El Calvinismo es una doctrina antigua, cuyo nombre deriva de Juan Calvino (1509 – 1564). Juan Calvino se nutrió de Agustín de Hipona (354 – 430 d.C.) para elaborar sus ideas teológicas.
La doctrina calvinista se mantiene vigente en el tiempo desde su elaboración y divulgación, y está quieta por un tiempo, pero “se despierta” de tiempo en tiempo por medio de otros maestros y predicadores, y desafía a toda la cristiandad en general con su enseñanza.
Esta doctrina tiene una visión particular de la salvación por gracia por medio de la fe que Dios ha revelado por medio de Jesucristo en las Sagradas Escrituras, La Biblia, que es la palabra escrita de Dios.
El resurgir del Calvinismo trae consigo un entendimiento algo peculiar de textos bíblicos claros y es por eso que en esta nota he decido escribir sobre uno de ellos, que es vital para nuestra comprensión del cómo Dios salva a la humanidad por medio de la fe en Jesucristo su Hijo.
El texto del que escribiré y comentaré es Juan 3.16-18. A este texto siempre lo he leído, oído, entendido y enseñado intentando ser fiel a como está escrito:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envío Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.
“Mundo”, en mi lectura, entendimiento, e interpretación normal, es la totalidad de las personas, sin exceptuar a ninguna. (Hay otros significados de la palabra mundo en la Biblia, pero he elegido este significado porque el texto y el contexto así lo indica).
Leo, entiendo e interpreto “mundo” como la humanidad entera porque es toda ella la que es pecadora y la que esta perdida y la que necesita la vida eterna que da Dios por medio de Jesús. Es a toda la humanidad, entonces, a la que Dios ama, y a la que él dio a su Hijo.
“El que él cree” es todo ser humano, entonces, el que tiene que creer en Jesús, para no perderse, sino tener vida eterna. (Como cuestión fáctica, el mundo inerte y el mundo animal, no son sujetos con la necesidad de creer).
De acuerdo al párrafo citado, la perdición y la condenación, y también la salvación y la no condenación, están íntimamente relacionadas respectivamente con no creer o sí creer en Jesús, el unigénito Hijo de Dios, cuya venida a esta tierra es prueba indubitable de que Dios ama a toda la humanidad.
Finalizo mi apreciación con estas dos ideas centrales del párrafo: Dios por su amor quiere salvar a toda la humanidad de su perdición por medio de Jesucristo y darles vida eterna por ejercer fe en él. La condenación de la humanidad, por tanto, no el propósito principal de Dios, sino una responsabilidad exclusiva de todo ser humano por no creer en Jesucristo su Hijo.
Ahora, empero, debido al resurgir del Calvinismo y sus diferentes énfasis, se está afirmando que oír, leer, entender y enseñar como lo he hecho es incorrecto y que hay que leer Juan 3.16-18 en esta otra forma:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo (los elegidos) que ha dado a su Hijo unigénito (a los elegidos), para que todo aquel (de los elegidos) que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envío Dios a su Hijo al mundo (a los elegidos) para condenar al mundo (a los elegidos), sino para el mundo (los elegidos) sea salvo por él. El que en él cree (de los elegidos), no es condenado; pero el que no cree (de los elegidos, lo cual lógicamente no es posible) ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.
Dios, según esta nueva lectura, no ama salvíficamente a toda la humanidad, sino solo a los elegidos de entre toda ella.
Jesucristo, en consecuencia, no fue dado a toda la humanidad, sino solamente a los elegidos de entre toda ella.
Por tanto, los únicos que creen y que creerán son los elegidos, lo cual hace innecesario que se presente en el texto la opción de no creer y de perderse.
En razón de esta nueva forma de entender el significado del mundo y del amor de Dios para con él en este párrafo, el amor salvífico de Dios, Jesucristo mismo, la vida eterna y la no condenación no está al alcance de toda la humanidad, sino solo de los elegidos.
A la humanidad no elegida, según está lectura e interpretación, solamente le queda la perdición y la condenación porque ha sido Dios quien lo determinó así al no proveer al Salvador, su unigénito Hijo, para ellos.
Soy sincero.
Me parece extraño leer, oíd, entender, aprender y enseñar así este párrafo bíblico.
A mí me parece que aun los calvinistas mismos no están de acuerdo con leer así al párrafo que nos ocupa y es por eso que proponen esta otra manera de leer:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo (Es decir, a toda la humanidad en general, pero no a toda ni a cada persona de manera específica) que ha dado a su Hijo unigénito (a toda la humanidad en general, pero no a todo hombre en particular) para que todo aquel (de toda la humanidad en general, pero no necesariamente a todo ser humano en particular) que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de no envío Dios a su Hijo al mundo (a toda la humanidad en general, pero no a todo hombre en particular) para condenar al mundo (es decir, a toda la humanidad en general, pero no a todo hombre en particular), sino para que el mundo (toda la humanidad en general, pero no todo hombre en particular) sea salvo por él. El que en él cree (de toda la humanidad en general, pero no de todo ni de cada hombre en particular), no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.
Esta otra forma de leer es similar a la que le precede, pero es más encubierta en su afirmación de que Dios solo ama salvíficamente a una parte de la humanidad, y no a toda ella ni a todo ser humano que la integra.
Lo mismo que he dicho en la lectura calvinista anterior sirve para también para esta otra.
El significado respecto a mundo que he citado aquí la pueden encontrar en la nota sobre Juan 1:29 de la Biblia de Estudio MacArthur. Por cierto, este predicador y maestro difunde su sistema de creencias por medio de su programa radial Gracia a Vosotros, el cual se difunde en varias emisoras cristianas de mi país y de otros países.
Soy sincero y honesto de nuevo.
Este entendimiento de Juan 3:16-18 tampoco encaja con lo que está escrito allí.
Lo siento. No puedo enseñar los textos bíblicos con significados que los contradicen y los distorsionan.
A modo de conclusión: Hace un buen tiempo decidí que siempre voy a leer, oír, creer, entender y enseñar lo que es claro y obvio en la Biblia; nunca quiero introducir un significado que la tergiverse.
Dios inspiró su palabra en el lenguaje común, para que su mensaje sea comprendido por todas y cada una de las personas de este mundo sin distinción.
Como tengo esa manera de pensar, nunca quiero ir en contra de lo que Dios dijo por medio de Jesús en forma clara y directa.
También, Dios soberanamente ha obrado y sigue obrando en el mundo para que su palabra se traduzca fielmente a todos los idiomas en los que hablan los hombres.
Dios hace esto para que todos tengan la oportunidad de leer, oír, creer, entender, obedecer y enseñar su palabra tal como está claramente escrita.
Si esta es su intención y deseo, ¿cómo puedo yo decir que lo que Dios dijo claramente no lo dijo?
¿Cómo puede un predicador pararse ante las personas con una Biblia en la mano para decirles a ellos que lo que ella dice no dice, y que es lo que él dice es lo dice, aunque muy obviamente no sea así?
Dejemos que la Biblia siga hablando a los hombres como lo ha venido haciendo por años.
Dejemos que Juan 3.16-18 diga lo que dice.
Escuchemos a Jesús diciendo lo que dijo y dice.
Permitamos que el Espíritu Santo use lo que dijo y dice Jesús en este párrafo para seguir convenciendo de pecado, justicia y juicio a toda persona del mundo, no solo a algunos.
No escuchemos a los maestros y predicadores que dicen que la Biblia dice lo que no dice.
Nunca aceptemos un mensaje que no puede ser sostenido por lo que está claramente escrito en la Biblia que Dios nos ha hecho llegar hasta nuestras manos.
No nos dejemos enredar ni embaucar por los maestros y predicadores que enseñan “desde la profundidad invisible del texto bíblico” lo que niega y contradice lo que está en la superficie visible del mismo.
No sé qué es lo que van a hacer otros, pero yo todavía prefiero leer y entender Juan 3.16-18 tal como está escrito.
Jamás quiero leer, interpretar y entender las escrituras en una forma tal que niegue su lenguaje claro y llano. ¡Es muy peligroso hacerlo!
¡Qué Dios me ayude! ¡Y que Dios ayude y a sus hijos para leer, oír, creer, entender, obedecer y enseñar la Biblia tal como está escrita! Amén.
