¡Las multitudes necesitan “pastores” y “guías” piadosos!

La mayor necesidad de las multitudes son buenos “pastores” y los cristianos tenemos que hacer cuanto podamos para que los tengan.

Jesús de Nazaret se preocupaba por todo el ser humano y por todos los seres humanos. El veía y servía al hombre completo durante su trabajo didáctico en la tierra. El ámbito físico y el ámbito espiritual de todas las personas eran objeto de su atención. Los cuatro evangelios testifican ese hecho.

Los tres años y medio de su trabajo diligente y sacrificado por todas las ciudades y aldeas de Israel están descritos y resumidos en esta declaración de Mateo, el publicano al que hizo su apóstol: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo.” (Mateo 9:35)

El contacto y el trabajo de Jesús entre la gente le hizo ser consciente de uno de los grandes males que tienen las multitudes: Las conducen líderes impíos, sin valores bíblicos, cobardes, codiciosos y egoístas. Este tipo de liderazgo solamente se preocupa por sí mismo y por su entorno cómplice, pero no por las grandes mayorías.

En sus días, el liderazgo representativo de todo el liderazgo político y religioso mundial, estaba lejos de Dios y de su palabra escrita y, por tanto, estaba lejos de guiar y de conducir a las multitudes hacia Dios y hacia su buena, perfecta y agradable voluntad.

En el ámbito religioso, los ancianos y los principales sacerdotes y los fariseos, que conducían a los judíos, o ignoraban las Sagradas Escrituras o la menospreciaban. Los gobernantes romanos y los gobernantes de los demás pueblos, como es bien sabido, eran páganos y adoradores de múltiples dioses.

En el ámbito político, los judíos estaban gobernados por Herodes, que era cruel y codicioso. También estaban gobernados por el Imperio Romano que, en Judea, estaba representado y regido por el gobernador Poncio Pilato, que era injusto, de doble ánimo y cobarde.

Las multitudes como consecuencia de tales guías ciegos y codiciosos, no tenían guía, ni conducción, ni liderazgo espiritual piadoso. Todo el liderazgo, tanto religioso como político, estaba torcido y enfocado en sus propios intereses.

Jesucristo vio ese cuadro caótico y sin rumbo de las multitudes y tuvo compasión ellas por su lamentable y triste situación. El evangelista Mateo escribió al respecto: “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas que no tienen pastor.” (Mateo 9:36).

La crucifixión de Jesucristo es el ejemplo de actos perversos que cometieron las multitudes por causa del mal liderazgo político religioso. Los “pastores” de Israel apresaron, violentaron, juzgaron y condenaron a Cristo por envidia y por ceguera espiritual. El “gobernante” romano, Poncio Pilato, entregó a Jesús a los judíos para que lo crucificasen sabiendo que él era justo y que había sido entregado a su autoridad por envidia y celo. La multitud “decidió” la crucifixión de Jesús por ignorancia, por ingratitud y por seguir a los líderes que los manipularon.

La condición de las multitudes no ha cambiado demasiado. Y no ha cambiado, lamentablemente, porque el liderazgo, tanto político como religioso que las conduce, tampoco ha mejorado.

Todas las multitudes sufren la falta de “pastores buenos”. Esa la gran necesidad de la gente de todos los tiempos y muchísimo más en este último tiempo. Las multitudes siguen “desamparadas y dispersas” por no tener buenos conductores y guías.

Esta es una lista de hechos graves actuales que “han aceptado” las multitudes de sus “pastores” políticos y religiosos:

El asesinato de bebés en el vientre de su madre por sus propios padres y con la ayuda de los médicos y las autoridades.

El “cambio” de sexo de niños y niños.

El matrimonio entre hombres con hombres y mujeres con mujeres.

La promoción de la promiscuidad sexual con el pretexto de la salud pública.

El menoscabo de la autoridad de los padres, los maestros y las autoridades.

Las palabras de Jesucristo respecto al mal liderazgo de las multitudes son muy relevantes.

Él, que siempre quiere el bien de todos, y el que se sacrificó para salvarnos a todos, describió la gran necesidad de buenos pastores y guías así: “… A la verdad la mies es mucha, y los obreros pocos.” (Mateo 9:37).

Las palabras de Jesús, en función del contexto político, religioso y social en el que fueron pronunciadas, son muy claras. Hay multitudes que quieren y necesitan “pastores” buenos, pero no los encuentran. Y no los encuentran, no porque no haya, sino porque los que hay, o son muy “malos pastores” (que es lo mismo o peor que no tenerlos), o si son “buenos pastores”, son insuficientes, porque no cubren la hartísima demanda.

La cantidad de multitudes que necesita conductores, guías y gobernantes buenos es muchisisísima y los apacentadores buenos poquisisísimos.

La mies sigue siendo mucha y los apacentadores buenos pocos.

La necesidad de buenos “padres”, de buenos “pastores”, de buenos “gobernadores”, de buenos “líderes” espirituales, es mucha, mucha, mucha; en todas “las masas” de gente, en todas “las multitudes”; desde las más pequeñas hasta las más grandes, desde las más básicas hasta las más compejas.

Las familias, las asociaciones, las comunidades, las naciones y hasta los imperios, requieren de buenos gobernantes para evitar el “desamparo”, “la dispersión” sin rumbo y el camino al desastre.

Los “pastores” buenos (en tanto “gobernantes políticos”) son cruciales para conducir a los pueblos a una vida terrenal “óptima”, y a mirar a Dios y a Jesucristo y a su buena voluntad revelada en la Biblia.

Los pastores buenos (en tanto “líderes espirituales”) de las iglesias son indispensables para que los hijos de Dios prediquen el evangelio, hagan discípulos y entrenen a quienes conducirán a las multitudes.

Jesucristo no solamente denunció el gran mal que es la falta de buenos conductores, de buenos guías, de buenos apacentadores; él también dió la solución, el remedio, el qué es lo que se tiene que hacer.

Fueron los discípulos de Jesús quienes escucharon directa y claramente lo que se tenía que hacer para que “las multitudes” tuviesen buenos “pastores”. Su orden a ellos fue: “Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” (Mateo 9:38).

Como en todo lo que tiene se requiere para esta vida y la para la venidera, Dios es quien tiene la solución para que haya “más obreros”, más “buenos pastores”, más buenos “conductores”. Es él quien tiene que levantarlos, prepararlos, enviarlos, usarlos y guardarlos.

Dios, asimismo, brinda su solución de buenos “apacentadores” para las multitudes por medio del trabajo y de la intercesión de sus hijos, que son todos aquellos que hoy creen en Jesucristo Su Hijo y le siguen.

Son los discípulos de Jesucristo los que serán usados por Dios para brindarle a las multitudes los “obreros”, los “apacentadores” y los “guías” buenos. Todos quienes somos hijos de Dios estamos llamados a “rogar” encarecida y humildemente al “Señor de la mies que envíe obreros a su mies”.

Somos todos los que hoy seguimos a Jesucristo, quienes tenemos que convocar y entrenar a los obreros que trabajarán conduciendo a las multitudes y a la mies del Señor hacia Dios, hacia Jesucristo y hacia la obediencia a la palabra de Dios, que es todo lo que está escrito en la Biblia.

Las multitudes, como en los días de Jesucristo, continuan “desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Es así en todo aspecto de la vida. Las multitudes necesitan buenos apacentadores y están a la expectativa de encontrar a “los obreros del Señor de la mies” que él ha enviado y enviará por la intercesión y el trabajo evangelizador de los discípulos de Jesucristo.

¡Qué Dios nos ayude a rogar mucho más constante y urgentemente al Señor de la mies para que envíe obreros a su mies!

¡Qué Dios nos mueva y nos use con mayor urgencia para predicar el evangelio y hacer discípulos a fin de que hayan “obreros” suficientes para apacentar a la iglesia y a las multitudes!

Visita a IEB Príncipe de Paz – Sullana, Perú.

Dios me privilegia al usarme como mensajero de su palabra, la Biblia. Al ser usado así, tengo la oportunidad de conocer y tratar con pastores e iglesias por todo lugar donde él me lleva.

Yo no merezco que Dios me regale su salvación eterna por medio de la fe en Jesucristo y tampoco la bendición de ser un maestro y predicador de su palabra. Pero Dios lo ha determinado así y yo tengo gran gratitud a él por su misericordia y por su gracia para conmigo y mi familia.

En mi último viaje a la ciudad de Sullana visité por segunda vez la IEB Jesucristo Príncipe de Paz. Mi primera visita a esa congregación ocurrió el año pasado, para su 25 aniversario de fundación. En esta oportunidad, acudí para iniciar con ellos una escuela modular de crecimiento espiritual.

El pastor Rubén Córdova y Nélida, su esposa, fueron mis estudiantes cuando dictaba clases en el Seminario Bautista del Perú de Trujillo. Ellos tienen dos hijas: Brianna Abigail y Brenda Grabiela. Adjunto foto de la familia pastoral, para que la conozcan y la apoyen con sus oraciones.

Nélida, esposa del pastor Rubén, es hija del hermano Adislao Córdova, quien vive en Shatoja, Provincia del Dorado, Departamento de San Martín. Adislao vivía antes en Ochamé, Moyobamba, San Martín.

Hago mención de este dato porque conocí a Adislao en Ochamé cuando empecé a predicar el evangelio, luego de mi conversión. Enseñé en mis hermanos en Cristo de Ochamé entre 1988 y 1999.

Nélida nació entre aquellos años. Ella es creyente de segunda generación. Me gozo en la forma que Dios ha obrado hasta aquí en la familia de Adislao, lo cual es visible en la vida de su hija, quien hoy está sirviendo al Señor Jesucristo al lado de su esposo.

El trabajo del pastor Rubén es óptimo. Dios lo está usando y acrecentando a la congregación por su labor. El entusiasmo espiritual de nuestros hermanos en Cristo es estimulante y contagioso. En esta congregación hay niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Me alegró ver familias completas en la congregación.

El pastor Rubén hemos hablado de cómo ayudar a nuestros hermanos en su crecimiento espiritual. Mi visita es resultado de nuestro interés por la vida espiritual de la Iglesia en la que él sirve.

En esta visita hemos repasado el curso Vida Espiritual Personal. Participaron en el curso 25 hermanos inscritos, que recibieron material impreso, para repaso.

Las clases, sin embargo, las escucharon muchos hermanos más, porque toda la congregación fue invitada a participar del curso. Dios tocó mi corazón para edificación entre ellos. Su avidez por aprender era contagioso y estimulante.

Dios mediante, volveré a visitar la congregación dentro de tres o cuatro meses, ya que desarrollaremos con ellos el plan de capacitación que describo en esta mi página. https://segundorodriguez.com/capacitacion-biblica/

La presencia de Cristo entre nosotros al estar congregados estudiando la Biblia era evidente. Jesús está entre nosotros sus hijos cuando estamos congregados en su nombre.  dijo: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mateo 18:20).

Es una bendición grande que Cristo vive y está en su iglesia todos los días hasta el fin del mundo. Su presencia entre sus hijos y en sus hijos es por medio del Espíritu Santo que mora en todos quienes creemos en Jesús y le seguimos. (1 Corintios 6:19-20).

Mi experiencia entre los hermanos de la IEB Príncipe de Paz ratificó mi convicción de que congregar con los seguidores de Jesús es vital e indispensable para crecer y afirmar la comunión con nuestro Salvador; y para incrementar y fortalecer, también, el compañerismo y la amistad con nuestros hermanos en Cristo.

Estoy muy agradecido a Dios por el pastor Rubén y su pasión por servir en la evangelización de los no creyentes y en el perfeccionamiento de los hijos de Dios a la imagen de Cristo. Dios bendiga a su siervo y a su familia y prospere todo el trabajo que el pastor Rubén está haciendo en la congregación.

Estoy muy entusiasmo por serle útil a Dios siendo una ayuda a sus siervos y a su iglesia. Cooperen con nosotros con sus oraciones. Pidan en forma específica que Dios prospere en proyecto de capacitación para el crecimiento espiritual que hemos empezado en la congregación.

Dios ha animado mi alma al conocer un poco más al pastor Rubén y su familia, y también a la congregación a la que pastorea.

La obra de Dios requiere de más hombres y mujeres que quieran servir en ella como ya lo están haciendo el pastor Rubén y Nélida, su esposa. Ayudémosle con nuestras oraciones.

Termino esta crónica pidiéndole a Dios que envíe muchos más obreros a su mies, ya que la mies es mucha y la necesidad de obreros es grande. (Mateo 9:37-38).

Leer la Biblia cada día es hartamente beneficioso para conocer bien a Dios.

Una mujer adulta de unos 30 años estaba llorando desconsoladamente. Estaba en la vereda de una calle, con un sobre de carta abierta y un hoja en su mano. Había recibido una carta y la miraba y lloraba, y la miraba y lloraba.

Su tristeza y su desconsuelo eran conmovedores.

Un hombre elegantemente vestido, que también caminaba en la misma acera, se percató del llanto de la mujer, y se acercó a ella para consolarla, preguntándole del porqué de su llanto.

La mujer le explicó entre sollozos que acababa de recibir una carta de su familia y que no podía enterarse de lo que le decían porque no sabía leer.

El hombre cogió la carta que recibió la mujer y la miró, la miró y la miró. Tardó un buen rato mirando repetidamente la carta. Hasta que de repente, el hombre empezó a llorar muy amargamente.

La mujer, al verlo llorar, se angustió mucho más y le preguntó con desesperación: “¿Qué pasa con mi familia? ¿Ha muerto mi padre? ¿O mi madre? Por favor, dígame lo que sucede.”

El hombre la miró con frustración y le dijo con lágrimas en sus ojos: “Lloro porque yo tampoco sé leer y no puedo decirte lo que está escrito en la carta.”

Esta triste historia ilustra claramente que no saber leer es un gran mal. También ilustra lo opuesto: saber leer es un gran bien; y leer bien, muy bien, es un bien aun muchísimo mayor.

La lectura es crucial e indispensable para que conozcamos a Dios y a su voluntad para nosotros los seres humanos. Dios es comunicativo y se ha revelado a los hombres constantemente. El Antiguo y el Nuevo Testamento, que constituyen la Biblia, la palabra escrita de Dios, son la evidencia concreta de la revelación de Dios.

El Espíritu Santo, hablando por el escritor inspirado, resume la comunicación de Dios en la historia de la humanidad en este elocuente párrafo: “Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por los profetas. Y ahora, en estos últimos días no ha hablado por medio de su Hijo. Dios le prometió todo al Hijo como herencia y, mediante el Hijo, creo el Universo. El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su palabra. Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo.” (Hebreos 1:1-3. Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente).

Dios y su voluntad para con nosotros los seres humanos pecadores están expresados por escrito en la Biblia. De allí que saber leer es muy importante para conocer a Dios y para crecer en nuestra comprensión de él y de su buena voluntad.

La Biblia es un regalo de Dios para nosotros.

La Biblia es una evidencia concreta de que Dios quiere que lo conozcamos y lo entendamos.

Está escrito: “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.” (Jeremías 9:23-24. Santa Biblia, Reina Valera 1960 ).

Necesitamos leer la Biblia.

Y leer la Biblia en este tiempo no es tan complicado.

La gran mayoría de los seres humanos de este tiempo sabe leer gracias a la masificación de la alfabetización.

La Biblia asimismo es hoy en día bastante asequible gracias a la imprenta y a los teléfonos inteligentes.

Dios nos ha facilitado el camino para conocerlo y entenderlo.

La lectura simple y sencilla del texto bíblico es hartamente beneficioso. Dios se comunica clara y comprensiblemente por medio de lo que dijo y que está escrito en la Biblia.

La Biblia tiene poder inherente en sí misma.

La palabra de Dios que está en la Biblia tiene la capacidad de transformar para bien al ser humano que la lee. Repito, la Biblia tiene la capacidad de transformar para bien al ser humano que la lee.

Dios sabe muy bien cuán beneficioso es leer, leer, y leer su palabra.

Es por eso que le dio esta instrucción al Israel de la Biblia: “Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.” (Deuteronomio 17:17-20. Santa Biblia, Reina Valera 1960).

Este párrafo de Deuteronomio muestra al menos seis beneficios de la lectura pura y llana de escritura tal como está escrita: 1) Por la lectura de la biblia se aprende a temer a Jehová nuestro Dios, 2) Por la lectura de la Biblia se guarda todas las palabras escritas en ella, 3) Por la lectura de la Biblia se pone en práctica lo que está escrito en ella, 4) Por la lectura de la Biblia se crece en humildad y sencillez y se mantiene a raya al orgullo, 5) Por la lectura de la Biblia se vacuna uno contra la apostasía y el abandono de la voluntad de Dios, y 6) Por la lectura de la Biblia se allana el camino hacia la prosperidad de los emprendimientos aun a nuestros descendientes.

Aprovechemos que sabemos leer y leamos la Biblia cada día.

Acrecentemos nuestra habilidad de leer, leyendo repetidamente la Biblia, la palabra de Dios.

Transformemos nuestra carácter para bien por medio de la lectura simple y llana de la Escritura, que es viva, eficaz y suficientemente poderosa.

Preservemos el temor de Dios en las siguientes generaciones leyéndoles las Escrituras desde que son muy pequeños.

Preparemos el corazón de nuestros descendientes y de quienes nos rodean para que crean en Jesús y le sigan y sean salvos, leyéndoles la Biblia constantemente.

Mucha de la gente de las generaciones pasadas no sabían leer y por eso “no sabían” lo que Dios les decía en la Escritura. Ellos, como la mujer y el hombre de la historia de este escrito, tenían excusa. Nosotros, que sabemos leer, no la tenemos. ¡Qué Dios nos ayude a conocerlo y a entenderlo en Jesucristo Su Hijo por medio de la lectura simple y llana de la Biblia!

¡Cantemos mucho más a Dios, no menos!

Los cristianos se caracterizan por cantar. El canto a Dios, resaltando sus virtudes, sus verdades, sus obras, su voluntad y sus bendiciones, es parte de sus vidas, tanto cuando están solos, como cuando están en familia, o como cuando están en sus congregaciones.

Todo hijo de Dios por medio de Jesucristo va a cantar, sí o sí, es imposible que no lo haga. La Iglesia de Cristo se distingue por cantar. Sus reuniones están llenas de cánticos a Dios por medio de Jesucristo Su Hijo.

El canto a Dios es una evidencia de conocer a Dios y de estar impactados por él. David, quien es conocido como el dulce cantor de Israel, testifica su determinación de cantarle a Dios durante de toda su vida: “A Jehová cantaré en mi vida; a mi Dios cantaré salmos mientras viva” (Salmo 104:33).

¿Jesucristo y sus discípulos cantaban? Claro que sí. No hay muchos detalles, pero Mateo y Marcos testifican que cantaron “el himno”. Ellos cantaron “el himno” antes de emprender el camino al monte de los Olivos, después de cenar por última vez y previo a todos los acontecimientos que terminaron en su apresamiento, juicio, muerte, resurrección y ascensión a los cielos. (Mateo 26:30; Marcos 14:26).

El apóstol Pablo describió lo fundamental del canto y su rol edificador entre los cristianos con estas palabras: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” (Colosenses 3:16).

Pablo expresó, asimismo, que el discípulo de Cristo debe ser lleno del Espíritu Santo, para que puede expresarse con cánticos en su intimidad personal con Dios y en su interacción con sus hermanos cuando está entre ellos. (Efesios 5:18-20).

Mucho del crecimiento espiritual de la iglesia está determinado por el canto congregacional.

Dios bendice y hacer crecer al hombre nuevo de cada uno de sus hijos por medio de los cantos que se entonan en las reuniones de su pueblo.

La semana pasada me tocó enseñar en la IEB El Buen Pastor de Virú. Allí fui impactado por el canto de mis hermanos. ¡Cantamos nueve himnos en total! Los himnos tenían doctrina bíblica, edificación y desafío para todos nosotros.

Los himnos que cantamos fueron todos estos: Digno de todo honor, A nuestro Padre Dios, ¡Cuán grande es él!, Jesús es mi rey soberano, Cristo mi íntimo amigo, No cambiará, Tierra de Palestina, Mi anhelo eres tú, Necesito tu presencia y Anhelo trabajar para el Señor. (Adjunto dos fotos con la letra de los himnos cantados durante el servicio).

Nuestros pensamientos y emociones fueron afirmados en la fe en Cristo Jesús por medio de estos preciosos himnos.

Mi experiencia en Virú me hizo reflexionar en el valor del tiempo de cánticos en las congregaciones. Necesitamos cantar más, no menos.

Sé que vivimos en un mundo que quiere absorver las veinticuatro horas de cada uno de los días de nuestra semana con sus muchas demandas, pero eso no implica que tengamos que acortar el tiempo que dedicamos a cantar en nuestra vida diaria ni al reunirnos como iglesia.

Nuestro Dios quiere que cantemos.

Él quiere oírnos entonar sus virtudes, sus obras y sus verdades por medio de nuestras alabanzas. Él, asimismo, quiere que nosotros crezcamos y nos edifiquemos mutuamente cada vez que cantamos sobre él y sobre su salvación. Esforcémonos en cantar más y mejor cada vez que nos congregamos. ¡Qué Dios nos ayude en este esfuerzo acrecentador!

El impacto por los nueve himnos que entonamos en la congregación de Virú sigue retumbando en mi mente y mi corazón. Mis hermanos en Cristo cantaron cada himno con entusiasmo y convicción. Dios fortaleció mi fe por medio de los himnos que eligieron para aquella reunión.

Cuando me tocó mi parte, que fue predicar la palabra de Dios, dediqué un momento para felicitar al dirigente y a toda la congregación por edificar y animar mi vida espiritual por medio del tiempo de alabanza.

Cantar junto a mis hermanos de la IEB El Buen Pastor de Virú fue una brisa de grande aliento para mi corazón.

Escribo este testimonio y lo publicó porque he notado una disminución del momento de cánticos en varias de la congregaciones que he visitado. No es bueno que cantemos poco. Necesitamos cantar mucho más al congregarnos. ¡Hagámoslo!

Oremos encarecidamente por los obreros del Señor, ¡lo necesitan!

Los ministros evangélicos son personas claves en el plan de Dios. Ellos, por la voluntad de Dios, son los responsables de enseñar y predicar la palabra de Dios, la Biblia. De su trabajo depende el crecimiento de cada hijo de Dios, la edificación de la iglesia y la salvación de los perdidos. De su ministerio depende, asimismo, la fidelidad y la pureza de la verdad divina. ¡Su labor es trascendental!

Las iglesias y los hijos de Dios, por tanto, tenemos que interceder siempre por los maestros, pastores, misioneros y evangelistas y sus familias. Nuestra oración constante a favor de los ministros de la palabra de Dios y sus familias es la voluntad de Dios para nosotros.

Pero Dios no solamente nos da la carga y el desafío de orar por los ministros del evangelio, él también nos instruye sobre qué es lo que tenemos que pedir por ellos.

Nuestros ruegos y peticiones por los que presiden y apacientas las iglesias tienen que ser específicas y bíblicas. Nuestra intercesión a favor de los obreros y siervos de Dios tiene que estar respaldada por la palabra de Dios. ¡Es imprescindible que así sea!

La Biblia, gracias a Dios, no nos deja a oscuras respecto a qué es lo que debemos pedir a favor de los obreros del Señor de la mies. Ella nos instruye y nos da mandatos específicos respecto a qué pedirle a Dios por ellos.

En esta nota compartiré textos bíblicos con peticiones específicas para interceder por los obreros de Dios.

  1. Que tengan valentía para hablar la palabra de Dios. “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:29). La predicación del evangelio y la enseñanza de la palabra de Dios se realiza, muchas veces, en un contexto de oposición y de violencia verbal, física y “legal”. El diablo y el mundo opuesto a Dios no toleran que Jesucristo sea creído, seguido, obedecido, adorado y esperado. Los obreros de Dios son humanos y también tienen miedo. De allí que es crucial pedirle a Dios que los haga valientes y apasionados para hablar y testificar de Jesucristo.
  2. Que Dios respalde todo su trabajo. “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hechos 14:23). Los obreros y siervos de Dios hablan en nombre de Dios y necesitan que Dios los empodere y respalde al cumplir su tarea. Nosotros los ayudaremos mucho si pedimos siempre que Dios esté presente en sus vidas personales, familiares y ministeriales. El respaldo divino sobre ellos tiene que ser notorio, evidente. Todos quienes los oímos, vemos y seguimos tenemos que “experimentar” con nuestros sentidos externos e internos que Dios está con ellos en todo lo que hacen.
  3. Que sean librados de los rebeldes y de los que se oponen a evangelio. “Pero os ruego hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios, para que sea librado de los rebeldes que están en Judea, …” (Romanos 15:30-31a) (2 Tesalonicenses 3:2). En este mundo hay gente mala, muy mala, “irredimible”. “La fe no es de todos”, no porque Dios no quiere que lo sea, sino porque no todos la quieren … aun cuando está a su alcance. Esta gente hace sus maldades a todos, también a los predicadores. La maldad de estos hombres puede ser oral, escrita, física y hasta mortal. Los ladrones, extorsionadores, asesinos y terroristas no se detienen ante nadie y los siervos de Dios no están inmunes a ellos. La violencia, ya política o ya religiosa también afecta a a todos los hijos de Dios y los ministros del evangelio no están exceptuados. Necesitamos orar por ellos y sus familias para que no sean dañados por los delincuentes ni por quienes odian al evangelio y quienes lo predican y enseñan.
  4. Que su trabajo ministerial sea aceptado por Dios y su iglesia. “… y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta; …” (Romanos 15:31b). La ofrenda de los ministros a los santos hoy es lo que hacen para ellos. Sus mensajes, sus predicaciones, sus consejos, sus correcciones, sus visitas y todo lo que realizan para el crecimiento de los hijos de Dios en Cristo son “su ofrenda” a ellos. Esta “ofrenda” es preparada con amor y trabajo árduo. Si la congregación no acepta ni recibe esta “ofrenda” o la rechaza, el ánimo y la pasión de los siervos de Dios disminuye. Los obreros son humanos, como todos, y se desalientan. Un predicador desalentado no tiene fuerza, ni gozo, ni ganas. La congregación tiene que recibir con entusiamo lo que quienes los conducen han preparado para ellos. Todos necesitamos valorar el trabajo que realizan lo obreros del Señor y recibir y aceptar con gozo lo que ellos hacen para y por nosotros es indispensable. ¡Qué Dios nos ayude a rogar a para que el trabajo de los siervos de Dios sea aceptado y recibido con entusiasmo por las congregaciones en las que sirven! Amén.
  5. Que sus viajes ministeriales sean prósperos. “… para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros” (Romanos 15:32) (Hebreos 13:18-19). Para llevar el evangelio y enseñar la palabra de Dios hay que salir de donde se vive. Mucho del trabajo de los siervos de Dios se realiza fuera de su casa, de su barrio, de su ciudad, de su provincia y de su país. Los viajes son parte de la vida de los obreros. Al viajar, ellos corren peligros. Pueden ocurrir muchas cosas tanto al ir como al volver. Rogarle a Dios para ellos vayan, lleguen, cumplan su labor y retornen en paz y con alegría es muy importante. ¡Hagámoslo, no solamente por ellos, sino también por sus familias, que los están esperando!
  6. Que reciba las palabras adecuadas para comunicar el evangelio con claridad y en forma entendible. “Y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar” (Efesios 6:19-20). Mucho del trabajo que realizan los siervos de Dios es verbal. Ellos tienen que hablar clara, amena, comprensible y poderosamente. Sus enseñanzas requieren convición, certidumbre. El evangelio tiene que salir de sus bocas con poder y valentía. Pablo sabía lo crucial que es hablar apropiadamente el mensaje de Dios. Nosotros habemos mucho bien a la obra de Dios si es que pedimos que los obreros de Dios reciban de él las palabras y el poder que necesitan al predicar y enseñar.
  7. Que se les presente oportunidades óptimas de predicación de la palabra de Dios. “Orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar” (Colosenses 4:3-4). Aunque el evangelio tiene que ser predicado a toda criatura y a todo el mundo, no todos quieren oír o no todos están listos para escuchar. Las personas están en sus propios asuntos sin “ver” el peligro en el que se encuentran. Dios tiene que obrar en ellos para que se interesen por sus almas y por su condición ante él. Por eso, al interceder por los ministros, tenemos que pedirle a Dios que les abra puertas para que prediquen el evangelio a quienes están preparados para escucharlo. Dios es el interesado principal de la salvación de los pecadores y es él mismo quien mueve a sus siervos a donde él quiere que vayan. Oremos a Dios, entonces, para que dé a sus siervos oportunidades óptimas para predicar y testificar el evangelio de Cristo.
  8. Que su predicación del evangelio tenga resultados concretos verdaderos y firmes. “Por lo demás hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, …” (2 Tesalonicenses 3:1). Los predicadores son como los sembradores, ellos quieren sembrar el evangelio en donde éste germina, crece y da fruto. Ellos se gozarán y tendrán muchísimo más ánimo si es que ven prosperar su trabajo para Dios. Los siervos de Dios predican y enseñan porque quieren ver más conversiones, más bautizados, más hermanos obedeciendo a Dios, más dedicación y más fervor por Dios y su obra. Si ellos ven que la palabra de Dios avanza y tiene fruto, se gozarán y su ánimo será muchísimo mayor. Necesitamos pedirle a Dios que el trabajo de los obreros del Señor tenga fruto a treinta, sesenta y a ciento por uno.
  9. Que siempre tengan buena conciencia y buena conducta al vivir en esta tierra. “Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo” (Hebreos 13:18). La buena salud espiritual personal de quienes dirigen la iglesia de Dios en este mundo es trascendental. Los que apacientan la grey tienen que estar bien con Dios, con su familia (esposa e hijos), con su congregación y con toda persona a su alrededor vivir y al hacer su trabajo. Su santidad y su perfeccionamiento espiritual es vital. Si ellos tienen carga por pecado interno o externo no vivirán ni ministrarán con entusiasmo. No es posible ningún trabajo espiritual con mala conciencia por pecado personal interno o externo, aun cuando nadie, excepto Dios y los obreros mismos, lo sepan. La mala conciencia quita poder, autoridad, convicción y pasión al enseñar, predicar, aconsejar o corregir a otros. Es indispensable que oremos por la vida privada e íntima de los que encabezan las iglesias del Señor Jesucristo. Pidámosle a Dios que ellos no tengan nada que no está corregido ni confesado. Roguemos que ellos no tengan nada de que avergonzarse. Es muy importante que así sea. Amén.
  10. Que cuando sean atacados por Satanás su fe no les falte y salgan así fortalecidos de ese ataque. “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32). No hay nada que desaliente más a los maestros, pastores, misioneros y evangelistas que el pecado, ya suyo, ya de su familia, ya se su equipo de trabajo o ya de los hermanos de su congregación. El pecado causa gran estrago en todos los hijos de Dios. El daño es muchísimo más grande cuando el pecado es del obrero de Dios o de la familia suya. El diablo sabe esto último y por eso es que tienta continuamente a los obreros y a sus familias. Mantener en nuestros ruegos a los ministros y sus familias es importantísimo. ¡La obra de Dios sufre mucho cuando los siervos de Dios o sus familias pecan gravemente! ¡El desaliento, el desánimo, la falta de fuerzas son horribles en momentos así! ¡La fe y la confianza en Dios y en su obra y en sus promesas se debilitan peligrosa y terriblemente en esos momentos! Jesucristo lo sabía y es por eso que no dejó de interceder por sus discípulos cuando pecaron contra él, negándolo y abandonándolo. Hagamos lo mismo nosotros cuando el pecado hiera a los siervos de Dios y sus familias, ¡pidámosle a Dios que su fe no les falte! Amén. ¡Qué Dios nos ayude a orar diariamente por las familias de quienes conducen la grey y la obra de Dios en este mundo!
  11. Que sepan edificar hogares ejemplares. “Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, … que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Timoteo 3:2, 4-5). La familia está bajo ataque. El diablo tiene por objetivo la perversión y la destrucción de la familia como institución divina. El hogar de los hijos de Dios no está exceptuado del asedio del maligno, y el hogar de los siervos de Dios, muchísimo menos. El diablo y el mundo, que se oponen a Dios y a su obra, saben que detendrán y perturbarán el evance del evangelio si dañan la familia de los ministros de la palabra. Por tanto, la iglesia tiene que rogar por ellos y sus familias. Es muy importante interceder, interceder e interceder por la estabilidad, el crecimiento y el perfeccionamiento de los siervos de Dios y sus familias.
  12. Que tengan buen testimonio para con los no creyentes que rodean su hogar. “También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:7). Los obreros del Señor y sus familias, al igual que todos los hijos de Dios, viven inmersos entre inconversos. Los inconversos siempre los están observando. Su modo de vivir y todos sus actos están en el escaparate público todo el tiempo. Sus buenas obras son clave para la difusión del evangelio y para que sean muchos más los que vienen a Cristo. Lo contrario también es cierto, si es que ellos viven y hacen mal. Su mal testimonio estorbará y hará tropezar a los no creyentes y también a las ya creyentes. Orar por el buen testimonio de los ministros del evangelio entre los que viven a su alrededor, por tanto, es vital. ¡Hagámoslo!
  13. Que tengan la intercesión constante y fiel de todos aquellos a quienes ministran. “Hermanos, orad por nosotros” (1 Tesalonicenses 5:25). “Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, en que hacéis y haréis lo que os hemos mandado” (2 Tesalonicenses 3:4). Pablo pedía oración a los hermanos y confiaba en que ellos escucharían su pedido y orarían por él y su equipo de trabajo. Los ministros del evangelio deben hacer esta petición a las congregaciones de Cristo. La intercesión del pueblo de Dios es vital. Los siervos de Dios que saben que sus hermanos en Cristo los tienen en sus oraciones cumplen su trabajo con confianza y mayor tranquilidad. ¡Dios bendiga a sus obreros con congregaciones que constantemente oran por ellos ante Dios!

Seguramente hay muchas otras peticiones específicas y bíblicas a favor de todos los que son ministros del evangelio. Empero, los motivos alistados son, según el Espíritu Santo que inspiró lo que está escrito en la Biblia, trascendentales y demasiado importantes como para pasarlos por alto.

En consecuencia, considero que los ministros del evangelio que tienen iglesias que oran a su favor fiel y fervorosamente estos principales motivos, son bienaventurados y los más propensos al éxito ministerial, que aquellos que no tienen tal privilegio y escudo.

Este artículo ha sido escrito para que los hermanos en Cristo y todas las iglesias oren, oren … y oren estas peticiones fielmente a favor de quien los apacientan.

Necesitamos orar por los siervos de Dios y sus familias cada vez que Dios los traiga a nuestras mentes. ¡Es imprescindible!

Finalizo esta nota con la confianza en que Dios hará que sus iglesias y cada uno de sus hijos orarán por los ministros del evangelio conforme a lo aquí enseñado.

Dios quiere que oremos por los ministros del evangelio y los ministros mismos nos piden encarecidamente que lo hagamos: “Hermanos, orad por nosotros” (1 Tesalonicenses 5:25).

¡Qué Dios bendiga a los ministros del evangelio con congregaciones y hermanos fieles que oran, oran y oran estos motivos y ruegos bíblicos!

Amén, amén … y amén.

Los discípulos de Jesucristo y los “ríos de agua viva” de su “interior”.

Las palabras de Jesús en Juan 7:37-39 son poderosas, muy poderosas.

Hay enseñanza clara y contundente sobre la realidad y las obras de la vida espiritual para todo aquel que tiene oídos para oír y ojos para ver.

Jesús dijo: “… Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38).

“La sed” es la falta de Dios en nuestra vida, es decir, sin en él en y con nosotros, nos falta vida espiritual y satisfacción espiritual… ¡estamos sedientos! Siempre, siempre tenemos “sed”. Nuestra alma no se sacia. Nuestro corazón está hambriento y no hay nada que lo satisfaga.

“Venir a Cristo” es creer en él y seguirle de todo corazón, reconociéndole como el Mesías, el Hijo de Dios, el único salvador del mundo, y el único que sacia eterna, continua y permanentemente la sed de nuestra alma.

Una vez que creemos en Jesús y le seguimos de todo corazón, en consecuencia, “bebemos” de él, quien es “el agua de vida”. Al “beber” de él somos saciados, ya no tenemos sed espiritual…  ¡estamos saciados! … ¡Nuestra sed “desaparece”: ya no hay sed espiritual alguna!

¡Jesucristo nos ha saciado al creer en él y seguirle!

Pero esa satisfacción espiritual, ese saciar, que ocurrió en nuestro interior y que es la vida espiritual que nos ha sido dada por el Espíritu Santo (Juan 7:39) al creer en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador: no se queda allí, sino que al llenarnos e inundarnos a nosotros, primero, fluye y se expresa fuera de nosotros, a otros, y a otros. Es por eso que Jesús afirma que, del interior del creyente, “… correrán ríos de agua viva”.

“Los ríos de agua viva”, que es la vida espiritual que experimentamos al creer en Jesús, no se queda en nosotros y con nosotros, que hemos creído, sino que empieza a fluir desde nuestro corazón, y a expresarse, y a “empapar” todo nuestro ser y todo ámbito de la vida que vivimos en esta tierra.

El fluir de la Vida Espiritual Personal que experimentamos al creer en Jesús es lógico y “natural”. Los manantiales de agua, que originan los ríos, que irrigan y hacen florecer y acrecentar la vida por todo lugar por el que van corriendo y empapando son el ejemplo perfecto para ilustrar el claro efecto de la vida espiritual que Dios nos da por medio de Jesucristo, Su Hijo, nuestro Señor y Salvador.

Dios nos da de su vida por medio del Espíritu Santo al creer en Jesús.

Esta su vida eterna, que es propia solamente de Dios, nos es dada por Jesús Su Hijo. Jesús es el Único al que Dios le ha concedido el poder de conceder la vida suya a quienes creen él y le siguen.

Él le dijo esto a la mujer samaritana cuando habló con ella en el pozo de Jacob, en la ciudad Sicar: “… Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4:13-14).

Todos tenemos que acudir a Jesús para que “bebamos” agua de vida.

La mujer samaritana le pidió a Jesús “su agua” y eso mismo debemos hacer nosotros todos.

Pero volvamos a Juan 7:37-39 para ver cómo se manifiesta la vida espiritual que produce el Espíritu Santo en nosotros y desde nosotros. En el texto en mención, la realidad y el obrar de la vida espiritual en y desde todos aquellos que hemos creídos se “ve” en la imagen de “ríos de agua viva”.

Esta vida espiritual impacta toda nuestra vida personal en relación a Dios, primero. Dios empieza a ser indispensable en nuestras vidas. En consecuencia, todos nuestros pensamientos, motivos, emociones, acciones y voluntad son totalmente transformadas hacia Dios. Nosotros somos hechos nuevas criaturas e hijo de Dios. Eso

Pero la vida espiritual que nos transforma y sacia totalmente a nosotros no queda allí, sino que al empaparnos, empieza a fluir fuera de nosotros e impacta positivamente en nuestra vida familiar, ya que vivimos en ella, entre ella y con ella. Son nuestros familiares (padres, hermanos, esposa, hijos, etc, etc.) los primeros en ser irrigados por la vida nueva que Dios no da al empezar a seguir a Jesucristo.

La vida espiritual sale, asimismo, del ámbito familiar e impacta a nuestros hermanos en Cristo, que son la iglesia del Dios Viviente, la congregación de los santos, el Cuerpo de Jesucristo. Los discípulos de Jesucristo están ligados a la iglesia de Cristo porque son miembros de ella. Gran parte de sus vidas en esta tierra transcurren en, con y por la iglesia. Jesucristo lo ha decidido así y es por eso que el Espíritu Santo sumerge e integra a los creyentes en él en la iglesia. La congregación en general y cada miembro en particular recibe y da vida espiritual a todo aquel que ha creído en Jesús. La iglesia del Dios viviente es empapada espiritualmente por la vida que el Espíritu Santo le da a sus miembros.

Así, la vida espiritual sigue imparablemente su rumbo e impacta también nuestra vida en nuestro barrio, comunidad y pueblo. La vida espiritual influye y afecta también al país al que pertenecemos y al mundo en el que vivimos. Nuestra luz, que es la luz de Jesucristo, alumbra a este nuestro entorno con la verdad y los principios y valores que Dios nos revelado en la Biblia, su palabra escrita. Nuestro modo de vivir y de obrar no que oculto y es por eso que todos quienes se relacionan con nosotros los ven. Todo nuestro entorno en bendecido espiritualmente por Dios por medio de nosotros.

“Los ríos de agua”, que empezaron “a correr” desde nuestro “interior”, irrigaron e impartieron “el agua de vida”, que es Jesús y su salvación, a toda persona en todo ámbito en el que nosotros nos hemos desenvuelto.

Finalmente, y para terminar este cuadro a partir de “los ríos de agua viva”, tenemos que expresar que este fluir de la vida espiritual obrada por Espíritu Santo en y partir de nuestro interior, es hecho y vivido desde la perspectiva del futuro y la eternidad que Dios nos enseña en Su Palabra, la Biblia. Porque los cristianos somos conscientes que estamos en esta tierra por breve tiempo. Nosotros sabemos que el futuro y la eternidad están viniendo para nosotros, y que son buenos; porque Dios terminará su obra salvadora y nos transformará en personas a la imagen de Jesucristo Su Hijo (1 Juan 3:1-3).

El futuro y la eternidad no asustan a los hijos de Dios. Nosotros sabemos que viviremos en “cielos nuevos y tierra nueva en los que mora la justicia” (2 Pedro 3). Para quienes creemos y seguimos a Jesucristo ni el futuro ni la eternidad nos son inciertos. Nuestra vida toda está escondida en Jesucristo y anhelamos que él venga y manifieste la obra que empezó en nosotros el día que creímos en él y acudimos a “beber” de él para satisfacer nuestra sed espiritual.

La imagen que presentó Jesucristo en Juan 7:38 respecto a la vida espiritual en nosotros sus seguidores es poderosa y claramente comprensible. Es fácil darse cuenta del irradiar “natural” y lógico de la vida que Dios nos da en Cristo Jesús.

Si ya has creído en Jesús, alégrate y gózate por la vida espiritual que Dios te ha dado por medio de Jesucristo.

Si ya estás siguiendo a Jesucristo, afírmate en tu vida espiritual y fortalécela y acreciéntela cada día de tu vida en esta tierra.

Pero si todavía no has creído en Jesucristo ni le estás siguiendo, no continúes en esa condición. Jesucristo aún sigue invitándote a recibir su vida espiritual en el interior de tu ser. Sus palabras a ti, son estas: “… si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38).

Imita a la mujer samaritana, háblale a Jesús en oración y pídele la vida eterna. Jesús te la dará. Esta es la forma en la que la mujer samaritana le solicitó vida eterna a Jesús: “… Señor, dame esa agua, para que no tenga sed, ni venga aquí a sacarla” (Juan 4:15). No demores, ¡pídele a Jesucristo su agua de vida ya! Amén.

Los resúmenes, un método de enseñanza clave para apresurar y afirmar el conocimiento bíblico en los discípulos de Jesucristo.

Los resúmenes son un método de enseñanza vital para acrecentar y afirmar el conocimiento bíblico en los discípulos de Jesucristo a fin de que proclamen el evangelio con convicción y valentía.

Dios se ha revelado a los hombres siempre.

La narración bíblica testifica ese hecho en todos sus relatos. Dios quiere que todos los seres humanos conozcan su persona, sus obras, sus deseos, su voluntad y sus recompensas.

Todo lo que Dios quiere que nosotros sepamos está en la Biblia, la palabra escrita de Dios. En todo lo que quiere que sepamos hay un mensaje básico de Dios a nosotros, los seres humanos. Este es su mensaje: Yo soy Dios, vuestro creador y sustentador, que quiero constante y continuamente vuestro bien, compañerismo, obediencia y adoración.

Este mensaje básico está en el contexto de la libertad de los seres humanos de creer y seguir o no la voluntad de Dios para con ellos (los hombres en su mayoría decidieron no seguir la voluntad de Dios). El mensaje, asimismo, se enmarca en la misericordia y los actos de Dios para cumplir con esa su buena voluntad para con nosotros.

Como Dios se revela en el tiempo y en el espacio, y él es eterno y nosotros no, él ha repetido su voluntad para con nosotros en cada generación. La Biblia es justamente el testimonio viviente de cómo él se ha manifestado y de cómo Dios cumple y cumplirá su objetivo de vivir con los seres humanos eternamente al final del mucho presente.

Apocalipsis 21:4 afirma claramente que Dios vivirá con los hombres y entre los hombres cuando este mundo llegue a su final y sea cambiado por otro, que será nuevo, eterno y sin ningún tipo de mal.

El mensaje de Dios se resume y se repite continuamente a través de toda la Biblia. La evidencia de resúmenes de hechos bíblicos precedentes son notorios en los siguientes libros:

El libro de Deuteronomio resume el mensaje básico de la Biblia desde el Génesis hasta el libro de Números.

El primer y el segundo libro de Crónicas sintetizan la información clave de los sucesos biblicos desde Adán y Eva hasta el retorno de israel a la tierra prometida después de los 70 años de cautiverio.

El libro de Mateo y el libro de Lucas hacen una sintesis de la revelación de Dios desde Adán hasta Jesucristo por medio de las geneaologías de personajes claves del Antiguo Testamento. (Mateo 1:1-17; Lucas 3:23-38).

Los resúmenes o los síntesis de los hechos cruciales de Dios en la  Biblia son vitales para nuestra edificación y para afirmar nuestras convicciones. Son vitales, asimismo, para difundirlos en forma rápica, clara, ordena y convincente a muchos más hombres y mujeres de este mundo.

Todos los que somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo estamos llamados a conocer bien el mensaje central de Dios en la Biblia para difundirlo por dondequiera que vayamos. En la Biblia tenemos varias personas que nos muestran que los resúmenes o los síntesis de la obra de Dios sí son posibles de enunciar si es que se ha aprendido bien lo que ella dice.

He aquí algunos de ellos:

Josué, antes de morir, hizo ante del pueblo de Israel un resumen de cómo Dios obró entre ellos desde Taré, padre de Abraham, hasta la conquista de la tierra prometida. (Josué 24:1-28).

Samuel, antes de “jubilarse” como profeta, dio un discurso en el que resumió cómo Israel se reveló contra Dios desde los días de Moisés y Aarón hasta cuando el pueblo desechó a Dios pidiendo que se le diese rey, el cual fue Saúl. (1 Samuel 12:5-25).

Esdras hizo un recuento de la rebeldía del pueblo y del trato misericordioso de Dios, desde la elección de Abram hasta la reedificación del templo luego de retornar a la tierra prometida después de los 70 años de cautiverio. (Nehemías 9:6-38).

Esteban, antes de ser apedreado por los judíos hasta morir, también hizo un recuento de la rebeldía de Israel desde cuando Dios se apareció a Abraham hasta la crucifixión de Jesucristo. (Hechos 7:1-60).

La predicación del evangelio incluso, no es sino un resumen de cómo Dios ha obrado en la historia de la humanidad por medio de Jesucristo para salvar a los pecadores. Solo tenemos que repasar los mensajes evangélicos de Pedro (Hechos 2:14-42) y de Pablo (Hechos 17:22-33) en el libro de Hechos para confirmarlo.

Es imprescindible, por tanto, enseñarle a los hijos de Dios el mensaje de la Biblia por medio de resúmenes. Nuestros hermanos en Cristo necesitan conocer la voluntad de Dios expresada reiteradamente en la Biblia en forma sintética, clara y ordenada.

Todos los seguidores de Cristo tenemos que ser testigos suyos y predicar su evangelio a toda criatura, a todas las naciones y por todo el mundo (Hechos 8:4). Para que todos podamos hacerlo, necesitamos ser capaces de sintetizar en pocas palabras y en forma coherente y ordenada este bendito mensaje salvación, que es la historia de cómo Dios salva al pecador por medio de Jesucristo, Su Hijo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

¡Qué Dios nos ayude a proclamar el evangelio de Cristo y su salvación por medio de un resumen completo, claro, coherente y poderoso a muchas más gente y en más lugares! Amén y amén.

Iglesia Bautista Tesalónica, Miramar, Alto Moche, Trujillo.

Conocí una congregación nueva en mi ciudad este último fin de semana. Esta congregación está ubicada en Miramar, Alto Moche, Trujillo. Miramar es un centro poblado desde donde se puede contemplar el Océano Pacífico, a la altura de la costa de Salaverry.

Nunca antes había estado en esa parte de mi ciudad. Esa zona era un desierto de arena hasta hace unos veinte años atrás. Ahora hay una gran población afirmándose y acrecentándose en Miramar.

Gracias a Dios, el evangelio de Cristo también se proclama allí.

Betel, la congregación en la que soy miembro, ha contribuido y contribuye con la difusión del evangelio en Miramar. Nuestro pastor gestionó para que visitase y enseñase a nuestros hermanos en Cristo de ese lugar.

Dios alienta mi alma cada vez que conozco una nueva congregación y conocer a los hermanos de la Iglesia Bautista Tesalónica, en Miramar, Alto Moche, Trujillo, me ha animado y llenado de gozo.

Mi corazón se regocijó con el entusiasmo, el conocimiento bíblico, el gozo al cantarle a Dios, la atención a la exposición a la palabra de Dios y la amabilidad de los hermanos para conmigo.

Ellos son sencillos, fervorosos y hospitalarios.

Los hermanos se reúnen en el terreno de uno de los discípulos de la congregación. En ese terreno nuestro hermano está construyendo su casa y es en uno de los ambientes que se realizan las reuniones.

La zona está bastante poblada y es una gran cosa que existan iglesias de nuestro Señor Jesucristo allí. La luz del evangelio de Cristo debe alumbrar todo lugar en el que habitan seres humanos.

Ruego sus oraciones por esta iglesia de Dios en Miramar. Pidámosle a Dios que se mantengan firmes y crecientes en Cristo y en su obra de salvación a favor de todos los pecadores.

El nombre Tesalónica es un desafío tremendo para la congregación.

La iglesia de Tesalónica en la Biblia es una iglesia ejemplar. Pablo la alabó por cómo imitaron a los apóstoles y al Señor, por cómo recibieron la palabra de Dios con el gozo del Espíritu y por cómo es que fueron un ejemplo a los creyentes de aquel tiempo … y de todos los tiempos.

La congregación bíblica se convirtió de los ídolos al Dios vivo y verdadero por medio de Jesucristo para servirle, adorarle y proclamarle en Macedonia y en todo Acaya. Su vida y su trabajo para el Señor Jesucristo son un reto que la iglesia Tesalónica en Miramar tiene que emular en su zona y en todo lugar a donde nuestro Dios los conduzca.

Dios fortaleció mi fe y me hizo recordar mi llamado a ser testigo suyo en todo lugar a donde él me lleva mientras estaba congregado con los hermanos de Tesalónica. Disfruté y crecí enseñando la palabra de Dios a mis hermanos de esa pequeña congregación. Enseñar la Biblia es un privilegio y una responsabilidad grande que Dios me concedió cuando me salvó por su gracia por medio de Jesucristo Su Hijo y estoy bendecido por eso.

Dios me habló por su palabra junto a los hermanos de Tesalónica de Miramar y fortaleció mi fe en Cristo al hacerme pensar en la ejemplar iglesia de Tesalónica, cuyo testimonio está en el Nuevo Testamento, en las dos epístolas que Pablo les escribió.

Termino este testimonio expresando mi anhelo de que la iglesia Tesalónica de Miramar y yo, encarnemos y reflejemos en nuestras vidas el carácter, la fe, la obra, el amor y la constancia que caracterizó a la iglesia de Tesalónica que está en el Nuevo Testamento. 

“… ACORDÁNDONOS SIN CESAR DELANTE DEL DIOS Y PADRE NUESTRO DE LA OBRA DE VUESTRA FE, DEL TRABAJO DE VUESTRO AMOR Y DE VUESTRA CONSTANCIA EN LA ESPERANZA EN NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.”

1 TESALONICENSES 1:3.

¡Dios nos ama … a lo pecadores!

Dios es amor.

El amor es su esencia, su naturaleza.

No existe ningún gesto ni acción divina que no estén impregnadas por su esencia, el amor.

El amor de Dios es el atributo divino que me atrapa, me conmueve, me impresiona y me persuade.

Al principio, cuando me acerqué a Dios por medio de Jesucristo, me acerqué por mi vacío, por mi frustración existencial y por mi anhelo de cambio, de transformación. Yo estaba cansado de vivir como vivía, y quería una vida nueva … y Dios me la ha dado.

Así fue cuando me acerqué a Dios, ahora, sin embargo, después de los años, y de mi estudio de la Biblia, y del conocimiento de mí mismo (en especial, de mi condición pecaminosa), me quedo con Dios y continuaré con él hasta el fin, no solamente porque me dio vida nueva, sino porque me cautiva, me maravilla y me impulsa su amor, su grandioso, asombros e inefable amor.

El amor de Dios para con nosotros los seres humanos no tiene nada que ver con que haya algo especial en nosotros mismos. Todo el amor de Dios para con nosotros tiene que ver solamente con Dios. Su amor empezó cuando nosotros no existíamos siquiera; es por él que existimos; es él quien decidió crearnos y formarnos, conforme a su imagen y a su semejanza.

El amor de Dios se hace patente en toda nuestra historia, pues, a pesar de que nos revelamos contra él en Adán, nuestro padre; él no nos ha exterminado ni nos ha desaparecido de sobre la faz de la tierra. Al contrario, él no ha mantenido y nos mantiene en ella, y nos multiplica, y nos sustenta, y nos tiene paciencia, y nos soporta, y nos busca redentoramente todo el tiempo de nuestra vida en ella.

La evidencia cumbre del amor de Dios es lo que él hizo por medio de Jesucristo a favor de nosotros aun cuando somos pecadores. Su obra de amor está descrita muy claramente en los cuatro evangelios, que narran ciertísimamente quién es Jesús, qué es lo ha hecho, qué es lo que ofrece y qué es lo que pide de nosotros pecadores.

La escritura afirma que Dios amó tanto a los pecadores que envió a Jesucristo a esta tierra para buscarlos y salvarlos de sus pecados. Su venida, motivada por el amor de Dios, está expuesta por el propio Jesús en Juan 3:16. Sus palabras son más que sublimes: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Los cuatro evangelios del Nuevo Testamento son unánimes respecto a que Jesús sabía muy bien que su misión consistía en servir a la humanidad pecadora dando su vida en rescate por ella. En consecuencia, la traición de Judas y su entrega a las principales autoridades judías para ser condenado a muerte no fueron una sorpresa para él.

Tampoco lo dejaron perplejo sus sufrimientos a manos de las autoridades judías y el pueblo de Israel de ese entonces. Ni aun la muerte misma lo agarró “desprevenido”; lo que desconcertó a Jesús, humanamente hablando, fue “el abandono”, “el desamparo” de Dios.

Y es su clamor en su agonía en la cruz del Calvario la que confirma su desconcierto. Mateo testifica su clamor y estupor así: “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí. Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).

El “desamparo” de Dios a Jesús tiene su explicación en el amor de Dios por los pecadores. En la cruz del Calvario Jesús llevaba el pecado del mundo. Él tenía sobre sí el pecado de todos y cada uno de los seres humanos que han vivido, que viven y que vivirán hasta el fin de este mundo presente.

En la cruz, Dios hizo pecado a Jesús por nosotros. En aquel crucial instante, Jesús estaba padeciendo el castigo de nuestra paz.

Dios, por tanto, por amor a nosotros pecadores, estaba sacrificando a su amado Hijo, al único que nunca lo ofendió ni pecó contra él. Todo lo que hizo Dios y la forma que trató a Su Unigénito en la cruz, fue por amor a nosotros.

El mensaje de Romanos 5:8 sobre el amor de Dios es maravilloso e inigualable. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Estas palabras no necesitan explicación, sino gratitud, asombro, reverencia, adoración, consagración, amor, obediencia, lealtad, etc., etc.

Todo lo que ha hecho, hace y hará Dios por los seres humanos pecadores a través de Jesús Su Hijo, es por amor. Dios nos ama y nunca hay razón para dudarlo. Y si por una u otra razón nos viene la duda de que Dios nos ame, lo que tenemos que hacer es mirar a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador: Él es la evidencia indubitable y concreta de que Dios nos ama en una forma impresionante.

En consecuencia, y para terminar ya esta reflexión, los cristianos y el cristianismo bíblico somos una realidad por el amor de Dios y es por eso que nos debemos a su amor; nosotros somos cautivos del amor de Dios.

Los cristianos, por tanto, tenemos que amar y vivir  siempre amando como Dios ama. Nosotros no podemos anidar odio en nuestro ser. No es propio del Dios a quien servimos, ni de Cristo, quien se sacrificó por amor por nosotros.

El amor de Dios tiene que gobernar y dirigir todas nuestras relaciones personales, y todas nuestras acciones y reacciones. Dios y su amor son nuestro ejemplo y nuestra meta al vivir en esta tierra. Y Dios, para asegurarse de que así sea, ha derramado su amor en nuestros corazones.

Dios nos ha capacitado para vivir en su amor y por su amor. Está escrito: “… y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:5).

¡Siempre te estamos muy agradecidos, oh Dios, por amarnos en Cristo Jesús como nos amas!

¡Ayúdanos, oh Dios nuestro, a vivir en amor y por tu amor todos los días que nos des para vivir en esta tierra!

¡Enfoquémonos en la renovación de nuestro hombre interior!

El hombre exterior es el hombre en Adán, el hombre viejo, lo que somos como criaturas de Dios. De acuerdo a este bíblico, es hombre exterior se va “desgastando”.

La palabra desgastando viene del verbo desgastar, que significa “agotar o cansarse por uso excesivo o gran esfuerzo o estrés”.

La palabra desgastarse también puede ser reemplazada por “debilitarse”, “marchitarse”, “extenuarse”.

La palabra “desgastarse” describe muy bien lo que pasa con nuestro hombre exterior, el hombre físico, que fue creado por Dios del polvo de la tierra.

Este cuerpo tiene su étapa de apogeo, de efervecencia, de crecimiento. Esa étapa es maravillosa, y revosante, y llena de vigor y de energía.

Pero esa étapa culmina, se acaba. Y cuando se acaba, ese hombre exterior empieza a debilitarse, a marchitarse, a extenuarse, … a desgastarse.

Este proceso se complica con las enfermedades y con el paso de los años. Tal es así que a más enfermedades o más años, mayor desgaste y mayor extenuación y debilitamiento, hasta el día del final, que es cuando morimos.

El desgaste del hombre exterior es paulatino, y lento, pero fatal y dolorosamente eficaz.

Dios me ha hecho ver este desgaste en mí mismo, y en familiares, y en amigos, y en hermanos en Cristo.

Justo hoy mismo me impresionó ser testigo de cómo “el desgaste” del hombre exterior ha transformado en débil y marchito a un amigo antes fuerte y lozano.

El marchitamiento y debilitamiento del hombre exterior es doloroso, incómodo, frustrante, vergonzoso e imposible de evitar, frenar y curar.

Los cristianos, sin embargo, en razón de nuestra fe en Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación, recibimos de Dios al hombre “interior”, que es un hombre nuevo, “… creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24).

Este hombre interior, a diferencia del hombre exterior que se va desgastando, “… se renueva de día en día”.

La palabra “renueva” significa “hacer nuevo a algo”. Esto quiere decir que el hombre interior no “se deteriora ni se marchita”. Este hombre interior no deja de “transformarse” positivamente, y de crecer, y de fortalecerse.

Los cristianos vivimos estas dos realidades contradictorias entre sí. Tenemos, por un lado, al hombre exterior, debilitándose y muriéndose; y por el otro, al hombre interior, haciéndose nuevo, y vigorizándose, y regenerándose, más y más cada vez.

Los cristianos sí tenemos que tomar providencias para cuidar nuestro hombre exterior, pero no debemos afanarnos demasiado por él.

Nosotros tenemos que ocuparnos mucho más en el crecimiento de nuestro hombre interior porque ese es el hombre que vivirá eternamente al lado de Dios cuando Jesucristo venga por nosotros.

El hombre exterior se va a desgastar completamente, hasta morir y ser absorbido por la corrupción propia de la mortalidad. El hombre exterior no es el hombre que vivirá por la eternidad.

El hombre que vivirá por toda la eternidad es el hombre interior, que absoverá totalmente al hombre exterior hasta hacerlo desaparecer totalmente.

El apostol Pablo lo sabía y es por eso que escribió estas palabras: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.” (1 Corintios 15:53-54).

Yo no puedo evitar el desgaste, el marchitamiento, el debilitamiento de hombre exterior. Quisiera, pero me es imposible hacerlo. Pero esta imposibilidad no es solamente mía, sino de todos los seres humanos. Ninguno de nosotros los mortales puede evitar el desgaste de su hombre exterior.

No me tengo que afanar por eso entonces. No debemos gastar energía en lo que nos es imposible de evitar.

Lo que yo sí puedo y debo hacer, es aprovechar la energía y el vigor que todavía tiene mi hombre exterior para cultivar y acrecentar mi hombre interior, que es el que se renueva, se revigoriza y se transforma día a día.

El acrecentamiento del hombre interior que Dios me ha dado al creer y seguir a Jesucristo es el que me dará ánimo, fuerza y esperanza al vivir con el hombre exterior que se va desgastando.

¡Creamos y sigamos a Jesucristo! ¡Él nos dará al hombre interior que se renueva de día en día y viviremos con ánimo en el hombre exterior aunque se desgastando!

¡Crezcamos en nuestra fe en Jesucristo, si ya somos hijos de Dios, y fortalezcamos y acrecentemos nuestro hombre interior para que vivamos con gozo en esta tierra a pesar de los sufrimientos y el debilitamiento de nuestro hombre exterior!

Amén.