Adán, el trabajo, y nosotros.

“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrase y lo guardase” (Génesis 2.15).

Dios ha hecho especial al ser humano. Su trato para con él lo evidencia. En este texto, por ejemplo, Dios coloca a Adán en el huerto de Edén. El huerto era un paraíso: tenía todo que lo es vital. Dios lo colocó allí y le dio un trabajo. Ese trabajo  evidencia lo especial que él es.

El trabajo y el hombre está unidos inseparablemente. Nuestra existencia está asociada al trabajo. Dios nos hizo trabajadores, nos dio trabajo, y quiere que trabajemos. Las palabras “guardase” y “labrase” especifican nuestro trabajo primigenio en la tierra,

Se nos encomendó trabajar “labrando” la tierra (Génesis 2.5). Este trabajo empezó en el huerto en Edén (Génesis 2.15). El huerto era el modelo de cómo debía hacer el hombre en toda la tierra. Nuestro trabajo era hacer de la tierra un huerto como el que él hizo para nosotros.

“Labrar” tiene que ver con “preparar, acomodar, sembrar, regar, cultivar y trabajar la tierra para que produzca.” “Guardar” tiene que ver con “vigilar, cuidar, proteger, custodiar, defender, preservar”. Tanto “labrar” como “guardar” enmarcan y definen el trabajo de Adán en el huerto. Adán debía lograr que el huerto siempre fuese productivo y bello.

Desde el tercer día de la creación y hasta el momento en el que Adán y Eva fueron creados, toda la tierra era “muy posiblemente” una jungla, una selva (Génesis 1.11-13; 2.4-7). Dios dio a Adán y Eva el trabajo de convertir esa “jungla” en un huerto.

Adán empezó su trabajo de “labrar” y “guardar” el huerto. El relato bíblico testifica que él puso nombre a los animales (Génesis 2.19-20). Lo imagino disfrutando ese su trabajo. Tristemente, él disfrutó su trabajo por breve tiempo.

Su desobediencia trastocó todo.

Su pecado le afectó a él y a su trabajo.

Fuera del huerto, su trabajo no fue igual.

Su caída afectó a toda su descendencia y nosotros lo somos.

Es por eso que para muchos el trabajo es “un mal necesario”.

Los cristianos debemos lograr un cambio en la sociedad con respecto al trabajo. Nuestra fe y nuestra forma de trabajar deben impactar a quienes nos rodean.

El trabajo es la expresión de la capacidad creativa del hombre y la evidencia crucial de la imagen y semejanza de Dios en él. Dios trabaja y Jesús, Su Hijo, también lo hace. Jesús dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5.17).

La capacidad, la oportunidad y el deber de trabajar son un privilegio que Dios nos ha concedido.

¡Disfrutemos trabajando para la gloria de Dios por más pesado y duro que sea el trabajo que nos toca realizar!

Amén.

¡Examina y prueba tu fe y la presencia de Dios por Jesucristo en tu vida cada día!

Este escrito es para ti, que creciste siendo enseñado en la fe a Dios y a Jesucristo en base a la Biblia. La enseñanza vino de tus abuelos, tus padres, tu iglesia, tu colegio y de la gente de tu pueblo, de tu ciudad. La navidad, la semana santa, las fiestas patronales, los lugares de culto, los ritos, los cantos, las historias bíblicas y las exhortaciones de tus padres te formaron y te culturizaron en la creencia en Dios y en su amor para con los seres humanos pecadores.

Tú eres un privilegiado. Has sido instruido y culturizado en todo aspecto de tu vida en la fe en Dios. Debes dar gracias a Dios por eso, pues, hay personas que no han tenido tal bendición. Pero, este es un pero para desafiarte y animarte, tu creencia en Dios y tu vida en él necesitan ser confirmadas y certificadas.

Confirmar y certificar la fe en Dios es una cuestión urgente e imprescindible. Cada uno de nosotros va a presentarse delante de Dios en cualquier momento. La vida en esta tierra es corta en relación a la eternidad. Cuando se acabe nuestro tiempo aquí, nos presentaremos ante Dios. De allí que no hay nada más importante que confirmar y certificar que nuestra fe es genuina. ¿Cómo lo hacemos?

Pablo nos responde y nos dice cómo es que podemos confirmar y certificar nuestra fe. Él escribió estas palabras a la iglesia en Corinto: “Examinaos a vosotros mismos si estás en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros mismos, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5).

Confirmamos y certificamos nuestra fe por medio de examinarnos, de probarnos a nosotros mismos. Nosotros mismos tenemos que ver que Jesucristo está en nosotros y que nosotros estamos en él. Si nuestra fe es real tendremos señales de la misma en nuestra vida. Pero si nuestra fe solo es cultural y religiosa, entonces no tendremos evidencias de la presencia de Cristo en nuestra vida. Es nuestro trabajo personal examinar y probar nuestra fe. ¡Hagámoslo! ¡Hazlo!

Para ayudarte en esta tarea he hecho este escrito. En este artículo te daré tres pautas para que confirmes y certifiques que tu fe es genuina y aprobada por Dios.

Primero. Tu fe tiene que ser confirmada por la Biblia, que es Palabra de Dios. Lo que crees sobre Dios y Jesucristo y su obra en la historia de la humanidad a favor de ella y, por ende, a favor tuyo, tiene que estar sustentada en la Biblia. Debes poder declarar las palabras de la Biblia que sustenta tu creencia, tu conocimiento y tus afirmaciones. Si dices que Jesús nació de la virgen María quien concibió por obra del Espíritu Santo debes saber contar la historia (Mateo 1:18-24; Lucas 1:26-38; 2:1-20). Si dices que Jesús vino a salvar a los perdidos y a darles vida eterna, tienes que tener el sustento (Juan 3:16-20). Si crees que por creer y seguir a Jesús eres una nueva criatura e hijo de Dios, tienes que señalar dónde dice Dios eso (2 Corintios 5:17; Juan 1:12-13). En fin, todo lo que crees sobre Dios tiene que estar sustentado en la Biblia.

¿Puedes tú sustentar tu vida con Dios en la palabra de Dios? ¿Respalda la Biblia lo que tú crees y sigues en tu vida con Dios? ¿Cuál es tu respuesta a esta pregunta de evaluación?

Segundo. Debes poder señalar un momento clave en el que tú mismo en forma consciente y voluntaria acudiste al llamado de Dios y le entregaste tu vida a Jesucristo para que te perdone y te reciba como un discípulo suyo.

Jesucristo nació, creció, sirvió, murió, resucitó y ascendió a los cielos desde una sociedad de personas que creían en Dios y le rendían adoración. Pero, aunque esa sociedad creía en Dios, no todos aceptaron a Jesús, sino que le rechazaron.

Pablo (Saulo), por ejemplo, antes de ser discípulo de Jesús, lo perseguía. Él creía en Dios y le rendía adoración, pero estaba equivocado respecto a Jesús. Eso cambió cuando Jesús mismo lo interceptó en el camino a Damasco (Hechos 9:1-30). Fue allí cuando Saulo (Pablo) se convirtió en discípulo de Jesucristo para servirle toda su vida. Pablo siempre tenía presente el momento de Damasco porque allí dejó la fe de su tradición para tener fe viva y genuina en Dios y en Jesucristo, quien vino a la tierra para salvar a los pecadores (Hechos 22:6-21; 26:9-23).

Haber crecido en un entorno de fe en Dios no es lo mismo que creer en Dios por uno mismo y a partir de un momento crucial que se puede ubicar, señalar y exponer. Pablo cambió a partir de la intercepción de Dios camino a Damasco. Yo tuve mi momento crucial el 29 de junio de 1987. Tú también debes poder señalar un momento clave en el que le dijiste a Dios: “Soy pecador, soy un necesitado de ti, Dios mío. Necesito tu obra en mi vida. Me has enviado un Salvador, Jesucristo, quien murió y resucitó para darme perdón y vida eterna. Voy a seguirle genuinamente. Recíbeme y acéptame con una tu criatura que vuelve a ti. Amén.”

¿Has tenido tu momento crucial con Dios por medio de Jesucristo? ¿Puedes evocarlo y compartirlo? Si tu respuesta es sí. Amén, gloria a Dios, adelante en el camino de Jesucristo. Si aún no has tenido ese momento, es tiempo de que lo tengas. Rinde tu vida a Jesucristo y empieza a seguirlo como un discípulo de una vez.

Tercero. Tu vida tiene que dar señales de que Dios ha obrado y está obrando en ti. No significa que tienes que ser perfecto e impecable. No significa que no vas a fallarle a Dios. No, no significa eso. Dios sabe que somos pecadores. Pero tiene que haber en ti una vida nueva.

Esa vida nueva tiene expresiones vitales que deben verse en ti (1 Corintios 6:9-11). Tienes que haberte bautizado como discípulo de Jesús consciente y voluntariamente luego de haber puesto tu fe en Jesús (Mateo 28:18-20; Hechos 16:29-34). Tienes que integrarte a la iglesia de Jesucristo, que son todas las personas que creen y siguen a Jesús, y que se congregan en algún sitio específico (Hechos 2:41, 47; 4:31; Hebreos 10:23-25). Tienes que desechar lo malo y pecaminoso en ti cada día(1 Pedro 2:1). Tienes que alimentarte de la Biblia, la palabra de Dios (1 Pedro 2:2). Tienes que estar acercándote y conociendo a Jesucristo cada vez más y más (1 Pedro 2:4; Filipenses 3:7-11). Tienes que estar ofreciendo sacrificios espirituales a Dios por medio de Jesucristo en todo tiempo (1 Pedro 2:5). Etc.

Si crees en Dios y en Jesucristo y tu creencia es real y genuina, y no solo un creencia propia de haber crecido en un ambiente religioso y cultural cristiano, entonces estos tres puntos alistados serán una realidad en tu vida. 1) Podrás justificar tu fe en la Biblia, la palabra de Dios. 2) Podrás señalar el momento clave en el que te entregaste a Dios por medio de Jesucristo. 3) Podrás testificar de la transformación de tu vida y alistar las señales básicas tu nueva vida.

¿Tienes tú en tu vida estas evidencias? ¿Ves en ti la obra de Dios por medio de Jesucristo? Es muy importante que respondas estas preguntas afirmativamente.

La fe en Dios y en Jesucristo es indispensable y necesaria en esta vida. No podemos agradar a Dios ni ser salvos sin esa fe. Cada día estamos más cerca de nuestro fin, de nuestra partida de esta tierra a nuestro encuentro con Dios.

Al encontrarnos con Dios al final de nuestra vida en esta tierra solamente hay dos opciones para nosotros: 1) Entrar al reino de Dios para vivir y gozarnos de Dios y de todos sus bienes por toda la eternidad o 2) Ser echados del reino de Dios para ser atormentados por toda la eternidad en el lago de fuego preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:41; Apocalipsis 20:15).

Examinar y certificar si nuestra fe en Dios y en Jesucristo es real y genuina es vital e imprescindible. Examinemos nuestra fe cada día. No tomemos a la ligera nuestra vida con Dios por medio de Jesucristo. Necesitamos estar seguros de que estamos en el camino correcto hacia la eternidad gloriosa con Dios.

¡Qué Dios nos ayude a todos nosotros a probar y certificar nuestra vida con él por medio de Jesucristo Su Hijo en base a la Biblia cada día! Amén.

¡Luchemos y combatamos los malos pensamientos!

Escribiré sobre los malos pensamientos y cómo vencerlos. Le debo esta a nota un joven amigo mío que lucha contra ellos. Él empezó su batalla contra los tales y me ha hecho partícipe de esta su guerra. Escuchándole, he sido consciente también de mi propia guerra contra los malos pensamientos.

La guerra de este jovencito no es solo suya, sino la de todos los hombres y mujeres de este mundo. Esta guerra empezó con la tentación de la serpiente en Edén y se agravó y se hizo endémica y crónica con la caída de Adán al desobedecer a Dios y obedecer al diablo.

La generación que pereció por juicio de Dios con el diluvio de aguas sucumbió ante los malos pensamientos. Sus mentes y sus razonamientos fueron subyugados por el mal. Sus pensamientos llegaron a ser todos malos y Dios tuvo que exterminar a la gente de ese tiempo, excepto a Noé y su familia.

Génesis 6:5 describe clara y contundentemente la condición mental humana que atrajo el juicio de Dios: Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).

¿Cómo es que podemos evitar que los malos pensamientos inunden nuestras mentes y nos hagan obrar, sentir, pensar, reaccionar y vivir malvadamente y en contra del carácter y la voluntad de Dios expresadas claramente en la Biblia, la palabra de Dios?

Para obtener victoria contra los malos pensamientos, los hijos de Dios por la fe en Jesús Su Hijo tenemos que:

  1. Probar, examinar y afirmar que nuestra fe en Jesús es real y genuina. (2 Corintios 13:5; 1 Corintios 15:34; 1 de Juan 5:4-5; Juan 1:12-13). La batalla contra los malos pensamientos solamente será victoriosa en forma constante si es que somos hijo de Dios.
  2. Vivir llenos, sujetos y guiados por el Espíritu Santo para contrarrestar y vencer así los deseos y las obras de la carne. (Gálatas 5:16-25; Efesios 5:18-20). El poder del Espíritu Santo nos garantiza la victoria.
  3. Alimentarnos de la Biblia, la palabra de Dios, para introducir así en nuestras mentes y corazones las verdades, hechos, principios y valores de Dios, para meditar y obedecer y vivir de acuerdo a ellos. (1 Pedro 2:1-3; Colosenses 3:16). La Biblia es vital para alimentar nuestras mentes con las verdades de Dios.
  4. No negar los malos pensamientos, sino reconocerlos de inmediato, para combatirlos y neutralizarlos y derribarlos llevándolos cautivos a todos a la obediencia a Cristo. (Mateo 15:19; Santiago 2:4; 2 Corintios 10:5). Tenemos que reconocer que tenemos y tendremos malos pensamientos. Negar este hecho es engañarnos.
  5. Alimentar la mente con todo aquello que sea bueno y consistente con nuestra fe en el Dios y Padre de Jesucristo y lo que él ha revelado en la Biblia, la palabra Escrita de Dios. (Efesios 4:17-24; Filipenses 4:8-9). En este mundo nuestra mente siempre va a ser estimulada a pensar mal, pero nuestra determinación a agradar a Dios nos ayudará a minimizar y a triunfar contra tales estímulos.

A los hijos de Dios los malos pensamientos nos agobian y afligen. Es normal que sea así. A los hijos de Dios no nos hace felices lo que es contrario a la voluntad de Dios. Los malos pensamientos están en nosotros desde la caída de Adán y aunque ya hemos puesto nuestra fe en Jesús y somos nuevas criaturas, éstos se encuentran en nosotros, en lo que la Biblia denomina el hombre viejo (Efesios 4:22).

Todos los hijos de Dios tenemos que luchar contra los malos pensamientos y mi hermano en Cristo joven me ha hecho consciente de ese hecho. La generación que pereció bajo el juicio de Dios en el diluvio no combatió los malos pensamientos. En consecuencia, los malos pensamientos los dominaron e inundaron hasta el punto en que sus mentes y sus corazones solamente cavilaban el mal y mal cada vez. Fue por eso que los pre-diluvianos vivieron contrario a lo determinado por Dios y perecieron bajo su juicio.

No combatir los malos pensamientos es muy peligroso para todos los seres humanos.

No combatir los malos pensamientos es indigno de todos los que somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo.

Nosotros los cristianos somos nuevas criaturas por la fe en Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Dios nos ha capacitado con el Espíritu Santo y la palabra de Dios para ser victoriosos contra los malos pensamientos.

Vivamos victoriosos contra los malos pensamientos aferrándonos a Jesucristo y a su gracia salvadora en todo momento.

Con Jesús, la victoria contra los malos pensamientos es más que Segura. ¡Qué Dios nos ayude!

Amén y amén.

1 Timoteo 2:3-6 y la salvación eterna de todos los hombres

“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” (1 Timoteo 2:3-6).

¿Cuál es la interpretación fiel de 1 Timoteo 2.3-6? ¿Está su significado visible o invisible? ¿Todos pueden entenderlo o se requiere ser alguien especial? ¿Qué nos dice este párrafo respecto a la salvación de Dios: es para todos los hombres o solamente para algunos hombres? ¿Quiere Dios realmente salvar a todos los hombres o no? ¿Jesucristo es mediador entre Dios y todos los hombres o solo es mediador entre Dios y algunos hombres?

La enseñanza respecto a la obra de salvación de Dios a favor de todos y cada uno de los seres humanos por medio de Jesucristo es motivo de discordia y división entre los pastores y líderes, y entre los creyentes, y entre las iglesias de Jesucristo.

Hay dos enseñanzas claramente marcadas y diferenciadas: 1) La primera: Dios quiere salvar a todos y a cada uno de los seres humanos y ha sacrificado a Jesucristo por toda la humanidad a fin de que todos sean salvos por creer en él y seguirle. 2) La segunda: Dios quiere salvar a parte de los seres humanos y ha enviado y sacrificado a Jesucristo por esa parte de los seres humanos a fin de que solo ellos sean salvos por creer y seguir a Jesucristo.

Estas dos ideas tienen sus defensores y sus detractores. Tanto defensores y detractores de estas dos ideas sustentan o intentan sustentar sus ideas mediante la Escritura, La Biblia, la palabra de Dios. Ambos hacen bien en esto porque no debe aceptarse ni seguirse ninguna doctrina sin que ésta se sustente en la Biblia.

En este escrito me he propuesto analizar y refleccionar en 1 Timoteo 2:3-6. En lo básico, intento mostrar cuál de los ideas contrapuestas respecto a la obra de salvación en Cristo Jesús es respaldada por este párrafo bíblico.

El contexto anterior y posterior del párrafo que analizaremos es contundente respecto al hecho innegable de la muy buena voluntad de Dios para con todos los hombres aun cuando estos son pecadores. Dios quiere una vida buena para todos en esta tierra y es por eso que nos instruye con su palabra para que la tengamos. (1 Timoteo 2:1-2; 2:7-15). El párrafo que examinaremos está en este contexto bondadoso.

Repasaremos el párrafo de la siguiente manera: 1) Primero: Haremos una lectura literal normal, es decir, lo leeremos tal como está escrito, con el significado obvio de cada palabra. 2) Segundo: Haremos dos lecturas literales “no normales” y le daremos el significado que causa la discordia doctrinal entre los interpretes y expositores. 3) Tercero: Presentaré observaciones en base a la lectura literal normal y también en base a la lectura literal no normal. 4) Cuarto: Justificaré el porqué de la forma de mi escrito y mi exposición. Por último, concluiré mi escrito enfatizando el desafío de basar todas y cada una de nuestras creencias en la palabra escrita de Dios bajo la guía y enseñanza del Espíritu Santo.

I. Primero: Lectura literal normal.

“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere (“quiere”, verdaderamente lo quiere) que todos los hombres (“todos los hombres” son todos los hombres) sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres (“los hombres” son todos los hombres no solamente algunos de ellos), Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos (“todos” es todos los hombres no solamente algunos de ellos), de los cual se dio testimonio a su debido tiempo.”

II. Segundo: Dos lecturas literales “no normales”.

La lectura no literal: “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere (desea íntima y profundamente, pero no ha decretado ni ha obrado realmente para) que todos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres (algunos hombres), Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos (“todos” no es todos los hombres, sino solo algunos), de los cual se dio testimonio a su debido tiempo.”

Otra lectura no literal: “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos (algunos hombres, eso sí, de todo tipo: panaderos, carpinteros, abogados, ingenieros, etc.) sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres (algunos hombres), Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos (“todos no es todos, sino algunos), de los cual se dio testimonio a su debido tiempo.”

III. Tercero: Conclusiones doctrinales según cada lectura realizada.

A. Conclusiones en función a la lectura literal normal:

1. Si leemos y entendemos 1 Timoteo 2.3-6 como está escrito: Dios quiere y ha hecho también todo lo que corresponde para que todos los hombres sean salvos. Jesucristo es salvador de todos los cristianos y de todos los hombres, pero solamente los cristianos son salvos, pues solamente ellos creen en él. Los hombres que no se salvan, no se salvan por su propia responsabilidad, ya que ellos se niegan y se rehusan creer genuinamente en Jesucristo, quien fue enviado por Dios para salvar a los pecadores.

2. Si leemos y entendemos 1 Timoteo 2.3-6 como está escrito: Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres (tanto salvos como no salvos). Esto es muy importante ya que no se puede encontrar salvación sino por la mediación y la intercesión de Jesucristo. El no salvo necesita esa mediación e intercesión antes de ser salvo porque sin la mediación e intercesión de Jesucristo en ninguna manera podría ser salvo. El creyente es salvo por Jesucristo gracias a esa mediación, y ya como salvo, él tiene la intercesión y la mediación de Jesucristo por toda la eternidad.

B. Conclusiones en función de las lecturas literal no normal:

1. Dios quiere que todos los hombres sean salvos, pero ese su querer no implica ni significa necesariamente que haya hecho y haya provisto salvación para todos los hombres, pues él solamente quiere salvar y ha provisto salvación para algunos hombres.

2. Dios quiere que todos los hombres vengan al conocimiento de la verdad es una expresión de deseo, pero que no involucra acción, ya que Dios no ha provisto la manera en que todos los hombres vengan realmente al conocimiento de la verdad.

3. Jesucristo no es mediador entre Dios y los hombres, realmente él solamente es mediador entre Dios y algunos hombres.

4. Jesucristo no se dio en rescate por todos, él solamente se dio en rescate por algunos. Los demás hombres no tienen rescate alguno y no tienen salvación, sino solamente condenación.

5. El Espíritu Santo, que habló a través de Pablo, dijo estas palabras que dicen lo que dicen, pero que no necesariamente significan lo que significan. Él realmente no quiso que Pablo, ni sus lectores en ese tiempo, ni los lectores de todos los tiempos, entendiesen como está escrito. Lo que él realmente quería es que ese significado estuviese escondido entre esas palabras hasta que fuese descubierto por uno o más hombres singulares, especiales y con mayor porción del Espíritu que los demás cristianos.

6. Pablo, quien escribió estas palabras bajo inspiración, no supo expresar el significado de la verdad de Dios con las palabras correctas y exactas y es por eso que no fue claro en este asunto tan trascendental.

7. Los que leen el párrafo examinado y lo entienden tal como está escrito, son indoctos de la verdad de Dios, no entienden el evangelio ni la obra de Dios, el Espíritu Santo está apagado y no les está iluminando.

8. La gran multitud de hombres que se condenan, no se condenan porque han rechazado a Jesucristo, sino porque estaban destinados para ser condenados. Como estaban destinados a ser condenados, no se proveyó salvación para ellos. Jesucristo, que es el único mediador y el único que podría salvarlos, no fue destinado para ellos. Su condenación, por tanto, es irreversible e inevitable.

9. Todos los llamados al arrepentimiento y a la conversión que se hacen en la Biblia a todos los hombres en todo lugar y de todo lugarno son genuinosson solo una mera formalidad.

10. La condenación eterna de todos y cada uno de los que no creen en Jesucristo ni le siguen no es absolutamente una responsabilidad de ellos por no creer ni seguirle, sino de Dios, que es quien los condenó de antemano y no proveyó salvación para ellos.

VI. Cuarto: Justificación de esta exposición.

Estoy haciendo mis observaciones como un lector cristiano común de la Biblia. Abro mi Biblia, leo lo que está escrito e interpreto el párrafo de acuerdo a las palabras que están escritas allí.

El contexto me dirige a entender lo que está escrito con el significado normal de que “quiere” es quiere, “todos” es todos, “los hombres” es los hombres, “sean” es sean, “un” es un, “solo” es solo, “Jesucristo” es Jesucristo, etc.

Ya he escrito esto antes y lo escribo otra vez: siempre voy a interpretar el texto bíblico en su sentido normal y literal. Dios nos ha dado su palabra y su Espíritu para guiarnos. También nos ha dado maestros humanos para enseñarnos su palabra, pero estos maestros humanos pierden su autoridad cuando quieren que entendamos un significado que contradice lo que está escrito claramente. No seguiré ese tipo de maestros, siempre me quedaré con lo que es visible y claro.

Los textos bíblicos se interpretan primero de acuerdo a su contexto cercano, luego en su contexto más amplio y, finalmente, en el contexto de toda la Biblia. Jamás un texto bíblico debe entrar en contradicción ni con su contexto cercano, ni con su contexto más amplio, ni con el contexto de toda la Biblia.

Palabras finales: Necesitamos la ayuda de Dios y las Sagradas Escrituras para definir bíblica y verazmente todas y cada una de nuestras creencias.

Una oración: ¡Dios Espíritu Santo enséñanos y guíanos cada día a toda verdad que está en la Biblia!

Una determinación: Leer, creer, interpretar literal y normalmente la Biblia, la palabra de Dios. Amén y amén.

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestro corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1.19-21).

La Iglesia Bautista de Azuqueca de Henares y la obra de Dios en ella y a través de ella.

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mateo 16:17–18).

Jesucristo está edificando Su Iglesia, Su Cuerpo, Su Edificio, en esta tierra. Jesús dijo que haría esta Su Obra durante su primera venida (Mateo 16:18) y él la hizo, la hace y seguirá haciéndola desde la diestra de Dios Padre (Marcos 16:19) por medio de la predicación y la enseñanza del evangelio de Jesús que sus discípulos obedientes (Marcos 16:20) bajo la guía y el poder del Espíritu Santo realizan (Hechos 5:32). (Foto: Los jovencitos de la iglesia en su sábado de comunión y aprendizaje).

Creo en Jesús, en su mensaje, en su presencia y en su intervención en la historia de la humanidad. Jesucristo está vivo y obrando salvíficamente en este mundo y el nacimiento y crecimiento de iglesias en hogares, barrios, pueblos y ciudades es la evidencia indubitable.

Dios me dio el privilegio de ver cómo Jesucristo está trabajando en Azuqueca de Henares, España. Visité la Iglesia Bautista de Azuqueca. Esta congregación de discípulos de Jesús está conducida por el pastor Marco Iturralde, quien proviene de Ecuador. La congregación, que cree, sigue, crece, alaba, obedece, testifica y espera a Jesucristo está compuesta por personas de varias nacionalidades. Hay personas de España, Nigeria, Rumanía, Cuba, El Salvador, Chile, Colombia y Perú. (Foto: Los jóvenes en el servicio dominical de la congregación).

Estuve solamente tres días, pero Dios me bendijo y animó mi alma en esta congregación.

Mi visita y mi experiencia en esta congregación fue posible gracias a Jenileydi y al pastor Marco Iturralde. Conocí a Jenileydi cuando, por su fe en Jesús y por su determinación de servirle, fue a Perú para estudiar en el Seminario Bautista del Perú. Me tocó compartir aula con ella como maestro.

Al terminar sus estudios, Jenileydi volvió a Azuqueca para servir en su congregación. Fue ella la que medió y me contactó con el pastor Marco que, como responsable de la iglesia, me dio el privilegio de enseñar la palabra de Dios. El pastor Marco y su familia fueron mis anfitriones y destaco su hospitalidad y amabilidad. (Foto: El pastor Marco y yo junto a varios otros hermanos de la congregación en un café Marroquí después del servicio dominical nocturno).

La iglesia tiene un buen grupo de jovencitos y varias familias de diversas nacionalidades. Dios tiene su manera de atraer a las personas hacia Jesucristo y su evangelio. Excepto los hermanos españoles, todos los otros hermanos llegaron a este país buscando trabajo y una vida mejor. Gracias a Dios, él aquí no solamente les dado trabajo y una mejor calidad de vida en el aspecto material, sino también vida eterna y vida nueva en Jesucristo por su evangelio.

En esta congregación, como en toda congregación de verdaderos hijo de Dios, aunque no hay perfección, ni impecabilidad, sí se refleja la vida nueva que Cristo ha implantado en sus discípulos.

He visto el amor a Dios y el deseo de buscarle, honrarle y agradarle. He visto la devoción y gratitud que se le tiene a Jesucristo, quien es el Salvador de todos los hombres que confían en él. También he visto el deseo por oír y saber lo que la Biblia enseña.

Dios ha sido bueno conmigo aquí. (Foto: En este desayuno de varones hubo buena comida y lo mejor de todo, un muy buen diálogo bíblico).

En toda congregación hay hijos de Dios que se destacan por su determinación de testificar el evangelio de Jesucristo a los que todavía no le están siguiendo. Todos quienes creemos tenemos que testificar de Jesús a otros dondequiera que estemos. En la Iglesia Bautista de Henares también hay un grupo de hijos de Dios que salen a testificar. Dios me dio el privilegio de ir con ellos.

Durante el tiempo de evangelización, el pastor Marco y yo hablamos del evangelio con tres jóvenes musulmanes marroquíes y un varón español.

Los tres marroquíes, Younass, Akram e Ibrahim, discutieron con nosotros sobre Jesús. Nosotros intentamos presentarles a Jesús bíblicamente. Les dejamos claro que Jesús es el Salvador. Ruego oración por estos tres jovencitos. (Foto: Parte de los hermanos frente al local de la congregación luego de servicio dominical).

El varón español nos escuchó muy atentamente. Él se llama Goyo y aceptó nuestra conversación amablemente. Él prácticamente coincidía y estaba de acuerdo con lo que le enseñamos de la Biblia. El momento clave de nuestro dialogo ocurrió cuando el pastor Marco y yo le presentamos el evangelio de Jesucristo. Goyo entendió el evangelio, pero no entregó su vida a Jesús. Con todo, él nos dio señales de su aprecio por lo que oyó. El pastor Marcos le hizo saber la dirección del local de la congregación y él reconoció la ubicación y dijo que en algún momento la visitaría. El pastor Marcos ha pedido oración por Goyo a la congregación.

El tiempo de evangelización con estos mis hermanos fue hartamente reconfortante.

Dios también alentó mi alma durante los servicios. Los cánticos unánimes, la atención por la palabra de Dios y la comunión entre los hermanos me animaron.

Al finalizar el servicio del domingo de la mañana, y mientras todos los hermanos se saludaban y se despedían entre sí, Elizabeth, una mujer de nacionalidad colombiana, entregó su vida a Jesucristo. Ayúdennos orando por ella y por sus dos hijos, para que su fe en Jesús de fruto y que éste permanezca.

Dios ha fortalecido mi fe gracias a los hermanos de la Iglesia Bautista de Azuqueca de Henares. Dios está atrayendo a españoles y a personas de otros países en parte del mundo por medio de su obra salvadora en y a través de esta congregación. (Foto: El pastor Marco Iturralde, en el primer plano, y una parte de la congregación durante el servicio dominical matutino).

Tengamos en nuestras oraciones al pastor Marco Iturralde y su familia.

Oremos también por los hermanos de la Iglesia. Pidamos por Jenileydi y su testimonio de salvación y de servicio a Dios.

Por último, oremos asimismo por los cristianos que vienen de otros países para que afirmen y vivan su fe en Dios y Jesucristo fiel y crecientemente.

Dios y Jesucristo y Su Obra de salvación en base a la Biblia tienen que ser conocidos por todos los ciudadanos españoles y por los ciudadanos de los diferentes países que vienen a España y los hermanos de la Iglesia Bautista de Azuqueca son el instrumento y el brazo de Dios para suplir esa necesidad. ¡Qué Dios los ayude y use grande y eficazmente en la proclamación del evangelio de Jesús! (Foto: Un selfie con la congregación durante el servicio dominical).

¡Dios y Padre de Jesucristo utiliza al pastor Marco y a la Iglesia Bautista Azuqueca de Henares y haz llegar el evangelio de salvación a muchas más personas por medio de ellos! Amén y amén.

Himno congregacional Abba Padre.

¡Alcancemos con el evangelio a la generación que ignora a Dios y a Jesucristo y a Su Obra de salvación en él!

“Generación” viene de “generar, producir o crear una cosa u otra, o de crear nuevos seres humanos por medio de la reproducción”. “Generación” tiene estos sinónimos siguientes “posteridad”, “descendencia”, “procreación”, “multiplicación”, “reproducción” y “promoción”.

En la Biblia, el término “generación” hace referencia a los descienden de una persona, o a los que son contemporáneos a una persona, o a algún suceso en un período de tiempo. Se habla de las generaciones de Adán, de Noé, de Sem, de Tare, de la cuarta generación de los descendientes de Abraham, de la generación israelita que vivió en Egipto, etc. (Génesis 5:1; 6:9; 7:1; 10:1; 11:10; 11:27; 15:16).

En Jueces 2:10 la palabra generación se usa para referirse a los todos los judíos de la época de Josué y a todos los judíos descendientes a ellos. Ambos descendientes de judíos son contrastados en función del conocimiento de Dios y de su obra a favor de Israel.

La generación post Josué y post los ancianos contemporáneos a Josué fue una descendencia y una posteridad de judíos que “no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel”. Eso significa que esa generación no tenía una relación íntima con Jehová, no lo apreciaba, no consideraba su palabra, no lo obedecía y tampoco buscaba su gloria. Esa generación de judíos “no conocía a Jehová ni a su obra”, no en el sentido de “no saber”, “de no estar informados”, sino de no importarle Jehová ni Su Obra. En otras palabras, esa generación de judíos, eran mayoritariamente rebelde e indiferentes a Jehová y a Su Obra. Dios no les importaba ni les llamaba la atención. Él no les generaba absolutamente nada.

La vida de esa generación de judíos fue oscura, pecaminosa, corrupta, depravada. No disfrutaron la vida. No gozaron la vida en la tierra prometida, la sufrieron. Dios se encargó de que no les fuese bien. Es que no se puede vivir plenamente gozoso sin estar bien con Dios.

El libro de Jueces testifica de la horrible vida de esa generación. Su desconocimiento y su indiferencia voluntaria y rebelde a Jehová y a su obra le atrajo el juicio de Dios y la depravación moral, cuyo climax fue la perversión sexual de sus varones (Jueces 19), y la guerra civil, que diezmó a la nación y que casi hace desaparecer a la tribu de Benjamín (Jueces 20-21).

¿Cómo es que una generación que conocía a Jehová Dios y Su Obra produjo una generación que lo ignoraba y que no lo buscaba? ¿Qué es lo que pasó? ¿No enseñaron, acaso, a sus descendientes sobre Dios y sobre Su Obra a su favor? ¿No les mostraron vivencialmente lo valioso que era Dios para ellos? ¿No rogaron por sus almas ni por su vida espiritual? ¿No amonestaron ni animaron a sus descendientes para que siguieran la palabra de Dios?

El testimonio bíblico previo muestra que Josué y su generación tuvieron sus pecados y sus fracasos, pero que aun así ellos temieron a Jehová Dios y le sirvieron con determinación (Josué 24:14-31). Parece que el problema de la generación post Josué estuvo en ellos mismos. Fueron ellos mismos quienes voluntariamente decidieron darle la espalda a Jehová Dios.

¡Una generación que es indiferente a Dios y a su intervención en la vida humana y en su historia en el mundo y el universo es un hecho que se concretiza poco a poco a largo del tiempo! Empiezan unos pocos, pero esos pocos contagian y cunden su rebelión en otros, y en otros, y en otros, y así y así sucesivamente.

Cuando la rebelión y la indiferencia a Dios se ha acrecentado en muchos más, y en más, y en más cada vez. Entonces, ya se puede afirmar que se ha levantado “una generación, descendencia y posteridad que no conoce a Jehová ni a las obras que él ha hecho por la humanidad.”

En el presente tiempo se vive así en muchas partes del mundo. Existen hogares, barrios, ciudades, países y regiones grandes donde Dios y Jesucristo Su Hijo y Su Obra de salvación eran (pasado) conocidos, valorados y divulgados, pero ahora ya no es así. La gente de esos lugares no era sin pecado, ni perfectas, ni necesariamente salvos, pero estaban informados de Dios y hasta “le oraban” y le alababan”. Actualmente, empero, la situación ha cambiado. Dios, Jesucristo y Su Obra de salvación, y la Biblia, y todo lo que tiene que ver con Dios, es desconocido e ignorado.

¿Qué podemos hacer los discípulos de Jesucristo para ayudar a una sociedad que ignora, que es indiferente y que no tiene interés en el Dios de la Biblia y Su Obra?

Podemos amarlos como Dios nos ama a nosotros.

Podemos ir a vivir entre ellos para mostrarles a Dios y Cristo Jesús con nuestras vidas y obras.

Podemos estimular su curiosidad e impactar su forma de pensar por medio de hablarles la verdad y los hechos bíblicos sobre el universo y lo que hay en él.

Podemos orar e interceder por ellos ante Dios intensa e incesantemente.

Podemos exponerles clara, sabia y pertinentemente el evangelio de Jesucristo.

Podemos ayudar con nuestra oración e intercesión constante a los hijos de Dios y siervos de Dios que viven y sirven a Dios en medio de ellos.

Podemos descansar en el hecho de que Dios quiere y puede impactar salvíficamente a esa generación.

Podemos estar confiados y tranquilos delante de Dios porque estamos haciendo a favor de esa generación lo que Dios quiere que hagamos.

¡Qué Dios nos ayude y nos impulse a no abandonar a la generación que ignora y no tiene interés en Dios y Jesucristo y Su Obra de Salvación!

Amén y amén.

¡Siempre útiles y productivos espiritualmente!

Jesucristo pide de nosotros sus seguidores adhesión y compromiso total con Dios y con su obra de salvación en este mundo. Todos y cada uno de nosotros sus discípulos tenemos que estar ligados inseparablemente a Jesucristo. Él dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15.5).

Jesucristo nos quiere útiles y productivos. Su plan es hacer su obra por medio de cada uno de nosotros. Nosotros somos su brazo para darle gloria a Dios, bendecir espiritual y salvíficamente a quienes nos rodean, y saciar nuestras almas y llenarnos del gozo de Dios.

Ser fructíferos y útiles a Dios y a Jesucristo en sus propósitos y en su obra de salvación es un hecho posible, que depende de cómo nos relacionamos con Jesucristo. Tenemos que creer en él de todo corazón. Tenemos que cultivar una vida íntima con él cada día. Necesitamos vivir ligados a él en toda nuestra manera de vivir.

Si nos separamos de Jesús dejamos de ser útiles y productivos. Nuestro Señor afirmó con contundencia: “… porque separados de mí nada podéis hacéis.” ¿Qué quiso decir con esta declaración? ¿Cómo entendemos y explicamos estas palabras de Jesús?

Primero, estas palabras no significan “no ser capaz de hacer nada” al vivir en esta tierra. La evidencia es que existen muchos hombres y mujeres que no creen ni siguen a Jesucristo y, sin embargo, no están inactivos, ni improductivos, es decir, … no están muertos. Esos hombres no son salvos ni hijos de Dios, pero viven, trabajan, producen, prosperan, ríen, sufren, etc. Las palabras de Jesús no deben entenderse en el plano meramente material y mundano.

Segundo, las palabras de Jesús deben entenderse y explicarse espiritualmente. Jesús da vida espiritual a todos aquellos que están ligados a él. Él nutre y alimenta a sus discípulos con su vida, con sus verdades, con sus valores y con su poder. En consecuencia, los que están ligados a Jesucristo dan fruto y son útiles a Dios. Dios los usa para agradarle, glorificarle y alabarle. Dios los usa para bendecir a otros para salvación (a los inconversos) y para crecimiento y ánimo espiritual (a los creyentes y a las iglesias de Jesucristo). Y por último, Dios llena de satisfacción y gozo a los discípulos ligados a Jesús. Estos discípulos no son perfectos, pero viven plenamente. Ya no tiene hambre ni sed espiritual. Están llenos del gozo del Espíritu Santo y reflejan su obra y su fruto en su personalidad y en su forma de vivir.

Tercero, y último, las palabras de Jesucristo son una advertencia contundente para todos sus seguidores. El discípulo que se desliga de Jesucristo se inutiliza y esteriliza. Al romper su comunión y compañerismo con Jesús, pierde la vida, los valores, el poder y la nutrición de Su Salvador, quedando vacío, seco, desnutrido, sin poder y totalmente improductivo espiritualmente.

Jesucristo nos quiere útiles y productivos. Estar ligados y adheridos a él nos garantiza esa utilidad y productividad. ¡Acerquémonos a nuestro Señor Jesucristo cada día! ¡Afirmémonos en él, en su obra de salvación, en sus promesas, en su venida y en la vida gloriosa a su lado cuando todo este mundo termine! ¡Vivamos en Cristo, por Cristo y para Cristo en todo momento y en toda área de nuestra vida!

¡Seamos provechosos espiritualmente a Dios, a quienes nos rodean y a nuestras propias almas viviendo siempre muy pegados a nuestro Señor y Salvador!

Amén.

Diálogo sobre Dios con dos jóvenes catalanas ateas en mi vuelo Madrid Barcelona

Cuando Pablo ingresó a Atenas les habló de Jehová Dios a los atenienses. Los atenienses eran muy religiosos. Eran tan, pero tan religiosos que no querían dejar de honrar a ningún Dios. Es por eso que hasta edificaron un altar AL DIOS NO CONOCIDO. Pablo aprovechó la religiosidad ateniense y al altar y su inscripción para presentar al Dios Judeo Cristiano, el Dios de la Biblia, el Único Verdadero Dios que existe.

Nosotros tenemos que hablarle del Dios de la Biblia a todos los hombres. Dios nos ha hecho sus hijos para que anunciemos sus virtudes y testifiquemos su obra a todos los seres humanos. Testificar de Dios es un asunto de obediencia.

Pero, este es un gran pero, ¿Cómo se le habla de Dios a quienes no creen siquiera en la posibilidad de Su existencia?

A continuación una crónica de cómo yo intenté hacerlo.

Quise testificar del Dios de la Biblia y de Jesucristo y su evangelio a dos jovencitas que estaban sentadas en los dos asientos junto a mí en mi vuelo de Madrid a Barcelona. Desde que las vi me fijé en ellas y me propuse compartirles el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. (Tenemos que estar decididos a hablar de nuestro Dios y su obra).

Siempre me es difícil hablar de Jesucristo a personas desconocidas, mucho más a desconocidas que son extranjeras. Hablar con estás jovencitas no era la excepción. Así que, le oré a Dios, y le pedí su ayuda y su valentía para hacerlo. (Tenemos que orar a Dios por su ayuda en todo momento).

Las jovencitas conversaban amena y alegremente entre sí. Yo las miraba de reojo y al verlas así pensaba y pensaba en cómo llamar su atención y entablar la conversación espiritual con ellas. Las minutos transcurrían y transcurrían y el vuelo ya estaba llegando a su fin y ni siquiera lograba dirigirles la palabra. (Tenemos que buscar y esperar el momento oportuno para iniciar la conversación).

Hasta que el piloto anunció que ya pronto aterrizaríamos en Barcelona. Entonces vi a una de las jóvenes tomar fotografías del paisaje exterior al avión. Ese fue mi momento para dirigirle la palabra. Le pedí amablemente que tomase algunas fotografías del exterior para mí. (Ella estaba hacia la ventana del avión y yo en pasadizo). Ella me respondió con amabilidad y tomó las fotografías para mí. (Tenemos que buscar un punto común que nos permita acercamiento propicio al diálogo).

Ahora, me tocaba introducir el asunto espiritual y el temor se apoderó de mí. Me tocaba hablar del Dios de la Biblia y de Jesucristo Su Hijo. Europa tiene fama de descreída y de haber dejado atrás el cristianismo. Las dos jovencitas eran catalanas y yo tenía temor de que rechazasen el diálogo espiritual. (Tenemos que sobreponernos al temor y a la vergüenza que nos impiden ser testigos de nuestro Dios).

Hasta que me atreví y les hablé de la vida espiritual. (Tenemos que hablar, hay que hacerlo, es nuestro deber).

Les dije amablemente: ¿Puedo hacerles una pregunta espiritual?

– Ellas dijeron: Sí, claro que sí.

Les pregunté entonces: ¿Ustedes creen en Dios?

– Ellas dijeron rápidamente: No. No creemos en Dios.

No esperaba esa respuesta tan rápida. No esperaba tanta convicción. La certidumbre de estas dos jovencitas me impresionó. Toda la sorpresa e impresión ocurrió en mi mente.

Nuestra mente y su manera de procesar respuestas es una maravilla de Dios. Creer el Dios de la Biblia es un acto racional e inteligente.

Me pregunté: ¿Qué hago? ¿Cómo sigo hablándoles de la vida espiritual sino creen en Dios? ¿Y ahora? Entonces oré a Dios y le pedí ayuda para seguir hablando con ellas.

Todo esto ocurrió en mi interior en milésimas de segundos. (Tenemos que escuchar bien y hay que seguir el diálogo en función de lo que nuestros interlocutores argumentan).

Les pregunté: ¿Por qué no creen ustedes en Dios?

– Respondieron: ¿No es difícil creer en alguien que no vemos? Las dos coincidían.

Dije: ¿Cómo entonces explican ustedes la existencia del universo y de nosotros mismos? Estamos en avión muy complejo. Este avión lo hizo alguien inteligente. Este universo, que es más complejo, tiene haber sido hecho con mayor razón por alguien muy inteligente.

– Dijeron: Los animales también son inteligentes.

Yo estaba impresionado.

Les dije para mí es muy difícil creer que este universo y todo lo que existe haya sido hecho por algo o alguien, excepto Dios.

La animé a volver a pensar en la posibilidad de la existencia de Dios y su autoría sobre todo el universo y todo lo que existe.

– Ellas dijeron: Ya está bien pensado.

La amabilidad primó en toda la conversación.

Yo seguía pensando interiormente en ellas, y en mucha de la gente que vive en la “nueva Europa”. (Tenemos que intentar socavar, con la ayuda y la sabiduría de Dios, la creencia y la convicción que impide que nuestros interlocutores escuchen del Dios de la Biblia y de Su Obra de salvación por medio de Jesucristo).

El avión aterrizó y nos despedimos.

Ellas sonreían amablemente.

Mi últimas palabras a ellas fueron: Les animo a volver a repensar el asunto de Dios en vuestras vidas.

Me volvieron a sonreír.

Todo fue muy amable.

Hasta la despedida.

(Tenemos que dejar la puerta abierta para que Dios use a otros para obrar y atraer hacia sí a nuestros interlocutores).

Las jovencitas se fueron, pero siguen en mi mente y mis oraciones. Ruego a Dios que tenga misericordia de ellas y siga obrando misericordiosamente en sus corazones para que se abran a él y crean. (Tenemos que orar por quienes nos han oído).

Estoy en Barcelona.

Voy a seguir hablando del Único Dios Vivo y Verdadero a quienes Dios ponga en mi camino. No voy a ser pasivo. Tengo que hablar de Jesucristo.

Como Pablo habló de las virtudes de Dios con los atenienses, yo quiero hablar con los españoles del Dios de la Biblia y de Jesucristo Su Hijo. ¡Ayúdenme con sus oraciones!

España ha sido católica y sigue siendo católica cultural y religiosamente. Pero en esencia, la gente de por aquí, en su gran mayoría, ya no cree en la existencia de Dios. Y no tiene interés en creer.

¡Qué Dios obre en los españoles para que vuelvan al Dios de la Biblia y a la salvación que él ha obrado y obra por medio de Jesucristo Su Hijo!

¡Qué Dios nos de valentía y nos use para hablarle a los españoles del Dios de la Biblia y de Jesucristo Su Hijo!

Amén y amén.

¡No hay Dios …

… dice el necio en su corazón!

Esta negación contundente con aire de certeza indubitable e irrefutable la hace el necio. El necio niega que exista Dios.   Niega al creador personal eterno de todas las cosas y de sí mismo. Él construye todo su saber de la realidad y de sí mismo, a partir de cualquier cosa, excepto Dios.

Los diccionarios describen al necio como alguien “que insiste en los propios errores o se aferra a ideas o posturas equivocadas, demostrando con ello poca inteligencia.” En la Biblia, el necio es mucho más una persona errada con poca inteligencia, es un rebelde a Dios y al conocimiento que él ha revelado.

Desde luego, el necio no se ve necio, sino sabio. Cree incluso que, como el perezoso, “es más sabio que siete que sepan aconsejar” (Proverbios 26:16). Pero Dios y la Biblia lo describen como alguien que “no sabe” y como un insensato que “no entiende” (Salmo 92:6).

Quienes creemos en Dios y seguimos a Jesucristo tenemos que conocer que todo el saber y toda la inteligencia del necio no tiene fundamento. Toda su ciencia y epistemología son producto de la imaginación de su corazón. (Jeremías 11:8).

El necio tiene dificultad para responder preguntas básicas. Sabe obviamente que existe él, y otros como él. Sabe también que existe su entorno. Sabe, asimismo, que no es el primero.  Su problema no está en ese conocimiento, sino en cómo explica el origen de la existencia de su entorno y de él mismo.

El necio tiene que imaginar sus respuestas. Crea su explicación de la realidad y de él mismo desde la fantasía de su mente. Los pilares y columnas de su saber están pegadas con ilusión y fantasía.

No es seguro ni recomendable afirmar la vida y la conducta en la negación de Dios y de su presencia y obra en el universo y todo lo que existe y en los seres personales que lo habitan. Tristemente, son muchos hoy los que edifican su vida sobre este conocimiento mítico iluso e irracional. ¡Ay de ellos! ¡Necesitan nuestra compasión y nuestra intercesión misericordiosa!

Los que creen en Dios y Jesucristo Su Hijo están en la verdad de Dios que está en la Biblia. Los discípulos de Jesucristo no son necios, sino sabios. Todo su saber y conocimiento del universo y los seres que lo habitan tiene fundamento en Dios y la Biblia, la palabra de Dios que él ha revelado.

¡Dios y Padre de Jesucristo, muchas gracias por revelarnos la Biblia, tu palabra escrita! ¡Danos discernimiento y valentía para reconocer y deshechar el saber que el necio difunde! ¡Ayúdanos a afirmarnos en Jesucristo y la verdad que él nos ha traído! Amén y amén.

¡Pecador desventurado privilegiado!

¡Pecador desventurado privilegiado!

El Desventurado privilegiado es todo hombre pecador.

La desventura del pecador es una consecuencia directa de su condición. Como pecador, el ser humano, ya hombre o mujer, es malo y hace lo malo. Su condición lo lleva a ofender, desobedecer y desagradar a Dios con su conducta, con sus pensamientos, con sus intenciones, con sus acciones y con sus reacciones. De acuerdo con la Biblia, todos somos pecadores y todos, en consecuencia, estamos destituidos de la gloria de Dios. (Romanos 3:23).

El pecador no agrada a Dios ni lo glorifica. Todos los pecadores estamos excluidos con toda justicia de la presencia, de la comunión y del compañerismo con Dios y ninguno tiene porqué quejarse de que así sea. Ser pecador es la tragedia del ser humano.

Toda emoción y sensación negativa es consecuencia de ser pecador. Todo llanto y todo dolor proviene de esa nuestra condición. El pecado nos separa de Dios y de nuestro prójimo. El pecado trae muerte en este mundo temporal y muerte eterna en el mundo eterno.

Nuestra desventura a la luz de lo que Dios dice en la Biblia es innegable.

Pero, lo que es nuestra desventura, es también nuestro privilegio. Nuestra condición ha hecho que Dios se interese por nosotros en una manera maravillosa y sorprendente. He aquí los actos de Dios a favor de los pecadores:

  1. Dios por su misericordia y paciencia soporta, sobrelleva y quiere salvar a los pecadores. (Ezequiel 18.30-32; Lamentaciones 3:22; 2 Pedro 3:9)
  2. Dios envió a Jesucristo a este mundo y lo dio para salvar a los pecadores. (Juan 3:16-18; 1 Timoteo 1:15).
  3. Dios sacrificó a Jesucristo Su Hijo por los pecadores y lo resucitó para que ellos obtengan salvación. (Romanos 5:8-11).
  4. Dios otorga perdón de pecados y el don del Espíritu Santo a los pecadores que se arrepienten y creen y siguen a Jesucristo. (Hechos 2:38).
  5. Dios escucha y salva a todo pecador que oye de Jesucristo y su obra de salvación y cree e invoca su nombre solicitando su salvación. (Romanos 10:6-13).

Todo pecador es un desventurado privilegiado y tiene que aprovechar es su condición. Dios no lo deshecha por su condición pecaminosa. Dios quiere salvarlo, transformarlo y darle una nueva vida. Es por eso que le ha dado un Salvador Único, Jesucristo, Su Hijo (1 Timoteo 1:15).

El pecador desventurado privilegiado tiene dos únicas opciones. Estas sus únicas opciones dependen de lo que él hace en esta vida con Jesucristo:

Si oye de Jesús y de su obra de salvación y cree en él y lo sigue de corazón, será salvo. Por causa de su fe en Jesús, es hijo de Dios, tiene perdón de pecados, la ira de Dios se aleja de él y tiene vida eterna. En consecuencia, es un pecador desventurado privilegiado agradecido que goza de Dios y de todos sus bienes ya desde hoy y que gozará con él por toda la eternidad. (Juan 14:1-6).

Pero si oye de Jesús y de su obra de salvación y no cree en él ni lo sigue, se mantiene en condenación y si se va así de este mundo, será condenado y alejado de Dios eternamente en el lago de fuego (Apocalipsis 20:15). Su condición de pecador desventurado privilegiado se volverá contra él y se lamentará sin fin por haber despreciado en su vida la gracia y la misericordia de Dios.

¡Cree en Jesús pecador desventurado privilegiado! ¡Sigue a Jesucristo mientras tienes vida y te gozarás en él pase lo que pase y suceda lo que suceda! ¡Vamos, decídete ya y cree y sigue a Jesucristo de una vez! ¡Jesucristo ha venido a llamarte, escúchale y hazle caso! Amén.

Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores (Marcos 2:16-17).