¡Ánimo y esperanza para días difíciles!

Los días en Trujillo están siendo nublados y friolentos y, por ende, gráfican el ópaco y sombrío panorama que estamos viviendo los peruanos. Muchos infectados. Muchos muertos. Mucho miedo. El desaliento y la desesperanza cunden.
El virus chino sigue su mortal avance en forma imparable. Pero no es solo este virus. En Pucallpa, Requena e Iquitos también están el dengue y la influenza. Y otra enfermedad que no recuerdo.
El personal de salud está desprotegido y desmotivado. Los hospitales ya no dan para más.
A esto hay que añadirle el hecho de que a los trabajadores independientes se les cortó sus ingresos sin suficiente previo aviso. Ahora son las empresas más grandes las que han empezado a despedir gente, y se entiende, no han tenido ingresos, ¿cómo van a pagar.
Pero lo más terrible es la incertidumbre y la desesperanza que originan quienes nos dirigen. Fuimos el primer país de latinoamérica en paralizar y en encerrar a sus ciudadanos, pero, con toda esa ventaja, y por no haber fortalecido al personal de salud, ni optimizado y acrecentado el potencial sanitario, hoy somos el segundo país con más contagiados, después de Brasil.
Son muy pocos los que hoy defienden al gobierno de turno. No se ve un plan eficiente, si lo tienen. Parece que lo van armando en la marcha. De allí las disposiciones contradictorias.
Después de ya casi dos meses de sacrificio, tendríamos que estar mejor. Pero no es así, el virus chino ya está en todo el país y la noticia de cada ve más infectados y muertos es el pan del día.
Cada día que pasa el panorama se pone peor. No solamente por el virus, sino también por las enfermedades propias del otoño y el invierno. La pérdida de empleos y de ingresos de muchos peruanos también son hechos agravantes.
Pero, ¿No hay salida? ¿Estaremos mucho peor aún? Es posible. Pero los peruanos hemos pasado tiempos peores. Entre el 80 y 90 nuestro país estaba horrible. Los pasamos.
Con todo y nuestros males, hemos tenido años en los que el sector privado ha crecido y es de allí el ahorro y la buena imagen del país en el aspecto económico.
Pero, lo que me da ánimo y me encanta de ser peruano, es que mis compatriotas no se amilanan y se sobreponen a la adversidad. El peruano a aprendido a crecer y a prosperar aun cuando no le es fácil. Esta hermosa tierra del sol es preciosa, y exigente, pero fructífera y “agradecida”.
Saldremos adelante otra vez, hasta que Dios así lo determine. Es mi confianza en el Dios de Abraham, Isaac y Jabob la que me levanta el ánimo. Sin esa fe, ya hubiera desmayado.
Espero y cobró aliento en el Dios y Padre de Jesucristo. Jesucristo me hizo conocer a Dios y es por eso que me levanto cuando quiero desmayar.
Los creyentes del Antiguo Testamento, que también desmayaban y se agotaban, nos exhortan a esperar y reponer energía en Jehová Dios. ¡Hagámoslo! Hoy, y  mañana… y siempre.
Dios, como el sol, que está allí y calienta, aunque la neblina no nos permite verlo, está mirando y cuidando su creación. Por Dios estamos en esta tierra y por Dios seguiremos en ella. De él dependemos siempre. Dios no nos deja ni nos dejará, y mucho más, si es que ya hemos puestos nuestra fe en su Hijo Jesucristo, quien se dio a sí mismo, para salvarnos de nuestros pecados.
Dios es bueno siempre y siempre. Esta certeza es la que me da fuerzas. Su bondad está presente y la veo, y la seguiré viendo… si así él lo dispone.
¡Animémonos y cobremos aliento en Jehová nuestro Dios, cristianos! ¡Por él y solo por él nuestra perspectiva está bien enfocada!
¡Busquemos a Dios por medio de Jesucristo para encontrar fuerza y ánimo para hoy, y para los días que vienen, ciudadanos de Perú y del mundo!
¡Solamente en el Dios y Padre de Jesucristo hallaremos ánimo y esperanza para vivir sin desmayar en los difíciles días que se nos vienen!
Amén.

¡Sigamos haciendo el bien incansablemente! (Gálatas 6:9-10)

“No nos cansemos de hacer, pues, de hacer el bien; por a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:9-10).
¡Sigamos haciendo el bien incansablemente! Ahora y siempre tenemos que hacerlo. Y, en este tiempo, muchísimo más. Y, quiero resaltar esta frase, el mayor bien que le podemos hacer al Perú y al mundo en este periodo de tiempo, es orar, orar y orar.
Orad sin cesar, dijo Pablo. Este es un mandato ineludible. Los cristianos estamos llamados a hacerlo todo el tiempo, y ahora muchísimo más. Está en juego el destino eterno y el bienestar de muchos peruanos. Nuestras autoridades tienen que estar incluidas en nuestras oraciones. Gobernar el Perú no es nada fácil, y menos en estas circunstancias. Nuestras autoridades necesitan nuestra intercesión. Publiqué un video sobre la necesidad de interceder más que nunca. Fue hace más de un mes. Hoy la situación en Perú está muchísimo peor y nuestras oraciones son indispensables y una gran ayuda invisible para todos quienes están en el frente de batalla contra este virus.
El reporte de ayer del del Ministerio de Salud, que adjunto en esta nota, nos presenta un cuadro preocupante, y más en el contexto de lo que viene. Tenemos ya 1286 muertos en todo el país. Lima, Callao, Piura, Chiclayo e Iquitos son las ciudades en las que el virus está causando mayor mortandad. ¡Necesitamos orar por quienes están allí!
La expansión del virus es un hecho innegable; la cuarentena evitó su propagación rápida, pero no la frenó. También es innegable la escasez de recursos de gran parte de la población. El sector privado, quien es el sostén financiero del país, es el que más ha sufrido. También es innegable que el gobierno ha empezado a levantar la cuarentena. No tiene otra opción, porque las personas ya estaban saliendo a pesar de la prohibición. Ahora la población saldrá mucho más y la infección por el virus posiblemente va a ser muchísimo mayor.
El gobierno hace lo que puede, y quizá podría hacer más, pero es obvio que su eficiencia, a pesar de su esfuerzo, no es la mejor (por la razón que fuese) y está en cuestionamiento. Hoy por hoy, son muchos sus críticos, aun entre quienes antes lo apoyaban. El cuadro se presenta preocupante y hasta desolador, pero el país está saliendo adelante y saldrá de esta pandemia gracias al esfuerzo de todos. El esfuerzo privado, especialmente, en sus diferentes niveles, a nivel personal, familiar y empresarial, es el soporte de nuestra país.
Ayer seguí el esfuerzo del vicariato de Iquitos por conseguir dinero para una planta de oxigeno en esa ciudad. La noticia de hoy es que la iniciativa ha superado las expectativas. Tienen el dinero para esa planta y aun más para medicina. Ahora solo falta que el Estado les facilite las cosas para que ese esfuerzo no se trunque por la burocracia. Se puede seguir esta noticia en el Facebook del Vicariato de Iquitos.
Lo hecho por el vicariato es un ejemplo de cómo el sector privado alivia a los ciudadanos en este duro momento. Así como este vicariato, hay muchos que están haciendo el bien a los que no tienen. Hay personas que en forma directa están alcanzando dinero y víveres a los que no han podido trabajar por la disposición del gobierno. Hay iglesias y empresas que están haciendo lo mismo. ¡Es muy alentador ser testigo de la solidaridad benefactora de los peruanos!
Eso sí, duele mucho por quienes han perdido familiares por causa del virus. Pero, y diré esto en defensa de quienes nos dirigen, nadie calculó suficientemente a este enemigo invisible, que aún merodea a nuestro alrededor. Sigamos cuidándonos y cuidando a otros. Que el amor a Dios, a nuestros prójimo y a nuestros hermanos en Cristo sea el móvil de nuestra vida en estos días y en los venideros.
¡Sigamos haciendo el bien incansablemente a todos! Y, como escribí, al inicio de esta nota, nuestras oraciones son la mejor manera de hacerle bien a todos los hombres en este y en todo tiempo. Pero, eso sí, nuestras oraciones tienen que ser acompañadas con ayuda material que sea indispensable para la vida esta tierra. Son muchísimos peruanos que necesitan y necesitarán este tipo de ayuda. También, al terminar, no nos olvidemos de hablarle a la personas que nos rodean sobre Jesús, el Salvador, para que crean en él y sean salvos, y estén listos para esta vida y la venidera.  ¡Qué Dios nos ayude a hacer el bien incansablemente a cuantos podamos! Amén y amén.
“No nos cansemos de hacer, pues, de hacer el bien; por a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:9-10).

¡Agárrate de Dios y confía en él, no en quienes gobiernan las naciones!

Los cristianos estamos llamados a orar por nuestras autoridades; hagámoslo. Se nos llama a someternos a quienes nos gobiernan; hagámoslo… sí y solamente sí, no nos piden que vayamos en contra de Dios y de su palabra. Se nos ordena pagarle los tributos; también hay que hacerlo, hasta donde podamos aunque, ciertamente, quienes hoy gobiernan, cobran por todo y, lo que es peor, para (por lo menos en Perú) despilfarrarlo, o robarlo, o invertirlo ineficientemente.

Empero, lo que nunca debemos hacer es confiar y confiar en nuestras autoridades, ni en las autoridades de los otros países, y menos en las autoridades de las potencias mundiales. No debemos confiar supremamente en ninguna autoridad de este mundo. El escritor del salmo 146 nos exhorta a no confiar en las autoridades ni en los hombres con la siguiente declaración: “No confíes en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación. Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos” (Salmo 146:3-4).

Para sustentar su petición, el salmista no se basa en la pecaminosidad y la falta de veracidad de los príncipes de este mundo y de todos los hombres, las cuales son suficientes para no confiar en ellos. No confiemos en las intenciones, en las palabras, en las disposiciones y menos en las acciones de quienes nos gobiernan. El salmista sustenta su petición en hechos indubitables que son propios de todos los seres humanos: 1) Las autoridades y los hombres no pueden salvar y es imposible encontrar salvación en ellos. 2) Las autoridades y los hombres no tienen el control del universo ni de las circunstancias en las que están inmersos, aunque ellos “crean” que sí lo tienen. 3) Las autoridades y los hombres son débiles y transitorios. No tienen ni la fuerza ni la durabilidad necesaria para darnos el socorro que necesitamos. 4) Las autoridades y los hombres tienen ideas y pensamientos que son débiles y pasajeros y tan efímeros como ellos. Por tanto, confiar nuestra vida y ponernos en manos de las autoridades y de los hombres es incierto e inseguro, y muy, pero muy peligroso.

Las autoridades pueden tener muy buenas intenciones. Lo cual, por cierto, muchísimas veces, tristemente, no es así, pues se mueven en función de sus propios intereses, no el de los gobernados. Empero, asumamos que siempre quieren hacer lo mejor en bien de los ciudadanos y que siempre nos dicen la verdad. Aún así, su capacidad para socorrernos y para ayudarnos no está en ellos, pues solamente son hombres imperfectos, y débiles, y muy limitados.

Aparte de lo ya dicho, los cristianos debemos recordar que son las autoridades de las naciones (con muy pocas excepciones en la historia) las que conducen a los pueblos a alejarse de Dios e ir en contra de él y su bendita voluntad. Esto es así y la Biblia tiene el registro que respalda esta verdad. Por ejemplo, la muerte de Cristo fue determinada, en el ámbito de humano visible, por una alianza entre las autoridades de aquellos días (Véase el Salmo 2 y también Hechos 4:24-28). También, tanto la batalla de Armagedón (Apocalipsis 16:12-16; 19:11-21) como la batalla de Gog y Magog (Apocalipsis 20:7-10), que son batallas contra Dios y Jesucristo, para impedir que asuman Su reino y lo establezcan eternamente, serán impulsadas y dirigidas por las autoridades de las naciones (Con la asesoría y la manipulación de Satanás, desde luego).

En vez de confiar en las autoridades, tenemos que confiar en Jehová, nuestro Dios. Confiemos en Dios y busquemos su ayuda. En Dios debe estar nuestra esperanza. Nadie más que él es soberano y todo suficiente en cualquier situación. Solamente él es confiable. Solamente él tiene el poder, la veracidad y la motivación justa y pura para darnos ayuda adecuada, suficiente y precisa.

Jehová nuestro Dios hace justicia a los agraviados. Jehová nuestro Dios da pan a los hambrientos. Jehová nuestro Dios liberta a los cautivos. Jehová nuestro Dios abre los ojos a los ciegos. Jehová Dios levanta a los caídos.

Jehová nuestro Dios se preocupa, se interesa y ayuda a aquellos que más lo necesitan. Jehová ama a los justos. Jehová guarda a los extranjeros. Jehová sostiene al huérfano y a la viuda. También, Jehová trastorna el camino de los impíos; es bueno que lo haga, para que los que roban y hacen mal no queden impunes.

En el contexto tan dramático que estamos viviendo; confiemos en Jehová Dios, no en nuestras autoridades. Miremos a Dios y a nuestro Señor Jesucristo antes que a los hombres. El socorro viene de nuestro Dios. La sabiduría y las fuerzas vienen de arriba, del trono de Dios, quien por su misericordia y su gracia, nos oye y acude a socorrernos.

El corona virus o el virus chino está haciendo estragos en todos los países. Hay muchos muertos y habrán más. Son muchos los que hoy están sufriendo esta enfermedad en carne propia y son todos los seres humanos los que padecen sus consecuencias, aun cuando no todos estén enfermos. La iglesia de Jesucristo, que es Su Cuerpo, en tanto humana y presente en este mundo, no está exenta ni ilesa de este virus y sus consecuencias. Empero, por causa de Dios y de Jesucristo Su Hijo, hoy más que nunca, nuestro testimonio y nuestra fe tienen que ser muy visibles.

Estamos sometidos a las autoridades humanas y a sus disposiciones al asumir esta pandemia; pero no confiemos en ellas, sino en Dios, porque es él en última instancia el soberano y el único que puede darnos ayuda y socorro oportuno. Solamente en él podemos confiar supremamente. Solo a él podemos darle nuestra vida entera sin ninguna decepción ni lamento.

Reposemos confiadamente en Dios. Al hacerlo, alabémosle y cantémosle, ahora y durante toda nuestra vida. Nuestro Dios es el Rey. Él nunca ha dejado ni dejará de reinar. Puede parecer que no está, pero no es así. Él está presente y muy atento a lo que está ocurriendo. Nada sucede en este mundo sin su autorización y sin los límites necesarios. Dios nunca le da a sus hijos y a la humanidad en su totalidad más de lo que ellos pueden sobrellevar.

¡Alabado sea Dios por siempre y siempre! ¡Siempre, siempre es seguro confiar y confiar en él y solamente en él! ¡La bienaventuranza y la dicha de los hijos de Dios está en confiar y poner toda su esperanza en Jehová Dios y en Su Hijo Jesucristo, quien se dio a sí mismo en rescate por todos! Amén y amén.

Los ancianos, el Corona Virus y los no ancianos.

“Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.” (Levítico 19.32).

Las canas son propias de los ancianos. Los ancianos, desde la perspectiva divina, son personas especiales, preferentes y distinguidas. Ante ellos hay que levantarse, hay que ponerse en pie. Tenemos que pararnos ante su presencia. Un judío “no anciano” no podía quedarse indiferente en presencia de los ancianos. El rostro de los ancianos tenía que ser honrado por los “no ancianos”. Honrar tiene que ver con respetar, enaltecer, privilegiar y dar honor. Los ancianos judíos, por tanto, debían ser  respetados, enaltecidos, privilegiados y dignos de todo honor. Eran los “no ancianos” los llamados a tratarlos en esa forma especial. (Foto: José Silverio y María Elena, mis padres, 88 y 85 años, respectivamente).

La posición de honor de los ancianos entre los judíos “no ancianos” era una disposición divina. Dios lo ordenó. Jehová puso “su firma” en el mandato. En consecuencia, la obediencia a este mandamiento era una expresión de tener “temor de Dios”. Temer a Dios implica amor, reverencia, respeto e incluso “miedo” a Dios. Por tanto, los líderes judíos y la sociedad judía “no anciana” expresaban que tomaban a Dios en serio cuidando digna y privilegiadamente a los ancianos.

Una persona, una familia, una comunidad, una nación y un mundo que no “se levanta” en presencia de los ancianos y que “no los honra” con respeto, reverencia, aprecio, amor, gratitud y con cuidado suficiente, conveniente, decente, honorable y decoroso,  no teme ni respeta a Dios y, por tanto, lo desagrada, lo deshonra y no lo glorifica.

Los ancianos están muriendo en gran cantidad diariamente en estos días. Es así en Italia, en España, y en otros países, y también en Perú. El Corona virus está matando a los ancianos. (También a otros, desde luego).

De los 9 muertos anunciados por el Ministerio de Salud el 1 de abril de 2020, solo un tiene 26 años, los demás son de 59, 59, 60, 63, 65, 68, 69 y 89 años, en decir, entran en la categoría de ancianos.

Los ancianos están luchando, agonizando y muriendo, y siendo cremados o sepultados, “solos”, sin la compañía de sus seres queridos, en varias partes del mundo. Ahorita mismo, en algunos países, por la saturación de los hospitales, según testimonios que se difunden en las redes, los ancianos mueren sin siquiera ser atendidos, ya que se privilegia la edad y la condición potencial de sanarse. Esto no es aceptable delante de Dios. (Foto: Comunicado del Ministerio del Salud).

En Perú todavía no tenemos “una saturación” de los hospitales por causa del virus proveniente de China. El Ministerio de Salud ha informado que hay más de 1300 contagiados, de los cuales, 198 están hospitalizados. Ruego a Dios que no tengamos saturación de enfermos por este virus en los hospitales, para no llegar a la situación de Italia ni de España.

Yo, como muchos otros en Perú y en otros países, vivo con mis padres, que son ancianos y, por tanto, potenciales víctimas de este letal virus. Tengo que tener muchísimo cuidado.

Dios, en estos tres últimos días, me ha hecho pensar mucho en el texto que comento. Siendo franco, más que pensar, este texto me ha confrontado y me ha hecho hacerme esta pregunta: ¿Estoy yo cumpliendo la palabra de Dios y dándole respeto y cuidado honroso a los ancianos que están conmigo y que son mis padres? (Foto: Mis padres, un día en que mi hermana mayor llevó a la familia a comer en un restaurant campestre de Trujillo).

Cuidar a los ancianos no es tan fácil. Ese cuidado se hace muchísimo más difícil a medida que la edad va haciendo estragos en ellos y debilitando y hasta limitando sus facultades. Pero no importa cuán difícil y trabajoso sea atender respetuosa, honrosa, paciente y amorosamente a los ancianos, tenemos que hacerlo.

A los peruanos nos toca cuidar a nuestros ancianos. Quienes tenemos ancianos en casa, estamos llamados a darle respeto y cuidado digno. No solamente para que no se infecten por el virus, y porque es por ellos que somos lo que somos, sino porque Dios, nuestro Creador, Sustentador y Redentor es quien nos lo ordena.

Quienes somos discípulos de Jesucristo estamos obligados a ser un ejemplo de cumplir la palabra de Dios. Por tanto, tenemos que honrar, respetar y cuidar diligente a los ancianos que están en nuestro entorno. ¡Ayúdanos a hacer esto que tu mandas, oh Dios!

1) Oremos por ellos. 2) Evitemos que se expongan a la infección. 3) Hablemos con ellos para hacer más llevadero su confinamiento. 4) Leamos la Biblia con ellos para edificar sus almas y darles ánimo. 5) Estemos atentos a su estado de ánimo y a la narración de sus historias. 6) Llamémosles y mostremos nuestro interés y aprecio si estamos lejos. 7) Tengámosles paciencia, mucha paciencia, como ellos nos la han tenido a nosotros. 8) Caminemos y hagamos las cosas al paso de ellos, no al nuestro. 9) Acudamos a servirles y a atenderles tan pronto como ellos lo requieran. 10) Hagamos las tareas que ellos hacían y que ya no pueden hacerlas. 11) Seamos firmes, pero tiernos y dulces con ellos. 12) No nos cansemos de cuidarlos, y si nos cansamos, arrepintámonos pronto y sigamos atendiéndolos. (Foto: Mi madre con Lucas, su nieto. Cargándolo como nos cargó a sus 8 hijos cuando éramos niñitos. Mi padre la observa).

Tratemos a nuestros ancianos como quisiéramos que nos tratasen a nosotros cuando lo seamos. Tenemos que tener un cuidado especial por los ancianos y mucho más si estos ancianos son nuestros padres o nuestros familiares. Dios demanda que lo hagamos y debemos hacerlo.

Cumplamos la palabra de Dios y expresemos que tememos a Dios y tomamos en serio su palabra cuidando a quienes hoy son ancianos.

¡Qué Dios nos ayude a todos los “no ancianos” a cuidar de corazón a nuestros ancianos!

¡Qué Dios nos perdone a los “no ancianos” cuando fallamos en darle honor, respeto y cuidado amoroso a nuestros ancianos!

¡Qué el Espíritu Santo nos ayude y produzca en nosotros los “no ancianos” el carácter que él quiere por medio cumplir lo que su palabra manda respecto a como tratar los ancianos que están bajo nuestro cuidado! Amén.

“Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.” (Levítico 19.32).

(Foto que encabeza este artículo con el texto bíblico: Mi padre en la playa de Huanchaco, Trujillo, Perú).

¡Examinemos toda información que estamos recibiendo!

“Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal.”

(1 Tesalonicenses 5.21–22).

Examinar tiene los siguientes sinónimos en el diccionario en línea Wordreference: “investigar, comprobar, reconocer, inspeccionar, averiguar, indagar, observar, analizar, estudiar, verificar, mirar, ojear.” Dios quiene que examinemos bien todo lo que oímos, vemos y leemos. ¿Por qué? Porque lo que oímos, vemos y leemos formará nuestro pensamiento y nuestra acción respecto a uno u más hechos de la vida.

Luego de examinar todo, nos toca discernir qué es lo que desechamos, expulsamos, echamos fuera y qué es lo que retenemos, guardamos e introducimos a nuestra mente para hacerlo parte de nosotros. Este proceso, que es vital en la formación de nuestro juicio, tiene estar libre de maldad, ya que Dios nos ordena que retengamos lo bueno y nos abstengamos de toda especie de mal.

En consecuencia, los cristianos estamos llamados a examinar todo lo que oímos e introducimos a nuestra mente. Tenemos que hacer así con lo que oímos de quienes predican la palabra de Dios y mucho más todavía con la información política e ideológica que hay tras un hecho en todos los medios de comunicación que tenemos a nuestro alcance.

La resurrección de Jesucristo, que es un hecho históricamente irrefutable, tuvo una información política oficial, la cual se difundió gracias el poder mediático de aquel entonces. El párrafo que narra lo que ocurrió se encuentra en Mateo 28:11-15. En lo básico, la versión político mediática sostuvo que el cadáver de Jesús fue hurtado mientras lo guardias dormían y que el testimonio de los discípulos respecto a que él resucitó de entre los muertos era falso. Fue la versión político mediática la que quedó en la gran mayoría de gente de aquella generación de judíos que rechazó creer en Jesús para ser salvos: “Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.”

¿Por qué no se dijo la verdad respecto a la resurrección de Jesús? No se dijo la verdad porque el poder político mediático de aquel tiempo lo impidió. Quienes regentaban ese poder impusieron una narrativa del suceso que les era conveniente y que justificaba y respaldaba las acciones que ellos realizaron contra Jesús. Ellos pagaron para que su narrativa se divulgase y, tristemente, sí encontraron personas dispuestas a difundir su versión de los hechos.

Hoy pasa lo mismo con los acontecimientos respecto al Virus chino. No se difunde la verdad de los hechos, sino “la verdad” que el poder político mediático ideológico quiere que se impregne en la mente de los ciudadanos del mundo. Todas las autoridades de los países hacen eso: las chinas, las europeas, las estadounidenses, las japonesas, las rusas, las peruanas, etc. Son varias las autoridades mundiales que han dicho que están en guerra y en toda guerra el manejo de la información es vital. Es por eso que surge una información, luego otra, que la desmiente, y así sucesiva, y hasta simultáneamente. Todo está ocurriendo muy rápido y la información también viene y va con esa rapidez.

La guerra ahorita mismo ya no es solamente contra el virus y la preservación de la vida de la gente, sino también por cuál es el país o los países que van a ser hegemónicos luego de que esta pandemia termine. Por tanto, la información que se brinda está seleccionada, calculada, matizada y direccionada con fines geopolíticos, en unos casos, y con fines de sobrevivencia política en otros. Tenemos que examinar todo lo que oímos, vemos y leemos sobre el corona virus y sus consecuencias.

El virus está presente. Los muertos por el tal virus aumentan día a día. Las infecciones siguen enfermando a más personas. Muchos ciudadanos están confinados en sus casas. Son varios los países que están paralizados. El miedo, la incertidumbre y la preocupación están allí. Las medidas y la lucha de los gobiernos contra este virus son hechos ineludibles. Estamos en una guerra contra un enemigo invisible nunca antes vista hasta hoy.

Nosotros no podemos negar los hechos. Están allí. ¡Estamos afectados por ellos! Y mi intención al escribir esta nota no es la negación. Mi intención básicamente es la siguiente: escuchemos el consejo de Pablo y “examinemos todo” lo que oímos, vemos y leemos sobre lo que está ocurriendo. Juzguemos toda información a la luz de lo que la Biblia nos dice sobre el hombre y su naturaleza caída, pecaminosa y opuesta a Dios. No aceptemos así no más todo lo que se nos dice. Examinemos y juzguemos cada información que se nos brinda. Roguemos y pidamos en oración a Dios para que con su Espíritu Santo nos ayude a discernir lo verdadero de lo falso en toda información que recibimos.

Por último, al examinar los hechos que estamos viviendo y la información que se nos da sobre ellos, no caigamos en temor, ansiedad, frustración, desesperación ni ahogo. Mantengamos la fe y la esperanza. Estemos confiados. Recordemos que nuestro Dios reina y que nuestras vidas y la historia de la humanidad están en sus manos. Por Jesucristo, el Hijo de Dios, nosotros, los que le seguimos, tenemos vida eterna y esperamos en él y solo él tanto para nuestra vida en este mundo como para nuestra vida en el mundo venidero. ¡El Señor viene! (1 Corintios 16:22).

“Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal.” (1 Tesalonicenses 5.21–22).

¡Qué Dios nos ayude! Amén y amén.

¡Jehová pensará en mí! – Salmo 40.17

Hay tiempos en los que no se sabe qué hacer. La preocupación y la desesperación nos ahogan y nos inmovilizan. Son días aciagos, tristes y llenos de infelicidad. El Salmo 40 fue escrito por alguien que experimentó momentos así. En el verso 17, el salmista dice: “Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.” (Salmo 40.17). Su aflicción y su necesidad no lo derrumbaron porque él creía  y confiaba en Jehová Dios. Él sabía que no estaba solo en su agobiante situación: Jehová Dios estaba con él. Su afirmación certera, la que lo sostenía y le daba fuerzas para seguir de pie y “sonreír” en medio de su aflicción era este firme hecho: “Jehová pensará en mí“. Su Dios no solamente estaba allí y pensaba en él, sino que también obraría en su favor porque él era su ayuda y su libertador. En consecuencia, él termina su salmo pidiéndole a Jehová que “no se tarde” en ayudarle y liberarle de su ahogante circunstancia. Si usted está pasando un tiempo de aflicción, de preocupación, de confusión y de incertidumbre, mire a Dios. Si se ve acorralado, atrapado y sin salida; confíe en Dios. Recuerde que Dios está allí y que él piensa en usted y en su aflicción y necesidad. Usted no está solo. Dios no lo ha olvidado. Dios obrará a su favor en su momento. Confíe. Haga como el salmista, invóquele y pídale que obre a su favor. ¡Dios piensa en usted, le escuchará y le socorrerá! Amén.

Corona Virus e Intercesión – Ezequiel 22:30-31

Vivimos un tiempo singular. Hay dolor, tensión, impotencia, incertidumbre, desesperación, confusión y muerte. ¿Qué es lo que tenemos que estar haciendo en estos días los discípulos de Jesucristo? ¿Qué es lo que Dios quiere que hagamos? ¿Cómo es que nosotros podemos ayudar a quienes están infectados por el Corona Virus y a quienes están en la trinchera combatiendo esta pandemia? ¿Cómo es que desde nuestro “confinamiento” podemos contribuir y hacerle mucho bien a nuestros prójimos en todo el mundo? En este video comparto una acción que todos los cristianos podemos realizar y que ayudará muchísimo a todos quienes están luchando en esta batalla contra el Corona Virus y sus dramáticas consecuencias para los países y los ciudadanos de la tierra.

Viruschino, Cuarentena, Toque de queda, los discípulos de Jesucristo y Romanos 8.28

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8.28).

“Los que aman a Dios” en este texto son los que creen, siguen, aman, obedecen, sirven, alaban y esperan a Jesucristo, quien vino a esta tierra para salvar a los pecadores.

Estos que aman a Dios, “saben” y están convencidos de algo, que es cierto y que es consolador, alentador y muy fortalecedor. ¿Qué es lo que ellos saben? Lo que saben es que “todas las cosas” que ocurren en este mundo, ya buenas, o ya malas, “les ayudan a bien”. Al decir todas las cosas, se incluyen la pandemia presente y las disposiciones de las autoridades. Desde este texto, tanto la pandemia como las disposiciones restrictivas que las autoridades han determinado, son provechosas y muy útiles para las vidas de los cristianos y les ayudan para vivir en esta tierra y para vivir en la eternidad.

Dios tiene “su propósito” para todos aquellos le aman. Y es justamente para cumplir ese “su propósito” que él los ha llamado. Ese propósito de Dios para “los que le aman” es conformarlos a la imagen de Jesucristo y perfeccionarlos para que cumplan el mandato de hacer discípulos en todas la naciones. 

Siendo que Dios afirma que “todas las cosas nos ayudan a bien” y con la certeza de que él siempre dice la verdad, los discípulos de Jesús estamos llamados a ver y a percibir el bien para nuestras vidas en toda situación, ya buena o ya mala, ya fácil o ya difícil. (Foto: A la mayor parte cristianos de Perú, salvo pocas excepciones, nos gusta congregar, pero por ahora no podremos hacerlo).

Toda circunstancia en la que estamos inmersos, tanto por nuestra propia iniciativa y responsabilidad, como por la iniciativa y responsabilidad de otros, “es” provechosa y nos ayuda a bien. Esto es lo que el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo nos dice en Romanos 8.28.

En consecuencia, y en base a lo ya dicho, el Viruschino o Covid-19, y las decisiones que las autoridades están adoptando para combatirlo, nos deben ayudar PARA NUESTRO BIEN. Dios, quien es, en última instancia, el gobernante supremo, ha dispuesto que ambos hechos NOS AYUDEN en nuestro crecimiento a la imagen de Cristo y en nuestro perfeccionamiento para cumplir con la gran comisión.

¿Cómo nos ayudan a bien a los discípulos de Jesucristo el Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda que estamos viviendo? 

1. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a valorar a Dios y a nuestra vida con él. Dios es lo único seguro, permanente y realmente valioso que nosotros tenemos en esta vida. Su persona, sus obras y su voluntad son nuestro tesoro inquebrantable. Nuestra vida y todo lo que tenemos en esta vida son efímeras, pasajeras. Rápido, en un abrir y cerrar de ojos, las podemos perder; pero a él, a nuestro Dios, no. Él permanece para siempre. Así que, ahora, entretanto estamos confinados, busquémosle, conozcámosle y redediquémonos a él, para amarle, adorarle, alabarle y servirle con todo nuestro ser.

2. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a valorar a Jesucristo y lo que él ha hecho, hace y hará por nosotros. Conocemos a Dios por medio de Jesucristo. Jesucristo vino a salvarnos de nuestros pecados. Él murió por nosotros y resucitó para darnos vida. Él nos acompaña y está con nosotros todos los días hasta el fin de mundo. Él intercede hoy por nosotros ante Dios y vendrá por nosotros para llevarnos a su presencia para vivir con él por toda la eternidad. Este pequeñísimo virus está haciendo manifiesta la fragilidad humana y la inseguridad de la vida en esta tierra. Esta pandemia tiene que habernos convencido a todos que nada en este mundo es seguro. En cambio, Jesucristo y lo que ha hecho, hace y hará por nosotros, es lo más seguro y valioso que nosotros tenemos en esta tierra. Por tanto, creamos, obedezcamos, conozcamos, hablemos y esperemos en Cristo cada día nuestra vida. ¡No hay nada mejor que estar en Cristo y seguirle de todo corazón! (Foto: Mi barrio, siempre bullicioso; hoy luce muy silencioso).

3. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a enfocarnos en nuestra familia y en nuestra casa. La mayor parte de nosotros tenemos familia. Si estamos casados, tenemos esposa e hijos. Si no lo estamos, tenemos padres y hermanos. También tenemos otros familiares. Esta cuarentena nos obliga a estar con ellos todo el tiempo. Ahora que no tenemos que salir a trabajar, pasemos nuestro tiempo  en actividades espirituales, laborales y “distractivas” con nuestra familia. Conozcámonos, escuchémonos… conversemos. Saquémosle el jugo a este tiempo y que nuestra familia crezca, se anime y salga muy fortalecida en todo aspecto de su vida en esta situación.  ¡Aprovechemos el tiempo y disfrutemos de nuestra familia!

4. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a valorar nuestra iglesia local y las actividades congregacionalesAhora que están prohibidas las reuniones masivas por el gobierno y el temor al contagio por el viruschino, no podemos congregarnos. Esta disposición, que busca protegernos a nosotros mismos y también a otros, nos aleja físicamente a los unos de los otros. Eso significa que no podemos estudiar la Biblia, orar, adorar y cantar juntos. Empero, aunque es así, como iglesia aún tenemos que ver la manera de cumplir nuestros deberes fraternales y la tecnología nos puede ayudar mucho para eso. Estamos llamados a vernos como iglesia sin necesidad de un edificio físico. Ahora más que nunca el hecho de que somos un cuerpo espiritual nos obliga a orar, leer la biblia, cantar y adorar como familias en nuestras casas. Cuando esta pandemia termine, los discípulos debemos anhelar congregar e involucrarnos en las actividades de edificación de nuestras iglesias. (Foto: Mi iglesia local, siempre concurrida, por la pandemia, nos “congregaremos” virtualmente para cantar y oír la predicación desde nuestras casas).

5. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a valorar nuestras habilidades, a reenfocar nuestra manera de trabajar y a reinventarnos como trabajadores. El mundo no quedará igual luego que pase esta pandemia. Habrá una crisis financiera tremenda. Toda la cadena de pagos se quebrantará en nuestro país y en todos los países. ¿Cómo es que saldremos de la crisis financiera y cómo es que cubriremos  nuestras necesidades? La respuesta no admite discusión: Trabajando. Nuestra forma de trabajar tiene que ser mucho mejor que antes. Como cristianos, tenemos que honrar a Dios y glorificarle con nuestro trabajo; y haremos ambas cosas, y mejor, cuando trabajemos “como para el Señor, no para los hombres”, en cualquiera sea la actividad que laboremos. ¡Qué Dios nos ayude y cultive en nosotros la determinación de servirle trabajando mucho mejor!

5. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a no amar “al mundo ni a las cosas que están en el mundo”. En esta declaración no me refiero al mundo ni a las cosas que hay en él en el sentido necesariamente pecaminoso. Me refiero al mundo en su sentido bueno, bello y útil. Este mundo que Dios ha creado es bueno, hermoso y útil, aunque caído y bajo maldición. Además de esto, el ser humano “ha logrado” revertir la maldición divina y lo ha hecho confortable y cómodo. Es cierto que todavía hay zonas en las que esto no es así, pero mayormente el hombre ha logrado hacer “cómoda” la vida en este mundo. Esta “confortabilidad” hace que los hombres amen vivir y se apeguen a este mundo. Los cristianos no estamos exceptuados. A nosotros también nos atrae este aspecto del mundo y es por eso que tememos a la muerte y no la “valoramos” como lo que es: “la puerta” a estar con Cristo, “lo cual es muchísimo mejor”. Este mundo y lo que hay aquí no son para nosotros para siempre. Nosotros no debemos amar este mundo, sino el venidero. Nosotros no tenemos por qué arraigarnos aquí. Estamos de paso. Usemos lo que hay aquí para servir a Dios y extender su reino, no para alejarnos de él y de su voluntad. Esta pandemia debe ayudarnos a valorar la eternidad, y la tierra y los cielos nuevos que Jesucristo traerá cuando venga en su reino. (Foto: Después de las 8 de la noche, nadie sale de su casa. Ni la tienda de mi vecina vende a nadie desde esa hora).

6. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda deben ayudarnos a cultivar con mayor constancia y fidelidad las actividades básicas de la vida con Dios y el crecimiento espiritual. La oración, la lectura de la Biblia, la meditación y el canto tienen que ser nuestra ocupación en estos días. Tanto a nivel personal como a nivel familiar estas actividades básicas tienen que ser cultivadas. ¡Qué Dios nos ayude a leer la Biblia, a orar, a meditar y a cantar hasta que se levante la pandemia y más allá de ella! Amén.

7. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda deben ayudarnos a no confiar en el hombre ni en las autoridades en la forma en que confiamos en nuestro Dios. Esta pandemia y lo que sabemos hasta hoy de ella nos muestran indudablemente que el hombre es imperfecto e incapaz de darle seguridad permanente a sus semejantes. Las autoridades políticas no son confiables. No dicen la verdad. Siempre buscan su beneficio político sin importarle la verdad de los hechos y menos la verdad de Dios. Los hombres, en forma general, están alejados de Dios y quienes gobiernan los países, también.  Por eso, los cristianos, aunque oramos por todos los hombres para su salvación, y aunque oramos por las autoridades para que cumplan la voluntad de Dios, no nos aferramos a ellos. Nosotros esperamos en Dios, en lo que él ha dicho en la Biblia, su palabra, que es la verdad. Nuestra lealtad suprema es a Dios y a Jesucristo, Su Hijo.

El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda tienen  que ser interpretados y experimentados por nosotros los cristianos desde la perspectiva bíblica cristocéntrica y Romanos 8.28 es clave para hacer ambas cosas.

Este virus nos está afectando a todos. Las reuniones masivas están suspendidas y los discípulos de Jesucristo no podemos reunirnos. Nuestras autoridades lo han dispuesto y nos toca acatar y someternos. Empero, aún así, ahora mismo, al menos en Perú, nosotros no notamos en su dimensión real lo dramático de la situación, aun cuando ya hemos tenido que interrumpir y cambiar nuestra vida en gran manera. Lo que se viene será aún más fuerte. Italia y España son un ejemplo de lo que puede ocurrir. No coloco cifras aquí porque ustedes pueden oírlas en los noticieros, leerlas en los diarios, o buscarlas en internet para saberlo. (Foto: ¿Cuándo volverá a ser bullicioso mi barrio? No lo sé, pero espero que pronto).

Es posible que algunos de nosotros o de nuestra familia o de nuestra congregación contraiga el virus y hasta llegue a morir por el mismo, pero aún allí, Romanos 8.28 se cumplirá y ese suceso “nos ayudará para bien” porque, para nosotros, “el vivir es Cristo y el morir es ganancia”. ¡Qué grande es el desafío para nuestras almas y para nuestra fe que nos presenta esta pandemia!

Mi escrito está dirigido a todos aquellos que son seguidores de Jesucristo por haber puesto su fe en él de todo corazón. Si tú aún no estás siguiendo a Jesucristo, te animo a creer en él de corazón y a seguirle desde hoy hasta el fin de tus días. Jesucristo vino a la tierra a salvar pecadores, murió por los pecadores, resucitó de los muertos y está vivo. Él quiere salvarte de tus pecados y de la condenación eterna. Lo que tú tienes que hacer es pedirle que te salve, que te perdone sus pecados y que te de vida nueva. ¡Házlo, pídele a Cristo eso! Entrega tu vida a Jesús de todo corazón. Si lo haces, Dios te ayudará a enfrentar esta pandemia como su hijo y Romanos 8.28 será una realidad en tu vida.

¡Qué Dios nos ayude a enfrentar esta pandemia producto del virus chino a la luz de Romanos 8.28 y que nos ayude a encontrarle el provecho a fin de que crezcamos a la imagen de Jesucristo y seamos así perfeccionados para cumplir con ser testigos suyos a todos los que se relacionen con nosotros! Amén y amén.

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8.28).

Video: Mi barrio por causa de la declaratoria de emergencia y el toque de queda.

¡El mundo es de mi Dios! – IB Betel – Trujillo.

“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos.” (Salmos 24.1–2). 

El planeta tierra y todo lo que existe sobre ella, y el universo entero en el que ella está ubicada, le pertenece a Dios. Dios la hizo. Dios la sostiene. Dios la recreará.

Quienes vivimos aquí la administramos, y debemos administrarla conforme a lo que Dios ha dispuesto. Si la administramos bien, la disfrutaremos mejor, y agradaremos a Dios. Si la administramos regular, mal o muy mal, la sufrimos y desagradamos a Dios. Sin embargo, y tanto si hacemos bien o mal nuestro rol de administradores, nuestro planeta está en las manos de Dios. De él dependió su existencia. De él depende su subsistencia. De Dios también depende el final de nuestro planeta.

Cuando Dios determine el final del mundo y el universo en que vivimos, lo hará para darnos un nuevo planeta y un nuevo universo, en el cual mora la justicia. La Biblia dice claramente: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. (2 Pedro 3.10–13).

Los cristianos tenemos que recordar siempre que Dios es el dueño, el sustentador y el gobernante supremo de nuestro planeta y de todo el universo. El mal y los malos están aumentado. La élite que gobierna la mayor parte de los países del planeta está cada vez más lejos de Dios y de sus leyes. Empero, no será así para siempre. El día que Dios lo determine, Jesucristo, nuestro Salvador y Rey, vendrá tal y como se fue (Hechos 1.11), y pondrá otra vez en orden al planeta y a todo el universo.

Jesucristo, al venir, establecerá su reino y hará un planeta nuevo, que será eterno. Allí, en ese mundo nuevo, viviremos con él y disfrutaremos de su presencia y de todas sus bendiciones. Alegrémonos y gocémonos al vivir y al servir a Dios por medio de Jesucristo mientras estemos en este mundo, que está y estará seguro hasta que nuestro Señor así lo disponga.

Lean estas sus palabras: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está.” (Apocalipsis 21.5–6).

El día que temo, yo en ti confío – Testimonio.

La Biblia dice: “El día que temo, yo en ti confío.” (Salmo 56:3). Hoy ha venido esta palabra a mi mente y a mi corazón. El miedo, y específicamente, el miedo a morir es normal en todos los seres humanos. Hoy en mi vuelo a Iquitos sentí este miedo como no lo he sentido en ningún otro momento.

Nuestro vuelo atravesó una tormenta y experimentamos una fuerte turbulencia. Estábamos descendiendo para aterrizar cuando entramos a la turbulencia. No me fijé ni en el tiempo que duró ni filmé nuestro tránsito por la turbulencia porque en ese momento solamente atiné a agarrarme lo más fuerte que pude y a seguir las instrucciones del piloto del avión.

El avión no continuó con el descenso de aterrizaje por causa de la turbulencia. Sobrevoló Iquitos hasta salir de la turbulencia; luego, una vez que hubo calma, regresó y aterrizó normalmente.

Mientras estábamos en la turbulencia, hubo gritos de pánico, y risitas nerviosas, que son propias en quienes quieren controlar así su temor. Para algunos, que no se dejaron dominar por el miedo, la turbulencia la pasaron como una diversión… al inicio.

La turbulencia hizo que todos los pasajeros invoquemos a Dios. Algunos en silencio y otros en voz alta. En mi caso personal, siempre le digo a Dios que mi vida y mi muerte están en sus manos. Esta vez no fue la excepción.

Tomé las fotos y los videos que acompañan a este corto testimonio una vez que salimos de la turbulencia y había ya calma.

Gracias a Dios, antes de bajar del avión pude hablar la palabra de Dios a dos de los pasajeros. Lo hice porque se me preguntó si había tenido miedo. Les dije que sí, pero que creía en Jesucristo y me había encomendado a él.

Luego de testificar de mi fe en Jesús, los animé a tener fe en él. También, les cité a ellos una declaración de Jesús y otra de Pablo.

Estas son las declaraciones que vinieron a mi mente en ese momento: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive, y cree en mí, no morirá eternamente” y “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”.

¿Tuve miedo? Sí, claro sí que tuve miedo. En mi miedo lo que hice fue ponerme en las manos de Dios. No tenía ninguna otra alternativa. La Biblia dice: “El día que temo, yo en ti confío.” (Salmo 56:3).

Algo más que puedo testificar de esta mi experiencia. Sí, tengo algo más. Y tiene que ver con los pilotos que conducían el avión.

La destreza, la valentía y la firmeza de los pilotos de Latam para atravesar la tormenta me impresionaron y me hicieron recordar el Himno El Piloto de Galilea. Canté ese himno con mis compañeros en el seminario. Eso fue hace ya un buen tiempo. No tengo una grabación de cuando nosotros cantamos, pero pueden encontrar el himno en Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=Y7g3LQsx3K4

Cuando estamos en situaciones en las que nosotros no podemos hacer nada, confiemos en Aquel que sí sabe y que sí puede hacer lo que se necesita hacer. Nuestro Dios nos pide confiar en él y hay que hacerlo.

Todos los pasajeros tuvimos miedo, pero en nuestro miedo, no nos desesperamos ni intentamos nosotros conducir el avión para sacarlo de la turbulencia. Lo que hicimos es confiar y seguir las instrucciones de los pilotos del avión.

Así debemos hacer en nuestro peregrinaje en esta tierra. Debemos dejar en las manos de Dios aquello que ni podemos controlar ni solucionar. Tenemos que descansar en él y seguir sus instrucciones siempre, y más cuando estamos en situaciones en las que nosotros no tenemos ni poder ni capacidad para hacer algo.

¡Qué Dios nos ayude a confiar y a poner nuestras vidas en sus manos, siguiendo sus instrucciones cuando el miedo por “las turbulencias” y “los peligros” de la vida nos invada! Amén.

“El día que temo, yo en ti confío.” (Salmo 56:4).

Video: Gracias a la pericia de los pilotos, el vuelo aterrizó sin ningún contratiempo más.