Benjamín está “vivo” en mi memoria porque lo tengo frecuentemente en mis pensamientos. Hoy, justamente, estuve pensando en él y en los momentos que pasamos juntos. Coincidimos en el Día del Aspirante en el Seminario Bautista del Perú. Allí vi su don musical. Tocaba el piano, cantaba, dirigía con mucha gracia; y también ensayaba y acompañaba con buena voluntad a quienes querían cantar. Este mi encuentro con él en ese acontecimiento duró poco, dos o tres días. Fue en agosto del año 1987.
Después, en los años 88 al 90, fuimos compañeros de pabellón y de aula en el Seminario. Aparte de la música, Benjamín, amaba la palabra de Dios y el conocimiento de ella. Nuestro tiempo estudiantil fue precioso y es inolvidable. Nos gozábamos estudiando, cantando, leyendo, hablando, jugando, bromeando, riendo, etc. El pabellón de varones, con Benjamín allí, está siempre en mi mente, por todas las vivencias por causa de él; destaco una vivencia en especial. Benjamín siempre se levantaba directo al piano, para tocar uno que otro himno. El himno que más tocaba, y que yo recuerdo mucho es el siguiente: “Suenan melodías en mi ser”. Para mí, ese himno, tocado por él, siempre alegraba mi alma y fortalecía mi fe y mi esperanza en Dios y en su obra de Salvación. Aun hoy lo sigue haciendo. (Foto: Benjamín Salinas).
Entre el año 90 y el día de su partida a vivir con Dios, con Benjamín hemos pasado muy buenos tiempos. En cursos bíblicos, en servicios de edificación, en conferencias, en campamentos y en reuniones de negocios en diferentes ministerios. Su amor por la obra de Dios en Perú y el mundo siempre ha sido muy visible. Su amor por las personas y su interés personal por ellas han marcado la vida de mucha gente. Benjamín está “vivo” en mi memoria por su aprecio a mí y mi familia. Fue por él que “aprendí” que los siervos de Dios “eran los tíos de los hijos” de sus consiervos. Mis hijos eran “sus” sobrinos y les daba su afecto y su propina “como” tales. Recuerdo que en diciembre me reuní con él en Lima, para comer un ceviche. Él vino desde su casa en el Retablo para estar conmigo durante el breve tiempo que tenía entre un vuelo y otro. Aprecié y admiré ese su gesto. Él era un amigo, sabía ser amigo. En enero, dos meses antes de su partida a la presencia de Dios, fue a vernos a nuestra casa. Mi familia disfrutó su presencia que, aunque breve, nos edificó y animó. Benjamín, quien “vive” en mi memoria, ahora ya vive con Dios. (Foto: Promoción 1990, SBP).
Pero Benjamín también “vive” en la memoria de Magdalena, su esposa, y también en la memoria de sus tres hijos. Toda su familia puede dar fe de lo que estoy escribiendo. Con toda seguridad, ellos lo recuerdan constantemente. Y lo seguirán recordando hasta que Dios los reúna con él en la eternidad. Por cierto, tengamos presentes en nuestras oraciones a su preciosa familia.
Benjamín “vive” también en la memoria de los hermanos en Cristo a quienes sirvió como pastor y consejero espiritual y musical. Él está en el corazón y en la mente de todos ellos, que lo conocieron, que lo escucharon, y que trataron con él. Los hermanos de la IBB El Retablo pueden dar fe de lo que escribo. También, los hermanos del Grupo Coral Norte, que él promovió y dirigió con entusiasmo.
Benjamín también “vive” en su producción musical, y en sus predicaciones y en sus enseñanzas, y en sus escritos. Hoy mismo estuve escuchando varios de los himnos que cantó y que dirigió mientras sirvió a Dios en esta tierra. Pero hoy no ha sido el único día que escuché su producción, lo he hecho también antes y es seguro que seguiré escuchándole. (Foto: Benjamín y Magdalena).
Benjamín “vive” también en la vida de sus amigos, quienes, como yo, pueden dar fe de lo que digo.
Pero, para terminar, lo más importante, Benjamín vive hoy ante Dios en Su Reino Eterno. Esto que estoy diciendo no lo digo en función de mi deseo, sino en base a lo que enseña la Biblia, que es la Palabra de Dios. Jesucristo, cuando los saduceos intentaron hacerle quedar en ridículo a él y a la realidad de la resurrección de los muertos y a la vida después de morir en esta tierra, dijo: “Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven.” (Lucas 20:37-38). La Biblia es clara respecto a que la vida no termina cuando morimos en esta tierra. Al morir en esta tierra dejamos de estar presentes palpablemente para esta dimensión, pero seguimos viviendo real y espiritualmente en otra dimensión. Si somos hijos de Dios, por haber creído en Jesucristo de todo corazón mientras estábamos aquí, como hizo Benjamín, al morir en esta tierra nosotros vivimos presentes en el Señor. (1 Corintios 5:6-8). El hecho de que el creyente en Cristo al morir en esta tierra va a vivir y a estar con Cristo en Su Reino es lo que le hizo testificar a Pablo estas palabras: “Porque de ambas cosas (vivir o morir en esta tierra) estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir (morir) y estar con Cristo (vivir en Su Reino), lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne (seguir viviendo en la tierra) es más necesario a causa de vosotros.” (Filipenses 1:23-24). (Foto: Benjamín junto a toda su familia).
Como Benjamín está presente y vive con Cristo hoy en su reino celestial y eterno es que lo imagino tal como lo conocí en esta tierra. Me lo imagino mirando con admiración a Jesucristo, Su Salvador y Su Señor. También lo imagino entonando alabanzas y cantando gozosamente a nuestro Dios. Lo imagino buscando a los hombres del Antiguo y del Nuevo Testamento para dialogar con ellos y oírlos testificar sobre las maravillas de Dios. También, lo imagino hablando con quienes fueron sus maestros y amigos en esta vida y que ya están allí con el Señor. Lo imagino maravillado y asombrado por la belleza y la gloria que está viendo y disfrutando. (Foto: Benjamín, Luis y yo, en el aeropuerto de Lima).
Podría seguir escribiendo, pero debo terminar.
Benjamín “vive” y seguirá “viviendo” en mi memoria y en la memoria de todos los que nos relacionamos con él cuando estuvo aquí. Estoy seguro de eso. Pero, de lo que más estoy seguro, y sin ningún ápice de duda, es que Benjamín vive con Dios y que disfruta de él y de todo lo que él tiene allí en Su Reino.
“Dios es Dios de vivos” y Benjamín vive con él. Amén, amén.
Sí tú aún no tienes la esperanza de seguir viviendo ante Dios y con Dios el día que mueres a esta tierra, cree de todo corazón en Jesucristo, quien murió y resucitó para salvar a los pecadores, y tal esperanza ciertísima será también tuya.
Benjamín ahora entiende lo que nosotros entenderemos después:















