Metámonos al mundo, hijos de Dios.

“El cristiano, el hijo de Dios, tiene que vivir entre los seres humanos, es Dios quien así lo ha dispuesto. Es allí donde cada cristiano y la iglesia toda cumple su misión.”

La Inmersión de los cristianos en el mundo es el propósito de Dios para su iglesia. La voluntad de Dios es la movilización y la dispersión evangelizadora, discipuladora y alumbradora de sus hijos, de todos y cada uno de ellos. Él quiere a la iglesia de Cristo en el mundo, entre la gente, entre los ciudadanos del reino de las tinieblas, alumbrándolos con la luz de Cristo y mostrándoles el camino que Él es, para que crean, lo sigan y lleguen así hasta Dios.

La voluntad de Jesús para todos los que le seguimos está claramente expresada en Sus palabras: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. … Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo» (San Juan 17:15, 18). Jesús quiere a sus discípulos en el mundo. Es incuestionable.

La inmersión diferenciada y luminosa de los discípulos de Jesucristo en la oscuridad de los hombres es el propósito de Dios para ellos mientras estén en esta tierra. Tiene que haber hijos de Dios en todas las áreas donde hay seres humanos. Los cristianos tenemos que resplandecer en medio del mundo (Filipenses 2:14-16).

El cristiano tiene que estar entre su familia que todavía no sigue a Jesús. No debe aislarse ni apartarse de sus vecinos. Sus conciudadanos tienen que verlo brillar con la luz de Jesucristo dondequiera que vaya. Sus buenas obras deben llevar a la gente a glorificar a nuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:14-16).

Toda la gente de este mundo necesita a Jesucristo. Dios ha escogido que seamos nosotros quienes le mostremos su salvación. Nuestras vidas, transformadas por Jesús, deben permanecer abiertas y cercanas a las personas: en el hogar, el trabajo, los estudios, los negocios y los lugares de recreación.

Si tú sigues a Jesucristo y quieres cumplir esta voluntad de Dios, te sugiero:

  1. No tengas miedo de vivir entre quienes aún no son hijos de luz. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo están contigo, te protegen y obran en ti por medio de la palabra escrita.
  2. Ama a la gente como Cristo la ama y da tu vida por su salvación. Tu presencia es vital. Ellos deben ver a Cristo en ti. Muere a tu viejo hombre y no cedas a sus deseos ni reacciones. Sé un canal de su gracia y vida eterna, no un tropiezo.
  3. Fortalece tu fe cada día en la Palabra de Dios, interpretada evangélica y Jesus-céntricamente. La luz de Cristo es superior a las tinieblas de este mundo y la Biblia así lo declara. La verdad de Dios tiene que estar implantada en tu mente y corazón. 
  4. Ora continuamente. Que la oración sea tu respiración. Ora por lo fácil y por lo difícil. Habla con Dios ya por lo pequeño como por lo muy grande. Necesitas a Dios en oración en todo instante.
  5. No ames ni codicies los valores de este mundo. Todo ellos son opuestos a Dios. Tú caminas hacia la eternidad. Lo pasajero no debe seducirte en ningún momento. Tu vida en Jesús y sus valores son superiores a los mejores ideales del mundo pasajero.
  6. Vive la victoria de Cristo sobre el pecado, el mundo y el diablo. Esta triología malévola ya no tiene poder sobre ti. Jesucristo ya la venció y su victoria es también tuya (1 Juan 5:4-5). Vive esa victoria valientemente entre la gente de este mundo para estimular a la gente a salir de él creyendo en Jesús.

Nuestra inmersión en el mundo no entra en conflicto con congregarnos como iglesia. Al contrario, la Biblia nos exhorta a no dejar de congregarnos, sino a animarnos y estimularnos unos a otros (Hebreos 10:24-25). Nos reunimos precisamente porque la mayor parte de nuestra vida la pasamos dispersos entre las personas de este mundo, cumpliendo el mandato de nuestro Señor.

Metámonos al mundo, hijos de Dios. Mostremos a Jesucristo viviendo y trabajando entre la gente. Visibilicemos al Dios invisible por medio de nuestras vidas transformadas. No tengamos miedo. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen guardada nuestra vida siempre por su gracia y su buena voluntad. Amén.

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El fantasma y el espíritu de Corinto hoy: Cuando la carnalidad y el sectarismo sustituyen a Jesucristo y a la Biblia sin siquiera notarlo.

La “corintización” de la Iglesia: El peligro moderno de colocar sin intención a los hombres y a sus palabras en el lugar de Jesucristo y Su Palabra escrita.

La Iglesia de Jesucristo, la verdadera, la única que existe, es una y está unida indivisiblemente con Su Cabeza y Su Salvador, Jesús, Dios hecho Hombre, quien también es singular y único, porque no existe y no hay nadie como él.

Los cristianos, forma personal e individual, y la iglesia de nuestro Señor, en forma congregacional, no nos identificamos (y no debemos identificarnos) con nadie excepto y únicamente Jesús de Nazaret. Para nosotros, nuestro punto de referencia y nuestra autoridad fundamental concreta e inamovible es Jesucristo y la palabra escrita de Dios, que es la Biblia. El Espíritu Santo que está en nosotros nos conduce a Cristo y a sus enseñanzas por la Biblia, que es de donde emana y fluye toda nuestra certeza y toda nuestra esperanza.

Nosotros respetamos a los siervos de Dios, valoramos a los que nos guiaron a Jesucristo, respetamos a quienes nos enseñan el evangelio y la palabra de Dios, apreciamos nuestra historia y a quienes Dios usó en ella para abrir el camino y traer la verdad del evangelio hasta nosotros, valoramos a los pensadores y teólogos post canon bíblico e incluso a los hombres de Dios mencionados en la Biblia y a quienes la escribieron, pero en primera y última instancia, nos identificamos únicamente con Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

Nosotros no queremos imitar lo negativo y carnal que experimentó y vivió la iglesia que estaba en Corinto. En esa congregación de hijos de Dios la carnalidad se expresó dividiendo a la iglesia de Jesucristo en cuatro bandos: Unos, que apreciaban seguramente la autoridad, el dramatismo, el conocimiento y el trabajo sacrificado, se identificaban con Pablo; otros, que a lo mejor valoraban la elocuencia, el conocimiento del Antiguo Testamento, la osadía y la pasión, se decantaban con Apolos; y otros, que se enfocaban en los orígenes del evangelio, la cercanía con Jesucristo y el liderazgo sucesional, preferían a Cefas (Pedro); y finalmente, el otro bando, que prefería al propio fundador, al que le daba nombre a la iglesia y a quien se sacrificó por ella, prefería a Cristo mismo.

Los bandos mencionados por Pablo estaban dividiendo a la iglesia. Esto implica tristemente que la identificación de cada creyente corinto con el siervo de su preferencia no era saludable, sino dañina, perniciosa, nociva y terriblemente perjudicial. La Iglesia de Jesucristo es Una y Única. Dividirla, partirla, seccionarla, desmembrarla, fragmentarla, ya sabiéndolo, ya por ignorancia, ya por orgullo y soberbia, o ya por buena intención, es un gran mal, una afrenta y un agravio horroroso al único mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre, quien se dio a sí mismo en la cruz para reconciliar y unir a los pueblos (gentiles y judíos) “… en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.” (Efesios 2:11-16).

Ni los cristianos ni las iglesias deben identificarse ni ligarse a hombres de Dios de la historia, ni a interpretaciones y a dogmas, ni a denominaciones ni a movimientos históricos o modernos, como si fuesen Jesucristo. La vinculación de los discípulos de Jesucristo con él es y tiene que ser innegociable e inquebrantable. La lealtad exclusiva a Jesucristo y a la autoridad concreta de Su Palabra escrita e inspirada por el Espíritu Santo, La Biblia, guardan a los hijos de Dios y a la iglesia en la unidad espiritual que Dios ha dispuesto para ellos y que, aunque es firme e inalterable, tiene que ser guardada por todos nosotros cada día (Efesios 4:1-6).

Pablo argumenta contra la identificación perniciosa y carnal que dividía a la iglesia de Corinto. Pablo no le atribuye maldad a los hermanos de esa congregación por la división que estaban causando, pero sí señala la causa en el corazón de ellos. Era su carnalidad, su infantilidad, su inmadurez, la que les empujaba y ligaba a los siervos de Dios en forma errónea y anti espiritual, dividiendo al Cuerpo de nuestro Señor, que es Uno y Único, no diverso ni desunido.

La iglesia, en forma general y los cristianos, en forma individual, no tienen porque ligarse ni identificarse con nadie, excepto Jesucristo. Cristo no está dividido. Los siervos de Dios, por más santos, leales, trabajadores, apasionados, elocuentes y poderosos que sean, no han sido crucificados por nosotros, sino Jesucristo y solo Jesucristo. Nuestro identificación espiritual y física por medio del bautismo no fue a nombre de quien nos guió, o nos enseñó, o nos acompañó en nuestro andar en Cristo, sino en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu, conforme a lo que mandó Jesucristo. Pablo tenía clarísimo ese hecho (1 Corintios 112-13) y nosotros también debemos tenerlo.

Escribo esta nota porque veo que existe una reactivación del espíritu corintio en algunos líderes y en un sector de los cristianos del presente. Hay una corriente que se ufana de su identificación con las palabras y enseñanzas de los líderes de una denominación, de una corriente teológica, de un movimiento histórico y de un énfasis practico la vida cristiana. El espíritu corintio no le hizo bien a la iglesia y a su misión ayer y tampoco le hace bien a la iglesia y su misión hoy. Resucitar el craso error de los creyentes de Corinto en la iglesia de hoy es una obra del enemigo de Cristo y de los hombres. Los cristianos tenemos que ser conscientes de que no hay bondad en la fragmentación que produce la inmadurez y la carnalidad corintia. No es la voluntad de Dios la “corintización” de los creyentes ni de la iglesia de Su Hijo. Evitémosla.

¿Cómo es que vamos a evitar la corintizacion carnal y desmembradora de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo?

1). Identificándonos única y exclusivamente con Jesucristo.

2) Respetando y valorando a todo siervo de Dios, pero sin darles el lugar que nos les corresponde.

3) No colocando a ninguna denominación, ni histórica ni actual, en el lugar ni en reemplazo de la iglesia del Nuevo Testamento ni de su ejemplo.

4) Valorando a los teólogos y a los personajes históricos que Dios ha usado para aclarar y definir algunas doctrinas bíblicas, pero sin colocarlos por encima de la Escritura.

5) Acudiendo a la Biblia para leerla y fundamentar todas y cada una de nuestras creencias y prácticas vitales e indiscutibles en ella y solo en ella.

El espíritu corintio, que consiste en identificarse carnal e inmaduramente con alguien o algo, como si fuese Jesucristo, divide la iglesia y estorba su crecimiento espiritual, su cumplimiento eficaz de la gran comisión y deshonra a Dios y a Jesucristo Su Hijo. La reactivación del corintianismo es una aberración que los cristianos y la iglesias de hoy tienen que desechar y evitar.

La reprensión de Pablo a los hermanos de Corinto en el pasado es un llamado de atención que quienes creemos en Jesucristo hoy tenemos que atender. Nuestra lealtad es a Cristo, no a sus siervos. Nosotros estamos llamados a obedecer la palabra de Dios, no la palabra de los hombres. Desterremos el fantasma divisor corintio y enfoquémonos en guardar la unidad de la fe y de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo vinculándonos e fusionándonos con él en base a su palabra inspirada en la Biblia, no a los hombres ni a sus enseñanzas, por más bonitas, lógicas e inteligentes que sean. Amén.

29 de junio de 1987 y mi vida nueva en Jesucristo: A 39 años de una decisión crucial y transformadora.

El 29 de junio de 1987 empezó para mí de madrugada. Abrí mis ojos entre las 4 o 5 de la mañana. Estaba rodeado de tinieblas -como toda mi vida-.

La oscuridad era negra, negra. No veía nada, nada. Mi mente, entonces, preguntó … y recordó … el tiempo de juego, los amigos, el licor, el lugar, la inconsciencia, el quedarme dormido.

Luego, y de inmediato, vinieron a mi mente estas preguntas: ¿Estoy muerto? No. ¿Así vas a vivir toda tu vida? No, no quiero. ¿Para vivir así te creo Dios? No, obviamente que no. ¿No existe una vida mejor que la que tengo? Estoy cansado de vivir así

Mi frustración y mi vacío existencial habían llegado a su colmo.

“Jesucristo puede cambiar tu vida”. Este pensamiento apareció así, de repente, en mi mente. Yo estaba solo. Fue una frase interna. Seguro que fue una síntesis de lo aprendí de niño y de los cuatro o cinco momentos en los que me presentaron el evangelio siendo joven.

“Voy a entregar mi vida a Jesucristo”, me dije. “Ya no quiero vivir como estoy viviendo.” Esa determinación vino acompañada de tres preguntas: ¿Vas a dejar tus vicios y tus malas costumbres? Ya lo has intentado muchas veces, y has fracasado. ¿Qué van a decir tus amigos? En mi barrio, las burlas y las bromas eran realmente pesadas, muy pesadas. ¿Vas a cumplir realmente con los mandamientos de Dios? …

Todo estaba ocurriendo en mi interior.

La claridad del día llegó y la tensión dentro de mí era cada vez más fuerte.

Desayuné, fui al trabajo y empecé a trabajar, pero la presión espiritual no menguó, se acrecentó.

Hasta que llegó la determinación: “Entregaré mi vida a Jesucristo ahora mismo.” Era 29 de junio de 1987. Era feriado desde el mediodía.

Al salir del trabajo busqué ayuda. Fui a ver al misionero dueño de la casa en la que trabajaba. Ese siervo de Dios me explicó el evangelio de Cristo. Él me ayudó y me asistió en mi decisión.

Mi oración fue sencilla: “Señor Jesucristo, estoy cansado de vivir como vivo, si puedes darme una vida mejor que la que tengo, yo te entrego mi vida.”

Allí empezó el nuevo Segundo Rodríguez, todavía imperfecto y pecador, pero nuevo.

El misionero me dio uno que otro consejo, y oró por mí, y terminó su crucial ayuda.

Al salir de mi lugar de trabajo, y sin entender todo lo que me había ocurrido, miré al cielo, abrí mi boca, y dije: “Dios, ahora vive tú en mi vida.” Ese día cambió mi vida.

El 29 de junio de 1987 no es cualquier día para mí. Es el día de mi nacimiento espiritual. Nunca lo olvido y nunca voy a dejar de contarlo.

Jesucristo transformó mi vida aquel día.

Hoy también es 29 de junio y recordar y narrar lo que me aconteció es mi manera de testificar de Jesús y su obra de salvación y transformación a favor de los pecadores como yo.

Todo pecador que cree en Jesús y lo sigue encontrará perdón de pecados, vida eterna y vida nueva en él, con toda seguridad. Soy una evidencia de ese hecho.

Muchas gracias, oh Dios, por Jesucristo y por tu salvación a favor de los pecadores a través de él.

Cree y sigue a Jesucristo, pecador, nunca te arrepentirás de hacerlo. Amén.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Gálatas 2:20

Foto: Las fotos de la izquierda fueron tomadas previo a mi conversión a Jesucristo. Gálatas 2:20 expresa lo que quiero vivir con la ayuda de Dios a partir de ese bendito y crucial 29 de junio de 1987.

Accidentes, alcohol y cárcel: Cuando un acto insensato mata y cambia la vida.

Estoy entrando a la prisión a enseñar, a predicar, a escuchar y a hablar con los reos. No entro solo, entro con el pastor Joel Gamboa (quien gestionó nuestro ingreso) y con otros cinco hermanos más.

¿Por qué lo hago? Esta es mi respuesta. Me siento deudor con los presos. Me identifico con ellos. Cometieron un crimen atroz, o un delito menor, o quebrantaron la ley, o incurrieron en un error, o sufrieron una injusticia -y no pudieron demostrar su inocencia-, o estuvieron en el lugar inapropiado, o anduvieron y estuvieron con personas que no debían estar, … en fin. Yo he hecho como la gran parte de ellos, aunque no he llegado a la cárcel.

No todos quienes están allí son criminales ni delincuentes en el sentido estricto de la definición, es decir, quienes viven en el mal, por el mal y para el mal. No. No es así. Algunos están allí por propia imperfección humana, que se expresa, por ejemplo, en la falta de dominio propio, lo cual es agravado, exacerbado y manifestado al abusar del licor.

Dios puso en mi camino dos reos que ilustran lo que acabo de escribir. 

Estas son sus historias:

El primer reo se me acercó y me contó que estaba en prisión preventiva por un accidente de tráfico. Iba a chocar con una combi, y para esquivarla y no chocarse, hizo una maniobra con la que atropelló con gravedad a varias transeúntes, de los cuales, murió uno. Él, como estaba bajo los efectos del alcohol, huyó del accidente por el miedo (y para evitar el dosaje etílico -un agravante-). Se presentó a la justicia después de tres días, lo cual agravó su situación. Él todavía no tiene juicio ni sentencia firme, está en la etapa de investigación preparatoria, pero ya en prisión por dos meses. 

A su choque y a su prisión preventiva se le añadió la muerte de su madre, quien antes de fallecer, le dijo a sus hijos y familiares, que ella estaba enferma por una “brujería” destinada a su hijo (él). Las palabras de su madre han calado en el corazón de su padre y de sus hermanos, y ahora todos ellos se han alejado de él y lo han dejado solo.

Él se quebró y se puso a llorar desconsoladamente al terminar su relato.

Me conmovió verlo así. No pude controlar mi emoción.

El segundo reo habló conmigo cuando ya me estaba yendo. Fue impensado, y espontáneo. Nuestro diálogo empezó porque ambos habíamos estado en el ejército y teníamos experiencias militares.

Este reo estaba sentenciado a 15 años de cárcel. También por una accidente de tránsito. Él conducía una moto, y también estaba bajo los efectos del alcohol. El dueño del carro al que chocó le pidió que le pagase por el daño hecho. Él ofreció pagar cincuenta soles.

El dueño de auto se enfureció y lo golpeó con un fierro. Él también respondió con violencia y también lo golpeó con un fierro (no sé si ese mismo fierro u otro). Sus golpes fueron letales y el dueño del auto murió de inmediato.

Su sentencia, según él, no tiene beneficios.

Luego de escucharles y de orar por ellos, procuré animarles a creer y a seguir a Jesucristo, el único que los recibe como son, y que murió y resucitó para salvarlos de sus pecados y de su condenación.

Ambos expresaron que han aprendido y que sus vidas cambiaran para bien. El primer reo confesó que está buscando a Dios para servirle y agradarle desde el mismo momento que empezó a sufrir las consecuencias de sus actos. El segundo, en cambio, testificó prudentemente que no quería hacer promesas. Dijo haber visto a varios presos prometer acercarse a Dios y no cumplir; él no quería hacer lo mismo.

Espero seguir hablando con estos presos, y también con otros presos más.

Escribo estos testimonios para que veamos que estos dos presos no “son” delincuentes propiamente dicho. Ellos no salieron de sus casas diciendo hoy voy matar a alguien sí o sí. Ellos ni siquiera imaginaban lo que iba a acontecerles.

Sin embargo, los dos reos sí podían haber evitado beber licor y embriagarse. Ambos reconocieron que el alcohol nubló sus ojos y sus mentes, y atrofió sus facultades para no actuar como les correspondía.

El licor estimuló el miedo, en el primer caso, y no le permitió maniobrar adecuadamente para evitar el choque, y lo hizo huir -evitando que socorriese a los heridos-, lo cual habría sido lo correcto en esa situación.

El licor nubló sus ojos, en el segundo caso, y acrecentó la furia del hoy reo contra el otro conductor, al que golpeó y golpeó contundentemente, hasta matarlo.

La Biblia tiene razón cuando nos exhorta a no detenernos en las bebidas alcohólicas. La embriaguez y la borrachera no tienen que ser parte de nuestras vidas. Necesitamos evitar el licor. No es bueno que los hombres y mujeres se acostumbren a ella.

Consideremos este texto:

“¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos?

Para los que se detienen mucho en el vino, Para los que van buscando la mistura.

No mires al vino cuando rojea, Cuando resplandece su color en la copa. Se entra suavemente;

Mas al fin como serpiente morderá, Y como áspid dará dolor.

Tus ojos mirarán cosas extrañas, Y tu corazón hablará perversidades.

Serás como el que yace en medio del mar, O como el que está en la punta de un mastelero.

Y dirás: Me hirieron, mas no me dolió; Me azotaron, mas no lo sentí; Cuando despertare, aún lo volveré a buscar.” (PROVERBIOS 23:29-35)

También este otro:

“El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora, Y cualquiera que por ellos yerra no es sabio.” (Proverbios 20:1).

Los dos reos de mi crónica están en donde están por haberse detenido en el licor, por haberse emborrachado. Son responsables de lo que ocurrió y están pagando las consecuencias de su yerro, de su craso error.

La prisión es buen sitio para que estos dos reos, y también los otros, reflexionen y se encuentren con Jesucristo y lo sigan. Ese es el mensaje que les llevamos y el que les dará verdadera libertad aun desde la misma prisión. Espero en que reciban las buenas nuevas de salvación y que sus vidas sean hechas nuevas. Amén.

Elon Musk, Cohetes, IA, el alma humana y Eclesiastés 3:11: Por qué la genialidad no proviene del azar.

Elon Musk, su equipo de trabajo y todos sus trabajadores y sus empresas son una evidencia de la eternidad que Dios nuestro Creador ha implantado en nuestros corazones.

Los diccionarios definen a la “Eternidad” (del latín aeternitas) como algo que no tiene principio ni fin, o que está completamente fuera del flujo del tiempo. La eternidad, en consecuencia y en última instancia, es la ausencia total de limitaciones.

En forma práctica y vivencial, en el ser humano, la eternidad, que le es inherente, se expresa en: 1) Ir contra lo que lo limita, 2) Mejorar, mejorar y mejorar, 3) Ir cada vez más veloz y más lejos, 4) Hacer las cosas cada vez más grandes o más chicas, etc. La eternidad es lo que hace que la humanidad no se rinda ante la adversidad, sino que la sobrelleva, la supera y la transforma.

La eternidad se ha expresado en gente como Elon Musk y otros, que son quienes llevan a la humanidad a estadios superiores. Muchos de estos hombres creían en Dios y hacían lo que hacían por él, en él y para él (Isaac Newton, 1643–1727; Blaise Pascal, 1623–1662; Wernher von Braun, 1912–1977), pero muchos no tomaban en cuenta a Dios y hasta negaban su existencia (Alan Turing, 1912–1954; Claude Shannon, 1916–2001; Stephen Hawking, 1942–2018).

Yo no sé qué es lo que piensa y cree del Dios de la Biblia Elon Musk y toda la gente que trabaja con él. Tampoco sé si es que él y ellos hacen lo que hacen porque creen en Dios y porque saben que el universo es su obra, y que como tal, así como se puede conocer a Dios, se puede también conocer e investigar su universo e ir cada vez más allá.

Mi nota tiene por objeto mostrar que Elon Musk, su equipo de trabajo y sus empresas son una evidencia concreta y contemporánea de que lo que escribió Salomón en Eclesiastés 3:11 es totalmente cierto e indubitable: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.”

El sabio que escribió Eclesiastés presenta tres verdades claves sobre el universo, la humanidad y Dios:

  1. El Universo es hermoso, infinito e incontenible.

  2. El hombre tiene eternidad en su corazón y es quien disfruta la belleza del universo y quien intenta entender y contener la obra inmensurable (Su Creación) de Dios.

  3. El Universo y el Ser Humano son obra de Dios y solamente se entienden y se usan bien a partir de creer en él, seguirle o de ser su criatura aun cuando uno lo niegue y no lo acepte.

La creatividad y la inventiva y las obras humanas, desde las más pequeñas hasta las más grandes y complejas, no pueden explicarse a partir de la nada, del caos, del tiempo (ni poco ni extremadamente mucho), ni de la evolución, ni del azar, ni de la impersonalidad. El ser humano no se originó en la vida impersonal animal que evolucionó al azar en la jungla de África, sino en Jehová, el Dios de la Biblia, el único y verdadero Dios.

Intento no ser ofensivo con mi escrito, solo quiero llevarlo a su implicancia racional justa. Los descubrimientos del ser humano y su dominio de la tierra, el mar y el espacio y lo que hay en ellos no pueden explicarse inteligentemente sin los seres humanos y lo que ellos son: personas a la imagen y a la semejanza de Dios.

Los microscopios y las cámaras microscópicas que nos permiten ver los espacios más minúsculos y recónditos del cuerpo humano no pueden explicarse a partir de un ser impersonal. Aun las IAs (a las que yo denomino Cisternas de Conocimiento Codificado o Reservorios de Información Canalizados), que son lo último de la inventiva de la humanidad, no pueden explicarse sin la personalidad racional, inteligente y eterna de los seres humanos que producen el conocimiento y las alimentan y codifican.

Los seres humanos tienen eternidad en sus corazones porque Dios los ha diseñado así. Ese hecho fáctico ciertísimo, desde mi perspectiva, es la explicación de la grandeza del hombre y de su pasión por ir cada vez más y más profundo y más y más lejos.

Después de oír lo que está haciendo Elon Musk por medio de sus empresas es que pensé en lo que escribió el autor de Eclesiastés y en la inmensidad a descubrir y de ir cada vez más lejos que hay en el ser humano. Si así vamos hasta hoy habiendo distorsionado la imagen y semejanza de Dios por el pecado de Adán, ¿dónde estaríamos de no haber caído en pecado? ¿Y hasta dónde iremos cuando la redención de Dios en Jesucristo se exprese eterna y perfectamente?

El hombre no puede ser detenido por el hombre ni por el universo ni por las adversidades más complejas. Elon Musk, su equipo y sus empresas son la prueba visible de la eternidad de la que habla Salomón en Eclesiastés 3:11. Eso es así ahora en el presente, pero en la historia hay muchos otros hombres emprendedores y visionarios, que son quienes nos han impulsado con sus descubrimientos e inventos hasta llegar hasta donde hemos llegado. El presente de la humanidad no tiene explicación racional posible sin esos hombres y la eternidad que Dios Su Creador implantó en sus corazones.

El mes de junio, Dios y su buena voluntad, y yo.

Junio es el mes clave de mi vida. Las bendiciones cruciales de mi existencia ocurrieron en este mes y mientras Dios me tenga con vida en esta tierra voy a testificar tal realidad.

Dios me dio existencia y el privilegio de vivir el 20 de junio. Mi conversión a Jesucristo, el perdón de pecados y la vida eterna por la fe en Jesús fueron un hecho el 29 de junio. Empecé a vivir con mi esposa el 3 de junio. Mi paternidad y la familia que Dios me ha dado empezaron a gestarse en ese bendito mes.

Antes de mi conversión a Cristo (a los 22 años) no “veía” a Dios y no interpretaba mi vida ni los sucesos alrededor de ella en función a él y a su buena voluntad para conmigo. Yo no tomaba en cuenta a Dios.

Ahora que creo en Dios verdaderamente y que le sigo por medio de Jesucristo Su Hijo, no puedo ver mi vida sin él y sin su gracia y su misericordia. Mi pasado, mi presente y mi futuro no tienen explicación razonable ni sentido positivo sino por Dios y su obra a mi favor.

El Salmo 71 fue escrito por un hombre que confiaba en Dios, y que analizaba su vida en base a él y a su cuidado paternal misericordioso. El autor de ese salmo ya era un anciano, un adulto mayor, y su escrito lo evidencia.

Yo también he empezado a ser un anciano. Cada día, cada mes y cada año me introduzco más a esa etapa humana. Junio me recuerda cuántos años me tiene Dios en esta tierra. Junio me examina y me hace pensar en el bien que Dios me ha hecho desde mi llegada a este mundo hasta este momento.

El autor del Salmo 71 veía su concepción, su juventud y su vejez en función de Dios y de su providencial obra a su favor y yo quiero hacer lo mismo que él. Este párrafo de su salmo es su testimonio y también el mío: “Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud. En ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; de ti será siempre mi alabanza.” (Salmos ‭71‬:‭5‬-‭6‬).

Dios me ha bendecido abundantemente y no tengo queja alguna de Dios, sino solo adoración y alabanza agradecida para con él. Su bondad y su misericordia me han acompañado siempre.

Mi concepción, mi nacimiento, mi niñez, mi juventud, mi conversión a Jesucristo, mi servicio a Dios, mi matrimonio, mi paternidad y mi vida hasta este punto solo tienen explicación en la gracia de Dios y en su paciencia para conmigo, las cuales se expresaron providencialmente en el mes de junio.

Muchas gracias Dios y Padre de Jesucristo por tu bondad y tu paciencia para conmigo. Amén

¿Por quién debemos votar los cristianos peruanos en las elecciones presidenciales de este año?

¿Por quién debemos votar los cristianos en las elecciones presidenciales de este año?

Esta pregunta tan directa me la hizo un hermano joven muy recientemente. Ofrecí responderle y hoy es el tiempo adecuado para hacerlo. La segunda vuelta en Perú está ya muy cerca, a menos de un mes.

Este joven hermano siempre me desafía con sus preguntas y tengo que contestarle de manera oportuna. 

De antemano, debo aclarar que no voy a dar nombre alguno, sino cuatro valores claves que, como seguidor de Jesucristo, veo en la Biblia respecto a la política, el gobierno y la administración de un país. 

1. Los cristianos tenemos que votar por los candidatos que Dios ha determinado que sean elegidos.

Dios elige a las autoridades. Es él quien pone y quita las autoridades. Siempre ha sido, es y será así. La Biblia es clarísima. No existe ningún gobernante (independientemente de si es bueno o malo, u honrado o corrupto, o eficiente o ineficiente, o compasivo o cruel) que no haya sido instituido por Dios.

En el caso peruano, Dios ha determinado que quienes nos gobiernen legislativamente sean los candidatos de los partidos que han sacado más alto puntaje. Lo mismo pasa con respecto a la presidencia del país. Dios nos ha dejado dos candidatos en la instancia final. No tenemos otra opción, excepto que Dios determine alguna otra cosa y en una forma que ahora nosotros no vemos. En consecuencia, tenemos que elegir entre las dos únicas opciones que Dios ha dispuesto. Te guste o no te guste, de los dos partidos ganadores dará Dios al Perú su Presidente.

2. Los cristianos tenemos que votar por quien tiene valores cercanos a los principios de la Biblia, la palabra de Dios.

La Biblia es clara respecto a lo que Dios ha establecido. Aunque es obvio que los gobernantes normalmente se rebelan contra Dios y contra Su Ungido, Jesucristo (Ver Salmos 2:1-3 y Hechos 4:24-28), elijamos al que conserva uno, o más principios y valores bíblicos, no a quien no tiene ninguno o que va contra todos ellos.

Estos son los valores claves que hay considerar: La vida, la libertad y la responsabilidad individual, la familia tradicional (un hombre y una mujer), el trabajo, etc. Nosotros no debemos darle nuestro apoyo a gobernantes que vayan en contra de esos principios y valores.

3. Los cristianos debemos votar quien tiene la determinación eliminar la inseguridad y la injusticia en nuestro país.

La Biblia afirma claramente que Dios ha establecido a las autoridades y les ha conferido el monopolio de la fuerza legal con el fin de que castigue al malo y recompense al bueno (Romanos 13:3-4). Esto significa que el deber principal del gobernante es asegurar la paz y la seguridad física y legal para sus ciudadanos.

Dios quiere que los seres humanos “vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:1-3) y las autoridades juegan un rol crucial en que ese deseo divino se haga realidad.

Nuestro país necesita gobernantes que apliquen la justicia como corresponde y castiguen así a los delincuentes. La delincuencia no violenta y la violenta han crecido mucho en nuestro país. Se tiene que revertir esa triste realidad.

Los peruanos, por tanto, tenemos que darle el voto a quien tenga el coraje y la valentía de terminar con ese flagelo, que diariamente enluta los hogares de los peruanos, y que les impide vivir y trabajar en paz.

4. Los cristianos tenemos que votar por quien no nos agrave la vida personal, familiar y laboral con más impuestos.

Los impuestos son una carga que todos los ciudadanos pagamos de una u otra manera. Todos tenemos esa carga. Unos, pagan poco; otros, pagan mucho; pero, en última instancia, todos pagamos.

Los impuestos son una realidad y la Biblia nos ordena pagar nuestros impuestos para el sostenimiento de quienes nos gobiernan y para que funcione adecuadamente la infraestructura y la burocracia con la que nos sirven (Romanos 13:6-7).

Empero, los gobiernos previos a la democracia no eran tan grandes y ni tan ineficientes como los de hoy. Los gobernantes de hoy tienen una administración mucho más grande y pesada que un elefante y más lenta que un oso perezoso. Sostenerlo es muy gravoso.

El agravar con impuestos y aranceles a los ciudadanos impide la inversión y la creación de puestos de trabajo por parte del contribuyente. Lo cual es muy pernicioso para el progreso y la prosperidad de una nación.

Podría seguir escribiéndote más consejos valiosos a tomar en cuenta para guiar tu voto a uno u otro candidato, pero creo que con lo dicho es suficiente. En mi página web, por cierto, he escrito dos artículos mucho más amplios respecto a qué deben tomar en cuenta los creyente para apoyar a los partidos políticos y sus candidatos.

No te doy un nombre porque no es mi trabajo hacerlo. Cada uno debe elegir a quien su conciencia y su conocimiento lo guíe, sin olvidar, eso sí, que es Dios el que determinará en última instancia quien será el próximo Presidente de Perú. Nosotros los cristianos debemos descansar en que lo que Dios decide siempre es lo mejor y lo más adecuado para el país.

Votemos con confianza y con conocimiento. Las autoridades son todas establecidas por Dios. Amén.

Nota: Los texto grabados en las fotografías afirman contundentemente que Dios es el soberano de todos los gobernantes de este mundo.  Él es quien los coloca en sus posiciones y el que los quita de ellas en el momento que lo cree conveniente.

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Paro Agrario en Perú: Del Israel antiguo al Perú hoy.

Paro Agrario en Perú: Del Israel antiguo al Perú hoy.

En el pueblo judío antiguo y debido al sistema monárquico de su gobierno, cuando el gobernante abusaba con los impuestos, hasta el punto de generar insatisfacción y molestia a sus ciudadanos, estos lo dejaban solo, para hacerlo recapacitar y corregirse.

“Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.” (1 Reyes‬ ‭12‬:‭16‬).‬

En ese contexto, quien sufría una huelga generalizada por las malas políticas de gobierno, era el propio gobernante y su élite (Literalmente, el rey se quedaba solo. Nadie iba a sustentarlo ni a defenderlo. La soledad del rey era también la de su corte, de su élite, de su burocracia). Hoy en día, sin embargo, una huelga o paro contra los gobernantes y sus políticas, lo sufren los propios ciudadanos y sus familias, excepto esos mismos gobernantes y su élite soporte y complice.

He visto el padecimiento de los ciudadanos por los paros y manifestaciones con mi propios ojos. Es más, yo mismo he sido estorbado a la largo de mi vida por este tipo de protestas contra los gobernantes y sus políticas.

El evangelio y su difusión también se atrasa por las protestas, especialmente, cuando por el enojo de los ciudadanos contra sus gobernantes se bloquean las carreteras y caminos. La inmovilidad por el cierre de las carreteras nos afecta tremendamente a todos, de una u otra manera (Todo se agrava en una situación como esa). Ahora mismo, está ocurriendo un gran paro en el norte de Perú.

No es posible llegar a Piura ni Tumbes desde el sur de ambas ciudades. (Tengo que ir Tumbes para enseñar la Biblia a una congregación y no puedo ir por el paro que ha cerrado esa carretera desde el día lunes).

Los agricultores han cerrado la carretera principal y son muchos quienes están en varados en la carretera y son muchos los que no pueden entrar ni salir de esas ciudades.

Necesitamos orar por los gobernantes y elegir mejor a quienes nos gobernarán el próximo quinquenio. Es imperativo que seamos serios y que ejercemos este nuestro privilegio con conocimiento y resposabilidad.

Que Dios nos ayude a orar por las autoridades y a escoger candidatos a gobernar que generen, con sus políticas, un ambiente en el que podamos vivir y trabajar “quieta y reposadamente con toda piedad y honestidad”. Amén.

Está escrito que Dios quiere que vivamos bien en este mundo. Eso depende de Dios, sí, prioritariamente; pero también de nosotros y de los gobernantes que nosotros mismos elegimos.

“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” (Timoteo 2:1-5).

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¿Por Qué Lloró Jesús, el líder espiritual más poderoso del universo? Los 4 Motivos Profundos de Juan 11:35 y el Consuelo para tu Alma.

Introducción: El Valor Espiritual del Llanto en quienes lideran y en todos los seres humanos.

“Jesús lloró.” (Juan 11:35).

Llorar como Jesús lloró no es solo una necesidad para los hijos de Dios, sino la expresión más sincera de que somos seres humanos y verdaderos seguidores del Unigénito Hijo de Dios.

Al inicio de mi fe en Jesucristo (1987) oí una predicación memorable sobre las Bienaventuranzas, donde Jesús dijo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4). El misionero Herbert Elliot, quien predicó ese sermón, conocía de primera mano el sufrimiento—su hermano, Philip James Elliot, fue asesinado por los Huaoroni en 1956 mientras les predicaba el evangelio.

Herbert sabía que solo quien llora recibe la consolación de Dios.

El llanto nos conecta y nos acerca a Dios y hace que él alivie, y consuele, y seque nuestras lágrimas personalmente. Llorar, en consecuencia, nos hace bienaventurados.

Recientemente, volví a pensar en el llanto porque lloré, y mucho. Dios consoló mi lloro haciéndome meditar en Jesucristo, nuestro Redentor, Salvador, Líder y Ejemplo supremo. “Jesús lloró” (El líder supremo, poderoso y efectivo verdaderamente lloró como el más débil de los mortales). Estas frase bíblica de dos palabras y de tan solo diez letras me han traído consuelo y alivio fortalecedor. Fui bienaventurado.

A continuación, compartiré el consuelo que experimenté al meditar y escribir sobre los motivos del llanto de Jesús, quien es él líder supremo del movimiento espiritual que transformó y transforma la vida de la humanidad para bien tanto en la vida presente como en la vida para la eternidad por ya más de 2000 años.


El llanto es la acción humana que mejor expresa la vulnerabilidad y la sensibilidad del ser humano. Se llora por pena, tristeza o dolor, o por la intensidad de emociones como la alegría, la rabia o la frustración. El llanto es parte de nuestra experiencia humana desde el nacimiento hasta la muerte.

Dios, nuestro Creador, nos diseñó a Su imagen y semejanza con estas emociones. Al determinar nuestra salvación, nos dio un Hombre semejante a nosotros aun en el llanto, pero sin pecado.

Juan 11:35 es el versículo más corto de todo el Nuevo Testamento, pero su mensaje es profundo y elocuente. Jesús, el Verbo hecho Carne, es verdaderamente Dios y realmente Hombre. Su humanidad quedó develada en ese su emotivo y significativo llanto. Nuestro Salvador también llora.

El llanto de Jesús tuvo cuatro motivos fundamentales, que resuenan con las razones por las que muchos de nosotros, en especial quienes lideramos, también derramamos lágrimas:

1. El Dolor de la Compasión y la Empatía

El primer motivo fue la pérdida de un amigo y el profundo sufrimiento de los dolientes. Jesús amaba a Lázaro y a sus hermanas, Marta y María. Él sufrió al ver su dolor por la enfermedad, la impotencia y la muerte irremediable de Lázaro.

Cuando Jesús llegó a Betania, se conmovió profundamente (se entristeció y se perturbó) al ver la tristeza de los que acompañaban a la familia. Su emoción lo desbordó. Él no solo simpatizó con los dolientes (reconociendo el dolor desde fuera), sino que empatizó con ellos (poniéndose en su lugar), haciendo que su pena fuera también la Suya. Su llanto fue la expresión de esta perfecta compasión.

El llanto de Jesús es la máxima expresión de su entendimiento de la fragilidad humana. Es una bendición inmensa tener un Salvador que nos entiende plena y perfectamente.

2. La Indiferencia y Dureza de Corazón de los Adversarios

El segundo motivo fue el ataque y la burla de sus enemigos. Jesús tenía adversarios acérrimos que, mostrando una total insensibilidad y falta de compasión, usaron la tragedia de la muerte de Lázaro para cuestionar Su poder y Su amor. Preguntaron: “¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?” (Juan 11:37).

A Jesús le dolió profundamente ver la indiferencia y el “corazón de piedra” de estos críticos. Él, que todo lo ve y quiere la salvación de toda criatura, se entristeció por la malicia. Su llanto, en parte, fue motivado por la falta de humanidad. En esto, Jesús nos consuela: cuando somos atacados por nuestros adversarios en medio de la tragedia, él nos entiende y se duele con nosotros.

3. El Dolor ante la Incredulidad Voluntaria

El tercer motivo fue la anticipación de la ceguera espiritual de muchos de los líderes y judíos que presenciarían el milagro. Jesús afirmó ser la resurrección y la vida. Él esperó la muerte de Lázaro para que Sus discípulos creyeran y para que Marta viese la “gloria de Dios” (Juan 11:40).

La resurrección de Lázaro fue un hecho histórico irrefutable: Su cuerpo ya hedía y no había forma de dudar. Sin embargo, muchos de los testigos no creyeron.

El llanto de Jesús se explica por el dolor ante la incredulidad de quienes, viendo la manifestación de la gloria de Dios, se negaron tercamente a creer. A nosotros también nos duele cuando quienes ven nuestras buenas obras y motivaciones se niegan a confiar. Jesús experimentó el mismo dolor, y por ello nos consuela.

4. El Dolor Profético por la Condenación Eterna

El cuarto y último motivo fue la consecuencia condenatoria que tendría Su acto: la resurrección de Lázaro aceleró la decisión final de sus adversarios de matarlo. Los líderes judíos determinaron que “nos conviene que un hombre muera por el pueblo…” (Juan 11:50), sellando así Su muerte (Juan 11:53).

Jesús lloró porque vio su propia muerte inminente, pero más aún porque vio que sus opositores, al redoblar su rechazo, se colocaban en condenación irredimible. Él sufrió al ver que Su acto de vida sería la causa final de su decisión de muerte. Nosotros, como Jesús, hemos llorado por la decisión obstinada de individuos que persisten en un camino ruinoso, anticipando su destino.

Conclusión: La Bendición de Llorar como Cristo

Los motivos del llanto de Jesús tienen que ser los mismos por los que nosotros también lloramos. Llorar es una expresión de nuestra humanidad y una evidencia de que Jesús era tan humano como nosotros, aunque sin nuestro pecado.

Jesús nuestro Señor y Autoridad y Líder perfecto lloró por:

  • El dolor y la muerte (las consecuencias del pecado).

  • La insensibilidad y la falta de humanidad.

  • La incredulidad voluntaria.

  • La condenación eterna de quienes lo rechazaron.

Los verdaderos líderes también lloran. Son seres humanos empoderados que no pierden su debilidad y humanidad, sino todo lo contrario. Todo lo que hacen lo hacen empatizando con quienes los rodean, ya estén a su favor o en su contra. Su compasión y sensibilidad, expresada en su lloro, los hace más cercanos y reales.

Que Dios nos ayude a llorar como nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Que entendamos que llorar no es debilidad, sino sensibilidad, simpatía y compasión. Que Dios nos ayude a llorar muchísimo más por asemejarnos a Cristo en Su amor y Su entendimiento de la condición humana ante Él. Amén.

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👑 El Desafío del Gobernante Ideal: Entendiendo Génesis 1:26.

👑 El Desafío del Gobernante Ideal: Entendiendo Génesis 1:26

“Si todos los hombres, es especial quienes son padres, o líderes eclesiásticos, o presidentes de algúna asociación, o autoridades políticas, incluyendo los gobernantes de las naciones, entendiesen El Desafío del Gobernante Ideal en Génesis 1:26, la vida en este mundo sería muchísimo mejor para todos.”

El hombre fue creado para señorear y gobernar la creación que Dios hizo, la cual era buena en gran manera. Este mandato implicaba hacerla aún mejor, muchísimo más buena para sí mismo, para la propia creación y para todas las criaturas, y, fundamentalmente, para la glorificar y honrar a Su Creador, el Dios Todopoderoso y Bueno.

El fundamento de esta misión se encuentra en el primer capítulo de la Biblia:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.” (Génesis 1:26)


La Clave del Gobierno: Identidad y Función

El contexto de este mandato es clave para entender el tipo de señor y de gobernante que tenía y que tiene que ser el ser humano. Dios creó todo el universo bueno, muy bueno. Todo estaba en su sitio y todo tenía su finalidad y su provecho. El hombre fue creado y hecho para “optimizar” y “perfeccionar” lo que ya era bueno en gran manera. ¡Qué tremendo desafío!

El cumplimiento de esta misión era posible. Dios nunca pide algo que no podemos hacer. Hay al menos, en Génesis 1:26 y en su contexto, varios hechos que demuestran que el hombre podía realizar tan grande misión:

  1. Él era a imagen y semejanza de Dios: Este es el hecho más importante. Ser a la imagen de Dios es lo que capacita al hombre para señorear. Dios, el Soberano, le transfirió al hombre la capacidad funcional para ejercer una soberanía delegada y actuar como Su representante en la Tierra.

  2. La creación y las criaturas hechas solo podían ser mucho mejores con el desarrollo cultural.

  3. Dios estaba con él para optimizar aún más lo bueno y perfecto que era.

  4. El “mal” en tanto distorsión de lo bueno no existía, y la muerte no estaba activa.

Todo estaba diseñado para que el hombre fuese un señor y un gobernante ideal de todo cuanto Dios había hecho.


📝 El Significado Profundo de “Señoree”

La palabra “señoree” (que traduce el hebreo radah) demuestra que el hombre fue hecho para gobernar. Expresa la misión de gobernante del hombre, quien desde su posición de autoridad y superioridad privilegiada, debía dominar, gobernar, controlar, mandar y administrar a todas las criaturas. Este privilegiado rol está ratificado y confirmado por lo dicho en Génesis 1:28.

El buen gobierno del hombre tenía que verse en todos los cielos, en todo el mar y en toda la tierra. Los peces, las aves y toda bestia de la tierra debían “maximizar” su potencial, su hábitat y su manera de vivir. ¡Toda la creación debía reflejar a este magnífico gobernante! ¡Dios tenía que mirar complacido al hombre y a todo lo creado gracias al buen señorío del hombre!

¿Cómo iba a ejercer el hombre su gobierno y su señorío?

  1. Debía usar y reflejar el carácter y las habilidades que Dios le dio al hacerlo a Su imagen y semejanza.

  2. Debía ejercer sobre la creación la autoridad que Dios le dio.

  3. Debía confiar en la bendición de Dios al ejercer su gobierno.

  4. Debía tener la convicción de que toda la creación y todas las criaturas estaban aptas para cooperar y maximizar su rendimiento bajo su gobierno.

Dios y la creación esperaban muchísimo del hombre como gobernante. ¡Qué reto privilegiado más inmenso el de la criatura hecha a semejanza de Dios!


🚀 Aplicación Práctica del Señorío

Todo hombre debe mostrarse y ser siempre el buen gobernante y administrador que Dios diseñó y quiere que sea.

Sé que ahora este contexto óptimo e ideal no existe por causa del pecado y de sus consecuencias, pero aun así, los hombres podemos ejercer y maximizar nuestro potencial gobernante y administrativo. ¡Hagámoslo cada día y a cada instante!

  1. Empecemos con gobernarnos a nosotros mismos: El autocontrol y la disciplina son el primer campo de batalla del buen señorío.

  2. Luego, y a la vez que nos enseñoreamos de nosotros mismos, cuidemos y desarrollemos el potencial de nuestra familia nuclear y de nuestra familia extendida.

  3. Continuemos y extendamos nuestro potencial administrativo y de gobierno en todo ámbito de nuestras asociaciones (iglesia, escuela, comunidad, ciudad, provincia, país, continente, mundo, etc.).

  4. Finalmente, hagamos grande y mejor todo proyecto que emprendamos por iniciativa propia o iniciativa de otro (tarea, trabajo, negocio, empresa, nación).

¡Desarrollemos nuestro potencial como buenos gobernantes y administradores en toda área de nuestra vida y de nuestro entorno, hombres! ¡Consagremos nuestra vida y nuestros recursos para serlo todo el tiempo! ¡Hagámoslo con toda pasión y diligencia, y con muchísima mayor razón, si es que creemos y seguimos a Jesucristo, nuestro Salvador y Señor, y modelo de vida! Amén.

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