¡Vayamos y busquemos a quienes están perdidos así sea solo uno!
Los cristianos tenemos que vivir conforme al corazón de Dios por los extraviados y él no quiere dejar a ninguno en esa condición: Él siempre quiere a salvar, incluso si es uno solo quien está perdido. Nosotros sus hijos también debemos hacer lo mismo: No dejar a ningún perdido en esa condición. La Biblia es clara respecto a que Dios y sus hijos buscan a los perdidos aunque estos sean solo uno.
“Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.” (Mateo 18:10–14).
Dios busca a un perdido como un pastor de ovejas busca a una oveja que se le perdió. Dios no menosprecia ni abandona a ningún pecador perdido -ya niño, ya joven o ya adulto-, mucho menos aún si este pecador ya es una oveja suya por la fe en Jesucristo.
Dios quiere salvar a todos y a cada uno de los pecadores perdidos. Jesucristo es la evidencia de esta su gracia y su misericordia salvadora. Él, Jesús mismo, quien vino a esta tierra para salvar a los pecadores perdidos, dijo: “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.”
Los pastores de ovejas buscan a las ovejas que se descarrían y se pierden aun cuando fuese solo una sola. La conducta de los pastores de ovejas es normal, natural, lógica. Dios obra igual que los pastores y no permitirá en ninguna manera que se pierda ninguno que ya es “su pequeñito”, es decir, uno que ya ha creído y ya sigue a Jesucristo Su Hijo. La salvación de quienes están en Cristo es absolutamente segura y el evangelista Mateo es contundente: “Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”
La forma en que Dios valora, cuida y asegura a quienes creen y siguen a Jesús me maravilla. La iglesia de Cristo necesita pastores con ese corazón por todos y cada uno de los miembros de la grey de Dios. Necesito este tipo aprecio por toda la iglesia y por cada uno de quienes creen en Jesús.
Los cristianos, que somos pecadores a quienes Dios ha hallado y ha salvado por medio de Jesucristo, tenemos que imitar a Dios y no menospreciar ni abandonar a ningún pecador perdido -ya pobre o rico, ya agrupado o aislado-. Nosotros tenemos que llevar el evangelio hasta donde están los pecadores perdidos, tanto si hay un millar de ellos o solo uno. Nuestro Señor vino a salvar a todos los pecadores y él se dio a sí mismo en rescate por todos ellos. Jesús se sacrificó por todos porque Dios quiere que todos se salven y conozcan la verdad (1 Timoteo 1:15; 2:3-7).
Dios nos manda a “ir por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” Nosotros tenemos que “hacer discípulos a todas las naciones.” Nosotros no debemos dejar a nadie sin darle el evangelio de salvación.
Estamos llamados a darle el evangelio de Jesucristo a toda persona que habita este mundo. Tenemos que tener una pasión grande por llevar el evangelio. Esta nuestra pasión puede hacer que nos enfoquemos en predicar el evangelio y hacer discípulos en todo lugar donde hay miles y cientos de pecadores perdidos, pero sin olvidarnos de los lugares donde sólo hay decenas de ellos o aún uno solo.
Tenemos que tener mucho cuidado y no ir solamente a los lugares muy poblados, sino también a los poco poblados. Tenemos que predicar en todo lugar donde hay seres humanos. Dios quiere que vayamos y prediquemos el evangelio aun a un solo pecador perdido esté donde esté. No abandonemos a los pecadores perdidos que están viviendo solitarios en lugares alejados, remotos y de difícil acceso.
El corazón de Dios es como el pastor de ovejas que busca con ahínco a la única oveja que se le perdió. Dios sacó a Felipe de Samaria y lo envió al desierto, para darle el evangelio a un solo pecador perdido, un etíope, que retornaba a su país (Hechos 8:26-40).
Ese único pecador creyó en Jesús y en los cielos hubo gozo delante de Dios en ese mismo instante. Felipe obedeció a Dios. Felipe sintonizaba con Dios. Si Dios quería salvar a un solo pecador en un lugar remoto y solitario; Felipe también.
Hoy también hay “Felipes”. Estos están en lugares remotos, dificultosos y poco habitados. Ellos están allí porque llevan el evangelio a pecadores perdidos, aunque sean pocos, y aunque estén aislados, y aunque vivan solitarios. Estos “Felipes” son un ejemplo a imitar.
El Felipe de la Biblia y los “Felipes” de hoy son un desafío para mí. Tengo que llevarle el evangelio a toda persona en este mundo. Tengo que ir hasta ella porque Dios quiere salvarla. No tengo que pensar solamente en las multitudes, sino también en cada individuo. Dios se preocupa y deja en buen recaudo a noventa y nueve, pero sale a buscar hasta encontrar y salvar a solo una.
¡Levanta para tu iglesia, oh Dios, pastores y obreros que valoran y cuidan no solo a toda la congregación, sino también a los hijos tuyos que se apartan y se alejan de ti y de tu grey, aun cuando sea solo uno!
¡Dios y Padre de Jesucristo, ayúdame a llevar el evangelio a los pecadores, aun cuando haya solo uno!
¡Ayuda a tu iglesia y dale a ella, oh Dios, la pasión por llevarle el evangelio a toda criatura! Amén.
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