El mensaje de unos leprosos a los cristianos

La ciudad estaba cerrada. Nadie entraba ni salía. Nada llegaba, nada se iba. El ejército invasor-conquistador sitiaba la ciudad para doblegarla por hambre y sed. El temor, angustia, llanto, desesperación y muerte campeaban en los acorralados ciudadanos.

Esta confesión-petición cruel-criminal de una madre al rey ilustra la situación: “Esta mujer dijo que comiésemos a mi hijo primero, luego el suyo; lo hicimos. Ahora ella escondió su hijo y no lo podemos comer. Haz justicia y obliga a esta mujer a cumplir su compromiso y comamos a su hijo como al mío.”

La situación era insostenible tanto dentro como fuera.

Es por eso que unos leprosos vinieron a la ciudad, y vieron, y entendieron, y buscaron una solución para sobrevivir. ¿Entrar? No. ¿Quedarse fuera? Tampoco. ¿Ir al ejército conquistador? Sí, es peligroso, nos podrían… Y fueron, y no encontraron al invasor, que por un milagro de Dios, había huido sin nada, dejando comida, oro, ropa, etc. Y ellos comieron y bebieron… y se saciaron. Y cogieron oro, y ropa… y más oro y más ropa.

Pero… algo pasó. Vino a su mente la gente de la ciudad y pronunciaron las palabras de 2 Reyes 7:9, que es su mensaje para los seguidores de Jesucristo. Ellos nos dicen: “callar y no compartir en forma urgente la buena noticia de salvación eterna en Jesucristo a los pecadores es gran maldad.”

Vivimos una época de gracia y salvación. Tenemos buenas nuevas de perdón para pecadores. ¡Hablemos! ¡Prediquemos! ¡Anunciemos! Callarnos las buenas nuevas de salvación en Jesucristo es gran maldad y debemos arrepentirnos.

¡Escuchemos a los leprosos! ¡Obedezcamos a Dios y hablemos evangelio!

¡Qué siempre le hablemos a alguien Señor Jesucristo y su salvación! Amén.

Posted in Uncategorized.