Elmer Manuel Rodríguez Chuquimango (4 de enero de 1977) el sétimo de mis hermanos, de los ocho que somos, partió hoy (5 de junio de 2021) a la presencia de Dios. Él nació con Síndrome de Down. Elmer tuvo meningitis a los cuatro meses de nacido. Ese mal agravó su condición.
Su vida fue casi como la de cualquier otro ser humano hasta más o menos los 17 o 18 años. En ese lapso de tiempo, nosotros, su familia, lo disfrutamos, lo gozamos, y lo “sufrimos”… pues era travieso y avezado. Subía y caminaba por las paredes sin temor alguno. Elmer era también tierno, amable, cariñoso, laborioso, dulce, enamoradizo, juguetón, alegre y risueño. (Foto: Elmer y su sonrisa ida, que me encantaba, aun cuando me parecía que se reía de mí).
Elmer participaba con nosotros en nuestra congregación. Leía la Biblia, cantaba y pedía oración por nosotros sus hermanos. No había reunión de oración en la que él no solicitará que la congregación orase por nosotros. Elmer también ayudaba en los servicios de la iglesia. Era un buen jovencito. Recuerdo bien aquellos días. Era hermoso verle alistarse para ir bien presentable a alabar a Dios.
Pero, siempre hay un pero en esta vida.
Algo le pasó entre los 17 o 18 años. Nosotros no sabemos qué le pasó. No estuvimos con él en ese momento. A partir de esa experiencia, Elmer empezó a retroceder en el ejercicio de sus facultades. Este retroceso se notó y se hizo evidente en su capacidad de comunicarse. Poco a poco dejó de hablar, y ya no pudimos saber de él mismo lo que sentía y pensaba. (Foto: Mis padres hicieron todo cuanto sabían y podían por Elmer. ¡Dios los bendiga!).
Al síndrome y a la meningitis, y al suceso desconocido que le acaeció, se le añadieron los frecuentes ataques epilépticos. Estos ataques lo fueron dañando muchísimo más. Los ataques eran fuertísimos. Tiene varias heridas por causa de esos terribles e imprevistos ataques. Para nosotros era muy doloroso verle padecer estos ataques.
Dios se ha compadecido de él y de nosotros y lo ha llevado a su presencia. Dios ha hecho con él y con nosotros lo que está en su plan y por eso determinó su reposo a este mundo. Su corazón dejó de latir y partió a la presencia de Dios hoy (5 de junio 2021). Él se fue como si estuviese muy cansado, poquito a poquito. Derramó unas poquitas lágrimas al irse. Todos nosotros estuvimos junto a él al momento de emprender su viaje al reino de Dios. (Foto: Mis padres, mi hermana Heriberta y Elmer en la navidad del 2020, que por causa de la pandemia, la celebramos por medio de zoom. Mis hermanos “están” con nosotros en la pantalla).
Ya han pasado unas horas desde su partida. Elmer ya descansa. Ahora está en la piadosas manos de Dios. Allí, junto a Dios, Elmer está mejor. Ya no sufrirá más los males que le aquejaron durante toda su estadía en esta tierra. Ahora, Elmer, junto a Dios, solamente tiene gozo y paz. En donde está hoy, Elmer ya no tiene dolor ni sufrimiento, solo salud y alegría. Amén y amén.
A nosotros nos queda su recuerdo.
Nosotros recordamos los momento alegres.
Nosotros recordamos su ternura, su delicadesa, su alegría, su risa, su mirada vivaz y movediza.
Elmer Manuel se fue con Dios, a su reino.
Elmer siempre fue un niño. (Foto: Elmer, mi padre, Lucas y yo en la playa de Huanchacho).
Como el niño que fue, Elmer está incluido en estas palabras de Jesús, el Hijo de Dios, quien vino a esta tierra, no para condenar, sino para salvar: “Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. (Lucas 18:16–17).
Mi hermano Elmer ya dejó este mundo. Ahora Elmer está con Dios, en su reino. En el reino de Dios él está mejor, muchisísimo mejor. Allí, en el reino de Dios, y junto a Dios, Elmer camina y vive con gozo y alegría perpetua. Su cuerpo quedará en la sepultura, pero él ya vive con Dios. Amén. (Foto: Elmer junto a mi hermana Heriberta, mi sobrino Daniel y yo, en una de nuestras salidas a desestresarnos).
Los adultos, según Jesús, debemos recibir el reino de Dios como un niño. Elmer no necesitó hacerse un niño para recibir el reino de Dios, él “era” un niño… siempre “fue” un niño. El “niño” Elmer se fue al reino de Dios porque, según Jesucristo, le corresponde. ¡Descansa y gózate con Dios en su reino, que también es tuyo, Elmer!
¡Dios, consuélanos y confórtanos a todos quienes somos su familia! Amén.
