¿Quiénes son hoy hijos de Dios?

Dios es creador de todos los seres humanos. Por eso, y solo por eso, todos somos “hijos de Dios”.

Pero luego del pecado de Adán y Eva nuestros padres, el ser creados por Dios ya no es suficiente para ser  “hijos de Dios” y estar vinculados con él como tales.

Luego de la tragedia del pecado de Adán y Eva, Dios ve como hijos suyos a quienes se vinculan con él por medio de la fe, que es creer y confiar en lo que él dice en su palabra, la cual está escrita en la Biblia.

En el Antiguo Testamento, los que recibieron la calificación de “hijos de Dios” porque entraron en pacto con él por medio de la fe fueron los judíos, la nación de Israel. En el Nuevo Testamento, los que reciben la calificación de “hijos de Dios” son todos los seres humanos que creen en Jesús y se hacen discípulos de él de todo corazón.

Juan 1.12 es clarísimo: “Mas a todos los que le recibieron (a Jesús), a los que creen en su nombre (de Jesús), (Dios) le dio potestad (la autoridad, el derecho, el privilegio) de ser hechos hijos de Dios”. De acuerdo a este texto, ser hijo de Dios hoy es posible y un hecho irreversible y eterno para todo aquel que deposita su fe en Dios y recibe a Jesús y se hace su discípulo.

El versículo que sigue, Juan 1.13, reafirma que la fe en Jesucristo nos hace verdaderamente hijos de Dios y que este hecho bendito es absolutamente una obra de Dios, no del hombre. El texto dice: “Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”. En otras palabras, es Dios mismo quien hace que los pecadores lleguemos a ser hijos de Dios. Él mismo es quien engendra y quien determina hacernos sus hijos.

Solo Dios merece la gloria y la honra por bendecir a los hombres con el privilegio de hacerlos sus hijos.

Recibir, en el pasaje citado, tiene que ver con aceptar y reconocer que Jesús es quien Dios dice que es.

Jesús es el Hijo Unigénito de Dios, quien fue enviado por Dios a esta tierra para salvar a los pecadores.

Jesús es el Cordero de Dios en quien Dios quita nuestros pecados y ya no nos condena por ellos.

Jesús murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

Jesús ascendió a los cielos y desde allí volverá por segunda vez para llevar a su reino a todos sus seguidores.

Recibir y creer en Jesús es aceptar todo lo anterior, que es lo básico. A partir de allí, y siendo ya hijos de Dios por estar siguiendo a Jesús, aprenderemos y creceremos muchísimo más en el conocimiento de nuestro Dios y de sus bendiciones y demandas para con nosotros sus hijos.

¿Quiénes son hoy hijos de Dios? Esta pregunta esta respondida en Juan 1.12-13. Hoy son hijos de Dios los que creen, reciben, aceptan a Jesús y se hacen sus seguidores. Dios mismo lo ha establecido así y su palabra es muy clara al respecto.

Por eso, si todavía no estás siguiendo a Jesús, síguelo ya, de una vez. Ser hijo de Dios está en “tu” determinación y es “tu” decisión.

La fe es un asunto estrictamente personal, nadie puede creer por ti. Eres tú mismo quien tiene que creer y recibir a Jesucristo.

Juan 1:12-13 dice muy claramente que los que reciben y creen en Jesús son hechos hijos de Dios. Si recibes y crees en Jesús genuinamente serás hecho de inmediato hijo de Dios.

Recibe a Jesús hoy y Dios te hará su hijo eternamente.

Si ya has creído y ya estás siguiendo a Jesús, eres hijo de Dios. No dudes de esa realidad. Dios no miente y su palabra siempre es verdadera. Glorifica y honra a Jesucristo con obediencia y servicio sacrificado.

¡Si Dios te ha dado el privilegio de ser su hijo por medio de la fe en Jesucristo, tienes que honrar tal privilegio viviendo como hijo de Dios!

¡Dios, ayúdanos a reflejarte con nuestra manera de vivir en toda área de nuestra vida en esta tierra! Amén.

El Solo Mediador: Jesucristo.

Para los cristianos bíblicos, toda bendición de Dios nos viene y es posible únicamente por causa de Jesucristo. Si somos salvos de nuestros pecados y tenemos la esperanza de la vida eterna es por Jesús de Nazaret, quien es Dios hecho Hombre (Juan 1:1-3, 14).

¿Por qué solamente Jesús y no otro?

El texto que acompaña este post dice que Jesús es el único mediador entre los  hombres y el único y verdadero Dios. Dice también que Jesús es quien se dio a sí mismo en rescate por todos nosotros pecadores. Es obvio, entonces, que no podemos colocar a nadie más entre Dios y nosotros. Dios ha puesto a Jesús en esa posición y solo nos bendice por medio de él y nosotros solo podemos agradar a Dios por medio de él.

Y en esto hay mucha razón porque, de acuerdo a la Biblia, Jesús es la evidencia del supremo amor de Dios para con nosotros los pecadores. Dios envío a Jesucristo para salvar a los pecadores y él vino a la tierra con la meta de buscarlos y salvarlos.

Dios sacrificó a Jesucristo en la cruz del Calvario por nosotros y nadie excepto Jesús es quien murió por nosotros. Jesús no estuvo en la cruz para morir por ser pecador, él no pecó nunca. Él estaba en la cruz y murió allí por nosotros, para salvarnos de nuestros pecados, y quitar así nuestra condenación.

Dios resucitó a Jesucristo para nuestra justificación. Solamente Jesús ha resucitado para ser nuestro salvador… nadie más. Dios exaltó a Jesucristo y lo sentó a su diestra en su trono. Nadie excepto Jesús tiene esa posición junto a Dios.

Jesucristo es la persona a quien esperamos los cristianos. Cuando Jesús se fue, dijo que vendría por nosotros y nosotros lo esperamos. Jesús, con su segunda venida, instaurará su reino eterno y vivirá con nosotros y entre nosotros por los siglos de siglos. En su venida, Jesús nos transformará y hará cielos nuevos y tierra nueva en los que mora la justicia. En esos cielos nuevos y en esa tierra nueva, los cristianos genuinos vamos a vivir con Jesús por toda la eternidad.

Con Jesucristo, los cristianos tenemos todo el favor de Dios. Sin Jesús, nuestra vida no tiene nada de especial y estamos en oscuridad y sin esperanza y sin Dios en el mundo. Por eso, para nosotros los cristianos, Jesús es único y él único a quien anteponemos entre Dios y nosotros en toda nuestra vida aquí en la tierra.

Si usted todavía no está siguiendo a Jesús, crea en él, y sígalo ya, de una vez.

Deseche a cualquier otro “mediador” y acérquese a Dios solamente por medio de Jesús.

Solo por Jesús Dios perdonará sus pecados y le dará vida eterna a su lado.

No demore en creer y hacerse discípulo de Jesús. Dios tiene una vida nueva para usted y se la dará tan pronto como ponga su fe en Jesús y le siga. ¡Qué Dios le ayude a creer y a seguir a Jesús!

Los cristianos jamás debemos poner a nadie excepto a Jesús entre Dios y nosotros.

Desechemos a toda persona o cosa que se interpone en nuestra vida con Dios. ¡Qué Dios nos ayude a estar siempre ligados a Dios por la fe en Jesucristo!

La Biblia nos da esa convicción respecto a Jesús y por eso nos gozamos en él y testificamos de nuestra fe cantando así:

Los cristianos y la confesión de pecados.

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9).

Los cristianos, al igual que todos los seres humanos, somos pecadores. La única diferencia que hay entre nosotros y los demás pecadores es que creemos en Jesucristo y somos sus seguidores. Gracias a Jesús, en consecuencia, se nos ha perdonado nuestros pecados y somos salvos de toda condenación.

Los cristianos pecamos contra Dios siempre. A veces, lo hacemos sabiendo; otras veces, sin saberlo. A veces pecamos “levemente”; otras veces, muy grave y muy horriblemente. Es triste y lamentable, pero no se puede eludir esta nuestra realidad, todavía somos pecadores (un día ya no lo seremos) y pecamos contra Dios.

Pero el pecado de los cristianos tiene solución. Esta solución es la confesión. Confesar es declararle nuestro pecado a Dios con arrepentimiento y contrición genuina. Al confesar, admitimos, reconocemos, estamos de acuerdo y concordamos con Dios en que lo que hemos hecho es malo y le hemos ofendido, y estamos dolidos por eso y muy decididos a dejar tal maldad.

Al confesar, le decimos a Dios que somos culpables y que él tiene todo el derecho de juzgarnos y castigarnos y de hacer con nosotros en conformidad con lo que su santidad y su justicia expresadas en sus leyes demandan.

La confesión es la solución contra el pecado de los cristianos porque permite y nos coloca en el punto clave para que Dios exprese su misericordia y su gracia para con nosotros.

Lo que dice 1 Juan 1:9 es una bendición grande para nosotros los cristianos. La declaración es contundente. Si confesamos en arrepentimiento y conversión genuina nuestros pecados, Dios hará dos cosas maravillosas:

1) Él perdonará nuestros pecados. Esto significa que él deja atrás, ya no toma en cuenta, y “olvida” nuestros pecados. A partir de la confesión, nuestros pecados confesados, ya no interfieren en nuestra relación con Dios.

2) Él nos limpiará de toda nuestra maldad. Esto implica que Dios nos lava y borra y elimina todo “vestigio” y toda “mancha” del pecado cometido. Lo cual significa que quedamos ante él como nieve limpísima o blanquísima lana, como si nunca hubiésemos pecado.

La solución de la confesión del pecado está garantizada, en el texto bíblico citado, por el hecho innegable de que Dios es fiel y justo. Él carácter de Dios es la garantía de que Dios perdona nuestros pecados y nos limpia de toda maldad, cuando los confesamos y nos apartamos de ellos.

Finalizo esta nota así. Lo contrario a confesar es ocultar, encubrir, disimular, obviar. Cuando hacemos estas cosas con el pecado, no solamente no somos perdonados ni limpiados, sino que acarreamos contra nosotros la maldición de Dios. El ocultamiento del pecado trae desgracia a nuestra vida. La prosperidad espiritual es inalcanzable cuando se oculta el pecado.

Por eso, la mejor opción respecto al pecado para los cristianos es la confesión sincera. Dios nos abre su corazón y nos invita a confesar nuestros pecados. El perdón y la limpieza de maldad están garantizadas por el carácter de Dios. ¡Dios, bueno y misericordioso, ayúdanos a confesar clara, genuina y sinceramente nuestros pecados ante ti! Amén.

Pero la confesión y el arrepentimiento del pecado también es la solución para los pecadores que todavía no son cristianos. Y es la solución, justamente, porque Jesucristo vino a esta tierra para salvar a los pecadores (1 Timoteo 1:15). Jesucristo, asimismo, murió por los pecadores, porque Dios así lo ha determinado (Romanos 5:8).

Por causa de Jesús, por tanto, si usted es pecador y todavía no ha puesto su fe genuinamente en él y no se ha hecho su discípulo, entréguese a él y sígalo de todo corazón. Si lo hace, Dios perdonará sus pecados y quitará su condenación y lo hará hijo suyo. Crea en Jesús y sígale hoy mismo. Hoy es el tiempo de salvación. Amén.

Ira momentánea y favor duradero

“Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida.

Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.”

(Salmos 30:5).

Dios se enoja, se llena de ira y se expresa en ira. La capacidad de indignarse y airarse es un atributo del carácter de Dios. En el texto, se habla específicamente de su ira contra su pueblo, contra sus hijos, contra todos aquellos que han entrado en pacto para con él. En el Antiguo Testamento, los judíos, la nación de Israel; en el Nuevo Testamento, los cristianos, la iglesia de Jesucristo.

Tenemos que agradecer que esta ira contra su pueblo, es momentánea y temporal, no duradera. Si no lo fuese, Dios no tendría hijos. Israel no existiría. Tampoco la iglesia. La humanidad entera dejaría de ser. La razón es obvia: todos los seres humanos somos pecadores, y siempre pecamos, y siempre causamos que Dios se enoje, que se llene de ira contra nosotros.

Cuando Dios está enojado con sus hijos; estos sufren, y lloran, y se lamentan. La angustia y la frustración son permanentes. La “ausencia” de Dios y la “pérdida” de compañerismo con él son horribles y solamente queda derramar lágrimas. Pero, gracias a Dios que hay un pero, el llanto y la angustia que resultan de experimentar la ira de Dios son temporales porque la ira de Dios contra su pueblo es pasajera. ¡Gloria a Dios que es así! No nos podríamos sostener en pie si su ira contra nosotros fuese eterna.

Pero el texto también habla del favor de Dios para con su pueblo, para con sus hijos, para con todos aquellos que han entrado en pacto con él. Su favor, dice el texto, dura toda la vida. ¡Amén, gloria a Dios! ¡Qué bendición tan grande!

La ira de Dios es momentánea, temporal, pasajera; pero su favor, su buena voluntad, su bendición para con sus hijos, para con su pueblo y, en el presente, para con los cristianos y la iglesia de Jesucristo, son duraderas y permanentes.

Dios siempre quiere favorecernos todo el tiempo que estamos vivos en esta tierra, y por toda la eternidad, cuando pasemos a esa dimensión por obra suya cuando Jesucristo regrese y establezca cielos nuevos y tierra nueva en los que mora la justicia. ¡Qué grandioso es tener a Dios contento y dispuesto a bendecir y a alegrar nuestros corazones!

Por eso, la alegría en Dios y por Dios es una gran bendición para nosotros los que hoy seguimos a Jesucristo.

Nuestro llanto a causa de nuestros pecados es duro, frustrante, pero pasajero. Nuestra alegría y nuestra risa, en cambio, es mayor y más duradera … durará toda nuestra vida. Y, sobre todo, de acuerdo a la Biblia, nuestra alegría y nuestra risa se prolongarán por toda la eternidad. ¡Amén, gloria a Dios!

Los cristianos debemos arrepentirnos siempre y pronto de nuestros pecados; para alejar así de nosotros la ira disciplinaria y temporal de Dios, a fin de experimentar más constantemente de su favor y de sus bendiciones duraderas y eternas. ¡Qué Dios nos ayude a agradarle y a servirle mientras estemos en esta tierra! Amén.

Ser discípulo de Cristo es siempre mejor y la única opción de salvación que tenemos los seres humanos. Si somos discípulos de Cristo, entramos en pacto con Dios y él nos adopta como sus hijos.

Como sus hijos, y a causa de nuestros pecados, experimentaremos temporalmente su ira, que es correctiva, pero disfrutaremos toda nuestra vida en esta tierra de su favor, de su bendición, las cuales se extenderán por toda la eternidad cuando esta se inaugure.

Si usted aún no ha hecho un seguidor de Jesucristo, le animo a hacerse su discípulo de una vez. Si lo hace de todo corazón, Dios será su Padre y lo tratará como su hijo. Cierto, soy veraz en esto, Dios se enojará temporalmente con usted a causa del pecado a fin de corregirle y perfeccionarle, pero su favor y su buena voluntad para con usted le acompañaran toda su vida, y por la eternidad, cuando ésta se haga presente. Crea en Jesús y sígale de corazón. ¡Qué Dios le ayude a creer y a seguir a Jesús!

¡Amor supremo!

¡Amor supremo!

I

¡Qué amor más grande que el de Dios!

¡Qué amor más grande que el de Dios Padre!

¡Qué amor más grande que el de Dios Hijo!

!Qué amor más grande que el de Dios Espíritu Santo!

!Qué amor más grande que el del Uno y Trino Dios!

II

¡Qué amor más sacrificado que el de Dios!

¡Qué amor más sacrificado que el de Dios el Padre!

¡Qué amor más sacrificado que el de Dios el Hijo!

¡Qué amor más sacrificado que el de Dios Espíritu Santo!

¡Qué amor más sacrificado que el del Uno y Trino Dios!

III

Porque el Padre nos amó:

A Su Hijo Unigénito nos dio,

Que lo matáramos permitió,

Por nosotros él lo desamparó

Y por Su sacrificio así nos salvó.

IV

Porque el Hijo nos amó:

Desde el cielo descendió,

A su Padre él dejó,

Naturaleza humana adoptó,

Su vida en la cruz entregó

Y de la condenación eterna así nos libró.

V

Porque el Espíritu Santo nos amó:

Del Padre y del Hijo se separó,

En cuerpo humano morar decidió,

Su santidad  nos compartió,

En nuestro consolador se constituyó

 Y hoy es él nuestro transformador

y nuestro santificador.

VI

Este amor es supremo;

Sólo Dios ama así.

No piensa él en Sí,

Mas en el pecador necesitado sí.

Este amor es supremo

Su duración para siempre es.

Con él Dios consigo nos ha vinculado.

Nada ni nadie de él nos separará.

VII

Este amor es supremo;

Así todos debemos amar,

No buscar nada para nosotros;

Pero sí todo para los otros.

Este amor es supremo;

Así todos debemos amar,

No pensar nada en nosotros;

Pero sí mucho en los otros.

VIII

Este amor es supremo

Los cristianos a él nos debemos.

Este amor es supremo

Sólo a Dios amar por sobre todo debemos.

Este amor es supremo

Para Dios siempre vivir debemos.

IX

Este amor es supremo

A Dios siempre que servir tenemos.

Este amor es supremo

Por Dios sacrificarnos debemos.

X

Este amor es supremo;

Solo a Dios y a nadie más:

Honrar, glorificar y adorar,

mientras vivamos en la tierra,

Y por la eternidad, debemos.

Escuchen este precioso himno sobre el amor de Dios.

 

Jesús… Camino, Verdad y Vida.

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Evangelio de Juan 14:6).

Si estás perdido y no sabes por dónde ir para llegar a un lugar seguro, para descansar, y para hallar alivio, y para disfrutar de gozo duradero; mira a Jesucristo, quien es Dios hecho Hombre, y cree en él, y síguelo sin despegarte, y sin mirar atrás, ÉL ES EL CAMINO.

Jesús te llevará a Dios y disfrutarás de su segura compañía en esta vida presente y también en la venidera.

En Jesús, tú tendrás a Dios y vivirás con él eternamente.

Con Jesús, quien murió y resucitó para salvar a la humanidad, tú nunca más te perderás en esta tierra y siempre estarás en el camino verdadero y único a Dios y a su reino inmarcesible.

Si estás harto del engaño, y de las mentiras, y de las utopías irrealizables, y de los espejismos “ilusionantes”; que frustran, decepcionan y lastiman tu corazón y tus anhelos de paz y de dicha permanente, escucha atentamente a Jesucristo y acepta su palabra, y sus promesas y sus demandas, pues solamente ÉL ES LA VERDAD.

Jesús dijo claramente que quien cree en él y permanece en su palabra será verdaderamente su discípulo y conocerá la verdad y la verdad lo hará libre.

Jesús nunca te decepcionará ni fallará. Jamás vas a encontrar en Jesús siquiera una falsedad. Todo lo que él te dice es verdad y nada más que la verdad. Siempre, siempre, siempre puedes confiar y descansar totalmente en su palabra y en todas sus enseñanzas y promesas.

Si no le encuentras sabor ni gusto a tu vida y a todo lo que haces, aun cuando te sacrificas ardua y duramente para tener la mejor familia, y la mejor casa, y el mejor trabajo, y la mejor diversión, etc., recibe a Jesucristo de todo corazón y vive a su lado todo tu tiempo en esta tierra, ÉL ES LA VIDA.

Jesús no solamente te dará vida, sino que te la dará en abundancia, de modo que rebosarás de el, tanto cuando te va “bien” como cuando te va “mal”.

Jesús, por el Espíritu Santo, te dará una vida tan, pero tan plena y tan real, que ni la tragedia más pequeña ni la más grande te la quitará.

Jesucristo es total y absolutamente confiable.

Él dijo de sí mismo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. 

Mirar, oír, creer, recibir y seguir a Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, quien vino a este mundo para salvar a los pecadores, es lo más sabio e inteligente que podemos hacer todos y cada uno de los seres humanos en esta nuestra vida.

Cree, oye, recibe y sigue a Jesucristo de una vez para siempre. No te demores. Cada minuto que te tardes en hacerlo es de grande pérdida para ti y para quienes te rodean.

Este mi ruego a Dios por mí mismo, y por quienes leen este post, y por todos quienes ya seguimos a Jesucristo:

“¡Dios, ayúdame a seguir a Jesús siempre!

¡Buen y sabio y misericordioso Dios, ayuda a los que han oído de Jesús y aún no lo siguen, que lo sigan, Señor, que no pierdan más tiempo!

¡Dios, haz que los cristianos hablemos y escribamos más sobre Jesús, para que los que no han oído ni leído de él, oigan y lean, y puedan así creer en él y seguirle!

Amén.”

Travel report to Iquitos, Oran and Requena (March 20-30, 2018)

Pastor Enoch Principe and Hilda, his wife, traveled with my wife and me. It was very good to travel together. My wife and Hilda increased their fellowship and were able to serve together the sisters and the children who were present at the meetings. For Pastor Enoch and me, sharing this trip has also been very helpful.

Iquitos –Maranata Baptist Church.

Maranatha Baptist Church of Iquitos and Pastor Douglas Ferreyra are our main collaborators in that city. Pastor Enoch taught the foundations of the great commission to this congregation. The response of Maranatha people to the teachings they are taught is key to the work we are doing in the Lower Amazon. Hilda, wife of Pastor Enoch, worked with some women preparing illustrated songs for children. Our time in Iquitos was very profitable. It worked there during evenings on Wednesday and Thursday.

Oran – Lower Amazonas.

On Friday, the two couples, with Pastor Douglas and Brother Limber, both from the Maranata church in Iquitos, traveled to Oran, in the Lower Amazon. In Oran we met with the leaders of 6 churches. Pastor Enoch taught the fundamentals of the great commission to all of us. He emphasized the glory of God as the key basis of our mission to make disciples. The response of the brothers was very positive. This time, work was also done with women and children. The presence of our wives was vital for this work. The brothers of the churches are happy with our visits and have asked us to keep going. We were from Friday until Sunday with them.

Requena –Ucayali River

We returned to Iquitos on Monday. We rested there and the next day, Pastor Enoch and his wife returned to Trujillo; and my wife and I went to Requena, to speak with the board of ABCDE. In Requena we were from Tuesday until Thursday. I had a very good interview with the leaders of the three churches that collaborate with us. I met Pablo, who runs the Mount of Olives Church; with Medardo, who runs Faith church; and with Manuel, who runs the Bethesda church. With them we have talked about how we can better help the brothers and the churches on the banks of the Ucayali River.

From this my trip I have several conclusions that I will share with you in the following days. Thank you very much for helping with your prayers and support.

Prayer Request.

  1. At the end of April I will go to Requena with two teachers to teach pastors and churches on how to reach children. Please help us by praying for this visit.
  2. At the end of May, the brothers from three churches of Requena will go to Huatapi, at 6 hours, crossing the Ucayali. There they will meet with other congregations. The goal is to encourage and instruct the brothers of this area. I want to send a preacher there. I request your prayers for this event. Sadly, I will not be able to be there this time.
  3. By the end of May, we will be in Ayzana. There we will meet with 6 or 7 churches of the Lower Amazon for training and building. We will also be in Iquitos, with Maranatha church friends. I request your prayers for this training.

Finally, my wife and I are growing in our relationship with God and with each other. Noah our oldest son is studying in the Seminary. Andrés and Elena have already started their classes, both of them are in high school. Thank you for praying for us. Pray that we continue to grow in our faith and in our love for God.

With Love,

Segundo & Leneida, Noe, Andres & Elena

 

 

 

 

 

 

 

 

… morir con entusiasmo y gozo

Todos mayoritariamente queremos vivir; muy pocos anhelamos morir. La gran mayoría no queremos morir; nos aferramos a la vida con todas nuestras fuerzas, aunque muchas veces la vida sea mala y duela y pese muchísimo. Pablo quería vivir, pero veía a su muerte como ganancia. ¿Por qué es que asumía así, en esa manera, tanto la vida como la muerte? Pablo asumía su vida y su muerte así por causa de Jesucristo, por la fe que tenía en él.

Vivía por Cristo y por su obra en sus discípulos y en el mundo. No vivía en función de lo bueno o de lo malo que hay en este mundo. Cristo era la razón de su entusiasmo por vivir. Con su anhelo por morir sucedía igual. La muerte era ganancia porque se reuniría con Cristo, estaría con él y lo vería cara a cara. ¡Qué maravilla!

Pablo me impresiona, siempre me ha impresionado. Pero el martes 27 de Febrero, en la reunión de oración a la que asistí, me impresionó una mujer de 93 años, que vive con energía y pasión, y que es muy posible viva más allá de los 100 años. No lo sé. Ella me impresionó hasta temblar y volverme la piel como de gallina.

Al inicio, cuando fui a saludarla, tuve que agacharme, para que no se levantase, porque la vi y la pensé débil y hasta enferma. La reunión de oración continuó. Al terminar, entonamos el canto Majestad. Todos pusimos el corazón al cantar. ¡Fue un gran momento de adoración!

Ni bien terminamos el canto, y aún en el recogimiento, oí una voz fuerte, efusiva y alegre, que me tocó el corazón y me estremeció. Esa voz potente dijo algo así: “Ya me falta poquito para ver al Señor. Ya voy a ver a Jesús, voy a mirarle. Me falta poco. Te veré Señor, ¡Qué precioso será!”

La voz pertenecía a la mujer de 93 años, de pelo blanco, pequeñita, y de cuerpo delgado, y de apariencia débil. Fue de ella la voz potente. Ella habló de su muerte, sin lamentos, sin miedo, sin huir de ese postrer enemigo. Hablo de morir con entusiasmo y gozo. No tenía queja ni lamento; ella tenía esperanza. Habló de morirse como lo mejor que podía pasarle. Me impactó tremendamente.

Como Pablo, esta hija de Dios, que no se veía enferma, que se veía llena de vida y de abundante e inusitada energía para su edad, a pesar de los males propios de esta etapa. Ella habló de morir como habla una persona que hará su viaje soñado a su lugar preferido. ¿Por qué es que ella habló de morir como si la muerte “fuese” buenísima y tan deseable? Habló así por causa de Jesucristo y su fe en él. Para esa mujer, su vida está en Cristo y por eso vive. Pero su muerte también está en Cristo, le hará ver a Cristo, y por eso espera y anhela morir.

La emoción me ganó. Fui y la abrace. Mis lagrimas estaban formándose, pero las contuve. Le dije que sus palabras habían desafiado mi fe y mi amor por Jesucristo, el Hijo de Dios. Esa mujer  de 93 años me conquistó con su amor y su anhelo por ver a Jesús. Hoy es viernes. Han pasado ya tres noches y todavía sigo pensando en ella y sus palabras. Mi cuerpo se estremece. Como Pablo, ella vivía por, en y para Cristo. Jesús era su razón de vivir. Para ella, como para Pablo, el morir es ganancia. La ganancia es vivir, ver y estar junto a su Salvador por toda la eternidad.

Ella vive estas palabra de Pablo: “… antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” (Filipenses 1.20–21).

Si ella puede vivir y morir por, en y para Cristo sin temor a ninguna cosa; yo también puedo. Todos los discípulos de Jesús debemos seguir el ejemplo de esta hija de Dios. Nuestro entusiasmo, tanto al vivir como al morir, está y debe estar en Jesucristo, quien vino a salvarnos de nuestros pecados. Vivamos con energía y devoción por Cristo y anticipemos con gozo y esperanza nuestra muerte.

¡Dios ayúdanos a vivir en Cristo! ¡Dios grandioso y misericordioso, ayúdanos a mirar a la muerte y anticiparla como la gran ganancia que es! ¡Qué nuestra emoción y pasión positiva tanto por la vida como por la muerte por causa de Jesucristo estimule a los que no creen para que crean y se hagan sus discípulos!

¡Escoge la senda de Cristo!

Los cristianos nos edificamos mutuamente cantando. Recibimos instrucción y ánimo y desafío para nuestra fe en Jesucristo por medio de los himnos y cánticos.

Las cantos de los cristianos también son una buena manera de llamar la atención y de convocar a salvación por la fe en Jesucristo a los que aún no han creído ni elegido seguir a Jesús, el Hijo de Dios, quien vino a este mundo para salvar a los pecadores.

Les comparto esta canción, que escuché cuando participé en una reunión evangélica en el pueblo de Orellana, que está ubicado muy cerca del lugar donde el río Napo se une al río Amazonas.

Hay muchos caminos y senderos para llegar casi a cualquier lugar en el mundo en que vivimos. Pero para llegar al reino de Dios, a la salvación eterna, al perdón de pecados y a una vida nueva, solamente hay un único camino, Jesucristo, el hijo de Dios.

Jesús, dijo de sí mismo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). ¡Escoge a Cristo! ¡Agradecerás eternamente haberlo hecho!

¡Una guerra que tenemos que pelear… y ganar diariamente!

Dios quiere que sus hijos, los que somos cristianos y seguimos a Jesucristo, derrotemos el mal y a los malos que no le siguen, con el bien y siendo buenos. Esa es la voluntad de Dios, que obtengamos la victoria contra el mal y los malos con el bien, que es el arma que siempre, siempre y siempre debemos usar los que somos temerosos de Dios.

Esto, a simple vista, parece muy fácil, pero no lo es. La razón es muy sencilla: El mal y los malos son poderosos y tienen un líder formidable y muy astuto, que es el Diablo y Satanás.

La guerra encarnizada y cruenta entre el bien y el mal o entre los buenos y los malos se viene librando casi desde el principio de la creación. Esta guerra se libra desde que Satanás se hizo Satanás, dejando así de ser Lucero, el hijo de la mañana.

Desde ese momento mismo, esa guerra se inició y nuestros primeros padres, Adán y Eva, tuvieron que librarla. Tristemente, ellos, cuando el mal aún no había nacido en su ser, no se aferraron ni a Dios ni la palabra que él les había dado, y por eso, fueron los primeros seres humanos derrotados por el mal y el maligno, y los primeros que se corrompieron, y los primeros en los que el mal se anidó.

Luego de eso, la guerra contra en el mal se comenzó a pelear en el corazón de cada ser humano. Había sí la influencia externa del mal por Satanás y por sus demonios, y por la influencia externa de los otros seres humanos que ya tenían el mal dentro (este ocurrió desde Adán y Eva); pero básicamente, la guerra se peleaba en el corazón de cada ser humano.

El primero que cedió a la maldad de su corazón, según el relato bíblico, fue Caín, quien por enojo y furia intensa, asesinó con alevosía, premeditación y ventaja a su hermano Abel (Génesis 4:1-8). Dios le advirtió a Caín que él mal estaba allí, a la puerta, y que quería dominarlo y enseñorearse de él; pero que todo dependía de él mismo, que él era quien debía vencer a tal adversario. Caín no hizo caso de la advertencia de Dios y perdió, el mal lo sometió, su enojo se convirtió en furia, y su furia derivó en un fratricidio atroz y malvado contra su propio hermano.

Después de Adán y de Caín, el mal invadió totalmente el corazón y la vida de todo ser humano. Ya no se hacía el bien, sino solamente el mal. Los seres humanos perdimos, el mal nos ganó y para desgracia nuestra, nos corrompimos totalmente (Génesis 6:5, 11-13). ¡Qué terrible! ¡El mal nos derrotó! ¡Dejamos de hacer lo bueno! Toda la humanidad olvidó el bien, excepto Noé, quien fue el único que agradó a Dios en esa  tan negra época de nuestra historia.

Podría seguir narrando como la guerra del hombre por hacer el bien y no el mal se ha tornado encarnizada durante toda nuestra historia. La Biblia, que es fiel y verdadera, narra esta guerra con toda honestidad y con un realismo tremendo.

Hoy, esta batalla es todavía más fuerte y ardua. El mal y los que hacen el mal son muchos. Cada día somos tentados a hacer lo malo. El mal está al alcance de nuestra mano, y de nuestros ojos. Las tentaciones sexuales son las más comunes y las que están más cerca de todo hombre y de toda mujer, sin importar la edad que tengan. El internet y la televisión han acercado a este pecado demasiado. Por eso, la exhortación de Pablo, de no ser vencido de lo malo, sino de vencer con el bien el mal es muy, pero muy pertinente y apropiada.

Las circunstancias en las que más somos tentados a hacer lo malo son aquellas en las que somos lastimados o heridos por ofensas y por los actos de maldad de aquellos que nos rodean. Cuando alguien nos ofende o nos hiere gravemente, allí mismo, en ese mismo instante, el mal aparece para vencernos. El resentimiento, la amargura, la frustración, los deseos de venganza, los deseos de devolver el mal que nos hicieron con hechos malvados empiezan a aparecer en nuestro corazón. Ese es el momento clave en el que la exhortación de Pablo tiene que ser obedecida de inmediato. No podemos dejarnos vencer por el mal. Tenemos que derrotar el mal y para hacer eso, lo que tenemos que hacer es el bien.

Eso significa que en vez de amargura y de resentimiento hay que perdonar al que nos hizo mal. En vez de frustración y desaliento, hay que cobrar ánimo y acrecentar la esperanza. En vez de deseos de venganza y de devolver mal por mal, hay que tener misericordia y hacerle lo bueno al que nos dañó.

Nuestro Señor Jesucristo es nuestro ejemplo supremo. Él no se dejó vencer por el mal, sino que venció con el bien el mal. En la cruz del Calvario, lejos de destruir a los que lo condenaron y ajusticiaron injusta y malévolamente, oró a su Padre por ellos y dijo: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen.” (Lucas 23:24).

Otro que hizo lo mismo que Jesús cuando lo asesinaron a pedradas en forma cruel e injusta fue Esteban. Esteban murió diciendo puesto de rodillas a gran voz: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado.” (Hechos 7:60).

¡Qué Dios nos ayude a no ser vencidos de lo malo, sino a vencer con el bien el mal! Todos somos tentados a someternos al mal como sus esclavos y súbditos, pero no nos dejemos derrotar. Triunfemos contra el mal haciendo el bien.

El mal paga siempre mal. Uno siempre se va a lamentar de hacer lo malo. Si uno no se lamenta ahora por hacer lo malo, lo hará en la eternidad, cuando este mundo pase.

De igual manera, uno jamás se lamentará de haber vencido con el bien el mal. El que hace el bien siempre puede descansar en paz. Su alma estará tranquila y confiada. Si no ve el fruto de sus actos buenos en esta tierra, los verá en la eternidad, cuando el reino de Cristo sea ya una realidad por los siglos de los siglos.

Recordemos y procuremos cumplir siempre con esta exhortación todos los días de nuestra vida aquí en la tierra: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.” (Romanos 12:21).

¡Ganemos con la ayuda de Dios esta ardua, dura y diaria guerra!

¡Qué Dios nos sostenga y nos fortalezca cada día para vencer al mal haciendo el bien!

Amén.