¡Vivamos listos para morir!

Necio es una palabra fuerte, muy fuerte. Es un adjetivo durísimo. Su significado, según cualquier diccionario, describe a una persona que insiste en los propios errores o se aferra a ideas o posturas equivocadas, demostrando con ello poca inteligencia.”

Los sinónimos de necio son también igualmente abrumadores. Cualquier diccionario de sinónimos les dará esta siguiente lista de adjetivos para remplazar a esta palabra: “incapaz, tonto, sandio, simple, estúpido, imbecil, estulto, mentecato, etc, etc,”. (Solamente tienen que colocar la palabra necio en google para confirmar lo que he escrito en los dos párrafos anteriores).

Jesucristo calificó de necio a una persona que vive su vida en esta tierra como si fuese a vivir para siempre en ella, sin morir nunca. Las palabras de Cristo, en la parábola del rico al que llamó necio, y con la que intentó hacer reflexionar a quienes están muy enfocados en su vida en esta tierra, sin acordarse para nada de que van a morir, y de que van a encontrarse ante Dios cuando ocurra su deceso, fueron: “Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:20-21).

Jesús, quien, según la Biblia, es Dios hecho Hombre, y quien vino a esta tierra a salvar a los pecadores, y quien murió en una cruz para redimir y salvar a todo el mundo, y quien fue a los cielos para volver otra vez cuando llegue el día señalado por Dios, siempre, siempre dice la verdad. La veracidad de Jesucristo es indiscutible y hay que tomar muy en serio toda palabra que sale de su boca.

Vamos a morirnos un día, eso es indudable. No sabemos ni cómo ni cuándo, pero va a llegar el día de nuestra muerte. Ese día, seremos nosotros quienes estemos en un ataud. Ese día habrá mucha gente a nuestro alrededor, pero nosotros no las percibiremos, ya nos habremos ido, ya no estaremos vivos a esta tierra ni a nada de lo que existe en ella.

Todos tenemos que pensar en nuestra muerte, para prepararnos, y para estar así listos para cuando ocurra. No nos debe ocurrir lo que le ocurrió al rico de la historia narrada por Jesucristo… ni al antiguo soberano que se burlaba y se reía de su bufón.

El relato que leí respecto a este soberano y a su bufon se resume así. El rey se burlaba siempre de su bufon. Un día, en son de burla, este soberando le entregó una prenda suya al bufón y le ordenó que fuese por su reino buscando a una persona más tonta que él. La instrucción del rey al bufón fue: cuando encuentres una persona más tonta que tú, le entregas esta prenda mía. El bufón se fue por todo el reino buscando una persona más tonta que él, sin poderla encontrar. Cuando regresó al reino, después de muchos meses, encontró que al rey muy, pero muy enfermo. Al ver al rey en ese estado, el bufón se acercó y le preguntó lo que le pasaba. El rey le dijo que estaba muy enfermo y que pronto iba a emprender un viaje sin retorno. El bufón le preguntó al rey si es que se había preparado para ese viaje sin retorno, que era su muerte. El rey le respondió al bufón, que no, que no se había preparado, que no estaba listo para este su viaje final. El bufón, entonces, ni corto ni perezoso, sacó la prenda que el rey le había dado y se la entregó, diciéndole: “Su majestad, le entrego esta su prenda a usted porque en todo su reino no existe ninguna persona que sea más tonta que yo, excepto usted, que no se preparó para este trascendental viaje, que sabía iba a realizar.”

Es necio, tonto, poco inteligente y nada sabio no prepararnos para morir. Vamos a morirnos. No nos podremos escapar de la muerte. La muerte está allí, esperándonos; siempre ha estado, y siempre está, y siempre estará espectante, y aguardando por nosotros. Este tiempo de pandemia por el virus chino nos tiene que haber hecho muchísimo más conscientes de la inminencia de la muerte.  La muerte de otros, sí; pero más la de nosotros, que vamos a morir indefectiblemente.

Siempre he pensando en mi muerte, y durante esta época muchísimo más,

¡Cómo no voy a pensar constantemente en la muerte si ella ha estado presente en cada instante de mi vida durante todo este periodo de pandemia! Los noticieros mostraban la muerte en artículos, fotografías y videos. Las llamadas por teléfono anunciaban muertes y más muertes. En mi vecindario había sepelios y más sepelios. Mi esposa, mis cuñados y yo tuvimos que viajar a la sierra para sepultar a mi suegro. Varios de mis amigos* y compañeros de trabajo se enfermaron y murieron muy rápidamente. Finalmente, y reciencito, hace muy pocos días, en mi casa, tuvimos que sepultar a uno mi hermano de sangre, mi hermano Elmer Manuel.** (Foto: Un día una carroza llevará nuestro ataúd a la tumba… preparémonos para ese momento).

Tenemos que prepararnos para morirnos. No estoy diciendo que busquemos morirnos, no. Esa no es mi idea. Mi idea que vivamos de tal manera que cuando la muerte nos llegue, no nos sorprenda, sino que nos encuentre listos, preparados. Como la mujer anciana, de la que escribí hace unos meses, que estaba esperando su muerte con mucha alegría.***

Muchos de los hombres del pasado se preparaban para partir y dejar este mundo. Recuerdo que una vez llegué a un pueblo y encontré a un hombre mayor, de unos 80 años. Este hombre estaba listo para partir, hasta había comprado su ataud, al cual tenía en su habitación, junto a su cama.

En la Biblia, un profeta de Jehová le dijo a uno de los reyes de Israel: “Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás” (2 Reyes 20:1). Nosotros no tenemos una instrucción ni un mandato así, tan directo y específico. Pero Dios sí nos enseña en su palabra que la muerte es un fenómeno establecido… e ineludible: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). ¡Tenemos que vivir nuestra vida preparándonos para morir y acudir al juicio ante de Dios!

¿Cómo es que nos preparamos para morir mientras vivimos en esta tierra? A continuación algunas acciones concretas para esta preparación:

1. Nos preparamos para morir creyendo en Jesucristo de todo crorazón. Hay que asegurarnos de que nuestra fe en Jesucristo es verdadera y genuina. Esto es vital, porque solamente el cree y sigue a Jesucristo tiene vida eterna y va con él, a su reino, al morir.

2. Nos preparamos para morir viviendo en Cristo y sirviéndole con dedicación. Hay que vivir toda nuestra vida confiando en Jesucristo y sirviéndole en toda área de nuestra vida en esta tierra. Toda área de nuestra vida debe estar sometida a Cristo y tiene que ser vivida para honrarle y glorificarle.

3. Nos preparamos para morir creciendo en el conocimiento íntimo y personal con Dios. Hay que crecer cada día en nuestra relación con Dios por medio de la oración, la lectura de la Biblia, la adoración y alabanza a Dios, el arrepentimiento y la confesión de pecados, la obediencia a la palabra de Dios, y de ser testigo de Jesucristo y su evangelio dondequiera que Dios nos lleve.

4. Nos preparamos para morir viviendo y disfrutando intensamente nuestra vida y todo lo que Dios nos da en ella. Hay que disfrutar intensamente la vida, la familia, la iglesia, el trabajo y los bienes que Dios nos ha dado. Dios nos da sus dones para disfrutarlos y debemos gozarnos en todo lo que él nos ha dado en esta tierra.

5. Nos preparamos para morir viviendo como testigos enviados por Dios y por Jesucristo, Su Hijo. Hay que vivir en este mundo en función de la gran comisión. Este mundo es nuestro campo de misión. Estamos aquí para predicar el evangelio de Jesucristo y para hacer discípulos de Jesús a todas las naciones. Estamos aquí para alumbrar este mundo con nuestras buenas obras para que más personas vean así a Dios por ellas. Mucha más gente debe conocer a Dios y relacionarse con él por causa de nuestra vida y obras y palabras.

6. Nos preparamos para morir siendo concientes que nuestra morada permanente no está en esta tierra, sino en el reino eterno de Dios. Hay que vivir como extranjeros y con desapego a este mundo y a todo lo que tenemos y hay en él. Nuestra ciudadanía es celestial. Estamos en esta tierra de paso, de tránsito. Nuestra patria celestial nos espera y debemos estar listos para reunirnos con Jesucristo cuando él lo determine.

No seamos necios como el rico de la historia que narró Jesucristo; seamos sabios. Tampoco seamos los más tontos del mundo como el rey antiguo que no se preparó para emprender su viaje sin retorno; seamos inteligentes.

Nosotros tenemos que ser sabios e inteligentes, que es lo opuesto a ser necios y tontos. La muerte nos tiene que hallar preparados, listos. De tal modo que, cuando llegue, le digamos: “te estaba esperando, ya viví cómo debía vivir e hice lo que tenía que hacer; estoy listo, vámonos.” ¡Qué Dios nos ayude a que así sea y que la muerte nos llegue y nos encuentre viviendo creyendo y confiando en Jesucristo todos lo días de nuestra vida! Amén.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.” (Juan 11:25-27).

* https://segundorodriguez.com/benjamin-salinas-vive/

** https://segundorodriguez.com/elmer-manuel-rodriguez-chuquimango/

*** https://segundorodriguez.com/morir-con-entusiasmo-y-gozo/

Mi cuenta de Facebook y su inhabilitación.

En el presente post voy a narrar a qué se debe que no estoy participando más por ahora en Facebook.

1. Empezaré este post dando gracias a Facebook y Mark Zuckerberg por haberme permitido participar en su plataforma. Facebook y Mark Zuckerberg, su fundador, me dieron la oportunidad de tener una cuenta en su plataforma. La plataforma me ha permitido interactuar con mis amigos y mis contactos por varios años. He compartido muchísimas experiencias por medio de esta plataforma. He intercambiado post, fotografías y videos. En todo el tiempo en el que he participado en esta red social me he esforzado en hablar la verdad para edificar a todos mis amigos y contactos. Mi tiempo empezó y terminó debido a que tanto Facebook como Mark Zuckerberg lo decidieron libremente.

2. Facebook y Mark Zuckerberg tienen el derecho de habilitar y deshabilitar las cuentas en su plataforma. Como discípulo de Jesucristo, quien es Dios hecho Hombre, y el Rey de reyes y Señor de señores, y el Soberano del todo el universo visible e invisible, reconozco que Facebook y Mark Zuckerberg tienen el derecho de hacer lo que quieren con lo que es suyo. Jesucristo reconoció el derecho de las personas de hacer lo que deseen con lo que es suyo en la parábola de los obreros de la viña (Mateo 20:1-16).

En la foto que encabeza este post he colocado las palabras de Jesucristo y la inhabilitación de mi cuenta de Facebook para afirmar mi certeza de que Facebook tiene el derecho de hacer con su plataforma lo que mejor les parezca. Facebook y Mark Zuckerberg fueron buenos conmigo y me permitieron ser partícipes e interactuar en su plataforma. Así como me permitieron ser parte de su plataforma, así también han decidido inhabilitar definitivamente mi cuenta.

3. Facebook y Mark Zuckerberg no solamente tienen el derecho de hacer lo que quieren en lo que es suyo, sino que también tienen el poder. Facebook y Mark Zuckerberg tienen tanto poder que han sido capaces de bloquear la participación del mismísimo Donald Trump en su plataforma. Por ese motivo, desde el primero de junio de este año me he sentido identificado con Donald Trump. Ante Facebook y Mark Zuckerberg, Donald Trump y yo “somos iguales”. La única diferencia entre Donald Trump y yo es que su cuenta no ha sido inhabilitada definitivamente; la mía, sí.

Facebook bloqueó la cuenta de Donald Trump cuando éste era todavía Presidente de USA. Facebook argumentó que Donald Trump había infringido las reglas de la red social. En el caso del 45th Presidente de los Estados Unidos (2017 – 2021), la explicación de Facebook se centró en los sucesos violentos acaecidos en el Capitolio. Facebook asumió que Donald Trump es responsable por lo que hicieron quienes entraron por la fuerza al Congreso de USA.

4. Facebook y Mark Zuckerberg no me explicó específicamente el porqué inhabilitaron mi cuenta. A Donald Trump, Facebook y Mark Zuckerberg sí le dieron una explicación específica de del porqué suspendieron su cuenta. En el caso mío, no. Hasta hoy no sé cuál es la norma o política que he quebrantado. Tampoco sé cuál de mis escritos, fotografías o videos violó su normatividad.

¿Por qué Facebook inhabilitó mi cuenta? Facebook no me ha dado una explicación. Mis hijos, que saben mucho más que yo, me han dado estas posibles razones: 1) Alguien hackeo mi cuenta e hizo publicaciones que están en contra de las políticas de Facebook. ¿Eso fue lo que pasó? No lo sé. 2) Alguien denunció mi cuenta como una cuenta que publica ideas contrarias a las políticas de Facebook. ¿Eso podría haber sido la razón? No lo sé. 3) Facebook mismo de oficio evaluó mi cuenta y mi actividad y determinó su censura. ¿Habrá sido así? No lo sé, y tampoco sé si lo sabré.

5. Facebook y Mark Zuckerberg han procesado la inhabilitación permanente de mi cuenta en forma confusa. Lo que sé respecto a mi inhabilitación, que creo es una potestad de Facebook, ya que es su plataforma, es que su proceso ha sido confuso. Deduzco este saber en base a la comunicación que he tenido con ellos.

En su primera comunicación me hicieron saber que habían recibido mi información y que la revisarían. Yo no sé a qué información se referían porque yo en ese momento no les había enviado nada. Venía de Tumbes y estaba usando mi cuenta normalmente. Al llegar al paradero, cerré mi laptop y abordé el taxi que me llevó a casa. Durante el trayecto no revisé Facebook en ningún momento. Cuando abrí mi laptop en casa fue encontré el mensaje en el que Facebook me decía que habían recibido mi comunicación. En esa comunicación también me indicaban que si confirmaban que no tenía edad suficiente, no podría seguir usando mi cuenta.

Es su segunda comunicación, que me fue enviada por correo electrónico, Facebook me informó que suspendieron mi cuenta porque sospechaban que la misma o mi actividad en ella no cumplían con sus normas. Me dieron 30 días para apelar y evitar que mi cuenta fuese inhabilitada en forma definitiva.

Como en el correo me enviaron un enlace para la apelación, ingresé en el enlace e hice lo que me dijeron. En lo básico, me pidieron que les enviase mi documento de identidad. Lo cual hice de inmediato. En el enlace también estaba consignada la información a la que aludo en el párrafo anterior.

En su tercera comunicación, que también me fue enviada por correo electrónico, me agradecieron por enviarles mi documento de identidad, y me informaron también que ya podía acceder libremente a mi cuenta.

De inmediato, y asumiendo la veracidad de lo dicho en el email, fui a mi cuenta para acceder a ella. Tristemente, no pude ingresar a mi cuenta.

Es por eso que les contesté su email diciéndoles que aunque me informaban que podía usar mi cuenta, aún no podía acceder a ella.

En su cuarta comunicación, me pidieron una vez más que volviese a enviar mi documento de identidad. Lo hice. Luego, ya no volví a recibir ninguna comunicación. Pero, cuando intenté ingresar a mi cuenta, me salía un comunicado diciéndome que mi cuenta había sido inhabilitada y que ya no sería revisada.

Esta es la historia que ha puesto fin a mi participación en Facebook. No recuerdo cuando fue que ingresé a esta plataforma, pero siempre recordaré cuando es que fui inhabilitado. También, siempre me preguntaré el porqué Facebook inhabilitó mi cuenta.

Facebook me envía a leer las normas de su plataforma para saber por qué me inhabilitaron. Pero sus normas son genéricas y no me dan una explicación satisfactoria. Aunque tienen derecho y poder para inhabilitarme de su plataforma, no estoy satisfecho de no saber específicamente la razón específica. Tampoco me parece amable que ni siguiera haya podido defenderme con conocimiento de causa ante la plataforma. En todos los años que he participado en esta plataforma, nunca he recibido siquiera una queja o un llamado de atención de Facebook respecto a mi cuenta y mi actividad en ella. En fin.

6. Escribí este post por estos motivos: informar a mis amigos y contactos lo que ha ocurrido con mi cuenta de Facebook, agradecer a Facebook y Mark Zuckerberg por haberme permitido participar en su plataforma, y expresar mi insatisfacción y malestar por la forma en que he sido inhabilitado.

Mi experiencia en Facebook ha sido positiva. Estoy agradecido a Dios por la experiencia y los amigos que he hecho durante todo el tiempo que participé en esa plataforma.

Mis hijos me dicen que cree otra cuenta y que vuelva a participar. ¿Volveré? Por ahora no volveré, quizá más adelante, no lo sé. Estoy descansando de Facebook, aunque debo reconocer que extraño mi actividad en la plataforma. “El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”, reza un dicho popular. En este caso, como “he sido echado”, no puedo volver como si me hubiese ido por iniciativa propia. Por eso he creado mi propio dicho: “El que se va porque ha sido echado, no vuelve a menos que quienes lo echaron lo llamen.”

Si quieren contactarse conmigo, háganlo por a este email: ssrodchu@gmail.com

Si quieren saber de mí o leer lo que escribo, visiten mi página web: www.segundorodriguez.com

Termino este post enviándoles el link de la que fue mi última publicación en Facebook. La pueden encontrar en el siguiente enlace: https://segundorodriguez.com/las-autoridades-siempre-se-ensenorean-de-las-naciones-que-presiden/

Muchas gracias a todos quienes se han contactado conmigo por Facebook.

Las autoridades siempre se enseñorean de las naciones que presiden.

A propósito de las elecciones presidenciales, que están ya muy cercanas:
1. Siempre tendremos gobernantes humanos. Será así hasta que Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores venga a la tierra para establecer su reino sempiterno.
2. Estos gobernantes humanos que, de acuerdo a la Escritura, son establecidos por Dios, se conducirán y ejercerán su función en razón de su naturaleza pecaminosa y de su imperfección.
3. También, de acuerdo a la Biblia, entretanto no se establece plena y definitivamente el reino de Jesucristo, estas autoridades, salvo muy raras excepciones, están bajo el dominio del diablo, quien recibió “todos los reinos de este mundo”.
4. Jesucristo, refiriéndose a las autoridades, que son legítimas, aún cuando sus ideologías, sus estrategias, sus métodos y sus acciones para tomar el poder y mantenerse en él sean contrarios a los principios y valores suyos, dijo:
“Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.” (Mt 20:25).
5. Las palabras de Jesucristo respecto a cómo se conducen las autoridades son verdaderas siempre. Las naciones y los imperios siempre son regidas y regidos por autoridades que se enseñorean y se hacen “señores” de sus gobernados y de sus bienes. Esto ha sido así antes, es así hoy, y será así, en mayor y menor grado, hasta que Jesucristo mismo reine en los cielos nuevos y tierra nueva que él mismo creará cuando venga por segunda vez.
6. Al ejercer nuestro voto, por tanto, los seguidores de Jesucristo, dependemos de Dios, seguimos los valores y principios de la palabra de Dios, y encomendamos nuestro país a Dios, pues es él al final quien determinará al gobernante que “se señoreará” del Perú y de los peruanos.
7. Los cristianos, al margen de quien llega a “enseñorearse” del país, tenemos la misión de ser testigos de Jesucristo. Esa nuestra misión la seguiremos cumpliendo sea quien sea el que “se enseñoree” del país. Quien llegue a enseñorearse del país puede “facilitar o dificultar” nuestras vidas y el cumplimiento de nuestra misión con “su enseñoreamiento”, pero eso no impedirá que nosotros sigamos obedeciendo a Jesús.
8. Jesucristo es quien tiene toda potestad en los cielos y en la tierra. Jesucristo es el verdadero Señor y Rey de nuestras vidas, de la iglesia, del Perú, del mundo, y de todo el universo. ¡Afuera todo temor y todo miedo al ejercer nuestro voto, hermanos! Los cristianos nos debemos a Jesús y confiamos supremamente solamente en Jesús. Amén y amén.

Nota: Escribí este post en mi muro de Facebook el viernes 28 o el sábado 29 de mayo, antes del las elecciones que fueron el domingo 6 de junio. Después de esa publicación y sin mayor explicación específica alguna, Facebook inhabilitó mi cuenta personal de su plataforma. ¿Habrá sido el contenido del post lo que causó mi inhabilitación? 

Elmer Manuel Rodríguez Chuquimango

Elmer Manuel Rodríguez Chuquimango (4 de enero de 1977) el sétimo de mis hermanos, de los ocho que somos, partió hoy (5 de junio de 2021) a la presencia de Dios. Él nació con Síndrome de Down. Elmer tuvo meningitis a los cuatro meses de nacido. Ese mal agravó su condición.

Su vida fue casi como la de cualquier otro ser humano hasta más o menos los 17 o 18 años. En ese lapso de tiempo, nosotros, su familia, lo disfrutamos, lo gozamos, y lo “sufrimos”… pues era travieso y avezado. Subía y caminaba por las paredes sin temor alguno. Elmer era también tierno, amable, cariñoso, laborioso, dulce, enamoradizo, juguetón, alegre y risueño. (Foto: Elmer y su sonrisa ida, que me encantaba, aun cuando me parecía que se reía de mí).

Elmer participaba con nosotros en nuestra congregación. Leía la Biblia, cantaba y pedía oración por nosotros sus hermanos. No había reunión de oración en la que él no solicitará que la congregación orase por nosotros. Elmer también ayudaba en los servicios de la iglesia. Era un buen jovencito. Recuerdo bien aquellos días. Era hermoso verle alistarse para ir bien presentable a alabar a Dios.

Pero, siempre hay un pero en esta vida.

Algo le pasó entre los 17 o 18 años. Nosotros no sabemos qué le pasó. No estuvimos con él en ese momento. A partir de esa experiencia, Elmer empezó a retroceder en el ejercicio de sus facultades. Este retroceso se notó y se hizo evidente en su capacidad de comunicarse. Poco a poco dejó de hablar, y ya no pudimos saber de él mismo lo que sentía y pensaba. (Foto: Mis padres hicieron todo cuanto sabían y podían por Elmer. ¡Dios los bendiga!).

Al síndrome y a la meningitis, y al suceso desconocido que le acaeció, se le añadieron los frecuentes ataques epilépticos. Estos ataques lo fueron dañando muchísimo más. Los ataques eran fuertísimos. Tiene varias heridas por causa de esos terribles e imprevistos ataques. Para nosotros era muy doloroso verle padecer estos ataques.

Dios se ha compadecido de él y de nosotros y lo ha llevado a su presencia. Dios ha hecho con él y con nosotros lo que está en su plan y por eso determinó su reposo a este mundo. Su corazón dejó de latir y partió a la presencia de Dios hoy (5 de junio 2021). Él se fue como si estuviese muy cansado, poquito a poquito. Derramó unas poquitas lágrimas al irse. Todos nosotros estuvimos junto a él al momento de emprender su viaje al reino de Dios. (Foto: Mis padres, mi hermana Heriberta y Elmer en la navidad del 2020, que por causa de la pandemia, la celebramos por medio de zoom. Mis hermanos “están” con nosotros en la pantalla).

Ya han pasado unas horas desde su partida. Elmer ya descansa. Ahora está en la piadosas manos de Dios. Allí, junto a Dios, Elmer está mejor. Ya no sufrirá más los males que le aquejaron durante toda su estadía en esta tierra. Ahora, Elmer, junto a Dios, solamente tiene gozo y paz. En donde está hoy, Elmer ya no tiene dolor ni sufrimiento, solo salud y alegría. Amén y amén.

A nosotros nos queda su recuerdo.

Nosotros recordamos los momento alegres.

Nosotros recordamos su ternura, su delicadesa, su alegría, su risa, su mirada vivaz y movediza.

Elmer Manuel se fue con Dios, a su reino.

Elmer siempre fue un niño. (Foto: Elmer, mi padre, Lucas y yo en la playa de Huanchacho).

Como el niño que fue, Elmer está incluido en estas palabras de Jesús, el Hijo de Dios, quien vino a esta tierra, no para condenar, sino para salvar: Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. (Lucas 18:16–17).

Mi hermano Elmer ya dejó este mundo. Ahora Elmer está con Dios, en su reino. En el reino de Dios él está mejor, muchisísimo mejor. Allí, en el reino de Dios, y junto a Dios, Elmer camina y vive con gozo y alegría perpetua. Su cuerpo quedará en la sepultura, pero él ya vive con Dios. Amén. (Foto: Elmer junto a mi hermana Heriberta, mi sobrino Daniel y yo, en una de nuestras salidas a desestresarnos).

Los adultos, según Jesús, debemos recibir el reino de Dios como un niño. Elmer no necesitó hacerse un niño para recibir el reino de Dios, él “era” un niño… siempre “fue” un niño. El “niño” Elmer se fue al reino de Dios porque, según Jesucristo, le corresponde. ¡Descansa y gózate con Dios en su reino, que también es tuyo, Elmer!

¡Dios, consuélanos y confórtanos a todos quienes somos su familia! Amén.

Lo qué nos está más cerca e inminente…

Lo que no está más cerca e inminente es nuestro encuentro con Jesucristo.

Este hecho tiene que ser una certeza cristiana indubitable. Nuestro encuentro con Jesucristo está cada vez más y más cerca. Siempre lo ha estado, pero ahora su cercanía nos es más y más inminente. Y será así hasta que Jesucristo venga por nosotros o hasta que nosotros vayamos a encontrarnos con él.

Pablo, quien tenía en mente el advenimiento de Jesucristo y su encuentro con él, escribió dos párrafos clarísimos respecto a este maravilloso acontecimiento:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (no todos moriremos); pero todos (tanto discípulos muertos como discípulos vivos) seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos (los creyentes en Cristo que están muertos) serán resucitados incorruptibles, y nosotros (los creyentes en Cristo que están vivos) seremos transformados.” (1 Corintios 15:51-52).

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (los creyentes que están muertos), para que nos entristezcáis como los otros (los que no creen ni siguen a Jesucristo) que no tienen esperanza. Porque sí creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (los que murieron creyendo en él). Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor (esta frase hace referencia a los creyentes que estaremos vivos cuando él venga para reunirse con nosotros), no precederemos a los que durmieron (a los que creyentes que están muertos). Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” (1 Tesalonicenses 4:13-18).

Los dos párrafos bíblicos transcritos, presentan la inminencia de nuestra reunión con Jesucristo a través de dos acontecimientos que pueden ocurrir en cualquier momento. Uno de ellos es nuestra muerte y el otro es el retorno de Jesucristo por su iglesia. Ambos acontecimientos son inminentes, están allí, a la puerta y muy cerca de nosotros.

Los discípulos de Jesucristo de la época neotestamentaria creían que él vendría por ellos en sus propios días, mientras estaban vivos. Jesucristo, como sabemos, tanto por la Biblia como por la historia, no ha retornado todavía por su iglesia, la cual está a su espera. Muchos de los creyentes en Jesús, por tanto, murieron esperándole, sin haberle visto volver.

Esa realidad, sin embargo, no anula el hecho de que al morir, todos los discípulos que murieron se han reunido con Jesucristo en espíritu. Los cristianos que han muerto están con Jesús en su reino. ¿Recuerdan a uno de los de los dos ladrones que fue crucificado junto a nuestro Señor y que se arrepintió a él antes de morir? A este ladrón arrepentido, Jesús le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). El ladrón arrepentido se reunió con Jesús inmediatamente después de que murió.

La muerte reúne al discípulo con Jesucristo. Los cristianos no debemos temerle a la muerte. No debemos buscarla, pero hay que prepararnos y hay que estar listos para morir sin sorpresa ni desesperación alguna. Pablo, quien no temía morir y quien siempre estaba listo para dejar el mundo presente, dijo: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.” (Filipenses 1:21-24).

Para Pablo, morir era “partir y estar con Cristo”; por esa razón, para él, “el morir es ganancia”. La muerte nos hace cruzar el lumbral del mundo presente para encontrarnos y reunirnos con Jesús en el mundo espiritual eterno. De acuerdo con las Escrituras, toda persona que ha creído en Jesucristo y muere va a reunirse con él.

Nuestra muerte es inminente. Podemos morir en cualquier momento. Este es un hecho segurísimo.

Los que estamos viviendo en estos días por causa del virus chino y las acciones humanas para eliminarlo tienen que habernos hecho mucho más conscientes de que nuestro encuentro con Jesús es el acontecimiento más y más cercano. Son muchos los hijos de Dios que han partido e ido con el Señor. Un día seremos nosotros los que moriremos e iremos con el Señor. Puesto que así es, lo que nos toca es estar listos y preparados para irnos con él.

No hay que temerte a la muerte; ni a la nuestra, ni a la de otros. No hay que sorprendernos de la muerte. No hay que huir de ella. Hay que estar preparados y listos para cuando nos toque morir. ¿Cómo nos preparamos y estamos listos para morir e irnos con Jesucristo?

1. Hay que asegurarnos de que nuestra fe en Jesucristo es verdadera y genuina. Esto es vital, porque solamente el cree y sigue a Jesucristo tiene vida eterna y al morir va con él.

2. Hay que vivir toda nuestra vida confiando en Jesucristo y sirviéndole en toda área de nuestra vida en esta tierra. Toda área de nuestra vida debe estar sometida a Cristo y tiene que ser vivida para honrarle y glorificarle.

3. Hay que crecer cada día en nuestra relación con Dios por medio de la oración, la lectura de la Biblia, la adoración y alabanza a Dios, el arrepentimiento y la confesión de pecados, la obediencia a la palabra de Dios, y de ser testigo de Jesucristo y su evangelio dondequiera que Dios nos lleve.

4. Hay que disfrutar intensamente la vida, la familia, el trabajo y los bienes que Dios nos ha dado. Dios nos da sus dones para disfrutarlos y debemos gozarnos en todo lo que él nos ha dado en esta tierra.

5. Hay que vivir en este mundo en función de la gran comisión. Este mundo es nuestro campo de misión. Estamos aquí para predicar el evangelio de Jesucristo y para hacer discípulos de Jesús a todas las naciones.

6. Hay que vivir como extranjeros y con desapego a este mundo y a todo lo que tenemos y hay en él. Nuestra ciudadanía es celestial. Estamos en esta tierra de paso, de transito. Nuestra patria celestial nos espera y debemos estar listos para reunirnos con Jesucristo cuando él lo determine.

Nuestra reunión con Jesucristo es lo más cercano e inminente. Estemos listos para esa nuestra reunión. Todos nosotros podemos morir e ir con Jesús en cualquier momento. Si no es la muerte la que nos reúne con Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, lo que nos reunirá con él es su venida por Su Iglesia. La venida de Cristo por Su Iglesia es también inminente. Puede ocurrir en cualquier momento. Por eso, ya porque nos morimos o ya porque él viene por su iglesia, nuestra reunión con Jesucristo es lo que nos está más cerca e inminente.

¡Preparémonos y estemos listos para reunirnos con nuestro Señor y vivir con él por la eternidad! Amén y amén.

¡Benjamín Salinas …!

Benjamín está “vivo” en mi memoria porque lo tengo frecuentemente en mis pensamientos. Hoy, justamente, estuve pensando en él y en los momentos que pasamos juntos. Coincidimos en el Día del Aspirante en el Seminario Bautista del Perú. Allí vi su don musical. Tocaba el piano, cantaba, dirigía con mucha gracia; y también ensayaba y acompañaba con buena voluntad a quienes querían cantar. Este mi encuentro con él en ese acontecimiento duró poco, dos o tres días. Fue en agosto del año 1987.

Después, en los años 88 al 90, fuimos compañeros de pabellón y de aula en el Seminario. Aparte de la música, Benjamín, amaba la palabra de Dios y el conocimiento de ella. Nuestro tiempo estudiantil fue precioso y es inolvidable. Nos gozábamos estudiando, cantando, leyendo, hablando, jugando, bromeando, riendo, etc. El pabellón de varones, con Benjamín allí, está siempre en mi mente, por todas las vivencias por causa de él; destaco una vivencia en especial. Benjamín siempre se levantaba directo al piano, para tocar uno que otro himno. El himno que más tocaba, y que yo recuerdo mucho es el siguiente: “Suenan melodías en mi ser”. Para mí, ese himno, tocado por él, siempre alegraba mi alma y fortalecía mi fe y mi esperanza en Dios y en su obra de Salvación. Aun hoy lo sigue haciendo. (Foto: Benjamín Salinas).

Entre el año 90 y el día de su partida a vivir con Dios, con Benjamín hemos pasado muy buenos tiempos. En cursos bíblicos, en servicios de edificación, en conferencias, en campamentos y en reuniones de negocios en diferentes ministerios. Su amor por la obra de Dios en Perú y el mundo siempre ha sido muy visible. Su amor por las personas y su interés personal por ellas han marcado la vida de mucha gente. Benjamín está “vivo” en mi memoria por su aprecio a mí y mi familia. Fue por él que “aprendí” que los siervos de Dios “eran los tíos de los hijos” de sus consiervos. Mis hijos eran “sus” sobrinos y les daba su afecto y su propina “como” tales. Recuerdo que en diciembre me reuní con él en Lima, para comer un ceviche. Él vino desde su casa en el Retablo para estar conmigo durante el breve tiempo que tenía entre un vuelo y otro. Aprecié y admiré ese su gesto. Él era un amigo, sabía ser amigo. En enero, dos meses antes de su partida a la presencia de Dios, fue a vernos a nuestra casa. Mi familia disfrutó su presencia que, aunque breve, nos edificó y animó. Benjamín, quien “vive” en mi memoria, ahora ya vive con Dios. (Foto: Promoción 1990, SBP).

Pero Benjamín también “vive” en la memoria de Magdalena, su esposa, y también en la memoria de sus tres hijos. Toda su familia puede dar fe de lo que estoy escribiendo. Con toda seguridad, ellos lo recuerdan constantemente. Y lo seguirán recordando hasta que Dios los reúna con él en la eternidad. Por cierto, tengamos presentes en nuestras oraciones a su preciosa familia.

Benjamín “vive” también en la memoria de los hermanos en Cristo a quienes sirvió como pastor y consejero espiritual y musical. Él está en el corazón y en la mente de todos ellos, que lo conocieron, que lo escucharon, y que trataron con él. Los hermanos de la IBB El Retablo pueden dar fe de lo que escribo. También, los hermanos del Grupo Coral Norte, que él promovió y dirigió con entusiasmo.

Benjamín también “vive” en su producción musical, y en sus predicaciones y en sus enseñanzas, y en sus escritos. Hoy mismo estuve escuchando varios de los himnos que cantó y que dirigió mientras sirvió a Dios en esta tierra. Pero hoy no ha sido el único día que escuché su producción, lo he hecho también antes y es seguro que seguiré escuchándole. (Foto: Benjamín y Magdalena).

Benjamín “vive” también en la vida de sus amigos, quienes, como yo, pueden dar fe de lo que digo.

Pero, para terminar, lo más importante, Benjamín vive hoy ante Dios en Su Reino Eterno. Esto que estoy diciendo no lo digo en función de mi deseo, sino en base a lo que enseña la Biblia, que es la Palabra de Dios. Jesucristo, cuando los saduceos intentaron hacerle quedar en ridículo a él y a la realidad de la resurrección de los muertos y a la vida después de morir en esta tierra, dijo: “Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven.” (Lucas 20:37-38). La Biblia es clara respecto a que la vida no termina cuando morimos en esta tierra. Al morir en esta tierra dejamos de estar presentes palpablemente para esta dimensión, pero seguimos viviendo real y espiritualmente en otra dimensión. Si somos hijos de Dios, por haber creído en Jesucristo de todo corazón mientras estábamos aquí, como hizo Benjamín, al morir en esta tierra nosotros vivimos presentes en el Señor. (1 Corintios 5:6-8). El hecho de que el creyente en Cristo al morir en esta tierra va a vivir y a estar con Cristo en Su Reino es lo que le hizo testificar a Pablo estas palabras: “Porque de ambas cosas (vivir o morir en esta tierra) estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir (morir) y estar con Cristo (vivir en Su Reino), lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne (seguir viviendo en la tierra) es más necesario a causa de vosotros.” (Filipenses 1:23-24). (Foto: Benjamín junto a toda su familia).

Como Benjamín está presente y vive con Cristo hoy en su reino celestial y eterno es que lo imagino tal como lo conocí en esta tierra. Me lo imagino mirando con admiración a Jesucristo, Su Salvador y Su Señor. También lo imagino entonando alabanzas y cantando gozosamente a nuestro Dios. Lo imagino buscando a los hombres del Antiguo y del Nuevo Testamento para dialogar con ellos y oírlos testificar sobre las maravillas de Dios. También, lo imagino hablando con quienes fueron sus maestros y amigos en esta vida y que ya están allí con el Señor. Lo imagino maravillado y asombrado por la belleza y la gloria que está viendo y disfrutando. (Foto: Benjamín, Luis y yo, en el aeropuerto de Lima).

Podría seguir escribiendo, pero debo terminar.

Benjamín “vive” y seguirá “viviendo” en mi memoria y en la memoria de todos los que nos relacionamos con él cuando estuvo aquí. Estoy seguro de eso. Pero, de lo que más estoy seguro, y sin ningún ápice de duda, es que Benjamín vive con Dios y que disfruta de él y de todo lo que él tiene allí en Su Reino.

“Dios es Dios de vivos” y Benjamín vive con él. Amén, amén.

Sí tú aún no tienes la esperanza de seguir viviendo ante Dios y con Dios el día que mueres a esta tierra, cree de todo corazón en Jesucristo, quien murió y resucitó para salvar a los pecadores, y tal esperanza ciertísima será también tuya.

Benjamín ahora entiende lo que nosotros entenderemos después:

Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.

El 2020 quedará atrás en unas pocas horas. Luego, tan pronto como se acabe este singular y dramático año, el 2021 será una realidad.

El año que está terminando nos ha dejado una lección muy grande: No somos dueños soberanos y autónomos ni del tiempo, ni del espacio, ni de la vida… ni de nuestros planes.

Mucho de lo que pensábamos hacer el 2020, no lo hicimos.

Por eso, al realizar mi agenda del 2021, que es lo que estoy trabajando en estas últimas horas del 2020, un párrafo de cuatro versículos del libro de Santiago ha estado y está en mi mente todo el tiempo. (Les animo a leer varias veces ese texto, hasta que les grabe en el corazón). Ni siquiera pude escribir una sola actividad sin pensar en ese párrafo y, en especial, en la frase: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.”

En ese párrafo se nos advierte sabia y enfáticamente respecto a la necedad de planear nuestra vida y nuestras actividades como si nosotros fuésemos los gobernantes autónomos del universo en que vivimos y como si lo que sucediese dependiese solamente de nosotros y de nosotros.

El 2020 nos debe haber enseñado que no es así.

El texto citado no está en contra de planear con anticipación nuestros proyectos y actividades. No, no lo está. Santiago está en contra de que planifiquemos sin tomar en cuenta a Dios, quien es el gobernante supremo de la creación y de todo cuánto acontece en ella.

Mi agenda anual ya está casi terminada.

Es mi proyección, pero la realización de lo planeado y de lo que no está planeado, no está en mi manos, sino en las manos de Dios.

De Dios depende que yo esté vivo.

De Dios depende que yo pueda movilizarme.

De Dios depende de que me dejen ir y llegar a donde planeo ir.

De Dios depende de que pueda realizar el servicio que voy a brindar.

De Dios y de su voluntad depende todo… absolutamente.

Vivir, planear y asegurar nuestra vida y la de otros como si nosotros fuésemos Dios es una expresión de soberbia y de insensatez.

Lo racional y lo piadoso es declarar muy convincentemente: “Si el Señor quiere, viviremos, y haremos esto o aquello.”

Amén. Así es.

El 2021 está a la puerta.

Mis metas y mis actividades de este nuevo año están en las manos de Dios.

“Si el Señor quiere, viviré, y haré lo que he planeado y también lo que no he planeado.”

¡A Dios sea la gloria y la alabanza por siempre! Amén.

Iglesia Sinaí – Nuevo San Juan de Papayal – Río Ucayali

Dios me hizo conocer un nuevo lugar en este mi nuevo viaje al Requena y a Jenaro Herrera, por el río Ucayali. Conocí la comunidad de Nuevo San Juan de Papayal. En esta comunidad, que está en la Reserva Nacional de Pacaya Samiria, tiene unas veinte familias, está floreciendo una nueva iglesia de nuestro Señor Jesucristo.

Allí vive el hermano Nelsón y su familia. Nelsón es parte de la IB Buenas Nuevas de Jenaro Herrera. Hasta hace unos meses, él y su familia eran los únicos seguidores de Jesucristo en Nuevo San Juan de Papayal. Gracias a Dios, esto ha cambiado y ya no es así, pues, Ronald y su familia, que vivían en Iquitos, se mudaron a vivir en la comunidad.

Ronald y Nelsón, juntamente con sus familias, empezaron a reunirse para estudiar la Biblia y alabar al Señor. También han cobrado ánimo y han empezado a hablarle a las personas sobre Jesucristo. Su labor ha empezado a tener fruto. Ahora mismo hay dos familias más que se han añadido al grupo de discípulos. ¡Qué bendición más grande!

Ronald es el pastor de la pequeña iglesia de cuatro familias. Su testimonio me impactó. Me contó que vino de Iquitos con el fin de tener una vida más sosegada. En Iquitos él trabajaba de constructor y servía en una iglesia de la ciudad.

Ronald dijo que le huía predicar en la iglesia, pues no prefería servir en la iglesia como constructor. Dios, sin embargo, lo ha hecho pastor en Nuevo San Juan. Dios tiene su forma de obrar y de encaminarnos a su voluntad y a su servicio. Lo que Dios ha hecho y está haciendo con Ronald es una evidencia de su gracia y de su soberanía.

La comunidad de Nuevo San Juan está cerca de Jenaro Herrera, más o menos a una hora, en peque peque. Gracias a esa cercanía, tanto Ronald como Nelson son instruidos por el pastor Isidoro del Águila, quien sirve en la iglesia Buenas Nuevas de Jenaro Herrera. La iglesia de Jenaro Herrera también está involucrada en apoyar al pastor Ronald y a la iglesia Sinaí. Fue gracias al pastor Isidoro y la iglesia de Jenaro Herrera que tuve el privilegio de visitar la comunidad de Nuevo San Juan.

La nueva iglesia, que ya es una realidad, se llama Sinaí. Por ahora, las cuatro familias se están reuniendo en sus hogares, pero ya están para construir su local. El pastor Ronald me informó que ya tienen la madera para el local, pero que les falta el dinero para la calamina. Ronald me compartió que iban a construir un local de un techo de cuarenta calaminas. El presupuesto para comprar tanto las calaminas como los accesorios para colocarlas es un aproximado de mil soles.

En mi visita a esa nueva congregación, Dios me dio el privilegio de enseñar la palabra de Dios a Neyson y a Ericka, quienes habían creído y estaban muy dispuestos a bautizarse. También enseñé en el servicio matutino, que fue previo a los bautismo. ¡Fue una bendición grande enseñar la palabra a estos hermanos!

Durante mi visita bautizamos en total a cinco nuevos discípulos. Al principio iban a ser solo dos, Neyson y Ericka. Pero, luego, se añadió Manuel. Después, cuando ya habíamos bautizado a estos tres hermanos, se añadieron dos nuevos discípulos. ¡Dios animó mi alma con su obra en los corazones de estos cinco nuevos hijos suyos!

Dejé a los hermanos de Nuevo San Juan con la certeza de que los hijos de Dios están en la manos de Dios. Descanso en esa seguridad. La iglesia es de Jesucristo; le pertenece, porque es él quien la compró con su sangre. Asimismo, es Jesucristo mismo quien edifica, purifica, cuida y perfecciona a cada discípulo y a toda Su Iglesia. Él hace esto por medio del poder de Su Espíritu y de Su Palabra.

En consecuencia, al despedirme de ellos, y al ir alejándome de la nueva iglesia y de la comunidad en el peque peque que me llevaba a Jenaro Herrera, vinieron a mi mente estas palabras que escribió Pablo: “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hechos 20:32). Estas palabras de Pablo son mi oración por estos hermanos que acabo de conocer y por todos los hermanos a quienes tengo el privilegio de servir.

¡Dios bendiga a esta nueva congregación de la rivera del Ucayali y que sean muchos más los pueblos en los que se establecen iglesias de Jesucristo! Amén y amén.

Otrosi digo: En el siguiente playlists he colocado algunos de los videos que filmé. Son cortos. En ellos muestro la entrada a la comunidad de Nuevo San Juan, el pueblito, los cánticos que entonamos y los bautismos realizados.

¿Quién debe dirigir nuestras vidas?

¿El virus chino y los gobernantes de este mundo van a “seguir” dirigiendo nuestras vidas? No. En ninguna manera. No deben. Nunca debieron hacerlo. Ya nos han dirigido por un tiempo, demasiado tiempo, creo yo, pero es suficiente. Recuperemos nuestras vidas y volvamos a dirigirlas nosotros, bajo la autoridad de Dios.

Es obvio, para quienes quieren verlo, que el virus ha sido más dañino de lo debido, por causa de quienes gobiernan y de sus disposiciones, en especial en Perú. Se ha hecho un daño enorme a las familias del Perú.

Todos debemos volver a vivir. Nuestros antepasados no dejaron de vivir sus vidas por los virus, los enfrentaron, los vencieron y los mantuvieron a raya. Igualmente debemos hacer nosotros. No debemos dejar de vivir por miedo a enfermarnos o a morir. Las enfermedades y la muerte no se van a ir, siempre estarán allí, pero no nos tocarán hasta que sea nuestra hora.

Los cristianos también debemos volver a vivir en Cristo Jesús, y bajo su autoridad, y con muchísima mayor razón que el resto de los ciudadanos de este mundo. Creemos en Dios y creemos en Jesucristo, Su Hijo, quien dio su vida por nosotros. Nosotros estamos en sus manos, tanto en vida como en muerte. Nosotros somos del Señor. Romanos 14.8 así lo dice y debemos en vivir en función de ese hecho y de esa certeza.

Debemos volver a congregarnos. Dios lo ordena en el libro de Hebreos. Quienes lideran las iglesias deben planear el cómo. A quienes somos liderados nos toca apoyarlos, congregando y estimulándolos con nuestra presencia. Congregar es un asunto de obediencia, de crecimiento, de misión y de salud espiritual. Tenemos que congregar, es vital que lo hagamos. Los beneficios de cumplir con Hebreos 10.24-25 son muchísimos.

Debemos volver a conmemorar y a anunciar la muerte de Jesucristo por medio de partir el pan y beber el vino juntos. Este también es un mandato del Señor y tenemos que obedecerle a él. Hay gran bendición en participar de la comunión que hay en tal conmemoración. Y, para cumplirlo, es indispensable, que obedezcamos la palabra de Dios y congreguemos.

Debemos seguir yendo a evangelizar a los perdidos y a discipular a los creyentes. La evangelización y la discipulación virtual y local tienen que seguir siendo hechas. Son muy útiles, pero no nos eximen de obedecer el mandato de ir y de ser testigos de Jesucristo, en el lugar en el que vivimos, en el país del que somos ciudadanos, y en todo el mundo.

Volvamos a vivir obedeciendo a Dios antes que a los hombres. El costo de obedecer lo que Dios manda pueden ser las críticas burlonas, los reclamos airados, las enfermedades, las multas, la prisión, y hasta la muerte. Pero eso no es comparable con vivir agradando a Dios y el gozo que resulta de obedecerle a él antes que a los hombres.

Pedro y Juan, y una gran cantidad de quienes nos han precedido en Cristo Jesús, experimentaron insultos, golpes, cárceles, y la muerte violenta e injusta, por obedecer la palabra de Dios. Ellos caminaron en el sendero de la obediencia y nosotros debemos hacer lo mismo en este tiempo.

Ni el virus chino, ni ningún otro virus, o bacteria o mal, deben dirigirnos al vivir en esta tierra. El miedo a enfermar y a morir no deben conducir nuestro entrar ni salir de casa. Tampoco deben dirigir nuestras vidas quienes nos gobiernan.

El único que debe dirigir nuestras vidas es Dios. Él y solamente él es nuestro único Rey y Señor. En consecuencia, es mejor enfermar y morir viviendo en obediencia a Dios, que estar sanos y morir viviendo en desobediencia a él.

¡Qué Dios nos ayude a vivir en esta tierra obedeciendo Su Palabra cueste lo que cueste! Amén y amén.