Leer la Biblia cada día es hartamente beneficioso para conocer bien a Dios.

Una mujer adulta de unos 30 años estaba llorando desconsoladamente. Estaba en la vereda de una calle, con un sobre de carta abierta y un hoja en su mano. Había recibido una carta y la miraba y lloraba, y la miraba y lloraba.

Su tristeza y su desconsuelo eran conmovedores.

Un hombre elegantemente vestido, que también caminaba en la misma acera, se percató del llanto de la mujer, y se acercó a ella para consolarla, preguntándole del porqué de su llanto.

La mujer le explicó entre sollozos que acababa de recibir una carta de su familia y que no podía enterarse de lo que le decían porque no sabía leer.

El hombre cogió la carta que recibió la mujer y la miró, la miró y la miró. Tardó un buen rato mirando repetidamente la carta. Hasta que de repente, el hombre empezó a llorar muy amargamente.

La mujer, al verlo llorar, se angustió mucho más y le preguntó con desesperación: “¿Qué pasa con mi familia? ¿Ha muerto mi padre? ¿O mi madre? Por favor, dígame lo que sucede.”

El hombre la miró con frustración y le dijo con lágrimas en sus ojos: “Lloro porque yo tampoco sé leer y no puedo decirte lo que está escrito en la carta.”

Esta triste historia ilustra claramente que no saber leer es un gran mal. También ilustra lo opuesto: saber leer es un gran bien; y leer bien, muy bien, es un bien aun muchísimo mayor.

La lectura es crucial e indispensable para que conozcamos a Dios y a su voluntad para nosotros los seres humanos. Dios es comunicativo y se ha revelado a los hombres constantemente. El Antiguo y el Nuevo Testamento, que constituyen la Biblia, la palabra escrita de Dios, son la evidencia concreta de la revelación de Dios.

El Espíritu Santo, hablando por el escritor inspirado, resume la comunicación de Dios en la historia de la humanidad en este elocuente párrafo: “Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por los profetas. Y ahora, en estos últimos días no ha hablado por medio de su Hijo. Dios le prometió todo al Hijo como herencia y, mediante el Hijo, creo el Universo. El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su palabra. Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo.” (Hebreos 1:1-3. Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente).

Dios y su voluntad para con nosotros los seres humanos pecadores están expresados por escrito en la Biblia. De allí que saber leer es muy importante para conocer a Dios y para crecer en nuestra comprensión de él y de su buena voluntad.

La Biblia es un regalo de Dios para nosotros.

La Biblia es una evidencia concreta de que Dios quiere que lo conozcamos y lo entendamos.

Está escrito: “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.” (Jeremías 9:23-24. Santa Biblia, Reina Valera 1960 ).

Necesitamos leer la Biblia.

Y leer la Biblia en este tiempo no es tan complicado.

La gran mayoría de los seres humanos de este tiempo sabe leer gracias a la masificación de la alfabetización.

La Biblia asimismo es hoy en día bastante asequible gracias a la imprenta y a los teléfonos inteligentes.

Dios nos ha facilitado el camino para conocerlo y entenderlo.

La lectura simple y sencilla del texto bíblico es hartamente beneficioso. Dios se comunica clara y comprensiblemente por medio de lo que dijo y que está escrito en la Biblia.

La Biblia tiene poder inherente en sí misma.

La palabra de Dios que está en la Biblia tiene la capacidad de transformar para bien al ser humano que la lee. Repito, la Biblia tiene la capacidad de transformar para bien al ser humano que la lee.

Dios sabe muy bien cuán beneficioso es leer, leer, y leer su palabra.

Es por eso que le dio esta instrucción al Israel de la Biblia: “Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.” (Deuteronomio 17:17-20. Santa Biblia, Reina Valera 1960).

Este párrafo de Deuteronomio muestra al menos seis beneficios de la lectura pura y llana de escritura tal como está escrita: 1) Por la lectura de la biblia se aprende a temer a Jehová nuestro Dios, 2) Por la lectura de la Biblia se guarda todas las palabras escritas en ella, 3) Por la lectura de la Biblia se pone en práctica lo que está escrito en ella, 4) Por la lectura de la Biblia se crece en humildad y sencillez y se mantiene a raya al orgullo, 5) Por la lectura de la Biblia se vacuna uno contra la apostasía y el abandono de la voluntad de Dios, y 6) Por la lectura de la Biblia se allana el camino hacia la prosperidad de los emprendimientos aun a nuestros descendientes.

Aprovechemos que sabemos leer y leamos la Biblia cada día.

Acrecentemos nuestra habilidad de leer, leyendo repetidamente la Biblia, la palabra de Dios.

Transformemos nuestra carácter para bien por medio de la lectura simple y llana de la Escritura, que es viva, eficaz y suficientemente poderosa.

Preservemos el temor de Dios en las siguientes generaciones leyéndoles las Escrituras desde que son muy pequeños.

Preparemos el corazón de nuestros descendientes y de quienes nos rodean para que crean en Jesús y le sigan y sean salvos, leyéndoles la Biblia constantemente.

Mucha de la gente de las generaciones pasadas no sabían leer y por eso “no sabían” lo que Dios les decía en la Escritura. Ellos, como la mujer y el hombre de la historia de este escrito, tenían excusa. Nosotros, que sabemos leer, no la tenemos. ¡Qué Dios nos ayude a conocerlo y a entenderlo en Jesucristo Su Hijo por medio de la lectura simple y llana de la Biblia!

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