¿El virus chino y los gobernantes de este mundo van a “seguir” dirigiendo nuestras vidas? No. En ninguna manera. No deben. Nunca debieron hacerlo. Ya nos han dirigido por un tiempo, demasiado tiempo, creo yo, pero es suficiente. Recuperemos nuestras vidas y volvamos a dirigirlas nosotros, bajo la autoridad de Dios.
Es obvio, para quienes quieren verlo, que el virus ha sido más dañino de lo debido, por causa de quienes gobiernan y de sus disposiciones, en especial en Perú. Se ha hecho un daño enorme a las familias del Perú.
Todos debemos volver a vivir. Nuestros antepasados no dejaron de vivir sus vidas por los
virus, los enfrentaron, los vencieron y los mantuvieron a raya. Igualmente debemos hacer nosotros. No debemos dejar de vivir por miedo a enfermarnos o a morir. Las enfermedades y la muerte no se van a ir, siempre estarán allí, pero no nos tocarán hasta que sea nuestra hora.
Los cristianos también debemos volver a vivir en Cristo Jesús, y bajo su autoridad, y con muchísima mayor razón que el resto de los ciudadanos de este mundo. Creemos en Dios y creemos en Jesucristo, Su Hijo, quien dio su vida por nosotros. Nosotros estamos en sus manos, tanto en vida como en muerte. Nosotros somos del Señor. Romanos 14.8 así lo dice y debemos en vivir en función de ese hecho y de esa certeza.
Debemos volver a congregarnos. Dios lo ordena en el libro de Hebreos. Quienes lideran las iglesias deben planear el cómo. A quienes somos liderados nos toca apoyarlos, congregando y estimulándolos con nuestra presencia. Congregar es un asunto de obediencia, de crecimiento, de misión y de salud espiritual. Tenemos que congregar, es vital que lo hagamos. Los beneficios de cumplir con Hebreos 10.24-25 son muchísimos.
Debemos volver a conmemorar y a anunciar la muerte de Jesucristo por medio de partir el pan y beber el vino juntos. Este también es un mandato del Señor y tenemos que obedecerle a él. Hay gran bendición en participar de la comunión que hay en tal conmemoración. Y, para cumplirlo, es indispensable, que obedezcamos la palabra de Dios y congreguemos.
Debemos seguir yendo a evangelizar a los perdidos y a discipular a los creyentes. La evangelización y la discipulación virtual y local tienen que seguir siendo hechas. Son muy útiles, pero no nos eximen de obedecer el mandato de ir y de ser testigos de Jesucristo, en el lugar en el que vivimos, en el país del que somos ciudadanos, y en todo el mundo.
Volvamos a vivir obedeciendo a Dios antes que a los hombres. El costo de obedecer lo que Dios manda pueden ser las críticas burlonas, los reclamos airados, las enfermedades, las multas, la prisión, y hasta la muerte. Pero eso no es comparable con vivir agradando a Dios y el gozo que resulta de obedecerle a él antes que a los hombres.
Pedro y Juan, y una gran cantidad de quienes nos han precedido en Cristo Jesús, experimentaron insultos, golpes, cárceles, y la muerte violenta e injusta, por obedecer la palabra de Dios. Ellos caminaron en el sendero de la obediencia y nosotros debemos hacer lo mismo en este tiempo.
Ni el virus chino, ni ningún otro virus, o bacteria o mal, deben dirigirnos al vivir en esta tierra. El miedo a enfermar y a morir no deben conducir nuestro entrar ni salir de casa. Tampoco deben dirigir nuestras vidas quienes nos gobiernan.
El único que debe dirigir nuestras vidas es Dios. Él y solamente él es nuestro único Rey y Señor. En consecuencia, es mejor enfermar y morir viviendo en obediencia a Dios, que estar sanos y morir viviendo en desobediencia a él.
¡Qué Dios nos ayude a vivir en esta tierra obedeciendo Su Palabra cueste lo que cueste! Amén y amén.
