¡Yo necesito a Dios y tú …

… también lo necesitas, y mucho!

Yo no sé de ti, pero sí sé de mí. Necesito a Dios. No concibo mi vida sin él. No estaría yo en pie si no fuese por él. Por Dios soy quien soy. Por Dios tengo lo que tengo. Por Dios vivo lo vivo. Es la certeza de que él siempre es, y siempre está, la que me dirige, fortalece, desafía y motiva mi vida en esta tierra.

Pero yo no soy él único que necesita a Dios. No inventé a Dios ni a la necesidad de él. Otros ya han tenido necesidad de él y de su presencia constante en su vida. El escritor del Salmo 73 es uno ellos;  este hombre necesitaba y valoraba a Dios como su posesión segura más valiosa.

Pero Dios no “es” importante ni necesario para todos los hombres. Hay muchos que niegan existencia y presencia. No le toman en cuenta para nada. Viven, se alimentan, crecen, trabajan, tienen familia, tienen donde vivir, se divierten y gozan, etc., pero no agradecen a Dios para nada. No lo consideran en ningún aspecto de sus vidas. Es igual cuando sufren o están agobiados, no buscan a Dios. Todo depende de ellos. Dios no está en ninguno de sus pensamientos.

Existen otros hombres y mujeres que sí creen en Dios, pero viven como si él no existiese. Al igual que los anteriores, ellos disfrutan de lo que Dios les da, pero no le agradecen ni le glorifican por nada. Este tipo de personas solamente se acuerdan y buscan a Dios en los momentos de dolor, de tragedia, de escasez. Sólo en esos momento ven a Dios necesario e indispensable. Para ellos, Dios solo es necesario en la adversidad, en la tristeza, en tragedia.

El que conoce a Dios verdaderamente, en cambio, ve a Dios como indispensable siempre. Dios le es indispensable en los tiempos de abundancia y en los tiempos de escasez. Dios le es vital en su alegría y también en su tristeza. Dios está presente en todos sus valores e ideales. Dios es tomado en cuenta en todos los instantes de sus proyectos. Todo lo hace por Dios, en Dios y para Dios.

El que conoce y experimenta a Dios vive asediado por la tentación de vivir alejado de él. Su entorno de negación a Dios y de desobediencia a él lo atraen peligrosamente. No es una broma ni un juego esta experiencia de tentación. El escritor de este salmo la experimentó. Él llegó, incluso, hasta el punto de pensar que le era mejor olvidarse de Dios, para vivir sin tomarle en cuenta, como hacían la mayor parte de sus contemporáneos.

Nosotros los hombres y mujeres de no hoy no estamos exentos de este asedio tentador.

Pero el salmista volvió a la lucidez, a la cordura. Al volver es que analizó inteligentemente su vida en Dios. Fue así que escribió todo el salmo 73, que recomiendo leer detenidamente. Sus palabras, en los versículos 25 y 26, son contundentes: “A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”

El salmista descubrió que Dios era lo más valioso para él y esas sus palabras lo testifican.

Así tiene que ser Dios en nuestras vidas también hoy.

Nada ni nadie puede ocupar el lugar de Dios en la vida del verdadero creyente. Nada ni nadie es, ni tiene que ser, más valioso que Dios en nuestra vida. A Dios nunca lo perdemos. Dios siempre está a nuestro lado.

Yo no sé de ti, pero sí de mí. Yo necesito a Dios. Él indispensable para mí. Mi vida no tiene razón de ser sin él. Eso sí, tengo que confesar que no siempre fue así. No siempre vi a Dios como vital e indispensable. Empecé a ver a Dios como vital desde mi conversión a Jesucristo, el 29 de junio de 1987. Ese día bendito creí que Jesucristo murió por mis pecados y resucitó para darme vida. Ese día glorioso fue el día en que Dios empezó a ser indispensable en mi vida.

Todo ser humano necesita a Dios. Al Dios de la Biblia, no a otros, que no existen, y que son producto de la imaginación humana. Todo hombre y mujer tiene un hueco inmensamente profundo sin el Dios de la Biblia en su ser. No se puede ser plenamente dichoso sin este bendito Dios. No se puede tener fuerzas ni ánimo constante para sufrir el dolor de la vida y de la muerte sin el Dios y Padre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

Dios es necesario e indispensable… vive en él, por él y para él.

Dios es necesario e indispensable… Todo es mejor con él, por él y para él.

Dios siempre es y siempre está y ha venido y viene en Jesucristo a ti.

Cree en Jesús y síguele y Dios estará contigo y lo valorarás y experimentarás como los valioso de tu vida.

Jesucristo es Emanuel, que significa Dios con nosotros. Si tienes a Jesús, tienes a Dios. Cree y sigue a Jesús fielmente hasta el fin de tu peregrinaje en esta tierra.

¡Qué Dios me ayude a mí a seguir a Jesús hasta el fin! Amén y amén.

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