Escribir estos apuntes del libro de Judas me ha sido provechoso. Aprendí mucho. Mi mente y mi corazón se han abierto para asumir con mayor determinación la contienda por el evangelio y por la fe y por la verdad que Dios ha depositado en todos quienes hemos creído en Jesucristo, Su Hijo, quien vino a la tierra a salvar a los pecadores, y a rescatar a toda la creación.
Todos los discípulos de Jesucristo, de acuerdo a lo que Pablo le dijo a Timoteo, son “… la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15). Esto significa que Dios sostiene, defiende, protege, difunde y tiene por alto la verdad en, por y desde su Iglesia. La iglesia de Jesucristo es el bastión y la fortaleza de la verdad.
El diablo, quien es padre del engaño, y mentiroso, y quien difunde mentiras a través de espíritus engañadores, usando hombres impíos y perversos, lo sabe. Sabe que la iglesia sostiene la verdad. Por eso, su estrategia y su trabajo ha sido, desde que fue derrotado por Jesucristo en la cruz del Calvario, infiltrar hombres impíos y doctrinas de demonios en la iglesia.
Jesucristo anunció el engaño. Pedro, Pablo y Juan también anunciaron esta conspiración satánica y demoniaca contra la iglesia y su rol de bastión del evangelio, de la fe y de la verdad. Tristemente, con pesar escribo esta parte, la iglesia no ha protegido el evangelio, ni la fe, ni la verdad como debía haberlo hecho.
A la iglesia ingresaron hombres impíos. Lo hicieron en los días en los que todavía vivían los mismos apóstoles de Jesús. Después, en el devenir de los años, estos hombres impíos han seguido metiéndose entre nosotros. Y éstos, desde allí, desde dentro mismo, han socavado el evangelio, la fe y la verdad que la iglesia debía proteger, guardar y difundir.
Al distorsionar y pervertir el evangelio, la fe y la verdad de Dios, los hombres impíos han hecho que la iglesia se ensimisme, se egocentrice, y se olvide de su rol de bastión de la verdad que Dios ha revelado en la Biblia para todo el mundo. Este olvido no ha afectado solamente a la iglesia, sino a todo el mundo. Vasta observar lo que hoy se cree, se enseña, se defiende y se propaga en este mundo para darnos cuenta de cuánto hemos fallado.
Los hombres de este mundo niegan a Dios, niegan a Jesucristo, viven libertinamente y abusan de la gracia de Dios, siguen la fornicación y el adulterio y vicios que van contra naturaleza, niegan la autoridad y fomentan la anarquía, niegan las potestades superiores y blasfeman de ellas, viven egoistamente y apacentándose a sí mismos, etc.
Todo esto ha ocurrido, está ocurriendo y seguirá ocurriendo, no solamente porque la sociedad humana lejos de Dios es irredimible, sino porque los promotores del error y de la mentira han ganado mucho terreno debido al descuido y al ensimismamiento de la iglesia.
La iglesia tiene que cambiar y volver a contender ferviente y ardorosamente por el evangelio, por la fe y por la verdad que Dios ha depositado en ella. Tenemos que volver a ser columna y baluarte de la verdad. El evangelio, la fe y la verdad dada por Dios tienen que tenernos otra vez como su bastión. ¡Qué Dios nos mueva y nos empodere por medio de su Espíritu Santo para que cumplamos esta trascendental tarea!
Para terminar, y para no alargar esta presentación, quiero dar dos consejos a quienes lean, estudien y enseñen el libro de Judas, ya con el material que estoy compartiendo, o ya sin él. Los dos consejos son estos:
1) Lean, estudien y enseñen este libro teniendo muy presente a la iglesia de Jesucristo, tanto a nivel local como mundial, pues es a ella a quien Judas escribió exhortándole a contender por la fe que una vez ha sido dada a los santos. Es ella la depositaria de la verdad y es a ella a quien el diablo quiere inutilizar, arrinconar y hasta eliminar.
2) Lean, estudien y enseñen este libro teniendo una mirada muy atenta al mundo que rodea a la iglesia, pues es a la gente de este mundo que hay que anunciarle el evangelio, la fe y la verdad que Dios nos ha encomendado. Asimismo, es este mundo, que está dirigido por el diablo, el que quiere pervertir y corromper el evangelio y la fe, y el que se opone a Dios y a Jesucristo, Su Hijo.
La vida espiritual y la vida secular están intimamente ligadas entre sí. Se influencian y se fusionan, tanto para bien como para mal. La iglesia ha hecho mal en la historia al permitir que el mundo viva su vida secular abandonando paulatinamente la vida espiritual. Como si la vida espiritual y la vida secular no tuviesen nada que ver entre sí.
Hoy son ya muchos los que ni siquiera quieren oír que dice la Biblia sobre la vida, el hombre y la mujer, la familia, la sexualidad, la vida social, los países y sus autoridades, etc. La Biblia es menospreciada por gran parte de los hombres y mujeres de hoy, como si fuese un libro mítico, fantasioso, que no tiene nada que ver sus vidas.
La iglesia de Dios, que son todos y cada uno de los que han puesto genuinamente su fe en Jesucristo, tiene que asumir con pasión y determinación su rol de columna y baluarte de la verdad de Dios. Todos los seguidores de Jesucristo debemos, usando las armas espirituales poderosas en Dios, derribar “argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, … llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:4-5). Toda la vida humana debe sujetarse a Jesucristo y la iglesia es quien está llamada a proclamar tal verdad.
La salvación de mucha gente por medio del evangelio y la fe y la verdad que Jesucristo ha traído a este mundo por mandato de Dios está en juego. ¡Qué Dios nos fortalezca para seguir cumpliendo nuestro rol de bastión del evangelio, de la fe, y de la verdad de Dios! Amén y amén.
El tiempo presente está desafiando a la iglesia de Cristo a definirse políticamente y a cumplir su rol político en la sociedad y el mundo.
En este escrito bosquejaré algunos hechos bíblicos básicos, que son los que tienen que regir la actuación política de cada cristiano al vivir en este mundo.
Primer hecho bíblico básico: El Antiguo Testamento anunció al Mesías, al Cristo, al Rey de Israel, no solo como el Salvador de Israel y del mundo, sino como el gobernante político que Israel y el mundo necesitan.
Son varios los textos bíblicos del Antiguo Testamento que hablan del Mesías como el Rey que Israel y mundo necesitan. En esta parte solamente alistaré algunos de ellos.
1. Génesis 12:1-3 (Dios eligió a Abram para bendecir por medio de él a todas las familias de la tierra).
2. Génesis 49:8-12 (Dios eligió a Judá para darle el cetro, la autoridad y el gobierno. El gobernante vendría de la tribu de Judá).
3. Números 24:17 (El cetro de Israel, la Estrella de Jacob, es el Mesías, el gobernante de Israel).
4. Salmo 2:1-12 (Jehová puso su Rey sobre Sión, su santo monte, a quien él le dará por herencia las naciones).
5. Jeremías 23:5 (El renuevo justo, el Rey, que hará juicio y justicia en la tierra, vendrá de la descendencia de David).
6. Isaías 9:6-7 (El Mesías, quien desciende de David y heredará su trono y gobernará en juicio y justicia para siempre).
Segundo hecho bíblico básico: Jesús de Nazaret es el Mesías, el Cristo y el Rey de reyes y Señor de señores de Israel y el mundo entero.
1. Jesús afirma que todo el AT habla de él y lo anuncia a él. (Juan 5:39; Lucas 24:44).
2. Él nació del linaje de David para heredar el trono de David. (Lucas 1:31-33).
3. Los magos de oriente lo buscaron, lo reconocieron y lo adoraron como el rey de Israel. (Mateo 2:2, 11).
4. Herodes intentó matarlo siendo pequeño justamente porque el hecho de que fue buscado por los magos como Rey. (Mateo 2:12-23).
5. Jesús mismo afirmó su linaje real y su derecho para reinar. (Juan 19:33-37).
6. El rótulo que escribió en su cruz Pilato: Jesús Nazareno, rey de los judíos (Juan 19:19.
7. Jesús declaro que él tiene la autoridad suprema en los cielos y en la tierra. (Mateo 28:18-20).
Tercer hecho bíblico básico: El rechazo y la muerte de Jesucristo fueron actos políticos realizado por los políticos gobernantes de su tiempo.
1. La muerte de Cristo fue una decisión política de los gobernantes de Israel. (Juan 11:47-53).
2. La muerte de Cristo fue una decisión política de Poncio Pilato, quien representaba al César, el emperador del Imperio Romano. (Juan 19:12-16). Los gobernantes judíos no mataron a Cristo porque no les estaba permitido dar muerte a nadie. Fue por eso que lo llevaron hasta Pilato (Juan 18:31). Pilato no quería dar muerte a Jesús y todos sus actos así lo demuestran: No quiso juzgar a Jesús, sino que lo hagan los mismos judíos. (Juan 18:31). Pilato le dice a Jesús que es su propio pueblo y sus autoridades los que están detrás de su juicio, no él. (Juan 18:35). Pilato le dijo al pueblo judío varias veces que no hallaba delito en Jesús. (Juan 18:38; 19:4, 6). Los azotes que Pilato ordenó darle a Jesús tenían el propósito de menguar la ira judía a fin de lograr su liberación. (19:1). Cada diálogo con Jesús y cada declaración del pueblo judío respecto a él convencieron a Pilato de su inocencia, de tal modo que tenía más miedo condenarlo a muerte. (Juan 18:33-38; 19:7-12).
3. ¿Por qué permitió su muerte entonces? ¿Por qué condenó a muerte a Jesús al entregarlo a los judíos? Pilato decidió finalmente la muerte de Cristo a manos de los mismos judíos cuando éstos lo pusieron entre la espada y la pared diciéndole que si soltaba a Jesús se oponía a César y no era su amigo. (Juan 19:12-16). Pilato no quiso tener como enemigo a César y tampoco a los judíos y fue por eso que entregó a Jesús a muerte.
Cuarto hecho bíblico básico: La iglesia reconoció que Jesús fue crucificado por una alianza política de los reyes y los príncipes de la tierra, quienes querían desligarse de Dios y de su gobierno.
En el Salmo 2 los reyes y los príncipes de este mundo hacen una alianza para desligarse de Dios. No quieren que ni él ni Su Ungido los gobierne.
El rechazo, el apresamiento, el juicio y la muerte de Jesucristo fue un cumplimiento del Salmo número 2 y los hermanos de la iglesia de Jerusalén así lo reconocieron luego de que Pedro y Juan fueron liberados y les contaron lo que los gobernantes de Israel dijeron. Su oración en Hechos 4:23-31 tiene ese reconocimiento.
Es obvio y clarísimo entonces que lo que ocurrió con Jesucristo fue dirigido y decidido políticamente.
Quinto hecho bíblico básico: La iglesia de Cristo nació, creció, sufrió y cumplió su misión en un contexto político adverso.
Fue perseguida por las autoridades políticas judías. (Hechos 8:1-3; 22:4-5; 26:9-12).
Fue perseguida por las autoridades políticas romanas. (Hechos 12:1-5; 13:50; 14:5, 19; 16:19-23, 35-40; 17:6-9; 18:12-17).
La historia post bíblica tiene testimonio escrito de la persecución que sufrió la iglesia de Cristo bajo el imperio Romano.
Ahora mismo todavía hay naciones en donde se persigue a los cristianos por su fe en Jesucristo.
Sexto hecho bíblico básico: La Biblia tiene evidencia de hijos de Dios que han cumplido rol político para la gloria de Dios.
1. José, en Egipto. (Génesis 39:37-44).
2. Los profetas, en su mayoría, estaban asociados al poder político, para que gobiernen conforme a la ley de Dios, y para denunciar sus abusos y llamarlos al arrepentimiento. Samuel está asociado con Saúl y con David, reyes de Israel. Gad y Natán están asociados también con David, rey de Israel. Ahías y Semaías están asociados con Salomón y Jeroboam y Roboam y la división del Israel en dos reinos: Israel, el reino del Norte y Judá, el reino del Sur (1 Reyes 11:29-12:24). Elías está asociado con Acab. Todos los profetas de Israel están asociados con el poder político y es un buen reto estudiarlos desde esa perspectiva.
3. Mardoqueo y Ester, en el imperio Medo Persa.
4. Nehemías, en el Imperio Medo Persa.
5. Daniel y sus amigos, en el imperio Babilónico y Medo Persa.
6. El Evangelio de Lucas y de Hechos fueron escrito para Teofilo, que es seguro estaba inmerso en el ambiente político de su tiempo. (Lucas 1:1-4).
7. Había hermanos en Cristo en el mismo ámbito del poder político del César. (Filipenses 4:22).
8. Es obvio en la Biblia que sí se puede trabajar espiritual y bíblicamente en la esfera política. El cristiano que quiere hacerlo tiene respaldo bíblico.
Sétimo hecho bíblico básico: La transición del tiempo presente a la eternidad no ocurrirá sin que antes un César y los césares de este mundo intenten impedir que Jesucristo asuma visiblemente su reinado sobre todo el universo.
1. El profeta Daniel en el capítulo 2 y el capítulo 7 de su libro nos da una lista de cuatro reinos humanos que antecederán al reinado del Mesías. Él aparecerá durante el cuarto reino para poner fin justamente a todos los reinos humanos y reinar por toda la eternidad.
2. El Salmo 2 y el Hechos 4:23-31 volverán a cumplirse poco antes de que Jesucristo asuma su reino milenial y el su reino eterno.
3. La guerra de Armagedon buscara evitar que Jesucristo asuma su reino milenial sobre Israel y el mundo. (Apocalipsis 16:12-16; 19:11-21).
4. La guerra de Gog y Magog buscará evitar que Dios y sus santos se impongan y gobiernen eternamente sobre todo el universo que Dios ha creado. (Apocalipsis 20:1-10).
Conclusión:
Estos siete hechos bíblicos básicos alistados nos dan las pautas para regir nuestra definición política y también nuestras acciones políticas al vivir en este mundo:
1. La iglesia debe participar políticamente porque es inevitable. Participamos políticamente en nuestras casas, en nuestros barrios, en los colegios, en nuestros trabajos, en nuestras ciudades, en nuestra región, en nuestro país, etc. Cuando votamos y cuando no votamos estamos ejerciendo rol político. Cumplimos rol político tanto si votamos sí, si votamos no, si votamos blanco, o si votamos viciado. Siempre somos responsables de lo que ocurre en nuestro país, tanto si es bueno como si es malo.
2. Nuestra participación política tiene que realizarse de acuerdo a nuestra ciudadanía celestial y a los valores del reino de los cielos que están revelados en la Biblia, la palabra de Dios. Jesucristo, nuestro Señor y Rey, no es de este mundo y nosotros tampoco. (Juan 19:36). En consecuencia, nosotros no hacemos política ni como los reyes y señores de este mundo, ni como sus seguidores. (Juan 19:36). Nosotros hacemos política conforme a los valores de Jesucristo y su reino. (Mateo 26:51-53). Es por eso que Jesús le dijo, al discípulo que hirió a un siervo del sumo sacerdote, mete tu espada a su lugar. La violencia, la imposición, la manipulación, la distorsión, el robo, la corrupción y la mentira no tienen parte en el quehacer político de los cristianos.
3. Nuestras acciones políticas básicas y al alcance de todos son: a) La oración. b) La evangelización. c) La discipulación. d) La proclamación valiente de las verdades bíblicas. e) El sostenimiento de aquellos que trabajan en la obra de Dios y el sostenimiento de la obra de Dios en el mundo. f) Vivir glorificando a Dios en la casa, en la comunidad, en el centro de trabajo, etc. g) Sumisión a las autoridades y pago de tributos. h) Desobediencia pacífica y sufrida si es que quienes gobiernan nos ordenan hacer algo que va contra los valores de nuestra ciudadanía celestial.
4. Nosotros debemos participara políticamente apoyando y acompañando espiritualmente a cada uno de los miembros de la iglesia que llegan a cumplir funciones dentro de la administración pública en los diferentes niveles. En la administración pública hay diferentes niveles de participación. Se participa a nivel de cargos de elección, a nivel de cargos de confianza, a nivel de cargos de carrera y de méritos, y a nivel de cualquier trabajo u oficio dentro de los diferentes ámbitos de la administración pública. Se debe apoyar con oración, enseñanza, consejo y ánimo a todo hermano que llega a trabajar dentro o para el gobierno.
5. Los evangelistas y los pastores y maestros y todos los que han sido llamados por Dios para predicar y enseñar su palabra y perfeccionar a los santos para la obra del ministerio y la edificación del cuerpo de Cristo deben cumplir su tarea esforzadamente y no abandonar tal trabajo para ocupar puestos políticos partidarios. Efesios 4:11 y varios otros textos de la escritura especifican la labor que deben realizar aquellos que han sido llamados por Dios a trabajar en su obra. Si los que han sido llamados al ministerio cumplen su trabajo de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio; los santos estarán listos para servir a Dios y glorificarle en cualquier posición que ocupen al vivir en este mundo. Cualquier decisión y acción política de quienes dirigen a los discípulos de Cristo y a Su Iglesia tiene que ser muy bien analizada delante de Dios y su palabra y la guía del Espíritu Santo.
6. Nuestra participación política debe ser consciente que los hombres fallan y que jamás podrán darnos un mundo mejor, pues, ese mundo mejor solamente será posible cuando Jesucristo venga y lo establezca. (Filipenses 3:19-20; 2 Pedro 3:7-13). Nosotros no confiamos en los hombres, sino en Dios. Nosotros sabemos que no existe hombre alguno que no sea pecador y que no falle. Por eso, jamás nos atenemos a ellos. Nosotros esperamos y anhelamos el reinado de Jesucristo.
¡Qué Dios nos ayude a cumplir el desafío político de vivir conforme a Jesucristo, su misión y sus valores mientras estamos en este mundo!
Amén y amén.
En mi canal de Youtube encontrarán la exposición de estas pautas:
El Corona Virus, Covid 19, o virus chino, y las disposiciones de los gobernantes por su causa, han paralizado a buena parte del mundo. La Iglesia de Jesucristo, en tanto presente en este mundo, también ha sido afectada por esta paralización. Pero, la Iglesia de Cristo, no ha desaparecido, está presente y asumiendo lo que Dios ha dispuesto para ella. La iglesia es el Cuerpo de Jesucristo, y es espiritual, y está presente y activa, y creciendo, y cumpliendo su misión, porque no depende ni de un lugar, ni de un edificio, ni de líderes humanos, sino de Dios. Amén.
“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:26).
Hoy me vino a la mente, al corazón y a la boca el himno ¿Cómo podré estar triste?. Este es un himno antiguo. He escuchado y cantado este himno aun cuando no era seguidor de Jesucristo. Luego, cuando empecé a seguir a Jesús, este himno me ha inspirando y me ha sido una enorme fuente de ánimo. Lo he cantado cuando he estado alegre y cuando he estado “triste”, porque, a pesar que el himno responde a esa interrogante, y nos anima para no estarlo, los cristianos sí nos entristecemos. Y a mí, como a muchos, tanto en Perú como en otros países, la tristeza me ha embargado, ya por la enfermedad, ya por la muerte de un familiar o amigo, ya por la falta de ingresos, o ya por la pérdida de trabajo. Estos días son tristes y difíciles, para todos. Por eso, y en este contexto, este himno me anima, me hace mirar a Dios y revisar mi fe en él. El panorama no es claro, pero por y con fe en Dios, nuestra mirada será más aguda. Por eso, confiemos en Dios porque, como dice el himno, si él cuida de las aves, nos cuidará también tanto a ti como a mí. ¡Miremos a Dios por medio de Jesucristo y confiemos y esperemos en él!
Los días en Trujillo están siendo nublados y friolentos y, por ende, gráfican el ópaco y sombrío panorama que estamos viviendo los peruanos. Muchos infectados. Muchos muertos. Mucho miedo. El desaliento y la desesperanza cunden.
El virus chino sigue su mortal avance en forma imparable. Pero no es solo este virus. En Pucallpa, Requena e Iquitos también están el dengue y la influenza. Y otra enfermedad que no recuerdo.
El personal de salud está desprotegido y desmotivado. Los hospitales ya no dan para más.
A esto hay que añadirle el hecho de que a los trabajadores independientes se les cortó sus ingresos sin suficiente previo aviso. Ahora son las empresas más grandes las que han empezado a despedir gente, y se entiende, no han tenido ingresos, ¿cómo van a pagar.
Pero lo más terrible es la incertidumbre y la desesperanza que originan quienes nos dirigen. Fuimos el primer país de latinoamérica en paralizar y en encerrar a sus ciudadanos, pero, con toda esa ventaja, y por no haber fortalecido al personal de salud, ni optimizado y acrecentado el potencial sanitario, hoy somos el segundo país con más contagiados, después de Brasil.
Son muy pocos los que hoy defienden al gobierno de turno. No se ve un plan eficiente, si lo tienen. Parece que lo van armando en la marcha. De allí las disposiciones contradictorias.
Después de ya casi dos meses de sacrificio, tendríamos que estar mejor. Pero no es así, el virus chino ya está en todo el país y la noticia de cada ve más infectados y muertos es el pan del día.
Cada día que pasa el panorama se pone peor. No solamente por el virus, sino también por las enfermedades propias del otoño y el invierno. La pérdida de empleos y de ingresos de muchos peruanos también son hechos agravantes.
Pero, ¿No hay salida? ¿Estaremos mucho peor aún? Es posible. Pero los peruanos hemos pasado tiempos peores. Entre el 80 y 90 nuestro país estaba horrible. Los pasamos.
Con todo y nuestros males, hemos tenido años en los que el sector privado ha crecido y es de allí el ahorro y la buena imagen del país en el aspecto económico.
Pero, lo que me da ánimo y me encanta de ser peruano, es que mis compatriotas no se amilanan y se sobreponen a la adversidad. El peruano a aprendido a crecer y a prosperar aun cuando no le es fácil. Esta hermosa tierra del sol es preciosa, y exigente, pero fructífera y “agradecida”.
Saldremos adelante otra vez, hasta que Dios así lo determine. Es mi confianza en el Dios de Abraham, Isaac y Jabob la que me levanta el ánimo. Sin esa fe, ya hubiera desmayado.
Espero y cobró aliento en el Dios y Padre de Jesucristo. Jesucristo me hizo conocer a Dios y es por eso que me levanto cuando quiero desmayar.
Los creyentes del Antiguo Testamento, que también desmayaban y se agotaban, nos exhortan a esperar y reponer energía en Jehová Dios. ¡Hagámoslo! Hoy, y mañana… y siempre.
Dios, como el sol, que está allí y calienta, aunque la neblina no nos permite verlo, está mirando y cuidando su creación. Por Dios estamos en esta tierra y por Dios seguiremos en ella. De él dependemos siempre. Dios no nos deja ni nos dejará, y mucho más, si es que ya hemos puestos nuestra fe en su Hijo Jesucristo, quien se dio a sí mismo, para salvarnos de nuestros pecados.
Dios es bueno siempre y siempre. Esta certeza es la que me da fuerzas. Su bondad está presente y la veo, y la seguiré viendo… si así él lo dispone.
¡Animémonos y cobremos aliento en Jehová nuestro Dios, cristianos! ¡Por él y solo por él nuestra perspectiva está bien enfocada!
¡Busquemos a Dios por medio de Jesucristo para encontrar fuerza y ánimo para hoy, y para los días que vienen, ciudadanos de Perú y del mundo!
¡Solamente en el Dios y Padre de Jesucristo hallaremos ánimo y esperanza para vivir sin desmayar en los difíciles días que se nos vienen!
“No nos cansemos de hacer, pues, de hacer el bien; por a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:9-10).
¡Sigamos haciendo el bien incansablemente! Ahora y siempre tenemos que hacerlo. Y, en este tiempo, muchísimo más. Y, quiero resaltar esta frase, el mayor bien que le podemos hacer al Perú y al mundo en este periodo de tiempo, es orar, orar y orar.
Orad sin cesar, dijo Pablo. Este es un mandato ineludible. Los cristianos estamos llamados a hacerlo todo el tiempo, y ahora muchísimo más. Está en juego el destino eterno y el bienestar de muchos peruanos. Nuestras autoridades tienen que estar incluidas en nuestras oraciones. Gobernar el Perú no es nada fácil, y menos en estas circunstancias. Nuestras autoridades necesitan nuestra intercesión. Publiqué un video sobre la necesidad de interceder más que nunca. Fue hace más de un mes. Hoy la situación en Perú está muchísimo peor y nuestras oraciones son indispensables y una gran ayuda invisible para todos quienes están en el frente de batalla contra este virus.
El reporte de ayer del del Ministerio de Salud, que adjunto en esta nota, nos presenta un cuadro preocupante, y más en el contexto de lo que viene. Tenemos ya 1286 muertos en todo el país. Lima, Callao, Piura, Chiclayo e Iquitos son las ciudades en las que el virus está causando mayor mortandad. ¡Necesitamos orar por quienes están allí!
La expansión del virus es un hecho innegable; la cuarentena evitó su propagación rápida, pero no la frenó. También es innegable la escasez de recursos de gran parte de la población. El sector privado, quien es el sostén financiero del país, es el que más ha sufrido. También es innegable que el gobierno ha empezado a levantar la cuarentena. No tiene otra opción, porque las personas ya estaban saliendo a pesar de la prohibición. Ahora la población saldrá mucho más y la infección por el virus posiblemente va a ser muchísimo mayor.
El gobierno hace lo que puede, y quizá podría hacer más, pero es obvio que su eficiencia, a pesar de su esfuerzo, no es la mejor (por la razón que fuese) y está en cuestionamiento. Hoy por hoy, son muchos sus críticos, aun entre quienes antes lo apoyaban. El cuadro se presenta preocupante y hasta desolador, pero el país está saliendo adelante y saldrá de esta pandemia gracias al esfuerzo de todos. El esfuerzo privado, especialmente, en sus diferentes niveles, a nivel personal, familiar y empresarial, es el soporte de nuestra país.
Ayer seguí el esfuerzo del vicariato de Iquitos por conseguir dinero para una planta de oxigeno en esa ciudad. La noticia de hoy es que la iniciativa ha superado las expectativas. Tienen el dinero para esa planta y aun más para medicina. Ahora solo falta que el Estado les facilite las cosas para que ese esfuerzo no se trunque por la burocracia. Se puede seguir esta noticia en el Facebook del Vicariato de Iquitos.
Lo hecho por el vicariato es un ejemplo de cómo el sector privado alivia a los ciudadanos en este duro momento. Así como este vicariato, hay muchos que están haciendo el bien a los que no tienen. Hay personas que en forma directa están alcanzando dinero y víveres a los que no han podido trabajar por la disposición del gobierno. Hay iglesias y empresas que están haciendo lo mismo. ¡Es muy alentador ser testigo de la solidaridad benefactora de los peruanos!
Eso sí, duele mucho por quienes han perdido familiares por causa del virus. Pero, y diré esto en defensa de quienes nos dirigen, nadie calculó suficientemente a este enemigo invisible, que aún merodea a nuestro alrededor. Sigamos cuidándonos y cuidando a otros. Que el amor a Dios, a nuestros prójimo y a nuestros hermanos en Cristo sea el móvil de nuestra vida en estos días y en los venideros.
¡Sigamos haciendo el bien incansablemente a todos! Y, como escribí, al inicio de esta nota, nuestras oraciones son la mejor manera de hacerle bien a todos los hombres en este y en todo tiempo. Pero, eso sí, nuestras oraciones tienen que ser acompañadas con ayuda material que sea indispensable para la vida esta tierra. Son muchísimos peruanos que necesitan y necesitarán este tipo de ayuda. También, al terminar, no nos olvidemos de hablarle a la personas que nos rodean sobre Jesús, el Salvador, para que crean en él y sean salvos, y estén listos para esta vida y la venidera. ¡Qué Dios nos ayude a hacer el bien incansablemente a cuantos podamos! Amén y amén.
“No nos cansemos de hacer, pues, de hacer el bien; por a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:9-10).
Los cristianos estamos llamados a orar por nuestras autoridades; hagámoslo. Se nos llama a someternos a quienes nos gobiernan; hagámoslo… sí y solamente sí, no nos piden que vayamos en contra de Dios y de su palabra. Se nos ordena pagarle los tributos; también hay que hacerlo, hasta donde podamos aunque, ciertamente, quienes hoy gobiernan, cobran por todo y, lo que es peor, para (por lo menos en Perú) despilfarrarlo, o robarlo, o invertirlo ineficientemente.
Empero, lo que nunca debemos hacer es confiar y confiar en nuestras autoridades, ni en las autoridades de los otros países, y menos en las autoridades de las potencias mundiales. No debemos confiar supremamente en ninguna autoridad de este mundo. El escritor del salmo 146 nos exhorta a no confiar en las autoridades ni en los hombres con la siguiente declaración: “No confíes en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos” (Salmo 146:3-4).
Para sustentar su petición, el salmista no se basa en la pecaminosidad y la falta de veracidad de los príncipes de este mundo y de todos los hombres, las cuales son suficientes para no confiar en ellos. No confiemos en las intenciones, en las palabras, en las disposiciones y menos en las acciones de quienes nos gobiernan. El salmista sustenta su petición en hechos indubitables que son propios de todos los seres humanos: 1) Las autoridades y los hombres no pueden salvar y es imposible encontrar salvación en ellos. 2) Las autoridades y los hombres no tienen el control del universo ni de las circunstancias en las que están inmersos, aunque ellos “crean” que sí lo tienen. 3) Las autoridades y los hombres son débiles y transitorios. No tienen ni la fuerza ni la durabilidad necesaria para darnos el socorro que necesitamos. 4) Las autoridades y los hombres tienen ideas y pensamientos que son débiles y pasajeros y tan efímeros como ellos. Por tanto, confiar nuestra vida y ponernos en manos de las autoridades y de los hombres es incierto e inseguro, y muy, pero muy peligroso.
Las autoridades pueden tener muy buenas intenciones. Lo cual, por cierto, muchísimas veces, tristemente, no es así, pues se mueven en función de sus propios intereses, no el de los gobernados. Empero, asumamos que siempre quieren hacer lo mejor en bien de los ciudadanos y que siempre nos dicen la verdad. Aún así, su capacidad para socorrernos y para ayudarnos no está en ellos, pues solamente son hombres imperfectos, y débiles, y muy limitados.
Aparte de lo ya dicho, los cristianos debemos recordar que son las autoridades de las naciones (con muy pocas excepciones en la historia) las que conducen a los pueblos a alejarse de Dios e ir en contra de él y su bendita voluntad. Esto es así y la Biblia tiene el registro que respalda esta verdad. Por ejemplo, la muerte de Cristo fue determinada, en el ámbito de humano visible, por una alianza entre las autoridades de aquellos días (Véase el Salmo 2 y también Hechos 4:24-28). También, tanto la batalla de Armagedón (Apocalipsis 16:12-16; 19:11-21) como la batalla de Gog y Magog (Apocalipsis 20:7-10), que son batallas contra Dios y Jesucristo, para impedir que asuman Su reino y lo establezcan eternamente, serán impulsadas y dirigidas por las autoridades de las naciones (Con la asesoría y la manipulación de Satanás, desde luego).
En vez de confiar en las autoridades, tenemos que confiar en Jehová, nuestro Dios. Confiemos en Dios y busquemos su ayuda. En Dios debe estar nuestra esperanza. Nadie más que él es soberano y todo suficiente en cualquier situación. Solamente él es confiable. Solamente él tiene el poder, la veracidad y la motivación justa y pura para darnos ayuda adecuada, suficiente y precisa.
Jehová nuestro Dios hace justicia a los agraviados. Jehová nuestro Dios da pan a los hambrientos. Jehová nuestro Dios liberta a los cautivos. Jehová nuestro Dios abre los ojos a los ciegos. Jehová Dios levanta a los caídos.
Jehová nuestro Dios se preocupa, se interesa y ayuda a aquellos que más lo necesitan. Jehová ama a los justos. Jehová guarda a los extranjeros. Jehová sostiene al huérfano y a la viuda. También, Jehová trastorna el camino de los impíos; es bueno que lo haga, para que los que roban y hacen mal no queden impunes.
En el contexto tan dramático que estamos viviendo; confiemos en Jehová Dios, no en nuestras autoridades. Miremos a Dios y a nuestro Señor Jesucristo antes que a los hombres. El socorro viene de nuestro Dios. La sabiduría y las fuerzas vienen de arriba, del trono de Dios, quien por su misericordia y su gracia, nos oye y acude a socorrernos.
El corona virus o el virus chino está haciendo estragos en todos los países. Hay muchos muertos y habrán más. Son muchos los que hoy están sufriendo esta enfermedad en carne propia y son todos los seres humanos los que padecen sus consecuencias, aun cuando no todos estén enfermos. La iglesia de Jesucristo, que es Su Cuerpo, en tanto humana y presente en este mundo, no está exenta ni ilesa de este virus y sus consecuencias. Empero, por causa de Dios y de Jesucristo Su Hijo, hoy más que nunca, nuestro testimonio y nuestra fe tienen que ser muy visibles.
Estamos sometidos a las autoridades humanas y a sus disposiciones al asumir esta pandemia; pero no confiemos en ellas, sino en Dios, porque es él en última instancia el soberano y el único que puede darnos ayuda y socorro oportuno. Solamente en él podemos confiar supremamente. Solo a él podemos darle nuestra vida entera sin ninguna decepción ni lamento.
Reposemos confiadamente en Dios. Al hacerlo, alabémosle y cantémosle, ahora y durante toda nuestra vida. Nuestro Dios es el Rey. Él nunca ha dejado ni dejará de reinar. Puede parecer que no está, pero no es así. Él está presente y muy atento a lo que está ocurriendo. Nada sucede en este mundo sin su autorización y sin los límites necesarios. Dios nunca le da a sus hijos y a la humanidad en su totalidad más de lo que ellos pueden sobrellevar.
¡Alabado sea Dios por siempre y siempre! ¡Siempre, siempre es seguro confiar y confiar en él y solamente en él! ¡La bienaventuranza y la dicha de los hijos de Dios está en confiar y poner toda su esperanza en Jehová Dios y en Su Hijo Jesucristo, quien se dio a sí mismo en rescate por todos! Amén y amén.
“Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.”(Levítico 19.32).
Las canas son propias de los ancianos. Los ancianos, desde la perspectiva divina, son personas especiales, preferentes y distinguidas. Ante ellos hay que levantarse, hay que ponerse en pie. Tenemos que pararnos ante su presencia. Un judío “no anciano” no podía quedarse indiferente en presencia de los ancianos. El rostro de los ancianos tenía que ser honrado por los “no ancianos”. Honrar tiene que ver con respetar, enaltecer, privilegiar y dar honor. Los ancianos judíos, por tanto, debían ser respetados, enaltecidos, privilegiados y dignos de todo honor. Eran los “no ancianos” los llamados a tratarlos en esa forma especial. (Foto: José Silverio y María Elena, mis padres, 88 y 85 años, respectivamente).
La posición de honor de los ancianos entre los judíos “no ancianos” era una disposición divina. Dios lo ordenó. Jehová puso “su firma” en el mandato. En consecuencia, la obediencia a este mandamiento era una expresión de tener “temor de Dios”. Temer a Dios implica amor, reverencia, respeto e incluso “miedo” a Dios. Por tanto, los líderes judíos y la sociedad judía “no anciana” expresaban que tomaban a Dios en serio cuidando digna y privilegiadamente a los ancianos.
Una persona, una familia, una comunidad, una nación y un mundo que no “se levanta” en presencia de los ancianos y que “no los honra” con respeto, reverencia, aprecio, amor, gratitud y con cuidado suficiente, conveniente, decente, honorable y decoroso, no teme ni respeta a Dios y, por tanto, lo desagrada, lo deshonra y no lo glorifica.
Los ancianos están muriendo en gran cantidad diariamente en estos días. Es así en Italia, en España, y en otros países, y también en Perú. El Corona virus está matando a los ancianos. (También a otros, desde luego).
De los 9 muertos anunciados por el Ministerio de Salud el 1 de abril de 2020, solo un tiene 26 años, los demás son de 59, 59, 60, 63, 65, 68, 69 y 89 años, en decir, entran en la categoría de ancianos.
Los ancianos están luchando, agonizando y muriendo, y siendo cremados o sepultados, “solos”, sin la compañía de sus seres queridos, en varias partes del mundo. Ahorita mismo, en algunos países, por la saturación de los hospitales, según testimonios que se difunden en las redes, los ancianos mueren sin siquiera ser atendidos, ya que se privilegia la edad y la condición potencial de sanarse. Esto no es aceptable delante de Dios. (Foto: Comunicado del Ministerio del Salud).
En Perú todavía no tenemos “una saturación” de los hospitales por causa del virus proveniente de China. El Ministerio de Salud ha informado que hay más de 1300 contagiados, de los cuales, 198 están hospitalizados. Ruego a Dios que no tengamos saturación de enfermos por este virus en los hospitales, para no llegar a la situación de Italia ni de España.
Yo, como muchos otros en Perú y en otros países, vivo con mis padres, que son ancianos y, por tanto, potenciales víctimas de este letal virus. Tengo que tener muchísimo cuidado.
Dios, en estos tres últimos días, me ha hecho pensar mucho en el texto que comento. Siendo franco, más que pensar, este texto me ha confrontado y me ha hecho hacerme esta pregunta: ¿Estoy yo cumpliendo la palabra de Dios y dándole respeto y cuidado honroso a los ancianos que están conmigo y que son mis padres? (Foto: Mis padres, un día en que mi hermana mayor llevó a la familia a comer en un restaurant campestre de Trujillo).
Cuidar a los ancianos no es tan fácil. Ese cuidado se hace muchísimo más difícil a medida que la edad va haciendo estragos en ellos y debilitando y hasta limitando sus facultades. Pero no importa cuán difícil y trabajoso sea atender respetuosa, honrosa, paciente y amorosamente a los ancianos, tenemos que hacerlo.
A los peruanos nos toca cuidar a nuestros ancianos. Quienes tenemos ancianos en casa, estamos llamados a darle respeto y cuidado digno. No solamente para que no se infecten por el virus, y porque es por ellos que somos lo que somos, sino porque Dios, nuestro Creador, Sustentador y Redentor es quien nos lo ordena.
Quienes somos discípulos de Jesucristo estamos obligados a ser un ejemplo de cumplir la palabra de Dios. Por tanto, tenemos que honrar, respetar y cuidar diligente a los ancianos que están en nuestro entorno. ¡Ayúdanos a hacer esto que tu mandas, oh Dios!
1) Oremos por ellos. 2) Evitemos que se expongan a la infección. 3) Hablemos con ellos para hacer más llevadero su confinamiento. 4) Leamos la Biblia con ellos para edificar sus almas y darles ánimo. 5) Estemos atentos a su estado de ánimo y a la narración de sus historias. 6) Llamémosles y mostremos nuestro interés y aprecio si estamos lejos. 7) Tengámosles paciencia, mucha paciencia, como ellos nos la han tenido a nosotros. 8) Caminemos y hagamos las cosas al paso de ellos, no al nuestro. 9) Acudamos a servirles y a atenderles tan pronto como ellos lo requieran. 10) Hagamos las tareas que ellos hacían y que ya no pueden hacerlas. 11) Seamos firmes, pero tiernos y dulces con ellos. 12) No nos cansemos de cuidarlos, y si nos cansamos, arrepintámonos pronto y sigamos atendiéndolos. (Foto: Mi madre con Lucas, su nieto. Cargándolo como nos cargó a sus 8 hijos cuando éramos niñitos. Mi padre la observa).
Tratemos a nuestros ancianos como quisiéramos que nos tratasen a nosotros cuando lo seamos. Tenemos que tener un cuidado especial por los ancianos y mucho más si estos ancianos son nuestros padres o nuestros familiares. Dios demanda que lo hagamos y debemos hacerlo.
Cumplamos la palabra de Dios y expresemos que tememos a Dios y tomamos en serio su palabra cuidando a quienes hoy son ancianos.
¡Qué Dios nos ayude a todos los “no ancianos” a cuidar de corazón a nuestros ancianos!
¡Qué Dios nos perdone a los “no ancianos” cuando fallamos en darle honor, respeto y cuidado amoroso a nuestros ancianos!
¡Qué el Espíritu Santo nos ayude y produzca en nosotros los “no ancianos” el carácter que él quiere por medio cumplir lo que su palabra manda respecto a como tratar los ancianos que están bajo nuestro cuidado! Amén.
“Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.” (Levítico 19.32).
(Foto que encabeza este artículo con el texto bíblico: Mi padre en la playa de Huanchaco, Trujillo, Perú).