¡Contentamiento, vida en Cristo y la gran ganancia!

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6:6).

Dos mendigos estaban charlando sobre el valor de su vidas y sus nulas posesiones. El uno de le decía al otro: “Yo soy un mendigo rico, rico, muy rico, porque estoy feliz de estar vivo, aún cuando no tengo casi nada y de que como poco y visto con harapos. Pero tú eres un mendigo pobre, pero muy pobre; porque a tu condición de mendigo le añades amargura y frustración. Siempre te estás quejando. Haz perdido la alegría de vivir. Estás constantemente descontento.” El mendigo oyente escuchaba a su compañero en silencio y cabizbajo; sabía que le estaba diciendo la verdad sobre su forma de vivir.

Se podría escuchar un diálogo similar al anterior entre dos personas ricas. Es decir, puede haber un rico, rico, muy rico; y también un rico pobre, pobre, muy pobre. La diferencia entre el uno y el otro es la alegría, la dicha, el gozo, … el contentamiento.

También puede oírse una conversación igual entre dos solteros, dos casados, dos padres, dos comerciantes, dos obreros, dos estudiantes, dos futbolistas, etc. (Foto: César Salamanca y esposa, Marco, y yo, en Chachapoyas).

Aun se podría oír este misma conversación entre dos cómicos (o payasos).

Y también, por cierto, se podría oír esta misma charla entre dos hijos de Dios.

Contentamiento viene de contento, que es estar alegre, feliz y satisfecho. Sus sinónimos son: satisfacción, felicidad, alegría, complacencia, dicha, regocijo, júbilo, algarabía y gozo. La palabra contentamiento, su significado y sus sinónimos nos presentan a todos los hombres un desafío enorme. Este desafío es enormemente mucho más grande si es que somos verdaderos seguidores de Jesucristo, quien es nuestro Salvador, Señor y Rey.

El contentamiento, que es la alegría y el gozo de existir y ser quien se es, y de tener o no tener algo, al vivir en esta tierra, es lo que distingue a los que están ganando grandemente, de los que están perdiendo y empobreciéndose más y más cada día. Solo hay dos opciones al vivir: Se puede vivir siempre mayormente contentos o se puede vivir siempre mayormente tristes.

La elección de una de las dos de estas maneras de vivir depende de cada uno de nosotros, de nadie más. Los que elegimos somos nosotros, nosotros y nosotros.

Pablo, quien vivió constantemente con contentamiento y con regocijo, testificó que no se nace con tal modo de vivir, sino que se aprende: “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:11–13).

Pablo le dijo a Timoteo: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”.

Las palabras de Pablo son clarísimas. Solamente existen dos tipos de discípulos de Jesucristo en esta tierra: Los discípulos que están siendo ricos, ricos, muy ricos y los discípulos que están siendo pobres, pobres, muy pobres.

Los discípulos que están siendo ricos, ricos, muy ricos son los discípulos que viven con contentamiento y gozo constante su vida con Dios y su vida con quienes los rodean. Los discípulos que están siendo pobres, pobres, muy pobres son aquellos que viven su fe en Dios frustrados, resignados, amargados, … descontentos.

Los primeros siempre están teniendo gran ganancia por vivir con contentamiento; es por eso que cada vez son más y más ricos.

El profeta Habacuc en el Antiguo Testamento y el apóstol Pablo en el Nuevo Testamento son dos buenos ejemplos de este tipo discípulos de Jesucristo.

Las palabras de Habacuc al final de su libro reflejan su alegría y su contentamiento a pesar de las circunstancias que vivía: “Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar.” (Habacuc 3:17–19).

Los segundos, en cambio, por vivir sin contentamiento, siempre son más y más pobres. Sus vidas son un módelo no digno ni provechoso de seguir. Un ejemplo de este tipo de discípulos es Jonás, quien sirvió a Dios enojado y amargado (Jonás 4:8-9), y también los israelitas adultos, que fueron libertados por Dios de su amarga esclavitud en Egipto. Estos judíos vivieron mayormente toda su libertad murmurándose y quejándose constantemente contra Dios (Números 14:26-35).

La vida en este mundo, que está bajo la maldición de Dios, no está exenta de dolor, de tristeza, de trabajos, de problemas, de lloro, de enfermedad, … de muerte. Pero, aún así, los cristianos estamos llamados a vivir con alegría, con gozo, con regocijo, … con contentamiento.

La razón del contentamiento y del gozo constante de los discípulos de Jesucristo es bastante sencilla: Dios es nuestro Padre por la fe en Jesucristo Su Hijo, quien está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo por el Espíritu Santo que nos ha dado. Esta experiencia grandiosa y bendita es motivo suficiente para encontrar gozo, satisfacción y contentamiento continuo en esta tierra.

Es justamente por eso que el ejemplar apóstol Pablo, que siempre busca el bien de todos los hombres, les dio este consejo a los seguidores de Jesucristo que eran ricos: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.” (1 Timoteo 6:17–19).

Siempre tenemos que ver a cada persona, a cada cosa y a cada situación a luz de nuestra relación con Dios por medio de Jesucristo. Solamente si vemos y vivimos así la vida tendremos gran ganancia al peregrinar en este mundo hasta vivir con Jesucristo en la casa de Su Padre (Juan 14:1-3). Nuestra contentamiento será visible y cotidiano al vivir en esa forma.

Jesucristo vino a esta tierra para darnos vida y vida en abundancia (Juan 10:10).  El contentamiento en toda área de nuestra vida es justamente la expresión de que estamos viviendo la vida abundante que él nos trajo, y la que él nos ha dado, y la que él nos da diariamente, por ser sus seguidores.

En mi experiencia diaria lucho constantemente con estar siempre contento y alegre en el Señor Jesucristo y sus dones. Soy tentado a cada momento a no estar gozoso. Estar jubiloso y contento todo el tiempo en este mundo opuesto a Dios y a Su Palabra es difícil. Es por eso que hago este ruego por mí y por otros, frecuentemente: ¡Qué Dios nos ayude a vivir la gran ganancia que es la vida con Dios y con otros acompañada de contentamiento!

Amén, amén y amén.

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