¿Qué es lo que me espera después de mi muerte?

Al morir, la nada, unos;

Al perecer, la reencarnación, otros;

Después de esta vida, la resurrección, la Biblia.

Estas tres concepciones están en disputa entre los seres humanos y solo una de ellas es verdadera. No es posible que las tres sean veraces. Tampoco es plausible combinar estas tres posturas para que sean veraces.

Estas tres concepciones “se saben” y se asumen por “fe” y solo por “fe”…

Estas tres concepciones tienen a su vez su fuente de autoridad. Esto significa que uno o muchos han hablado y presentado a cada una de estas tres ideas. La fuente (o fuentes) está escrita y puede ser leída y aprendida.

La resurrección de los muertos está expuesta en la Biblia y Job creía en ella y estas palabras salidas de su boca en el libro de Job 19:25-27 lo demuestran:

“Yo sé que mi Redentor vive, 

Y al fin se levantará sobre el polvo; 

Y después de deshecha esta mi piel, 

En mi carne he de ver a Dios; 

Al cual veré por mí mismo, 

Y mis ojos lo verán, y no otro, 

Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.”

En la Biblia hay varios textos que presentan resurrecciones: La resurrección del hijo de la viuda de Sarepta (1 Reyes 17:17-24). La resurrección del hijo de la sunamita (2 Reyes 4:18-37). El hombre que resucitó al caer en la tumba de Eliseo (2 Reyes 13:20-21). El hijo de la viuda de Naín (Lucas 7:11-17). La hija de Jairo (Lucas 8:40-56). Lázaro de Betania (Juan 11). Tabita (Hechos 9:36-43). Eutico (Hechos 20:7-12).

Todas estas resurrecciones son hechos históricos, pero hay una resurrección mayor, la más grande de todas, la resurrección de Jesucristo. La resurrección de Jesucristo está narrada por los testigos de ella en los cuatro evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan).

Los seres humanos estamos frente a una determinación clave en esta vida respecto a qué vamos a creer respecto a lo que pasará con nosotros al morir. ¿La nada? ¿La reencarnación? ¿La resurrección? La tres concepciones son las opciones que tenemos para asumir… pero solo una de ellas es la verdadera.

La muerte nos acecha… La muerte nos llegará… Nuestra muerte es inevitable… ¿”Sabiendo” por “fe” cuál de estas tres concepciones nos iremos de esta vida? Cada uno de nosotros sabe cuál es su concepción… eso es seguro.

En mi caso, al igual que Job, y que muchos otros en la Biblia misma, y en la historia de la humanidad, creo en la resurrección de los muertos. Creo que Jesucristo vive (“mi Redentor vive”) porque resucitó de entre los muertos al tercer día. Creo también que yo mismo voy a resucitar de entre los muertos por el poder de Dios. Mi fe me asegura el hecho de que una vez resucitado “en mi carne he de ver a Dios”.

No es que yo crea ser por mí mismo merecedor de esta resurrección ni merecedor tampoco del privilegio de ver a Dios personalmente… No. No merezco la resurrección. No merezco tampoco ver a Dios.

Si tengo la seguridad de resucitar y ver a Dios es porque Dios dice en la Biblia que los hombres y mujeres que creen y siguen a Jesucristo resucitarán y verán a Dios personalmente. (1 Tesalonicenses 4:13-18; Apocalipsis 21:1-8; 22:1-5).

Job sabía y anticipaba qué es lo que le esperaba al terminar su vida en este mundo. Job sabía que la muerte no era el fin de la existencia, que había algo más después de ella… la resurrección, ver a Dios personalmente…

En el caso tuyo, ¿qué es lo que sabes de lo que te espera al dejar este mundo presente? ¿La nada? ¿La reencarnación? ¿La resurrección? … Solamente tú tienes la respuesta a estas interrogantes.

La vida en esta tierra tiene momentos cortos y largos en los que se vive pesadamente, desfalleciendo. Job lo sabía. Él estaba sufriendo como nadie más ha sufrido cuando pronunció sus palabras. Él dijo que “su corazón desfallecía dentro de él”. Job, empero, encontraba ánimo y fortaleza en su certeza de que su Redentor vive y en la convicción de su propia resurrección para ver a Dios personalmente.

Al igual que Job, mi convicción en que Jesucristo vive y mi certeza de que he resucitar de entre los muertos para presentarme ante Dios me alientan y me dan fuerzas para vivir mis tiempos alegres y también mis momentos de dolor.

La resurrección de entre los muertos y la esperanza de ver a Dios personalmente son creencias alentadoras y fortalecedoras. Gracias a Dios por lo que él ha dejado por escrito sobre ellas en la Biblia, la palabra de Dios.

¡Qué Dios nos ayude a vivir en este mundo en función de la resurrección de los muertos y del hecho indubitable e inequívoco de que veremos a Dios personalmente! Amén.

Israel, Jerusalén y el fin de la historia de la humanidad.

Israel,

Jerusalén,

Los judíos y

El fin de la historia de la humanidad.

La Biblia le da a Israel y a Jerusalén y a los judíos un lugar céntrico en la historia de la humanidad.

Todo aquel que cree en el Dios de la Biblia, el único Dios verdadero, tiene que conocer e interpretar la historia de la humanidad a partir de la palabra de Dios, La Biblia, que es el único libro que él ha inspirado para revelar Su Persona, Sus Obras y Su Voluntad para los seres humanos y para con todo el universo.

En este libro singular Dios anuncia que el fin de la historia de la humanidad se consumará teniendo como protagonista a Israel. Los judíos son la clave del fin del mundo presente. Jerusalén será el epicentro del fin de nuestra historia.

De acuerdo al salmo segundo, el acontecimiento previo al fin de la historia de la humanidad es un “amotinamiento”, una rebelión, una sublevación, una insurrección, una revuelta, etc.

El alzamiento es contra Dios y contra Su Ungido. La rebelión tiene una intención clarísima. Los rebeldes proclaman su propósito a viva voz. Ellos dicen: “Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas”.

Los subversivos no quieren que Dios y Su Ungido los gobiernen, los dirijan. Los rebeldes quieren independizarse de Dios y de su figura gobernante, que es el Cristo, Dios hecho Hombre, Jesús de Nazaret, según la interpretación cristiana del Antiguo y Nuevo Testamento, la Biblia.

Los rebeldes en el texto bíblico son “las gentes”, “los pueblos”.

Las gentes y los pueblos son las naciones de todo este mundo. Los pueblos se sublevan contra Dios, pero su sublevación no se lleva a cabo así porque sí, de la nada… No, no, no. Las naciones tienen azuzadores, promotores, conductores. Los que encabezan y los que dirigen la rebelión son los gobernantes, que en el texto bíblico son mencionados como “los príncipes” y “los reyes de la tierra”.

En las palabras “los príncipes” y “los reyes de la tierra” están todos los gobernantes de este mundo, tanto los gobernantes de las naciones pequeñas como los gobernantes de la naciones más poderosas. Desde luego, los promotores protagonistas de la rebelión son los gobernantes de las naciones poderosas, pues son ellos quienes dirigen a los gobernantes de las naciones más débiles.

Son los gobernantes de las naciones los que “consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido.” La conspiración de los gobernantes tiene un objetivo concreto. No quieren más el gobierno de Dios sobre ellos, ni sobre sus naciones, ni sobre todo el mundo. La revolución de los gobernantes y sus naciones busca la independencia total de Dios.

En el salmo dos, Dios está observando el “amotinamiento”. Dios ve la rebelión. Dios ve a los rebeldes. Dios está atento a todos sus movimientos.

La sublevación de los gobernantes y sus naciones le causa a Dios gracia, risa. Él se burla de los revolucionarios.

Pero Dios no solamente se burla de los revolucionarios… Dios habla fuerte contra ellos. Él les deja en claro su molestia, su ira contra ellos. De acuerdo al texto bíblico. Los subversivos se turban al experimentar en carne propia lo que su amotinamiento ha causado en Dios.

Los gobernantes y sus naciones van a quedar estupefactos, asustados y paralizados cuando Dios los confronte airadamente por su osadía vana de rebelarse con él y contra su ungido. Los sinónimos de la palabra turbar son impresionantes (aturdir, confundir, despistar, desconcertar, desorientar, azorar, azarar, emocionar, consternar, perturbar, avergonzar) y describen muy bien el cómo quedarán emocionalmente los revolucionarios cuando Dios extinga, aplaque y controle ese levantamiento final.

Dios aplacará la rebelión afirmando y estableciendo Su Gobierno visible en este mundo temporal. Dios gobernará al mundo desde Israel por medio de Su Cristo, Jesús de Nazaret, quien volverá a esta tierra por segunda vez para cumplir este decreto divino. La sede del gobierno de Dios por medio de Jesucristo será Jerusalén, la ciudad santa.

Desde luego, esta determinación divina no le gustará a los gobernantes de las naciones de este mundo ni a sus súbditos y es por eso que se amotinarán e intentarán que el Rey de Jehová Dios no asuma su reinado… Escribiré sobre este amotinamiento violento en otro escrito, Dios mediante.

La Biblia nos obliga a mirar a los judíos, a la nación de Israel, al territorio judío y a Jerusalén con ojos alertas. Tenemos que mirar los acontecimientos alrededor de este pueblo singular desde la perspectiva de lo que está escrito en la Biblia porque así Dios lo ha decidido.

El gobierno del Rey de Jehová Dios será mundial. El salmo dos es un salmo mesiánico y quien cumple lo profetizado allí es Jesús de Nazaret. El salmo señala la filiación divina de Jesucristo y su autoridad sobre todas las naciones de la tierra. Todas las naciones son herencia de Jesucristo y él ejercerá su autoridad con poder y fuerza sobre ellas y sobre todos los confines de la tierra.

En el salmo segundo termina con una exhortación a los gobernantes de la tierra y a los jueces de las naciones. 1) Se les pide prudencia y docilidad. Dios quiere que las autoridades sepan oírle y someterse a él. 2) Se les pide que sirvan con temor y alegría a Dios. 3) Se les pide que honren a Jesucristo, el Hijo, el Rey del Israel y del mundo, para que él no los consuma en su enojo e ira. El salmo dos termina señalando la bienaventuranza que hay en confiar en Dios y en Jesucristo Su Hijo.

El Salmo dos ya se ha cumplido en parte, pero todavía faltan algunos detalles. El amotinamiento final todavía no ocurre. En realidad, serán dos amotinamientos. El primero intentará impedir que Jesucristo asuma su reino y el segundo procurará derrocarlo del gobierno que él estará ejerciendo. Ambos amotinamientos ocurrirán en el futuro. Escribiré sobre esos dos amotinamientos en otros artículos.

Recordemos: Los judíos, la nación de Israel y la ciudad de Jerusalén son protagonistas del fin de la historia de la humanidad.

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¡Ocupémonos en pensar y hacer lo bueno y lo virtuoso!

Meditemos en lo bueno de las personas, en sus buenas acciones.

Ocupemos nuestra mente en las cosas virtuosas de este mundo.

Fijémonos en lo limpio y óptimo de todos y de todo.

No estoy diciendo que neguémos la existencia de personas pecadoras malas, que obran mal y que nos dañan a nosotros y a otros… No. No voy en esa dirección.

Tampoco quiero que neguemos la existencia de la maldad en esta tierra. Esto es imposible. El mal y sus consecuencias son hechos cotidianos.

No se puede negar la existencia de los pecadores malos ni de sus acciones… Lo que sí podemos es dejar de pensar y de meditar en ellos obsesivamente… Hasta el punto de dejar de disfrutar a los pecadores buenos y a sus acciones.

Para la estimular, difundir y promocionar a lo malos y a sus maldades existen muchos medios de comunicación… Ya no somos necesarios.

Pensar, reflexionar y meditar en lo bueno, en lo virtuoso, es un asunto vital al vivir en este mundo pasajero. Necesitamos paz y alegría y ánimo al vivir en esta tierra y estas condiciones son posibles si ocupamos nuestra mente en lo que es puro y en lo que es santo.

Si nos ponemos a pensar en los pecadores buenos que relacionan con nosotros y nos rodean encontraremos que el bien que nos han hecho y concedido es muchísimo mayor que lo que es malo.

Medita en lo bueno de estar vivo.

Reflexiona en lo bueno de tu familia.

Medita en lo bueno de tu ocupación.

Cavila en lo bueno de tus vecinos y de tu vecindario.

Piensa en lo bello de tu país y de tus compatriotas.

En fin… ¡Busquémosle lo bueno y virtuoso y bello a todos y a todo!

Los buenos y sus buenas acciones son mucho más abundantes que los malos. Son los buenos y sus buenas acciones los que hacen posible que el universo exista y se hermosee y se optimice y mantenga así la alegría y la bendición de vivir y de convivir con nuestros semejantes.

El apóstol Pablo afirma que el Dios de paz estará con nosotros si es que pensamos y hacemos lo que es bondadoso y de buen nombre.

Dios es la persona a quien nunca debemos perder al vivir en este mundo. Él está con todos aquellos que creen en Jesucristo y le siguen. Dios se expresa y se glorifica en las vidas de los pecadores que piensan y hacen el bien por causa de él y de Jesucristo Su Hijo.

Pensar y hacer el bien agrada y glorifica a Dios.

Pensar y hacer lo bueno nos garantiza la presencia del Dios de paz en nuestra vida y emprendimientos.

Pensar y hacer el bien nos da la paz y la tranquilidad que son propias de la buena conciencia por el hecho de no tener de que avergonzarse.

¡Pensemos y hagamos lo bueno y lo virtuoso y lo de buen nombre con la ayuda de Dios!

Amén y amén.

¡Yo necesito a Dios y tú …

… también lo necesitas, y mucho!

Yo no sé de ti, pero sí sé de mí. Necesito a Dios. No concibo mi vida sin él. No estaría yo en pie si no fuese por él. Por Dios soy quien soy. Por Dios tengo lo que tengo. Por Dios vivo lo vivo. Es la certeza de que él siempre es, y siempre está, la que me dirige, fortalece, desafía y motiva mi vida en esta tierra.

Pero yo no soy él único que necesita a Dios. No inventé a Dios ni a la necesidad de él. Otros ya han tenido necesidad de él y de su presencia constante en su vida. El escritor del Salmo 73 es uno ellos;  este hombre necesitaba y valoraba a Dios como su posesión segura más valiosa.

Pero Dios no “es” importante ni necesario para todos los hombres. Hay muchos que niegan existencia y presencia. No le toman en cuenta para nada. Viven, se alimentan, crecen, trabajan, tienen familia, tienen donde vivir, se divierten y gozan, etc., pero no agradecen a Dios para nada. No lo consideran en ningún aspecto de sus vidas. Es igual cuando sufren o están agobiados, no buscan a Dios. Todo depende de ellos. Dios no está en ninguno de sus pensamientos.

Existen otros hombres y mujeres que sí creen en Dios, pero viven como si él no existiese. Al igual que los anteriores, ellos disfrutan de lo que Dios les da, pero no le agradecen ni le glorifican por nada. Este tipo de personas solamente se acuerdan y buscan a Dios en los momentos de dolor, de tragedia, de escasez. Sólo en esos momento ven a Dios necesario e indispensable. Para ellos, Dios solo es necesario en la adversidad, en la tristeza, en tragedia.

El que conoce a Dios verdaderamente, en cambio, ve a Dios como indispensable siempre. Dios le es indispensable en los tiempos de abundancia y en los tiempos de escasez. Dios le es vital en su alegría y también en su tristeza. Dios está presente en todos sus valores e ideales. Dios es tomado en cuenta en todos los instantes de sus proyectos. Todo lo hace por Dios, en Dios y para Dios.

El que conoce y experimenta a Dios vive asediado por la tentación de vivir alejado de él. Su entorno de negación a Dios y de desobediencia a él lo atraen peligrosamente. No es una broma ni un juego esta experiencia de tentación. El escritor de este salmo la experimentó. Él llegó, incluso, hasta el punto de pensar que le era mejor olvidarse de Dios, para vivir sin tomarle en cuenta, como hacían la mayor parte de sus contemporáneos.

Nosotros los hombres y mujeres de no hoy no estamos exentos de este asedio tentador.

Pero el salmista volvió a la lucidez, a la cordura. Al volver es que analizó inteligentemente su vida en Dios. Fue así que escribió todo el salmo 73, que recomiendo leer detenidamente. Sus palabras, en los versículos 25 y 26, son contundentes: “A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”

El salmista descubrió que Dios era lo más valioso para él y esas sus palabras lo testifican.

Así tiene que ser Dios en nuestras vidas también hoy.

Nada ni nadie puede ocupar el lugar de Dios en la vida del verdadero creyente. Nada ni nadie es, ni tiene que ser, más valioso que Dios en nuestra vida. A Dios nunca lo perdemos. Dios siempre está a nuestro lado.

Yo no sé de ti, pero sí de mí. Yo necesito a Dios. Él indispensable para mí. Mi vida no tiene razón de ser sin él. Eso sí, tengo que confesar que no siempre fue así. No siempre vi a Dios como vital e indispensable. Empecé a ver a Dios como vital desde mi conversión a Jesucristo, el 29 de junio de 1987. Ese día bendito creí que Jesucristo murió por mis pecados y resucitó para darme vida. Ese día glorioso fue el día en que Dios empezó a ser indispensable en mi vida.

Todo ser humano necesita a Dios. Al Dios de la Biblia, no a otros, que no existen, y que son producto de la imaginación humana. Todo hombre y mujer tiene un hueco inmensamente profundo sin el Dios de la Biblia en su ser. No se puede ser plenamente dichoso sin este bendito Dios. No se puede tener fuerzas ni ánimo constante para sufrir el dolor de la vida y de la muerte sin el Dios y Padre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

Dios es necesario e indispensable… vive en él, por él y para él.

Dios es necesario e indispensable… Todo es mejor con él, por él y para él.

Dios siempre es y siempre está y ha venido y viene en Jesucristo a ti.

Cree en Jesús y síguele y Dios estará contigo y lo valorarás y experimentarás como los valioso de tu vida.

Jesucristo es Emanuel, que significa Dios con nosotros. Si tienes a Jesús, tienes a Dios. Cree y sigue a Jesús fielmente hasta el fin de tu peregrinaje en esta tierra.

¡Qué Dios me ayude a mí a seguir a Jesús hasta el fin! Amén y amén.

¡Mi gratitud y admiración a Dios en Jesús Su Hijo!

¡Mi gratitud y admiración a Dios en Jesús Su Hijo!

¡Siempre me sorprendes y maravillas, Dios creador y redentor mío!

¡Tu bondad y tus misericordias son muchas, me deslumbran en todo momento!

¡Mi día a día lo vivo esperando solamente en ti, Dios fiel y bondadoso!

¡Tú eres todo para mí!

La comida diaria para mi familia y para mí;

La bebida para nuestra sed y nuestra limpieza;

La vivienda en la que nos refugiamos y reposamos;

El trabajo y las fuerzas para trabajar;

El ánimo y la esperanza de lo bueno y mejor en la tierra de mi peregrinaje y misión;

¡Todo esto, y mucho más, son posibles gracias a ti, por ti y en ti, bondadoso Dios!

¡Eres bueno, Dios mío, creador mío y redentor mío!

¡Eres fiel y leal para con todas tus criaturas!

En Jesucristo te encontré a ti un día inolvidable.

En Jesucristo tú me buscaste, me hallaste y me recibiste.

En Jesucristo tu amor y tu gracia tú me mostraste.

Mi vida fue, es y será siempre nueva porque me uní por fe en Jesucristo a ti.

No he sido, no soy, ni seré perfecto, sino hasta que Jesús tu Hijo venga otra vez y me transforme totalmente para ser como él es.

El pecado aún me agobia, me acecha y me derrota, pero por Jesús y su obra de salvación estoy delante ti y me levanto, para seguirte hasta el fin de mis días en este mundo.

¡Muchas gracias, Dios mío, por darme, en Jesús tu Unigénito, vida, que es tuya y también mía!

¡Muchas gracias, Dios mío, por tu paciencia y por tu constante bondad para conmigo y mi familia!

¡Nosotros todos somos lo que somos por ti, en ti y para ti!

¡Solamente por ti, en ti y para ti, consagrado a Jesús quiero vivir!

¡Qué tu Espíritu Santo me llene, fortalezca, motive e impulse a agradarte y a servirte solo a ti!

¡Gracias, muchas gracias, Dios mío, mi creador, mi redentor y mi sustentador!

Amén y amén.

(5 de octubre 2023)

Jesucristo y Su Obra confirmadora en la Iglesia Bautista Buenas Nuevas – Jenaro Herrera, Loreto, Perú.

“Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día.” (Hechos 16:5)

Jesucristo no solamente edifica Su Iglesia constantemente, sino que siempre está confirmándola y acrecentándola. Siempre hay personas creyendo en él y haciéndose sus discípulos. Y siempre hay seguidores suyos que están creciendo y afirmándose en la fe en él.

Jesucristo confirma Sus Iglesias por medio de sus siervos, sus pastores.

Los pastores son personas vitales en la obra de confirmar las iglesias de Jesucristo. Ellos son el instrumento de Jesús en esa labor.

Jesucristo siempre está levantando pastores para confirmar sus iglesias.

Soy testigo ocular privilegiado de cómo Dios hace este trabajo. Dios me ha bendecido con este privilegio. (Foto: El Pastor Isidoro Del Águila, Nara -su esposa-, Josué y Joanix, dos de sus cuatro hijos).

En esta nota les testificaré cómo Jesucristo está confirmando la Iglesia Bautista Buenas Nuevas de Jenaro Herrera, en la rivera del Ucayali, Loreto.

Oí de Jenaro Herrera y de una iglesia bautista en ese pueblo cuando empecé a enseñar en el Centro de Capacitación ABCDE Requena. ABCDE Requena fue fundado por el difunto misionero Steve Ross, de Florida, USA. La visión del centro era preparar a los pastores y líderes de la rivera del Ucayali, empezando desde Pucallpa hasta Requena.

ABCDE Requena era financiada por la Misión Alas del Rey, de Florida, USA. Dios me hizo cooperar con ellos en la capacitación de obreros y líderes de la rivera del Ucayali desde el año 2007. Fue así que tuve conocimiento de Jenaro Herrera y una iglesia bautista allí. (Foto: el local donde congrega la Iglesia es también una evidencia de su prosperidad. Antes el edificio era de madera, que estaba carcomida. Hoy es de material noble).

En aquel tiempo, desde Iquitos a Requena, yo viajaba en una lancha, que podía ser el Venor o Don José. El viaje duraba entre 15 a 20 horas, dependiendo de cómo estaba el río y de cuántas paradas realizaba la lancha durante el trayecto. Gracias a Dios, mis viajes ahora tardan solamente entre 5 a 6 horas.

Jenaro Herrera era una parada obligatoria de la lancha, tanto al ir de Iquitos a Requena como al volver. Cuando la lancha atracaba en Jenaro Herrera, yo solo miraba. Veía al pueblo a la distancia. Me llamaban la atención sus vendedores, en especial los vendedores de queso.

No recuerdo exactamente qué año es que empecé a ir a Jenaro Herrera. Tampoco recuerdo cómo es que fui invitado a visitar la Iglesia Bautista Buenas Nuevas de ese pueblo. En mi memoria tampoco hay información de cómo es que conocí a Isidoro Del Águila, el pastor de esa congregación. (Foto: el puerto de Jenaro Herrera. Los botes, los rápidos y las lanchas atracan allí. Son varios los ciudadanos de viven de venderle productos a los pasajeros).

Lo que sí está en mi mente es cómo es que ha obrado Dios en el pastor y su familia, y también en la iglesia.

La Iglesia Buenas Nuevas de Jenaro Herrera empezó con un misionero norteamericano. El misionero norteamericano vivió en el pueblo y durante su tiempo de trabajo, la iglesia fue floreciente. Eso cambió, empero, a su salida.

Entre la salida del misionero norteamericano y la llegada del Isidoro Del Águila, la iglesia casi se extinguió. Digo casi porque la llama de la fe se mantuvo en algunos hermanos que no salieron del pueblo rumbo a Iquitos u otras ciudades, sino que se quedaron para vivir y trabajar allí. (Foto: La congregación ha crecido en número y también en amor a Dios y en entusiasmo gracias a la labor del pastor Isidoro).

Uno de los que no salió fue Nolberto. Él mantuvo la débil lámpara de la fe en Jenaro Herrera.

Otro que mantuvo viva esa llama fue Edwin Del Águila, hermano de Isidoro.

Gerinaldo, quien fue a vivir a Jenaro Herrera, también contribuyó a que la luz siguiese prendida.

Y así fue hasta que Dios trajo a Isidoro y a su familia al pueblo. Su llegada fue providencial. El cambio de la congregación llegó con Isidoro. Isidoro ha sido y es una bendición grande a la obra de Dios en este pueblo.

Isidoro ya era creyente, al llegar. Él, antes de llegar, había estado en Pucallpa e Iquitos. En Iquitos, Isidoro afirmó su fe y estudió algunos cursos bíblicos en la Iglesia Bautista Getsemaní. Cuando él volvió, tenía ya su familia. Volvió al pueblo para ayudar a su madre en el cuidado de sus búfalos. (Foto: Junto a Isidoro y su familia. Isidoro y su familia son mis hermanos y mis compañeros en la obra de Jesucristo).

Isidoro y su familia llegaron a Jenaro Herrera el año 2012. Al llegar vio el estado de la congregación. Los seis hermanos que congregaban no tenían mucho ánimo. Todo ese año Isidoro sirvió como maestro a la congregación. Para los hermanos de ese momento, fue obvio que Dios los bendijo con el trabajo de Isidoro.

Dios tocó, entonces, el corazón de Isidoro y de los pocos hermanos que estaban en la congregación. Isidoro fue nombrado pastor de la congregación por este grupo de seis hermanos el año 2013. Fue entonces que el entusiasmo volvió al corazón de los hermanos. La congregación ha prosperado desde que Isidoro es pastor. Yo he sido testigo de esta prosperidad, pues he ido para bautizar hasta en tres ocasiones. La congregación actualmente consta de 35 adultos fieles, sin contar con los niños y con que visitan ocasionalmente.

Durante la época de Covid 19, Dios llevó a su presencia a unos cuantos buenos hijos suyos de la congregación. Ellos ya gozan con Cristo en su presencia. Todos los que ya se han ido, llegaron al Señor Jesucristo durante la labor pastoral de Isidoro.

Isidoro trabaja pastoreando la congregación y trabaja también cuidando sus búfalos y produciendo queso. Como gran parte de los pastores que lideran las iglesias en los pueblitos de la selva de Perú, él recibe una ofrenda pequeña de la congregación, que está compuesta de personas con bajos ingresos. (Foto: Los hermanos de la Iglesia Buenas Nuevas son un gran aliciente para mi vida. Aprecio muchos su compañerismo).

Isidoro, como todos los hombres de estos pueblos, siempre son tentados a emigrar. En Jenaro Herrera, como en la mayor parte de los pueblos de la selva de Perú, no hay tanto trabajo. La gente por aquí se dedica a la pesca, a la caza, a la agricultura, a la ganadería, al comercio, al transporte y a trabajar para el gobierno. La economía es bastante escasa. Todo es en pequeña escala aquí y es por eso que muchos son los que se van. Unos se van temporalmente, y otros, para no volver más.

El año pasado Isidoro me habló de su deseo de emigrar. Gracias a Dios, él no ha emigrado. Quienes han emigrado han sido sus hijos mayores. Ahora Isidoro tiene realizar mucho más trabajo que antes, pues ya no tiene la ayuda de sus hijos mayores. Esto es bueno, en un sentido, pues ha enraizado a Isidoro a Jenaro Herrera y, por ende, a la Iglesia Buenas Nuevas.

Dios está haciendo su obra en la vida del pastor Isidoro y su familia. Jesucristo está edificando la Iglesia Buenas Nuevas de Jenaro Herrera. Dios tiene amor y quiere que su salvación en Cristo Jesús se extienda en los más del tres mil ciudadanos de Jenaro Herrera. Isidoro y la Iglesia Bautista Buenas Nuevas son su instrumento en este pueblo. Oremos por ellos, por favor.

Nosotros podemos ayudar al Pastor Isidoro Del Águila y a su familia. Nosotros también podemos ayudar mucho a los hermanos de la Iglesia Bautista Buenas Nuevas. El pueblo de Jenaro Herrera y la obra de Dios en el Ucayali y sus pueblos requieren de nuestro apoyo en oración.

Yo no sé cuánto tiempo más Isidoro y su familia seguirán en Jenaro Herrera. Tampoco sé cuánto tiempo más es que él será el pastor de la Iglesia Buenas Nuevas de Jenaro Herrera. Lo que sí sé es que Isidoro y su familia y la Iglesia Bautista Buenas Nuevas se bendicen y se acrecientan mutuamente. (Foto: El mercado de Jenaro Herrera abre a eso de la 5.00 am y cierra como a las 10.00 am. Los pobladores de Jenaro Herrera y alrededores necesitar la luz del evangelio que refleja la Iglesia Buena Nuevas).

El pastor Isidoro y su familia, y la Iglesia Bautista Buenas Nuevas, y el pueblo de Jenaro Herrera son una evidencia de que Dios trabaja confirmando y acrecentando la Iglesia de Jesucristo. Él quiere iglesias fuertes, firmes y crecientes para usarlas en la salvación de más personas por el evangelio de Jesucristo. ¡A Dios sea la gloria por Su Obra en y a través de la Iglesia de Jesucristo!

¡Qué Dios bendiga y siga usando como un instrumento de salvación a Isidoro y a su familia!

¡Qué Dios bendiga, acreciente y use a los hermanos de la Iglesia Bautista Buenas Nuevas en Jenaro Herrera y alrededores!

¡Qué Dios siga salvando gente de Jenaro Herrera y alrededores por medio de la predicación del evangelio de Jesucristo!

Amén.

Adán, el trabajo, y nosotros.

“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrase y lo guardase” (Génesis 2.15).

Dios ha hecho especial al ser humano. Su trato para con él lo evidencia. En este texto, por ejemplo, Dios coloca a Adán en el huerto de Edén. El huerto era un paraíso: tenía todo que lo es vital. Dios lo colocó allí y le dio un trabajo. Ese trabajo  evidencia lo especial que él es.

El trabajo y el hombre está unidos inseparablemente. Nuestra existencia está asociada al trabajo. Dios nos hizo trabajadores, nos dio trabajo, y quiere que trabajemos. Las palabras “guardase” y “labrase” especifican nuestro trabajo primigenio en la tierra,

Se nos encomendó trabajar “labrando” la tierra (Génesis 2.5). Este trabajo empezó en el huerto en Edén (Génesis 2.15). El huerto era el modelo de cómo debía hacer el hombre en toda la tierra. Nuestro trabajo era hacer de la tierra un huerto como el que él hizo para nosotros.

“Labrar” tiene que ver con “preparar, acomodar, sembrar, regar, cultivar y trabajar la tierra para que produzca.” “Guardar” tiene que ver con “vigilar, cuidar, proteger, custodiar, defender, preservar”. Tanto “labrar” como “guardar” enmarcan y definen el trabajo de Adán en el huerto. Adán debía lograr que el huerto siempre fuese productivo y bello.

Desde el tercer día de la creación y hasta el momento en el que Adán y Eva fueron creados, toda la tierra era “muy posiblemente” una jungla, una selva (Génesis 1.11-13; 2.4-7). Dios dio a Adán y Eva el trabajo de convertir esa “jungla” en un huerto.

Adán empezó su trabajo de “labrar” y “guardar” el huerto. El relato bíblico testifica que él puso nombre a los animales (Génesis 2.19-20). Lo imagino disfrutando ese su trabajo. Tristemente, él disfrutó su trabajo por breve tiempo.

Su desobediencia trastocó todo.

Su pecado le afectó a él y a su trabajo.

Fuera del huerto, su trabajo no fue igual.

Su caída afectó a toda su descendencia y nosotros lo somos.

Es por eso que para muchos el trabajo es “un mal necesario”.

Los cristianos debemos lograr un cambio en la sociedad con respecto al trabajo. Nuestra fe y nuestra forma de trabajar deben impactar a quienes nos rodean.

El trabajo es la expresión de la capacidad creativa del hombre y la evidencia crucial de la imagen y semejanza de Dios en él. Dios trabaja y Jesús, Su Hijo, también lo hace. Jesús dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5.17).

La capacidad, la oportunidad y el deber de trabajar son un privilegio que Dios nos ha concedido.

¡Disfrutemos trabajando para la gloria de Dios por más pesado y duro que sea el trabajo que nos toca realizar!

Amén.

¡Examina y prueba tu fe y la presencia de Dios por Jesucristo en tu vida cada día!

Este escrito es para ti, que creciste siendo enseñado en la fe a Dios y a Jesucristo en base a la Biblia. La enseñanza vino de tus abuelos, tus padres, tu iglesia, tu colegio y de la gente de tu pueblo, de tu ciudad. La navidad, la semana santa, las fiestas patronales, los lugares de culto, los ritos, los cantos, las historias bíblicas y las exhortaciones de tus padres te formaron y te culturizaron en la creencia en Dios y en su amor para con los seres humanos pecadores.

Tú eres un privilegiado. Has sido instruido y culturizado en todo aspecto de tu vida en la fe en Dios. Debes dar gracias a Dios por eso, pues, hay personas que no han tenido tal bendición. Pero, este es un pero para desafiarte y animarte, tu creencia en Dios y tu vida en él necesitan ser confirmadas y certificadas.

Confirmar y certificar la fe en Dios es una cuestión urgente e imprescindible. Cada uno de nosotros va a presentarse delante de Dios en cualquier momento. La vida en esta tierra es corta en relación a la eternidad. Cuando se acabe nuestro tiempo aquí, nos presentaremos ante Dios. De allí que no hay nada más importante que confirmar y certificar que nuestra fe es genuina. ¿Cómo lo hacemos?

Pablo nos responde y nos dice cómo es que podemos confirmar y certificar nuestra fe. Él escribió estas palabras a la iglesia en Corinto: “Examinaos a vosotros mismos si estás en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros mismos, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5).

Confirmamos y certificamos nuestra fe por medio de examinarnos, de probarnos a nosotros mismos. Nosotros mismos tenemos que ver que Jesucristo está en nosotros y que nosotros estamos en él. Si nuestra fe es real tendremos señales de la misma en nuestra vida. Pero si nuestra fe solo es cultural y religiosa, entonces no tendremos evidencias de la presencia de Cristo en nuestra vida. Es nuestro trabajo personal examinar y probar nuestra fe. ¡Hagámoslo! ¡Hazlo!

Para ayudarte en esta tarea he hecho este escrito. En este artículo te daré tres pautas para que confirmes y certifiques que tu fe es genuina y aprobada por Dios.

Primero. Tu fe tiene que ser confirmada por la Biblia, que es Palabra de Dios. Lo que crees sobre Dios y Jesucristo y su obra en la historia de la humanidad a favor de ella y, por ende, a favor tuyo, tiene que estar sustentada en la Biblia. Debes poder declarar las palabras de la Biblia que sustenta tu creencia, tu conocimiento y tus afirmaciones. Si dices que Jesús nació de la virgen María quien concibió por obra del Espíritu Santo debes saber contar la historia (Mateo 1:18-24; Lucas 1:26-38; 2:1-20). Si dices que Jesús vino a salvar a los perdidos y a darles vida eterna, tienes que tener el sustento (Juan 3:16-20). Si crees que por creer y seguir a Jesús eres una nueva criatura e hijo de Dios, tienes que señalar dónde dice Dios eso (2 Corintios 5:17; Juan 1:12-13). En fin, todo lo que crees sobre Dios tiene que estar sustentado en la Biblia.

¿Puedes tú sustentar tu vida con Dios en la palabra de Dios? ¿Respalda la Biblia lo que tú crees y sigues en tu vida con Dios? ¿Cuál es tu respuesta a esta pregunta de evaluación?

Segundo. Debes poder señalar un momento clave en el que tú mismo en forma consciente y voluntaria acudiste al llamado de Dios y le entregaste tu vida a Jesucristo para que te perdone y te reciba como un discípulo suyo.

Jesucristo nació, creció, sirvió, murió, resucitó y ascendió a los cielos desde una sociedad de personas que creían en Dios y le rendían adoración. Pero, aunque esa sociedad creía en Dios, no todos aceptaron a Jesús, sino que le rechazaron.

Pablo (Saulo), por ejemplo, antes de ser discípulo de Jesús, lo perseguía. Él creía en Dios y le rendía adoración, pero estaba equivocado respecto a Jesús. Eso cambió cuando Jesús mismo lo interceptó en el camino a Damasco (Hechos 9:1-30). Fue allí cuando Saulo (Pablo) se convirtió en discípulo de Jesucristo para servirle toda su vida. Pablo siempre tenía presente el momento de Damasco porque allí dejó la fe de su tradición para tener fe viva y genuina en Dios y en Jesucristo, quien vino a la tierra para salvar a los pecadores (Hechos 22:6-21; 26:9-23).

Haber crecido en un entorno de fe en Dios no es lo mismo que creer en Dios por uno mismo y a partir de un momento crucial que se puede ubicar, señalar y exponer. Pablo cambió a partir de la intercepción de Dios camino a Damasco. Yo tuve mi momento crucial el 29 de junio de 1987. Tú también debes poder señalar un momento clave en el que le dijiste a Dios: “Soy pecador, soy un necesitado de ti, Dios mío. Necesito tu obra en mi vida. Me has enviado un Salvador, Jesucristo, quien murió y resucitó para darme perdón y vida eterna. Voy a seguirle genuinamente. Recíbeme y acéptame con una tu criatura que vuelve a ti. Amén.”

¿Has tenido tu momento crucial con Dios por medio de Jesucristo? ¿Puedes evocarlo y compartirlo? Si tu respuesta es sí. Amén, gloria a Dios, adelante en el camino de Jesucristo. Si aún no has tenido ese momento, es tiempo de que lo tengas. Rinde tu vida a Jesucristo y empieza a seguirlo como un discípulo de una vez.

Tercero. Tu vida tiene que dar señales de que Dios ha obrado y está obrando en ti. No significa que tienes que ser perfecto e impecable. No significa que no vas a fallarle a Dios. No, no significa eso. Dios sabe que somos pecadores. Pero tiene que haber en ti una vida nueva.

Esa vida nueva tiene expresiones vitales que deben verse en ti (1 Corintios 6:9-11). Tienes que haberte bautizado como discípulo de Jesús consciente y voluntariamente luego de haber puesto tu fe en Jesús (Mateo 28:18-20; Hechos 16:29-34). Tienes que integrarte a la iglesia de Jesucristo, que son todas las personas que creen y siguen a Jesús, y que se congregan en algún sitio específico (Hechos 2:41, 47; 4:31; Hebreos 10:23-25). Tienes que desechar lo malo y pecaminoso en ti cada día(1 Pedro 2:1). Tienes que alimentarte de la Biblia, la palabra de Dios (1 Pedro 2:2). Tienes que estar acercándote y conociendo a Jesucristo cada vez más y más (1 Pedro 2:4; Filipenses 3:7-11). Tienes que estar ofreciendo sacrificios espirituales a Dios por medio de Jesucristo en todo tiempo (1 Pedro 2:5). Etc.

Si crees en Dios y en Jesucristo y tu creencia es real y genuina, y no solo un creencia propia de haber crecido en un ambiente religioso y cultural cristiano, entonces estos tres puntos alistados serán una realidad en tu vida. 1) Podrás justificar tu fe en la Biblia, la palabra de Dios. 2) Podrás señalar el momento clave en el que te entregaste a Dios por medio de Jesucristo. 3) Podrás testificar de la transformación de tu vida y alistar las señales básicas tu nueva vida.

¿Tienes tú en tu vida estas evidencias? ¿Ves en ti la obra de Dios por medio de Jesucristo? Es muy importante que respondas estas preguntas afirmativamente.

La fe en Dios y en Jesucristo es indispensable y necesaria en esta vida. No podemos agradar a Dios ni ser salvos sin esa fe. Cada día estamos más cerca de nuestro fin, de nuestra partida de esta tierra a nuestro encuentro con Dios.

Al encontrarnos con Dios al final de nuestra vida en esta tierra solamente hay dos opciones para nosotros: 1) Entrar al reino de Dios para vivir y gozarnos de Dios y de todos sus bienes por toda la eternidad o 2) Ser echados del reino de Dios para ser atormentados por toda la eternidad en el lago de fuego preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:41; Apocalipsis 20:15).

Examinar y certificar si nuestra fe en Dios y en Jesucristo es real y genuina es vital e imprescindible. Examinemos nuestra fe cada día. No tomemos a la ligera nuestra vida con Dios por medio de Jesucristo. Necesitamos estar seguros de que estamos en el camino correcto hacia la eternidad gloriosa con Dios.

¡Qué Dios nos ayude a todos nosotros a probar y certificar nuestra vida con él por medio de Jesucristo Su Hijo en base a la Biblia cada día! Amén.

¡Luchemos y combatamos los malos pensamientos!

Escribiré sobre los malos pensamientos y cómo vencerlos. Le debo esta a nota un joven amigo mío que lucha contra ellos. Él empezó su batalla contra los tales y me ha hecho partícipe de esta su guerra. Escuchándole, he sido consciente también de mi propia guerra contra los malos pensamientos.

La guerra de este jovencito no es solo suya, sino la de todos los hombres y mujeres de este mundo. Esta guerra empezó con la tentación de la serpiente en Edén y se agravó y se hizo endémica y crónica con la caída de Adán al desobedecer a Dios y obedecer al diablo.

La generación que pereció por juicio de Dios con el diluvio de aguas sucumbió ante los malos pensamientos. Sus mentes y sus razonamientos fueron subyugados por el mal. Sus pensamientos llegaron a ser todos malos y Dios tuvo que exterminar a la gente de ese tiempo, excepto a Noé y su familia.

Génesis 6:5 describe clara y contundentemente la condición mental humana que atrajo el juicio de Dios: Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).

¿Cómo es que podemos evitar que los malos pensamientos inunden nuestras mentes y nos hagan obrar, sentir, pensar, reaccionar y vivir malvadamente y en contra del carácter y la voluntad de Dios expresadas claramente en la Biblia, la palabra de Dios?

Para obtener victoria contra los malos pensamientos, los hijos de Dios por la fe en Jesús Su Hijo tenemos que:

  1. Probar, examinar y afirmar que nuestra fe en Jesús es real y genuina. (2 Corintios 13:5; 1 Corintios 15:34; 1 de Juan 5:4-5; Juan 1:12-13). La batalla contra los malos pensamientos solamente será victoriosa en forma constante si es que somos hijo de Dios.
  2. Vivir llenos, sujetos y guiados por el Espíritu Santo para contrarrestar y vencer así los deseos y las obras de la carne. (Gálatas 5:16-25; Efesios 5:18-20). El poder del Espíritu Santo nos garantiza la victoria.
  3. Alimentarnos de la Biblia, la palabra de Dios, para introducir así en nuestras mentes y corazones las verdades, hechos, principios y valores de Dios, para meditar y obedecer y vivir de acuerdo a ellos. (1 Pedro 2:1-3; Colosenses 3:16). La Biblia es vital para alimentar nuestras mentes con las verdades de Dios.
  4. No negar los malos pensamientos, sino reconocerlos de inmediato, para combatirlos y neutralizarlos y derribarlos llevándolos cautivos a todos a la obediencia a Cristo. (Mateo 15:19; Santiago 2:4; 2 Corintios 10:5). Tenemos que reconocer que tenemos y tendremos malos pensamientos. Negar este hecho es engañarnos.
  5. Alimentar la mente con todo aquello que sea bueno y consistente con nuestra fe en el Dios y Padre de Jesucristo y lo que él ha revelado en la Biblia, la palabra Escrita de Dios. (Efesios 4:17-24; Filipenses 4:8-9). En este mundo nuestra mente siempre va a ser estimulada a pensar mal, pero nuestra determinación a agradar a Dios nos ayudará a minimizar y a triunfar contra tales estímulos.

A los hijos de Dios los malos pensamientos nos agobian y afligen. Es normal que sea así. A los hijos de Dios no nos hace felices lo que es contrario a la voluntad de Dios. Los malos pensamientos están en nosotros desde la caída de Adán y aunque ya hemos puesto nuestra fe en Jesús y somos nuevas criaturas, éstos se encuentran en nosotros, en lo que la Biblia denomina el hombre viejo (Efesios 4:22).

Todos los hijos de Dios tenemos que luchar contra los malos pensamientos y mi hermano en Cristo joven me ha hecho consciente de ese hecho. La generación que pereció bajo el juicio de Dios en el diluvio no combatió los malos pensamientos. En consecuencia, los malos pensamientos los dominaron e inundaron hasta el punto en que sus mentes y sus corazones solamente cavilaban el mal y mal cada vez. Fue por eso que los pre-diluvianos vivieron contrario a lo determinado por Dios y perecieron bajo su juicio.

No combatir los malos pensamientos es muy peligroso para todos los seres humanos.

No combatir los malos pensamientos es indigno de todos los que somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo.

Nosotros los cristianos somos nuevas criaturas por la fe en Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Dios nos ha capacitado con el Espíritu Santo y la palabra de Dios para ser victoriosos contra los malos pensamientos.

Vivamos victoriosos contra los malos pensamientos aferrándonos a Jesucristo y a su gracia salvadora en todo momento.

Con Jesús, la victoria contra los malos pensamientos es más que Segura. ¡Qué Dios nos ayude!

Amén y amén.

1 Timoteo 2:3-6 y la salvación eterna de todos los hombres

“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” (1 Timoteo 2:3-6).

¿Cuál es la interpretación fiel de 1 Timoteo 2.3-6? ¿Está su significado visible o invisible? ¿Todos pueden entenderlo o se requiere ser alguien especial? ¿Qué nos dice este párrafo respecto a la salvación de Dios: es para todos los hombres o solamente para algunos hombres? ¿Quiere Dios realmente salvar a todos los hombres o no? ¿Jesucristo es mediador entre Dios y todos los hombres o solo es mediador entre Dios y algunos hombres?

La enseñanza respecto a la obra de salvación de Dios a favor de todos y cada uno de los seres humanos por medio de Jesucristo es motivo de discordia y división entre los pastores y líderes, y entre los creyentes, y entre las iglesias de Jesucristo.

Hay dos enseñanzas claramente marcadas y diferenciadas: 1) La primera: Dios quiere salvar a todos y a cada uno de los seres humanos y ha sacrificado a Jesucristo por toda la humanidad a fin de que todos sean salvos por creer en él y seguirle. 2) La segunda: Dios quiere salvar a parte de los seres humanos y ha enviado y sacrificado a Jesucristo por esa parte de los seres humanos a fin de que solo ellos sean salvos por creer y seguir a Jesucristo.

Estas dos ideas tienen sus defensores y sus detractores. Tanto defensores y detractores de estas dos ideas sustentan o intentan sustentar sus ideas mediante la Escritura, La Biblia, la palabra de Dios. Ambos hacen bien en esto porque no debe aceptarse ni seguirse ninguna doctrina sin que ésta se sustente en la Biblia.

En este escrito me he propuesto analizar y refleccionar en 1 Timoteo 2:3-6. En lo básico, intento mostrar cuál de los ideas contrapuestas respecto a la obra de salvación en Cristo Jesús es respaldada por este párrafo bíblico.

El contexto anterior y posterior del párrafo que analizaremos es contundente respecto al hecho innegable de la muy buena voluntad de Dios para con todos los hombres aun cuando estos son pecadores. Dios quiere una vida buena para todos en esta tierra y es por eso que nos instruye con su palabra para que la tengamos. (1 Timoteo 2:1-2; 2:7-15). El párrafo que examinaremos está en este contexto bondadoso.

Repasaremos el párrafo de la siguiente manera: 1) Primero: Haremos una lectura literal normal, es decir, lo leeremos tal como está escrito, con el significado obvio de cada palabra. 2) Segundo: Haremos dos lecturas literales “no normales” y le daremos el significado que causa la discordia doctrinal entre los interpretes y expositores. 3) Tercero: Presentaré observaciones en base a la lectura literal normal y también en base a la lectura literal no normal. 4) Cuarto: Justificaré el porqué de la forma de mi escrito y mi exposición. Por último, concluiré mi escrito enfatizando el desafío de basar todas y cada una de nuestras creencias en la palabra escrita de Dios bajo la guía y enseñanza del Espíritu Santo.

I. Primero: Lectura literal normal.

“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere (“quiere”, verdaderamente lo quiere) que todos los hombres (“todos los hombres” son todos los hombres) sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres (“los hombres” son todos los hombres no solamente algunos de ellos), Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos (“todos” es todos los hombres no solamente algunos de ellos), de los cual se dio testimonio a su debido tiempo.”

II. Segundo: Dos lecturas literales “no normales”.

La lectura no literal: “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere (desea íntima y profundamente, pero no ha decretado ni ha obrado realmente para) que todos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres (algunos hombres), Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos (“todos” no es todos los hombres, sino solo algunos), de los cual se dio testimonio a su debido tiempo.”

Otra lectura no literal: “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos (algunos hombres, eso sí, de todo tipo: panaderos, carpinteros, abogados, ingenieros, etc.) sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres (algunos hombres), Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos (“todos no es todos, sino algunos), de los cual se dio testimonio a su debido tiempo.”

III. Tercero: Conclusiones doctrinales según cada lectura realizada.

A. Conclusiones en función a la lectura literal normal:

1. Si leemos y entendemos 1 Timoteo 2.3-6 como está escrito: Dios quiere y ha hecho también todo lo que corresponde para que todos los hombres sean salvos. Jesucristo es salvador de todos los cristianos y de todos los hombres, pero solamente los cristianos son salvos, pues solamente ellos creen en él. Los hombres que no se salvan, no se salvan por su propia responsabilidad, ya que ellos se niegan y se rehusan creer genuinamente en Jesucristo, quien fue enviado por Dios para salvar a los pecadores.

2. Si leemos y entendemos 1 Timoteo 2.3-6 como está escrito: Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres (tanto salvos como no salvos). Esto es muy importante ya que no se puede encontrar salvación sino por la mediación y la intercesión de Jesucristo. El no salvo necesita esa mediación e intercesión antes de ser salvo porque sin la mediación e intercesión de Jesucristo en ninguna manera podría ser salvo. El creyente es salvo por Jesucristo gracias a esa mediación, y ya como salvo, él tiene la intercesión y la mediación de Jesucristo por toda la eternidad.

B. Conclusiones en función de las lecturas literal no normal:

1. Dios quiere que todos los hombres sean salvos, pero ese su querer no implica ni significa necesariamente que haya hecho y haya provisto salvación para todos los hombres, pues él solamente quiere salvar y ha provisto salvación para algunos hombres.

2. Dios quiere que todos los hombres vengan al conocimiento de la verdad es una expresión de deseo, pero que no involucra acción, ya que Dios no ha provisto la manera en que todos los hombres vengan realmente al conocimiento de la verdad.

3. Jesucristo no es mediador entre Dios y los hombres, realmente él solamente es mediador entre Dios y algunos hombres.

4. Jesucristo no se dio en rescate por todos, él solamente se dio en rescate por algunos. Los demás hombres no tienen rescate alguno y no tienen salvación, sino solamente condenación.

5. El Espíritu Santo, que habló a través de Pablo, dijo estas palabras que dicen lo que dicen, pero que no necesariamente significan lo que significan. Él realmente no quiso que Pablo, ni sus lectores en ese tiempo, ni los lectores de todos los tiempos, entendiesen como está escrito. Lo que él realmente quería es que ese significado estuviese escondido entre esas palabras hasta que fuese descubierto por uno o más hombres singulares, especiales y con mayor porción del Espíritu que los demás cristianos.

6. Pablo, quien escribió estas palabras bajo inspiración, no supo expresar el significado de la verdad de Dios con las palabras correctas y exactas y es por eso que no fue claro en este asunto tan trascendental.

7. Los que leen el párrafo examinado y lo entienden tal como está escrito, son indoctos de la verdad de Dios, no entienden el evangelio ni la obra de Dios, el Espíritu Santo está apagado y no les está iluminando.

8. La gran multitud de hombres que se condenan, no se condenan porque han rechazado a Jesucristo, sino porque estaban destinados para ser condenados. Como estaban destinados a ser condenados, no se proveyó salvación para ellos. Jesucristo, que es el único mediador y el único que podría salvarlos, no fue destinado para ellos. Su condenación, por tanto, es irreversible e inevitable.

9. Todos los llamados al arrepentimiento y a la conversión que se hacen en la Biblia a todos los hombres en todo lugar y de todo lugarno son genuinosson solo una mera formalidad.

10. La condenación eterna de todos y cada uno de los que no creen en Jesucristo ni le siguen no es absolutamente una responsabilidad de ellos por no creer ni seguirle, sino de Dios, que es quien los condenó de antemano y no proveyó salvación para ellos.

VI. Cuarto: Justificación de esta exposición.

Estoy haciendo mis observaciones como un lector cristiano común de la Biblia. Abro mi Biblia, leo lo que está escrito e interpreto el párrafo de acuerdo a las palabras que están escritas allí.

El contexto me dirige a entender lo que está escrito con el significado normal de que “quiere” es quiere, “todos” es todos, “los hombres” es los hombres, “sean” es sean, “un” es un, “solo” es solo, “Jesucristo” es Jesucristo, etc.

Ya he escrito esto antes y lo escribo otra vez: siempre voy a interpretar el texto bíblico en su sentido normal y literal. Dios nos ha dado su palabra y su Espíritu para guiarnos. También nos ha dado maestros humanos para enseñarnos su palabra, pero estos maestros humanos pierden su autoridad cuando quieren que entendamos un significado que contradice lo que está escrito claramente. No seguiré ese tipo de maestros, siempre me quedaré con lo que es visible y claro.

Los textos bíblicos se interpretan primero de acuerdo a su contexto cercano, luego en su contexto más amplio y, finalmente, en el contexto de toda la Biblia. Jamás un texto bíblico debe entrar en contradicción ni con su contexto cercano, ni con su contexto más amplio, ni con el contexto de toda la Biblia.

Palabras finales: Necesitamos la ayuda de Dios y las Sagradas Escrituras para definir bíblica y verazmente todas y cada una de nuestras creencias.

Una oración: ¡Dios Espíritu Santo enséñanos y guíanos cada día a toda verdad que está en la Biblia!

Una determinación: Leer, creer, interpretar literal y normalmente la Biblia, la palabra de Dios. Amén y amén.

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestro corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1.19-21).