Dios es creador de todos los seres humanos. Por eso, y solo por eso, todos somos “hijos de Dios”.
Pero luego del pecado de Adán y Eva nuestros padres, el ser creados por Dios ya no es suficiente para ser “hijos de Dios” y estar vinculados con él como tales.
Luego de la tragedia del pecado de Adán y Eva, Dios ve como hijos suyos a quienes se vinculan con él por medio de la fe, que es creer y confiar en lo que él dice en su palabra, la cual está escrita en la Biblia.
En el Antiguo Testamento, los que recibieron la calificación de “hijos de Dios” porque entraron en pacto con él por medio de la fe fueron los judíos, la nación de Israel. En el Nuevo Testamento, los que reciben la calificación de “hijos de Dios” son todos los seres humanos que creen en Jesús y se hacen discípulos de él de todo corazón.
Juan 1.12 es clarísimo: “Mas a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en su nombre (de Jesús), (Dios) le dio potestad (la autoridad, el derecho, el privilegio) de ser hechos hijos de Dios”. De acuerdo a este texto, ser hijo de Dios hoy es posible y un hecho irreversible y eterno para todo aquel que deposita su fe en Dios y recibe a Jesús y se hace su discípulo.
El versículo que sigue, Juan 1.13, reafirma que la fe en Jesucristo nos hace verdaderamente hijos de Dios y que este hecho bendito es absolutamente una obra de Dios, no del hombre. El texto dice: “Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”. En otras palabras, es Dios mismo quien hace que los pecadores lleguemos a ser hijos de Dios. Él mismo es quien engendra y quien determina hacernos sus hijos.
Solo Dios merece la gloria y la honra por bendecir a los hombres con el privilegio de hacerlos sus hijos.
Recibir, en el pasaje citado, tiene que ver con aceptar y reconocer que Jesús es quien Dios dice que es.
Jesús es el Hijo Unigénito de Dios, quien fue enviado por Dios a esta tierra para salvar a los pecadores.
Jesús es el Cordero de Dios en quien Dios quita nuestros pecados y ya no nos condena por ellos.
Jesús murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.
Jesús ascendió a los cielos y desde allí volverá por segunda vez para llevar a su reino a todos sus seguidores.
Recibir y creer en Jesús es aceptar todo lo anterior, que es lo básico. A partir de allí, y siendo ya hijos de Dios por estar siguiendo a Jesús, aprenderemos y creceremos muchísimo más en el conocimiento de nuestro Dios y de sus bendiciones y demandas para con nosotros sus hijos.
¿Quiénes son hoy hijos de Dios? Esta pregunta esta respondida en Juan 1.12-13. Hoy son hijos de Dios los que creen, reciben, aceptan a Jesús y se hacen sus seguidores. Dios mismo lo ha establecido así y su palabra es muy clara al respecto.
Por eso, si todavía no estás siguiendo a Jesús, síguelo ya, de una vez. Ser hijo de Dios está en “tu” determinación y es “tu” decisión.
La fe es un asunto estrictamente personal, nadie puede creer por ti. Eres tú mismo quien tiene que creer y recibir a Jesucristo.
Juan 1:12-13 dice muy claramente que los que reciben y creen en Jesús son hechos hijos de Dios. Si recibes y crees en Jesús genuinamente serás hecho de inmediato hijo de Dios.
Recibe a Jesús hoy y Dios te hará su hijo eternamente.
Si ya has creído y ya estás siguiendo a Jesús, eres hijo de Dios. No dudes de esa realidad. Dios no miente y su palabra siempre es verdadera. Glorifica y honra a Jesucristo con obediencia y servicio sacrificado.
¡Si Dios te ha dado el privilegio de ser su hijo por medio de la fe en Jesucristo, tienes que honrar tal privilegio viviendo como hijo de Dios!
¡Dios, ayúdanos a reflejarte con nuestra manera de vivir en toda área de nuestra vida en esta tierra! Amén.



































