Israel, Jerusalén y el fin de la historia de la humanidad

Israel,

Jerusalén,

Los judíos y

El fin de la historia de la humanidad.

La Biblia le da a Israel y a Jerusalén y a los judíos un lugar céntrico en la historia de la humanidad.

Todo aquel que cree en el Dios de la Biblia, el único Dios verdadero, tiene que conocer e interpretar la historia de la humanidad a partir de la palabra de Dios, La Biblia, que es el único libro que él ha inspirado para revelar Su Persona, Sus Obras y Su Voluntad para los seres humanos y para con todo el universo.

En este libro singular Dios anuncia que el fin de la historia de la humanidad se consumará teniendo como protagonista a Israel. Los judíos son la clave del fin del mundo presente. Jerusalén será el epicentro del fin de nuestra historia.

De acuerdo al salmo segundo, el acontecimiento previo al fin de la historia de la humanidad es un “amotinamiento”, una rebelión, una sublevación, una insurrección, una revuelta, etc.

El alzamiento es contra Dios y contra Su Ungido. La rebelión tiene una intención clarísima. Los rebeldes proclaman su propósito a viva voz. Ellos dicen: “Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas”.

Los subversivos no quieren que Dios y Su Ungido los gobiernen, los dirijan. Los rebeldes quieren independizarse de Dios y de su figura gobernante, que es el Cristo, Dios hecho Hombre, Jesús de Nazaret, según la interpretación cristiana del Antiguo y Nuevo Testamento, la Biblia.

Los rebeldes en el texto bíblico son “las gentes”, “los pueblos”.

Las gentes y los pueblos son las naciones de todo este mundo. Los pueblos se sublevan contra Dios, pero su sublevación no se lleva a cabo así porque sí, de la nada… No, no, no. Las naciones tienen azuzadores, promotores, conductores. Los que encabezan y los que dirigen la rebelión son los gobernantes, que en el texto bíblico son mencionados como “los príncipes” y “los reyes de la tierra”.

En las palabras “los príncipes” y “los reyes de la tierra” están todos los gobernantes de este mundo, tanto los gobernantes de las naciones pequeñas como los gobernantes de la naciones más poderosas. Desde luego, los promotores protagonistas de la rebelión son los gobernantes de las naciones poderosas, pues son ellos quienes dirigen a los gobernantes de las naciones más débiles.

Son los gobernantes de las naciones los que “consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido.” La conspiración de los gobernantes tiene un objetivo concreto. No quieren más el gobierno de Dios sobre ellos, ni sobre sus naciones, ni sobre todo el mundo. La revolución de los gobernantes y sus naciones busca la independencia total de Dios.

En el salmo dos, Dios está observando el “amotinamiento”. Dios ve la rebelión. Dios ve a los rebeldes. Dios está atento a todos sus movimientos.

La sublevación de los gobernantes y sus naciones le causa a Dios gracia, risa. Él se burla de los revolucionarios.

Pero Dios no solamente se burla de los revolucionarios… Dios habla fuerte contra ellos. Él les deja en claro su molestia, su ira contra ellos. De acuerdo al texto bíblico. Los subversivos se turban al experimentar en carne propia lo que su amotinamiento ha causado en Dios.

Los gobernantes y sus naciones van a quedar estupefactos, asustados y paralizados cuando Dios los confronte airadamente por su osadía vana de rebelarse con él y contra su ungido. Los sinónimos de la palabra turbar son impresionantes (aturdir, confundir, despistar, desconcertar, desorientar, azorar, azarar, emocionar, consternar, perturbar, avergonzar) y describen muy bien el cómo quedarán emocionalmente los revolucionarios cuando Dios extinga, aplaque y controle ese levantamiento final.

Dios aplacará la rebelión afirmando y estableciendo Su Gobierno visible en este mundo temporal. Dios gobernará al mundo desde Israel por medio de Su Cristo, Jesús de Nazaret, quien volverá a esta tierra por segunda vez para cumplir este decreto divino. La sede del gobierno de Dios por medio de Jesucristo será Jerusalén, la ciudad santa.

Desde luego, esta determinación divina no le gustará a los gobernantes de las naciones de este mundo ni a sus súbditos y es por eso que se amotinarán e intentarán que el Rey de Jehová Dios no asuma su reinado… Escribiré sobre este amotinamiento violento en otro escrito, Dios mediante.

La Biblia nos obliga a mirar a los judíos, a la nación de Israel, al territorio judío y a Jerusalén con ojos alertas. Tenemos que mirar los acontecimientos alrededor de este pueblo singular desde la perspectiva de lo que está escrito en la Biblia porque así Dios lo ha decidido.

El gobierno del Rey de Jehová Dios será mundial. El salmo dos es un salmo mesiánico y quien cumple lo profetizado allí es Jesús de Nazaret. El salmo señala la filiación divina de Jesucristo y su autoridad sobre todas las naciones de la tierra. Todas las naciones son herencia de Jesucristo y él ejercerá su autoridad con poder y fuerza sobre ellas y sobre todos los confines de la tierra.

En el salmo segundo termina con una exhortación a los gobernantes de la tierra y a los jueces de las naciones. 1) Se les pide prudencia y docilidad. Dios quiere que las autoridades sepan oírle y someterse a él. 2) Se les pide que sirvan con temor y alegría a Dios. 3) Se les pide que honren a Jesucristo, el Hijo, el Rey del Israel y del mundo, para que él no los consuma en su enojo e ira. El salmo dos termina señalando la bienaventuranza que hay en confiar en Dios y en Jesucristo Su Hijo.

El Salmo dos ya se ha cumplido en parte, pero todavía faltan algunos detalles. El amotinamiento final todavía no ocurre. En realidad, serán dos amotinamientos. El primero intentará impedir que Jesucristo asuma su reino y el segundo procurará derrocarlo del gobierno que él estará ejerciendo. Ambos amotinamientos ocurrirán en el futuro. Escribiré sobre esos dos amotinamientos en otros artículos.

Recordemos: Los judíos, la nación de Israel y la ciudad de Jerusalén son protagonistas del fin de la historia de la humanidad.

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