Lo qué nos está más cerca e inminente…

Lo que no está más cerca e inminente es nuestro encuentro con Jesucristo.

Este hecho tiene que ser una certeza cristiana indubitable. Nuestro encuentro con Jesucristo está cada vez más y más cerca. Siempre lo ha estado, pero ahora su cercanía nos es más y más inminente. Y será así hasta que Jesucristo venga por nosotros o hasta que nosotros vayamos a encontrarnos con él.

Pablo, quien tenía en mente el advenimiento de Jesucristo y su encuentro con él, escribió dos párrafos clarísimos respecto a este maravilloso acontecimiento:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (no todos moriremos); pero todos (tanto discípulos muertos como discípulos vivos) seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos (los creyentes en Cristo que están muertos) serán resucitados incorruptibles, y nosotros (los creyentes en Cristo que están vivos) seremos transformados.” (1 Corintios 15:51-52).

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (los creyentes que están muertos), para que nos entristezcáis como los otros (los que no creen ni siguen a Jesucristo) que no tienen esperanza. Porque sí creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (los que murieron creyendo en él). Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor (esta frase hace referencia a los creyentes que estaremos vivos cuando él venga para reunirse con nosotros), no precederemos a los que durmieron (a los que creyentes que están muertos). Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” (1 Tesalonicenses 4:13-18).

Los dos párrafos bíblicos transcritos, presentan la inminencia de nuestra reunión con Jesucristo a través de dos acontecimientos que pueden ocurrir en cualquier momento. Uno de ellos es nuestra muerte y el otro es el retorno de Jesucristo por su iglesia. Ambos acontecimientos son inminentes, están allí, a la puerta y muy cerca de nosotros.

Los discípulos de Jesucristo de la época neotestamentaria creían que él vendría por ellos en sus propios días, mientras estaban vivos. Jesucristo, como sabemos, tanto por la Biblia como por la historia, no ha retornado todavía por su iglesia, la cual está a su espera. Muchos de los creyentes en Jesús, por tanto, murieron esperándole, sin haberle visto volver.

Esa realidad, sin embargo, no anula el hecho de que al morir, todos los discípulos que murieron se han reunido con Jesucristo en espíritu. Los cristianos que han muerto están con Jesús en su reino. ¿Recuerdan a uno de los de los dos ladrones que fue crucificado junto a nuestro Señor y que se arrepintió a él antes de morir? A este ladrón arrepentido, Jesús le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). El ladrón arrepentido se reunió con Jesús inmediatamente después de que murió.

La muerte reúne al discípulo con Jesucristo. Los cristianos no debemos temerle a la muerte. No debemos buscarla, pero hay que prepararnos y hay que estar listos para morir sin sorpresa ni desesperación alguna. Pablo, quien no temía morir y quien siempre estaba listo para dejar el mundo presente, dijo: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.” (Filipenses 1:21-24).

Para Pablo, morir era “partir y estar con Cristo”; por esa razón, para él, “el morir es ganancia”. La muerte nos hace cruzar el lumbral del mundo presente para encontrarnos y reunirnos con Jesús en el mundo espiritual eterno. De acuerdo con las Escrituras, toda persona que ha creído en Jesucristo y muere va a reunirse con él.

Nuestra muerte es inminente. Podemos morir en cualquier momento. Este es un hecho segurísimo.

Los que estamos viviendo en estos días por causa del virus chino y las acciones humanas para eliminarlo tienen que habernos hecho mucho más conscientes de que nuestro encuentro con Jesús es el acontecimiento más y más cercano. Son muchos los hijos de Dios que han partido e ido con el Señor. Un día seremos nosotros los que moriremos e iremos con el Señor. Puesto que así es, lo que nos toca es estar listos y preparados para irnos con él.

No hay que temerte a la muerte; ni a la nuestra, ni a la de otros. No hay que sorprendernos de la muerte. No hay que huir de ella. Hay que estar preparados y listos para cuando nos toque morir. ¿Cómo nos preparamos y estamos listos para morir e irnos con Jesucristo?

1. Hay que asegurarnos de que nuestra fe en Jesucristo es verdadera y genuina. Esto es vital, porque solamente el cree y sigue a Jesucristo tiene vida eterna y al morir va con él.

2. Hay que vivir toda nuestra vida confiando en Jesucristo y sirviéndole en toda área de nuestra vida en esta tierra. Toda área de nuestra vida debe estar sometida a Cristo y tiene que ser vivida para honrarle y glorificarle.

3. Hay que crecer cada día en nuestra relación con Dios por medio de la oración, la lectura de la Biblia, la adoración y alabanza a Dios, el arrepentimiento y la confesión de pecados, la obediencia a la palabra de Dios, y de ser testigo de Jesucristo y su evangelio dondequiera que Dios nos lleve.

4. Hay que disfrutar intensamente la vida, la familia, el trabajo y los bienes que Dios nos ha dado. Dios nos da sus dones para disfrutarlos y debemos gozarnos en todo lo que él nos ha dado en esta tierra.

5. Hay que vivir en este mundo en función de la gran comisión. Este mundo es nuestro campo de misión. Estamos aquí para predicar el evangelio de Jesucristo y para hacer discípulos de Jesús a todas las naciones.

6. Hay que vivir como extranjeros y con desapego a este mundo y a todo lo que tenemos y hay en él. Nuestra ciudadanía es celestial. Estamos en esta tierra de paso, de transito. Nuestra patria celestial nos espera y debemos estar listos para reunirnos con Jesucristo cuando él lo determine.

Nuestra reunión con Jesucristo es lo más cercano e inminente. Estemos listos para esa nuestra reunión. Todos nosotros podemos morir e ir con Jesús en cualquier momento. Si no es la muerte la que nos reúne con Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, lo que nos reunirá con él es su venida por Su Iglesia. La venida de Cristo por Su Iglesia es también inminente. Puede ocurrir en cualquier momento. Por eso, ya porque nos morimos o ya porque él viene por su iglesia, nuestra reunión con Jesucristo es lo que nos está más cerca e inminente.

¡Preparémonos y estemos listos para reunirnos con nuestro Señor y vivir con él por la eternidad! Amén y amén.

Posted in Uncategorized.