El día que temo, yo en ti confío – Testimonio.

La Biblia dice: “El día que temo, yo en ti confío.” (Salmo 56:3). Hoy ha venido esta palabra a mi mente y a mi corazón. El miedo, y específicamente, el miedo a morir es normal en todos los seres humanos. Hoy en mi vuelo a Iquitos sentí este miedo como no lo he sentido en ningún otro momento.

Nuestro vuelo atravesó una tormenta y experimentamos una fuerte turbulencia. Estábamos descendiendo para aterrizar cuando entramos a la turbulencia. No me fijé ni en el tiempo que duró ni filmé nuestro tránsito por la turbulencia porque en ese momento solamente atiné a agarrarme lo más fuerte que pude y a seguir las instrucciones del piloto del avión.

El avión no continuó con el descenso de aterrizaje por causa de la turbulencia. Sobrevoló Iquitos hasta salir de la turbulencia; luego, una vez que hubo calma, regresó y aterrizó normalmente.

Mientras estábamos en la turbulencia, hubo gritos de pánico, y risitas nerviosas, que son propias en quienes quieren controlar así su temor. Para algunos, que no se dejaron dominar por el miedo, la turbulencia la pasaron como una diversión… al inicio.

La turbulencia hizo que todos los pasajeros invoquemos a Dios. Algunos en silencio y otros en voz alta. En mi caso personal, siempre le digo a Dios que mi vida y mi muerte están en sus manos. Esta vez no fue la excepción.

Tomé las fotos y los videos que acompañan a este corto testimonio una vez que salimos de la turbulencia y había ya calma.

Gracias a Dios, antes de bajar del avión pude hablar la palabra de Dios a dos de los pasajeros. Lo hice porque se me preguntó si había tenido miedo. Les dije que sí, pero que creía en Jesucristo y me había encomendado a él.

Luego de testificar de mi fe en Jesús, los animé a tener fe en él. También, les cité a ellos una declaración de Jesús y otra de Pablo.

Estas son las declaraciones que vinieron a mi mente en ese momento: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive, y cree en mí, no morirá eternamente” y “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”.

¿Tuve miedo? Sí, claro sí que tuve miedo. En mi miedo lo que hice fue ponerme en las manos de Dios. No tenía ninguna otra alternativa. La Biblia dice: “El día que temo, yo en ti confío.” (Salmo 56:3).

Algo más que puedo testificar de esta mi experiencia. Sí, tengo algo más. Y tiene que ver con los pilotos que conducían el avión.

La destreza, la valentía y la firmeza de los pilotos de Latam para atravesar la tormenta me impresionaron y me hicieron recordar el Himno El Piloto de Galilea. Canté ese himno con mis compañeros en el seminario. Eso fue hace ya un buen tiempo. No tengo una grabación de cuando nosotros cantamos, pero pueden encontrar el himno en Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=Y7g3LQsx3K4

Cuando estamos en situaciones en las que nosotros no podemos hacer nada, confiemos en Aquel que sí sabe y que sí puede hacer lo que se necesita hacer. Nuestro Dios nos pide confiar en él y hay que hacerlo.

Todos los pasajeros tuvimos miedo, pero en nuestro miedo, no nos desesperamos ni intentamos nosotros conducir el avión para sacarlo de la turbulencia. Lo que hicimos es confiar y seguir las instrucciones de los pilotos del avión.

Así debemos hacer en nuestro peregrinaje en esta tierra. Debemos dejar en las manos de Dios aquello que ni podemos controlar ni solucionar. Tenemos que descansar en él y seguir sus instrucciones siempre, y más cuando estamos en situaciones en las que nosotros no tenemos ni poder ni capacidad para hacer algo.

¡Qué Dios nos ayude a confiar y a poner nuestras vidas en sus manos, siguiendo sus instrucciones cuando el miedo por “las turbulencias” y “los peligros” de la vida nos invada! Amén.

“El día que temo, yo en ti confío.” (Salmo 56:4).

Video: Gracias a la pericia de los pilotos, el vuelo aterrizó sin ningún contratiempo más.

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