“Dios y Su Obra Redentora, y la Iglesia de Jesucristo, y los obreros de Dios, y los pecadores no redimidos de este mundo, necesitan de hombres y mujeres como Epafrodito.”
Epafrodito es un personaje bíblico. Su nombre es un nombre griego, lo cual implica que tanto él como sus padres eran griegos o habían sido muy infuenciados por esa poderosa cultura de la antigüedad.
Epafrodito no es nombre muy apreciado en el presente; son escasos, por no decir nulos, los nuevos padres que piensan en ese nombre para sus hijos varones. En la antigüedad, empero, ese era un nombre común muy utilizado por los padres para sus hijos varones.
La tecnología nos permite saber hoy muy rápido cuál era el significado del nombre Epafrodito. El nombre está asociado con Afrodita, la diosa griega del amor. El nombre significaba: “amoroso”, “amable”, “ameno” o “encantador”. Los padres esperaban que sus hijos reflejasen una personalidad atrayente y encantadora al nombrarle Epafrodito.
Desconocemos si todos quienes en la antigüedad se llamaron Epafrodito desarrollaron la personalidad agradable que era correspondiente con su nombre. Nos es imposible saber eso hoy. Sí sabemos por el Nuevo Testamento, sin embargo, de un Epafrodito que sí llegó a plasmar, a evidenciar y a manifestar esa amable y amena personalidad. Ese Epafrodito era un cristiano, un discípulo, un seguidor de Jesucristo, y se le menciona y describe en dos párrafos del capítulo 2 y 4 de la epístola de Pablo a los Filipenses.
Dios, el Autor de la Biblia, nos presenta y nos describe a Epafrodito como un hombre útil y necesario a él y a su misión salvífica a favor de los hombres pecadores de este mundo. Dios llamó a la salvación en Cristo Jesús a Epafrodito por medio del evangelio. Una vez que él respondió con fe al llamado divino del evangelio, Dios transformó y desarrolló el carácter y el sentir de Jesucristo en este varón y lo hizo así útil en su obra de redención.
La iglesia de Filipos, que empezó y creció gracias al trabajo del apóstol Pablo, disfrutó la bendición de tener a Epafrodito como uno de sus miembros. La iglesia veía en él el carácter y el sentir de Jesucristo pues había superado el egoísmo propio de la pecaminosidad humana para interesarse y preocuparse por el bienestar de los otros y del avance de la obra de Dios antes que de sí mismo. Es por eso que cuando retomaron su cuidado de Pablo, pensaron en él, para que fuese hasta donde estaba Pablo, llevándole provisiones y recursos para satisfacer sus necesidades al cumplir con la predicación del evangelio. Pablo testifica al respecto: “pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios” (Filipenses 4.18). La iglesia de Filipos era una iglesia que vivía en función de la extensión del evangelio. Ella cuidaba y suplía las necesidades de Pablo, “su misionero”. Todo parece indicar que la iglesia siempre enviaba a Epafrodito para cuidar de las necesidades de Pablo a todo lugar donde iba. (Filipenses 4.15-17).
Pablo tenía una gran consideración por Epafrodito. Lo veía como “su hermano” (porque era un verdadero hijo De Dios por la fe en Jesucristo), como “su colaborador” (porque era su ayudante en la propagación del evangelio), como “su compañero de milicia” (porque siempre estaba a su lado al combatir contra la huestes espirituales que oprimen a las almas y se oponen a que éstas crean en Jesucristo y le sigan) y como “el ministrador de sus necesidades” (porque le llevaba provisiones y recursos de parte de la Iglesia de Filipos y porque lo cuidaba y servía cuando estaba a su lado). (Filipenses 2.25; 4.10-20). Epafrodito era una bendición grande para Pablo. Pablo veía a Cristo en Epafrodito. Epafrodito había llegado al punto de exponer su vida por la obra de Cristo y por servir a Pablo y a la iglesia (Filipenses 2.30). Pablo estaba muy agradecido e impresionado por la capacidad de sacrificio de Epafrodito.
Epafrodito era también muy necesario para los pecadores de este mundo. Los pecadores necesitaban la salvación de sus pecados y de la condenación eterna y él había consagrado su vida para serle útil a Dios llevándoles el evangelio de Jesucristo. Su vida era la misión salvífica de Dios. Si la iglesia de Filipos necesitaba “un mensajero” que fuese al campo de misión como apoyo, allí estaba él. Si el misionero, en este caso Pablo, en el campo de misión, requería de un compañero, Epafrodito era el indicado. Él vivía para la obra de Cristo y para servir a la iglesia y a los misioneros en esa obra. Los pecadores en condenación necesitan cristianos como Epafrodito.
Epafrodito representa a todos los cristianos que son el engranaje que Dios utiliza para llevarle el evangelio a los pecadores perdidos. Estos cristianos son el nexo entre la iglesia que cumple la gran comisión y los misioneros que están luchando por la salvación de las almas en el campo de misión. Necesitamos rogar para que sean muchos más los cristianos “Epafrodito” en la obra de redención que Dios está realizando en este mundo.
La exhortación de Pablo a los Filipenses respecto a como tratar a Epafrodito es impactante: “Recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo, y tened en estima a los que son como él; porque por la obra de Cristo estuvo próximo a la muerte, exponiendo su vida para suplir lo que faltaba en vuestro servicio por mí” (Filipenses 2.29-30). ¡Que Dios Dios levante a más “Epafroditos” en la iglesias y que las iglesias los reconozcamos y los valoremos como Pablo exhorta!
¡Dios de toda gracia y de toda salvación, levanta de tu iglesia más hombres y mujeres como Epafrodito para el bien de los pecadores perdidos que necesitan la salvación en Cristo Jesús! Amén y amén.
