Me encantan los himnos antiguos. Los que los escribieron tenían conocimiento bíblico. Habían conocido a Jesucristo y su salvación y querían testificar de él a otros. Su testimonio poético y musical nos ha llegado a nosotros, que podemos cantarlos y escucharlos. ¡Qué gran legado nos han dado!
Estuve en Chiclayo, en la IB Esmirna, con un grupo de alumnos del Seminario Bautista del Perú. Pasamos un lindo tiempo evangelizando casa por casa, visitando y dando ánimo a los hermanos, y predicando y cantando en los servicios nocturnos de la congregación.
El domingo, ya para despedirnos, tuvimos en el gozo de escuchar un precioso himnos, que está basado en 1 Timoteo 1:12. En este texto, Pablo afirma no tener vergüenza de creer en Cristo, quien lo había hecho predicador, y quien había quitado la muerte y sacado a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio. Pero no solamente no se avergonzaba, sino que tenía una convicción ciertísima por haber puesto su fe en él, ya que era poderoso para guardarlo hasta el día final.
He aquí el texto: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.”
¡Qué bueno que nosotros también podemos tener fe en Jesús y su tremendo poder! ¡Qué bueno también que podemos cantar sobre nuestra fe en Cristo! ¡Qué bueno que podemos edificarnos escuchando sobre la certeza de la fe en Cristo a través de los himnos!
Comparto para edificación este himno, que fue cantado por un grupo de jóvenes de la IB Esmirna de Chiclayo.
