Todo podemos perder en esta vida.
Nada, nada absolutamente es para siempre aquí en esta tierra. Solamente Dios y la vida con él sí son para siempre.
David experimentó y vivió siempre este hecho: Todo podemos perder, pero Dios siempre está a nuestro lado y en él hay fortaleza suficiente para sobrellevar cualquier situación.
David tenía esposa e hijos.
Tenía vivienda y espacio donde morar.
Tenía un ejército leal para todas sus guerras.
David disfrutaba y se gozaba en lo que tenía, pero un día lo perdió todo. Hasta pudo morir horriblemente, pues, su mismo “… pueblo hablaba de apedrearlo.”
Los hombres normales siempre vuelven a sus casas para recrearse y descansar del árduo trabajo diario. Pero en esa ocasión el retorno de David y de su ejército fue desesperadamente doloroso y horriblemente amargo. Lo que encontraron en su pueblo tristemente desolador.
Su aldea estaba quemada. Sus bienes muebles no estaban. Y los más valioso, sus familias, sus esposas y sus hijos tampoco estaban, habían sido llevados cautivos. El cuadro que era espantoso.
Nada de lo que amaban estaba allí.
Todo su ejército empezó a llorar a gritos. Lo que vieron los derrumbó. El ejército de David estaba compuesto de hombres fuertes, hábiles y valientes. Pero aún así, la idea y la experiencia de haberlo perdido todo desvaneció su vigor y su ánimo.
En su amargura, todos hombres buscaron un culpable … y lo hallaron. El culpable de que no estuvieran en su pueblo, junto a su familia era David. Y pensaron el peor destino para él, había que matarlo, había que apedrearlo.
David se dio cuenta de la crítica situación en la que estaba.
Había perdido su casa, sus bienes, su familia y también su leal ejército, que hablaba de ejecutarlo a pedradas. David sabía que la sentencia de sus hombres era firme. Él vio la furia y la muerte en sus miradas.
¿Cómo David no se derrumbó ante tan dramática y mortal situación? “… David se fortaleció en Jehová su Dios.” David encontró fuerza y ánimo en Dios y en su vida con él. David sabía que Dios estaba allí, a su lado, a su disposición. David acudió a Dios y Dios lo fortaleció.
Dios evitó que David cayese en desesperación y en angustia extrema.
Nada es seguro en esta tierra. Todo se puede perder.
Todo se puede ir, y se va a ir. Nosotros también.
En un segundo, en un minuto, en una hora, en un día, etc.
Puede ser hoy, o mañana, o pasado.
Todo se puede perder por un breve tiempo o para siempre.
Así ha sido, así es y así será en esta tierra.
Solamente Dios y nuestra vida con él son seguras. Dios siempre es seguro en esta tierra y también en el mundo nuevo que ya pronto será realidad cuando Jesucristo venga por segunda vez.
A Dios no lo perdemos nunca. Dios siempre está a nuestro lado. Quienes creemos en Jesucristo y lo seguimos lo sabemos y lo vivimos. Dios es real y está con nosotros cada día porque Jesucristo lo trajo a nosotros, ya que él es Emanuel, “Dios con nosotros” (Mateo 1:23).
David sabía que Dios está disponible siempre.
Nosotros tenemos que saber que Dios siempre está.
Dios está a nuestro lado para darnos fuerzas, ánimo y todo lo que necesitamos para vivir cualquier circunstancia que nos toque.
Busquemos a Dios en Jesucristo. Si tenemos a Jesús, Dios está con nosotros.
Relacionémonos con Dios íntimamente. Amémosle y busquémosle.
Dios tiene fortaleza para nuestra vida.
Dios es nuestra fortaleza.
Amén.
