¡Siempre útiles y productivos espiritualmente!

Jesucristo pide de nosotros sus seguidores adhesión y compromiso total con Dios y con su obra de salvación en este mundo. Todos y cada uno de nosotros sus discípulos tenemos que estar ligados inseparablemente a Jesucristo. Él dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15.5).

Jesucristo nos quiere útiles y productivos. Su plan es hacer su obra por medio de cada uno de nosotros. Nosotros somos su brazo para darle gloria a Dios, bendecir espiritual y salvíficamente a quienes nos rodean, y saciar nuestras almas y llenarnos del gozo de Dios.

Ser fructíferos y útiles a Dios y a Jesucristo en sus propósitos y en su obra de salvación es un hecho posible, que depende de cómo nos relacionamos con Jesucristo. Tenemos que creer en él de todo corazón. Tenemos que cultivar una vida íntima con él cada día. Necesitamos vivir ligados a él en toda nuestra manera de vivir.

Si nos separamos de Jesús dejamos de ser útiles y productivos. Nuestro Señor afirmó con contundencia: “… porque separados de mí nada podéis hacéis.” ¿Qué quiso decir con esta declaración? ¿Cómo entendemos y explicamos estas palabras de Jesús?

Primero, estas palabras no significan “no ser capaz de hacer nada” al vivir en esta tierra. La evidencia es que existen muchos hombres y mujeres que no creen ni siguen a Jesucristo y, sin embargo, no están inactivos, ni improductivos, es decir, … no están muertos. Esos hombres no son salvos ni hijos de Dios, pero viven, trabajan, producen, prosperan, ríen, sufren, etc. Las palabras de Jesús no deben entenderse en el plano meramente material y mundano.

Segundo, las palabras de Jesús deben entenderse y explicarse espiritualmente. Jesús da vida espiritual a todos aquellos que están ligados a él. Él nutre y alimenta a sus discípulos con su vida, con sus verdades, con sus valores y con su poder. En consecuencia, los que están ligados a Jesucristo dan fruto y son útiles a Dios. Dios los usa para agradarle, glorificarle y alabarle. Dios los usa para bendecir a otros para salvación (a los inconversos) y para crecimiento y ánimo espiritual (a los creyentes y a las iglesias de Jesucristo). Y por último, Dios llena de satisfacción y gozo a los discípulos ligados a Jesús. Estos discípulos no son perfectos, pero viven plenamente. Ya no tiene hambre ni sed espiritual. Están llenos del gozo del Espíritu Santo y reflejan su obra y su fruto en su personalidad y en su forma de vivir.

Tercero, y último, las palabras de Jesucristo son una advertencia contundente para todos sus seguidores. El discípulo que se desliga de Jesucristo se inutiliza y esteriliza. Al romper su comunión y compañerismo con Jesús, pierde la vida, los valores, el poder y la nutrición de Su Salvador, quedando vacío, seco, desnutrido, sin poder y totalmente improductivo espiritualmente.

Jesucristo nos quiere útiles y productivos. Estar ligados y adheridos a él nos garantiza esa utilidad y productividad. ¡Acerquémonos a nuestro Señor Jesucristo cada día! ¡Afirmémonos en él, en su obra de salvación, en sus promesas, en su venida y en la vida gloriosa a su lado cuando todo este mundo termine! ¡Vivamos en Cristo, por Cristo y para Cristo en todo momento y en toda área de nuestra vida!

¡Seamos provechosos espiritualmente a Dios, a quienes nos rodean y a nuestras propias almas viviendo siempre muy pegados a nuestro Señor y Salvador!

Amén.

Diálogo sobre Dios con dos jóvenes catalanas ateas en mi vuelo Madrid Barcelona

Cuando Pablo ingresó a Atenas les habló de Jehová Dios a los atenienses. Los atenienses eran muy religiosos. Eran tan, pero tan religiosos que no querían dejar de honrar a ningún Dios. Es por eso que hasta edificaron un altar AL DIOS NO CONOCIDO. Pablo aprovechó la religiosidad ateniense y al altar y su inscripción para presentar al Dios Judeo Cristiano, el Dios de la Biblia, el Único Verdadero Dios que existe.

Nosotros tenemos que hablarle del Dios de la Biblia a todos los hombres. Dios nos ha hecho sus hijos para que anunciemos sus virtudes y testifiquemos su obra a todos los seres humanos. Testificar de Dios es un asunto de obediencia.

Pero, este es un gran pero, ¿Cómo se le habla de Dios a quienes no creen siquiera en la posibilidad de Su existencia?

A continuación una crónica de cómo yo intenté hacerlo.

Quise testificar del Dios de la Biblia y de Jesucristo y su evangelio a dos jovencitas que estaban sentadas en los dos asientos junto a mí en mi vuelo de Madrid a Barcelona. Desde que las vi me fijé en ellas y me propuse compartirles el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. (Tenemos que estar decididos a hablar de nuestro Dios y su obra).

Siempre me es difícil hablar de Jesucristo a personas desconocidas, mucho más a desconocidas que son extranjeras. Hablar con estás jovencitas no era la excepción. Así que, le oré a Dios, y le pedí su ayuda y su valentía para hacerlo. (Tenemos que orar a Dios por su ayuda en todo momento).

Las jovencitas conversaban amena y alegremente entre sí. Yo las miraba de reojo y al verlas así pensaba y pensaba en cómo llamar su atención y entablar la conversación espiritual con ellas. Las minutos transcurrían y transcurrían y el vuelo ya estaba llegando a su fin y ni siquiera lograba dirigirles la palabra. (Tenemos que buscar y esperar el momento oportuno para iniciar la conversación).

Hasta que el piloto anunció que ya pronto aterrizaríamos en Barcelona. Entonces vi a una de las jóvenes tomar fotografías del paisaje exterior al avión. Ese fue mi momento para dirigirle la palabra. Le pedí amablemente que tomase algunas fotografías del exterior para mí. (Ella estaba hacia la ventana del avión y yo en pasadizo). Ella me respondió con amabilidad y tomó las fotografías para mí. (Tenemos que buscar un punto común que nos permita acercamiento propicio al diálogo).

Ahora, me tocaba introducir el asunto espiritual y el temor se apoderó de mí. Me tocaba hablar del Dios de la Biblia y de Jesucristo Su Hijo. Europa tiene fama de descreída y de haber dejado atrás el cristianismo. Las dos jovencitas eran catalanas y yo tenía temor de que rechazasen el diálogo espiritual. (Tenemos que sobreponernos al temor y a la vergüenza que nos impiden ser testigos de nuestro Dios).

Hasta que me atreví y les hablé de la vida espiritual. (Tenemos que hablar, hay que hacerlo, es nuestro deber).

Les dije amablemente: ¿Puedo hacerles una pregunta espiritual?

– Ellas dijeron: Sí, claro que sí.

Les pregunté entonces: ¿Ustedes creen en Dios?

– Ellas dijeron rápidamente: No. No creemos en Dios.

No esperaba esa respuesta tan rápida. No esperaba tanta convicción. La certidumbre de estas dos jovencitas me impresionó. Toda la sorpresa e impresión ocurrió en mi mente.

Nuestra mente y su manera de procesar respuestas es una maravilla de Dios. Creer el Dios de la Biblia es un acto racional e inteligente.

Me pregunté: ¿Qué hago? ¿Cómo sigo hablándoles de la vida espiritual sino creen en Dios? ¿Y ahora? Entonces oré a Dios y le pedí ayuda para seguir hablando con ellas.

Todo esto ocurrió en mi interior en milésimas de segundos. (Tenemos que escuchar bien y hay que seguir el diálogo en función de lo que nuestros interlocutores argumentan).

Les pregunté: ¿Por qué no creen ustedes en Dios?

– Respondieron: ¿No es difícil creer en alguien que no vemos? Las dos coincidían.

Dije: ¿Cómo entonces explican ustedes la existencia del universo y de nosotros mismos? Estamos en avión muy complejo. Este avión lo hizo alguien inteligente. Este universo, que es más complejo, tiene haber sido hecho con mayor razón por alguien muy inteligente.

– Dijeron: Los animales también son inteligentes.

Yo estaba impresionado.

Les dije para mí es muy difícil creer que este universo y todo lo que existe haya sido hecho por algo o alguien, excepto Dios.

La animé a volver a pensar en la posibilidad de la existencia de Dios y su autoría sobre todo el universo y todo lo que existe.

– Ellas dijeron: Ya está bien pensado.

La amabilidad primó en toda la conversación.

Yo seguía pensando interiormente en ellas, y en mucha de la gente que vive en la “nueva Europa”. (Tenemos que intentar socavar, con la ayuda y la sabiduría de Dios, la creencia y la convicción que impide que nuestros interlocutores escuchen del Dios de la Biblia y de Su Obra de salvación por medio de Jesucristo).

El avión aterrizó y nos despedimos.

Ellas sonreían amablemente.

Mi últimas palabras a ellas fueron: Les animo a volver a repensar el asunto de Dios en vuestras vidas.

Me volvieron a sonreír.

Todo fue muy amable.

Hasta la despedida.

(Tenemos que dejar la puerta abierta para que Dios use a otros para obrar y atraer hacia sí a nuestros interlocutores).

Las jovencitas se fueron, pero siguen en mi mente y mis oraciones. Ruego a Dios que tenga misericordia de ellas y siga obrando misericordiosamente en sus corazones para que se abran a él y crean. (Tenemos que orar por quienes nos han oído).

Estoy en Barcelona.

Voy a seguir hablando del Único Dios Vivo y Verdadero a quienes Dios ponga en mi camino. No voy a ser pasivo. Tengo que hablar de Jesucristo.

Como Pablo habló de las virtudes de Dios con los atenienses, yo quiero hablar con los españoles del Dios de la Biblia y de Jesucristo Su Hijo. ¡Ayúdenme con sus oraciones!

España ha sido católica y sigue siendo católica cultural y religiosamente. Pero en esencia, la gente de por aquí, en su gran mayoría, ya no cree en la existencia de Dios. Y no tiene interés en creer.

¡Qué Dios obre en los españoles para que vuelvan al Dios de la Biblia y a la salvación que él ha obrado y obra por medio de Jesucristo Su Hijo!

¡Qué Dios nos de valentía y nos use para hablarle a los españoles del Dios de la Biblia y de Jesucristo Su Hijo!

Amén y amén.

¡No hay Dios …

… dice el necio en su corazón!

Esta negación contundente con aire de certeza indubitable e irrefutable la hace el necio. El necio niega que exista Dios.   Niega al creador personal eterno de todas las cosas y de sí mismo. Él construye todo su saber de la realidad y de sí mismo, a partir de cualquier cosa, excepto Dios.

Los diccionarios describen al necio como alguien “que insiste en los propios errores o se aferra a ideas o posturas equivocadas, demostrando con ello poca inteligencia.” En la Biblia, el necio es mucho más una persona errada con poca inteligencia, es un rebelde a Dios y al conocimiento que él ha revelado.

Desde luego, el necio no se ve necio, sino sabio. Cree incluso que, como el perezoso, “es más sabio que siete que sepan aconsejar” (Proverbios 26:16). Pero Dios y la Biblia lo describen como alguien que “no sabe” y como un insensato que “no entiende” (Salmo 92:6).

Quienes creemos en Dios y seguimos a Jesucristo tenemos que conocer que todo el saber y toda la inteligencia del necio no tiene fundamento. Toda su ciencia y epistemología son producto de la imaginación de su corazón. (Jeremías 11:8).

El necio tiene dificultad para responder preguntas básicas. Sabe obviamente que existe él, y otros como él. Sabe también que existe su entorno. Sabe, asimismo, que no es el primero.  Su problema no está en ese conocimiento, sino en cómo explica el origen de la existencia de su entorno y de él mismo.

El necio tiene que imaginar sus respuestas. Crea su explicación de la realidad y de él mismo desde la fantasía de su mente. Los pilares y columnas de su saber están pegadas con ilusión y fantasía.

No es seguro ni recomendable afirmar la vida y la conducta en la negación de Dios y de su presencia y obra en el universo y todo lo que existe y en los seres personales que lo habitan. Tristemente, son muchos hoy los que edifican su vida sobre este conocimiento mítico iluso e irracional. ¡Ay de ellos! ¡Necesitan nuestra compasión y nuestra intercesión misericordiosa!

Los que creen en Dios y Jesucristo Su Hijo están en la verdad de Dios que está en la Biblia. Los discípulos de Jesucristo no son necios, sino sabios. Todo su saber y conocimiento del universo y los seres que lo habitan tiene fundamento en Dios y la Biblia, la palabra de Dios que él ha revelado.

¡Dios y Padre de Jesucristo, muchas gracias por revelarnos la Biblia, tu palabra escrita! ¡Danos discernimiento y valentía para reconocer y deshechar el saber que el necio difunde! ¡Ayúdanos a afirmarnos en Jesucristo y la verdad que él nos ha traído! Amén y amén.

¡Pecador desventurado privilegiado!

¡Pecador desventurado privilegiado!

El Desventurado privilegiado es todo hombre pecador.

La desventura del pecador es una consecuencia directa de su condición. Como pecador, el ser humano, ya hombre o mujer, es malo y hace lo malo. Su condición lo lleva a ofender, desobedecer y desagradar a Dios con su conducta, con sus pensamientos, con sus intenciones, con sus acciones y con sus reacciones. De acuerdo con la Biblia, todos somos pecadores y todos, en consecuencia, estamos destituidos de la gloria de Dios. (Romanos 3:23).

El pecador no agrada a Dios ni lo glorifica. Todos los pecadores estamos excluidos con toda justicia de la presencia, de la comunión y del compañerismo con Dios y ninguno tiene porqué quejarse de que así sea. Ser pecador es la tragedia del ser humano.

Toda emoción y sensación negativa es consecuencia de ser pecador. Todo llanto y todo dolor proviene de esa nuestra condición. El pecado nos separa de Dios y de nuestro prójimo. El pecado trae muerte en este mundo temporal y muerte eterna en el mundo eterno.

Nuestra desventura a la luz de lo que Dios dice en la Biblia es innegable.

Pero, lo que es nuestra desventura, es también nuestro privilegio. Nuestra condición ha hecho que Dios se interese por nosotros en una manera maravillosa y sorprendente. He aquí los actos de Dios a favor de los pecadores:

  1. Dios por su misericordia y paciencia soporta, sobrelleva y quiere salvar a los pecadores. (Ezequiel 18.30-32; Lamentaciones 3:22; 2 Pedro 3:9)
  2. Dios envió a Jesucristo a este mundo y lo dio para salvar a los pecadores. (Juan 3:16-18; 1 Timoteo 1:15).
  3. Dios sacrificó a Jesucristo Su Hijo por los pecadores y lo resucitó para que ellos obtengan salvación. (Romanos 5:8-11).
  4. Dios otorga perdón de pecados y el don del Espíritu Santo a los pecadores que se arrepienten y creen y siguen a Jesucristo. (Hechos 2:38).
  5. Dios escucha y salva a todo pecador que oye de Jesucristo y su obra de salvación y cree e invoca su nombre solicitando su salvación. (Romanos 10:6-13).

Todo pecador es un desventurado privilegiado y tiene que aprovechar es su condición. Dios no lo deshecha por su condición pecaminosa. Dios quiere salvarlo, transformarlo y darle una nueva vida. Es por eso que le ha dado un Salvador Único, Jesucristo, Su Hijo (1 Timoteo 1:15).

El pecador desventurado privilegiado tiene dos únicas opciones. Estas sus únicas opciones dependen de lo que él hace en esta vida con Jesucristo:

Si oye de Jesús y de su obra de salvación y cree en él y lo sigue de corazón, será salvo. Por causa de su fe en Jesús, es hijo de Dios, tiene perdón de pecados, la ira de Dios se aleja de él y tiene vida eterna. En consecuencia, es un pecador desventurado privilegiado agradecido que goza de Dios y de todos sus bienes ya desde hoy y que gozará con él por toda la eternidad. (Juan 14:1-6).

Pero si oye de Jesús y de su obra de salvación y no cree en él ni lo sigue, se mantiene en condenación y si se va así de este mundo, será condenado y alejado de Dios eternamente en el lago de fuego (Apocalipsis 20:15). Su condición de pecador desventurado privilegiado se volverá contra él y se lamentará sin fin por haber despreciado en su vida la gracia y la misericordia de Dios.

¡Cree en Jesús pecador desventurado privilegiado! ¡Sigue a Jesucristo mientras tienes vida y te gozarás en él pase lo que pase y suceda lo que suceda! ¡Vamos, decídete ya y cree y sigue a Jesucristo de una vez! ¡Jesucristo ha venido a llamarte, escúchale y hazle caso! Amén.

Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores (Marcos 2:16-17).

Cómo empezó la Iglesia Bautista Nueva Jerusalén – Florencia de Mora, Trujillo, Perú

Dios me dio el privilegio de predicar y enseñar el evangelio de Jesucristo por la semana santa en la Iglesia Bautista Nueva Jerusalén (Florencia de Mora, Trujillo, Perú). Esta es una congregación que conozco desde sus inicios. Me gocé en volver a ver a estos mis hermanos en Cristo. Volví a esta congregación después de muchos años.

Al estar allí, y viendo a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes y a las familias de la iglesia, recordé como es que empezó esa unida, alegre, creciente y trabajadora congregación. (Foto: Jesucristo es la única opción de salvación que tenemos todos los pecadores, esta es la verdad central que compartí durante la predicación).

La congregación empezó el 27 de diciembre de 1997, con la conversión de Rafael Gil Castañeda. Rafael era uno de los líderes de las pandillas más bravas de Florencia de Mora. Rafael se convirtió a Jesucristo en la sala de la casa de Joel Gamboa, quien es hoy el pastor de la Iglesia Bautista Nueva Jerusalén.

Rafael, una vez convertido a Jesucristo, tuvo la determinación de compartir el evangelio con sus amigos y Joel Gamboa, quien en aquel tiempo era miembro de la Iglesia Bautista Elohim (Monserrate, Trujillo, Perú), no dudó en acompañarle y apoyarle en esa su determinación.

Joel empezó a llevar a Rafael a la iglesia Elohim. Joel también empezó reuniones de discipulado con Rafael. Joel también inició reuniones de evangelización con los amigos de Rafael. Las reuniones de evangelización tuvieron fruto y pronto la sala de la casa de Joel quedó pequeña. En poco tiempo se llegaron a congregar un promedio de 30 personas. (Foto: Saúl, uno de los que fue rescatado por Jesucristo del pandillaje, y Marilyn, quien es sobrina de Rafael).

Tuve el privilegio de conocer a cuatro de los que participaban en las reuniones: Rafael, Saúl, Marcos y Elder. Los conocí cuando fueron al campamento en Tomabal (Virú, La Libertad, Perú). En el campamento hice amistad con ellos. Ellos estaban muy entusiasmados con las clases bíblicas, los cánticos, el compañerismo y todo el ambiente espiritual.

Cuando terminó el campamento, Rafael, Saúl, Marcos y Elder no querían volver a su barrio. Querían quedarse en el campamento. Sus palabras fueron: “Aquí estamos bien. En nuestro barrio nos será muy difícil vivir”. Todos ellos temían volver a convivir con su entorno.

Con el tiempo, Rafael tropezó en su fe. Se le buscó y, gracias a Dios, se reconcilió y retomó su vida con Jesús. Tristemente, su vida terminó pronto, pues fue asesinado en la puerta de su propia casa. La vida de Marcos y de Elder también terminó rápido. Saúl, empero, está vivo y sigue fiel a Jesucristo. (Foto: Nancy y Luis, su hijo, y su familia, entonando una alabanza a Dios. Nancy es hermana del difunto Marcos. Luis es sobrino de Marcos. Toda esta familia se bautizará el domingo 6 de mayo. Damos gracias a Dios por toda esta familia que ya está sirviendo al Señor).

Las reuniones en la casa de Joel no se interrumpieron con la partida de Rafael, Marcos y Elder. La Iglesia Bautista Elohim y el pastor Ever Cruz, y varios otros hermanos siguieron apoyando las reuniones. Los servicios dominicales empezaron regularmente con el apoyo de Hernán Gamboa (ahora con el Señor), de Enrique Gamboa (quien es misionero de la iglesia en Conache) y de Edwan Ascoy (quien hoy es diácono en la iglesia). ¡Gracias a Dios por la iglesia Elohim y su corazón evangelístico, y por los hermanos que participaron en la fundación de lo que hoy es la Iglesia Bautista Nueva Jerusalén!

El pequeño grupo fue creciendo y creciendo hasta necesitar ya un pastor. Dios, entonces, tocó el corazón de Joel, quien tomó el reto de prepararse un poco más para conducir la floreciente congregación. Joel se preparó en el Seminario Bautista del Perú. Cuando Joel terminó sus estudios tomó las riendas de esta nueva congregación.

Los años han pasado y la iglesia sigue creciendo.

A la congregación se ha añadido parte de la familia de Rafael y parte de la familia de Marcos.

La congregación ha extendido el evangelio a  Conache, Alto Trujillo y Huamachuco. (Foto: La Iglesia Bautista Nueva Jerusalén es una congregación que glorifica y alaba a Dios obedeciéndoles y llevando el evangelio de Jesucristo a mucha más personas). 

Estoy contento de compartir este testimonio. Estamos viviendo un tiempo de gracia y la predicación del evangelio de Jesucristo es la expresión de tal época. La gracia de Dios está disponible y al alcance de todo pecador que se acerca con fe a Jesucristo y le sigue.

Tengamos en nuestra memoria y en nuestras oraciones al pastor Joel Gamboa y a los hermanos en Cristo de esta congregación. ¡Qué Dios siga fortaleciendo su amor a Jesucristo y su trabajo de extender el evangelio! Amén. (Foto: El pastor Joel Gamboa arengando y animando a la congregación. El pastor Joel Gamboa también enseña cursos bíblicos en el Seminario Bautista del Perú).

Dios sigue recibiendo y transformando a los pecadores que creen en Jesús y le siguen. 1 Corintios 6.9-11 sigue siendo hoy un hecho palpable y la Iglesia Bautista Nueva Jerusalén y toda iglesia nueva son la evidencia. Amén y amén.

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”

(1 Corintios 6:9–11).

Un plan para presentar el evangelio de Jesucristo a “creyentes” en Dios y en la Biblia.

Un plan para que cada creyente presente el evangelio de Jesucristo completo en forma personal y breve a toda persona que “cree” en Dios y en la Biblia.

En nuestra ciudad, la mayoría de las personas tienen una idea de Dios y cree en él en alguna manera. Por eso, el procedimiento para presentar el evangelio de Jesús que voy a proponerles es apropiado y muy pertinente en nuestro contexto. Les ánimo a aprender esta forma de hacerlo y a ponerlo en práctica cada vez que Dios les ponga delante de una persona que todavía no cree ni sigue a Jesús bíblicamente.

A continuación un bosquejo y una explicación breve del plan a seguir:

1. Saluda y haz amablemente una pregunta o más preguntas de contacto.

Buenos días. Buenas tardes. Buenas noches. ¿Cuál es su nombre? ¿Por dónde vive? ¿Cómo le está yendo hoy en su trabajo? Etc.

2. Haz preguntas espirituales claves:

¿Usted cree en Dios? ¿Qué va a pasar con usted cuando se presente delante de Dios? ¿Dios le dirá entra en mi reino o le dirá fuera de mi reino? Etc.

No tengas temor de hacer estas u otras preguntas espirituales. La mayoría de las personas sí “muestra interés” en una conversación espiritual. El problema mayormente está en nosotros, en nuestra mente, no en los que posiblemente nos oirían si tuviésemos el valor de hablarles.

3. Escucha con atención las respuestas de tu interlocutor y dialoga sobre la necesidad de tomar en serio su destino final.

Normalmente, la mayoría de las personas van a decirte que sí “creen” en Dios. Responden así porque la mayoría tiene un trasfondo católico o un trasfondo evangélico. Antes, la mayoría tenía conocimiento de Cristo y del evangelio por la iglesia católica. En los últimos 50 años las iglesias evangélicas han crecido tanto, que son muchos los ciudadanos de Perú que tiene un conocimiento de Dios y del evangelio por ellos.

Las respuestas posibles que las personas darán ante el hecho de presentarse ante Dios son éstas: No lo sé. Dios lo sabe. No he hecho nada malo. Yo procuro hacer el bien. Todavía no estoy listo. Si me arrepiento me hace entrar en su reino. Así como estoy ahora me echa fuera… (piensa en otras posibles respuestas).

4. Presenta con convicción el juicio de Dios a todos los hombres y los dos destinos posibles del ser humano.

Todos somos pecadores. (Romanos 3:23; 6:23).

El juicio de Dios. (Romanos 2:5, 16; Hebreos 9:27).

Los dos destinos: Vida eterna y salvación o Perdición y condenación eterna en el lago de fuego (Apocalipsis 20:11-15; 2 Tesalonicenses 1:5-10).

Lee estos textos bíblicos, créelos, asimílalos y comunícalos con convicción y denuedo.

5. Presenta a Jesucristo y su evangelio y explica que el destino del hombre se define en base a lo que se hace con él.

Dios mandó a Jesucristo para salvar a los pecadores. (Juan 3:16-21).

Jesucristo murió en una cruz por nuestros pecados. (Romanos 5:8; 1 Pedro 3:18).

Jesucristo resucitó de los muertos al tercer día. (Marcos 8:31; 9:91; 10:32-34; Lucas 24:4-7; Hechos 1:1-5; 1 Corintios 15:1-10).

Jesucristo ordenó que sus discípulos anunciasen el arrepentimiento y el perdón de pecados en su nombre. (Lucas 24:45-50; Hechos 2:38).

La Biblia dice que el que se arrepiente de sus pecados y cree en Jesucristo será salvo. (Marcos 16:15-16; Hechos 8:35-37; 16:31).

Juan 3:36 afirma claramente que creer y seguir a Jesucristo da vida eterna y que no creer en él y no seguirle trae la ira de Dios y perdición irremisible.

6. Invita a la persona a creer en Jesús de todo corazón.

Imita a Pedro. (Hechos 2:38-40).

Imita a Pablo. (Hechos 26:24-29).

7. Ora por la persona ya si acepta o no el mensaje presentado.

Si ha aceptado a Jesús, ora para que Dios le ayude a crecer y lo guíe a una congregación en la que le discipularán.

Si no ha aceptado a Jesús, ora para la palabra de Dios que le has predicado obre en él y lo persuada de creer.

8.  Escucha las cargas e inquietudes de las personas.

Preguntan sobre el mal testimonio de algunos creyentes.

Preguntan sobre iglesias que estafan a sus feligreses.

Preguntan sobre los problemas sociales y las injusticias que hay en el mundo.

Preguntas sobre el porqué hay muchas iglesias y denominaciones.

Cuentan sus problemas personales o familiares.

9.Invita a tu interlocutor a tu congregación y dale la dirección y los horarios respectivos.

Ten un folleto con la dirección de la iglesia.

Habla de las reuniones de la iglesia y sus horarios.

Diles que el mensaje central de la iglesia es la salvación en Cristo en base a lo que dice la Biblia.

Si tu interlocutor no está cerca de tu congregación, dirige a la persona a una iglesia de su zona.

También puedes dirigir a las personas a escuchar una emisora que tiene buenos programas bíblicos.

Palabra final:

Este plan para presentar el evangelio está enfocado en las personas que tienen una idea de Dios y de Jesucristo. La tienen porque han aprendido de los católicos o de los evangélicos.

Estas personas “no rechazan” la palabra de Dios y el evangelio. No significa que se van a convertir y creer cuando les hablamos. Nos escucharán con respeto. Algunos podrán objeciones por las malas experiencias que han tenido con algunos “hijos” de Dios.

Nuestro trabajo es testificar de Jesús, sembrar su evangelio. El resultado de nuestra obediencia queda en las manos de Dios. Confiemos en Dios al darle el evangelio a la gente. Hagamos nuestro trabajo y dejemos que Dios haga el suyo (Marcos 4:26-29; 1 Corintios 3:6-7).

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¿Qué debo hacer para ser salvo?

Esta pregunta conduce a la vida eterna en Jesucristo.

El carcelero de Filipos lanzó esa pregunta en este contexto: 1) Vio los azotes y la prisión injusta de Pablo y Silas, 2) Vio a estos dos discípulos orar y cantar himnos a Dios sin quejarse, 3) Pablo y Silas evitaron que se matase, 4) Vio que los presos que cuidaba no huyeron a pesar de la oportunidad de hacerlo, y 5) Supo del terremoto que “libró” a los presos de sus cadenas y de su prisión.

Todos estos hechos cruciales impactaron al carcelero. Él relacionó lo ocurrido con Pablo y Silas y su mensaje sobre Jesucristo. El carcelero sabía que Dios obraba a través de Pablo y Silas.

El impacto que recibió el carcelero derritió su corazón y le hizo pensar en su condición ante Dios. Él entendió su perdición y su condenación. Su pregunta expresa su angustia por su condición perdida, pero también su determinación por ser salvo.

Pablo y Silas le dieron de inmediato la respuesta salvadora: “¿Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa?”. El Carcelero creyó en Jesucristo y se identificó con él bautizándose en su nombre. Toda su familia creyó en Jesús ese día. El gozo de la salvación inundó el corazón de toda la familia.

Lo ocurrido con este carcelero es la experiencia de muchos pecadores hoy. La fe en Jesucristo verdaderamente salva y libera de pecado y condenación.

Si usted es un pecador que aún no obtiene su salvación y se pregunta “¿qué he de hacer para ser salvo?”. Crea, confíe y entréguese a Jesús para seguirle de todo corazón.

Si lo hace, tenga por seguro que la salvación eterna y el gozo de estar bien con Dios también serán suyos.

No demore más. crea en Jesús y sea salvo.

Amén.

¿Asesinos impunes?

Asesinos impunes.

Asesino es la persona que mata a otro con alevosía, premeditación y ventaja, y sin ningún motivo más que enojo, capricho, egoísmo.

Impunidad es no sufrir consecuencias visibles por crímenes cometidos.

En este mundo hay asesinos impunes y mucha sangre derramada “clamando” a Dios por esa impunidad.

Duele la muerte de inocentes. Indigna que asesinos e instigadores pasen desapercibidos. Es decepcionante que las autoridades no solamente no castiguen a los asesinos, sino que los protejan y los justifiquen.

En Perú siempre hay asesinatos impunes.

Los asesinatos son malos; pero son peores los impunes. En la sociedad actual hay impunidad por causa de valores perversos, cálculo político, cobardía, incapacidad e indiferencia de quienes gobiernan.

La impunidad de los asesinos es ante los hombres, no ante Dios. Los asesinados claman a Dios por el crimen que han sufrido. Su sangre pide y requiere a Dios justicia con vehemencia y desesperación. Dios escucha este clamor y hará justicia.

Caín mató a Abel, por enojo, con alevosía, en secreto. Tomó providencias para quedar impune.

Pero Caín supo que los muertos “hablan” y que Dios escucha.

Dios confrontó a Caín: “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”. Caín no quedó impune. Dios se encargó de él.

Los asesinos impunes tienen impunidad ante los hombres, no ante Dios.

La justicia humana del presente “excusa, justifica, permite y promueve” la impunidad de asesinos.

Entristece la muerte inocente. Frustra la impunidad de asesinos. Desalienta la complicidad, indiferencia, cálculo político, incapacidad e indiferencia de los gobernantes.

Todo este sistema de valores trastocados terminará; también la impunidad.

Jesucristo hará justicia. Él vendrá nuevamente y establecerá su reino justo. En su reino no habrá impunidad.

¡Anhelo y espero el reino de Jesucristo!

Dios, su trabajo y su descanso, y nosotros.

Dios trabajó creando al universo y Dios descansó al terminarlo.

Creó los cielos y la tierra e hizo el día y la noche patrón el primer día y no reposó. El segundo día hizo la expansión y la llamó cielos y no descansó.

Tampoco descansó al tercer día luego de hacer el continente, los mares, nombrarlos a los dos, y crear la vegetación. Dios puso los astros en los cielos y les dio sus funciones el cuarto día y tampoco reposó.

Su obra tomaba forma y descansar no era apropiado.

Dios siguió trabajando el quinto día; creó a los animales marinos, también a los voladores. El sexto día creó a los animales terrestres, y al hombre y a la mujer. Ese día tampoco descansó.

Su descansó ocurrió luego de calificar como “bueno en gran manera” todo lo que había hecho.

Dios trabaja, nosotros también debemos trabajar. Dios trabaja más de lo que descansa, nosotros debemos imitarle. Dios descansa al terminar su obra, nosotros debemos hacer lo mismo (pongámonos tareas y descansemos al completarlas).

Hoy Dios no está descansando, sino trabajando (Juan 5:17). Su reposo definitivo ocurrirá cuando termine su época de gracia y salvación y haga todo nuevo para que gocen quienes aceptan su salvación en Jesucristo (Apocalipsis 21:1-8).

Pero Dios no descansa por cansancio; su energía y fuerza son eternas e inagotables. Él no desfallece ni se fatiga con extenuación. Dios es fuente de vigor para los agotados (Isaías 40:28-31).

Nosotros necesitamos descanso… ¡descansemos! Reposar es bueno; pero no es apropiado que descansemos más de lo que trabajamos.

Imitemos a nuestro Dios, trabajemos esforzadamente y descansemos proporcional y apropiadamente. Necesitamos trabajar y descansar. Dios reconoce nuestra esa necesidad y legisló nuestro trabajo y descanso.

¡Qué Dios nos ayude a trabajar y a descansar como él enseña y ordena!

Amén.

¡Cuidado con lo que hacen con sus madres, hijos!

Menospreciar es “darle a una cosa o persona menor valor o importancia del que merecen” o “considerar que algo o alguien no merece ningún aprecio o atención”.

Salomón escribió: “Oye a tu padre, a aquel que te engendró; Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.” ¿Por qué escribió estas palabras?

Él nos conocía y sabía que los hijos tendemos a menospreciar a nuestros padres en ciertos momentos.

Dios llama mi atención con este proverbio. Mi padre está con Dios y reconozco que muchas veces no lo escuché.

Ahora queda mi madre, que está envejeciendo. Es de 1934. Se llama María. Ella siempre cumplió, cumple y cumplirá su deber.

Mi familia y yo vivimos con mi madre. ¡Ese es nuestro privilegio! Gracias a Dios, ella se desenvuelve independientemente, aunque no sin sus males.

Proverbio 23:22 es una espada en mi corazón. Duele hallar momentos en que no aprecio a mi madre como merece.

Siempre debemos valorar a nuestras madres, pero más cuando envejecen. En esa etapa debemos duplicar y maximizar nuestra intención y esfuerzo por atenderlas como les corresponde por ser quienes son, y por lo que han hecho y hacen por nosotros.

¡Dios mira como tratamos a nuestras madres!

Hablemos con ellas.

Escuchémoslas atentamente.

Caminemos a su ritmo y velocidad.

Visitémoslas y démosles presentes.

Suplamos sus necesidades.

Hagamos por ellas lo que no pueden hacer…

Todos debemos trabajar y cuidar nuestras familias. Todos tenemos problemas. Todos tenemos que  despejarnos y reposar.

Estamos en este mundo y estamos sujetos a sus vicisitudes… pero eso no implica que olvidemos a nuestras madres.

Nuestras madres nos dieron su juventud. Su fuerza y lozanía las gastaron en hacer de nosotros lo que somos. ¡Ahora nos toca cuidarlas y honrarlas gozosamente!

¡Qué Dios nos ayude a valorar y a apreciar a nuestras envejecidas madres!

Amén.