Dicha o desdicha del pueblo: El impacto de elegir buenos o malos gobernantes.

El Pueblo y su dicha o su desdicha, que depende de quienes ejercen el poder y la autoridad en él. Un análisis de Proverbios 29:2.

El contexto macro, ya desdichado o lleno de felicidad, es crucial para que los ciudadanos de una nación trabajen y prosperen en forma personal, familiar y nacional. Y este contexto está en sus manos, en última instancia, y en las manos de aquellos a quienes ellos le entregan el poder y la autoridad de gobernarlos. 

El pueblo es el beneficiado o el perjudicado en forma crucial y directa por el gobernante que lo conduce. El gobernante será beneficioso o perjudicial para el pueblo en función de su carácter moral y del carácter moral de quienes “lo” llevan al poder y “lo” sostienen en él. El carácter moral justo, que es lo opuesto a la impiedad e injusticia, es esencial y tiene que ser cultivado por todos los ciudadanos de toda nación para tener un gobierno que les dé alegría, no tristeza.

Un texto bíblico resume el estado del pueblo en función de quienes lo gobiernan con esta declaración: “Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas cuando domina el impío, el pueblo gime.” (Proverbios 29:2).

Los peruanos, que hoy tendremos un nuevo gobierno, tenemos que aprender esta afirmación bíblica y considerarla muy seriamente, para vivirla, para practicarla. El gobernante que tenemos “depende” de nosotros. En el pasado, las autoridades nos eran impuestas y nosotros no teníamos sino que aceptarlas y someternos. En el presente, sin embargo, nosotros tenemos un rol vital. Somos nosotros quienes elegimos y sostenemos a quienes nos gobiernan.

Proverbio 29:2 nos da la ligazón consecuente entre el gobernante, el pueblo y su bienestar o perjuicio, y la justicia o la impiedad que se cultiva en ellos. La secuencia es fácil de captar y asimilar.

El gobierno de los justos trae justicia y alegría al pueblo.

El diccionario español define al justo como alguien: 1) Que obra según la justicia y la razón, 2) Que se conforma a la justicia, la razón o la ley, 3) Que es imparcial y que da a cada quien lo que le corresponde, 4) Que es exacto, cabal o adecuado y 5) Que vive según la ley divina o moral y que se caracteriza por la piedad y la fe.

En Proverbios 29:2 la palabra “justos” -incluye las definiciones del idioma español-, pero pone la carga de su significado en que estas personas: 1) Temen y respetan y reverencian a Dios, 2) Se alimentan y viven en función de la leyes del Dios al que obedecen, 3) Se enfocan y buscan siempre el bienestar de quienes están bajo su cuidado y a su alrededor; el bien común es el norte de su vida y 4) Son la antítesis y lo opuesto a los impíos, que son las personas que viven en función de sí mismos, sin tomar en cuenta a su prójimo y menos a Dios. 

La palabra justos, en el texto, es especifica y se enfoca en quienes gobiernan y dominan al pueblo. Se presenta el hecho concreto de que el dominio de los justos resulta en alegría y regocijo en el pueblo. El porqué es así está ligado por el hecho de que los justos revisten de su carácter las normas, las leyes, las prácticas y el ejercicio de su poder y su autoridad en y ante el pueblo.

Un gobierno de los justos llenará de alegría a los ciudadanos porque se caracterizará: 1) No por el capricho personal ni en la ambición egoísta, sino por el afán de servir y brindar un buen ambiente de vida a todo el pueblo. 2) Por la equidad y la igualdad ante la ley de los gobernados, 3) Por la verdad, la transparencia y la ausencia de corrupción en el aparato gubernamental y la burocracia, 4) El cuidado digno y solidario de los vulnerables e indefensos de la población y 5) Por el respeto y el temor a Dios por parte de los gobernantes y de todo el pueblo.

Pero, siempre hay un pero, en este mundo. Si quienes gobiernan son impíos, el pueblo gemirá, y mucho.

El Gobierno de los impíos trae injusticia y gemido al pueblo.

El gobierno de los impíos es la antítesis del gobierno de los justos y el proverbista lo contrasta magistralmente: “… mas cuando domina el impío, el pueblo gime”, declara.

El impío se caracteriza por vivir fuera de la justicia y la razón. El impío no trata a todos por igual ni en base a la ley, sino en función de su preferencia personal; él no le da a cada quien lo que le corresponde. Su móvil no es el bien común, sino su propio beneficio y el de sus allegados. Por último, el impío no toma en cuenta a Dios y no le preocupan sus leyes y su buena voluntad; esa es la raiz de su impiedad.

El impío, por tanto, es un gobernante malo. La injusticia institucionalizada por su iniciativa y su ejemplo hará sufrir a su pueblo. El peso de la corrupción, el abuso de poder y la desprotección generarán gemido y padecimiento en los ciudadanos.

Los ciudadanos se lamentarán, se quejarán y padecerán impotentes a ese tipo de gobernante y de gobierno porque ellos tienen protección legal y el monopolio de la fuerza para mantenerse en el poder. “Derrocar” y “liberarse” de un gobierno de los impíos es muy complicado y difícil, de allí que el sufrimiento y el gemido del pueblo es muchísimo mayor. (Cuba, Venezuela, son casos emblemáticos y actuales de este tipo de gobiernos).

El cultivo de la justicia como valor supremo en el pueblo es esencial para que siempre gobiernen los justos.

En el tiempo presente la elección de los gobernantes está en manos del pueblo, de los ciudadanos. Son ellos quienes escogen por medio de su voto al gobernante de sus naciones. Esto es así en muchos de los países de este mundo, en especial, en las regiones influenciadas por la cultura occidental.

Los ciudadanos, en consecuencia, tienen que esforzarse en ser justos y en cultivar la justicia en su modo de vivir. El desarrollo del carácter moral acorde con la imagen del Dios creador y de la dignidad humana deben ser la vivencia y la práctica de toda la ciudadanía.

La vida justa, que se caracteriza por valorar la vida, la libertad, la propiedad privada, la seguridad y la prosperidad, es conforme al sentido común y a la racionalidad.

La sociedad tiene que cultivar la justicia en su vida personal, familiar y comunal. Es imprescindible que lo haga. Es urgente.

Si todos los ciudadanos nos esmeramos y acrecentamos la justicia en nuestro modo de vivir, la probabilidad de “gobiernen” los justos y no los impíos será mucho mayor, lo cual nos evitará la desdicha, y nos atraerá la alegría y la felicidad de vivir en una nación con paz, seguridad y prosperidad.

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Esperar en Jehová cuando las fuerzas decaen: La certeza que evita el desmayo.

El cristiano, que es aquel que cree, sigue y confía en Dios por medio de Jesucristo Su Hijo, testifica que sus fuerzas y su ánimo en cualquier situación que experimenta vienen de Jehová Dios.

El que sigue a Jesucristo no está exento de circunstancias en las que todo le es oscuro y sin salida visible delante de sus ojos. Esos momentos son terriblemente dolorosos y desgarradores. El cerco le quita energía y el desvanecimiento es inminente. Empero, en el momento de la rendición y de la derrota, se levanta y se pone en pie. ¿Por qué?

Porque Dios está presente. Es su fe en Dios la que lo levanta. El creyente que escribió el Salmo 27 testifica el porqué él no se desmayó en todo contexto hostil que atravesó: “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes.” (Salmos‬ ‭27‬:‭13‬).‬‬

La certeza de ver “la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes” evitó su colapso y su desmayo. Esa certeza lo hizo ponerse en pie para experimentar y disfrutar precisamente de la bondad de Dios al vivir en este mundo. Dios no es solo real allá, en la eternidad infinita y en lo más alto de los cielos … él también es real aquí, en la tierra de los vivientes, en nuestro planeta, en nuestro alrededor. Dios es cercano a nosotros en nuestro día a día en Jesús, quien es Emanuel, Dios con nosotros.

En consecuencia, y con mayor razón, quienes creemos en Jesús “no desmayamos” en los momentos críticos. Nosotros nos hablamos a nosotros mismos en voz alta y nos decimos estas palabras: “Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.” (Salmos‬ ‭27‬:‭14‬).

Dios no nos ha ofrecido un camino sin obstáculos ni peligros. “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”, ha dicho Jesús Su Hijo (Juan 16:33). Pablo, su apóstol, también dijo: “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22). No. Nunca se nos ofreció que seguirle sería tener todo cómodo y arreglado.

Dios siempre es veraz y claro. Su promesa crucial en Cristo Jesús es que no nos va dejar solos nunca. Siempre podemos confiar en él en cualquier circunstancia. Esto si es algo que nunca debemos obviar ni olvidar.

Aguardar, esforzarnos, alentarnos y esperar a Dios en Cristo Jesús por la dirección y el estímulo del Espíritu Santo en base a la fe en Su Palabra escrita en la Biblia es la mejor manera de atravesar por el valle de sombra de muerte. Amén.

Lo que pasa y lo que permanece: La garantía del reino eterno de Jesucristo.

“Todo, todo, absolutamente, pasará, acabará, terminará; pero …”

Estaba buscando una foto para un escrito, y me detuve en ésta, que es del año 2013. Estoy en Coletas, Las Lomas, Piura, Perú. Fui para enseñar un curso bíblico a mis hermanos en Jesucristo de esa parte de la sierra de mi país. Cuando vi la foto, mis ojos se enfocaron en el polo que visto, y que fue estampado por una compañía que ya pasó, que ya no existe más.

Pero mis pensamientos no se quedaron solo en la transitoria compañía, sino en lo pasajero y efímero de todo lo que se alcanza a ver en la fotografía: Toda esa ropa y también mis zapatos, que me gustaban muchísimo, por lo práctico, cómodo, y de buena calidad que eran, ya no existen, se deterioraron, se acabaron.

Yo mismo, que en el tiempo de la fotografía tenía menos edad, más fuerza, más lozanía, y que aunque todavía estoy, y soy, ya estoy pasando y en camino a acabar como han acabado muchos otros que fueron antes de mí. Somos transitorios, pasajeros. Nosotros también terminamos en esta vida. No podemos evitar que dejemos de existir a este mundo. El salmista lo reconoció con estas palabras: “El hombre es semejante a la vanidad; Sus días son como la sombra que pasa.” (Salmos 144:4).

Detrás de mí hay viviendas, cercas y sembríos, que aunque muy posiblemente duren más que quienes las hicieron, también pasarán y dejarán de ser, no existirán para siempre y que, aunque no he vuelto a Coletas desde aquella mi visita, es muy posible que ya no existan y que ya no sean como fueron cuando tomé la fotografía.

Por último, en la fotografía se ve una porción de los cielos y de la tierra que, aunque duran mucho más que lo que hay en ellos y que los seres humanos, también pasarán y dejarán de ser. En la escritura, este hecho es clarísimo. Está escrito: Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” (2 Pedro 3:10).

Reitero, “Todo, todo, absolutamente, pasará, acabará, terminará; pero …”. Existe un pero, ese pero me llevó a lo que no pasará, a lo que es permanente y a lo duradero. Existe lo eterno, lo que es para siempre. Mis pensamientos no se quedaron en lo transitorio; mi mente fue a Jesucristo y a su reino.

El profeta Daniel habló de Jesucristo muchos años antes de que él viniese a la tierra. Sus palabras, anticipando lo sempiterno de su reino, fueron: “Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.” (Daniel 7:14).

Daniel vio lo pasajero de todos los hombres, de todos los grandes reyes, y de los reinos e imperios que edificaron y que ya fueron, que ya pasaron. Es cierto, eso sí, que todavía estamos viviendo en el último reino de los hombres, el cuarto, el cual todavía está presente (Daniel 7:17). Pero luego, cuando llegue el tiempo, este reino también acabará y pasará, para dar lugar ya para siempre al reino de Dios, al reino de eterno de Jesús el Cristo, Dios hecho Hombre.

Esa fotografía suscitó todos estos pensamientos en un instante. He tardado más en escribir lo que pensé, que en pensarlo. Todo ocurrió muy rápido.

“Todo, todo, absolutamente, pasará, acabará, terminará; pero el reino de Jesús, Dios Hijo, Dios hecho Hombre por nuestro bien, es eterno, que nunca pasará, ni será destruido jamás.” Este fue el pensamiento completo que se genero en mi mente a partir de esa vieja foto.

Todo, todo pasará, pero en Jesucristo todo se eternizará gozosamente.

A ese reino eterno y duradero se puede uno asimilar y ser un ciudadano ya desde este mundo pasajero. Lo único que uno tiene que hacer es creer y seguir a Jesucristo de todo corazón. Si lo hacemos, si confiamos en él y nos hacemos sus discípulos, sus seguidores, él nos recibirá y nos aceptará como cuidados de su reino.

Está escrito así de todos aquellos que creen en Jesús y le siguen: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” (Filipenses 3:20-21).

El tiempo de ser ciudadanos del reino de Cristo es ahora, aprovechémoslo. Creamos y sigamos a Jesucristo ya. No hay tiempo que perder. Amén.

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El hábito de Reconocer y honrar: El ejemplo de Pablo con los colaboradores de la iglesia que tenemos que imitar.

¿Damos por sentado el trabajo de los voluntarios en la iglesia? Un análisis somero de Romanos 16 y el hábito paulino de honrar a quienes cooperan en la obra de Dios. El dar el honor que les corresponde les ayudará a trabajar voluntariamente con mayor gozo aún.

Necesitamos reconocer a quienes cooperan y sirven en las labores de las congregaciones de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Esta reflexión sobre el valor del servicio voluntario en la congregación local y la importancia de visibilizar a quienes sirven por amor a Dios me vino a la mente justo este domingo que pasó. Se las comparto para edificación.

Pablo, el apóstol de Jesucristo a los gentiles, tenía un hábito que quienes hoy apacientan y presiden las iglesias de Jesucristo deben imitar continuamente: Él reconocía y saludaba delante la iglesia a los hermanos en Cristo que lo apoyaban y cooperaban en la obra de Dios.

Todo el capítulo 16 y los nombres y saludos que hay en él son la evidencia.

Fijémonos solo en este texto como evidencia de su tan estimulante hábito: “Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor.” (Romanos ‭16‬:‭12‬). En el capítulo hay muchos otros nombres con sus respectivos reconocimientos. No cito más ejemplos porque, como dice el dicho: “Para muestra solo basta un botón.”

Los hermanos que sirven a Dios y que cooperan con los siervos de Dios y con la iglesia local en las diferentes actividades lo hacen voluntariamente, por gratitud a nuestro Señor Jesucristo. Ellos no ganan dinero por su labor. Su trabajo es, por lo general, una ofrenda de amor a Dios por su obra salvadora.

Mucho del trabajo que se realiza en las iglesias locales de hoy es posible gracias a la buena voluntad de estos nuestros hermanos en Cristo. La dirección de los servicios, las enseñanzas a los diferentes grupos, la administración del dinero, la impresión de materiales educativos, el liderazgo de las áreas de trabajo, etc., son una realidad debido a la disposición de los hermanos voluntarios.

Ellos no están buscando que los reconozcamos y felicitemos por su labor, pero eso no significa que no debamos hacerlo. Seguro que ni Trifena, ni Trifosa, ni Pérsida buscaban reconocimiento humano por su labor, pero eso no evitó que Pablo las mencionase por su nombre y resaltara su labor ante los hermanos.

Esta práctica paulina vino a mi mente este fin de semana porque fui testigo del reconocimiento a los maestros que sirven en la IB Nueva Jerusalén de Florencia de Mora, Trujillo, Perú. Dios me llevó allí para enseñar y para participar también en ese reconocimiento con palabras de aliento a ellos.

Lo que vi me dio luz sobre lo que podemos hacer para honrar a estos hijos De Dios:

1. Podemos mencionar su trabajo y el tiempo que dedican a hacerlo para que los hermanos de la Iglesia los valoren.

2. Podemos darles menciones honrosas por su labor y algún presente significativo como recompensa simbólica.

3. Se puede hacerles un programa especial con un bocadillo en honor a su labor. (Eso es lo que hicieron el domingo).

4. Se les puede dar una ofrenda por su labor al menos una o dos veces por año. (Según la iglesia pueda).

5. También se les puede llevar de paseo a algún lugar de la ciudad que sea atractivo. Estas son algunas ideas, pero cada iglesia sabrá lo que puede hacer. Lo esencial es hacerlo.

Doy gracias a Dios por el pastor Joel que me dio el privilegio de compartir la palabra de Dios a los hermanos de la congregación y a sus maestros. Disfruté un buen tiempo de comunión con ellos. Aprecio y valoro a quienes sirven a Dios, también a los siervos de Dios que consideran y expresan su gratitud a sus colaboradores.

Finalizo mi escrito reiterando lo que acabo de escribir: Agradezcamos y honremos a quienes cooperan con nosotros y que hacen posible la planificación y la ejecución de todas las actividades que programamos para Dios y para nuestros hermanos en nuestras congregaciones y fuera de ellas. Amén.

Foto: El pastor Joél, su esposa y los hermanos en Cristo que sirven como maestros en la congregación que pastorea. También fui añadido al grupo, fue mi privilegio.

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Metámonos al mundo, hijos de Dios.

“El cristiano, el hijo de Dios, tiene que vivir entre los seres humanos, es Dios quien así lo ha dispuesto. Es allí donde cada cristiano y la iglesia toda cumple su misión.”

La Inmersión de los cristianos en el mundo es el propósito de Dios para su iglesia. La voluntad de Dios es la movilización y la dispersión evangelizadora, discipuladora y alumbradora de sus hijos, de todos y cada uno de ellos. Él quiere a la iglesia de Cristo en el mundo, entre la gente, entre los ciudadanos del reino de las tinieblas, alumbrándolos con la luz de Cristo y mostrándoles el camino que Él es, para que crean, lo sigan y lleguen así hasta Dios.

La voluntad de Jesús para todos los que le seguimos está claramente expresada en Sus palabras: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. … Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo» (San Juan 17:15, 18). Jesús quiere a sus discípulos en el mundo. Es incuestionable.

La inmersión diferenciada y luminosa de los discípulos de Jesucristo en la oscuridad de los hombres es el propósito de Dios para ellos mientras estén en esta tierra. Tiene que haber hijos de Dios en todas las áreas donde hay seres humanos. Los cristianos tenemos que resplandecer en medio del mundo (Filipenses 2:14-16).

El cristiano tiene que estar entre su familia que todavía no sigue a Jesús. No debe aislarse ni apartarse de sus vecinos. Sus conciudadanos tienen que verlo brillar con la luz de Jesucristo dondequiera que vaya. Sus buenas obras deben llevar a la gente a glorificar a nuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:14-16).

Toda la gente de este mundo necesita a Jesucristo. Dios ha escogido que seamos nosotros quienes le mostremos su salvación. Nuestras vidas, transformadas por Jesús, deben permanecer abiertas y cercanas a las personas: en el hogar, el trabajo, los estudios, los negocios y los lugares de recreación.

Si tú sigues a Jesucristo y quieres cumplir esta voluntad de Dios, te sugiero:

  1. No tengas miedo de vivir entre quienes aún no son hijos de luz. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo están contigo, te protegen y obran en ti por medio de la palabra escrita.
  2. Ama a la gente como Cristo la ama y da tu vida por su salvación. Tu presencia es vital. Ellos deben ver a Cristo en ti. Muere a tu viejo hombre y no cedas a sus deseos ni reacciones. Sé un canal de su gracia y vida eterna, no un tropiezo.
  3. Fortalece tu fe cada día en la Palabra de Dios, interpretada evangélica y Jesus-céntricamente. La luz de Cristo es superior a las tinieblas de este mundo y la Biblia así lo declara. La verdad de Dios tiene que estar implantada en tu mente y corazón. 
  4. Ora continuamente. Que la oración sea tu respiración. Ora por lo fácil y por lo difícil. Habla con Dios ya por lo pequeño como por lo muy grande. Necesitas a Dios en oración en todo instante.
  5. No ames ni codicies los valores de este mundo. Todo ellos son opuestos a Dios. Tú caminas hacia la eternidad. Lo pasajero no debe seducirte en ningún momento. Tu vida en Jesús y sus valores son superiores a los mejores ideales del mundo pasajero.
  6. Vive la victoria de Cristo sobre el pecado, el mundo y el diablo. Esta triología malévola ya no tiene poder sobre ti. Jesucristo ya la venció y su victoria es también tuya (1 Juan 5:4-5). Vive esa victoria valientemente entre la gente de este mundo para estimular a la gente a salir de él creyendo en Jesús.

Nuestra inmersión en el mundo no entra en conflicto con congregarnos como iglesia. Al contrario, la Biblia nos exhorta a no dejar de congregarnos, sino a animarnos y estimularnos unos a otros (Hebreos 10:24-25). Nos reunimos precisamente porque la mayor parte de nuestra vida la pasamos dispersos entre las personas de este mundo, cumpliendo el mandato de nuestro Señor.

Metámonos al mundo, hijos de Dios. Mostremos a Jesucristo viviendo y trabajando entre la gente. Visibilicemos al Dios invisible por medio de nuestras vidas transformadas. No tengamos miedo. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen guardada nuestra vida siempre por su gracia y su buena voluntad. Amén.

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El fantasma y el espíritu de Corinto hoy: Cuando la carnalidad y el sectarismo sustituyen a Jesucristo y a la Biblia sin siquiera notarlo.

La “corintización” de la Iglesia: El peligro moderno de colocar sin intención a los hombres y a sus palabras en el lugar de Jesucristo y Su Palabra escrita.

La Iglesia de Jesucristo, la verdadera, la única que existe, es una y está unida indivisiblemente con Su Cabeza y Su Salvador, Jesús, Dios hecho Hombre, quien también es singular y único, porque no existe y no hay nadie como él.

Los cristianos, forma personal e individual, y la iglesia de nuestro Señor, en forma congregacional, no nos identificamos (y no debemos identificarnos) con nadie excepto y únicamente Jesús de Nazaret. Para nosotros, nuestro punto de referencia y nuestra autoridad fundamental concreta e inamovible es Jesucristo y la palabra escrita de Dios, que es la Biblia. El Espíritu Santo que está en nosotros nos conduce a Cristo y a sus enseñanzas por la Biblia, que es de donde emana y fluye toda nuestra certeza y toda nuestra esperanza.

Nosotros respetamos a los siervos de Dios, valoramos a los que nos guiaron a Jesucristo, respetamos a quienes nos enseñan el evangelio y la palabra de Dios, apreciamos nuestra historia y a quienes Dios usó en ella para abrir el camino y traer la verdad del evangelio hasta nosotros, valoramos a los pensadores y teólogos post canon bíblico e incluso a los hombres de Dios mencionados en la Biblia y a quienes la escribieron, pero en primera y última instancia, nos identificamos únicamente con Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

Nosotros no queremos imitar lo negativo y carnal que experimentó y vivió la iglesia que estaba en Corinto. En esa congregación de hijos de Dios la carnalidad se expresó dividiendo a la iglesia de Jesucristo en cuatro bandos: Unos, que apreciaban seguramente la autoridad, el dramatismo, el conocimiento y el trabajo sacrificado, se identificaban con Pablo; otros, que a lo mejor valoraban la elocuencia, el conocimiento del Antiguo Testamento, la osadía y la pasión, se decantaban con Apolos; y otros, que se enfocaban en los orígenes del evangelio, la cercanía con Jesucristo y el liderazgo sucesional, preferían a Cefas (Pedro); y finalmente, el otro bando, que prefería al propio fundador, al que le daba nombre a la iglesia y a quien se sacrificó por ella, prefería a Cristo mismo.

Los bandos mencionados por Pablo estaban dividiendo a la iglesia. Esto implica tristemente que la identificación de cada creyente corinto con el siervo de su preferencia no era saludable, sino dañina, perniciosa, nociva y terriblemente perjudicial. La Iglesia de Jesucristo es Una y Única. Dividirla, partirla, seccionarla, desmembrarla, fragmentarla, ya sabiéndolo, ya por ignorancia, ya por orgullo y soberbia, o ya por buena intención, es un gran mal, una afrenta y un agravio horroroso al único mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre, quien se dio a sí mismo en la cruz para reconciliar y unir a los pueblos (gentiles y judíos) “… en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.” (Efesios 2:11-16).

Ni los cristianos ni las iglesias deben identificarse ni ligarse a hombres de Dios de la historia, ni a interpretaciones y a dogmas, ni a denominaciones ni a movimientos históricos o modernos, como si fuesen Jesucristo. La vinculación de los discípulos de Jesucristo con él es y tiene que ser innegociable e inquebrantable. La lealtad exclusiva a Jesucristo y a la autoridad concreta de Su Palabra escrita e inspirada por el Espíritu Santo, La Biblia, guardan a los hijos de Dios y a la iglesia en la unidad espiritual que Dios ha dispuesto para ellos y que, aunque es firme e inalterable, tiene que ser guardada por todos nosotros cada día (Efesios 4:1-6).

Pablo argumenta contra la identificación perniciosa y carnal que dividía a la iglesia de Corinto. Pablo no le atribuye maldad a los hermanos de esa congregación por la división que estaban causando, pero sí señala la causa en el corazón de ellos. Era su carnalidad, su infantilidad, su inmadurez, la que les empujaba y ligaba a los siervos de Dios en forma errónea y anti espiritual, dividiendo al Cuerpo de nuestro Señor, que es Uno y Único, no diverso ni desunido.

La iglesia, en forma general y los cristianos, en forma individual, no tienen porque ligarse ni identificarse con nadie, excepto Jesucristo. Cristo no está dividido. Los siervos de Dios, por más santos, leales, trabajadores, apasionados, elocuentes y poderosos que sean, no han sido crucificados por nosotros, sino Jesucristo y solo Jesucristo. Nuestro identificación espiritual y física por medio del bautismo no fue a nombre de quien nos guió, o nos enseñó, o nos acompañó en nuestro andar en Cristo, sino en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu, conforme a lo que mandó Jesucristo. Pablo tenía clarísimo ese hecho (1 Corintios 112-13) y nosotros también debemos tenerlo.

Escribo esta nota porque veo que existe una reactivación del espíritu corintio en algunos líderes y en un sector de los cristianos del presente. Hay una corriente que se ufana de su identificación con las palabras y enseñanzas de los líderes de una denominación, de una corriente teológica, de un movimiento histórico y de un énfasis practico la vida cristiana. El espíritu corintio no le hizo bien a la iglesia y a su misión ayer y tampoco le hace bien a la iglesia y su misión hoy. Resucitar el craso error de los creyentes de Corinto en la iglesia de hoy es una obra del enemigo de Cristo y de los hombres. Los cristianos tenemos que ser conscientes de que no hay bondad en la fragmentación que produce la inmadurez y la carnalidad corintia. No es la voluntad de Dios la “corintización” de los creyentes ni de la iglesia de Su Hijo. Evitémosla.

¿Cómo es que vamos a evitar la corintizacion carnal y desmembradora de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo?

1). Identificándonos única y exclusivamente con Jesucristo.

2) Respetando y valorando a todo siervo de Dios, pero sin darles el lugar que nos les corresponde.

3) No colocando a ninguna denominación, ni histórica ni actual, en el lugar ni en reemplazo de la iglesia del Nuevo Testamento ni de su ejemplo.

4) Valorando a los teólogos y a los personajes históricos que Dios ha usado para aclarar y definir algunas doctrinas bíblicas, pero sin colocarlos por encima de la Escritura.

5) Acudiendo a la Biblia para leerla y fundamentar todas y cada una de nuestras creencias y prácticas vitales e indiscutibles en ella y solo en ella.

El espíritu corintio, que consiste en identificarse carnal e inmaduramente con alguien o algo, como si fuese Jesucristo, divide la iglesia y estorba su crecimiento espiritual, su cumplimiento eficaz de la gran comisión y deshonra a Dios y a Jesucristo Su Hijo. La reactivación del corintianismo es una aberración que los cristianos y la iglesias de hoy tienen que desechar y evitar.

La reprensión de Pablo a los hermanos de Corinto en el pasado es un llamado de atención que quienes creemos en Jesucristo hoy tenemos que atender. Nuestra lealtad es a Cristo, no a sus siervos. Nosotros estamos llamados a obedecer la palabra de Dios, no la palabra de los hombres. Desterremos el fantasma divisor corintio y enfoquémonos en guardar la unidad de la fe y de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo vinculándonos e fusionándonos con él en base a su palabra inspirada en la Biblia, no a los hombres ni a sus enseñanzas, por más bonitas, lógicas e inteligentes que sean. Amén.

29 de junio de 1987 y mi vida nueva en Jesucristo: A 39 años de una decisión crucial y transformadora.

El 29 de junio de 1987 empezó para mí de madrugada. Abrí mis ojos entre las 4 o 5 de la mañana. Estaba rodeado de tinieblas -como toda mi vida-.

La oscuridad era negra, negra. No veía nada, nada. Mi mente, entonces, preguntó … y recordó … el tiempo de juego, los amigos, el licor, el lugar, la inconsciencia, el quedarme dormido.

Luego, y de inmediato, vinieron a mi mente estas preguntas: ¿Estoy muerto? No. ¿Así vas a vivir toda tu vida? No, no quiero. ¿Para vivir así te creo Dios? No, obviamente que no. ¿No existe una vida mejor que la que tengo? Estoy cansado de vivir así

Mi frustración y mi vacío existencial habían llegado a su colmo.

“Jesucristo puede cambiar tu vida”. Este pensamiento apareció así, de repente, en mi mente. Yo estaba solo. Fue una frase interna. Seguro que fue una síntesis de lo aprendí de niño y de los cuatro o cinco momentos en los que me presentaron el evangelio siendo joven.

“Voy a entregar mi vida a Jesucristo”, me dije. “Ya no quiero vivir como estoy viviendo.” Esa determinación vino acompañada de tres preguntas: ¿Vas a dejar tus vicios y tus malas costumbres? Ya lo has intentado muchas veces, y has fracasado. ¿Qué van a decir tus amigos? En mi barrio, las burlas y las bromas eran realmente pesadas, muy pesadas. ¿Vas a cumplir realmente con los mandamientos de Dios? …

Todo estaba ocurriendo en mi interior.

La claridad del día llegó y la tensión dentro de mí era cada vez más fuerte.

Desayuné, fui al trabajo y empecé a trabajar, pero la presión espiritual no menguó, se acrecentó.

Hasta que llegó la determinación: “Entregaré mi vida a Jesucristo ahora mismo.” Era 29 de junio de 1987. Era feriado desde el mediodía.

Al salir del trabajo busqué ayuda. Fui a ver al misionero dueño de la casa en la que trabajaba. Ese siervo de Dios me explicó el evangelio de Cristo. Él me ayudó y me asistió en mi decisión.

Mi oración fue sencilla: “Señor Jesucristo, estoy cansado de vivir como vivo, si puedes darme una vida mejor que la que tengo, yo te entrego mi vida.”

Allí empezó el nuevo Segundo Rodríguez, todavía imperfecto y pecador, pero nuevo.

El misionero me dio uno que otro consejo, y oró por mí, y terminó su crucial ayuda.

Al salir de mi lugar de trabajo, y sin entender todo lo que me había ocurrido, miré al cielo, abrí mi boca, y dije: “Dios, ahora vive tú en mi vida.” Ese día cambió mi vida.

El 29 de junio de 1987 no es cualquier día para mí. Es el día de mi nacimiento espiritual. Nunca lo olvido y nunca voy a dejar de contarlo.

Jesucristo transformó mi vida aquel día.

Hoy también es 29 de junio y recordar y narrar lo que me aconteció es mi manera de testificar de Jesús y su obra de salvación y transformación a favor de los pecadores como yo.

Todo pecador que cree en Jesús y lo sigue encontrará perdón de pecados, vida eterna y vida nueva en él, con toda seguridad. Soy una evidencia de ese hecho.

Muchas gracias, oh Dios, por Jesucristo y por tu salvación a favor de los pecadores a través de él.

Cree y sigue a Jesucristo, pecador, nunca te arrepentirás de hacerlo. Amén.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Gálatas 2:20

Foto: Las fotos de la izquierda fueron tomadas previo a mi conversión a Jesucristo. Gálatas 2:20 expresa lo que quiero vivir con la ayuda de Dios a partir de ese bendito y crucial 29 de junio de 1987.

Accidentes, alcohol y cárcel: Cuando un acto insensato mata y cambia la vida.

Estoy entrando a la prisión a enseñar, a predicar, a escuchar y a hablar con los reos. No entro solo, entro con el pastor Joel Gamboa (quien gestionó nuestro ingreso) y con otros cinco hermanos más.

¿Por qué lo hago? Esta es mi respuesta. Me siento deudor con los presos. Me identifico con ellos. Cometieron un crimen atroz, o un delito menor, o quebrantaron la ley, o incurrieron en un error, o sufrieron una injusticia -y no pudieron demostrar su inocencia-, o estuvieron en el lugar inapropiado, o anduvieron y estuvieron con personas que no debían estar, … en fin. Yo he hecho como la gran parte de ellos, aunque no he llegado a la cárcel.

No todos quienes están allí son criminales ni delincuentes en el sentido estricto de la definición, es decir, quienes viven en el mal, por el mal y para el mal. No. No es así. Algunos están allí por propia imperfección humana, que se expresa, por ejemplo, en la falta de dominio propio, lo cual es agravado, exacerbado y manifestado al abusar del licor.

Dios puso en mi camino dos reos que ilustran lo que acabo de escribir. 

Estas son sus historias:

El primer reo se me acercó y me contó que estaba en prisión preventiva por un accidente de tráfico. Iba a chocar con una combi, y para esquivarla y no chocarse, hizo una maniobra con la que atropelló con gravedad a varias transeúntes, de los cuales, murió uno. Él, como estaba bajo los efectos del alcohol, huyó del accidente por el miedo (y para evitar el dosaje etílico -un agravante-). Se presentó a la justicia después de tres días, lo cual agravó su situación. Él todavía no tiene juicio ni sentencia firme, está en la etapa de investigación preparatoria, pero ya en prisión por dos meses. 

A su choque y a su prisión preventiva se le añadió la muerte de su madre, quien antes de fallecer, le dijo a sus hijos y familiares, que ella estaba enferma por una “brujería” destinada a su hijo (él). Las palabras de su madre han calado en el corazón de su padre y de sus hermanos, y ahora todos ellos se han alejado de él y lo han dejado solo.

Él se quebró y se puso a llorar desconsoladamente al terminar su relato.

Me conmovió verlo así. No pude controlar mi emoción.

El segundo reo habló conmigo cuando ya me estaba yendo. Fue impensado, y espontáneo. Nuestro diálogo empezó porque ambos habíamos estado en el ejército y teníamos experiencias militares.

Este reo estaba sentenciado a 15 años de cárcel. También por una accidente de tránsito. Él conducía una moto, y también estaba bajo los efectos del alcohol. El dueño del carro al que chocó le pidió que le pagase por el daño hecho. Él ofreció pagar cincuenta soles.

El dueño de auto se enfureció y lo golpeó con un fierro. Él también respondió con violencia y también lo golpeó con un fierro (no sé si ese mismo fierro u otro). Sus golpes fueron letales y el dueño del auto murió de inmediato.

Su sentencia, según él, no tiene beneficios.

Luego de escucharles y de orar por ellos, procuré animarles a creer y a seguir a Jesucristo, el único que los recibe como son, y que murió y resucitó para salvarlos de sus pecados y de su condenación.

Ambos expresaron que han aprendido y que sus vidas cambiaran para bien. El primer reo confesó que está buscando a Dios para servirle y agradarle desde el mismo momento que empezó a sufrir las consecuencias de sus actos. El segundo, en cambio, testificó prudentemente que no quería hacer promesas. Dijo haber visto a varios presos prometer acercarse a Dios y no cumplir; él no quería hacer lo mismo.

Espero seguir hablando con estos presos, y también con otros presos más.

Escribo estos testimonios para que veamos que estos dos presos no “son” delincuentes propiamente dicho. Ellos no salieron de sus casas diciendo hoy voy matar a alguien sí o sí. Ellos ni siquiera imaginaban lo que iba a acontecerles.

Sin embargo, los dos reos sí podían haber evitado beber licor y embriagarse. Ambos reconocieron que el alcohol nubló sus ojos y sus mentes, y atrofió sus facultades para no actuar como les correspondía.

El licor estimuló el miedo, en el primer caso, y no le permitió maniobrar adecuadamente para evitar el choque, y lo hizo huir -evitando que socorriese a los heridos-, lo cual habría sido lo correcto en esa situación.

El licor nubló sus ojos, en el segundo caso, y acrecentó la furia del hoy reo contra el otro conductor, al que golpeó y golpeó contundentemente, hasta matarlo.

La Biblia tiene razón cuando nos exhorta a no detenernos en las bebidas alcohólicas. La embriaguez y la borrachera no tienen que ser parte de nuestras vidas. Necesitamos evitar el licor. No es bueno que los hombres y mujeres se acostumbren a ella.

Consideremos este texto:

“¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos?

Para los que se detienen mucho en el vino, Para los que van buscando la mistura.

No mires al vino cuando rojea, Cuando resplandece su color en la copa. Se entra suavemente;

Mas al fin como serpiente morderá, Y como áspid dará dolor.

Tus ojos mirarán cosas extrañas, Y tu corazón hablará perversidades.

Serás como el que yace en medio del mar, O como el que está en la punta de un mastelero.

Y dirás: Me hirieron, mas no me dolió; Me azotaron, mas no lo sentí; Cuando despertare, aún lo volveré a buscar.” (PROVERBIOS 23:29-35)

También este otro:

“El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora, Y cualquiera que por ellos yerra no es sabio.” (Proverbios 20:1).

Los dos reos de mi crónica están en donde están por haberse detenido en el licor, por haberse emborrachado. Son responsables de lo que ocurrió y están pagando las consecuencias de su yerro, de su craso error.

La prisión es buen sitio para que estos dos reos, y también los otros, reflexionen y se encuentren con Jesucristo y lo sigan. Ese es el mensaje que les llevamos y el que les dará verdadera libertad aun desde la misma prisión. Espero en que reciban las buenas nuevas de salvación y que sus vidas sean hechas nuevas. Amén.

Elon Musk, Cohetes, IA, el alma humana y Eclesiastés 3:11: Por qué la genialidad no proviene del azar.

Elon Musk, su equipo de trabajo y todos sus trabajadores y sus empresas son una evidencia de la eternidad que Dios nuestro Creador ha implantado en nuestros corazones.

Los diccionarios definen a la “Eternidad” (del latín aeternitas) como algo que no tiene principio ni fin, o que está completamente fuera del flujo del tiempo. La eternidad, en consecuencia y en última instancia, es la ausencia total de limitaciones.

En forma práctica y vivencial, en el ser humano, la eternidad, que le es inherente, se expresa en: 1) Ir contra lo que lo limita, 2) Mejorar, mejorar y mejorar, 3) Ir cada vez más veloz y más lejos, 4) Hacer las cosas cada vez más grandes o más chicas, etc. La eternidad es lo que hace que la humanidad no se rinda ante la adversidad, sino que la sobrelleva, la supera y la transforma.

La eternidad se ha expresado en gente como Elon Musk y otros, que son quienes llevan a la humanidad a estadios superiores. Muchos de estos hombres creían en Dios y hacían lo que hacían por él, en él y para él (Isaac Newton, 1643–1727; Blaise Pascal, 1623–1662; Wernher von Braun, 1912–1977), pero muchos no tomaban en cuenta a Dios y hasta negaban su existencia (Alan Turing, 1912–1954; Claude Shannon, 1916–2001; Stephen Hawking, 1942–2018).

Yo no sé qué es lo que piensa y cree del Dios de la Biblia Elon Musk y toda la gente que trabaja con él. Tampoco sé si es que él y ellos hacen lo que hacen porque creen en Dios y porque saben que el universo es su obra, y que como tal, así como se puede conocer a Dios, se puede también conocer e investigar su universo e ir cada vez más allá.

Mi nota tiene por objeto mostrar que Elon Musk, su equipo de trabajo y sus empresas son una evidencia concreta y contemporánea de que lo que escribió Salomón en Eclesiastés 3:11 es totalmente cierto e indubitable: “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.”

El sabio que escribió Eclesiastés presenta tres verdades claves sobre el universo, la humanidad y Dios:

  1. El Universo es hermoso, infinito e incontenible.

  2. El hombre tiene eternidad en su corazón y es quien disfruta la belleza del universo y quien intenta entender y contener la obra inmensurable (Su Creación) de Dios.

  3. El Universo y el Ser Humano son obra de Dios y solamente se entienden y se usan bien a partir de creer en él, seguirle o de ser su criatura aun cuando uno lo niegue y no lo acepte.

La creatividad y la inventiva y las obras humanas, desde las más pequeñas hasta las más grandes y complejas, no pueden explicarse a partir de la nada, del caos, del tiempo (ni poco ni extremadamente mucho), ni de la evolución, ni del azar, ni de la impersonalidad. El ser humano no se originó en la vida impersonal animal que evolucionó al azar en la jungla de África, sino en Jehová, el Dios de la Biblia, el único y verdadero Dios.

Intento no ser ofensivo con mi escrito, solo quiero llevarlo a su implicancia racional justa. Los descubrimientos del ser humano y su dominio de la tierra, el mar y el espacio y lo que hay en ellos no pueden explicarse inteligentemente sin los seres humanos y lo que ellos son: personas a la imagen y a la semejanza de Dios.

Los microscopios y las cámaras microscópicas que nos permiten ver los espacios más minúsculos y recónditos del cuerpo humano no pueden explicarse a partir de un ser impersonal. Aun las IAs (a las que yo denomino Cisternas de Conocimiento Codificado o Reservorios de Información Canalizados), que son lo último de la inventiva de la humanidad, no pueden explicarse sin la personalidad racional, inteligente y eterna de los seres humanos que producen el conocimiento y las alimentan y codifican.

Los seres humanos tienen eternidad en sus corazones porque Dios los ha diseñado así. Ese hecho fáctico ciertísimo, desde mi perspectiva, es la explicación de la grandeza del hombre y de su pasión por ir cada vez más y más profundo y más y más lejos.

Después de oír lo que está haciendo Elon Musk por medio de sus empresas es que pensé en lo que escribió el autor de Eclesiastés y en la inmensidad a descubrir y de ir cada vez más lejos que hay en el ser humano. Si así vamos hasta hoy habiendo distorsionado la imagen y semejanza de Dios por el pecado de Adán, ¿dónde estaríamos de no haber caído en pecado? ¿Y hasta dónde iremos cuando la redención de Dios en Jesucristo se exprese eterna y perfectamente?

El hombre no puede ser detenido por el hombre ni por el universo ni por las adversidades más complejas. Elon Musk, su equipo y sus empresas son la prueba visible de la eternidad de la que habla Salomón en Eclesiastés 3:11. Eso es así ahora en el presente, pero en la historia hay muchos otros hombres emprendedores y visionarios, que son quienes nos han impulsado con sus descubrimientos e inventos hasta llegar hasta donde hemos llegado. El presente de la humanidad no tiene explicación racional posible sin esos hombres y la eternidad que Dios Su Creador implantó en sus corazones.

El mes de junio, Dios y su buena voluntad, y yo.

Junio es el mes clave de mi vida. Las bendiciones cruciales de mi existencia ocurrieron en este mes y mientras Dios me tenga con vida en esta tierra voy a testificar tal realidad.

Dios me dio existencia y el privilegio de vivir el 20 de junio. Mi conversión a Jesucristo, el perdón de pecados y la vida eterna por la fe en Jesús fueron un hecho el 29 de junio. Empecé a vivir con mi esposa el 3 de junio. Mi paternidad y la familia que Dios me ha dado empezaron a gestarse en ese bendito mes.

Antes de mi conversión a Cristo (a los 22 años) no “veía” a Dios y no interpretaba mi vida ni los sucesos alrededor de ella en función a él y a su buena voluntad para conmigo. Yo no tomaba en cuenta a Dios.

Ahora que creo en Dios verdaderamente y que le sigo por medio de Jesucristo Su Hijo, no puedo ver mi vida sin él y sin su gracia y su misericordia. Mi pasado, mi presente y mi futuro no tienen explicación razonable ni sentido positivo sino por Dios y su obra a mi favor.

El Salmo 71 fue escrito por un hombre que confiaba en Dios, y que analizaba su vida en base a él y a su cuidado paternal misericordioso. El autor de ese salmo ya era un anciano, un adulto mayor, y su escrito lo evidencia.

Yo también he empezado a ser un anciano. Cada día, cada mes y cada año me introduzco más a esa etapa humana. Junio me recuerda cuántos años me tiene Dios en esta tierra. Junio me examina y me hace pensar en el bien que Dios me ha hecho desde mi llegada a este mundo hasta este momento.

El autor del Salmo 71 veía su concepción, su juventud y su vejez en función de Dios y de su providencial obra a su favor y yo quiero hacer lo mismo que él. Este párrafo de su salmo es su testimonio y también el mío: “Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud. En ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; de ti será siempre mi alabanza.” (Salmos ‭71‬:‭5‬-‭6‬).

Dios me ha bendecido abundantemente y no tengo queja alguna de Dios, sino solo adoración y alabanza agradecida para con él. Su bondad y su misericordia me han acompañado siempre.

Mi concepción, mi nacimiento, mi niñez, mi juventud, mi conversión a Jesucristo, mi servicio a Dios, mi matrimonio, mi paternidad y mi vida hasta este punto solo tienen explicación en la gracia de Dios y en su paciencia para conmigo, las cuales se expresaron providencialmente en el mes de junio.

Muchas gracias Dios y Padre de Jesucristo por tu bondad y tu paciencia para conmigo. Amén