El dinero y su uso bíblico

El dinero es un instrumento mediático temporal y “necesario” en la vida presente.  Con el dinero se compran y se venden bienes y servicios. Es muy difícil obtener algún bien o servicio sin dinero.

Su utilidad e indispensabilidad en la vida del hombre pueden confundir y desviar al ser humano. El ser humano puede amar, codiciar y buscar incansablemente al dinero.

Este desvío es muy peligroso porque acarrea el extraviarse de la fe; de la fe en Dios; de la fe en Cristo; de la fe en la Biblia, que es la palabra de Dios, etc. Y este desvío, a la vez, al hacernos olvidar el cuidado de nuestra alma y de nuestra vida con Dios, acarrea el ser traspasado de muchos dolores, con el climax del dolor mayor y eterno, que es la condenación sin fin en el lago de fuego (Apocalipsis 20.11-15; 21.8, 27; 22.15).

El dinero está asociado indisolublemente con la riqueza y no es malo en sí mismo; tenerlo y obtenerlo lícitamente es una gran bendición de Dios (Proverbios 10.22). Pongamos al dinero en su lugar y ganémoslo y usémoslo apropiadamente, cumpliendo la voluntad de Dios.

Usamos el dinero conforme a la voluntad de Dios si lo usamos 1) para satisfacer nuestras necesidades personales (2 Tesalonicenses 3.12), 2) para satisfacer las necesidades de nuestra familia (1 Timoteo 5.7-8), 3) para ayudar a satisfacer las necesidades de los desvalidos (Efesios 4.28) y 4) para invertir en extensión del evangelio de Cristo a toda criatura en todo el mundo (Lucas 8.1-3).

No amemos al dinero. No pongamos nuestra esperanza en la riqueza que viene con el dinero (1 Timoteo 6.17).

Obtengamos el dinero trabajando ardua y lícitamente, y disfrutémoslo dándole siempre gracias a Dios por dárnoslo suficientemente.

Amén y amén.

¡Se necesitan Epafroditos!

“Dios y Su Obra Redentora, y la Iglesia de Jesucristo, y los obreros de Dios, y los pecadores no redimidos de este mundo, necesitan de hombres y mujeres como Epafrodito.”

Epafrodito es un personaje bíblico. Su nombre es un nombre griego, lo cual implica que tanto él como sus padres eran griegos o habían sido muy infuenciados por esa poderosa cultura de la antigüedad.

Epafrodito no es nombre muy apreciado en el presente; son escasos, por no decir nulos, los nuevos padres que piensan en ese nombre para sus hijos varones. En la antigüedad, empero, ese era un nombre común muy utilizado por los padres para sus hijos varones.

La tecnología nos permite saber hoy muy rápido cuál era el significado del nombre Epafrodito. El nombre está asociado con Afrodita, la diosa griega del amor. El nombre significaba: “amoroso”, “amable”, “ameno” o “encantador”. Los padres esperaban que sus hijos reflejasen una personalidad atrayente y encantadora al nombrarle Epafrodito.

Desconocemos si todos quienes en la antigüedad se llamaron Epafrodito desarrollaron la personalidad agradable que era correspondiente con su nombre. Nos es imposible saber eso hoy. Sí sabemos por el Nuevo Testamento, sin embargo, de un Epafrodito que sí llegó a plasmar, a evidenciar y a manifestar esa amable y amena personalidad. Ese Epafrodito era un cristiano, un discípulo, un seguidor de Jesucristo, y se le menciona y describe en dos párrafos del capítulo 2 y 4 de la epístola de Pablo a los Filipenses.

Dios, el Autor de la Biblia, nos presenta y nos describe a Epafrodito como un hombre útil y necesario a él y a su misión salvífica a favor de los hombres pecadores de este mundo. Dios llamó a la salvación en Cristo Jesús a Epafrodito por medio del evangelio. Una vez que él respondió con fe al llamado divino del evangelio, Dios transformó y desarrolló el carácter y el sentir de Jesucristo en este varón y lo hizo así útil en su obra de redención.

La iglesia de Filipos, que empezó y creció gracias al trabajo del apóstol Pablo, disfrutó la bendición de tener a Epafrodito como uno de sus miembros. La iglesia veía en él el carácter y el sentir de Jesucristo pues había superado el egoísmo propio de la pecaminosidad humana para interesarse y preocuparse por el bienestar de los otros y del avance de la obra de Dios antes que de sí mismo. Es por eso que cuando retomaron su cuidado de Pablo, pensaron en él, para que fuese hasta donde estaba Pablo, llevándole provisiones y recursos para satisfacer sus necesidades al cumplir con la predicación del evangelio. Pablo testifica al respecto: “pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios” (Filipenses 4.18). La iglesia de Filipos era una iglesia que vivía en función de la extensión del evangelio. Ella cuidaba y suplía las necesidades de Pablo, “su misionero”. Todo parece indicar que la iglesia siempre enviaba a Epafrodito para cuidar de las necesidades de Pablo a todo lugar donde iba. (Filipenses 4.15-17).

Pablo tenía una gran consideración por Epafrodito. Lo veía como “su hermano” (porque era un verdadero hijo De Dios por la fe en Jesucristo), como “su colaborador” (porque era su ayudante en la propagación del evangelio), como “su compañero de milicia” (porque siempre estaba a su lado al combatir contra la huestes espirituales que oprimen a las almas y se oponen a que éstas crean en Jesucristo y le sigan) y como “el ministrador de sus necesidades” (porque le llevaba provisiones y recursos de parte de la Iglesia de Filipos y porque lo cuidaba y servía cuando estaba a su lado). (Filipenses 2.25; 4.10-20). Epafrodito era una bendición grande para Pablo. Pablo veía a Cristo en Epafrodito. Epafrodito había llegado al punto de exponer su vida por la obra de Cristo y por servir a Pablo y a la iglesia (Filipenses 2.30). Pablo estaba muy agradecido e impresionado por la capacidad de sacrificio de Epafrodito.

Epafrodito era también muy necesario para los pecadores de este mundo. Los pecadores necesitaban la salvación de sus pecados y de la condenación eterna y él había consagrado su vida para serle útil a Dios llevándoles el evangelio de Jesucristo. Su vida era la misión salvífica de Dios. Si la iglesia de Filipos necesitaba “un mensajero” que fuese al campo de misión como apoyo, allí estaba él. Si el misionero, en este caso Pablo, en el campo de misión, requería de un compañero, Epafrodito era el indicado. Él vivía para la obra de Cristo y para servir a la iglesia y a los misioneros en esa obra. Los pecadores en condenación necesitan cristianos como Epafrodito.

Epafrodito representa a todos los cristianos que son el engranaje que Dios utiliza para llevarle el evangelio a los pecadores perdidos. Estos cristianos son el nexo entre la iglesia que cumple la gran comisión y los misioneros que están luchando por la salvación de las almas en el campo de misión. Necesitamos rogar para que sean muchos más los cristianos “Epafrodito” en la obra de redención que Dios está realizando en este mundo.

La exhortación de Pablo a los Filipenses respecto a como tratar a Epafrodito es impactante: “Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él; porque por la obra de Cristo estuvo próximo a la muerte, exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mí” (Filipenses 2.29-30). ¡Que Dios Dios levante a más “Epafroditos” en la iglesias y que las iglesias los reconozcamos y los valoremos como Pablo exhorta!

¡Dios de toda gracia y de toda salvación, levanta de tu iglesia más hombres y mujeres como Epafrodito para el bien de los pecadores perdidos que necesitan la salvación en Cristo Jesús! Amén y amén.

¡El desgaste mortal de la vida humana!

La vida está acompañada de la muerte. Desde que empezamos a vivir; empezamos también a morir. Al principio, y en todo ser humano promedio, la vida es rebosante, creciente, dinámica, fuerte, ágil, productiva, alerta, etc. Esto es así hasta un momento, hasta un climax, a partir del cual comienza el declive, el decaimiento, el envejecimiento, … el desgaste.

Entonces, una vez pasada el climax y la cumbre de la vida, ésta empieza a ser disminuida, debilitada y apocada por la muerte, que es la que empieza a manifestarse, y la que empieza a carcomer y a desgastar poquito a poquito a cada uno de nuestros órganos y miembros.

Como consecuencia de este desgaste y decaimiento, todos nosotros empezamos a perder la fuerza, la movilidad, la agilidad, la productividad, etc. Todo empieza a sernos mucho más trabajoso, duro y doloroso. Nuestros sentidos empiezan a ser cada vez más y más débiles y poco eficientes. Entonces, los males y las enfermedades, que antes eran contrarrestadas y vencidas por la fuerza de la rebosante y creciente vida, empiezan a ser constantes y cada vez más y más difíciles de curar y de derrotar.

La vida se va apagando porque la muerte va tomando control de todo el ser. Esto es así para el promedio de todos los hombres (porque en algunos, la muerte toma control y los mata en la plenitud de la vida). Este proceso mortal es irreversible e imparable. Una vez que empieza, ya no tiene vuelta atrás. A lo mucho, lo que puede hacerse con este proceso (y se ha hecho y seguro que se seguirá haciendo) en el que la vida es absorbida por la muerte, es retardarla, palearla y hasta hacerla indolora, pero no evitarla ni interrumpirla.

Me causa dolor, tristeza e impotencia el proceso de desgaste irreversible de la muerte de un ser humano. No porque yo mismo la esté viviendo ahora en la dimensión que describo, sino porque la he visto en otros, antes; y porque la estoy viendo ahora mismo, irreversible, imparable y rápida en gente a la que amo y que es muy cercana a mí.

No me gusta lo que entiendo y veo sobre este proceso mortal de la vida humana. Seguro que me gustará menos cuando yo mismo tenga que experimentarlo en carne propia, si es que así lo dispone Dios. (Dios evitó este proceso con Enoc y Elías, y lo evitará también en aquellos que estén vivos cuando Jesucristo venga por su iglesia).

Empero, mi entendimiento de este proceso mortal de desgaste y envejecimiento, no es desesperanzado, porque soy creyente en Jesucristo, y en la Biblia, que es la Palabra de Dios, y que tiene la exposición veraz sobre esta cuestión humana, que es endémica y que nos acompaña en todo nuestro corto peregrinaje en este mundo. La Biblia hace claro que en todo este proceso de vida mortal moribunda, los seguidores de Jesucristo somos suyos, tanto si vivimos como si morimos. (Romanos 14:8).

Escribo esta nota adolorido y triste, pero con esperanza, y con ánimo. Y es que la fe genuina en Dios, que está basada en la Biblia, es así, alentadora, esperanzadora, optimista y gozosa.

Y es que si uno a creído verdaderamente en Jesucristo, y se ha hecho su discípulo, su seguidor, tiene en su ser, que está muriendo por este proceso mortal irreversible, al hombre interior, al hombre nuevo, creado según Dios en la justicia y la santidad de la verdad (Efesios 4:23); el cual, según 1 Corintios 4:16, “se va renueva de día en día.”

La vida mortal que tenemos en este mundo, es temporal, efímera y breve. Esta vida va a acabar; vamos a morir. Pero, y me gusta este pero, cuando “este hombre exterior se desgaste” completamente y muera; “el hombre interior”, “el nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”, se expresará, … rebosante, glorioso, gozoso y eterno.

Tenemos que mirar, experimentar e interpretar esta vida mortal moribunda en base a nuestra fe en Cristo Jesús, nuestro Señor. Él no nos ha dejado a oscuras respecto a este endémico proceso de vida mortal. Él mismo declaró: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).

La mujer que escuchó a Jesús respondió a su declaración y a su pregunta con una convicción y una certeza que es propia de la verdadera fe, que es la que Dios quiere que tengamos. Ella dijo: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido a mundo” (Juan 11:27).

Yo también creo en Jesús. Como creo en él, miró el proceso de desgaste, de marchitación y de envejecimiento mortal de la vida presente, tanto de aquellos a quienes amo como el mío propio, no como finales y definitivos, sino como el alumbramiento del “hombre interior”, que saldrá y emergerá libre de las limitaciones, del desgaste, de la marchitación, del envejecimiento, de la corrupción y de la mortalidad, para vivir plena e inmortalmente por toda la eternidad.

Amén y amén.

¡La Biblia es de aprendizaje fácil! – Mateo 11:25

La Biblia es de aprendizaje fácil. No se necesita estudios elevados para entender la Palabra de Dios. Solamente se necesita la capacidad de escuchar, de leer, de sentir, de tocar, de gustar, de pensar, de obrar… y de querer saber.

Jesucristo declaró sobre lo sencillo que es saber la Palabra de Dios en este texto de Mateo 11.25. Su afirmación es clarísima. La revelación de Dios está diseñada para personas que quieren aprender, no para quienes “asumen” que ya saben mucho.

Dios ha revelado su palabra a los “niños”, que son los que están aprendiendo y asimilando siempre lo que se les va mostrando y enseñando.

Jesucristo se regocijó y alabó maravillado a Dios Padre por haber revelado sus verdades a los niños. Yo también hago lo mismo.

Lo que Dios ha revelado es de fácil aprendizaje. Son más de 3 décadas que leo la Biblia y cada vez me convenzo más de que no es complicada, sino fácil, muy fácil… si es que se ha creído en Jesús, se tiene el Espíritu Santo, se la quiere vivir y, sobre todo, si se la quiere conocer… y se trabaja para eso.

Aprender, saber, conocer, entender y vivir la palabra de Dios está en nuestras manos. ¡Hagamos nuestra tarea, Dios ya hizo la suya! Amén.

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.”

(Mt 11:25).

¡Contentamiento, vida en Cristo y la gran ganancia!

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6:6).

Dos mendigos estaban charlando sobre el valor de su vidas y sus nulas posesiones. El uno de le decía al otro: “Yo soy un mendigo rico, rico, muy rico, porque estoy feliz de estar vivo, aún cuando no tengo casi nada y de que como poco y visto con harapos. Pero tú eres un mendigo pobre, pero muy pobre; porque a tu condición de mendigo le añades amargura y frustración. Siempre te estás quejando. Haz perdido la alegría de vivir. Estás constantemente descontento.” El mendigo oyente escuchaba a su compañero en silencio y cabizbajo; sabía que le estaba diciendo la verdad sobre su forma de vivir.

Se podría escuchar un diálogo similar al anterior entre dos personas ricas. Es decir, puede haber un rico, rico, muy rico; y también un rico pobre, pobre, muy pobre. La diferencia entre el uno y el otro es la alegría, la dicha, el gozo, … el contentamiento.

También puede oírse una conversación igual entre dos solteros, dos casados, dos padres, dos comerciantes, dos obreros, dos estudiantes, dos futbolistas, etc. (Foto: César Salamanca y esposa, Marco, y yo, en Chachapoyas).

Aun se podría oír este misma conversación entre dos cómicos (o payasos).

Y también, por cierto, se podría oír esta misma charla entre dos hijos de Dios.

Contentamiento viene de contento, que es estar alegre, feliz y satisfecho. Sus sinónimos son: satisfacción, felicidad, alegría, complacencia, dicha, regocijo, júbilo, algarabía y gozo. La palabra contentamiento, su significado y sus sinónimos nos presentan a todos los hombres un desafío enorme. Este desafío es enormemente mucho más grande si es que somos verdaderos seguidores de Jesucristo, quien es nuestro Salvador, Señor y Rey.

El contentamiento, que es la alegría y el gozo de existir y ser quien se es, y de tener o no tener algo, al vivir en esta tierra, es lo que distingue a los que están ganando grandemente, de los que están perdiendo y empobreciéndose más y más cada día. Solo hay dos opciones al vivir: Se puede vivir siempre mayormente contentos o se puede vivir siempre mayormente tristes.

La elección de una de las dos de estas maneras de vivir depende de cada uno de nosotros, de nadie más. Los que elegimos somos nosotros, nosotros y nosotros.

Pablo, quien vivió constantemente con contentamiento y con regocijo, testificó que no se nace con tal modo de vivir, sino que se aprende: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:11–13).

Pablo le dijo a Timoteo: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”.

Las palabras de Pablo son clarísimas. Solamente existen dos tipos de discípulos de Jesucristo en esta tierra: Los discípulos que están siendo ricos, ricos, muy ricos y los discípulos que están siendo pobres, pobres, muy pobres.

Los discípulos que están siendo ricos, ricos, muy ricos son los discípulos que viven con contentamiento y gozo constante su vida con Dios y su vida con quienes los rodean. Los discípulos que están siendo pobres, pobres, muy pobres son aquellos que viven su fe en Dios frustrados, resignados, amargados, … descontentos.

Los primeros siempre están teniendo gran ganancia por vivir con contentamiento; es por eso que cada vez son más y más ricos.

El profeta Habacuc en el Antiguo Testamento y el apóstol Pablo en el Nuevo Testamento son dos buenos ejemplos de este tipo discípulos de Jesucristo.

Las palabras de Habacuc al final de su libro reflejan su alegría y su contentamiento a pesar de las circunstancias que vivía: “Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar.” (Habacuc 3:17–19).

Los segundos, en cambio, por vivir sin contentamiento, siempre son más y más pobres. Sus vidas son un módelo no digno ni provechoso de seguir. Un ejemplo de este tipo de discípulos es Jonás, quien sirvió a Dios enojado y amargado (Jonás 4:8-9), y también los israelitas adultos, que fueron libertados por Dios de su amarga esclavitud en Egipto. Estos judíos vivieron mayormente toda su libertad murmurándose y quejándose constantemente contra Dios (Números 14:26-35).

La vida en este mundo, que está bajo la maldición de Dios, no está exenta de dolor, de tristeza, de trabajos, de problemas, de lloro, de enfermedad, … de muerte. Pero, aún así, los cristianos estamos llamados a vivir con alegría, con gozo, con regocijo, … con contentamiento.

La razón del contentamiento y del gozo constante de los discípulos de Jesucristo es bastante sencilla: Dios es nuestro Padre por la fe en Jesucristo Su Hijo, quien está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo por el Espíritu Santo que nos ha dado. Esta experiencia grandiosa y bendita es motivo suficiente para encontrar gozo, satisfacción y contentamiento continuo en esta tierra.

Es justamente por eso que el ejemplar apóstol Pablo, que siempre busca el bien de todos los hombres, les dio este consejo a los seguidores de Jesucristo que eran ricos: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.” (1 Timoteo 6:17–19).

Siempre tenemos que ver a cada persona, a cada cosa y a cada situación a luz de nuestra relación con Dios por medio de Jesucristo. Solamente si vemos y vivimos así la vida tendremos gran ganancia al peregrinar en este mundo hasta vivir con Jesucristo en la casa de Su Padre (Juan 14:1-3). Nuestra contentamiento será visible y cotidiano al vivir en esa forma.

Jesucristo vino a esta tierra para darnos vida y vida en abundancia (Juan 10:10).  El contentamiento en toda área de nuestra vida es justamente la expresión de que estamos viviendo la vida abundante que él nos trajo, y la que él nos ha dado, y la que él nos da diariamente, por ser sus seguidores.

En mi experiencia diaria lucho constantemente con estar siempre contento y alegre en el Señor Jesucristo y sus dones. Soy tentado a cada momento a no estar gozoso. Estar jubiloso y contento todo el tiempo en este mundo opuesto a Dios y a Su Palabra es difícil. Es por eso que hago este ruego por mí y por otros, frecuentemente: ¡Qué Dios nos ayude a vivir la gran ganancia que es la vida con Dios y con otros acompañada de contentamiento!

Amén, amén y amén.

¡Vivamos listos para morir!

Necio es una palabra fuerte, muy fuerte. Es un adjetivo durísimo. Su significado, según cualquier diccionario, describe a una persona que insiste en los propios errores o se aferra a ideas o posturas equivocadas, demostrando con ello poca inteligencia.”

Los sinónimos de necio son también igualmente abrumadores. Cualquier diccionario de sinónimos les dará esta siguiente lista de adjetivos para remplazar a esta palabra: “incapaz, tonto, sandio, simple, estúpido, imbecil, estulto, mentecato, etc, etc,”. (Solamente tienen que colocar la palabra necio en google para confirmar lo que he escrito en los dos párrafos anteriores).

Jesucristo calificó de necio a una persona que vive su vida en esta tierra como si fuese a vivir para siempre en ella, sin morir nunca. Las palabras de Cristo, en la parábola del rico al que llamó necio, y con la que intentó hacer reflexionar a quienes están muy enfocados en su vida en esta tierra, sin acordarse para nada de que van a morir, y de que van a encontrarse ante Dios cuando ocurra su deceso, fueron: “Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:20-21).

Jesús, quien, según la Biblia, es Dios hecho Hombre, y quien vino a esta tierra a salvar a los pecadores, y quien murió en una cruz para redimir y salvar a todo el mundo, y quien fue a los cielos para volver otra vez cuando llegue el día señalado por Dios, siempre, siempre dice la verdad. La veracidad de Jesucristo es indiscutible y hay que tomar muy en serio toda palabra que sale de su boca.

Vamos a morirnos un día, eso es indudable. No sabemos ni cómo ni cuándo, pero va a llegar el día de nuestra muerte. Ese día, seremos nosotros quienes estemos en un ataud. Ese día habrá mucha gente a nuestro alrededor, pero nosotros no las percibiremos, ya nos habremos ido, ya no estaremos vivos a esta tierra ni a nada de lo que existe en ella.

Todos tenemos que pensar en nuestra muerte, para prepararnos, y para estar así listos para cuando ocurra. No nos debe ocurrir lo que le ocurrió al rico de la historia narrada por Jesucristo… ni al antiguo soberano que se burlaba y se reía de su bufón.

El relato que leí respecto a este soberano y a su bufon se resume así. El rey se burlaba siempre de su bufon. Un día, en son de burla, este soberando le entregó una prenda suya al bufón y le ordenó que fuese por su reino buscando a una persona más tonta que él. La instrucción del rey al bufón fue: cuando encuentres una persona más tonta que tú, le entregas esta prenda mía. El bufón se fue por todo el reino buscando una persona más tonta que él, sin poderla encontrar. Cuando regresó al reino, después de muchos meses, encontró que al rey muy, pero muy enfermo. Al ver al rey en ese estado, el bufón se acercó y le preguntó lo que le pasaba. El rey le dijo que estaba muy enfermo y que pronto iba a emprender un viaje sin retorno. El bufón le preguntó al rey si es que se había preparado para ese viaje sin retorno, que era su muerte. El rey le respondió al bufón, que no, que no se había preparado, que no estaba listo para este su viaje final. El bufón, entonces, ni corto ni perezoso, sacó la prenda que el rey le había dado y se la entregó, diciéndole: “Su majestad, le entrego esta su prenda a usted porque en todo su reino no existe ninguna persona que sea más tonta que yo, excepto usted, que no se preparó para este trascendental viaje, que sabía iba a realizar.”

Es necio, tonto, poco inteligente y nada sabio no prepararnos para morir. Vamos a morirnos. No nos podremos escapar de la muerte. La muerte está allí, esperándonos; siempre ha estado, y siempre está, y siempre estará espectante, y aguardando por nosotros. Este tiempo de pandemia por el virus chino nos tiene que haber hecho muchísimo más conscientes de la inminencia de la muerte.  La muerte de otros, sí; pero más la de nosotros, que vamos a morir indefectiblemente.

Siempre he pensando en mi muerte, y durante esta época muchísimo más,

¡Cómo no voy a pensar constantemente en la muerte si ella ha estado presente en cada instante de mi vida durante todo este periodo de pandemia! Los noticieros mostraban la muerte en artículos, fotografías y videos. Las llamadas por teléfono anunciaban muertes y más muertes. En mi vecindario había sepelios y más sepelios. Mi esposa, mis cuñados y yo tuvimos que viajar a la sierra para sepultar a mi suegro. Varios de mis amigos* y compañeros de trabajo se enfermaron y murieron muy rápidamente. Finalmente, y reciencito, hace muy pocos días, en mi casa, tuvimos que sepultar a uno mi hermano de sangre, mi hermano Elmer Manuel.** (Foto: Un día una carroza llevará nuestro ataúd a la tumba… preparémonos para ese momento).

Tenemos que prepararnos para morirnos. No estoy diciendo que busquemos morirnos, no. Esa no es mi idea. Mi idea que vivamos de tal manera que cuando la muerte nos llegue, no nos sorprenda, sino que nos encuentre listos, preparados. Como la mujer anciana, de la que escribí hace unos meses, que estaba esperando su muerte con mucha alegría.***

Muchos de los hombres del pasado se preparaban para partir y dejar este mundo. Recuerdo que una vez llegué a un pueblo y encontré a un hombre mayor, de unos 80 años. Este hombre estaba listo para partir, hasta había comprado su ataud, al cual tenía en su habitación, junto a su cama.

En la Biblia, un profeta de Jehová le dijo a uno de los reyes de Israel: “Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás” (2 Reyes 20:1). Nosotros no tenemos una instrucción ni un mandato así, tan directo y específico. Pero Dios sí nos enseña en su palabra que la muerte es un fenómeno establecido… e ineludible: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). ¡Tenemos que vivir nuestra vida preparándonos para morir y acudir al juicio ante de Dios!

¿Cómo es que nos preparamos para morir mientras vivimos en esta tierra? A continuación algunas acciones concretas para esta preparación:

1. Nos preparamos para morir creyendo en Jesucristo de todo crorazón. Hay que asegurarnos de que nuestra fe en Jesucristo es verdadera y genuina. Esto es vital, porque solamente el cree y sigue a Jesucristo tiene vida eterna y va con él, a su reino, al morir.

2. Nos preparamos para morir viviendo en Cristo y sirviéndole con dedicación. Hay que vivir toda nuestra vida confiando en Jesucristo y sirviéndole en toda área de nuestra vida en esta tierra. Toda área de nuestra vida debe estar sometida a Cristo y tiene que ser vivida para honrarle y glorificarle.

3. Nos preparamos para morir creciendo en el conocimiento íntimo y personal con Dios. Hay que crecer cada día en nuestra relación con Dios por medio de la oración, la lectura de la Biblia, la adoración y alabanza a Dios, el arrepentimiento y la confesión de pecados, la obediencia a la palabra de Dios, y de ser testigo de Jesucristo y su evangelio dondequiera que Dios nos lleve.

4. Nos preparamos para morir viviendo y disfrutando intensamente nuestra vida y todo lo que Dios nos da en ella. Hay que disfrutar intensamente la vida, la familia, la iglesia, el trabajo y los bienes que Dios nos ha dado. Dios nos da sus dones para disfrutarlos y debemos gozarnos en todo lo que él nos ha dado en esta tierra.

5. Nos preparamos para morir viviendo como testigos enviados por Dios y por Jesucristo, Su Hijo. Hay que vivir en este mundo en función de la gran comisión. Este mundo es nuestro campo de misión. Estamos aquí para predicar el evangelio de Jesucristo y para hacer discípulos de Jesús a todas las naciones. Estamos aquí para alumbrar este mundo con nuestras buenas obras para que más personas vean así a Dios por ellas. Mucha más gente debe conocer a Dios y relacionarse con él por causa de nuestra vida y obras y palabras.

6. Nos preparamos para morir siendo concientes que nuestra morada permanente no está en esta tierra, sino en el reino eterno de Dios. Hay que vivir como extranjeros y con desapego a este mundo y a todo lo que tenemos y hay en él. Nuestra ciudadanía es celestial. Estamos en esta tierra de paso, de tránsito. Nuestra patria celestial nos espera y debemos estar listos para reunirnos con Jesucristo cuando él lo determine.

No seamos necios como el rico de la historia que narró Jesucristo; seamos sabios. Tampoco seamos los más tontos del mundo como el rey antiguo que no se preparó para emprender su viaje sin retorno; seamos inteligentes.

Nosotros tenemos que ser sabios e inteligentes, que es lo opuesto a ser necios y tontos. La muerte nos tiene que hallar preparados, listos. De tal modo que, cuando llegue, le digamos: “te estaba esperando, ya viví cómo debía vivir e hice lo que tenía que hacer; estoy listo, vámonos.” ¡Qué Dios nos ayude a que así sea y que la muerte nos llegue y nos encuentre viviendo creyendo y confiando en Jesucristo todos lo días de nuestra vida! Amén.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.” (Juan 11:25-27).

* https://segundorodriguez.com/benjamin-salinas-vive/

** https://segundorodriguez.com/elmer-manuel-rodriguez-chuquimango/

*** https://segundorodriguez.com/morir-con-entusiasmo-y-gozo/

Mi cuenta de Facebook y su inhabilitación.

En el presente post voy a narrar a qué se debe que no estoy participando más por ahora en Facebook.

1. Empezaré este post dando gracias a Facebook y Mark Zuckerberg por haberme permitido participar en su plataforma. Facebook y Mark Zuckerberg, su fundador, me dieron la oportunidad de tener una cuenta en su plataforma. La plataforma me ha permitido interactuar con mis amigos y mis contactos por varios años. He compartido muchísimas experiencias por medio de esta plataforma. He intercambiado post, fotografías y videos. En todo el tiempo en el que he participado en esta red social me he esforzado en hablar la verdad para edificar a todos mis amigos y contactos. Mi tiempo empezó y terminó debido a que tanto Facebook como Mark Zuckerberg lo decidieron libremente.

2. Facebook y Mark Zuckerberg tienen el derecho de habilitar y deshabilitar las cuentas en su plataforma. Como discípulo de Jesucristo, quien es Dios hecho Hombre, y el Rey de reyes y Señor de señores, y el Soberano del todo el universo visible e invisible, reconozco que Facebook y Mark Zuckerberg tienen el derecho de hacer lo que quieren con lo que es suyo. Jesucristo reconoció el derecho de las personas de hacer lo que deseen con lo que es suyo en la parábola de los obreros de la viña (Mateo 20:1-16).

En la foto que encabeza este post he colocado las palabras de Jesucristo y la inhabilitación de mi cuenta de Facebook para afirmar mi certeza de que Facebook tiene el derecho de hacer con su plataforma lo que mejor les parezca. Facebook y Mark Zuckerberg fueron buenos conmigo y me permitieron ser partícipes e interactuar en su plataforma. Así como me permitieron ser parte de su plataforma, así también han decidido inhabilitar definitivamente mi cuenta.

3. Facebook y Mark Zuckerberg no solamente tienen el derecho de hacer lo que quieren en lo que es suyo, sino que también tienen el poder. Facebook y Mark Zuckerberg tienen tanto poder que han sido capaces de bloquear la participación del mismísimo Donald Trump en su plataforma. Por ese motivo, desde el primero de junio de este año me he sentido identificado con Donald Trump. Ante Facebook y Mark Zuckerberg, Donald Trump y yo “somos iguales”. La única diferencia entre Donald Trump y yo es que su cuenta no ha sido inhabilitada definitivamente; la mía, sí.

Facebook bloqueó la cuenta de Donald Trump cuando éste era todavía Presidente de USA. Facebook argumentó que Donald Trump había infringido las reglas de la red social. En el caso del 45th Presidente de los Estados Unidos (2017 – 2021), la explicación de Facebook se centró en los sucesos violentos acaecidos en el Capitolio. Facebook asumió que Donald Trump es responsable por lo que hicieron quienes entraron por la fuerza al Congreso de USA.

4. Facebook y Mark Zuckerberg no me explicó específicamente el porqué inhabilitaron mi cuenta. A Donald Trump, Facebook y Mark Zuckerberg sí le dieron una explicación específica de del porqué suspendieron su cuenta. En el caso mío, no. Hasta hoy no sé cuál es la norma o política que he quebrantado. Tampoco sé cuál de mis escritos, fotografías o videos violó su normatividad.

¿Por qué Facebook inhabilitó mi cuenta? Facebook no me ha dado una explicación. Mis hijos, que saben mucho más que yo, me han dado estas posibles razones: 1) Alguien hackeo mi cuenta e hizo publicaciones que están en contra de las políticas de Facebook. ¿Eso fue lo que pasó? No lo sé. 2) Alguien denunció mi cuenta como una cuenta que publica ideas contrarias a las políticas de Facebook. ¿Eso podría haber sido la razón? No lo sé. 3) Facebook mismo de oficio evaluó mi cuenta y mi actividad y determinó su censura. ¿Habrá sido así? No lo sé, y tampoco sé si lo sabré.

5. Facebook y Mark Zuckerberg han procesado la inhabilitación permanente de mi cuenta en forma confusa. Lo que sé respecto a mi inhabilitación, que creo es una potestad de Facebook, ya que es su plataforma, es que su proceso ha sido confuso. Deduzco este saber en base a la comunicación que he tenido con ellos.

En su primera comunicación me hicieron saber que habían recibido mi información y que la revisarían. Yo no sé a qué información se referían porque yo en ese momento no les había enviado nada. Venía de Tumbes y estaba usando mi cuenta normalmente. Al llegar al paradero, cerré mi laptop y abordé el taxi que me llevó a casa. Durante el trayecto no revisé Facebook en ningún momento. Cuando abrí mi laptop en casa fue encontré el mensaje en el que Facebook me decía que habían recibido mi comunicación. En esa comunicación también me indicaban que si confirmaban que no tenía edad suficiente, no podría seguir usando mi cuenta.

Es su segunda comunicación, que me fue enviada por correo electrónico, Facebook me informó que suspendieron mi cuenta porque sospechaban que la misma o mi actividad en ella no cumplían con sus normas. Me dieron 30 días para apelar y evitar que mi cuenta fuese inhabilitada en forma definitiva.

Como en el correo me enviaron un enlace para la apelación, ingresé en el enlace e hice lo que me dijeron. En lo básico, me pidieron que les enviase mi documento de identidad. Lo cual hice de inmediato. En el enlace también estaba consignada la información a la que aludo en el párrafo anterior.

En su tercera comunicación, que también me fue enviada por correo electrónico, me agradecieron por enviarles mi documento de identidad, y me informaron también que ya podía acceder libremente a mi cuenta.

De inmediato, y asumiendo la veracidad de lo dicho en el email, fui a mi cuenta para acceder a ella. Tristemente, no pude ingresar a mi cuenta.

Es por eso que les contesté su email diciéndoles que aunque me informaban que podía usar mi cuenta, aún no podía acceder a ella.

En su cuarta comunicación, me pidieron una vez más que volviese a enviar mi documento de identidad. Lo hice. Luego, ya no volví a recibir ninguna comunicación. Pero, cuando intenté ingresar a mi cuenta, me salía un comunicado diciéndome que mi cuenta había sido inhabilitada y que ya no sería revisada.

Esta es la historia que ha puesto fin a mi participación en Facebook. No recuerdo cuando fue que ingresé a esta plataforma, pero siempre recordaré cuando es que fui inhabilitado. También, siempre me preguntaré el porqué Facebook inhabilitó mi cuenta.

Facebook me envía a leer las normas de su plataforma para saber por qué me inhabilitaron. Pero sus normas son genéricas y no me dan una explicación satisfactoria. Aunque tienen derecho y poder para inhabilitarme de su plataforma, no estoy satisfecho de no saber específicamente la razón específica. Tampoco me parece amable que ni siguiera haya podido defenderme con conocimiento de causa ante la plataforma. En todos los años que he participado en esta plataforma, nunca he recibido siquiera una queja o un llamado de atención de Facebook respecto a mi cuenta y mi actividad en ella. En fin.

6. Escribí este post por estos motivos: informar a mis amigos y contactos lo que ha ocurrido con mi cuenta de Facebook, agradecer a Facebook y Mark Zuckerberg por haberme permitido participar en su plataforma, y expresar mi insatisfacción y malestar por la forma en que he sido inhabilitado.

Mi experiencia en Facebook ha sido positiva. Estoy agradecido a Dios por la experiencia y los amigos que he hecho durante todo el tiempo que participé en esa plataforma.

Mis hijos me dicen que cree otra cuenta y que vuelva a participar. ¿Volveré? Por ahora no volveré, quizá más adelante, no lo sé. Estoy descansando de Facebook, aunque debo reconocer que extraño mi actividad en la plataforma. “El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”, reza un dicho popular. En este caso, como “he sido echado”, no puedo volver como si me hubiese ido por iniciativa propia. Por eso he creado mi propio dicho: “El que se va porque ha sido echado, no vuelve a menos que quienes lo echaron lo llamen.”

Si quieren contactarse conmigo, háganlo por a este email: ssrodchu@gmail.com

Si quieren saber de mí o leer lo que escribo, visiten mi página web: www.segundorodriguez.com

Termino este post enviándoles el link de la que fue mi última publicación en Facebook. La pueden encontrar en el siguiente enlace: https://segundorodriguez.com/las-autoridades-siempre-se-ensenorean-de-las-naciones-que-presiden/

Muchas gracias a todos quienes se han contactado conmigo por Facebook.

Las autoridades siempre se enseñorean de las naciones que presiden.

A propósito de las elecciones presidenciales, que están ya muy cercanas:
1. Siempre tendremos gobernantes humanos. Será así hasta que Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores venga a la tierra para establecer su reino sempiterno.
2. Estos gobernantes humanos que, de acuerdo a la Escritura, son establecidos por Dios, se conducirán y ejercerán su función en razón de su naturaleza pecaminosa y de su imperfección.
3. También, de acuerdo a la Biblia, entretanto no se establece plena y definitivamente el reino de Jesucristo, estas autoridades, salvo muy raras excepciones, están bajo el dominio del diablo, quien recibió “todos los reinos de este mundo”.
4. Jesucristo, refiriéndose a las autoridades, que son legítimas, aún cuando sus ideologías, sus estrategias, sus métodos y sus acciones para tomar el poder y mantenerse en él sean contrarios a los principios y valores suyos, dijo:
“Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.” (Mt 20:25).
5. Las palabras de Jesucristo respecto a cómo se conducen las autoridades son verdaderas siempre. Las naciones y los imperios siempre son regidas y regidos por autoridades que se enseñorean y se hacen “señores” de sus gobernados y de sus bienes. Esto ha sido así antes, es así hoy, y será así, en mayor y menor grado, hasta que Jesucristo mismo reine en los cielos nuevos y tierra nueva que él mismo creará cuando venga por segunda vez.
6. Al ejercer nuestro voto, por tanto, los seguidores de Jesucristo, dependemos de Dios, seguimos los valores y principios de la palabra de Dios, y encomendamos nuestro país a Dios, pues es él al final quien determinará al gobernante que “se señoreará” del Perú y de los peruanos.
7. Los cristianos, al margen de quien llega a “enseñorearse” del país, tenemos la misión de ser testigos de Jesucristo. Esa nuestra misión la seguiremos cumpliendo sea quien sea el que “se enseñoree” del país. Quien llegue a enseñorearse del país puede “facilitar o dificultar” nuestras vidas y el cumplimiento de nuestra misión con “su enseñoreamiento”, pero eso no impedirá que nosotros sigamos obedeciendo a Jesús.
8. Jesucristo es quien tiene toda potestad en los cielos y en la tierra. Jesucristo es el verdadero Señor y Rey de nuestras vidas, de la iglesia, del Perú, del mundo, y de todo el universo. ¡Afuera todo temor y todo miedo al ejercer nuestro voto, hermanos! Los cristianos nos debemos a Jesús y confiamos supremamente solamente en Jesús. Amén y amén.

Nota: Escribí este post en mi muro de Facebook el viernes 28 o el sábado 29 de mayo, antes del las elecciones que fueron el domingo 6 de junio. Después de esa publicación y sin mayor explicación específica alguna, Facebook inhabilitó mi cuenta personal de su plataforma. ¿Habrá sido el contenido del post lo que causó mi inhabilitación? 

Elmer Manuel Rodríguez Chuquimango

Elmer Manuel Rodríguez Chuquimango (4 de enero de 1977) el sétimo de mis hermanos, de los ocho que somos, partió hoy (5 de junio de 2021) a la presencia de Dios. Él nació con Síndrome de Down. Elmer tuvo meningitis a los cuatro meses de nacido. Ese mal agravó su condición.

Su vida fue casi como la de cualquier otro ser humano hasta más o menos los 17 o 18 años. En ese lapso de tiempo, nosotros, su familia, lo disfrutamos, lo gozamos, y lo “sufrimos”… pues era travieso y avezado. Subía y caminaba por las paredes sin temor alguno. Elmer era también tierno, amable, cariñoso, laborioso, dulce, enamoradizo, juguetón, alegre y risueño. (Foto: Elmer y su sonrisa ida, que me encantaba, aun cuando me parecía que se reía de mí).

Elmer participaba con nosotros en nuestra congregación. Leía la Biblia, cantaba y pedía oración por nosotros sus hermanos. No había reunión de oración en la que él no solicitará que la congregación orase por nosotros. Elmer también ayudaba en los servicios de la iglesia. Era un buen jovencito. Recuerdo bien aquellos días. Era hermoso verle alistarse para ir bien presentable a alabar a Dios.

Pero, siempre hay un pero en esta vida.

Algo le pasó entre los 17 o 18 años. Nosotros no sabemos qué le pasó. No estuvimos con él en ese momento. A partir de esa experiencia, Elmer empezó a retroceder en el ejercicio de sus facultades. Este retroceso se notó y se hizo evidente en su capacidad de comunicarse. Poco a poco dejó de hablar, y ya no pudimos saber de él mismo lo que sentía y pensaba. (Foto: Mis padres hicieron todo cuanto sabían y podían por Elmer. ¡Dios los bendiga!).

Al síndrome y a la meningitis, y al suceso desconocido que le acaeció, se le añadieron los frecuentes ataques epilépticos. Estos ataques lo fueron dañando muchísimo más. Los ataques eran fuertísimos. Tiene varias heridas por causa de esos terribles e imprevistos ataques. Para nosotros era muy doloroso verle padecer estos ataques.

Dios se ha compadecido de él y de nosotros y lo ha llevado a su presencia. Dios ha hecho con él y con nosotros lo que está en su plan y por eso determinó su reposo a este mundo. Su corazón dejó de latir y partió a la presencia de Dios hoy (5 de junio 2021). Él se fue como si estuviese muy cansado, poquito a poquito. Derramó unas poquitas lágrimas al irse. Todos nosotros estuvimos junto a él al momento de emprender su viaje al reino de Dios. (Foto: Mis padres, mi hermana Heriberta y Elmer en la navidad del 2020, que por causa de la pandemia, la celebramos por medio de zoom. Mis hermanos “están” con nosotros en la pantalla).

Ya han pasado unas horas desde su partida. Elmer ya descansa. Ahora está en la piadosas manos de Dios. Allí, junto a Dios, Elmer está mejor. Ya no sufrirá más los males que le aquejaron durante toda su estadía en esta tierra. Ahora, Elmer, junto a Dios, solamente tiene gozo y paz. En donde está hoy, Elmer ya no tiene dolor ni sufrimiento, solo salud y alegría. Amén y amén.

A nosotros nos queda su recuerdo.

Nosotros recordamos los momento alegres.

Nosotros recordamos su ternura, su delicadesa, su alegría, su risa, su mirada vivaz y movediza.

Elmer Manuel se fue con Dios, a su reino.

Elmer siempre fue un niño. (Foto: Elmer, mi padre, Lucas y yo en la playa de Huanchacho).

Como el niño que fue, Elmer está incluido en estas palabras de Jesús, el Hijo de Dios, quien vino a esta tierra, no para condenar, sino para salvar: Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. (Lucas 18:16–17).

Mi hermano Elmer ya dejó este mundo. Ahora Elmer está con Dios, en su reino. En el reino de Dios él está mejor, muchisísimo mejor. Allí, en el reino de Dios, y junto a Dios, Elmer camina y vive con gozo y alegría perpetua. Su cuerpo quedará en la sepultura, pero él ya vive con Dios. Amén. (Foto: Elmer junto a mi hermana Heriberta, mi sobrino Daniel y yo, en una de nuestras salidas a desestresarnos).

Los adultos, según Jesús, debemos recibir el reino de Dios como un niño. Elmer no necesitó hacerse un niño para recibir el reino de Dios, él “era” un niño… siempre “fue” un niño. El “niño” Elmer se fue al reino de Dios porque, según Jesucristo, le corresponde. ¡Descansa y gózate con Dios en su reino, que también es tuyo, Elmer!

¡Dios, consuélanos y confórtanos a todos quienes somos su familia! Amén.

Lo qué nos está más cerca e inminente…

Lo que no está más cerca e inminente es nuestro encuentro con Jesucristo.

Este hecho tiene que ser una certeza cristiana indubitable. Nuestro encuentro con Jesucristo está cada vez más y más cerca. Siempre lo ha estado, pero ahora su cercanía nos es más y más inminente. Y será así hasta que Jesucristo venga por nosotros o hasta que nosotros vayamos a encontrarnos con él.

Pablo, quien tenía en mente el advenimiento de Jesucristo y su encuentro con él, escribió dos párrafos clarísimos respecto a este maravilloso acontecimiento:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (no todos moriremos); pero todos (tanto discípulos muertos como discípulos vivos) seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos (los creyentes en Cristo que están muertos) serán resucitados incorruptibles, y nosotros (los creyentes en Cristo que están vivos) seremos transformados.” (1 Corintios 15:51-52).

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (los creyentes que están muertos), para que nos entristezcáis como los otros (los que no creen ni siguen a Jesucristo) que no tienen esperanza. Porque sí creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (los que murieron creyendo en él). Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor (esta frase hace referencia a los creyentes que estaremos vivos cuando él venga para reunirse con nosotros), no precederemos a los que durmieron (a los que creyentes que están muertos). Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” (1 Tesalonicenses 4:13-18).

Los dos párrafos bíblicos transcritos, presentan la inminencia de nuestra reunión con Jesucristo a través de dos acontecimientos que pueden ocurrir en cualquier momento. Uno de ellos es nuestra muerte y el otro es el retorno de Jesucristo por su iglesia. Ambos acontecimientos son inminentes, están allí, a la puerta y muy cerca de nosotros.

Los discípulos de Jesucristo de la época neotestamentaria creían que él vendría por ellos en sus propios días, mientras estaban vivos. Jesucristo, como sabemos, tanto por la Biblia como por la historia, no ha retornado todavía por su iglesia, la cual está a su espera. Muchos de los creyentes en Jesús, por tanto, murieron esperándole, sin haberle visto volver.

Esa realidad, sin embargo, no anula el hecho de que al morir, todos los discípulos que murieron se han reunido con Jesucristo en espíritu. Los cristianos que han muerto están con Jesús en su reino. ¿Recuerdan a uno de los de los dos ladrones que fue crucificado junto a nuestro Señor y que se arrepintió a él antes de morir? A este ladrón arrepentido, Jesús le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). El ladrón arrepentido se reunió con Jesús inmediatamente después de que murió.

La muerte reúne al discípulo con Jesucristo. Los cristianos no debemos temerle a la muerte. No debemos buscarla, pero hay que prepararnos y hay que estar listos para morir sin sorpresa ni desesperación alguna. Pablo, quien no temía morir y quien siempre estaba listo para dejar el mundo presente, dijo: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.” (Filipenses 1:21-24).

Para Pablo, morir era “partir y estar con Cristo”; por esa razón, para él, “el morir es ganancia”. La muerte nos hace cruzar el lumbral del mundo presente para encontrarnos y reunirnos con Jesús en el mundo espiritual eterno. De acuerdo con las Escrituras, toda persona que ha creído en Jesucristo y muere va a reunirse con él.

Nuestra muerte es inminente. Podemos morir en cualquier momento. Este es un hecho segurísimo.

Los que estamos viviendo en estos días por causa del virus chino y las acciones humanas para eliminarlo tienen que habernos hecho mucho más conscientes de que nuestro encuentro con Jesús es el acontecimiento más y más cercano. Son muchos los hijos de Dios que han partido e ido con el Señor. Un día seremos nosotros los que moriremos e iremos con el Señor. Puesto que así es, lo que nos toca es estar listos y preparados para irnos con él.

No hay que temerte a la muerte; ni a la nuestra, ni a la de otros. No hay que sorprendernos de la muerte. No hay que huir de ella. Hay que estar preparados y listos para cuando nos toque morir. ¿Cómo nos preparamos y estamos listos para morir e irnos con Jesucristo?

1. Hay que asegurarnos de que nuestra fe en Jesucristo es verdadera y genuina. Esto es vital, porque solamente el cree y sigue a Jesucristo tiene vida eterna y al morir va con él.

2. Hay que vivir toda nuestra vida confiando en Jesucristo y sirviéndole en toda área de nuestra vida en esta tierra. Toda área de nuestra vida debe estar sometida a Cristo y tiene que ser vivida para honrarle y glorificarle.

3. Hay que crecer cada día en nuestra relación con Dios por medio de la oración, la lectura de la Biblia, la adoración y alabanza a Dios, el arrepentimiento y la confesión de pecados, la obediencia a la palabra de Dios, y de ser testigo de Jesucristo y su evangelio dondequiera que Dios nos lleve.

4. Hay que disfrutar intensamente la vida, la familia, el trabajo y los bienes que Dios nos ha dado. Dios nos da sus dones para disfrutarlos y debemos gozarnos en todo lo que él nos ha dado en esta tierra.

5. Hay que vivir en este mundo en función de la gran comisión. Este mundo es nuestro campo de misión. Estamos aquí para predicar el evangelio de Jesucristo y para hacer discípulos de Jesús a todas las naciones.

6. Hay que vivir como extranjeros y con desapego a este mundo y a todo lo que tenemos y hay en él. Nuestra ciudadanía es celestial. Estamos en esta tierra de paso, de transito. Nuestra patria celestial nos espera y debemos estar listos para reunirnos con Jesucristo cuando él lo determine.

Nuestra reunión con Jesucristo es lo más cercano e inminente. Estemos listos para esa nuestra reunión. Todos nosotros podemos morir e ir con Jesús en cualquier momento. Si no es la muerte la que nos reúne con Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, lo que nos reunirá con él es su venida por Su Iglesia. La venida de Cristo por Su Iglesia es también inminente. Puede ocurrir en cualquier momento. Por eso, ya porque nos morimos o ya porque él viene por su iglesia, nuestra reunión con Jesucristo es lo que nos está más cerca e inminente.

¡Preparémonos y estemos listos para reunirnos con nuestro Señor y vivir con él por la eternidad! Amén y amén.