¡Creer, seguir y aprender de Jesucristo da y garantiza la tranquilidad y la paz a nuestros corazones!

Este mundo fue diseñado para disfrutarlo gozosamente, pero la desobediencia de Adán a Dios atrajo maldición, sufrimiento y muerte.

Todos los seres humanos experimentamos lo hermoso y gozoso de esta creación, pero también lo gravoso, doloroso, cargado y pesado de ella.

Lo sufrido y lo cargado de la vida es consecuencia de estos hechos inobjetables:

  1. Somos pecadores e imperfectos, y estamos bajo condenación.
  2. Vivimos con y entre seres humanos que también son pecadores e imperfectos.
  3. Transitamos, trabajamos y nos desenvolvemos en este mundo que está bajo maldición.
  4. El diablo nos asedia para oprimirnos y conducirnos hacia su destino de condenación.

Lo trabajoso, lo frustrante, lo angustiante, lo enfermizo y lo mortal de este mundo nos hace olvidar y opacar lo bueno y alegre de la vida.

Jesucristo sabía y sabe cuán cargado y pesado es vivir en este mundo. Él vivió y habitó entre los hombres y nos entiende perfectamente. Él conoce la pesadez que experimentamos los mortales y es por eso que nos hace está amable y urgente invitación:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11:28-30).

Su invitación amplia, abierta e inclusiva es a tener descanso y reposo de lo trabajoso y cargado de vivir en este mundo. Nosotros, según Jesucristo, podemos vivir aliviados y ligeros a pesar de lo duro que es vivir en esta tierra. Todo lo que tenemos que hacer es acudir a Jesucristo aceptando su invitación y su llamamiento.

La invitación de Jesús es clarísima. El llamado de nuestro Señor es específico.

Todos nosotros vivimos trabajados y cargados.

Todos nosotros necesitamos el descanso y el alivio que él quiere darnos.

Pero Jesús no solamente quiere darnos descanso; él también quiere hacernos vivir sin el peso ni la carga de la vida en este mundo. Él nos ofrece su “yugo”, su “carga” y su “ejemplo” para obtener descanso y reposo permanente al vivir en esta tierra.

Con la figura de “su yugo”, Jesús deja en claro que nos uniremos y quedaremos ligados en forma indisoluble a él al aceptar su invitación. A partir de ese instante, nosotros nunca más andaremos ni viviremos solos. Nunca trabajaremos ni llevaremos peso sin su ayuda. Todo lo haremos con Jesús. En consecuencia, y por estar ligados a él por “su yugo”, vivir nos será “fácil”.

Con la figura de “su carga”, Jesús nos hace saber que nuestra carga, la que nos hace vivir “trabajados y cargados” por ser muy pesada, será trocada por la suya, que es “ligera”, liviana, leve. La carga de Jesús es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. Él está consagrado a obedecer a Dios. Nosotros, al seguirle, empezaremos a llevar también esa “su carga” que, con su compañía y ayuda, no nos será gravosa, sino llevadera y “ligera”.

Jesús nos da “su ejemplo” como la clave para llevar “su carga” y “su yugo”. Tenemos que aprender de Jesús. Él es modelo de cómo tenemos que ser. Él es “manso y humilde de corazón” y nosotros también tenemos que serlo. Ser “manso”, no significa ser débil, sino controlado, dócil, pacífico, paciente y tranquilo. El término “humilde” implica que vivimos sin orgullo ni vanidad, pero con plena consciencia de las limitaciones humanas y de la dependencia de Dios.

Nosotros necesitamos ser mansos y humildes como nuestro Señor para vivir tranquilos y livianos.

De acuerdo a la invitación de Jesucristo, si nosotros, todos los que estamos trabajados y cargados, acudimos con fe a él y llevamos “su yugo”, y “su carga”, y “aprendemos” de él, hallaremos “descanso para nuestras almas”.

Al vivir con Jesús y al andar con él todos y cada uno de nuestros días en este mundo, nosotros tendremos “su paz”, que es la “… la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7).

Nuestra alma, como consecuencia de estar aprendiendo y siendo como Jesús, estará tranquila y reposada, aun cuando la carne, el mundo y el diablo nos asedien para derribarnos.

¡Aceptemos la invitación de Jesucristo y acudamos a él para tomar “su yugo” y “su carga” y “aprender de él” para ser como él!

¡Disfrutemos del descanso y del alivio que Jesucristo no da al llevar “su yugo” y “su carga” y “aprender de él!

¡No permitamos que lo trabajoso y cargado de la vida nos abrume, vayamos inmediatamente con fe a Jesús y disfrutemos de descanso!

Amén.

La iglesia de Cristo y el Cristianismo bíblico no necesitan del poder político …

“La iglesia de Cristo y el Cristianismo bíblico no necesitan del poder político para existir y cumplir su misión en este mundo.”

El poder político expresado en el poder gobernante se opuso, ilegalizó y persiguió a los cristianos e intentó impedir el nacimiento, crecimiento y establecimiento de la Iglesia de Jesucristo en este mundo.

De haber sido por los gobernantes y por el poder político de la época, ni la iglesia de Jesucristo ni el Cristianismo existirían en este mundo.

He reflexionado en este hecho por la declaración de un Sacerdote Copto que vi y comenté en Twitter. Este sacerdote dijo: “Los cristianos fuimos en su día los gobernantes y la mayoría de Egipto. Hoy sufrimos persecución y luchamos por sobrevivir”.

Creo que la declaración del sacerdote copto necesita un comentario desde la perspectiva del Nuevo Testamento y es por eso que escribo esta nota.

La Iglesia de Cristo y el Cristianismo (el inicial, el del Nuevo Testamento), que fue y es el resultado de un vínculo espiritual con Dios por medio de la fe en Jesucristo; empezó, se extendió y se afirmó en el mundo en los primeros 100 años de esta era a pesar de la persecución del judaísmo y sus gobernantes, primero; y del paganismo y el Imperio Romano, después.

El Cristianismo, expresado en aquel tiempo únicamente por la Iglesia que edificó y edifica Jesucristo, no necesitó del poder político ni del poder de los gobernantes para existir, crecer, establecerse y cumplir su misión en este mundo.

El evangelio de Cristo y la iglesia de Cristo entendidos como una relación espiritual personal con Dios (Cristianismo Neotestamentario) es indestructible e inmortal, y se ha vivido, se vive y se vivirá siempre vibrante y ferviente, aun cuando el poder político los persiga sutil, abierta, violenta o mortalmente.

Siempre hay que tener presente que este Cristianismo es obra de Dios. Gamaliel, un fariseo doctor de la ley judía, fue el primero en razonar en el hecho de que la permanencia de los discípulos de Jesucristo era un evidencia de que la obra y el mensaje de Jesucristo se debía a Dios (Hechos 5:38-39).

Ni las puertas del infierno, ni el poder político a su servicio, por tanto, prevalecerán en ninguna manera contra la iglesia que Jesucristo está edificando. Él mismo lo dejó bien en claro cuando habló de ella por primera vez en Mateo 16:18.

Las creencias y las ideologías opuestas al Cristianismo solamente pueden opacar, triunfar y reemplazar a su expresión meramente religiosa, política, cultural, mundana, civilizatoria e histórica. Estas ideologías anticristianas solo pueden sobreponerse a estas expresiones del cristianismo cuando tienen poder político y poder gubernamental.

Las ideologías núcleo que son opuestas y enemigas del Cristianismo, y que la perseguirán siempre al obtener y ejercer poder político, y al extremarse y violentarse, son: el ateísmo, el politeísmo, el monoteísmo anti Jesús, el humanismo anti cristiano, el animismo y el cristianismo mundanalizado o secularizado o politizado (que es el cristianismo que deja su esencia neotestamentaria).

El Sacerdote copto está exponiendo, en consecuencia, un hecho parcial que es verificable. El cristianismo, en tanto expresión religiosa, política, cultural, mundana, civilizadora e histórica, sí “necesitó” del poder político y gubernamental para, como él dice, “sobrevivir”. Constantino, que promulgó la libertad religiosa y Martín Lutero, que tuvo apoyo político de Federico el sabio para lograr lo que se conoce como Reforma Protestante, son dos evidencias.

El mundo está cada vez más peligroso para el cristianismo que ha perdido su esencia neotestamentaria, pero no para el Cristianismo y los cristianos que siempre la mantienen. Este cristianismo y estos cristianos viven muy conscientes de esto que dijo Pablo en el libro de Hechos:

“… confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos de los Apóstoles 14:22).

El Cristianismo que ha perdido su esencia, su fundamento y su referencia bíblica autoritativa sí tiene que poner las barbas en remojo. Ese tipo de Cristianismo está siendo abandonado en la mayoría de los países europeos y es muy posible que sea reemplazado completamente por ideologías y creencias que son le son antagónicas.

El Cristianismo que no está fundamentado en el Nuevo Testamento puede ser opacado, absorbido o desaparecido por cualquiera de las creencias o ideologías que son contrarias a Jesucristo y a la palabra De Dios, que está en la Biblia.

Al contrario de lo que ocurre o ocurrirá con esa expresión del Cristianismo, la cristiandad y la iglesia de Jesucristo, en tanto obra de Dios por medio del Espíritu Santo sobre la base de la Biblia, la palabra de Dios, y la fe en Jesucristo; que ha vivido y vive y vivirá, y que cumplió y cumple y cumplirá su misión, a pesar de la oposición y la persecución política y diabólica; avanzan victoriosas e invencibles hacia su encuentro eterno con Dios al final de los tiempos, que cada vez es más cercano.

El ideal de la Iglesia de Cristo y del Cristianismo neotestamentario, que no era perfecto, pero que era fiel, nunca fue asimilar o absorber al poder político. Su ideal era predicar el evangelio a toda criatura y discipular a todas las naciones. Toda criatura y todas las naciones tenían que creer en Jesús y seguirle.

Esa iglesia y esa cristiandad no necesita “un matrimonio” con el poder político para vivir y cumplir su misión en este mundo. Su existencia y su misión han sido, y son, y serán una realidad en esta tierra porque Dios está trabajando en su seno y nada ni nadie puede impedir lo que él está haciendo en sus seguidores y a través de todos ellos. Amén.

Alfredo Smith – Las Siete marcas distintivas del Siervo de Dios.

No conocí ni conozco personalmente a Alfredo Smith, pero sí sé quien es él. Él es un misionero bautista estadounidense que sirvió en Argentina, y también en Perú.

Alfredo Smith fue parte del equipo de pastores que fundó el movimiento Lima Al Encuentro de Dios (año 1973, 14 antes de mi conversión), el cual cambió para bien a la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera.

He escuchado su conferencia “Las siete marcas del siervo” y la comparto para edificación y desafío. Estoy seguro que todo cristiano y siervo de Dios que la escuche hallará ánimo, reto y transformación en este su mensaje.

Alfredo Smith acrecentó mi fe y mi determinación de servir a Dios en el año 87 y 88, cuando era recién convertido. Escuché uno o dos de sus mensajes que, en aquellos días, eran grabados en cassettes como los de la foto de esta nota.

En estos días he hallado algunos de sus mensajes de antaño en Youtube y he vuelto a ser animado y fortalecido. Gracias doy a quien se dio el trabajo de subir sus mensajes.

Extraño este tipo de predicadores. ¡Los necesitamos!

Lamentablemente, son escasos, escasísimos.

Esta es mi oración y ruego al Señor de la mies:

¡Bendice a tu iglesia y a este mundo levantando y colocando a siervos con Alfredo Smith, Señor! Amén.

¡Los cristianos tenemos que enseñar y enseñar la Biblia a los niños!

La iglesia que tiene niños es bienaventurada y tiene garantizada su renovación y su permanencia en el tiempo y en el espacio. Las iglesias que no los tiene, empero, tienden a desaparecer. Esta declaración no es una exageración.
En Estados Unidos siempre hay congregaciones que venden sus edificios porque sus miembros han disminuido y envejecido … y no tienen sucesión.
En Perú también hay congregaciones que se cierran y desaparecen como tales porque sus miembros envejecieron y no tuvieron sucesión.
Enseñar la palabra de Dios a los niños es vital para que el conocimiento de Dios y de sus obras perdure en las familias, en los pueblos y en las naciones, desde las más pequeñas hasta las más grandes. La palabra de Dios debe moldear a las familias y las sociedades para que crean, busquen y agraden a Dios y el que los niños aprendan de él en base a la Biblia es crucial.
Los niños demandan mucho trabajo, bastante paciencia y una gran dosis de sacrificio. Trabajar con niños siempre ha sido complicado, pero hoy lo es muchísimo más. Los niños están bombardeados de distracciones y de ocupaciones.
El fruto de sembrar en ellos las sagradas escrituras, sin embargo, a pesar de la gran dificultad que hay para alcanzarlos, está garantizado.
Siempre habrá fruto en ellos si es que se invierte tiempo enseñándoles la palabra de Dios. La palabra de Dios, dice Isaías, nunca vuelve vacía; siempre cumple el propósito de Dios. (Isaías 55:10-11).
Pablo sabía lo provechoso que era ocupar tiempo y recursos con el fin de instruir a los niños en la palabra de Dios y sus palabras respecto a Timoteo lo evidencia: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quien has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” (2 Timoteo 3:14-15).
Timoteo, a quien Pablo conoció en Derbe (Hechos 16:1-3), y quien fue su discípulo y su compañero en la extensión del evangelio de Jesucristo, fue enseñado en las Sagradas Escrituras desde su niñez.
El que Timoteo haya llegado a Cristo para ser salvo, primero; y para ser su siervo, después, fue una consecuencia del trabajo que en su niñez hicieron en él su madre y su abuela (2 Timoteo 1:5; 3:14-15).
Trabajar con niños y sembrar en ellos las Escrituras y la palabra de Dios, redundará 1) en más gente salva por la fe en Cristo, 2) en más discípulos y siervos de Cristo, y 3) en mucha más gente con principios y valores bíblicos que, por esa causa, preservarán a las sociedades de la aceleración de su deterioro moral y espiritual.
El trabajo con niños debe ser fortalecido y acrecentado.
Los discípulos de Jesucristo no deben cesar en su atención a ellos, para enseñarles y enseñarles la palabra de Dios.
Los padres de familia tienen que ser los primeros maestros de la Biblia de sus propios hijos, y de los hijos de otros, que están en su entorno.
Los maestros que enseñan la palabra de Dios a los niños tienen que ser valorados y estimulados.
¡Qué Dios ayude a sus pastores, a sus evangelistas y a sus congregaciones a enseñar y enseñar la Biblia a todos los niños que están en su entorno!
Fotos: Niños de la Iglesia Bautista Betel, Paita.

¡Las multitudes necesitan “pastores” y “guías” piadosos!

La mayor necesidad de las multitudes son buenos “pastores” y los cristianos tenemos que hacer cuanto podamos para que los tengan.

Jesús de Nazaret se preocupaba por todo el ser humano y por todos los seres humanos. El veía y servía al hombre completo durante su trabajo didáctico en la tierra. El ámbito físico y el ámbito espiritual de todas las personas eran objeto de su atención. Los cuatro evangelios testifican ese hecho.

Los tres años y medio de su trabajo diligente y sacrificado por todas las ciudades y aldeas de Israel están descritos y resumidos en esta declaración de Mateo, el publicano al que hizo su apóstol: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo.” (Mateo 9:35)

El contacto y el trabajo de Jesús entre la gente le hizo ser consciente de uno de los grandes males que tienen las multitudes: Las conducen líderes impíos, sin valores bíblicos, cobardes, codiciosos y egoístas. Este tipo de liderazgo solamente se preocupa por sí mismo y por su entorno cómplice, pero no por las grandes mayorías.

En sus días, el liderazgo representativo de todo el liderazgo político y religioso mundial, estaba lejos de Dios y de su palabra escrita y, por tanto, estaba lejos de guiar y de conducir a las multitudes hacia Dios y hacia su buena, perfecta y agradable voluntad.

En el ámbito religioso, los ancianos y los principales sacerdotes y los fariseos, que conducían a los judíos, o ignoraban las Sagradas Escrituras o la menospreciaban. Los gobernantes romanos y los gobernantes de los demás pueblos, como es bien sabido, eran páganos y adoradores de múltiples dioses.

En el ámbito político, los judíos estaban gobernados por Herodes, que era cruel y codicioso. También estaban gobernados por el Imperio Romano que, en Judea, estaba representado y regido por el gobernador Poncio Pilato, que era injusto, de doble ánimo y cobarde.

Las multitudes como consecuencia de tales guías ciegos y codiciosos, no tenían guía, ni conducción, ni liderazgo espiritual piadoso. Todo el liderazgo, tanto religioso como político, estaba torcido y enfocado en sus propios intereses.

Jesucristo vio ese cuadro caótico y sin rumbo de las multitudes y tuvo compasión ellas por su lamentable y triste situación. El evangelista Mateo escribió al respecto: “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas que no tienen pastor.” (Mateo 9:36).

La crucifixión de Jesucristo es el ejemplo de actos perversos que cometieron las multitudes por causa del mal liderazgo político religioso. Los “pastores” de Israel apresaron, violentaron, juzgaron y condenaron a Cristo por envidia y por ceguera espiritual. El “gobernante” romano, Poncio Pilato, entregó a Jesús a los judíos para que lo crucificasen sabiendo que él era justo y que había sido entregado a su autoridad por envidia y celo. La multitud “decidió” la crucifixión de Jesús por ignorancia, por ingratitud y por seguir a los líderes que los manipularon.

La condición de las multitudes no ha cambiado demasiado. Y no ha cambiado, lamentablemente, porque el liderazgo, tanto político como religioso que las conduce, tampoco ha mejorado.

Todas las multitudes sufren la falta de “pastores buenos”. Esa la gran necesidad de la gente de todos los tiempos y muchísimo más en este último tiempo. Las multitudes siguen “desamparadas y dispersas” por no tener buenos conductores y guías.

Esta es una lista de hechos graves actuales que “han aceptado” las multitudes de sus “pastores” políticos y religiosos:

El asesinato de bebés en el vientre de su madre por sus propios padres y con la ayuda de los médicos y las autoridades.

El “cambio” de sexo de niños y niños.

El matrimonio entre hombres con hombres y mujeres con mujeres.

La promoción de la promiscuidad sexual con el pretexto de la salud pública.

El menoscabo de la autoridad de los padres, los maestros y las autoridades.

Las palabras de Jesucristo respecto al mal liderazgo de las multitudes son muy relevantes.

Él, que siempre quiere el bien de todos, y el que se sacrificó para salvarnos a todos, describió la gran necesidad de buenos pastores y guías así: “… A la verdad la mies es mucha, y los obreros pocos.” (Mateo 9:37).

Las palabras de Jesús, en función del contexto político, religioso y social en el que fueron pronunciadas, son muy claras. Hay multitudes que quieren y necesitan “pastores” buenos, pero no los encuentran. Y no los encuentran, no porque no haya, sino porque los que hay, o son muy “malos pastores” (que es lo mismo o peor que no tenerlos), o si son “buenos pastores”, son insuficientes, porque no cubren la hartísima demanda.

La cantidad de multitudes que necesita conductores, guías y gobernantes buenos es muchisisísima y los apacentadores buenos poquisisísimos.

La mies sigue siendo mucha y los apacentadores buenos pocos.

La necesidad de buenos “padres”, de buenos “pastores”, de buenos “gobernadores”, de buenos “líderes” espirituales, es mucha, mucha, mucha; en todas “las masas” de gente, en todas “las multitudes”; desde las más pequeñas hasta las más grandes, desde las más básicas hasta las más compejas.

Las familias, las asociaciones, las comunidades, las naciones y hasta los imperios, requieren de buenos gobernantes para evitar el “desamparo”, “la dispersión” sin rumbo y el camino al desastre.

Los “pastores” buenos (en tanto “gobernantes políticos”) son cruciales para conducir a los pueblos a una vida terrenal “óptima”, y a mirar a Dios y a Jesucristo y a su buena voluntad revelada en la Biblia.

Los pastores buenos (en tanto “líderes espirituales”) de las iglesias son indispensables para que los hijos de Dios prediquen el evangelio, hagan discípulos y entrenen a quienes conducirán a las multitudes.

Jesucristo no solamente denunció el gran mal que es la falta de buenos conductores, de buenos guías, de buenos apacentadores; él también dió la solución, el remedio, el qué es lo que se tiene que hacer.

Fueron los discípulos de Jesús quienes escucharon directa y claramente lo que se tenía que hacer para que “las multitudes” tuviesen buenos “pastores”. Su orden a ellos fue: “Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” (Mateo 9:38).

Como en todo lo que tiene se requiere para esta vida y la para la venidera, Dios es quien tiene la solución para que haya “más obreros”, más “buenos pastores”, más buenos “conductores”. Es él quien tiene que levantarlos, prepararlos, enviarlos, usarlos y guardarlos.

Dios, asimismo, brinda su solución de buenos “apacentadores” para las multitudes por medio del trabajo y de la intercesión de sus hijos, que son todos aquellos que hoy creen en Jesucristo Su Hijo y le siguen.

Son los discípulos de Jesucristo los que serán usados por Dios para brindarle a las multitudes los “obreros”, los “apacentadores” y los “guías” buenos. Todos quienes somos hijos de Dios estamos llamados a “rogar” encarecida y humildemente al “Señor de la mies que envíe obreros a su mies”.

Somos todos los que hoy seguimos a Jesucristo, quienes tenemos que convocar y entrenar a los obreros que trabajarán conduciendo a las multitudes y a la mies del Señor hacia Dios, hacia Jesucristo y hacia la obediencia a la palabra de Dios, que es todo lo que está escrito en la Biblia.

Las multitudes, como en los días de Jesucristo, continuan “desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Es así en todo aspecto de la vida. Las multitudes necesitan buenos apacentadores y están a la expectativa de encontrar a “los obreros del Señor de la mies” que él ha enviado y enviará por la intercesión y el trabajo evangelizador de los discípulos de Jesucristo.

¡Qué Dios nos ayude a rogar mucho más constante y urgentemente al Señor de la mies para que envíe obreros a su mies!

¡Qué Dios nos mueva y nos use con mayor urgencia para predicar el evangelio y hacer discípulos a fin de que hayan “obreros” suficientes para apacentar a la iglesia y a las multitudes!

Oremos encarecidamente por los obreros del Señor, ¡lo necesitan!

Los ministros evangélicos son personas claves en el plan de Dios. Ellos, por la voluntad de Dios, son los responsables de enseñar y predicar la palabra de Dios, la Biblia. De su trabajo depende el crecimiento de cada hijo de Dios, la edificación de la iglesia y la salvación de los perdidos. De su ministerio depende, asimismo, la fidelidad y la pureza de la verdad divina. ¡Su labor es trascendental!

Las iglesias y los hijos de Dios, por tanto, tenemos que interceder siempre por los maestros, pastores, misioneros y evangelistas y sus familias. Nuestra oración constante a favor de los ministros de la palabra de Dios y sus familias es la voluntad de Dios para nosotros.

Pero Dios no solamente nos da la carga y el desafío de orar por los ministros del evangelio, él también nos instruye sobre qué es lo que tenemos que pedir por ellos.

Nuestros ruegos y peticiones por los que presiden y apacientas las iglesias tienen que ser específicas y bíblicas. Nuestra intercesión a favor de los obreros y siervos de Dios tiene que estar respaldada por la palabra de Dios. ¡Es imprescindible que así sea!

La Biblia, gracias a Dios, no nos deja a oscuras respecto a qué es lo que debemos pedir a favor de los obreros del Señor de la mies. Ella nos instruye y nos da mandatos específicos respecto a qué pedirle a Dios por ellos.

En esta nota compartiré textos bíblicos con peticiones específicas para interceder por los obreros de Dios.

  1. Que tengan valentía para hablar la palabra de Dios. “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:29). La predicación del evangelio y la enseñanza de la palabra de Dios se realiza, muchas veces, en un contexto de oposición y de violencia verbal, física y “legal”. El diablo y el mundo opuesto a Dios no toleran que Jesucristo sea creído, seguido, obedecido, adorado y esperado. Los obreros de Dios son humanos y también tienen miedo. De allí que es crucial pedirle a Dios que los haga valientes y apasionados para hablar y testificar de Jesucristo.
  2. Que Dios respalde todo su trabajo. “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hechos 14:23). Los obreros y siervos de Dios hablan en nombre de Dios y necesitan que Dios los empodere y respalde al cumplir su tarea. Nosotros los ayudaremos mucho si pedimos siempre que Dios esté presente en sus vidas personales, familiares y ministeriales. El respaldo divino sobre ellos tiene que ser notorio, evidente. Todos quienes los oímos, vemos y seguimos tenemos que “experimentar” con nuestros sentidos externos e internos que Dios está con ellos en todo lo que hacen.
  3. Que sean librados de los rebeldes y de los que se oponen a evangelio. “Pero os ruego hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, …” (Romanos 15:30-31a) (2 Tesalonicenses 3:2). En este mundo hay gente mala, muy mala, “irredimible”. “La fe no es de todos”, no porque Dios no quiere que lo sea, sino porque no todos la quieren … aun cuando está a su alcance. Esta gente hace sus maldades a todos, también a los predicadores. La maldad de estos hombres puede ser oral, escrita, física y hasta mortal. Los ladrones, extorsionadores, asesinos y terroristas no se detienen ante nadie y los siervos de Dios no están inmunes a ellos. La violencia, ya política o ya religiosa también afecta a a todos los hijos de Dios y los ministros del evangelio no están exceptuados. Necesitamos orar por ellos y sus familias para que no sean dañados por los delincuentes ni por quienes odian al evangelio y quienes lo predican y enseñan.
  4. Que su trabajo ministerial sea aceptado por Dios y su iglesia. “… y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta; …” (Romanos 15:31b). La ofrenda de los ministros a los santos hoy es lo que hacen para ellos. Sus mensajes, sus predicaciones, sus consejos, sus correcciones, sus visitas y todo lo que realizan para el crecimiento de los hijos de Dios en Cristo son “su ofrenda” a ellos. Esta “ofrenda” es preparada con amor y trabajo árduo. Si la congregación no acepta ni recibe esta “ofrenda” o la rechaza, el ánimo y la pasión de los siervos de Dios disminuye. Los obreros son humanos, como todos, y se desalientan. Un predicador desalentado no tiene fuerza, ni gozo, ni ganas. La congregación tiene que recibir con entusiamo lo que quienes los conducen han preparado para ellos. Todos necesitamos valorar el trabajo que realizan lo obreros del Señor y recibir y aceptar con gozo lo que ellos hacen para y por nosotros es indispensable. ¡Qué Dios nos ayude a rogar a para que el trabajo de los siervos de Dios sea aceptado y recibido con entusiasmo por las congregaciones en las que sirven! Amén.
  5. Que sus viajes ministeriales sean prósperos. “… para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros” (Romanos 15:32) (Hebreos 13:18-19). Para llevar el evangelio y enseñar la palabra de Dios hay que salir de donde se vive. Mucho del trabajo de los siervos de Dios se realiza fuera de su casa, de su barrio, de su ciudad, de su provincia y de su país. Los viajes son parte de la vida de los obreros. Al viajar, ellos corren peligros. Pueden ocurrir muchas cosas tanto al ir como al volver. Rogarle a Dios para ellos vayan, lleguen, cumplan su labor y retornen en paz y con alegría es muy importante. ¡Hagámoslo, no solamente por ellos, sino también por sus familias, que los están esperando!
  6. Que reciba las palabras adecuadas para comunicar el evangelio con claridad y en forma entendible. “Y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar” (Efesios 6:19-20). Mucho del trabajo que realizan los siervos de Dios es verbal. Ellos tienen que hablar clara, amena, comprensible y poderosamente. Sus enseñanzas requieren convición, certidumbre. El evangelio tiene que salir de sus bocas con poder y valentía. Pablo sabía lo crucial que es hablar apropiadamente el mensaje de Dios. Nosotros habemos mucho bien a la obra de Dios si es que pedimos que los obreros de Dios reciban de él las palabras y el poder que necesitan al predicar y enseñar.
  7. Que se les presente oportunidades óptimas de predicación de la palabra de Dios. “Orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar” (Colosenses 4:3-4). Aunque el evangelio tiene que ser predicado a toda criatura y a todo el mundo, no todos quieren oír o no todos están listos para escuchar. Las personas están en sus propios asuntos sin “ver” el peligro en el que se encuentran. Dios tiene que obrar en ellos para que se interesen por sus almas y por su condición ante él. Por eso, al interceder por los ministros, tenemos que pedirle a Dios que les abra puertas para que prediquen el evangelio a quienes están preparados para escucharlo. Dios es el interesado principal de la salvación de los pecadores y es él mismo quien mueve a sus siervos a donde él quiere que vayan. Oremos a Dios, entonces, para que dé a sus siervos oportunidades óptimas para predicar y testificar el evangelio de Cristo.
  8. Que su predicación del evangelio tenga resultados concretos verdaderos y firmes. “Por lo demás hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, …” (2 Tesalonicenses 3:1). Los predicadores son como los sembradores, ellos quieren sembrar el evangelio en donde éste germina, crece y da fruto. Ellos se gozarán y tendrán muchísimo más ánimo si es que ven prosperar su trabajo para Dios. Los siervos de Dios predican y enseñan porque quieren ver más conversiones, más bautizados, más hermanos obedeciendo a Dios, más dedicación y más fervor por Dios y su obra. Si ellos ven que la palabra de Dios avanza y tiene fruto, se gozarán y su ánimo será muchísimo mayor. Necesitamos pedirle a Dios que el trabajo de los obreros del Señor tenga fruto a treinta, sesenta y a ciento por uno.
  9. Que siempre tengan buena conciencia y buena conducta al vivir en esta tierra. “Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo” (Hebreos 13:18). La buena salud espiritual personal de quienes dirigen la iglesia de Dios en este mundo es trascendental. Los que apacientan la grey tienen que estar bien con Dios, con su familia (esposa e hijos), con su congregación y con toda persona a su alrededor vivir y al hacer su trabajo. Su santidad y su perfeccionamiento espiritual es vital. Si ellos tienen carga por pecado interno o externo no vivirán ni ministrarán con entusiasmo. No es posible ningún trabajo espiritual con mala conciencia por pecado personal interno o externo, aun cuando nadie, excepto Dios y los obreros mismos, lo sepan. La mala conciencia quita poder, autoridad, convicción y pasión al enseñar, predicar, aconsejar o corregir a otros. Es indispensable que oremos por la vida privada e íntima de los que encabezan las iglesias del Señor Jesucristo. Pidámosle a Dios que ellos no tengan nada que no está corregido ni confesado. Roguemos que ellos no tengan nada de que avergonzarse. Es muy importante que así sea. Amén.
  10. Que cuando sean atacados por Satanás su fe no les falte y salgan así fortalecidos de ese ataque. “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32). No hay nada que desaliente más a los maestros, pastores, misioneros y evangelistas que el pecado, ya suyo, ya de su familia, ya se su equipo de trabajo o ya de los hermanos de su congregación. El pecado causa gran estrago en todos los hijos de Dios. El daño es muchísimo más grande cuando el pecado es del obrero de Dios o de la familia suya. El diablo sabe esto último y por eso es que tienta continuamente a los obreros y a sus familias. Mantener en nuestros ruegos a los ministros y sus familias es importantísimo. ¡La obra de Dios sufre mucho cuando los siervos de Dios o sus familias pecan gravemente! ¡El desaliento, el desánimo, la falta de fuerzas son horribles en momentos así! ¡La fe y la confianza en Dios y en su obra y en sus promesas se debilitan peligrosa y terriblemente en esos momentos! Jesucristo lo sabía y es por eso que no dejó de interceder por sus discípulos cuando pecaron contra él, negándolo y abandonándolo. Hagamos lo mismo nosotros cuando el pecado hiera a los siervos de Dios y sus familias, ¡pidámosle a Dios que su fe no les falte! Amén. ¡Qué Dios nos ayude a orar diariamente por las familias de quienes conducen la grey y la obra de Dios en este mundo!
  11. Que sepan edificar hogares ejemplares. “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, … que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Timoteo 3:2, 4-5). La familia está bajo ataque. El diablo tiene por objetivo la perversión y la destrucción de la familia como institución divina. El hogar de los hijos de Dios no está exceptuado del asedio del maligno, y el hogar de los siervos de Dios, muchísimo menos. El diablo y el mundo, que se oponen a Dios y a su obra, saben que detendrán y perturbarán el evance del evangelio si dañan la familia de los ministros de la palabra. Por tanto, la iglesia tiene que rogar por ellos y sus familias. Es muy importante interceder, interceder e interceder por la estabilidad, el crecimiento y el perfeccionamiento de los siervos de Dios y sus familias.
  12. Que tengan buen testimonio para con los no creyentes que rodean su hogar. “También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:7). Los obreros del Señor y sus familias, al igual que todos los hijos de Dios, viven inmersos entre inconversos. Los inconversos siempre los están observando. Su modo de vivir y todos sus actos están en el escaparate público todo el tiempo. Sus buenas obras son clave para la difusión del evangelio y para que sean muchos más los que vienen a Cristo. Lo contrario también es cierto, si es que ellos viven y hacen mal. Su mal testimonio estorbará y hará tropezar a los no creyentes y también a las ya creyentes. Orar por el buen testimonio de los ministros del evangelio entre los que viven a su alrededor, por tanto, es vital. ¡Hagámoslo!
  13. Que tengan la intercesión constante y fiel de todos aquellos a quienes ministran. “Hermanos, orad por nosotros” (1 Tesalonicenses 5:25). “Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, en que hacéis y haréis lo que os hemos mandado” (2 Tesalonicenses 3:4). Pablo pedía oración a los hermanos y confiaba en que ellos escucharían su pedido y orarían por él y su equipo de trabajo. Los ministros del evangelio deben hacer esta petición a las congregaciones de Cristo. La intercesión del pueblo de Dios es vital. Los siervos de Dios que saben que sus hermanos en Cristo los tienen en sus oraciones cumplen su trabajo con confianza y mayor tranquilidad. ¡Dios bendiga a sus obreros con congregaciones que constantemente oran por ellos ante Dios!

Seguramente hay muchas otras peticiones específicas y bíblicas a favor de todos los que son ministros del evangelio. Empero, los motivos alistados son, según el Espíritu Santo que inspiró lo que está escrito en la Biblia, trascendentales y demasiado importantes como para pasarlos por alto.

En consecuencia, considero que los ministros del evangelio que tienen iglesias que oran a su favor fiel y fervorosamente estos principales motivos, son bienaventurados y los más propensos al éxito ministerial, que aquellos que no tienen tal privilegio y escudo.

Este artículo ha sido escrito para que los hermanos en Cristo y todas las iglesias oren, oren … y oren estas peticiones fielmente a favor de quien los apacientan.

Necesitamos orar por los siervos de Dios y sus familias cada vez que Dios los traiga a nuestras mentes. ¡Es imprescindible!

Finalizo esta nota con la confianza en que Dios hará que sus iglesias y cada uno de sus hijos orarán por los ministros del evangelio conforme a lo aquí enseñado.

Dios quiere que oremos por los ministros del evangelio y los ministros mismos nos piden encarecidamente que lo hagamos: “Hermanos, orad por nosotros” (1 Tesalonicenses 5:25).

¡Qué Dios bendiga a los ministros del evangelio con congregaciones y hermanos fieles que oran, oran y oran estos motivos y ruegos bíblicos!

Amén, amén … y amén.

Los resúmenes, un método de enseñanza clave para apresurar y afirmar el conocimiento bíblico en los discípulos de Jesucristo.

Los resúmenes son un método de enseñanza vital para acrecentar y afirmar el conocimiento bíblico en los discípulos de Jesucristo a fin de que proclamen el evangelio con convicción y valentía.

Dios se ha revelado a los hombres siempre.

La narración bíblica testifica ese hecho en todos sus relatos. Dios quiere que todos los seres humanos conozcan su persona, sus obras, sus deseos, su voluntad y sus recompensas.

Todo lo que Dios quiere que nosotros sepamos está en la Biblia, la palabra escrita de Dios. En todo lo que quiere que sepamos hay un mensaje básico de Dios a nosotros, los seres humanos. Este es su mensaje: Yo soy Dios, vuestro creador y sustentador, que quiero constante y continuamente vuestro bien, compañerismo, obediencia y adoración.

Este mensaje básico está en el contexto de la libertad de los seres humanos de creer y seguir o no la voluntad de Dios para con ellos (los hombres en su mayoría decidieron no seguir la voluntad de Dios). El mensaje, asimismo, se enmarca en la misericordia y los actos de Dios para cumplir con esa su buena voluntad para con nosotros.

Como Dios se revela en el tiempo y en el espacio, y él es eterno y nosotros no, él ha repetido su voluntad para con nosotros en cada generación. La Biblia es justamente el testimonio viviente de cómo él se ha manifestado y de cómo Dios cumple y cumplirá su objetivo de vivir con los seres humanos eternamente al final del mucho presente.

Apocalipsis 21:4 afirma claramente que Dios vivirá con los hombres y entre los hombres cuando este mundo llegue a su final y sea cambiado por otro, que será nuevo, eterno y sin ningún tipo de mal.

El mensaje de Dios se resume y se repite continuamente a través de toda la Biblia. La evidencia de resúmenes de hechos bíblicos precedentes son notorios en los siguientes libros:

El libro de Deuteronomio resume el mensaje básico de la Biblia desde el Génesis hasta el libro de Números.

El primer y el segundo libro de Crónicas sintetizan la información clave de los sucesos biblicos desde Adán y Eva hasta el retorno de israel a la tierra prometida después de los 70 años de cautiverio.

El libro de Mateo y el libro de Lucas hacen una sintesis de la revelación de Dios desde Adán hasta Jesucristo por medio de las geneaologías de personajes claves del Antiguo Testamento. (Mateo 1:1-17; Lucas 3:23-38).

Los resúmenes o los síntesis de los hechos cruciales de Dios en la  Biblia son vitales para nuestra edificación y para afirmar nuestras convicciones. Son vitales, asimismo, para difundirlos en forma rápica, clara, ordena y convincente a muchos más hombres y mujeres de este mundo.

Todos los que somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo estamos llamados a conocer bien el mensaje central de Dios en la Biblia para difundirlo por dondequiera que vayamos. En la Biblia tenemos varias personas que nos muestran que los resúmenes o los síntesis de la obra de Dios sí son posibles de enunciar si es que se ha aprendido bien lo que ella dice.

He aquí algunos de ellos:

Josué, antes de morir, hizo ante del pueblo de Israel un resumen de cómo Dios obró entre ellos desde Taré, padre de Abraham, hasta la conquista de la tierra prometida. (Josué 24:1-28).

Samuel, antes de “jubilarse” como profeta, dio un discurso en el que resumió cómo Israel se reveló contra Dios desde los días de Moisés y Aarón hasta cuando el pueblo desechó a Dios pidiendo que se le diese rey, el cual fue Saúl. (1 Samuel 12:5-25).

Esdras hizo un recuento de la rebeldía del pueblo y del trato misericordioso de Dios, desde la elección de Abram hasta la reedificación del templo luego de retornar a la tierra prometida después de los 70 años de cautiverio. (Nehemías 9:6-38).

Esteban, antes de ser apedreado por los judíos hasta morir, también hizo un recuento de la rebeldía de Israel desde cuando Dios se apareció a Abraham hasta la crucifixión de Jesucristo. (Hechos 7:1-60).

La predicación del evangelio incluso, no es sino un resumen de cómo Dios ha obrado en la historia de la humanidad por medio de Jesucristo para salvar a los pecadores. Solo tenemos que repasar los mensajes evangélicos de Pedro (Hechos 2:14-42) y de Pablo (Hechos 17:22-33) en el libro de Hechos para confirmarlo.

Es imprescindible, por tanto, enseñarle a los hijos de Dios el mensaje de la Biblia por medio de resúmenes. Nuestros hermanos en Cristo necesitan conocer la voluntad de Dios expresada reiteradamente en la Biblia en forma sintética, clara y ordenada.

Todos los seguidores de Cristo tenemos que ser testigos suyos y predicar su evangelio a toda criatura, a todas las naciones y por todo el mundo (Hechos 8:4). Para que todos podamos hacerlo, necesitamos ser capaces de sintetizar en pocas palabras y en forma coherente y ordenada este bendito mensaje salvación, que es la historia de cómo Dios salva al pecador por medio de Jesucristo, Su Hijo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

¡Qué Dios nos ayude a proclamar el evangelio de Cristo y su salvación por medio de un resumen completo, claro, coherente y poderoso a muchas más gente y en más lugares! Amén y amén.

Iglesia Bautista Tesalónica, Miramar, Alto Moche, Trujillo.

Conocí una congregación nueva en mi ciudad este último fin de semana. Esta congregación está ubicada en Miramar, Alto Moche, Trujillo. Miramar es un centro poblado desde donde se puede contemplar el Océano Pacífico, a la altura de la costa de Salaverry.

Nunca antes había estado en esa parte de mi ciudad. Esa zona era un desierto de arena hasta hace unos veinte años atrás. Ahora hay una gran población afirmándose y acrecentándose en Miramar.

Gracias a Dios, el evangelio de Cristo también se proclama allí.

Betel, la congregación en la que soy miembro, ha contribuido y contribuye con la difusión del evangelio en Miramar. Nuestro pastor gestionó para que visitase y enseñase a nuestros hermanos en Cristo de ese lugar.

Dios alienta mi alma cada vez que conozco una nueva congregación y conocer a los hermanos de la Iglesia Bautista Tesalónica, en Miramar, Alto Moche, Trujillo, me ha animado y llenado de gozo.

Mi corazón se regocijó con el entusiasmo, el conocimiento bíblico, el gozo al cantarle a Dios, la atención a la exposición a la palabra de Dios y la amabilidad de los hermanos para conmigo.

Ellos son sencillos, fervorosos y hospitalarios.

Los hermanos se reúnen en el terreno de uno de los discípulos de la congregación. En ese terreno nuestro hermano está construyendo su casa y es en uno de los ambientes que se realizan las reuniones.

La zona está bastante poblada y es una gran cosa que existan iglesias de nuestro Señor Jesucristo allí. La luz del evangelio de Cristo debe alumbrar todo lugar en el que habitan seres humanos.

Ruego sus oraciones por esta iglesia de Dios en Miramar. Pidámosle a Dios que se mantengan firmes y crecientes en Cristo y en su obra de salvación a favor de todos los pecadores.

El nombre Tesalónica es un desafío tremendo para la congregación.

La iglesia de Tesalónica en la Biblia es una iglesia ejemplar. Pablo la alabó por cómo imitaron a los apóstoles y al Señor, por cómo recibieron la palabra de Dios con el gozo del Espíritu y por cómo es que fueron un ejemplo a los creyentes de aquel tiempo … y de todos los tiempos.

La congregación bíblica se convirtió de los ídolos al Dios vivo y verdadero por medio de Jesucristo para servirle, adorarle y proclamarle en Macedonia y en todo Acaya. Su vida y su trabajo para el Señor Jesucristo son un reto que la iglesia Tesalónica en Miramar tiene que emular en su zona y en todo lugar a donde nuestro Dios los conduzca.

Dios fortaleció mi fe y me hizo recordar mi llamado a ser testigo suyo en todo lugar a donde él me lleva mientras estaba congregado con los hermanos de Tesalónica. Disfruté y crecí enseñando la palabra de Dios a mis hermanos de esa pequeña congregación. Enseñar la Biblia es un privilegio y una responsabilidad grande que Dios me concedió cuando me salvó por su gracia por medio de Jesucristo Su Hijo y estoy bendecido por eso.

Dios me habló por su palabra junto a los hermanos de Tesalónica de Miramar y fortaleció mi fe en Cristo al hacerme pensar en la ejemplar iglesia de Tesalónica, cuyo testimonio está en el Nuevo Testamento, en las dos epístolas que Pablo les escribió.

Termino este testimonio expresando mi anhelo de que la iglesia Tesalónica de Miramar y yo, encarnemos y reflejemos en nuestras vidas el carácter, la fe, la obra, el amor y la constancia que caracterizó a la iglesia de Tesalónica que está en el Nuevo Testamento. 

“… ACORDÁNDONOS SIN CESAR DELANTE DEL DIOS Y PADRE NUESTRO DE LA OBRA DE VUESTRA FE, DEL TRABAJO DE VUESTRO AMOR Y DE VUESTRA CONSTANCIA EN LA ESPERANZA EN NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.”

1 TESALONICENSES 1:3.

¡Dios nos ama … a lo pecadores!

Dios es amor.

El amor es su esencia, su naturaleza.

No existe ningún gesto ni acción divina que no estén impregnadas por su esencia, el amor.

El amor de Dios es el atributo divino que me atrapa, me conmueve, me impresiona y me persuade.

Al principio, cuando me acerqué a Dios por medio de Jesucristo, me acerqué por mi vacío, por mi frustración existencial y por mi anhelo de cambio, de transformación. Yo estaba cansado de vivir como vivía, y quería una vida nueva … y Dios me la ha dado.

Así fue cuando me acerqué a Dios, ahora, sin embargo, después de los años, y de mi estudio de la Biblia, y del conocimiento de mí mismo (en especial, de mi condición pecaminosa), me quedo con Dios y continuaré con él hasta el fin, no solamente porque me dio vida nueva, sino porque me cautiva, me maravilla y me impulsa su amor, su grandioso, asombros e inefable amor.

El amor de Dios para con nosotros los seres humanos no tiene nada que ver con que haya algo especial en nosotros mismos. Todo el amor de Dios para con nosotros tiene que ver solamente con Dios. Su amor empezó cuando nosotros no existíamos siquiera; es por él que existimos; es él quien decidió crearnos y formarnos, conforme a su imagen y a su semejanza.

El amor de Dios se hace patente en toda nuestra historia, pues, a pesar de que nos revelamos contra él en Adán, nuestro padre; él no nos ha exterminado ni nos ha desaparecido de sobre la faz de la tierra. Al contrario, él no ha mantenido y nos mantiene en ella, y nos multiplica, y nos sustenta, y nos tiene paciencia, y nos soporta, y nos busca redentoramente todo el tiempo de nuestra vida en ella.

La evidencia cumbre del amor de Dios es lo que él hizo por medio de Jesucristo a favor de nosotros aun cuando somos pecadores. Su obra de amor está descrita muy claramente en los cuatro evangelios, que narran ciertísimamente quién es Jesús, qué es lo ha hecho, qué es lo que ofrece y qué es lo que pide de nosotros pecadores.

La escritura afirma que Dios amó tanto a los pecadores que envió a Jesucristo a esta tierra para buscarlos y salvarlos de sus pecados. Su venida, motivada por el amor de Dios, está expuesta por el propio Jesús en Juan 3:16. Sus palabras son más que sublimes: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Los cuatro evangelios del Nuevo Testamento son unánimes respecto a que Jesús sabía muy bien que su misión consistía en servir a la humanidad pecadora dando su vida en rescate por ella. En consecuencia, la traición de Judas y su entrega a las principales autoridades judías para ser condenado a muerte no fueron una sorpresa para él.

Tampoco lo dejaron perplejo sus sufrimientos a manos de las autoridades judías y el pueblo de Israel de ese entonces. Ni aun la muerte misma lo agarró “desprevenido”; lo que desconcertó a Jesús, humanamente hablando, fue “el abandono”, “el desamparo” de Dios.

Y es su clamor en su agonía en la cruz del Calvario la que confirma su desconcierto. Mateo testifica su clamor y estupor así: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí. Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

El “desamparo” de Dios a Jesús tiene su explicación en el amor de Dios por los pecadores. En la cruz del Calvario Jesús llevaba el pecado del mundo. Él tenía sobre sí el pecado de todos y cada uno de los seres humanos que han vivido, que viven y que vivirán hasta el fin de este mundo presente.

En la cruz, Dios hizo pecado a Jesús por nosotros. En aquel crucial instante, Jesús estaba padeciendo el castigo de nuestra paz.

Dios, por tanto, por amor a nosotros pecadores, estaba sacrificando a su amado Hijo, al único que nunca lo ofendió ni pecó contra él. Todo lo que hizo Dios y la forma que trató a Su Unigénito en la cruz, fue por amor a nosotros.

El mensaje de Romanos 5:8 sobre el amor de Dios es maravilloso e inigualable. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Estas palabras no necesitan explicación, sino gratitud, asombro, reverencia, adoración, consagración, amor, obediencia, lealtad, etc., etc.

Todo lo que ha hecho, hace y hará Dios por los seres humanos pecadores a través de Jesús Su Hijo, es por amor. Dios nos ama y nunca hay razón para dudarlo. Y si por una u otra razón nos viene la duda de que Dios nos ame, lo que tenemos que hacer es mirar a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador: Él es la evidencia indubitable y concreta de que Dios nos ama en una forma impresionante.

En consecuencia, y para terminar ya esta reflexión, los cristianos y el cristianismo bíblico somos una realidad por el amor de Dios y es por eso que nos debemos a su amor; nosotros somos cautivos del amor de Dios.

Los cristianos, por tanto, tenemos que amar y vivir  siempre amando como Dios ama. Nosotros no podemos anidar odio en nuestro ser. No es propio del Dios a quien servimos, ni de Cristo, quien se sacrificó por amor por nosotros.

El amor de Dios tiene que gobernar y dirigir todas nuestras relaciones personales, y todas nuestras acciones y reacciones. Dios y su amor son nuestro ejemplo y nuestra meta al vivir en esta tierra. Y Dios, para asegurarse de que así sea, ha derramado su amor en nuestros corazones.

Dios nos ha capacitado para vivir en su amor y por su amor. Está escrito: “… y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:5).

¡Siempre te estamos muy agradecidos, oh Dios, por amarnos en Cristo Jesús como nos amas!

¡Ayúdanos, oh Dios nuestro, a vivir en amor y por tu amor todos los días que nos des para vivir en esta tierra!

¡Enfoquémonos en la renovación de nuestro hombre interior!

El hombre exterior es el hombre en Adán, el hombre viejo, lo que somos como criaturas de Dios. De acuerdo a este bíblico, es hombre exterior se va “desgastando”.

La palabra desgastando viene del verbo desgastar, que significa “agotar o cansarse por uso excesivo o gran esfuerzo o estrés”.

La palabra desgastarse también puede ser reemplazada por “debilitarse”, “marchitarse”, “extenuarse”.

La palabra “desgastarse” describe muy bien lo que pasa con nuestro hombre exterior, el hombre físico, que fue creado por Dios del polvo de la tierra.

Este cuerpo tiene su étapa de apogeo, de efervecencia, de crecimiento. Esa étapa es maravillosa, y revosante, y llena de vigor y de energía.

Pero esa étapa culmina, se acaba. Y cuando se acaba, ese hombre exterior empieza a debilitarse, a marchitarse, a extenuarse, … a desgastarse.

Este proceso se complica con las enfermedades y con el paso de los años. Tal es así que a más enfermedades o más años, mayor desgaste y mayor extenuación y debilitamiento, hasta el día del final, que es cuando morimos.

El desgaste del hombre exterior es paulatino, y lento, pero fatal y dolorosamente eficaz.

Dios me ha hecho ver este desgaste en mí mismo, y en familiares, y en amigos, y en hermanos en Cristo.

Justo hoy mismo me impresionó ser testigo de cómo “el desgaste” del hombre exterior ha transformado en débil y marchito a un amigo antes fuerte y lozano.

El marchitamiento y debilitamiento del hombre exterior es doloroso, incómodo, frustrante, vergonzoso e imposible de evitar, frenar y curar.

Los cristianos, sin embargo, en razón de nuestra fe en Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación, recibimos de Dios al hombre “interior”, que es un hombre nuevo, “… creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24).

Este hombre interior, a diferencia del hombre exterior que se va desgastando, “… se renueva de día en día”.

La palabra “renueva” significa “hacer nuevo a algo”. Esto quiere decir que el hombre interior no “se deteriora ni se marchita”. Este hombre interior no deja de “transformarse” positivamente, y de crecer, y de fortalecerse.

Los cristianos vivimos estas dos realidades contradictorias entre sí. Tenemos, por un lado, al hombre exterior, debilitándose y muriéndose; y por el otro, al hombre interior, haciéndose nuevo, y vigorizándose, y regenerándose, más y más cada vez.

Los cristianos sí tenemos que tomar providencias para cuidar nuestro hombre exterior, pero no debemos afanarnos demasiado por él.

Nosotros tenemos que ocuparnos mucho más en el crecimiento de nuestro hombre interior porque ese es el hombre que vivirá eternamente al lado de Dios cuando Jesucristo venga por nosotros.

El hombre exterior se va a desgastar completamente, hasta morir y ser absorbido por la corrupción propia de la mortalidad. El hombre exterior no es el hombre que vivirá por la eternidad.

El hombre que vivirá por toda la eternidad es el hombre interior, que absoverá totalmente al hombre exterior hasta hacerlo desaparecer totalmente.

El apostol Pablo lo sabía y es por eso que escribió estas palabras: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.” (1 Corintios 15:53-54).

Yo no puedo evitar el desgaste, el marchitamiento, el debilitamiento de hombre exterior. Quisiera, pero me es imposible hacerlo. Pero esta imposibilidad no es solamente mía, sino de todos los seres humanos. Ninguno de nosotros los mortales puede evitar el desgaste de su hombre exterior.

No me tengo que afanar por eso entonces. No debemos gastar energía en lo que nos es imposible de evitar.

Lo que yo sí puedo y debo hacer, es aprovechar la energía y el vigor que todavía tiene mi hombre exterior para cultivar y acrecentar mi hombre interior, que es el que se renueva, se revigoriza y se transforma día a día.

El acrecentamiento del hombre interior que Dios me ha dado al creer y seguir a Jesucristo es el que me dará ánimo, fuerza y esperanza al vivir con el hombre exterior que se va desgastando.

¡Creamos y sigamos a Jesucristo! ¡Él nos dará al hombre interior que se renueva de día en día y viviremos con ánimo en el hombre exterior aunque se desgastando!

¡Crezcamos en nuestra fe en Jesucristo, si ya somos hijos de Dios, y fortalezcamos y acrecentemos nuestro hombre interior para que vivamos con gozo en esta tierra a pesar de los sufrimientos y el debilitamiento de nuestro hombre exterior!

Amén.