El 2020 quedará atrás en unas pocas horas. Luego, tan pronto como se acabe este singular y dramático año, el 2021 será una realidad.
El año que está terminando nos ha dejado una lección muy grande: No somos dueños soberanos y autónomos ni del tiempo, ni del espacio, ni de la vida… ni de nuestros planes.
Mucho de lo que pensábamos hacer el 2020, no lo hicimos.
Por eso, al realizar mi agenda del 2021, que es lo que estoy trabajando en estas últimas horas del 2020, un párrafo de cuatro versículos del libro de Santiago ha estado y está en mi mente todo el tiempo. (Les animo a leer varias veces ese texto, hasta que les grabe en el corazón). Ni siquiera pude escribir una sola actividad sin pensar en ese párrafo y, en especial, en la frase: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.”
En ese párrafo se nos advierte sabia y enfáticamente respecto a la necedad de planear nuestra vida y nuestras actividades como si nosotros fuésemos los gobernantes autónomos del universo en que vivimos y como si lo que sucediese dependiese solamente de nosotros y de nosotros.
El 2020 nos debe haber enseñado que no es así.
El texto citado no está en contra de planear con anticipación nuestros proyectos y actividades. No, no lo está. Santiago está en contra de que planifiquemos sin tomar en cuenta a Dios, quien es el gobernante supremo de la creación y de todo cuánto acontece en ella.
Mi agenda anual ya está casi terminada.
Es mi proyección, pero la realización de lo planeado y de lo que no está planeado, no está en mi manos, sino en las manos de Dios.
De Dios depende que yo esté vivo.
De Dios depende que yo pueda movilizarme.
De Dios depende de que me dejen ir y llegar a donde planeo ir.
De Dios depende de que pueda realizar el servicio que voy a brindar.
De Dios y de su voluntad depende todo… absolutamente.
Vivir, planear y asegurar nuestra vida y la de otros como si nosotros fuésemos Dios es una expresión de soberbia y de insensatez.
Lo racional y lo piadoso es declarar muy convincentemente: “Si el Señor quiere, viviremos, y haremos esto o aquello.”
Amén. Así es.
El 2021 está a la puerta.
Mis metas y mis actividades de este nuevo año están en las manos de Dios.
“Si el Señor quiere, viviré, y haré lo que he planeado y también lo que no he planeado.”
¡A Dios sea la gloria y la alabanza por siempre! Amén.
