“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos.” (Salmos 24.1–2).
El planeta tierra y todo lo que existe sobre ella, y el universo entero en el que ella está ubicada, le pertenece a Dios. Dios la hizo. Dios la sostiene. Dios la recreará.
Quienes vivimos aquí la administramos, y debemos administrarla conforme a lo que Dios ha dispuesto. Si la administramos bien, la disfrutaremos mejor, y agradaremos a Dios. Si la administramos regular, mal o muy mal, la sufrimos y desagradamos a Dios. Sin embargo, y tanto si hacemos bien o mal nuestro rol de administradores, nuestro planeta está en las manos de Dios. De él dependió su existencia. De él depende su subsistencia. De Dios también depende el final de nuestro planeta.
Cuando Dios determine el final del mundo y el universo en que vivimos, lo hará para darnos un nuevo planeta y un nuevo universo, en el cual mora la justicia. La Biblia dice claramente: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. (2 Pedro 3.10–13).
Los cristianos tenemos que recordar siempre que Dios es el dueño, el sustentador y el gobernante supremo de nuestro planeta y de todo el universo. El mal y los malos están aumentado. La élite que gobierna la mayor parte de los países del planeta está cada vez más lejos de Dios y de sus leyes. Empero, no será así para siempre. El día que Dios lo determine, Jesucristo, nuestro Salvador y Rey, vendrá tal y como se fue (Hechos 1.11), y pondrá otra vez en orden al planeta y a todo el universo.
Jesucristo, al venir, establecerá su reino y hará un planeta nuevo, que será eterno. Allí, en ese mundo nuevo, viviremos con él y disfrutaremos de su presencia y de todas sus bendiciones. Alegrémonos y gocémonos al vivir y al servir a Dios por medio de Jesucristo mientras estemos en este mundo, que está y estará seguro hasta que nuestro Señor así lo disponga.
Lean estas sus palabras: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está.” (Apocalipsis 21.5–6).
