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¿Por quién debemos votar los cristianos peruanos en las elecciones presidenciales de este año?
¿Por quién debemos votar los cristianos en las elecciones presidenciales de este año?
Esta pregunta tan directa me la hizo un hermano joven muy recientemente. Ofrecí responderle y hoy es el tiempo adecuado para hacerlo. La segunda vuelta en Perú está ya muy cerca, a menos de un mes.
Este joven hermano siempre me desafía con sus preguntas y tengo que contestarle de manera oportuna.
De antemano, debo aclarar que no voy a dar nombre alguno, sino cuatro valores claves que, como seguidor de Jesucristo, veo en la Biblia respecto a la política, el gobierno y la administración de un país.
1. Los cristianos tenemos que votar por los candidatos que Dios ha determinado que sean elegidos.
Dios elige a las autoridades. Es él quien pone y quita las autoridades. Siempre ha sido, es y será así. La Biblia es clarísima. No existe ningún gobernante (independientemente de si es bueno o malo, u honrado o corrupto, o eficiente o ineficiente, o compasivo o cruel) que no haya sido instituido por Dios.
En el caso peruano, Dios ha determinado que quienes nos gobiernen legislativamente sean los candidatos de los partidos que han sacado más alto puntaje. Lo mismo pasa con respecto a la presidencia del país. Dios nos ha dejado dos candidatos en la instancia final. No tenemos otra opción, excepto que Dios determine alguna otra cosa y en una forma que ahora nosotros no vemos. En consecuencia, tenemos que elegir entre las dos únicas opciones que Dios ha dispuesto. Te guste o no te guste, de los dos partidos ganadores dará Dios al Perú su Presidente.
2. Los cristianos tenemos que votar por quien tiene valores cercanos a los principios de la Biblia, la palabra de Dios.
La Biblia es clara respecto a lo que Dios ha establecido. Aunque es obvio que los gobernantes normalmente se rebelan contra Dios y contra Su Ungido, Jesucristo (Ver Salmos 2:1-3 y Hechos 4:24-28), elijamos al que conserva uno, o más principios y valores bíblicos, no a quien no tiene ninguno o que va contra todos ellos.
Estos son los valores claves que hay considerar: La vida, la libertad y la responsabilidad individual, la familia tradicional (un hombre y una mujer), el trabajo, etc. Nosotros no debemos darle nuestro apoyo a gobernantes que vayan en contra de esos principios y valores.
3. Los cristianos debemos votar quien tiene la determinación eliminar la inseguridad y la injusticia en nuestro país.
La Biblia afirma claramente que Dios ha establecido a las autoridades y les ha conferido el monopolio de la fuerza legal con el fin de que castigue al malo y recompense al bueno (Romanos 13:3-4). Esto significa que el deber principal del gobernante es asegurar la paz y la seguridad física y legal para sus ciudadanos.
Dios quiere que los seres humanos “vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:1-3) y las autoridades juegan un rol crucial en que ese deseo divino se haga realidad.
Nuestro país necesita gobernantes que apliquen la justicia como corresponde y castiguen así a los delincuentes. La delincuencia no violenta y la violenta han crecido mucho en nuestro país. Se tiene que revertir esa triste realidad.
Los peruanos, por tanto, tenemos que darle el voto a quien tenga el coraje y la valentía de terminar con ese flagelo, que diariamente enluta los hogares de los peruanos, y que les impide vivir y trabajar en paz.
4. Los cristianos tenemos que votar por quien no nos agrave la vida personal, familiar y laboral con más impuestos.
Los impuestos son una carga que todos los ciudadanos pagamos de una u otra manera. Todos tenemos esa carga. Unos, pagan poco; otros, pagan mucho; pero, en última instancia, todos pagamos.
Los impuestos son una realidad y la Biblia nos ordena pagar nuestros impuestos para el sostenimiento de quienes nos gobiernan y para que funcione adecuadamente la infraestructura y la burocracia con la que nos sirven (Romanos 13:6-7).
Empero, los gobiernos previos a la democracia no eran tan grandes y ni tan ineficientes como los de hoy. Los gobernantes de hoy tienen una administración mucho más grande y pesada que un elefante y más lenta que un oso perezoso. Sostenerlo es muy gravoso.
El agravar con impuestos y aranceles a los ciudadanos impide la inversión y la creación de puestos de trabajo por parte del contribuyente. Lo cual es muy pernicioso para el progreso y la prosperidad de una nación.
Podría seguir escribiéndote más consejos valiosos a tomar en cuenta para guiar tu voto a uno u otro candidato, pero creo que con lo dicho es suficiente. En mi página web, por cierto, he escrito dos artículos mucho más amplios respecto a qué deben tomar en cuenta los creyente para apoyar a los partidos políticos y sus candidatos.
No te doy un nombre porque no es mi trabajo hacerlo. Cada uno debe elegir a quien su conciencia y su conocimiento lo guíe, sin olvidar, eso sí, que es Dios el que determinará en última instancia quien será el próximo Presidente de Perú. Nosotros los cristianos debemos descansar en que lo que Dios decide siempre es lo mejor y lo más adecuado para el país.
Votemos con confianza y con conocimiento. Las autoridades son todas establecidas por Dios. Amén.
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Nota: Los texto grabados en las fotografías afirman contundentemente que Dios es el soberano de todos los gobernantes de este mundo. Él es quien los coloca en sus posiciones y el que los quita de ellas en el momento que lo cree conveniente.
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Paro Agrario en Perú: Del Israel antiguo al Perú hoy.
Paro Agrario en Perú: Del Israel antiguo al Perú hoy.
En el pueblo judío antiguo y debido al sistema monárquico de su gobierno, cuando el gobernante abusaba con los impuestos, hasta el punto de generar insatisfacción y molestia a sus ciudadanos, estos lo dejaban solo, para hacerlo recapacitar y corregirse.
“Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.” (1 Reyes 12:16).
En ese contexto, quien sufría una huelga generalizada por las malas políticas de gobierno, era el propio gobernante y su élite (Literalmente, el rey se quedaba solo. Nadie iba a sustentarlo ni a defenderlo. La soledad del rey era también la de su corte, de su élite, de su burocracia). Hoy en día, sin embargo, una huelga o paro contra los gobernantes y sus políticas, lo sufren los propios ciudadanos y sus familias, excepto esos mismos gobernantes y su élite soporte y complice.
He visto el padecimiento de los ciudadanos por los paros y manifestaciones con mi propios ojos. Es más, yo mismo he sido estorbado a la largo de mi vida por este tipo de protestas contra los gobernantes y sus políticas.
El evangelio y su difusión también se atrasa por las protestas, especialmente, cuando por el enojo de los ciudadanos contra sus gobernantes se bloquean las carreteras y caminos. La inmovilidad por el cierre de las carreteras nos afecta tremendamente a todos, de una u otra manera (Todo se agrava en una situación como esa). Ahora mismo, está ocurriendo un gran paro en el norte de Perú.
No es posible llegar a Piura ni Tumbes desde el sur de ambas ciudades. (Tengo que ir Tumbes para enseñar la Biblia a una congregación y no puedo ir por el paro que ha cerrado esa carretera desde el día lunes).
Los agricultores han cerrado la carretera principal y son muchos quienes están en varados en la carretera y son muchos los que no pueden entrar ni salir de esas ciudades.
Necesitamos orar por los gobernantes y elegir mejor a quienes nos gobernarán el próximo quinquenio. Es imperativo que seamos serios y que ejercemos este nuestro privilegio con conocimiento y resposabilidad.
Que Dios nos ayude a orar por las autoridades y a escoger candidatos a gobernar que generen, con sus políticas, un ambiente en el que podamos vivir y trabajar “quieta y reposadamente con toda piedad y honestidad”. Amén.
Está escrito que Dios quiere que vivamos bien en este mundo. Eso depende de Dios, sí, prioritariamente; pero también de nosotros y de los gobernantes que nosotros mismos elegimos.
“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” (Timoteo 2:1-5).
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¿Por Qué Lloró Jesús, el líder espiritual más poderoso del universo? Los 4 Motivos Profundos de Juan 11:35 y el Consuelo para tu Alma.
Introducción: El Valor Espiritual del Llanto en quienes lideran y en todos los seres humanos.
“Jesús lloró.” (Juan 11:35).
Llorar como Jesús lloró no es solo una necesidad para los hijos de Dios, sino la expresión más sincera de que somos seres humanos y verdaderos seguidores del Unigénito Hijo de Dios.
Al inicio de mi fe en Jesucristo (1987) oí una predicación memorable sobre las Bienaventuranzas, donde Jesús dijo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4). El misionero Herbert Elliot, quien predicó ese sermón, conocía de primera mano el sufrimiento—su hermano, Philip James Elliot, fue asesinado por los Huaoroni en 1956 mientras les predicaba el evangelio.
Herbert sabía que solo quien llora recibe la consolación de Dios.
El llanto nos conecta y nos acerca a Dios y hace que él alivie, y consuele, y seque nuestras lágrimas personalmente. Llorar, en consecuencia, nos hace bienaventurados.
Recientemente, volví a pensar en el llanto porque lloré, y mucho. Dios consoló mi lloro haciéndome meditar en Jesucristo, nuestro Redentor, Salvador, Líder y Ejemplo supremo. “Jesús lloró” (El líder supremo, poderoso y efectivo verdaderamente lloró como el más débil de los mortales). Estas frase bíblica de dos palabras y de tan solo diez letras me han traído consuelo y alivio fortalecedor. Fui bienaventurado.
A continuación, compartiré el consuelo que experimenté al meditar y escribir sobre los motivos del llanto de Jesús, quien es él líder supremo del movimiento espiritual que transformó y transforma la vida de la humanidad para bien tanto en la vida presente como en la vida para la eternidad por ya más de 2000 años.
El llanto es la acción humana que mejor expresa la vulnerabilidad y la sensibilidad del ser humano. Se llora por pena, tristeza o dolor, o por la intensidad de emociones como la alegría, la rabia o la frustración. El llanto es parte de nuestra experiencia humana desde el nacimiento hasta la muerte.
Dios, nuestro Creador, nos diseñó a Su imagen y semejanza con estas emociones. Al determinar nuestra salvación, nos dio un Hombre semejante a nosotros aun en el llanto, pero sin pecado.
Juan 11:35 es el versículo más corto de todo el Nuevo Testamento, pero su mensaje es profundo y elocuente. Jesús, el Verbo hecho Carne, es verdaderamente Dios y realmente Hombre. Su humanidad quedó develada en ese su emotivo y significativo llanto. Nuestro Salvador también llora.
El llanto de Jesús tuvo cuatro motivos fundamentales, que resuenan con las razones por las que muchos de nosotros, en especial quienes lideramos, también derramamos lágrimas:
1. El Dolor de la Compasión y la Empatía
El primer motivo fue la pérdida de un amigo y el profundo sufrimiento de los dolientes. Jesús amaba a Lázaro y a sus hermanas, Marta y María. Él sufrió al ver su dolor por la enfermedad, la impotencia y la muerte irremediable de Lázaro.
Cuando Jesús llegó a Betania, se conmovió profundamente (se entristeció y se perturbó) al ver la tristeza de los que acompañaban a la familia. Su emoción lo desbordó. Él no solo simpatizó con los dolientes (reconociendo el dolor desde fuera), sino que empatizó con ellos (poniéndose en su lugar), haciendo que su pena fuera también la Suya. Su llanto fue la expresión de esta perfecta compasión.
El llanto de Jesús es la máxima expresión de su entendimiento de la fragilidad humana. Es una bendición inmensa tener un Salvador que nos entiende plena y perfectamente.
2. La Indiferencia y Dureza de Corazón de los Adversarios
El segundo motivo fue el ataque y la burla de sus enemigos. Jesús tenía adversarios acérrimos que, mostrando una total insensibilidad y falta de compasión, usaron la tragedia de la muerte de Lázaro para cuestionar Su poder y Su amor. Preguntaron: “¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?” (Juan 11:37).
A Jesús le dolió profundamente ver la indiferencia y el “corazón de piedra” de estos críticos. Él, que todo lo ve y quiere la salvación de toda criatura, se entristeció por la malicia. Su llanto, en parte, fue motivado por la falta de humanidad. En esto, Jesús nos consuela: cuando somos atacados por nuestros adversarios en medio de la tragedia, él nos entiende y se duele con nosotros.
3. El Dolor ante la Incredulidad Voluntaria
El tercer motivo fue la anticipación de la ceguera espiritual de muchos de los líderes y judíos que presenciarían el milagro. Jesús afirmó ser la resurrección y la vida. Él esperó la muerte de Lázaro para que Sus discípulos creyeran y para que Marta viese la “gloria de Dios” (Juan 11:40).
La resurrección de Lázaro fue un hecho histórico irrefutable: Su cuerpo ya hedía y no había forma de dudar. Sin embargo, muchos de los testigos no creyeron.
El llanto de Jesús se explica por el dolor ante la incredulidad de quienes, viendo la manifestación de la gloria de Dios, se negaron tercamente a creer. A nosotros también nos duele cuando quienes ven nuestras buenas obras y motivaciones se niegan a confiar. Jesús experimentó el mismo dolor, y por ello nos consuela.
4. El Dolor Profético por la Condenación Eterna
El cuarto y último motivo fue la consecuencia condenatoria que tendría Su acto: la resurrección de Lázaro aceleró la decisión final de sus adversarios de matarlo. Los líderes judíos determinaron que “nos conviene que un hombre muera por el pueblo…” (Juan 11:50), sellando así Su muerte (Juan 11:53).
Jesús lloró porque vio su propia muerte inminente, pero más aún porque vio que sus opositores, al redoblar su rechazo, se colocaban en condenación irredimible. Él sufrió al ver que Su acto de vida sería la causa final de su decisión de muerte. Nosotros, como Jesús, hemos llorado por la decisión obstinada de individuos que persisten en un camino ruinoso, anticipando su destino.
Conclusión: La Bendición de Llorar como Cristo
Los motivos del llanto de Jesús tienen que ser los mismos por los que nosotros también lloramos. Llorar es una expresión de nuestra humanidad y una evidencia de que Jesús era tan humano como nosotros, aunque sin nuestro pecado.
Jesús nuestro Señor y Autoridad y Líder perfecto lloró por:
El dolor y la muerte (las consecuencias del pecado).
La insensibilidad y la falta de humanidad.
La incredulidad voluntaria.
La condenación eterna de quienes lo rechazaron.
Los verdaderos líderes también lloran. Son seres humanos empoderados que no pierden su debilidad y humanidad, sino todo lo contrario. Todo lo que hacen lo hacen empatizando con quienes los rodean, ya estén a su favor o en su contra. Su compasión y sensibilidad, expresada en su lloro, los hace más cercanos y reales.
Que Dios nos ayude a llorar como nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Que entendamos que llorar no es debilidad, sino sensibilidad, simpatía y compasión. Que Dios nos ayude a llorar muchísimo más por asemejarnos a Cristo en Su amor y Su entendimiento de la condición humana ante Él. Amén.
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👑 El Desafío del Gobernante Ideal: Entendiendo Génesis 1:26.
👑 El Desafío del Gobernante Ideal: Entendiendo Génesis 1:26
“Si todos los hombres, es especial quienes son padres, o líderes eclesiásticos, o presidentes de algúna asociación, o autoridades políticas, incluyendo los gobernantes de las naciones, entendiesen El Desafío del Gobernante Ideal en Génesis 1:26, la vida en este mundo sería muchísimo mejor para todos.”
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El hombre fue creado para señorear y gobernar la creación que Dios hizo, la cual era buena en gran manera. Este mandato implicaba hacerla aún mejor, muchísimo más buena para sí mismo, para la propia creación y para todas las criaturas, y, fundamentalmente, para la glorificar y honrar a Su Creador, el Dios Todopoderoso y Bueno.
El fundamento de esta misión se encuentra en el primer capítulo de la Biblia:
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.” (Génesis 1:26)
La Clave del Gobierno: Identidad y Función
El contexto de este mandato es clave para entender el tipo de señor y de gobernante que tenía y que tiene que ser el ser humano. Dios creó todo el universo bueno, muy bueno. Todo estaba en su sitio y todo tenía su finalidad y su provecho. El hombre fue creado y hecho para “optimizar” y “perfeccionar” lo que ya era bueno en gran manera. ¡Qué tremendo desafío!
El cumplimiento de esta misión era posible. Dios nunca pide algo que no podemos hacer. Hay al menos, en Génesis 1:26 y en su contexto, varios hechos que demuestran que el hombre podía realizar tan grande misión:
Él era a imagen y semejanza de Dios: Este es el hecho más importante. Ser a la imagen de Dios es lo que capacita al hombre para señorear. Dios, el Soberano, le transfirió al hombre la capacidad funcional para ejercer una soberanía delegada y actuar como Su representante en la Tierra.
La creación y las criaturas hechas solo podían ser mucho mejores con el desarrollo cultural.
Dios estaba con él para optimizar aún más lo bueno y perfecto que era.
El “mal” en tanto distorsión de lo bueno no existía, y la muerte no estaba activa.
Todo estaba diseñado para que el hombre fuese un señor y un gobernante ideal de todo cuanto Dios había hecho.
📝 El Significado Profundo de “Señoree”
La palabra “señoree” (que traduce el hebreo radah) demuestra que el hombre fue hecho para gobernar. Expresa la misión de gobernante del hombre, quien desde su posición de autoridad y superioridad privilegiada, debía dominar, gobernar, controlar, mandar y administrar a todas las criaturas. Este privilegiado rol está ratificado y confirmado por lo dicho en Génesis 1:28.
El buen gobierno del hombre tenía que verse en todos los cielos, en todo el mar y en toda la tierra. Los peces, las aves y toda bestia de la tierra debían “maximizar” su potencial, su hábitat y su manera de vivir. ¡Toda la creación debía reflejar a este magnífico gobernante! ¡Dios tenía que mirar complacido al hombre y a todo lo creado gracias al buen señorío del hombre!
¿Cómo iba a ejercer el hombre su gobierno y su señorío?
Debía usar y reflejar el carácter y las habilidades que Dios le dio al hacerlo a Su imagen y semejanza.
Debía ejercer sobre la creación la autoridad que Dios le dio.
Debía confiar en la bendición de Dios al ejercer su gobierno.
Debía tener la convicción de que toda la creación y todas las criaturas estaban aptas para cooperar y maximizar su rendimiento bajo su gobierno.
Dios y la creación esperaban muchísimo del hombre como gobernante. ¡Qué reto privilegiado más inmenso el de la criatura hecha a semejanza de Dios!
🚀 Aplicación Práctica del Señorío
Todo hombre debe mostrarse y ser siempre el buen gobernante y administrador que Dios diseñó y quiere que sea.
Sé que ahora este contexto óptimo e ideal no existe por causa del pecado y de sus consecuencias, pero aun así, los hombres podemos ejercer y maximizar nuestro potencial gobernante y administrativo. ¡Hagámoslo cada día y a cada instante!
Empecemos con gobernarnos a nosotros mismos: El autocontrol y la disciplina son el primer campo de batalla del buen señorío.
Luego, y a la vez que nos enseñoreamos de nosotros mismos, cuidemos y desarrollemos el potencial de nuestra familia nuclear y de nuestra familia extendida.
Continuemos y extendamos nuestro potencial administrativo y de gobierno en todo ámbito de nuestras asociaciones (iglesia, escuela, comunidad, ciudad, provincia, país, continente, mundo, etc.).
Finalmente, hagamos grande y mejor todo proyecto que emprendamos por iniciativa propia o iniciativa de otro (tarea, trabajo, negocio, empresa, nación).
¡Desarrollemos nuestro potencial como buenos gobernantes y administradores en toda área de nuestra vida y de nuestro entorno, hombres! ¡Consagremos nuestra vida y nuestros recursos para serlo todo el tiempo! ¡Hagámoslo con toda pasión y diligencia, y con muchísima mayor razón, si es que creemos y seguimos a Jesucristo, nuestro Salvador y Señor, y modelo de vida! Amén.
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Aviva Tu Obra, Oh Dios: La Oración de Habacuc y la Urgente Necesidad de Avivamiento Hoy.
La Oración de Habacuc: 4 Pasos para el Avivamiento Hoy.
“Descubre el patrón bíblico en Habacuc 3:2. Analizamos los 4 principios que el profeta usó para clamar a Dios por un despertar espiritual en su nación.”
El avivamiento de la obra de Dios siempre es una necesidad continua en este mundo, y en el mundo de hoy, muchísimo más.
Avivamiento (en el uso cotidiano) es la acción y el efecto de avivar. La palabra “avivar” significa: “volver a vivir”, “revivir”, “cobrar vida”, “entusiasmarse” o “dar vigor o energía” a algo.
En el uso cristiano o evangélico, el avivamiento es el “despertar“, la “consagración“, la “renovación” y la “priorización” de la vida espiritual con Dios por medio de Jesucristo, Su Hijo. Este avivamiento puede ser individual, colectivo o los dos juntos. Como consecuencia del avivamiento, la vida personal de todo cristiano, de la Iglesia y de la sociedad en general, se hace más devota, más arrepentida, más sensible, más obediente y más útil a Dios y a la extensión de Su evangelio.
El Avivamiento no es una reliquia histórica, sino una necesidad continua y, hoy más que nunca, urgente. Ante el enfriamiento espiritual y la secularización, la única solución es un acto soberano de Dios. El profeta Habacuc lo entendió y nos dejó un patrón atemporal en su oración de Habacuc 3:2. En este post, exploraremos los cuatro principios fundamentales que él usó para clamar por un despertar espiritual en su nación y que son indispensables para nuestra vida y nuestra época.
“Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.” (Habacuc 3:2).
1. Tenemos que ser conscientes de que el avivamiento es necesario.
¿Se adora, alaba, teme, obedece y ama a Dios? ¿Se guarda y se vive en conformidad con las leyes reveladas en la palabra de Dios? ¿Se vive misericordiosamente y fraternalmente entre prójimos? ¿Las familias viven en respeto mutuo y armonía? ¿Las autoridades se preocupan por el bienestar de todos los ciudadanos y les dan seguridad y justicia, o solo viven para sí mismos y sus allegados?
Estas preguntas se respondían negativamente en los días de Habacuc. El profeta era consciente de la situación de su sociedad, tal como lo expresan Sus palabras clarísimas al respecto:
“¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia.” (Habacuc 1:2-4).
Él, a la vez, sabía que el juicio de Dios estaba a la puerta de su nación. Es más, Habacuc conocía a quienes usaría Dios para ejecutar Su juicio y eso lo tenía confundido y angustiado.
“Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas.” (Habacuc 1:5-6).
El contexto religioso, político y social de Judá requería de un avivamiento espiritual y Habacuc estaba al tanto de esa urgente necesidad. Su oración a Dios para que avive Su obra en sus días es un reflejo de su lucidez y de su discernimiento espiritual.
Nuestro tiempo requiere de hijos de Dios que imiten a Habacuc.
Nuestras familias, congregaciones y naciones demandan “Habacucs” modernos, que estén con los ojos despiertos, y que vean la necesidad de un avivamiento obrado por Dios, y que oren por el mismo al Dios todopoderoso. ¡Que Dios levante cristianos diligentes y alertas que vean la necesidad del avivamiento espiritual!
2. Tenemos que estar escuchando la palabra de Dios humilde y reverentemente.
¿Cómo es que Habacuc llegó a ser consciente de la necesidad de un avivamiento? Su testimonio al respecto es poderoso. Él oía atenta y temerosamente la palabra de Dios. Su actitud ante ella era propicia para que el Espíritu Santo avivase su vida para con Dios y para con su prójimo. Fueron las Sagradas Escrituras las que despertaron su entendimiento y lo hicieron ver la necesidad espiritual de su nación. La Escritura decía una cosa y el pueblo judío vivía otra.
Los cristianos tenemos que estar oyendo y leyendo la Biblia como lo hizo este profeta. “Oh Jehová, he oído Tu palabra, y temí” tiene que ser también nuestro testimonio. Es la palabra escrita de Dios la que nos hace ver si estamos agradando a Dios o yendo en contra de Su buena y bendita voluntad. Es la Escritura la que nos motivará y nos impulsará hacia un avivamiento espiritual. Ella obrará en nosotros primero, y luego, al seguir transformándonos y encaminándonos más y más hacia Dios, nos hará ver que los demás también necesitan la obra de Dios en sus vidas.
3. Tenemos que pedirle a Dios en oración el avivamiento.
Habacuc deja en claro en su oración que el avivamiento espiritual verdadero es obra de Dios, no del hombre. “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos. En medio de los tiempos hazla conocer”, oró el profeta. La implicancia es trascendental: “Es Dios mismo quien tiene que ejecutar y concretizar el avivamiento.”
Habacuc le pidió a Dios el avivamiento de Su obra en la vida de su pueblo y de toda la humanidad. Su obra tenía que ser visible en su momento histórico. Toda su nación y todas las naciones que la rodeaban tenían que ver la obra de Dios en los judíos. Era Dios mismo quien debía hacer conocer Su labor en la vida cotidiana de los ciudadanos de Judá.
La petición en oración de Habacuc tiene que ser nuestra oración. Nosotros también debemos pedir que Dios “avive Su obra en medio de nuestra época.” Tenemos que pedirle que avive la vida espiritual en cada creyente y discípulo de Cristo. Debemos rogarle que reviva a Su iglesia y que la impulse hacia Él y hacia la misión de predicar el evangelio a toda criatura. En nuestra oración necesitamos pedir que Dios quebrante y mueva los corazones de nuestros conciudadanos hacia Él y hacia Jesucristo, Su Hijo, para la vida presente y la venidera.
4. Tenemos que estar listos a aceptar los resultados propios de la presencia santa y poderosa de Dios.
El avivamiento espiritual es posible porque Dios se revela en poder en quienes son Su pueblo y en quienes no lo son. Su presencia y Su obra serán un hecho tanto en quienes le temen y sirven como en quienes no lo hacen.
Habacuc sabía que Dios obraría en ira contra los pecadores y sus pecados, y en misericordia para con los pecadores que se arrepentían y volvían a Él en fe y conversión genuina. “En la ira acuérdate de la misericordia”, oró el profeta. El profeta quería que la ira de Dios sobre los ciudadanos rebeldes de su pueblo se expresase, pero sin dejar de expresarles también Su misericordia salvífica y redentora.
El avivamiento espiritual que Dios obra revela a nuestro Creador en ira contra los pecadores no arrepentidos y en misericordia para con los pecadores arrepentidos.
¡Tenemos que aceptar con un corazón humilde y reverente lo que hará Dios durante el avivamiento!
En resumen, el avivamiento espiritual es una necesidad urgente y vital en todos los niveles. Cada cristiano debe avivar y estimular su vida con Dios para amarle, obedecerle, adorarle, servirle y glorificarle todo el tiempo. Asimismo, la iglesia de Cristo necesita ser revivida y cobrar ánimo para consagrarse y servir con amor en la extensión del evangelio. Finalmente, el avivamiento es clave para que aquellos que aún no creen en Jesús se salven, vivan una vida nueva y multipliquen el número de personas que sirven y glorifican a Dios.
Oración: “Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.” (Habacuc 3:2).
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Obedecer a Dios en todo aspecto de nuestra vida es vital y esencial.
Necesitamos obedecer a Dios antes que a los hombres. La obediencia a Dios es nuestra prioridad. Nada ni nadie es más importante que Dios. En consecuencia, obedecerle y hacer su voluntad es imprescindible.
Pedro y Juan sabían lo vital y lo esencial de obedecer a Dios. Dios les dio un mandato urgente: Prediquen el evangelio Cristo en todo el mundo y a toda criatura, y hagan discípulos de Jesucristo a todas las naciones. (Marcos 16:15; Mateo 28:19). Ellos estaban obedeciendo a Dios, estaban predicando el evangelio. A las autoridades judías de su tiempo les incomodó su obediencia. Por eso, les prohibieron que predicasen (Hechos 4:1-22; 5:17-42). Pedro y Juan no se amilanaron. Su disposición y su determinación de obedecer eran el fundamento de sus vidas.
Todos tenemos que ver el obedecer a Dios como un asunto vital y urgente. Dios quiere nuestra obediencia y su palabra, la Biblia, y Su Espíritu Santo nos han sido dados para eso mismo. ¡Obedezcámosle!
La obediencia a Dios es una asunto personal.
Nadie puede obedecer por nosotros.
Dios nos habla individualmente a cada uno de nosotros por su palabra escrita y por su Espíritu. Nuestra obediencia a la clara palabra escrita es imprescindible. Hacerle caso al Espíritu Santo es vital y esencial.
Cuando Dios me alcanzó por medio de Cristo, ofrecí obedecerle. Le dije: “Lo que dispongas que haga, eso voy a hacer.” Y es lo que me he procurado hacer siempre. No significa que he obedecido perfectamente ni que nunca he pecado. No, no significa eso. La obediencia perfecta e impecable de los cristianos está aún en el futuro.
Obedecer a Dios es la prioridad de todos quienes creemos en Jesús.
Nuestra vida debe girar, moverse y encaminarse en función de hacer la voluntad de Dios, no la nuestra.
Debemos obedecer a Dios cada vez que tenemos la convicción de que él quiere algo específico de nosotros. Sea lo que sea y cueste lo que cueste. Obedecer a Dios tiene que ser nuestra única e innegociable opción.
Estoy en eso en este período de mi vida.
Creo que Dios quiere que haga algo, y debo hacerlo. “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”. Me costará, me dolerá, pero tengo que obedecer. Dios me ha elegido para esta tarea; es mi privilegio. ¡Que Dios me ayude a hacer lo mejor posible! Amén y amén.
Gracias a Dios, esta responsabilidad no la cumpliré solo, tengo el apoyo de mi familia nuclear, de mi familia extendida y de mis hermanos en Cristo. ¡Qué bendición tan grande que es así! ¡Dios es bueno y no nos da tareas sin darnos también ayuda para cumplirlas!
Gracias por orar por mí y por todos los que me ayudan a obedecer a Dios en este mi nuevo desafío.
Jesucristo arrebatará a Su Iglesia hasta las nubes y se reunirá con ella para siempre.
Los cristianos creemos, seguimos, amamos, obedecemos y esperamos a Jesucristo. Él, que murió por nuestros pecados y que resucitó para nuestra justificación, fue a los cielos y volverá por nosotros, para que vivamos con él para siempre.
Jesús cumple lo que promete. Su venida, en consecuencia, es un hecho ciertísimo e indubitable. Tenemos que estar expectantes y preparados para reunirnos con él.
Jesús vendrá por Su Iglesia, Su Cuerpo, Su Congregación, que es la suma de todas las personas de este mundo que han creído, que creen y que creerán en él hasta esa Su Venida.
La venida de Jesús por Su Iglesia está detallada en el párrafo de 1 Tesalonicenses 4:13-18.
Lo primero que tenemos que resaltar es que Jesús viene hasta nosotros con los que murieron creyendo y siguiéndole (Porque ellos ya están espiritualmente con él. 2 Corintios 5:8. Filipenses 1:23). Obviamente, al venir con Jesús, los que murieron vienen en espíritu (4:14), ya que sus cuerpos están en la tierra, en donde fueron sepultados.
Lo segundo a observar es el hecho de que Jesús resucitará los cuerpos de los discípulos que murieron creyendo y que están viniendo con él en espíritu (4:15-16). Esa bendita resurrección unirá el cuerpo y el espíritu de los muertos en Cristo en una condición eterna e incorruptible. Luego, y gracias a ese hecho portentoso, los redimidos resucitados se reunirán con Jesús en las nubes, en el aire.
Lo tercero a destacar es lo que hará Jesús con todos los creyentes que estén vivos cuando venga por Su Iglesia. El texto afirma que todos los creyentes vivos serán arrebatados (llevados, subidos) juntamente con los creyentes resucitados para recibir al Señor en el aire. Este arrebatamiento ocurrirá rápido, muy rápido. Todos los hechos transformadores sucederán en “un momento”, “en un abrir y cerrar de ojos” (1 Corintios 15:52). ¡Esa experiencia grandiosa y poderosa nos maravillará y asombrará tremendamente!
Lo último a anotar respecto al acto bendito y bienaventurado de la venida de Jesucristo por Su Iglesia es el lugar de la reunión y el propósito de la misma. El lugar de reunión es “las nubes”, “el aire” (eso significa e implica la atmósfera, la atmósfera de nuestra tierra y nuestros cielos). El propósito está declarado en este afirmación: “… y así estaremos siempre con el Señor” (4:17).
Los cristianos tenemos esta esperanza bendita y nos gozamos y vivimos por ella. Somos transeúntes en esta tierra. Nuestra vida definitiva, eterna y plena se hará realidad junto a Cristo en Su Venida.
“Alentémonos los unos a los otros” con esta ciertísima enseñanza de nuestro Señor (4:18). ¡Hagámoslo cada día, hermanos!
Cobremos ánimo y fuerza, y cumplamos nuestra misión como testigos de Cristo y de su salvación eterna a quienes nos rodean y se relacionan con nosotros todos los días de nuestra vida en este mundo.
¡Muchas gracias por darnos esta bendiga esperanza en Jesucristo, Bendito y Bondadoso Dios! Amén.
El zarandeo diabólico: Una realidad purificadora y perfeccionadora de discípulos por la gracia y la soberanía de Dios.
Estas palabras de Jesucristo a Pedro, que fueron previas a su dolorosa y vergonzosa caída, son hartamente edificantes y esperanzadoras. Pedro, como sabemos, negó cobardemente tres veces que conocía a Jesús, Su Maestro, y Señor, y Salvador. Aún así, sin embargo, Jesucristo no abandonó a Pedro durante su zarandeo diabólico, sino que estuvo con él e intercedió para que no desvaneciese ni perdiese su fe.
Zarandear, según el diccionario, significa: 1) agitar con violencia. 2) mover con ligereza. 3) Cribar o tamizar, Aunque los tres significados son útiles y válidos para esa palabra, el contexto y el texto de Lucas 22.31-32, se inclinan por “cribar y tamizar”.
La expresión “… zarandearos como a trigo” hace referencia a la experiencia de negación vergonzosa de Jesucristo ante los demás en la que incurriría Pedro. Esa experiencia seria muy dolorosa, dramática, vergonzosa y desalentadora para Pedro.
El zarandeo diabólico con el respectivo permiso de Dios es un hecho bíblico. Job lo vivió y sufrió; Pedro, también. La iglesia ha sufrido el embate del diablo durante toda su estadía en esta tierra. Los creyentes y discípulos de Jesucristo de este tiempo también somos objeto del acecho del diablo. El diablo también quiere zarandearnos.
El zarandeo de Satanás a los hijos de Dios es una realidad. Él siempre quiere dañarlos, pero no puede hacerlo sin el permiso de Dios. El diablo, al “recibir” el permiso divino, tiene el objetivo de lastimar, desanimar e inutilizar a los creyentes y siervos de Dios. Esa es la intención diabólica, pero el objetivo de Dios es distinto y opuesto.
Dios usa el zarandeo diabólico a los creyentes y discípulos de Jesucristo para fortalecerlos, purificarlos y perfeccionarlos para cumplir con su misión. El dolor y la angustia de atravesar la densa oscuridad demoniaca optimiza el carácter, la fe y el fervor espiritual de los cristianos genuinos. El zarandeo y aun el diablo mismo, en consecuencia, son instrumentos en las manos de Dios. Dios los usa para para el bien de todos los que creemos y seguimos a Jesucristo.
Jesucristo, quien murió y resucitó para nuestra salvación eterna, está con nosotros durante el zarandeo diabólico, Su presencia y su intercesión nos aseguran una fe que no desmaya en ese sufrido y durísimo periodo. Por causa de la compañía y la obra mediadora de Jesucristo, por tanto, quienes creemos y seguimos a Jesucristo, somos purificados y perfeccionados por el zarandeo satánico para cumplir una nueva misión para nuestro Señor en su bendita iglesia.
El zarandeo, por la gracia y la misericordia de Dios en Cristo Jesús, nos cambia, y recompone, y afirma nuestra identidad en Cristo, dejándonos aptos para “confirmar la fe de nuestros hermanos”.
Pedro sufrió terrible y amargamente el zarandeo diabólico, pero el diablo no lo neutralizó ni inutilizó. No, no lo hizo. Jesucristo y su intercesión sostuvieron la fe de Pedro, y él fue purificado, afirmado y confirmado como su discípulo, su apóstol y su siervo. El diablo perdió zarandeando a Pedro.
Pedro salió del zarandeo mucho más apto y confiable para cumplir la misión de Cristo. La evidencia de la derrota del diablo es clarísima. Jesucristo confió mucho más en Pedro al final de su zarandeo. Es justamente por eso que Jesús, personal e íntimamente, le dijo: “Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17).
Al lado de Jesucristo nunca hay pierde. Nunca desmayemos por nuestros tropiezos ni caídas, por más horribles, vergonzosas y dolorosas que sean. Por causa de nuestro Señor y Salvador, el diablo solo tiene victorias aparentes sobre nosotros. Gracias a Jesús, nuestra vida siempre puede estar firme, segura y útil en sus manos. Amén.
Si hemos pasado uno o más zarandeos vergonzosos y dolorosos, miremos a Cristo con arrepentimiento genuino, y volvamos a él de corazón. Él nos recibirá, nos restaurará, nos perfeccionará y nos volverá útiles para su misión salvífica a favor de los pecadores de este mundo. Amén.









