¡El mundo de hoy es Dios y el mundo del futuro también!

El mundo es de Dios y todo lo que hay en el mundo también. Dios es el creador de todo lo que existe y también el sustentador. No existe nada que exista en este mundo, excepto el pecado y el mal, que no haya sido hecho por Dios, ya en forma directa (la creación original) o ya en forma indirecta (las cosas que existen a partir de la creatividad de sus criaturas).

Los seres humanos no somos dueños del mundo, sino sus administradores. Este hecho es clarísimo. Dios creo al hombre y le entregó el dominio y la administración sabia del mundo y lo que en él existe (Génesis 1:26-31). Aunque no somos dueños del mundo, sí somos responsables de cuidarlo para la gloria de Dios y para el bien de todas las criaturas que habitan en él. El autor del libro de Salmos se maravilló del privilegio que Dios dio al hombre al colocarlo como su administrador del mundo (Salmo 8:1-9).

El hombre falló como administrador del mundo desde el principio y cedió esa su posición en beneficio del diablo, su adversario, cuando desobedeció a Dios y le obedeció a él (Génesis 2:16-17; 3:1-6). Este hecho trágico, trastocó y atrajo el mal, el sufrimiento y la muerte a este mundo, que quedó “bajo” el dominio del diablo (Génesis 3:8-24; Romanos 5:12-14; Lucas 4-7; 1 Juan 5.19). El diablo, el enemigo de Dios y del hombre, es un usurpador en este mundo. Él rige el sistema del mal y del pecado (Hechos 26:16-18). Todos los hombres y mujeres que no aman ni obedecen a Dios ni a Jesucristo Su Hijo están bajo su dominio (1 Juan 5:19). Empero, el dominio y el regir del diablo no es ilimitado y ya pronto llegará a su final (Juan 12:31; 1 Juan 3:8; Apocalipsis 12:7-12; 20:1-10).

No olvidemos que el mundo es de Dios. Nadie excepto él lo conduce. El origen, la permanencia y el fin de este mundo es un asunto de Dios, no del hombre. Nosotros no estamos en ignorancia respecto al mundo ni a todo lo que en él existe. Tenemos la palabra de Dios, la Biblia, y ella es la que nos instruye y la que nos da el conocimiento para vivir en este mundo conforme a la voluntad de Dios.

Los cristianos tenemos que ver al mundo como Dios nos enseña en la Biblia. Y la Biblia es clarísima en que Dios ama al mundo y a todo lo que en él existe. Jesucristo vino para redimir al mundo (Juan 3:16-21). Su obra de salvación incluye también la redención del mundo en tanto creación de Dios. Es más, la Biblia también es directa y transparente en el hecho de que toda la creación está a la espera de la manifestación de la salvación definitiva de Jesucristo (Romanos 8:19-23).

Para nosotros los seguidores de Jesucristo el mundo es nuestro campo de misión (Marcos 16:15). Estamos llamados a ir a todo el mundo llevando el evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Toda criatura que habita este mundo debe oír el evangelio y somos nosotros los encargados de anunciárselo. ¡Qué Dios nos ayude y nos mueva a testificar de Jesucristo en todo el mundo!

Finalmente, cuando llegue el tiempo y Jesucristo se manifieste para consumar su eterna salvación visiblemente, Dios destruirá con fuego a este mundo y a estos cielos (2 Pedro 3:5-12). La destrucción de este mundo no implica su extinción, sino su recreación. Dios hará trocará este mundo en un mundo nuevo. Está escrito: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los que mora la justicia.” (2 Pedro 3:13).

Todos los que estamos en este mundo estamos convocados a escapar de la destrucción que lo transformará y que lo hará nuevo y eterno. Jesucristo es la clave para ser salvo del juicio que destruirá este mundo. El murió por nuestros pecados y resucitó de los muertos para darnos vida. Nos toca creer en él y seguirle mientras estamos vivos en este mundo.

Hoy es el tiempo de creer y de seguir a Jesucristo. Solamente los creyentes y temerosos de Jehová del AT y los creyentes en Jesús desde el tiempo del NT en adelante que han vivido en este mundo que es de Dios, vivirán en el mundo nuevo con Dios por toda la eternidad. (Apocalipsis 21:1-8).

¡Qué Dios nos abra los ojos y que nos convenza de seguir a Jesucristo Su Hijo de una vez para siempre!

Amén.

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