Aviva Tu Obra, Oh Dios: La Oración de Habacuc y la Urgente Necesidad de Avivamiento Hoy.

La Oración de Habacuc: 4 Pasos para el Avivamiento Hoy.

“Descubre el patrón bíblico en Habacuc 3:2. Analizamos los 4 principios que el profeta usó para clamar a Dios por un despertar espiritual en su nación.”

El avivamiento de la obra de Dios siempre es una necesidad continua en este mundo, y en el mundo de hoy, muchísimo más.

Avivamiento (en el uso cotidiano) es la acción y el efecto de avivar. La palabra “avivar” significa: “volver a vivir”, “revivir”, “cobrar vida”, “entusiasmarse” o “dar vigor o energía” a algo.

En el uso cristiano o evangélico, el avivamiento es el “despertar“, la “consagración“, la “renovación” y la “priorización” de la vida espiritual con Dios por medio de Jesucristo, Su Hijo. Este avivamiento puede ser individual, colectivo o los dos juntos. Como consecuencia del avivamiento, la vida personal de todo cristiano, de la Iglesia y de la sociedad en general, se hace más devota, más arrepentida, más sensible, más obediente y más útil a Dios y a la extensión de Su evangelio.

El Avivamiento no es una reliquia histórica, sino una necesidad continua y, hoy más que nunca, urgente. Ante el enfriamiento espiritual y la secularización, la única solución es un acto soberano de Dios. El profeta Habacuc lo entendió y nos dejó un patrón atemporal en su oración de Habacuc 3:2. En este post, exploraremos los cuatro principios fundamentales que él usó para clamar por un despertar espiritual en su nación y que son indispensables para nuestra vida y nuestra época.

“Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.” (Habacuc 3:2).

1. Tenemos que ser conscientes de que el avivamiento es necesario.

¿Se adora, alaba, teme, obedece y ama a Dios? ¿Se guarda y se vive en conformidad con las leyes reveladas en la palabra de Dios? ¿Se vive misericordiosamente y fraternalmente entre prójimos? ¿Las familias viven en respeto mutuo y armonía? ¿Las autoridades se preocupan por el bienestar de todos los ciudadanos y les dan seguridad y justicia, o solo viven para sí mismos y sus allegados?

Estas preguntas se respondían negativamente en los días de Habacuc. El profeta era consciente de la situación de su sociedad, tal como lo expresan Sus palabras clarísimas al respecto:

“¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia.” (Habacuc 1:2-4).

Él, a la vez, sabía que el juicio de Dios estaba a la puerta de su nación. Es más, Habacuc conocía a quienes usaría Dios para ejecutar Su juicio y eso lo tenía confundido y angustiado.

“Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas.” (Habacuc 1:5-6).

El contexto religioso, político y social de Judá requería de un avivamiento espiritual y Habacuc estaba al tanto de esa urgente necesidad. Su oración a Dios para que avive Su obra en sus días es un reflejo de su lucidez y de su discernimiento espiritual.

Nuestro tiempo requiere de hijos de Dios que imiten a Habacuc.

Nuestras familias, congregaciones y naciones demandan “Habacucs” modernos, que estén con los ojos despiertos, y que vean la necesidad de un avivamiento obrado por Dios, y que oren por el mismo al Dios todopoderoso. ¡Que Dios levante cristianos diligentes y alertas que vean la necesidad del avivamiento espiritual!

2. Tenemos que estar escuchando la palabra de Dios humilde y reverentemente.

¿Cómo es que Habacuc llegó a ser consciente de la necesidad de un avivamiento? Su testimonio al respecto es poderoso. Él oía atenta y temerosamente la palabra de Dios. Su actitud ante ella era propicia para que el Espíritu Santo avivase su vida para con Dios y para con su prójimo. Fueron las Sagradas Escrituras las que despertaron su entendimiento y lo hicieron ver la necesidad espiritual de su nación. La Escritura decía una cosa y el pueblo judío vivía otra.

Los cristianos tenemos que estar oyendo y leyendo la Biblia como lo hizo este profeta. “Oh Jehová, he oído Tu palabra, y temí” tiene que ser también nuestro testimonio. Es la palabra escrita de Dios la que nos hace ver si estamos agradando a Dios o yendo en contra de Su buena y bendita voluntad. Es la Escritura la que nos motivará y nos impulsará hacia un avivamiento espiritual. Ella obrará en nosotros primero, y luego, al seguir transformándonos y encaminándonos más y más hacia Dios, nos hará ver que los demás también necesitan la obra de Dios en sus vidas.

3. Tenemos que pedirle a Dios en oración el avivamiento.

Habacuc deja en claro en su oración que el avivamiento espiritual verdadero es obra de Dios, no del hombre. “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos. En medio de los tiempos hazla conocer”, oró el profeta. La implicancia es trascendental: “Es Dios mismo quien tiene que ejecutar y concretizar el avivamiento.”

Habacuc le pidió a Dios el avivamiento de Su obra en la vida de su pueblo y de toda la humanidad. Su obra tenía que ser visible en su momento histórico. Toda su nación y todas las naciones que la rodeaban tenían que ver la obra de Dios en los judíos. Era Dios mismo quien debía hacer conocer Su labor en la vida cotidiana de los ciudadanos de Judá.

La petición en oración de Habacuc tiene que ser nuestra oración. Nosotros también debemos pedir que Dios “avive Su obra en medio de nuestra época.” Tenemos que pedirle que avive la vida espiritual en cada creyente y discípulo de Cristo. Debemos rogarle que reviva a Su iglesia y que la impulse hacia Él y hacia la misión de predicar el evangelio a toda criatura. En nuestra oración necesitamos pedir que Dios quebrante y mueva los corazones de nuestros conciudadanos hacia Él y hacia Jesucristo, Su Hijo, para la vida presente y la venidera.

4. Tenemos que estar listos a aceptar los resultados propios de la presencia santa y poderosa de Dios.

El avivamiento espiritual es posible porque Dios se revela en poder en quienes son Su pueblo y en quienes no lo son. Su presencia y Su obra serán un hecho tanto en quienes le temen y sirven como en quienes no lo hacen.

Habacuc sabía que Dios obraría en ira contra los pecadores y sus pecados, y en misericordia para con los pecadores que se arrepentían y volvían a Él en fe y conversión genuina. “En la ira acuérdate de la misericordia”, oró el profeta. El profeta quería que la ira de Dios sobre los ciudadanos rebeldes de su pueblo se expresase, pero sin dejar de expresarles también Su misericordia salvífica y redentora.

El avivamiento espiritual que Dios obra revela a nuestro Creador en ira contra los pecadores no arrepentidos y en misericordia para con los pecadores arrepentidos.

¡Tenemos que aceptar con un corazón humilde y reverente lo que hará Dios durante el avivamiento!


En resumen, el avivamiento espiritual es una necesidad urgente y vital en todos los niveles. Cada cristiano debe avivar y estimular su vida con Dios para amarle, obedecerle, adorarle, servirle y glorificarle todo el tiempo. Asimismo, la iglesia de Cristo necesita ser revivida y cobrar ánimo para consagrarse y servir con amor en la extensión del evangelio. Finalmente, el avivamiento es clave para que aquellos que aún no creen en Jesús se salven, vivan una vida nueva y multipliquen el número de personas que sirven y glorifican a Dios.

Oración: “Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.” (Habacuc 3:2).


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Obedecer a Dios en todo aspecto de nuestra vida es vital y esencial.

Necesitamos obedecer a Dios antes que a los hombres. La obediencia a Dios es nuestra prioridad. Nada ni nadie es más importante que Dios. En consecuencia, obedecerle y hacer su voluntad es imprescindible.

Pedro y Juan sabían lo vital y lo esencial de obedecer a Dios. Dios les dio un mandato urgente: Prediquen el evangelio Cristo en todo el mundo y a toda criatura, y hagan discípulos de Jesucristo a todas las naciones. (Marcos 16:15; Mateo 28:19). Ellos estaban obedeciendo a Dios, estaban predicando el evangelio. A las autoridades judías de su tiempo les incomodó su obediencia. Por eso, les prohibieron que predicasen (Hechos 4:1-22; 5:17-42). Pedro y Juan no se amilanaron. Su disposición y su determinación de obedecer eran el fundamento de sus vidas.

Todos tenemos que ver el obedecer a Dios como un asunto vital y urgente. Dios quiere nuestra obediencia y su palabra, la Biblia, y Su Espíritu Santo nos han sido dados para eso mismo. ¡Obedezcámosle!

La obediencia a Dios es una asunto personal.

Nadie puede obedecer por nosotros.

Dios nos habla individualmente a cada uno de nosotros por su palabra escrita y por su Espíritu. Nuestra obediencia a la clara palabra escrita es imprescindible. Hacerle caso al Espíritu Santo es vital y esencial.

Cuando Dios me alcanzó por medio de Cristo, ofrecí obedecerle. Le dije: “Lo que dispongas que haga, eso voy a hacer.” Y es lo que me he procurado hacer siempre. No significa que he obedecido perfectamente ni que nunca he pecado. No, no significa eso. La obediencia perfecta e impecable de los cristianos está aún en el futuro.

Obedecer a Dios es la prioridad de todos quienes creemos en Jesús.

Nuestra vida debe girar, moverse y encaminarse en función de hacer la voluntad de Dios, no la nuestra. 

Debemos obedecer a Dios cada vez que tenemos la convicción de que él quiere algo específico de nosotros. Sea lo que sea y cueste lo que cueste. Obedecer a Dios tiene que ser nuestra única e innegociable opción. 

Estoy en eso en este período de mi vida.

Creo que Dios quiere que haga algo, y debo hacerlo. “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”. Me costará, me dolerá, pero tengo que obedecer. Dios me ha elegido para esta tarea; es mi privilegio. ¡Que Dios me ayude a hacer lo mejor posible! Amén y amén.

Gracias a Dios, esta responsabilidad no la cumpliré solo, tengo el apoyo de mi familia nuclear, de mi familia extendida y de mis hermanos en Cristo. ¡Qué bendición tan grande que es así! ¡Dios es bueno y no nos da tareas sin darnos también ayuda para cumplirlas!

Gracias por orar por mí y por todos los que me ayudan a obedecer a Dios en este mi nuevo desafío.

Jesucristo arrebatará a Su Iglesia hasta las nubes y se reunirá con ella para siempre.

Los cristianos creemos, seguimos, amamos, obedecemos y esperamos a Jesucristo. Él, que murió por nuestros pecados y que resucitó para nuestra justificación, fue a los cielos y volverá por nosotros, para que vivamos con él para siempre.

Jesús cumple lo que promete. Su venida, en consecuencia, es un hecho ciertísimo e indubitable. Tenemos que estar expectantes y preparados para reunirnos con él.

Jesús vendrá por Su Iglesia, Su Cuerpo, Su Congregación, que es la suma de todas las personas de este mundo que han creído, que creen y que creerán en él hasta esa Su Venida.

La venida de Jesús por Su Iglesia está detallada en el párrafo de 1 Tesalonicenses 4:13-18.

Lo primero que tenemos que resaltar es que Jesús viene hasta nosotros con los que murieron creyendo y siguiéndole (Porque ellos ya están espiritualmente con él. 2 Corintios 5:8. Filipenses 1:23). Obviamente, al venir con Jesús, los que murieron vienen en espíritu (4:14), ya que sus cuerpos están en la tierra, en donde fueron sepultados.

Lo segundo a observar es el hecho de que Jesús resucitará los cuerpos de los discípulos que murieron creyendo y que están viniendo con él en espíritu (4:15-16). Esa bendita resurrección unirá el cuerpo y el espíritu de los muertos en Cristo en una condición eterna e incorruptible. Luego, y gracias a ese hecho portentoso, los redimidos resucitados se reunirán con Jesús en las nubes, en el aire.

Lo tercero a destacar es lo que hará Jesús con todos los creyentes que estén vivos cuando venga por Su Iglesia. El texto afirma que todos los creyentes vivos serán arrebatados (llevados, subidos) juntamente con los creyentes resucitados para recibir al Señor en el aire. Este arrebatamiento ocurrirá rápido, muy rápido. Todos los hechos transformadores sucederán en “un momento”, “en un abrir y cerrar de ojos” (1 Corintios 15:52). ¡Esa experiencia grandiosa y poderosa nos maravillará y asombrará tremendamente!

Lo último a anotar respecto al acto bendito y bienaventurado de la venida de Jesucristo por Su Iglesia es el lugar de la reunión y el propósito de la misma. El lugar de reunión es “las nubes”, “el aire” (eso significa e implica la atmósfera, la atmósfera de nuestra tierra y nuestros cielos). El propósito está declarado en este afirmación: “… y así estaremos siempre con el Señor” (4:17).

Los cristianos tenemos esta esperanza bendita y nos gozamos y vivimos por ella. Somos transeúntes en esta tierra. Nuestra vida definitiva, eterna y plena se hará realidad junto a Cristo en Su Venida.

“Alentémonos los unos a los otros” con esta ciertísima enseñanza de nuestro Señor (4:18). ¡Hagámoslo cada día, hermanos!

Cobremos ánimo y fuerza, y cumplamos nuestra misión como testigos de Cristo y de su salvación eterna a quienes nos rodean y se relacionan con nosotros todos los días de nuestra vida en este mundo.

¡Muchas gracias por darnos esta bendiga esperanza en Jesucristo, Bendito y Bondadoso Dios! Amén.

El zarandeo diabólico: Una realidad purificadora y perfeccionadora de discípulos por la gracia y la soberanía de Dios.

Estas palabras de Jesucristo a Pedro, que fueron previas a su dolorosa y vergonzosa caída, son hartamente edificantes y esperanzadoras. Pedro, como sabemos, negó cobardemente tres veces que conocía a Jesús, Su Maestro, y Señor, y Salvador. Aún así, sin embargo, Jesucristo no abandonó a Pedro durante su zarandeo diabólico, sino que estuvo con él e intercedió para que no desvaneciese ni perdiese su fe.

Zarandear, según el diccionario, significa: 1) agitar con violencia. 2) mover con ligereza. 3) Cribar o tamizar, Aunque los tres significados son útiles y válidos para esa palabra, el contexto y el texto de Lucas 22.31-32, se inclinan por “cribar y tamizar”.

La expresión “… zarandearos como a trigo” hace referencia a la experiencia de negación vergonzosa de Jesucristo ante los demás en la que incurriría Pedro. Esa experiencia seria muy dolorosa, dramática, vergonzosa y desalentadora para Pedro.

El zarandeo diabólico con el respectivo permiso de Dios es un hecho bíblico. Job lo vivió y sufrió; Pedro, también. La iglesia ha sufrido el embate del diablo durante toda su estadía en esta tierra. Los creyentes y discípulos de Jesucristo de este tiempo también somos objeto del acecho del diablo. El diablo también quiere zarandearnos.

El zarandeo de Satanás a los hijos de Dios es una realidad. Él siempre quiere dañarlos, pero no puede hacerlo sin el permiso de Dios. El diablo, al “recibir” el permiso divino, tiene el objetivo de lastimar, desanimar e inutilizar a los creyentes y siervos de Dios. Esa es la intención diabólica, pero el objetivo de Dios es distinto y opuesto.

Dios usa el zarandeo diabólico a los creyentes y discípulos de Jesucristo para fortalecerlos, purificarlos y perfeccionarlos para cumplir con su misión. El dolor y la angustia de atravesar la densa oscuridad demoniaca optimiza el carácter, la fe y el fervor espiritual de los cristianos genuinos. El zarandeo y aun el diablo mismo, en consecuencia, son instrumentos en las manos de Dios. Dios los usa para para el bien de todos los que creemos y seguimos a Jesucristo.

Jesucristo, quien murió y resucitó para nuestra salvación eterna, está con nosotros durante el zarandeo diabólico, Su presencia y su intercesión nos aseguran una fe que no desmaya en ese sufrido y durísimo periodo. Por causa de la compañía y la obra mediadora de Jesucristo, por tanto, quienes creemos y seguimos a Jesucristo, somos purificados y perfeccionados por el zarandeo satánico para cumplir una nueva misión para nuestro Señor en su bendita iglesia.

El zarandeo, por la gracia y la misericordia de Dios en Cristo Jesús, nos cambia, y recompone, y afirma nuestra identidad en Cristo, dejándonos aptos para “confirmar la fe de nuestros hermanos”.

Pedro sufrió terrible y amargamente el zarandeo diabólico, pero el diablo no lo neutralizó ni inutilizó. No, no lo hizo. Jesucristo y su intercesión sostuvieron la fe de Pedro, y él fue purificado, afirmado y confirmado como su discípulo, su apóstol y su siervo. El diablo perdió zarandeando a Pedro.

Pedro salió del zarandeo mucho más apto y confiable para cumplir la misión de Cristo. La evidencia de la derrota del diablo es clarísima. Jesucristo confió mucho más en Pedro al final de su zarandeo. Es justamente por eso que Jesús, personal e íntimamente, le dijo: “Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17).

Al lado de Jesucristo nunca hay pierde. Nunca desmayemos por nuestros tropiezos ni caídas, por más horribles, vergonzosas y dolorosas que sean. Por causa de nuestro Señor y Salvador, el diablo solo tiene victorias aparentes sobre nosotros. Gracias a Jesús, nuestra vida siempre puede estar firme, segura y útil en sus manos. Amén.

Si hemos pasado uno o más zarandeos vergonzosos y dolorosos, miremos a Cristo con arrepentimiento genuino, y volvamos a él de corazón. Él nos recibirá, nos restaurará, nos perfeccionará y nos volverá útiles para su misión salvífica a favor de los pecadores de este mundo. Amén.

Todo absolutamente depende de Dios y de su buena voluntad para con nosotros.

Si Dios quiere. Si Dios permite. Si Dios dispone. Depende de Dios.
Si Dios lo determina. Si a Dios le place. Si a Dios le agrada. Si Dios lo ordena.
Primero Dios. Primeramente Dios.
Estas expresiones no son meras expresiones vacías o vacuas, sino verdaderas y siempre verdaderas. La contundencia de las palabras me impresionan y maravillan. Dios es el principio, el medio, la causa y el fin de todas las cosas.
Existimos y vivimos porque Dios lo quiso y lo quiere. No estamos en esta tierra por nuestra absoluta y sola voluntad. Así es con todo lo que existe. Todo, todo depende de Dios y de su voluntad. Nada se mueve ni es posible, sino por Dios.
Esto es categórico.
Nunca debemos usar esas expresiones sin la carga y el contenido que expresan. Nunca debemos pronunciarlas sin cierta y efectivamente creerlas.
Cada día de mi vida, en especial, desde que conozco a Dios por medio de la fe en Jesucristo Su Hijo, he aprendido y asimilado esta profunda y significativa verdad: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.” (Santiago 4:15).
Nosotros no somos señores de nuestros caminos. Dios es quien gobierna y quien conduce toda su creación y a todas sus criaturas, y los seres humanos no somos la excepción. Esta verdad va en contra de la autonomía y la soberbia del ser humano, pero es inobjetable.
Siempre uso las expresiones con las que inicié esta nota. Las uso porque creo que así es. Las uso en mi vida cotidiana, pero más cuando viajo, y he viajado mucho, tanto cerca de mi barrio como muy lejos del mismo.
Justo ahora estoy ad portas de un viaje largo y es por eso que todo el párrafo de Santiago 4:13-17 está en mi meditación. Todos dependemos de Dios para todo lo que hacemos y yo muchísimo más.
Nada de lo que soy ni de lo que tengo es por mí mismo, sino por Dios y por su buena voluntad para conmigo. Pero esto no es así solo para conmigo, sino para con todos los seres humanos, sin distinción. Dios no hace acepción de personas.
Pensémoslo, meditémoslo, considerémoslo.
Seguro que al final, si reflexionamos meticulosamente bien, descubriremos y concluiremos que sí, que lo que dice la Biblia es verdad, y que “… si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.”
¡Qué Dios nos ayude a vivir bajo esta convicción y certidumbre cada día! Amén y amén.

¡Creer, seguir y aprender de Jesucristo da y garantiza la tranquilidad y la paz a nuestros corazones!

Este mundo fue diseñado para disfrutarlo gozosamente, pero la desobediencia de Adán a Dios atrajo maldición, sufrimiento y muerte.

Todos los seres humanos experimentamos lo hermoso y gozoso de esta creación, pero también lo gravoso, doloroso, cargado y pesado de ella.

Lo sufrido y lo cargado de la vida es consecuencia de estos hechos inobjetables:

  1. Somos pecadores e imperfectos, y estamos bajo condenación.
  2. Vivimos con y entre seres humanos que también son pecadores e imperfectos.
  3. Transitamos, trabajamos y nos desenvolvemos en este mundo que está bajo maldición.
  4. El diablo nos asedia para oprimirnos y conducirnos hacia su destino de condenación.

Lo trabajoso, lo frustrante, lo angustiante, lo enfermizo y lo mortal de este mundo nos hace olvidar y opacar lo bueno y alegre de la vida.

Jesucristo sabía y sabe cuán cargado y pesado es vivir en este mundo. Él vivió y habitó entre los hombres y nos entiende perfectamente. Él conoce la pesadez que experimentamos los mortales y es por eso que nos hace está amable y urgente invitación:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11:28-30).

Su invitación amplia, abierta e inclusiva es a tener descanso y reposo de lo trabajoso y cargado de vivir en este mundo. Nosotros, según Jesucristo, podemos vivir aliviados y ligeros a pesar de lo duro que es vivir en esta tierra. Todo lo que tenemos que hacer es acudir a Jesucristo aceptando su invitación y su llamamiento.

La invitación de Jesús es clarísima. El llamado de nuestro Señor es específico.

Todos nosotros vivimos trabajados y cargados.

Todos nosotros necesitamos el descanso y el alivio que él quiere darnos.

Pero Jesús no solamente quiere darnos descanso; él también quiere hacernos vivir sin el peso ni la carga de la vida en este mundo. Él nos ofrece su “yugo”, su “carga” y su “ejemplo” para obtener descanso y reposo permanente al vivir en esta tierra.

Con la figura de “su yugo”, Jesús deja en claro que nos uniremos y quedaremos ligados en forma indisoluble a él al aceptar su invitación. A partir de ese instante, nosotros nunca más andaremos ni viviremos solos. Nunca trabajaremos ni llevaremos peso sin su ayuda. Todo lo haremos con Jesús. En consecuencia, y por estar ligados a él por “su yugo”, vivir nos será “fácil”.

Con la figura de “su carga”, Jesús nos hace saber que nuestra carga, la que nos hace vivir “trabajados y cargados” por ser muy pesada, será trocada por la suya, que es “ligera”, liviana, leve. La carga de Jesús es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios. Él está consagrado a obedecer a Dios. Nosotros, al seguirle, empezaremos a llevar también esa “su carga” que, con su compañía y ayuda, no nos será gravosa, sino llevadera y “ligera”.

Jesús nos da “su ejemplo” como la clave para llevar “su carga” y “su yugo”. Tenemos que aprender de Jesús. Él es modelo de cómo tenemos que ser. Él es “manso y humilde de corazón” y nosotros también tenemos que serlo. Ser “manso”, no significa ser débil, sino controlado, dócil, pacífico, paciente y tranquilo. El término “humilde” implica que vivimos sin orgullo ni vanidad, pero con plena consciencia de las limitaciones humanas y de la dependencia de Dios.

Nosotros necesitamos ser mansos y humildes como nuestro Señor para vivir tranquilos y livianos.

De acuerdo a la invitación de Jesucristo, si nosotros, todos los que estamos trabajados y cargados, acudimos con fe a él y llevamos “su yugo”, y “su carga”, y “aprendemos” de él, hallaremos “descanso para nuestras almas”.

Al vivir con Jesús y al andar con él todos y cada uno de nuestros días en este mundo, nosotros tendremos “su paz”, que es la “… la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7).

Nuestra alma, como consecuencia de estar aprendiendo y siendo como Jesús, estará tranquila y reposada, aun cuando la carne, el mundo y el diablo nos asedien para derribarnos.

¡Aceptemos la invitación de Jesucristo y acudamos a él para tomar “su yugo” y “su carga” y “aprender de él” para ser como él!

¡Disfrutemos del descanso y del alivio que Jesucristo no da al llevar “su yugo” y “su carga” y “aprender de él!

¡No permitamos que lo trabajoso y cargado de la vida nos abrume, vayamos inmediatamente con fe a Jesús y disfrutemos de descanso!

Amén.

La iglesia de Cristo y el Cristianismo bíblico no necesitan del poder político …

“La iglesia de Cristo y el Cristianismo bíblico no necesitan del poder político para existir y cumplir su misión en este mundo.”

El poder político expresado en el poder gobernante se opuso, ilegalizó y persiguió a los cristianos e intentó impedir el nacimiento, crecimiento y establecimiento de la Iglesia de Jesucristo en este mundo.

De haber sido por los gobernantes y por el poder político de la época, ni la iglesia de Jesucristo ni el Cristianismo existirían en este mundo.

He reflexionado en este hecho por la declaración de un Sacerdote Copto que vi y comenté en Twitter. Este sacerdote dijo: “Los cristianos fuimos en su día los gobernantes y la mayoría de Egipto. Hoy sufrimos persecución y luchamos por sobrevivir”.

Creo que la declaración del sacerdote copto necesita un comentario desde la perspectiva del Nuevo Testamento y es por eso que escribo esta nota.

La Iglesia de Cristo y el Cristianismo (el inicial, el del Nuevo Testamento), que fue y es el resultado de un vínculo espiritual con Dios por medio de la fe en Jesucristo; empezó, se extendió y se afirmó en el mundo en los primeros 100 años de esta era a pesar de la persecución del judaísmo y sus gobernantes, primero; y del paganismo y el Imperio Romano, después.

El Cristianismo, expresado en aquel tiempo únicamente por la Iglesia que edificó y edifica Jesucristo, no necesitó del poder político ni del poder de los gobernantes para existir, crecer, establecerse y cumplir su misión en este mundo.

El evangelio de Cristo y la iglesia de Cristo entendidos como una relación espiritual personal con Dios (Cristianismo Neotestamentario) es indestructible e inmortal, y se ha vivido, se vive y se vivirá siempre vibrante y ferviente, aun cuando el poder político los persiga sutil, abierta, violenta o mortalmente.

Siempre hay que tener presente que este Cristianismo es obra de Dios. Gamaliel, un fariseo doctor de la ley judía, fue el primero en razonar en el hecho de que la permanencia de los discípulos de Jesucristo era un evidencia de que la obra y el mensaje de Jesucristo se debía a Dios (Hechos 5:38-39).

Ni las puertas del infierno, ni el poder político a su servicio, por tanto, prevalecerán en ninguna manera contra la iglesia que Jesucristo está edificando. Él mismo lo dejó bien en claro cuando habló de ella por primera vez en Mateo 16:18.

Las creencias y las ideologías opuestas al Cristianismo solamente pueden opacar, triunfar y reemplazar a su expresión meramente religiosa, política, cultural, mundana, civilizatoria e histórica. Estas ideologías anticristianas solo pueden sobreponerse a estas expresiones del cristianismo cuando tienen poder político y poder gubernamental.

Las ideologías núcleo que son opuestas y enemigas del Cristianismo, y que la perseguirán siempre al obtener y ejercer poder político, y al extremarse y violentarse, son: el ateísmo, el politeísmo, el monoteísmo anti Jesús, el humanismo anti cristiano, el animismo y el cristianismo mundanalizado o secularizado o politizado (que es el cristianismo que deja su esencia neotestamentaria).

El Sacerdote copto está exponiendo, en consecuencia, un hecho parcial que es verificable. El cristianismo, en tanto expresión religiosa, política, cultural, mundana, civilizadora e histórica, sí “necesitó” del poder político y gubernamental para, como él dice, “sobrevivir”. Constantino, que promulgó la libertad religiosa y Martín Lutero, que tuvo apoyo político de Federico el sabio para lograr lo que se conoce como Reforma Protestante, son dos evidencias.

El mundo está cada vez más peligroso para el cristianismo que ha perdido su esencia neotestamentaria, pero no para el Cristianismo y los cristianos que siempre la mantienen. Este cristianismo y estos cristianos viven muy conscientes de esto que dijo Pablo en el libro de Hechos:

“… confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.” (Hechos de los Apóstoles 14:22).

El Cristianismo que ha perdido su esencia, su fundamento y su referencia bíblica autoritativa sí tiene que poner las barbas en remojo. Ese tipo de Cristianismo está siendo abandonado en la mayoría de los países europeos y es muy posible que sea reemplazado completamente por ideologías y creencias que son le son antagónicas.

El Cristianismo que no está fundamentado en el Nuevo Testamento puede ser opacado, absorbido o desaparecido por cualquiera de las creencias o ideologías que son contrarias a Jesucristo y a la palabra De Dios, que está en la Biblia.

Al contrario de lo que ocurre o ocurrirá con esa expresión del Cristianismo, la cristiandad y la iglesia de Jesucristo, en tanto obra de Dios por medio del Espíritu Santo sobre la base de la Biblia, la palabra de Dios, y la fe en Jesucristo; que ha vivido y vive y vivirá, y que cumplió y cumple y cumplirá su misión, a pesar de la oposición y la persecución política y diabólica; avanzan victoriosas e invencibles hacia su encuentro eterno con Dios al final de los tiempos, que cada vez es más cercano.

El ideal de la Iglesia de Cristo y del Cristianismo neotestamentario, que no era perfecto, pero que era fiel, nunca fue asimilar o absorber al poder político. Su ideal era predicar el evangelio a toda criatura y discipular a todas las naciones. Toda criatura y todas las naciones tenían que creer en Jesús y seguirle.

Esa iglesia y esa cristiandad no necesita “un matrimonio” con el poder político para vivir y cumplir su misión en este mundo. Su existencia y su misión han sido, y son, y serán una realidad en esta tierra porque Dios está trabajando en su seno y nada ni nadie puede impedir lo que él está haciendo en sus seguidores y a través de todos ellos. Amén.

Alfredo Smith – Las Siete marcas distintivas del Siervo de Dios.

No conocí ni conozco personalmente a Alfredo Smith, pero sí sé quien es él. Él es un misionero bautista estadounidense que sirvió en Argentina, y también en Perú.

Alfredo Smith fue parte del equipo de pastores que fundó el movimiento Lima Al Encuentro de Dios (año 1973, 14 antes de mi conversión), el cual cambió para bien a la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera.

He escuchado su conferencia “Las siete marcas del siervo” y la comparto para edificación y desafío. Estoy seguro que todo cristiano y siervo de Dios que la escuche hallará ánimo, reto y transformación en este su mensaje.

Alfredo Smith acrecentó mi fe y mi determinación de servir a Dios en el año 87 y 88, cuando era recién convertido. Escuché uno o dos de sus mensajes que, en aquellos días, eran grabados en cassettes como los de la foto de esta nota.

En estos días he hallado algunos de sus mensajes de antaño en Youtube y he vuelto a ser animado y fortalecido. Gracias doy a quien se dio el trabajo de subir sus mensajes.

Extraño este tipo de predicadores. ¡Los necesitamos!

Lamentablemente, son escasos, escasísimos.

Esta es mi oración y ruego al Señor de la mies:

¡Bendice a tu iglesia y a este mundo levantando y colocando a siervos con Alfredo Smith, Señor! Amén.

¡Los cristianos tenemos que enseñar y enseñar la Biblia a los niños!

La iglesia que tiene niños es bienaventurada y tiene garantizada su renovación y su permanencia en el tiempo y en el espacio. Las iglesias que no los tiene, empero, tienden a desaparecer. Esta declaración no es una exageración.
En Estados Unidos siempre hay congregaciones que venden sus edificios porque sus miembros han disminuido y envejecido … y no tienen sucesión.
En Perú también hay congregaciones que se cierran y desaparecen como tales porque sus miembros envejecieron y no tuvieron sucesión.
Enseñar la palabra de Dios a los niños es vital para que el conocimiento de Dios y de sus obras perdure en las familias, en los pueblos y en las naciones, desde las más pequeñas hasta las más grandes. La palabra de Dios debe moldear a las familias y las sociedades para que crean, busquen y agraden a Dios y el que los niños aprendan de él en base a la Biblia es crucial.
Los niños demandan mucho trabajo, bastante paciencia y una gran dosis de sacrificio. Trabajar con niños siempre ha sido complicado, pero hoy lo es muchísimo más. Los niños están bombardeados de distracciones y de ocupaciones.
El fruto de sembrar en ellos las sagradas escrituras, sin embargo, a pesar de la gran dificultad que hay para alcanzarlos, está garantizado.
Siempre habrá fruto en ellos si es que se invierte tiempo enseñándoles la palabra de Dios. La palabra de Dios, dice Isaías, nunca vuelve vacía; siempre cumple el propósito de Dios. (Isaías 55:10-11).
Pablo sabía lo provechoso que era ocupar tiempo y recursos con el fin de instruir a los niños en la palabra de Dios y sus palabras respecto a Timoteo lo evidencia: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quien has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” (2 Timoteo 3:14-15).
Timoteo, a quien Pablo conoció en Derbe (Hechos 16:1-3), y quien fue su discípulo y su compañero en la extensión del evangelio de Jesucristo, fue enseñado en las Sagradas Escrituras desde su niñez.
El que Timoteo haya llegado a Cristo para ser salvo, primero; y para ser su siervo, después, fue una consecuencia del trabajo que en su niñez hicieron en él su madre y su abuela (2 Timoteo 1:5; 3:14-15).
Trabajar con niños y sembrar en ellos las Escrituras y la palabra de Dios, redundará 1) en más gente salva por la fe en Cristo, 2) en más discípulos y siervos de Cristo, y 3) en mucha más gente con principios y valores bíblicos que, por esa causa, preservarán a las sociedades de la aceleración de su deterioro moral y espiritual.
El trabajo con niños debe ser fortalecido y acrecentado.
Los discípulos de Jesucristo no deben cesar en su atención a ellos, para enseñarles y enseñarles la palabra de Dios.
Los padres de familia tienen que ser los primeros maestros de la Biblia de sus propios hijos, y de los hijos de otros, que están en su entorno.
Los maestros que enseñan la palabra de Dios a los niños tienen que ser valorados y estimulados.
¡Qué Dios ayude a sus pastores, a sus evangelistas y a sus congregaciones a enseñar y enseñar la Biblia a todos los niños que están en su entorno!
Fotos: Niños de la Iglesia Bautista Betel, Paita.

¡Las multitudes necesitan “pastores” y “guías” piadosos!

La mayor necesidad de las multitudes son buenos “pastores” y los cristianos tenemos que hacer cuanto podamos para que los tengan.

Jesús de Nazaret se preocupaba por todo el ser humano y por todos los seres humanos. El veía y servía al hombre completo durante su trabajo didáctico en la tierra. El ámbito físico y el ámbito espiritual de todas las personas eran objeto de su atención. Los cuatro evangelios testifican ese hecho.

Los tres años y medio de su trabajo diligente y sacrificado por todas las ciudades y aldeas de Israel están descritos y resumidos en esta declaración de Mateo, el publicano al que hizo su apóstol: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo.” (Mateo 9:35)

El contacto y el trabajo de Jesús entre la gente le hizo ser consciente de uno de los grandes males que tienen las multitudes: Las conducen líderes impíos, sin valores bíblicos, cobardes, codiciosos y egoístas. Este tipo de liderazgo solamente se preocupa por sí mismo y por su entorno cómplice, pero no por las grandes mayorías.

En sus días, el liderazgo representativo de todo el liderazgo político y religioso mundial, estaba lejos de Dios y de su palabra escrita y, por tanto, estaba lejos de guiar y de conducir a las multitudes hacia Dios y hacia su buena, perfecta y agradable voluntad.

En el ámbito religioso, los ancianos y los principales sacerdotes y los fariseos, que conducían a los judíos, o ignoraban las Sagradas Escrituras o la menospreciaban. Los gobernantes romanos y los gobernantes de los demás pueblos, como es bien sabido, eran páganos y adoradores de múltiples dioses.

En el ámbito político, los judíos estaban gobernados por Herodes, que era cruel y codicioso. También estaban gobernados por el Imperio Romano que, en Judea, estaba representado y regido por el gobernador Poncio Pilato, que era injusto, de doble ánimo y cobarde.

Las multitudes como consecuencia de tales guías ciegos y codiciosos, no tenían guía, ni conducción, ni liderazgo espiritual piadoso. Todo el liderazgo, tanto religioso como político, estaba torcido y enfocado en sus propios intereses.

Jesucristo vio ese cuadro caótico y sin rumbo de las multitudes y tuvo compasión ellas por su lamentable y triste situación. El evangelista Mateo escribió al respecto: “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas que no tienen pastor.” (Mateo 9:36).

La crucifixión de Jesucristo es el ejemplo de actos perversos que cometieron las multitudes por causa del mal liderazgo político religioso. Los “pastores” de Israel apresaron, violentaron, juzgaron y condenaron a Cristo por envidia y por ceguera espiritual. El “gobernante” romano, Poncio Pilato, entregó a Jesús a los judíos para que lo crucificasen sabiendo que él era justo y que había sido entregado a su autoridad por envidia y celo. La multitud “decidió” la crucifixión de Jesús por ignorancia, por ingratitud y por seguir a los líderes que los manipularon.

La condición de las multitudes no ha cambiado demasiado. Y no ha cambiado, lamentablemente, porque el liderazgo, tanto político como religioso que las conduce, tampoco ha mejorado.

Todas las multitudes sufren la falta de “pastores buenos”. Esa la gran necesidad de la gente de todos los tiempos y muchísimo más en este último tiempo. Las multitudes siguen “desamparadas y dispersas” por no tener buenos conductores y guías.

Esta es una lista de hechos graves actuales que “han aceptado” las multitudes de sus “pastores” políticos y religiosos:

El asesinato de bebés en el vientre de su madre por sus propios padres y con la ayuda de los médicos y las autoridades.

El “cambio” de sexo de niños y niños.

El matrimonio entre hombres con hombres y mujeres con mujeres.

La promoción de la promiscuidad sexual con el pretexto de la salud pública.

El menoscabo de la autoridad de los padres, los maestros y las autoridades.

Las palabras de Jesucristo respecto al mal liderazgo de las multitudes son muy relevantes.

Él, que siempre quiere el bien de todos, y el que se sacrificó para salvarnos a todos, describió la gran necesidad de buenos pastores y guías así: “… A la verdad la mies es mucha, y los obreros pocos.” (Mateo 9:37).

Las palabras de Jesús, en función del contexto político, religioso y social en el que fueron pronunciadas, son muy claras. Hay multitudes que quieren y necesitan “pastores” buenos, pero no los encuentran. Y no los encuentran, no porque no haya, sino porque los que hay, o son muy “malos pastores” (que es lo mismo o peor que no tenerlos), o si son “buenos pastores”, son insuficientes, porque no cubren la hartísima demanda.

La cantidad de multitudes que necesita conductores, guías y gobernantes buenos es muchisisísima y los apacentadores buenos poquisisísimos.

La mies sigue siendo mucha y los apacentadores buenos pocos.

La necesidad de buenos “padres”, de buenos “pastores”, de buenos “gobernadores”, de buenos “líderes” espirituales, es mucha, mucha, mucha; en todas “las masas” de gente, en todas “las multitudes”; desde las más pequeñas hasta las más grandes, desde las más básicas hasta las más compejas.

Las familias, las asociaciones, las comunidades, las naciones y hasta los imperios, requieren de buenos gobernantes para evitar el “desamparo”, “la dispersión” sin rumbo y el camino al desastre.

Los “pastores” buenos (en tanto “gobernantes políticos”) son cruciales para conducir a los pueblos a una vida terrenal “óptima”, y a mirar a Dios y a Jesucristo y a su buena voluntad revelada en la Biblia.

Los pastores buenos (en tanto “líderes espirituales”) de las iglesias son indispensables para que los hijos de Dios prediquen el evangelio, hagan discípulos y entrenen a quienes conducirán a las multitudes.

Jesucristo no solamente denunció el gran mal que es la falta de buenos conductores, de buenos guías, de buenos apacentadores; él también dió la solución, el remedio, el qué es lo que se tiene que hacer.

Fueron los discípulos de Jesús quienes escucharon directa y claramente lo que se tenía que hacer para que “las multitudes” tuviesen buenos “pastores”. Su orden a ellos fue: “Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” (Mateo 9:38).

Como en todo lo que tiene se requiere para esta vida y la para la venidera, Dios es quien tiene la solución para que haya “más obreros”, más “buenos pastores”, más buenos “conductores”. Es él quien tiene que levantarlos, prepararlos, enviarlos, usarlos y guardarlos.

Dios, asimismo, brinda su solución de buenos “apacentadores” para las multitudes por medio del trabajo y de la intercesión de sus hijos, que son todos aquellos que hoy creen en Jesucristo Su Hijo y le siguen.

Son los discípulos de Jesucristo los que serán usados por Dios para brindarle a las multitudes los “obreros”, los “apacentadores” y los “guías” buenos. Todos quienes somos hijos de Dios estamos llamados a “rogar” encarecida y humildemente al “Señor de la mies que envíe obreros a su mies”.

Somos todos los que hoy seguimos a Jesucristo, quienes tenemos que convocar y entrenar a los obreros que trabajarán conduciendo a las multitudes y a la mies del Señor hacia Dios, hacia Jesucristo y hacia la obediencia a la palabra de Dios, que es todo lo que está escrito en la Biblia.

Las multitudes, como en los días de Jesucristo, continuan “desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Es así en todo aspecto de la vida. Las multitudes necesitan buenos apacentadores y están a la expectativa de encontrar a “los obreros del Señor de la mies” que él ha enviado y enviará por la intercesión y el trabajo evangelizador de los discípulos de Jesucristo.

¡Qué Dios nos ayude a rogar mucho más constante y urgentemente al Señor de la mies para que envíe obreros a su mies!

¡Qué Dios nos mueva y nos use con mayor urgencia para predicar el evangelio y hacer discípulos a fin de que hayan “obreros” suficientes para apacentar a la iglesia y a las multitudes!