“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquél que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).
Los seres humanos mueren cada día.
Cada vez que sé que alguien muere, pienso en mi propia muerte, y también en la muerte, como lo que es, un fenómeno presente e inevitable en nuestra vida en esta tierra.
Antes de ayer por la mañana falleció Teodosio Flores. Lo conocí en Moyobamba (1988), cuando empezaba mi vida en Cristo. Él era un hombre diligente y trabajador. Leía la Biblia y conocía de Jesús. Era un hermano en Cristo. Lo visité varias veces mientras estuvo en Moyobamba. Luego, cuando compró tierra en Sullana, también lo visité.
Por circunstancias propias de la vida y el trabajo, no volví a verlo sino hasta la semana pasada. Me informaron que estaba muy enfermo. Hablé con él por teléfono y capté que estaba muy mal. Hablaba en muy débilmente. Le leí la Biblia y oramos juntos en esa ocasión. (Foto 1: Teodosio Flores y Marina, su esposa; y sus tres hijos, Pedro, Marina y Rosa. Año 1988).
Sullana no está tan lejos de mi ciudad, así que Dios me movió a viajar para verlo, y fui. Me impresionó su aspecto. Estaba muy delgado y débil. Me senté cerca a él. Teodosio me reconoció, y me hizo saber que yo estaba gordo (él estaba lúcido, porque es verdad). Le leí Juan 14:1-6; oré y canté tres cantos que él conocía y que también procuró cantar, a pesar de su debilidad. Después, él pidió perdón a su esposa y a su hija por las ofensas cometidas. Antes ya había pedido perdón a sus otros dos hijos. ¡Fue un buen tiempo el que pasé con Teodosio y su familia!
Después, cuando retorné a mi ciudad, y ya estaba en casa, su hija me llamó y me informó que su papá había comido y que estaba de buen ánimo. Mi corazón se alegró con la noticia. Luego, recibí otra llamada, esta sí que fue triste. Nuestro hermano Teodosio empeoraba. La familia estaba afligida. En momentos de agonía, la mejoría y el empeoramiento permutan muy rápidamente, y eso es lo que estaba ocurriendo.
Al fin, Anteayer, recibí la noticia de su fallecimiento.
Murió tranquilo.
Ese es el testimonio de Rosa, su hija.
Teodosio se fue en paz con Dios y con su familia. Parece que sólo estaba esperando reconciliarse con toda su familia para descansar e irse con nuestro Señor Jesucristo. Su muerte fue victoriosa justamente por eso, por su fe en Jesucristo. (Foto 2: El hermano Teodosio Flores y Marina, su esposa, junto a Rosa, una de sus dos hijas).
Morir en Jesucristo es la única manera de morir victoriosamente. Pero para morir en Jesucristo es necesario oír, creer e invocar a Jesucristo mientras estamos vivos.
Jesucristo es el Hijo de Dios. Dios lo envió a esta tierra para salvar a los pecadores. Jesús murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos para salvarnos y darnos vida eterna.
Si creemos en él de todo corazón mientras estamos vivos, tenemos vida eterna y cuando la muerte nos llegue, moriremos victoriosamente, porque no moriremos para siempre. Jesús afirmó esta victoria cuando dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquél que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).
La muerte victoriosa es una realidad cuando crees y sigues a Jesucristo y es por eso que responder afirmativamente la pregunta que Jesús le hizo a Marta en Juan 11:26 es vital y muy necesario. Marta, respondió la pregunta que Jesús le hizo respecto a si creía con un sí rotundo y contundente. Ella le dijo: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (Juan 11:27). (Foto 3: Teodosio Flores junto a Marina, su esposa; y a Pedro y Rosa, sus hijos).
Teodosio, al igual que Marta, creyó en Jesucristo y es por eso que murió victoriosamente. Su muerte es “dormir”, “descansar” y “reposar”. Su muerte es temporal y transitoria. Su muerte terminará cuando Cristo venga a la tierra para llevar a su iglesia para vivir con él por toda la eternidad.
Ese día, Teodosio, (y todos los que han muerto en Cristo) se levantará vivo, con cuerpo transformado y glorificado, para vivir por toda la eternidad. Si uno muerte creyendo en Cristo, en consecuencia, muere victoriosamente. Morir sin Cristo, al contrario, por no haberlo seguido en vida, es morir en derrota, en condenación, por toda la eternidad.
Nuestros seres queridos también van a morir.
Morir es un hecho ineludible. La historia y nuestra realidad demuestran que así ha sido, así es y que así será. No nos podemos escapar de la muerte. Ella nos asecha y nos está esperando. Enfrentémosla victoriosamente creyendo en Jesucristo.
El asunto nunca es si vamos a morir, sino cómo, cuándo y dónde vamos a morir. La muerte puede llegarnos tanto si estamos sanos como si estamos enfermos. Podemos morir sabiendo que estamos muriendo o de improviso, sin siquiera saberlo. La muerte nos puede llegar a propósito o en forma accidental.
Ya que la muerte va a llegarnos de todos modos, lo mejor que podemos hacer al vivir es prepararnos para enfrentarla con gozo y con victoria. ¿Es posible enfrentar la muerte con gozo y con victoria? Sí, sí es posible.
Quienes seguimos a Jesucristo somos llamados a enfrentar con gozo y victoria a la muerte. Es la fe en aquel que murió y resucitó para darnos vida la clave para enfrentar la muerte con gozo y victoria.
Solamente hay que ver los cantos que se entonan en los servicios funerarios de los cristianos. Y sí, sí hay tristeza, pero esa tristeza está sazonada con el gozo y la victoria de Cristo, quien está vivo y quien nos consuela con su triunfo y su esperanza.
Todos los seres humanos podemos morir victoriosamente. La clave es oír, creer e invocar a Jesucristo mientras vivimos. ¡Hagámoslo! ¡Vivamos creyendo y siguiendo a Jesucristo y Dios nos hará enfrentar nuestra muerte en forma gozosa y victoriosa! Amén. (Foto 4: Marina, esposa de Teodosio, y Marina y Rosa, sus hijas, junto a una de sus nietas).
Termino este escrito pidiendo oración por la esposa y los hijos y nietos de mi hermano Teodosio. Ellos tienen que aprender a vivir sin nuestros hermano. ¡Qué Dios los consuele y ayude! Pidamos, también, que Dios use la muerte de Teodosio para que sus hijos y nietos crean y sigan a Jesucristo de todo corazón. Su esposa y sus hijos ya han oído de Jesucristo y ya saben lo que tienen que hacer.
¡Qué Dios los encamine hacia Jesús y que ellos se sometan y sigan a Cristo en esta vida y estén así listos para morir victoriosamente cuando les llegue su momento!
Postdata: Hace unos meses conocí a una persona que esperaba su muerte en forma victoriosa y gozosa. Lea aquí: https://segundorodriguez.com/morir-con-entusiasmo-y-gozo/

