores al arrepentimiento y para dar su vida en rescate por muchos. En su venida primera el murió por nosotros pecadores. Este sacrificio por los pecadores lo realizó “una sola vez” para siempre. Dios Padre lo determinó así. Está escrito: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8). Luego de morir por los pecadores, Jesús resucitó de entre los muertos al tercer día, y fue visto por sus discípulos, y ascendido a los cielos, de donde vendrá por segunda vez.

En su segunda venida, de acuerdo al párrafo de Hebreos 9:27-28, Jesús vendrá “sin relación con el pecado” y será así porque ya pagó por él. Su segunda venida tiene el objetivo de “… salvar a los que le esperan.” Esto implica que hay esperanza para todos cuántos creemos en Jesucristo y le seguimos.

Empecé mi escrito afirmando que no me gusta ver la muerte, ni la agonía, ni la aflicción. Nuestro mundo está impregnado y rodeado de esa cosas, que son endémicas y que nos acompañan por dondequiera que vamos. No las podemos esquivar, ni evitar.

Llegará un día, sin embargo, en el que la muerte, la agonía y la aflicción, serán extirpadas de nuestras vidas y de este universo creado por Dios. Ese día será un gran día. Ese día será el fin del mundo presente y el inicio de la eternidad.

Ese bendito día llegará y será Jesús, Dios hecho Hombre, quien lo traerá y e iniciará.

La fe en Jesús en conformidad con la Biblia me da esperanza y ánimo para enfrentar el dolor, la agonía y la muerte.

¡Qué Dios nos ayude a creer en Jesucristo Su Hijo en base a su palabra escrita, la Biblia!

¡Qué Dios nos dé ánimo con sus promesas de vida y gozo eterno para estar listos para enfrentarnos al dolor, la agonía y la muerte!

¡Qué Dios nos ayude a los cristianos a darle esperanza y ayuda con el evangelio de Jesucristo a todo aquel que está pasando por el dolor, la agonía y la muerte!

¡Anhelemos y preparémonos para vivir eternamente en el mundo nuevo que traerá Jesucristo y en el que el pecado y la muerte ya no reinarán más!

Amén y amén.

¿Dijo realmente Jesús en Juan 3.16-18 lo que dijo o …?

El Calvinismo es una doctrina antigua, cuyo nombre deriva de Juan Calvino (1509 – 1564). Juan Calvino se nutrió de Agustín de Hipona (354 – 430 d.C.) para elaborar sus ideas teológicas.

La doctrina calvinista se mantiene vigente en el tiempo desde su elaboración y divulgación, y está quieta por un tiempo, pero “se despierta” de tiempo en tiempo por medio de otros maestros y predicadores, y desafía a toda la cristiandad en general con su enseñanza.

Esta doctrina tiene una visión particular de la salvación por gracia por medio de la fe que Dios ha revelado por medio de Jesucristo en las Sagradas Escrituras, La Biblia, que es la palabra escrita de Dios.

El resurgir del Calvinismo trae consigo un entendimiento algo peculiar de textos bíblicos claros y es por eso que en esta nota he decido escribir sobre uno de ellos, que es vital para nuestra comprensión del cómo Dios salva a la humanidad por medio de la fe en Jesucristo su Hijo.

El texto del que escribiré y comentaré es Juan 3.16-18. A este texto siempre lo he leído, oído, entendido y enseñado intentando ser fiel a como está escrito:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envío Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

“Mundo”, en mi lectura, entendimiento, e interpretación normal, es la totalidad de las personas, sin exceptuar a ninguna. (Hay otros significados de la palabra mundo en la Biblia, pero he elegido este significado porque el texto y el contexto así lo indica).

Leo, entiendo e interpreto “mundo” como la humanidad entera porque es toda ella la que es pecadora y la que esta perdida y la que necesita la vida eterna que da Dios por medio de Jesús. Es a toda la humanidad, entonces, a la que Dios ama, y a la que él dio a su Hijo.

“El que él cree” es todo ser humano. Entonces, es todo ser humano el que tiene que creer en Jesús para no perderse, sino tener vida eterna. (Como cuestión fáctica, el mundo inerte y el mundo animal, no son sujetos con la necesidad de creer).

De acuerdo al párrafo citado, la perdición y la condenación, y también la salvación y la no condenación, están íntimamente relacionadas respectivamente con no creer o sí creer en Jesús, el unigénito Hijo de Dios, cuya venida a esta tierra es prueba indubitable de que Dios ama a toda la humanidad.

Finalizo mi apreciación con estas dos ideas centrales del párrafo: Dios por su amor quiere salvar a toda la humanidad de su perdición por medio de Jesucristo y darles vida eterna por ejercer fe en él. La condenación de la humanidad, por tanto, no el propósito principal de Dios, sino una responsabilidad exclusiva de todo ser humano por no creer en Jesucristo su Hijo.

Ahora, empero, debido al resurgir del Calvinismo y sus diferentes énfasis, se está afirmando que  oír, leer, entender y enseñar como lo he hecho es incorrecto y que hay que leer Juan 3.16-18 en esta otra forma:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo (los elegidos) que ha dado a su Hijo unigénito (a los elegidos), para que todo aquel (de los elegidos) que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envío Dios a su Hijo al mundo (a los elegidos) para condenar al mundo (a los elegidos), sino para el mundo (los elegidos) sea salvo por él. El que en él cree (de los elegidos), no es condenado; pero el que no cree (de los elegidos, lo cual lógicamente no es posible) ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

Dios, según esta nueva lectura, no ama salvíficamente a toda la humanidad, sino solo a los elegidos de entre toda ella.

Jesucristo, en consecuencia, no fue dado a toda la humanidad, sino solamente a los elegidos de entre toda ella.

Por tanto, los únicos que creen y que creerán son los elegidos, lo cual hace innecesario que se presente en el texto la opción de no creer y de perderse.

En razón de esta nueva forma de entender el significado del mundo y del amor de Dios para con él en este párrafo, el amor salvífico de Dios, Jesucristo mismo, la vida eterna y la no condenación no está al alcance de toda la humanidad, sino solo de los elegidos.

A la humanidad no elegida, según está lectura e interpretación, solamente le queda la perdición y la condenación porque ha sido Dios quien lo ha determinado así al no proveer al Salvador, su unigénito Hijo, para ellos.

Soy sincero.

Me parece extraño leer, oíd, entender, aprender y enseñar así este párrafo bíblico.

A mí me parece que aun los calvinistas mismos no están de acuerdo con leer así al párrafo que nos ocupa y es por eso que proponen esta otra manera de leer:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo (Es decir, a toda la humanidad en general, pero no a toda ni a cada persona de manera específica) que ha dado a su Hijo unigénito (a toda la humanidad en general, pero no a todo hombre en particular) para que todo aquel (de toda la humanidad en general, pero no necesariamente a todo ser humano en particular) que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de no envío Dios a su Hijo al mundo (a toda la humanidad en general, pero no a todo hombre en particular) para condenar al mundo (es decir, a toda la humanidad en general, pero no a todo hombre en particular), sino para que el mundo (toda la humanidad en general, pero no todo hombre en particular) sea salvo por él. El que en él cree (de toda la humanidad en general, pero no de todo ni de cada hombre en particular), no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

Esta otra forma de leer es similar a la que le precede, pero es más encubierta en su afirmación de que Dios solo ama salvíficamente a una parte de la humanidad, y no a toda ella ni a todo ser humano que la integra.

Lo mismo que he dicho en la lectura calvinista anterior sirve para también para esta otra.

El significado respecto a mundo que he citado aquí la pueden encontrar en la nota sobre Juan 1:29 de la Biblia de Estudio MacArthur. Por cierto, este predicador y maestro difunde su sistema de creencias por medio de su programa radial Gracia a Vosotros, el cual se difunde en varias emisoras cristianas de mi país y de otros países.

Soy sincero y honesto de nuevo.

Este entendimiento de Juan 3:16-18 tampoco encaja con lo que está escrito allí.

Lo siento. No puedo enseñar los textos bíblicos con significados que los contradicen y los distorsionan.

A modo de conclusión: Hace un buen tiempo decidí que siempre voy a leer, oír, creer, entender y enseñar lo que es claro y obvio en la Biblia; nunca quiero introducir un significado que la tergiverse.

Dios inspiró su palabra en el lenguaje común, para que su mensaje sea comprendido por todas y cada una de las personas de este mundo sin distinción.

Como tengo esa manera de pensar, nunca quiero ir en contra de lo que Dios dijo por medio de Jesús en forma clara y directa.

También, Dios soberanamente ha obrado y sigue obrando en el mundo para que su palabra se traduzca fielmente a todos los idiomas en los que hablan los hombres.

Dios hace esto para que todos tengan la oportunidad de leer, oír, creer, entender, obedecer y enseñar su palabra tal como está claramente escrita.

Si esta es su intención y deseo, ¿cómo puedo yo decir que lo que Dios dijo claramente no lo dijo?

¿Cómo puede un predicador pararse ante las personas con una Biblia en la mano para decirles a ellos que lo que ella dice no dice, y que es lo que él dice es lo dice, aunque muy obviamente no sea así?

Dejemos que la Biblia siga hablando a los hombres como lo ha venido haciendo por años.

Dejemos que Juan 3.16-18 diga lo que dice.

Escuchemos a Jesús diciendo lo que dijo y dice.

Permitamos que el Espíritu Santo use lo que dijo y dice Jesús en este párrafo para seguir convenciendo de pecado, justicia y juicio a toda persona del mundo, no solo a algunos.

No escuchemos a los maestros y predicadores que dicen que la Biblia dice lo que no dice.

Nunca aceptemos un mensaje que no puede ser sostenido por lo que está claramente escrito en la Biblia que Dios nos ha hecho llegar hasta nuestras manos.

No nos dejemos enredar ni embaucar por los maestros y predicadores que enseñan “desde la profundidad invisible del texto bíblico” lo que niega y contradice lo que está en la superficie visible del mismo.

No sé qué es lo que van a hacer otros, pero yo todavía prefiero leer y entender Juan 3.16-18 tal como está escrito.

Jamás quiero leer, interpretar y entender las escrituras en una forma tal que niegue su lenguaje claro y llano. ¡Es muy peligroso hacerlo!

¡Qué Dios me ayude! ¡Y que Dios ayude y a sus hijos para leer, oír, creer, entender, obedecer y enseñar la Biblia tal como está escrita! Amén.

¡Tomemos de corazón decisiones que glorifiquen a Dios!

Siempre tenemos que tomar decisiones de corazón que glorifiquen a Dios.

Las decisiones de corazón para la gloria de Dios nos traerán la bendición de Dios y alejarán sus maldiciones.

Nada es mejor que tomar decisiones que agradan a Dios porque son conforme a su bendita y buena voluntad.

“Una decisión es el acto de una persona de escoger, seleccionar y decidir entre una serie de posibilidades basada en sus juicios, que trae como consecuencia un resultado”.

Los seres humanos tomamos decisiones, muchas decisiones, cada día lo hacemos.

La capacidad de tomar decisiones es inherente al hecho de ser personas a la imagen y semejanza de Dios, nuestro Creador, quien nos hizo así y quien espera de nosotros, también, sabias y mejores decisiones.

Desde luego, eso sí, hay hechos de nuestra vida en la que nosotros no hemos decidido nada. Nuestra existencia. Nuestros padres. Nuestro nacionalidad (la de nacimiento). Nuestro nombre. Nuestro entorno cercano de crecimiento infantil. Etc.

Es cierto, asimismo, que hay una época de nuestra vida en la que nuestras decisiones están supervisadas por nuestros padres. En esa etapa, la mayoría de nuestras decisiones son importantes, pero no tan trascendentales.

Cuando crecemos, empero, nuestra decisiones son independientes y dependen de nosotros y muy poco de los demás.

Asumir la responsabilidad y los resultados de nuestras decisiones es propio de nuestro crecimiento, de nuestra madurez, de ser adultos.

Dios nos dio la capacidad de decidir.

Nuestros padres nos protegieron de nuestras decisiones cuando fuimos niños.

Ahora, que ya somos adultos, tenemos que tomar decisiones a cada instante, cada día. ¡Asegurémonos de decidir correcta y sabiamente!

La decisión indispensable, la cual debe regir a todas las demás, es la decisión de glorificar, agradar y complacer a Dios.

Nunca nuestras decisiones deben quebrantar esa decisión indispensable y esencial.

Las sacerdotes de Judá incurrieron en ese error atroz y Dios los reprendió duramente: “Ahora, pues, oh sacerdotes, para vosotros es este mandamiento. Si no oyereís, y si no decidís de corazón dar gloria a mi nombre, ha dicho Jehová de los ejércitos, enviaré maldición sobre vosotros, y maldeciré vuestras bendiciones; y aun las he maldecido, porque no os habéis decidido de corazón.” (Malaquías 2:1-2).

Los sacerdotes de Israel fallaron en la decisión vital.

Ellos tomaron la decisión equivocada.

Los sacerdotes decidieron servir y glorificar a Dios superficialmente.

Los sacerdotes “oían” a Dios. Ellos “representaban” a Dios ante sus conciudadanos, pero hipócritamente. Los sacerdotes no estaban viviendo genuinamente para Dios, ellos estaban lejos del él.

Por fuera, se veían piadoses y fieles al “adorar” y “servir” en el templo, pero en sus pensamientos y sus corazones estaban muy distantes de Dios.

Esa no fue una buena decisión. El mal ejemplo de los sacerdotes cundió en los judíos de su tiempo, lo cuales también comenzaron a vivir con menosprecio a Dios y a todo lo que giraba alrededor de él.

Tan grave fue la rebelión espiritual del pueblo judío que Dios les escribió el libro de Malaquías para reclamarles y reprenderles por su forma de vivir su vida para con él y para con sus prójimo.

El profeta fue clarísimo desde el principio de su profecía, la cual no fue dada a favor del pueblo, sino en su contra: “La profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías” (Malaquías 1:1).

Lo que hicieron los sacerdotes y los judíos ya lo había hecho antes la humanidad entera. El apóstol Pablo refiriéndose a esta acción humana que atrajo la ira de Dios, escribió: “… pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.” (Romanos 1:21). ¡Qué trágico! La decisión de no glorificar ni agradecer a Dios en ninguna manera es buena. Esta decisión siempre nos acarreará el juicio divino.

¡Nosotros tenemos que evitar decidir como los sacerdotes y los judíos del libro de Malaquías! ¡No debemos imitar la decisión humana de no glorificar ni agradecer a Dios!

Nunca debemos decidir en contra de lo que Dios quiere de nosotros. Las consecuencias son siempre terribles. Su daño nos atraerá el enojo de Dios y afectará a nosotros en forma personal y familiar. Todo nuestro entorno será afectado gravemente. Dios fue muy claro con los sacerdotes y del pueblo judío, él les enviaría maldición y cambiaría sus bendiciones por maldiciones.

Tiene que ser horrible vivir bajo la maldición de Dios y sin sus bendiciones.

La prioridad de Dios para con nosotros es bendecirnos, no maldecirnos. No obliguemos a Dios a tratarnos como no es su prioridad. Usemos nuestra capacidad de decidir para hacer lo que Dios quiere de nosotros.

Tanto la bendición de Dios como su maldición dependen de si vivimos haciendo su voluntad o yendo contra ella. La decisión de cómo vamos a vivir está en nosotros y en nadie más. Nosotros somos los únicos responsables de si Dios nos bendecirá o maldecirá.

Dios quiere que vivamos dándole gloria. Fue para eso que envió a Jesucristo a la tierra para salvarnos de nuestra condenación.

Jesús murió por nuestros pecados y resucitó del los muertos al tercer día. Él está vivo y nos hace hijos de Dios si es que creemos en él y le seguimos.

Dios nos bendice con su salvación eterna por medio de Jesús ya desde hoy y lo hace para que nosotros lo glorifiquemos y lo honremos en toda nuestra manera de vivir. Vivir para gloria de Dios es una determinación que nosotros tenemos tomar personal y voluntariamente. Decidamos de todo corazón vivir para la gloria de Dios.

Decidir vivir para la gloria de Dios es nuestro culto racional y lo más inteligente que nosotros los seguidores de Jesucristo podemos hacer. ¡Qué Dios nos ayude a tomar la decisión de corazón de vivir para su gloria en todo aspecto de nuestra vida! Amén.

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

¡La grandeza y los discípulos y siervos de Dios!

¡Los seguidores de Jesucristo no buscan grandezas para sí mismos!

No es el objetivo de sus vidas los bienes ni la gloria de este mundo. Ellos han escogido vivir bajo los dictámenes de su ciudadanía celestial. Por tanto, solo quieren glorificar a Dios haciendo su voluntad.

Su interés principal al vivir en esta tierra es llevar el evangelio a los perdidos y ser de bendición espiritual y de edificación a los hijos de Dios. Bajo ese objetivo eterno están en este mundo.

Pero, pero, pero …

Los pastores, misioneros, y los discípulos de Jesús son seres humanos y tienen momentos introspectivos angustiantes y difíciles, en los que cuestionan su vocación, su consagración, su arduo trabajo y su camino de vivir obedeciendo, sirviendo, agradando y glorificando a Dios.

En esos momentos, ellos sufren terriblemente, no solo porque cuestionan su vida con Dios, y su vida consigo mismos, sino porque el diablo aprovecha para tentarlos y motivarlos a la deserción, a la mundanalidad, al descontento, y a la tibieza y el abandono espiritual.

Esos momento son terribles para ellos.

Esos momentos tienen un contexto clarísimo.

El contexto está marcado por la frialdad espiritual, la oposición a la verdad de Dios, la violencia verbal y física contra los mensajeros de Dios, la rebeldía empecinada y el menosprecio a la misericordia divina.

Los hijos de Dios y los siervos de Dios sufren en el alma este terrible contexto, que se agrava y se hace mucho más complicado emocionalmente cuando se sabe y se es consciente que el juicio de Dios está cerca, muy cerca.

La frustración, la desilusión, el desengaño y el desencanto generan un hundimiento del estado de ánimo en el alma de quienes temen y esperan en Dios. Se libra una batalla espiritual complicada y compleja en los momentos de introspección espiritual.

Baruc tuvo un momento complejo así en su vida espiritual.

Dios vio la lucha espiritual que estaba viviendo Baruc en ese crucial instante.

Dios habló clara y personalmente con el amanuense del profeta Jeremías en ese contexto.

Baruc vivió y sirvió a Dios como secretario del profeta Jeremías en el momento crítico de Judá. El reino de Judá no aprendió de lo que Dios hizo con el reino de Israel por medio de los asirios y se condujo en rebeldía contra él hasta colmar su paciencia. El juicio de Dios por medio de Babilonia, por tanto, estaba a las puertas de la nación y Baruc y Jeremías eran los mensajeros que se lo hacían saber.

Al rey, a los príncipes y al pueblo de Judá no les gustó nada el mensaje del profeta Jeremías y Baruc. El trabajo de Baruc como secretario de Jeremías, en consecuencia, era muy doloroso. Su sufrimiento, por tanto, le hizo cuestionar toda su vida y todo su servicio a Dios.

Dios vio la lucha que estaba viviendo Baruc y le habló a él en forma específica por medio del profeta Jeremías (Jeremías 45:1-2).

El mensaje fue directo y muy personal a Baruc porque se estaba quejando de su dolor y porque le atribuía a Dios el agravarlo.

Las palabras introspectivas e íntimas que Dios le escuchó decir fueron: “Tú dijiste: ¡Ay de mí ahora! Porque ha añadido Jehová tristeza a mi dolor; fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso.” (Jeremías 45:3).

Baruc estaba triste, muy triste.

Su tristeza se expresaba en gemidos y suspiros continuos.

Baruc estaba cansado, agotado de sufrir y de gemir.

Él quería que su sufrimiento y su gemido se terminasen, acabasen.

Baruc buscaba descanso, pero no lo hallaba.

Son muchos los hijos de Dios que tienen momentos así.

Son muchos los pastores y misioneros que tienen por este tipo de pensamientos.

En esos instantes, a sus mentes vienen preguntas y pensamientos inquietantes, que los asustan y los desalientan. ¿Es bueno ser hijo de Dios? ¿Hice bien en dedicarme a Dios para servirle? ¿Por qué es que es que tengo tanto dolor? ¿Dejaré de cargar este peso algún día?

Para un discípulo y siervo de Dios, estas preguntas le desalientan y le abruman.

Dios no es ajeno a la lucha espiritual de sus hijos, él está con ellos cuando están siendo tentados.

Dios acudió a Baruc para animarlo en su momento de crisis espiritual y él también hace lo mismo con nosotros hoy.

Dios le dijo a Baruc que iba a ejecutar su juicio para con el rey de Judá, Jerusalén y los judíos. Ellos ya habían agotado su paciencia y no había vuelta atrás.

Babilonia llegaría de todos modos a destruirlos. Sus palabras fueron clarísimas: “Así le dirás: Ha dicho Jehová: He aquí que yo destruyo a los que edifiqué, y arranco a los que planté, y a toda esta tierra. (Jeremías 45:4).

A Baruc, sin embargo, lo animó y lo consoló con una promesa personal maravillosa. A él no le iba alcanzar el mal que Dios traía sobre toda carne. Él iba a vivir. Nadie iba a quitarle la vida. Él estaba protegido por donde quiera que fuera. (Jeremías 45:5).

Baruc no debía buscar “grandezas para sí mismo”, y menos fuera de la voluntad de Dios; los cristianos tampoco debemos hacerlo. Estamos aquí para hacer la voluntad de Dios, cueste lo que cueste.

Baruc tenía que seguir sirviendo a Dios con la certeza de que él juicio de Dios no era para él; lo mismo tenemos que hacer los cristianos hoy, servir a Dios con la convicción de que ya estamos libres de la condenación eterna.

No estamos en esta tierra para buscar grandezas.

No estamos esta tierra para gozar de los deleites de este mundo alejados de Dios.

No estamos en esta tierra para evitar el sufrimiento y la aflicción.

En este mundo siempre tenemos padecimientos porque al creer en Jesús dejamos de pertenecer a este mundo y es normal que ya no encajemos, que ya no nos adaptemos y que ya no disfrutemos de él.

Este mundo aborrece a Cristo y también nos aborrecerá a nosotros.

¡Ser hijos de Dios y ciudadanos del reino de los cielos por la fe en Jesucristo es grande bendición! ¡Ser testigos de Jesucristo y de las virtudes de Dios que se han manifestado para nuestro bien por medio de él es un privilegio enorme! ¡Ser instrumentos de Dios para alcanzar con el evangelio de salvación a los perdidos es un honor y una concesión bendita!

¡Qué Dios nos ayude a afirmar nuestra consagración y nuestra dedicación a él en todos nuestros momentos de introspección espiritual a causa del sufrimiento y el dolor de servirle y serle fieles a él en este mundo! Amén.

¡Mucho cuidado con caer en la estrategia mentirosa del diablo!

El diablo existe, es nuestro enemigo y hacerle caso y seguir su engaño nos trae muchísimos males. Todo aquel que lee la Biblia y cree, sabe que el diablo tuvo mucho que ver en la caída en desobediencia de Adán y Eva, los padres de toda la humanidad.

En Génesis 3:1-5 se relata que, previo a pecar contra Dios, Eva dialogó con la serpiente, que era la más astuta de todos los animales.

En Apocalipsis 12:9, a esta serpiente, que se la denomina antigua, y que en ese contexto es el dragón que lucha contra Miguel y los ángeles de Dios, se le llama diablo y Satanás. “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.”

Reitero, el relato bíblico es clarísimo: el diablo, Satanás, existe y quiere destruirnos. Para nosotros, quienes hoy nos guiamos por la Biblia, este hecho está fuera de discusión.

Pero …

Adán y Eva no sabían que existía el diablo y que era su enemigo. En la narración bíblica no hay indicios siquiera de que supiesen de su existencia. Adán y Eva cayeron en las garras del diablo, y creyeron su engaño, e hicieron conforme a su mentira.

El diablo como estratega y adversario no tiene nada nuevo que inventar para dañarnos. Él siempre usa las mismas mentiras. Estas mentiras le dieron “triunfo” temporal. No necesita cambiarlas. Mientras más se ignora sus mentiras, más victoria obtiene él, y más hombres arrastra hacia sí y hacia su condenación.

La estrategia mentirosa del diablo está revelada en su primera aparición y en su primera victoria contra los hombres. Génesis 3:1-5 es un pasaje clave para entender cómo actúa el diablo y cómo es que quiere alejarnos de Dios y encaminarnos hacia la desobediencia.

El texto bíblico es muy elocuente:

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni lo tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.”

La estrategia del diablo, Satanás, están visibles en este párrafo, si es que queremos verla:

  1. El diablo se presenta disfrazado. En este caso, se disfrazó en la serpiente. No había nada malo en sí en la serpiente misma. El mal estaba en el diablo, que la usó, para engañar a nuestros padres. Pablo entendió que el diablo usa disfraz y así lo declaró en 2 Corintios 11:14.
  2. El diablo se presenta a nosotros como muy interesado en nuestro bienestar. Fue él quien se acercó a la mujer. Él estaba acechando a nuestros padres. Estaba buscando el momento oportuno. Cuando lo encontró, se acercó y habló con la mujer como si estuviese muy interesado en su bienestar que, según su concepción maligna, Dios estaba estorbando con la restricción que les dio.
  3. El diablo siembra dudas sobre el carácter veraz de Dios y su buena voluntad para con nosotros. Dios creo a Adán y Eva para representarlo antes toda su creación. Él entregó toda su creación bajo la administración de nuestros padres. Era bastante obvio en palabras y hechos que Dios tenía muy buena voluntad para con nuestros padres. Dios, incluso, hizo un huerto para ellos, los creó allí, y les dio una libertad amplísima, y una muy mínima y protectora prohibición. El diablo, empero, con su pregunta inicial, insinuó que Dios tenía mala voluntad para con ellos. También, él acusó a Dios de no ser veraz, sino mentiroso. Es triste, pero nuestros padres cayeron en esa mentira.
  4. El diablo niega la veracidad de la palabra de Dios y de las consecuencias por desobedecerla. El mandato de Dios en Génesis 2:16-17, como mencioné antes, contenía abundante libertad y una mínima y protectora restricción. Ellos podían comer todo fruto del huerto en Edén, incluso, el árbol de la vida. Solo les estaba vedado el árbol de la ciencia del bien y del mal. Ese árbol les estaba vedado porque la ciencia del bien y el mal debían obtenerla desde la experiencia de obedecer, no de desobedecer. Ese árbol les estaba vedado para protegerlos de morir, ya que eran mortales en potencia. La desobediencia a Dios les acarrearía la muerte en experiencia. El diablo logró engañar a nuestros padres y desobedecieron y murieron, espiritualmente (en ese instante) y físicamente (después).
  5. El diablo afirma que ir contra Dios y contra lo que él ha establecido es la manera de superarnos y alcanzar nuestra similitud con Dios. Adán y Eva fueron hechos por Dios a “su imagen” y a “su semejanza”. En ese sentido, ellos ya “eran” como Dios y ya “sabían” el bien y el mal, pero desde la obediencia a Dios. El diablo les engañó haciendo que piensen que no “eran” como Dios y que no “sabían” el bien y el mal. El diablo tuvo éxito y nuestros padres aceptaron su propuesta de desobedecer a Dios para superarse y alcanzar la semejanza divina.

El diablo sigue mintiendo y engañando.

Él le dice a la gente que no necesita a Dios, ni a Jesucristo, ni su obra de salvación, ni la palabra de Dios.

Él ha convencido a muchos no necesitan sino a sí mismos para alcanzar su máximo potencial y bienestar.

¡Esto es mentira!

Los seres humanos necesitamos a Dios y a Jesucristo Su Hijo, nuestro Señor y Salvador, que cumple la escritura y que es el único que deshizo y deshace las obras del diablo. Está claramente escrito: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el hijo de dios, para deshacer las obras del diablo.” (1 juan 3:8).

El diablo también sigue asechando a los cristianos para alejarlos de Dios, de Jesucristo y de la obediencia a la palabra de Dios, la Biblia. Él siempre está atento a nuestros deslices para tomar ventaja y arruinarnos la vida. ¡Andemos vigilantes, cristianos! ¡Cuidemos nuestra vida espiritual en todo momento, hermanos!

El diablo y su sendero mentiroso solamente traen decepción, miedo, amargura, sufrimiento, maldición y muerte.

Adán y Eva experimentaron las terribles consecuencias de obedecer al mentiroso, al engañador.

La decepción, el miedo y la tristeza de nuestros padres fueron horriblemente tristes.

¡Aprendamos de lo que ocurrió con Adán y Eva y vigilemos nuestra vida con Dios cada día!

¡Quedémonos con Dios y sometámonos a él para vencer al diablo y hacer que huya de nosotros!

Está escrito: “Someteos, pues, a dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7).

¡Creamos y sigamos a Jesucristo!

¡Creamos y obedezcamos la Biblia, la palabra de Dios!

¡Qué Dios nos ayude! Amén.