¡Seamos genuinos, honestos y transparentes ante Dios!

¡Seamos genuinos, honestos y transparentes ante Dios!

Engañar a Dios no es posible.

No se debe.

No se puede.

Es una insensatez e inútil intentarlo siquiera.

Para Dios nada es secreto, nada es oculto. Nada está escondido. Nada se puede cubrir. Nada se puede ocultar.

Ante Dios, toda su creación, toda, absolutamente, está en su presencia, en su delante. Los seres humanos estamos incluidos porque somos su creación, sus criaturas, la obra de sus manos. En todo instante estamos ante él. No hay ni un solo segundo que él no nos vea… ¡Él siempre, siempre nos contempla!

Los ojos de Dios son todo videntes. Su mirada traspasa nuestro ser exterior e interior. Dios ve todo de nosotros por fuera, y todo por dentro. No hay ninguno de nuestros poros externos ni ningún resquicio interno de nuestro ser que Dios no vea ni traspase con su mirada. Ante él no hay nada ni nadie que no sea manifiesto, descubierto, abierto, visible, evidente y notorio.

Ante Dios todos estamos desnudos, sin ropa, sin nada que nos cubra. Dios ve todo lo que hay en nuestro interior y que nadie más, excepto él, ve íntegramente. ¡Ay de nosotros! No existe ningún pensamiento, ni un motivo, ni ninguna intención, que Dios no conozca de nosotros.

Es una locura, un sin sentido, una ridiculez tratar siguiera de intentar engañar y estafar a Dios. Somos tontos y necios cuando intentamos presentarnos ante él siendo lo que no somos. No necesitamos justificarnos ante él. A nuestro Dios no necesitamos palabrearle ni falsear nada. Dios sabe, conoce, y todo, todo, absolutamente todo.

Seamos siempre genuinos y honestos ante todos. Mucho más ante Dios. Si estamos tristes, digámosle. Si estamos desanimados, comuniquémosle. Expresémonos ante él sin ningún tapujo. Dejemos nuestras vanas “hojas de higuera” y parémonos desnudos ante nuestro Dios. Salgamos de entre “los árboles de nuestro huerto” y digámosle a Dios nuestro miedo y el porqué del mismo.

No tenemos que fingir nada ante Dios.

Ante Dios no necesitamos caretas.

En vez de esforzarnos por engañar inútil y vanamente, esforcémonos por creer, amar, obedecer, respetar y glorificar a Dios sinceramente.

El texto bíblico dice que ante Dios nosotros “tenemos que dar cuenta”. Estamos avisados. Dios va a pedirnos cuenta de cómo hemos vivido en esta tierra.

Tenemos que darle cuenta a Dios de cada obra, de cada pensamiento, de cada motivo, de cada intención. Todo lo que hemos vivido, vivimos y viviremos en este mundo será escudriñado. No nos podremos escapar del tribunal de Dios. En ese día solemne estaremos parados ante él totalmente descubiertos exterior e interiormente.

No seamos fariseos.

No nos presentemos ante Dios como no somos.

Es inútil hacerlo.

No es necesario.

Presentémonos ante Dios como somos porque a él no le sorprendemos; él nos conoce. Dios ya sabe cómo somos.

¡Qué Dios nos ayude a ser siempre sinceros y honestos delante de él!

Amén y amén.

Posted in Genuinidad, Honestidad, Sinceridad, Transparencia.