Los ministros evangélicos son personas claves en el plan de Dios. Ellos, por la voluntad de Dios, son los responsables de enseñar y predicar la palabra de Dios, la Biblia. De su trabajo depende el crecimiento de cada hijo de Dios, la edificación de la iglesia y la salvación de los perdidos. De su ministerio depende, asimismo, la fidelidad y la pureza de la verdad divina. ¡Su labor es trascendental!
Las iglesias y los hijos de Dios, por tanto, tenemos que interceder siempre por los maestros, pastores, misioneros y evangelistas y sus familias. Nuestra oración constante a favor de los ministros de la palabra de Dios y sus familias es la voluntad de Dios para nosotros.
Pero Dios no solamente nos da la carga y el desafío de orar por los ministros del evangelio, él también nos instruye sobre qué es lo que tenemos que pedir por ellos.
Nuestros ruegos y peticiones por los que presiden y apacientas las iglesias tienen que ser específicas y bíblicas. Nuestra intercesión a favor de los obreros y siervos de Dios tiene que estar respaldada por la palabra de Dios. ¡Es imprescindible que así sea!
La Biblia, gracias a Dios, no nos deja a oscuras respecto a qué es lo que debemos pedir a favor de los obreros del Señor de la mies. Ella nos instruye y nos da mandatos específicos respecto a qué pedirle a Dios por ellos.
En esta nota compartiré textos bíblicos con peticiones específicas para interceder por los obreros de Dios.
- Que tengan valentía para hablar la palabra de Dios. “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:29). La predicación del evangelio y la enseñanza de la palabra de Dios se realiza, muchas veces, en un contexto de oposición y de violencia verbal, física y “legal”. El diablo y el mundo opuesto a Dios no toleran que Jesucristo sea creído, seguido, obedecido, adorado y esperado. Los obreros de Dios son humanos y también tienen miedo. De allí que es crucial pedirle a Dios que los haga valientes y apasionados para hablar y testificar de Jesucristo.
- Que Dios respalde todo su trabajo. “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hechos 14:23). Los obreros y siervos de Dios hablan en nombre de Dios y necesitan que Dios los empodere y respalde al cumplir su tarea. Nosotros los ayudaremos mucho si pedimos siempre que Dios esté presente en sus vidas personales, familiares y ministeriales. El respaldo divino sobre ellos tiene que ser notorio, evidente. Todos quienes los oímos, vemos y seguimos tenemos que “experimentar” con nuestros sentidos externos e internos que Dios está con ellos en todo lo que hacen.
- Que sean librados de los rebeldes y de los que se oponen a evangelio. “Pero os ruego hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, …” (Romanos 15:30-31a) (2 Tesalonicenses 3:2). En este mundo hay gente mala, muy mala, “irredimible”. “La fe no es de todos”, no porque Dios no quiere que lo sea, sino porque no todos la quieren … aun cuando está a su alcance. Esta gente hace sus maldades a todos, también a los predicadores. La maldad de estos hombres puede ser oral, escrita, física y hasta mortal. Los ladrones, extorsionadores, asesinos y terroristas no se detienen ante nadie y los siervos de Dios no están inmunes a ellos. La violencia, ya política o ya religiosa también afecta a a todos los hijos de Dios y los ministros del evangelio no están exceptuados. Necesitamos orar por ellos y sus familias para que no sean dañados por los delincuentes ni por quienes odian al evangelio y quienes lo predican y enseñan.
- Que su trabajo ministerial sea aceptado por Dios y su iglesia. “… y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta; …” (Romanos 15:31b). La ofrenda de los ministros a los santos hoy es lo que hacen para ellos. Sus mensajes, sus predicaciones, sus consejos, sus correcciones, sus visitas y todo lo que realizan para el crecimiento de los hijos de Dios en Cristo son “su ofrenda” a ellos. Esta “ofrenda” es preparada con amor y trabajo árduo. Si la congregación no acepta ni recibe esta “ofrenda” o la rechaza, el ánimo y la pasión de los siervos de Dios disminuye. Los obreros son humanos, como todos, y se desalientan. Un predicador desalentado no tiene fuerza, ni gozo, ni ganas. La congregación tiene que recibir con entusiamo lo que quienes los conducen han preparado para ellos. Todos necesitamos valorar el trabajo que realizan lo obreros del Señor y recibir y aceptar con gozo lo que ellos hacen para y por nosotros es indispensable. ¡Qué Dios nos ayude a rogar a para que el trabajo de los siervos de Dios sea aceptado y recibido con entusiasmo por las congregaciones en las que sirven! Amén.
- Que sus viajes ministeriales sean prósperos. “… para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros” (Romanos 15:32) (Hebreos 13:18-19). Para llevar el evangelio y enseñar la palabra de Dios hay que salir de donde se vive. Mucho del trabajo de los siervos de Dios se realiza fuera de su casa, de su barrio, de su ciudad, de su provincia y de su país. Los viajes son parte de la vida de los obreros. Al viajar, ellos corren peligros. Pueden ocurrir muchas cosas tanto al ir como al volver. Rogarle a Dios para ellos vayan, lleguen, cumplan su labor y retornen en paz y con alegría es muy importante. ¡Hagámoslo, no solamente por ellos, sino también por sus familias, que los están esperando!
- Que reciba las palabras adecuadas para comunicar el evangelio con claridad y en forma entendible. “Y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar” (Efesios 6:19-20). Mucho del trabajo que realizan los siervos de Dios es verbal. Ellos tienen que hablar clara, amena, comprensible y poderosamente. Sus enseñanzas requieren convición, certidumbre. El evangelio tiene que salir de sus bocas con poder y valentía. Pablo sabía lo crucial que es hablar apropiadamente el mensaje de Dios. Nosotros habemos mucho bien a la obra de Dios si es que pedimos que los obreros de Dios reciban de él las palabras y el poder que necesitan al predicar y enseñar.
- Que se les presente oportunidades óptimas de predicación de la palabra de Dios. “Orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar” (Colosenses 4:3-4). Aunque el evangelio tiene que ser predicado a toda criatura y a todo el mundo, no todos quieren oír o no todos están listos para escuchar. Las personas están en sus propios asuntos sin “ver” el peligro en el que se encuentran. Dios tiene que obrar en ellos para que se interesen por sus almas y por su condición ante él. Por eso, al interceder por los ministros, tenemos que pedirle a Dios que les abra puertas para que prediquen el evangelio a quienes están preparados para escucharlo. Dios es el interesado principal de la salvación de los pecadores y es él mismo quien mueve a sus siervos a donde él quiere que vayan. Oremos a Dios, entonces, para que dé a sus siervos oportunidades óptimas para predicar y testificar el evangelio de Cristo.
- Que su predicación del evangelio tenga resultados concretos verdaderos y firmes. “Por lo demás hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, …” (2 Tesalonicenses 3:1). Los predicadores son como los sembradores, ellos quieren sembrar el evangelio en donde éste germina, crece y da fruto. Ellos se gozarán y tendrán muchísimo más ánimo si es que ven prosperar su trabajo para Dios. Los siervos de Dios predican y enseñan porque quieren ver más conversiones, más bautizados, más hermanos obedeciendo a Dios, más dedicación y más fervor por Dios y su obra. Si ellos ven que la palabra de Dios avanza y tiene fruto, se gozarán y su ánimo será muchísimo mayor. Necesitamos pedirle a Dios que el trabajo de los obreros del Señor tenga fruto a treinta, sesenta y a ciento por uno.
- Que siempre tengan buena conciencia y buena conducta al vivir en esta tierra. “Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo” (Hebreos 13:18). La buena salud espiritual personal de quienes dirigen la iglesia de Dios en este mundo es trascendental. Los que apacientan la grey tienen que estar bien con Dios, con su familia (esposa e hijos), con su congregación y con toda persona a su alrededor vivir y al hacer su trabajo. Su santidad y su perfeccionamiento espiritual es vital. Si ellos tienen carga por pecado interno o externo no vivirán ni ministrarán con entusiasmo. No es posible ningún trabajo espiritual con mala conciencia por pecado personal interno o externo, aun cuando nadie, excepto Dios y los obreros mismos, lo sepan. La mala conciencia quita poder, autoridad, convicción y pasión al enseñar, predicar, aconsejar o corregir a otros. Es indispensable que oremos por la vida privada e íntima de los que encabezan las iglesias del Señor Jesucristo. Pidámosle a Dios que ellos no tengan nada que no está corregido ni confesado. Roguemos que ellos no tengan nada de que avergonzarse. Es muy importante que así sea. Amén.
- Que cuando sean atacados por Satanás su fe no les falte y salgan así fortalecidos de ese ataque. “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32). No hay nada que desaliente más a los maestros, pastores, misioneros y evangelistas que el pecado, ya suyo, ya de su familia, ya se su equipo de trabajo o ya de los hermanos de su congregación. El pecado causa gran estrago en todos los hijos de Dios. El daño es muchísimo más grande cuando el pecado es del obrero de Dios o de la familia suya. El diablo sabe esto último y por eso es que tienta continuamente a los obreros y a sus familias. Mantener en nuestros ruegos a los ministros y sus familias es importantísimo. ¡La obra de Dios sufre mucho cuando los siervos de Dios o sus familias pecan gravemente! ¡El desaliento, el desánimo, la falta de fuerzas son horribles en momentos así! ¡La fe y la confianza en Dios y en su obra y en sus promesas se debilitan peligrosa y terriblemente en esos momentos! Jesucristo lo sabía y es por eso que no dejó de interceder por sus discípulos cuando pecaron contra él, negándolo y abandonándolo. Hagamos lo mismo nosotros cuando el pecado hiera a los siervos de Dios y sus familias, ¡pidámosle a Dios que su fe no les falte! Amén. ¡Qué Dios nos ayude a orar diariamente por las familias de quienes conducen la grey y la obra de Dios en este mundo!
- Que sepan edificar hogares ejemplares. “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, … que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Timoteo 3:2, 4-5). La familia está bajo ataque. El diablo tiene por objetivo la perversión y la destrucción de la familia como institución divina. El hogar de los hijos de Dios no está exceptuado del asedio del maligno, y el hogar de los siervos de Dios, muchísimo menos. El diablo y el mundo, que se oponen a Dios y a su obra, saben que detendrán y perturbarán el evance del evangelio si dañan la familia de los ministros de la palabra. Por tanto, la iglesia tiene que rogar por ellos y sus familias. Es muy importante interceder, interceder e interceder por la estabilidad, el crecimiento y el perfeccionamiento de los siervos de Dios y sus familias.
- Que tengan buen testimonio para con los no creyentes que rodean su hogar. “También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:7). Los obreros del Señor y sus familias, al igual que todos los hijos de Dios, viven inmersos entre inconversos. Los inconversos siempre los están observando. Su modo de vivir y todos sus actos están en el escaparate público todo el tiempo. Sus buenas obras son clave para la difusión del evangelio y para que sean muchos más los que vienen a Cristo. Lo contrario también es cierto, si es que ellos viven y hacen mal. Su mal testimonio estorbará y hará tropezar a los no creyentes y también a las ya creyentes. Orar por el buen testimonio de los ministros del evangelio entre los que viven a su alrededor, por tanto, es vital. ¡Hagámoslo!
- Que tengan la intercesión constante y fiel de todos aquellos a quienes ministran. “Hermanos, orad por nosotros” (1 Tesalonicenses 5:25). “Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, en que hacéis y haréis lo que os hemos mandado” (2 Tesalonicenses 3:4). Pablo pedía oración a los hermanos y confiaba en que ellos escucharían su pedido y orarían por él y su equipo de trabajo. Los ministros del evangelio deben hacer esta petición a las congregaciones de Cristo. La intercesión del pueblo de Dios es vital. Los siervos de Dios que saben que sus hermanos en Cristo los tienen en sus oraciones cumplen su trabajo con confianza y mayor tranquilidad. ¡Dios bendiga a sus obreros con congregaciones que constantemente oran por ellos ante Dios!
Seguramente hay muchas otras peticiones específicas y bíblicas a favor de todos los que son ministros del evangelio. Empero, los motivos alistados son, según el Espíritu Santo que inspiró lo que está escrito en la Biblia, trascendentales y demasiado importantes como para pasarlos por alto.
En consecuencia, considero que los ministros del evangelio que tienen iglesias que oran a su favor fiel y fervorosamente estos principales motivos, son bienaventurados y los más propensos al éxito ministerial, que aquellos que no tienen tal privilegio y escudo.
Este artículo ha sido escrito para que los hermanos en Cristo y todas las iglesias oren, oren … y oren estas peticiones fielmente a favor de quien los apacientan.
Necesitamos orar por los siervos de Dios y sus familias cada vez que Dios los traiga a nuestras mentes. ¡Es imprescindible!
Finalizo esta nota con la confianza en que Dios hará que sus iglesias y cada uno de sus hijos orarán por los ministros del evangelio conforme a lo aquí enseñado.
Dios quiere que oremos por los ministros del evangelio y los ministros mismos nos piden encarecidamente que lo hagamos: “Hermanos, orad por nosotros” (1 Tesalonicenses 5:25).
¡Qué Dios bendiga a los ministros del evangelio con congregaciones y hermanos fieles que oran, oran y oran estos motivos y ruegos bíblicos!
Amén, amén … y amén.

