“Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.” (Levítico 19.32).
Las canas son propias de los ancianos. Los ancianos, desde la perspectiva divina, son personas especiales, preferentes y distinguidas. Ante ellos hay que levantarse, hay que ponerse en pie. Tenemos que pararnos ante su presencia. Un judío “no anciano” no podía quedarse indiferente en presencia de los ancianos. El rostro de los ancianos tenía que ser honrado por los “no ancianos”. Honrar tiene que ver con respetar, enaltecer, privilegiar y dar honor. Los ancianos judíos, por tanto, debían ser respetados, enaltecidos, privilegiados y dignos de todo honor. Eran los “no ancianos” los llamados a tratarlos en esa forma especial. (Foto: José Silverio y María Elena, mis padres, 88 y 85 años, respectivamente).
La posición de honor de los ancianos entre los judíos “no ancianos” era una disposición divina. Dios lo ordenó. Jehová puso “su firma” en el mandato. En consecuencia, la obediencia a este mandamiento era una expresión de tener “temor de Dios”. Temer a Dios implica amor, reverencia, respeto e incluso “miedo” a Dios. Por tanto, los líderes judíos y la sociedad judía “no anciana” expresaban que tomaban a Dios en serio cuidando digna y privilegiadamente a los ancianos.
Una persona, una familia, una comunidad, una nación y un mundo que no “se levanta” en presencia de los ancianos y que “no los honra” con respeto, reverencia, aprecio, amor, gratitud y con cuidado suficiente, conveniente, decente, honorable y decoroso, no teme ni respeta a Dios y, por tanto, lo desagrada, lo deshonra y no lo glorifica.
Los ancianos están muriendo en gran cantidad diariamente en estos días. Es así en Italia, en España, y en otros países, y también en Perú. El Corona virus está matando a los ancianos. (También a otros, desde luego).
De los 9 muertos anunciados por el Ministerio de Salud el 1 de abril de 2020, solo un tiene 26 años, los demás son de 59, 59, 60, 63, 65, 68, 69 y 89 años, en decir, entran en la categoría de ancianos.
Los ancianos están luchando, agonizando y muriendo, y siendo cremados o sepultados, “solos”, sin la compañía de sus seres queridos, en varias partes del mundo. Ahorita mismo, en algunos países, por la saturación de los hospitales, según testimonios que se difunden en las redes, los ancianos mueren sin siquiera ser atendidos, ya que se privilegia la edad y la condición potencial de sanarse. Esto no es aceptable delante de Dios. (Foto: Comunicado del Ministerio del Salud).
En Perú todavía no tenemos “una saturación” de los hospitales por causa del virus proveniente de China. El Ministerio de Salud ha informado que hay más de 1300 contagiados, de los cuales, 198 están hospitalizados. Ruego a Dios que no tengamos saturación de enfermos por este virus en los hospitales, para no llegar a la situación de Italia ni de España.
Yo, como muchos otros en Perú y en otros países, vivo con mis padres, que son ancianos y, por tanto, potenciales víctimas de este letal virus. Tengo que tener muchísimo cuidado.
Dios, en estos tres últimos días, me ha hecho pensar mucho en el texto que comento. Siendo franco, más que pensar, este texto me ha confrontado y me ha hecho hacerme esta pregunta: ¿Estoy yo cumpliendo la palabra de Dios y dándole respeto y cuidado honroso a los ancianos que están conmigo y que son mis padres? (Foto: Mis padres, un día en que mi hermana mayor llevó a la familia a comer en un restaurant campestre de Trujillo).
Cuidar a los ancianos no es tan fácil. Ese cuidado se hace muchísimo más difícil a medida que la edad va haciendo estragos en ellos y debilitando y hasta limitando sus facultades. Pero no importa cuán difícil y trabajoso sea atender respetuosa, honrosa, paciente y amorosamente a los ancianos, tenemos que hacerlo.
A los peruanos nos toca cuidar a nuestros ancianos. Quienes tenemos ancianos en casa, estamos llamados a darle respeto y cuidado digno. No solamente para que no se infecten por el virus, y porque es por ellos que somos lo que somos, sino porque Dios, nuestro Creador, Sustentador y Redentor es quien nos lo ordena.
Quienes somos discípulos de Jesucristo estamos obligados a ser un ejemplo de cumplir la palabra de Dios. Por tanto, tenemos que honrar, respetar y cuidar diligente a los ancianos que están en nuestro entorno. ¡Ayúdanos a hacer esto que tu mandas, oh Dios!
1) Oremos por ellos. 2) Evitemos que se expongan a la infección. 3) Hablemos con ellos para hacer más llevadero su confinamiento. 4) Leamos la Biblia con ellos para edificar sus almas y darles ánimo. 5) Estemos atentos a su estado de ánimo y a la narración de sus historias. 6) Llamémosles y mostremos nuestro interés y aprecio si estamos lejos. 7) Tengámosles paciencia, mucha paciencia, como ellos nos la han tenido a nosotros. 8) Caminemos y hagamos las cosas al paso de ellos, no al nuestro. 9) Acudamos a servirles y a atenderles tan pronto como ellos lo requieran. 10) Hagamos las tareas que ellos hacían y que ya no pueden hacerlas. 11) Seamos firmes, pero tiernos y dulces con ellos. 12) No nos cansemos de cuidarlos, y si nos cansamos, arrepintámonos pronto y sigamos atendiéndolos. (Foto: Mi madre con Lucas, su nieto. Cargándolo como nos cargó a sus 8 hijos cuando éramos niñitos. Mi padre la observa).
Tratemos a nuestros ancianos como quisiéramos que nos tratasen a nosotros cuando lo seamos. Tenemos que tener un cuidado especial por los ancianos y mucho más si estos ancianos son nuestros padres o nuestros familiares. Dios demanda que lo hagamos y debemos hacerlo.
Cumplamos la palabra de Dios y expresemos que tememos a Dios y tomamos en serio su palabra cuidando a quienes hoy son ancianos.
¡Qué Dios nos ayude a todos los “no ancianos” a cuidar de corazón a nuestros ancianos!
¡Qué Dios nos perdone a los “no ancianos” cuando fallamos en darle honor, respeto y cuidado amoroso a nuestros ancianos!
¡Qué el Espíritu Santo nos ayude y produzca en nosotros los “no ancianos” el carácter que él quiere por medio cumplir lo que su palabra manda respecto a como tratar los ancianos que están bajo nuestro cuidado! Amén.
“Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.” (Levítico 19.32).
(Foto que encabeza este artículo con el texto bíblico: Mi padre en la playa de Huanchaco, Trujillo, Perú).
