¡Examina y prueba tu fe y la presencia de Dios por Jesucristo en tu vida cada día!

Este escrito es para ti, que creciste siendo enseñado en la fe a Dios y a Jesucristo en base a la Biblia. La enseñanza vino de tus abuelos, tus padres, tu iglesia, tu colegio y de la gente de tu pueblo, de tu ciudad. La navidad, la semana santa, las fiestas patronales, los lugares de culto, los ritos, los cantos, las historias bíblicas y las exhortaciones de tus padres te formaron y te culturizaron en la creencia en Dios y en su amor para con los seres humanos pecadores.

Tú eres un privilegiado. Has sido instruido y culturizado en todo aspecto de tu vida en la fe en Dios. Debes dar gracias a Dios por eso, pues, hay personas que no han tenido tal bendición. Pero, este es un pero para desafiarte y animarte, tu creencia en Dios y tu vida en él necesitan ser confirmadas y certificadas.

Confirmar y certificar la fe en Dios es una cuestión urgente e imprescindible. Cada uno de nosotros va a presentarse delante de Dios en cualquier momento. La vida en esta tierra es corta en relación a la eternidad. Cuando se acabe nuestro tiempo aquí, nos presentaremos ante Dios. De allí que no hay nada más importante que confirmar y certificar que nuestra fe es genuina. ¿Cómo lo hacemos?

Pablo nos responde y nos dice cómo es que podemos confirmar y certificar nuestra fe. Él escribió estas palabras a la iglesia en Corinto: “Examinaos a vosotros mismos si estás en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros mismos, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5).

Confirmamos y certificamos nuestra fe por medio de examinarnos, de probarnos a nosotros mismos. Nosotros mismos tenemos que ver que Jesucristo está en nosotros y que nosotros estamos en él. Si nuestra fe es real tendremos señales de la misma en nuestra vida. Pero si nuestra fe solo es cultural y religiosa, entonces no tendremos evidencias de la presencia de Cristo en nuestra vida. Es nuestro trabajo personal examinar y probar nuestra fe. ¡Hagámoslo! ¡Hazlo!

Para ayudarte en esta tarea he hecho este escrito. En este artículo te daré tres pautas para que confirmes y certifiques que tu fe es genuina y aprobada por Dios.

Primero. Tu fe tiene que ser confirmada por la Biblia, que es Palabra de Dios. Lo que crees sobre Dios y Jesucristo y su obra en la historia de la humanidad a favor de ella y, por ende, a favor tuyo, tiene que estar sustentada en la Biblia. Debes poder declarar las palabras de la Biblia que sustenta tu creencia, tu conocimiento y tus afirmaciones. Si dices que Jesús nació de la virgen María quien concibió por obra del Espíritu Santo debes saber contar la historia (Mateo 1:18-24; Lucas 1:26-38; 2:1-20). Si dices que Jesús vino a salvar a los perdidos y a darles vida eterna, tienes que tener el sustento (Juan 3:16-20). Si crees que por creer y seguir a Jesús eres una nueva criatura e hijo de Dios, tienes que señalar dónde dice Dios eso (2 Corintios 5:17; Juan 1:12-13). En fin, todo lo que crees sobre Dios tiene que estar sustentado en la Biblia.

¿Puedes tú sustentar tu vida con Dios en la palabra de Dios? ¿Respalda la Biblia lo que tú crees y sigues en tu vida con Dios? ¿Cuál es tu respuesta a esta pregunta de evaluación?

Segundo. Debes poder señalar un momento clave en el que tú mismo en forma consciente y voluntaria acudiste al llamado de Dios y le entregaste tu vida a Jesucristo para que te perdone y te reciba como un discípulo suyo.

Jesucristo nació, creció, sirvió, murió, resucitó y ascendió a los cielos desde una sociedad de personas que creían en Dios y le rendían adoración. Pero, aunque esa sociedad creía en Dios, no todos aceptaron a Jesús, sino que le rechazaron.

Pablo (Saulo), por ejemplo, antes de ser discípulo de Jesús, lo perseguía. Él creía en Dios y le rendía adoración, pero estaba equivocado respecto a Jesús. Eso cambió cuando Jesús mismo lo interceptó en el camino a Damasco (Hechos 9:1-30). Fue allí cuando Saulo (Pablo) se convirtió en discípulo de Jesucristo para servirle toda su vida. Pablo siempre tenía presente el momento de Damasco porque allí dejó la fe de su tradición para tener fe viva y genuina en Dios y en Jesucristo, quien vino a la tierra para salvar a los pecadores (Hechos 22:6-21; 26:9-23).

Haber crecido en un entorno de fe en Dios no es lo mismo que creer en Dios por uno mismo y a partir de un momento crucial que se puede ubicar, señalar y exponer. Pablo cambió a partir de la intercepción de Dios camino a Damasco. Yo tuve mi momento crucial el 29 de junio de 1987. Tú también debes poder señalar un momento clave en el que le dijiste a Dios: “Soy pecador, soy un necesitado de ti, Dios mío. Necesito tu obra en mi vida. Me has enviado un Salvador, Jesucristo, quien murió y resucitó para darme perdón y vida eterna. Voy a seguirle genuinamente. Recíbeme y acéptame con una tu criatura que vuelve a ti. Amén.”

¿Has tenido tu momento crucial con Dios por medio de Jesucristo? ¿Puedes evocarlo y compartirlo? Si tu respuesta es sí. Amén, gloria a Dios, adelante en el camino de Jesucristo. Si aún no has tenido ese momento, es tiempo de que lo tengas. Rinde tu vida a Jesucristo y empieza a seguirlo como un discípulo de una vez.

Tercero. Tu vida tiene que dar señales de que Dios ha obrado y está obrando en ti. No significa que tienes que ser perfecto e impecable. No significa que no vas a fallarle a Dios. No, no significa eso. Dios sabe que somos pecadores. Pero tiene que haber en ti una vida nueva.

Esa vida nueva tiene expresiones vitales que deben verse en ti (1 Corintios 6:9-11). Tienes que haberte bautizado como discípulo de Jesús consciente y voluntariamente luego de haber puesto tu fe en Jesús (Mateo 28:18-20; Hechos 16:29-34). Tienes que integrarte a la iglesia de Jesucristo, que son todas las personas que creen y siguen a Jesús, y que se congregan en algún sitio específico (Hechos 2:41, 47; 4:31; Hebreos 10:23-25). Tienes que desechar lo malo y pecaminoso en ti cada día(1 Pedro 2:1). Tienes que alimentarte de la Biblia, la palabra de Dios (1 Pedro 2:2). Tienes que estar acercándote y conociendo a Jesucristo cada vez más y más (1 Pedro 2:4; Filipenses 3:7-11). Tienes que estar ofreciendo sacrificios espirituales a Dios por medio de Jesucristo en todo tiempo (1 Pedro 2:5). Etc.

Si crees en Dios y en Jesucristo y tu creencia es real y genuina, y no solo un creencia propia de haber crecido en un ambiente religioso y cultural cristiano, entonces estos tres puntos alistados serán una realidad en tu vida. 1) Podrás justificar tu fe en la Biblia, la palabra de Dios. 2) Podrás señalar el momento clave en el que te entregaste a Dios por medio de Jesucristo. 3) Podrás testificar de la transformación de tu vida y alistar las señales básicas tu nueva vida.

¿Tienes tú en tu vida estas evidencias? ¿Ves en ti la obra de Dios por medio de Jesucristo? Es muy importante que respondas estas preguntas afirmativamente.

La fe en Dios y en Jesucristo es indispensable y necesaria en esta vida. No podemos agradar a Dios ni ser salvos sin esa fe. Cada día estamos más cerca de nuestro fin, de nuestra partida de esta tierra a nuestro encuentro con Dios.

Al encontrarnos con Dios al final de nuestra vida en esta tierra solamente hay dos opciones para nosotros: 1) Entrar al reino de Dios para vivir y gozarnos de Dios y de todos sus bienes por toda la eternidad o 2) Ser echados del reino de Dios para ser atormentados por toda la eternidad en el lago de fuego preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:41; Apocalipsis 20:15).

Examinar y certificar si nuestra fe en Dios y en Jesucristo es real y genuina es vital e imprescindible. Examinemos nuestra fe cada día. No tomemos a la ligera nuestra vida con Dios por medio de Jesucristo. Necesitamos estar seguros de que estamos en el camino correcto hacia la eternidad gloriosa con Dios.

¡Qué Dios nos ayude a todos nosotros a probar y certificar nuestra vida con él por medio de Jesucristo Su Hijo en base a la Biblia cada día! Amén.

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