Meditemos en lo bueno de las personas, en sus buenas acciones.
Ocupemos nuestra mente en las cosas virtuosas de este mundo.
Fijémonos en lo limpio y óptimo de todos y de todo.
No estoy diciendo que neguémos la existencia de personas pecadoras malas, que obran mal y que nos dañan a nosotros y a otros… No. No voy en esa dirección.
Tampoco quiero que neguemos la existencia de la maldad en esta tierra. Esto es imposible. El mal y sus consecuencias son hechos cotidianos.
No se puede negar la existencia de los pecadores malos ni de sus acciones… Lo que sí podemos es dejar de pensar y de meditar en ellos obsesivamente… Hasta el punto de dejar de disfrutar a los pecadores buenos y a sus acciones.
Para la estimular, difundir y promocionar a lo malos y a sus maldades existen muchos medios de comunicación… Ya no somos necesarios.
Pensar, reflexionar y meditar en lo bueno, en lo virtuoso, es un asunto vital al vivir en este mundo pasajero. Necesitamos paz y alegría y ánimo al vivir en esta tierra y estas condiciones son posibles si ocupamos nuestra mente en lo que es puro y en lo que es santo.
Si nos ponemos a pensar en los pecadores buenos que relacionan con nosotros y nos rodean encontraremos que el bien que nos han hecho y concedido es muchísimo mayor que lo que es malo.
Medita en lo bueno de estar vivo.
Reflexiona en lo bueno de tu familia.
Medita en lo bueno de tu ocupación.
Cavila en lo bueno de tus vecinos y de tu vecindario.
Piensa en lo bello de tu país y de tus compatriotas.
En fin… ¡Busquémosle lo bueno y virtuoso y bello a todos y a todo!
Los buenos y sus buenas acciones son mucho más abundantes que los malos. Son los buenos y sus buenas acciones los que hacen posible que el universo exista y se hermosee y se optimice y mantenga así la alegría y la bendición de vivir y de convivir con nuestros semejantes.
El apóstol Pablo afirma que el Dios de paz estará con nosotros si es que pensamos y hacemos lo que es bondadoso y de buen nombre.
Dios es la persona a quien nunca debemos perder al vivir en este mundo. Él está con todos aquellos que creen en Jesucristo y le siguen. Dios se expresa y se glorifica en las vidas de los pecadores que piensan y hacen el bien por causa de él y de Jesucristo Su Hijo.
Pensar y hacer el bien agrada y glorifica a Dios.
Pensar y hacer lo bueno nos garantiza la presencia del Dios de paz en nuestra vida y emprendimientos.
Pensar y hacer el bien nos da la paz y la tranquilidad que son propias de la buena conciencia por el hecho de no tener de que avergonzarse.
¡Pensemos y hagamos lo bueno y lo virtuoso y lo de buen nombre con la ayuda de Dios!
Amén y amén.





















