Jesucristo nos divide: ¿O somos solo creación de Dios o somos también hijos de Dios?

Jesucristo divide a toda la humanidad en dos grupos bien diferenciados:

1) los que son suyos e hijos de Dios y

2) los que son suyos, pero que no son hijos de Dios.

No existe un punto neutro.

Él vino a esta tierra y estableció esta división desde el principio de su ministerio terrenal.

Somos nosotros quienes escogemos y decidimos nuestro lugar en esa división.

Examinemos esta realidad en Juan 1:11-13.

1. “Los suyos” no hijos de Dios son los que no creyeron en Jesús y no le siguieron.

“A lo suyo vino y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11).

El evangelista escribe sin ambigüedad.

Él expone la venida de Jesucristo -“A lo suyo vino …”- y el cómo fue rechazado por un sector de la humanidad del momento histórico en el que llegó -“… y los suyos no le recibieron”-.

No hay duda alguna en la declaración.

“Lo suyo” en el texto y en su contento cercano y amplio admite solamente dos únicas opciones:

La primera: “Lo suyo” es toda la creación y, en forma específica, el mundo, la tierra, en la que habitamos todos los seres humanos (Juan 1:3, 9-10). Este mundo, nuestro planeta, y todo lo que hay en él, es de Jesucristo porque él lo hizo y lo sostiene.

La segunda: “Lo suyo”, en forma mucho más especial y limitada, es la nación de Israel, el pueblo del pacto, a quien Jesús siempre dijo que fue enviado (Mateo 15:24).

Ahora necesitamos definir quienes son “… los suyos que no le recibieron”. El significado también se puede conocer con certeza por el contexto cercano y amplio del evangelio de Juan y de los otros tres evangelios.

“Los suyos que no recibieron a Jesús” son, en primer lugar, todos los ciudadanos judíos de su época. Tanto los que lo vieron como los que oyeron de él durante sus tres años de ministerio público. Estas personas “no recibieron” a Jesús como el Mesías, el Salvador del mundo.

Estas personas no creyeron en Jesús y es por eso que no lo siguieron.Todas estas personas, por tanto, no son hijos de Dios.

“Los suyos que no le recibieron” son, en segundo lugar, todos los seres humanos del mundo de la época en la se escribió el evangelio de Juan que no creyeron ni recibieron a Jesús como el hijo de Dios.

Toda esa gente, al igual que los judíos que rechazaron a Jesús en sus días de ministerio, no le recibieron a pesar de que escucharon claramente quién era él y qué es lo que había hecho a favor de la humanidad al morir y resucitar al tercer día.

El evangelista maneja “lo suyo” y “los suyos” de forma magistral. “Lo suyo” es el entorno que le pertenece por derecho de creación (su planeta / su nación); “los suyos” son los habitantes de ese mundo (toda la humanidad / los judíos). Como bien señaló en el versículo anterior, “el mundo no le conoció” (v. 10): lo que define la tragedia de “los suyos” es precisamente su acto personal de no conocer ni recibir al Dios hecho hombre.

Las expresiones bíblicas del evangelio de Juan sobre quienes no recibieron a Jesús, tanto de los judíos como de toda la humanidad, siguen siendo actuales porque hoy también hay muchos que “no conocen” (Juan 1:10) ni “reciben” (Juan 1:11) a Jesús como el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.

Es triste que la historia del rechazo a Jesús se repita día a día.

Es lamentable que haya gente que “no conoce” (no se relaciona, no le sigue) a Jesús a pesar de que escuchan de él.

Es trágico que existan personas que “no reciban” al Hijo de Dios aún cuando siempre se les anuncia de lo que él hizo a su favor.

Los que rechazan a Jesús se quedan, en consecuencia, en una posición de condenación eterna, pero no porque Dios no quiera salvarlos en Jesucristo Su Hijo, sino porque ellos mismos eligen esa condición.

Estas personas, ya judías o ya de cualquier otra nacionalidad, se quedan como no hijos de Dios y sufrirán las terribles consecuencias de sus menosprecio y su rechazo al Hijo de Dios.

2. Los suyos hijos de Dios por la autoridad de Dios son toda la humanidad que recibió, creyó y siguió a Jesús como Dios hecho hombre.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre; les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

La palabra es “mas” es una conjunción adversativa, que se usa para conceptos o circunstancias opuestas. En el versículo 11 el evangelista mostró con claridad como un sector de seres humanos “no recibió” a Jesús, Dios hecho Hombre (Juan 1:1, 14); y ahora, en el versículo 12, él mostrará que hubo seres humanos que sí recibieron y que sí creyeron en Jesús, y que fueron privilegiados, por lo tanto, con la bendición de ser hechos hijos De Dios.

La palabra “mas” introduce el hecho de que no todos cerraron sus ojos y sus corazones a Jesús y a las evidencias de que provenía de Dios y era Dios (Juan 1:1). Gracias a Dios, sí hubo gente que “recibió”, “creyó” y “siguió” al Hijo de Dios en aquel tiempo.

Todas las personas que recibieron y creyeron en Jesús fueron hechos hijos de Dios. Dios mismo les dio esa “potestad”. La palabra “potestad” (exousía: derecho, autoridad, privilegio legítimo) implica que Dios autorizó e hizo que estos hombres y mujeres fuesen hechos sus hijos.

Los que no recibieron a Jesucristo siguen siendo “lo suyo”, pero no son hijos de Dios. Dios no tiene comunión ni compañerismo con ellos.

Los que recibieron y creyeron en Jesús, sin embargo, sí son hijos de Dios. Dios les ha dado ese derecho y privilegio. Dios tiene una relación estrecha con ellos. Son sus hijos por causa de Jesucristo Su Hijo.

El versículo 13 certifica que el privilegio de ser hijos de Dios no es solo una cuestión legal, sino un hecho también un hecho espiritual que Dios obró directamente en el interior de quienes creyeron y recibieron a Jesús para hacerlos verdadera y realmente sus hijos.

El evangelista Juan expresó este maravilloso hecho divino, al que conocemos como nacer de nuevo o nuevo nacimiento, con estás precisas y preciosas palabras: “los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:13). Los que creen en Jesús son realmente hijos de Dios por haberlo recibido como quien en es él.

El hecho de ser hijos de Dios no es una obra planeada y realizada por seres humanos. Esto incluye también a quienes creen en Jesús y le siguen. La humanidad no ejecuta su nacimiento espiritual, es Dios mismo quien opera y materializa espiritualmente tal nacimiento. Los hijos de Dios por la fe en Jesús no realizan en ninguna manera ese su engendramiento. Es Dios mismo quien ejecuta el nuevo nacimiento.

Dios da este privilegio a toda persona que escucha sobre Jesús y su obra de salvación y cree en él y lo sigue. Dios quiere que toda la humanidad reciba a Jesús. Es por eso que ha ordenado a su iglesia que vaya por todo el mundo y predique el evangelio a toda criatura. Todo criatura tiene que aprovechar la oportunidad de ser hecho hijo De Dios.

Recuerda. Dios quiere y puede hacerte hijo suyo. Lo único que tienes que hacer es recibir y creer en Jesús de todo corazón. Hazlo hoy mismo. Recibe a Jesús. Aprovecha tu oportunidad de entrar a la familia de Dios como hijo suyo.

3. Ahora, al igual que en el periodo del Nuevo Testamento y en toda la historia post neotestamentaria, lo que determina que un ser humano creado por Dios reciba la potestad de ser hecho hijo de Dios es la fe en Jesucristo.

Jesucristo sigue dividiendo a la humanidad en estos dos grupos: Los que son hijos de Dios por recibirle y creer en él y los que no son sus hijos por no recibirle ni seguirle.

Es obvio que la división de la humanidad en estos dos grupos no es responsabilidad de Dios, sino de los seres humanos. Dios quiere que todos sean sus hijos, pero él no fuerza la fe ni la creencia de nadie. Es el ser humano el que decide su destino como hijo de Dios o como no hijo suyo.

Jesucristo sigue siendo anunciado como lo que la Biblia dice sobre él. Él es el Hijo de Dios que vino a esta tierra a salvar a los pecadores. Él se hizo hombre para dar su vida en rescate por todos. Él murió por nuestros pecados conforme a la Escritura. Él resucitó de entre los muertos al tercer día para nuestra justificación. Jesucristo está vivo y ofrece salvación y vida eterna a todo aquel que cree en él y lo sigue.

Es responsabilidad del hombre “recibir” y “creer” en Jesucristo. Si lo hace, Dios lo hace nacer de nuevo como su hijo, su verdadero hijo. Si no “recibe” ni “cree” en Jesús, Dios no lo hace su hijo, sino que lo deja en su condición humana perdida.

Es tiempo de finalizar.

La humanidad está dividida en dos por causa de Jesucristo.

Recibe y cree en Jesús para que Dios te haga su hijo. No desaproveches tu oportunidad y privilegio. Sigue a Jesús ya mismo y serás verdaderamente un hijo de Dios.

Si ya eres hijo de Dios porque ya has recibido y ya has creído en Jesús, enhorabuena. Gózate cada día y crece como hijo de Dios. Afirma tu fe y obedece a Jesús testificando su salvación a otros y viviendo cada día para él y su gloria.

 

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Mateo 25:41 Explicado: Para quién fue preparado realmente el lago de fuego.

El lago de fuego, el fuego eterno no fue hecho para la humanidad.

Jesucristo vino a este mundo para salvar a los pecadores. Dios ama a los hombres y no quiere su condenación, sino su salvación eterna. No se puede acusar a Dios de planear y de anhelar la condenación eterna de los seres humanos. La Biblia enseña que Dios quiere la salvación de todos los hombres. (1 Timoteo 2:3-6; 2Pedro 3:9).

El que quiere la condenación de los hombres y su destrucción es Satanás, quien se constituyó por sí mismo como enemigo de Dios. El Diablo vino para matar y destruir a los hombres. Él siempre está acechando a los cristianos para devorarlos. (Juan 10:10; Efesios 6:11; 1 Pedro 5:8).

El Diablo, en consecuencia, desde que pecó contra Dios, y sabiendo ya que su destino es el lago de fuego, acechó, acecha y acechará a la humanidad para llevarla hasta ese su lugar de condena.

El Diablo no quiere irse al lago de fuego solamente con sus ángeles; él también quiere a seres humanos allí.

Jesucristo, respecto al Diablo, a sus ángeles -demonios- y al fuego eterno o lago de fuego, dijo: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.” (San Mateo 25:41). Las palabras de nuestro Señor necesitan leerse y entenderse bien, muy bien. Es crucial que así sea.

En este texto, Jesucristo reveló estas siguientes verdades respecto al plan de Dios para con la humanidad, al lago de fuego, el diablo y sus ángeles, y nosotros los seres humanos:

1) El fuego eterno, el lago de fuego, fue preparado para el Diablo y sus ángeles, no para los seres humanos. El texto es clarísimo. La condenación eterna fue diseñada teniendo a Satanás y sus demonios como sujetos claves. Ellos irán allí o sí (Apocalipsis 20:10).

2) El Diablo y sus ángeles no pueden escaparse de ese su destino de condenación. No existe redención para ellos. Dios no planeó salvación para Satanás y sus demonios, sino condenación. (Hebreos 2:16). Tanto el Diablo como sus demonios saben que su destino es irreversible. (Mateo 8:29; Judas 1:6; Apocalipsis 12:12; 20:10).

3) Los seres humanos no fueron creados para ser condenados y no tienen que ir necesariamente al lago de fuego o fuego eterno. Para los seres humanos Dios ha provisto salvación y vida eterna por medio de Jesucristo y sus obra salvadora (Juan 3:16-21; Romanos 5:6-11). El hombre no tiene la condenación determinada. Se le ofrece la salvación y el perdón de pecados si es que cree y sigue a Jesucristo. (Juan 1:11-13). Su condenación se disipa y se desvanece tan pronto cree genuinamente en el Hijo de Dios. (Juan 3:36; Mateo 25:34-40). 

4) Hay un buen número de seres humanos que irán al fuego eteno o lago de fuego. Aunque los seres humanos no fueron hechos para condenación, Dios sí arrojará al lago de fuego junto al Diablo y sus ángeles a los seres humanos que no creen ni siguen a Jesucristo y que le muestran su menosprecio tratando mal a quienes sí creen en él y le siguen (Mateo 25:41-45). Quienes vayan a condenación irán al lago de fuego por su propia determinación y elección, ya que escogieron por sí mismos despreciar e ignorar a Jesucristo y su obra de salvación a su favor (Apocalipsis 20:15; 21:8). Ellos no tendrán ninguna excusa por su terrible elección.

En español, Mateo 25:41 es contundente: La condenación de los seres humanos no es la prioridad de Dios. Él no hizo el lago de fuego para ellos, sino para el diablo y sus ángeles.

La traducción al español refleja estas ideas en conformidad con el texto griego, en cuya sintaxis no se deja margen para interpretar que el fuego eterno haya sido preparado originalmente para los seres humanos, sino solamente para Satanás y sus demonios.

Los hombres tenemos oportunidad de salvación eterna, aprovechémosla. Dios nos creo para que vivamos en comunión con él. Su plan y su determinación para con nosotros es que reinemos con él por la eternidad.

Está escrito: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:34). Este texto es igual de claro. Dios ha preparado para nosotros los seres humanos un reino a su lado. Jesús también habló de las moradas que él está preparando para quienes creen en él y le siguen (Juan 14:1-3).

Al final de los tiempos, quienes creen en Jesús y le siguen, vivirán con Dios en su tabernáculo eterno. Está escrito: “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y el morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.” (Apocalipsis 21:3). Este es plan original de Dios para con toda la humanidad, que habitemos junto a él.

No nos dejemos engañar por nuestro enemigo el Diablo. No lo sigamos en su rebelión contra Dios. Satanás nos quiere engañados para que lo acompañamos en su condenación. Sus ofertas todas son mentira y solamente mentira. No se puede confiar en él en ningún momento. (Juan 8:44; Apocalipsis 20:7-10).

No lo sigamos a él.

Resistámosle y dejémoslo.

No dejemos que logre su objetivo para con nosotros ni para nuestro prójimo.

Miremos a Jesucristo, Dios hecho Hombre. Él vino para deshacer las obras del Diablo y para sacarnos de su opresivo dominio (1 Juan 3:8; Hechos 26:18).

Miremos a Jesucristo con fe y seamos salvos del diablo y su condenación eterna.

Escapémonos del lago de fuego y de la compañía eterna del Diablo y sus demonios creyendo y siguiendo a Jesucristo.

Creer y seguir a Jesucristo en esta vida y en esta tierra es urgente. Hagámoslo hoy mismo. Amén.

 

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Sufrimiento persistente y gracia suficiente: Cómo vivir con un dolor que no se va.

Toda persona necesita a Dios para vivir en esta tierra. Lo necesita siempre, pero muchísimo más cuando sufre, ya sea por quebranto y angustia del alma o por herida y enfermedad grave y muy dolorosa del cuerpo.

El sufrimiento y la tristeza extrema —ya por decepción, injusticia, enfermedad o muerte— son muchas veces terribles e insoportables, muy, pero muy difíciles de sobrellevar.

Los cristianos no están exentos de este tipo de experiencias en esta tierra. La Biblia no nos promete que no sufriremos; al contrario, enseña que las tribulaciones serán nuestra compañía constante hasta que entremos en el reino de Dios (Hechos 14:22).

Pablo, el apóstol a los gentiles, vivió una experiencia continua de dolor extremo. Él testifica que rogó tres veces al Señor que le quitase ese aguijón —un mensajero de Satanás que lo abofeteaba— el cual le fue dado por Dios para protegerlo del enaltecimiento y la soberbia (2 Corintios 12:7).

Nadie quiere padecer dolor extremo de forma constante. Todos podemos soportar el dolor, pequeño o grande, pero por poco tiempo. Nuestro mayor desafío es el sufrimiento profundo, agudo e incesante… ese tipo de tormento que no deseamos ni en el cuerpo ni en el alma.

Pablo padeció ese aguijón y suplicó al Señor que se lo quitase. Dios respondió su plegaria, pero no como él esperaba: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:9).

Dios no le quitó el mensajero de Satanás. En cambio, le dio su gracia y su poder, los cuales se perfeccionan en la debilidad y en el padecimiento extremo.

Pablo aceptó la voluntad de Dios. Entendió que el Señor había diseñado y permitido esa dolorosa condición para hacerlo humilde y dependiente de Él. Esa rendición abrió sus ojos para testificar que, gracias a ese dolor continuo, podía ser depositario del poder de Cristo. Por eso se gloriaba de buena gana en sus debilidades.

Ningún hijo de Dios está solo en sus tribulaciones. Dios está a su lado, fortaleciéndolo, aliviándolo y consolándolo. Podemos orar como Pablo para que se nos quite lo que nos atormente. Si Dios nos lo quita, amén. Pero si no nos lo quita, amén también. Recordemos que no sufrimos ni padecemos en nuestra propia fuerza, sino en el poder y la fuerza de Dios.

No nos resistamos a las tribulaciones, ni a las enfermedades, ni a la muerte misma, hermanos en Cristo. Asumámoslas con humildad y buena gana, aunque duelan, y mucho. No estamos solos en ninguno de esos momentos. Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, con su gracia y todo su poder, nos acompaña siempre, y especialmente en situaciones como estas. Amén y amén.

 

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¡Dios no siempre explica sus razones, pero siempre se revela!

Job, el patriarca del Antiguo Testamento, experimentó a Dios y nosotros también podemos experimentarlo en todo momento. No en forma audible y visible como él, pero sí en forma espiritual y real por medio de su obrar soberano y providencial, y su palabra escrita, la Biblia, la palabra de Dios.

Job necesitaba una respuesta personal de Dios. Él, a pesar de ser un hombre integro (no sin pecado), recto y temeroso de Dios, sufrió la muerte de sus 10 hijos, la quiebra económica, la soledad conyugal, la pérdida de su salud y la reprensión e incomprensión de sus amigos.

Todo estos males, que lo confundieron porque estaba convencido de que no había hecho nada de malo, fueron obra del diablo, pero con el permiso del Soberano de toda la creación, el Único y Verdadero Dios. (El diablo no es autónomo; él nunca puede hacer nada sin la autorización de Dios).

En su confusión y en su lucha por entender el porqué de su sufrimiento, clamó, reclamó y se comprometió a una audiencia con Dios para presentar su injusto caso. Él tenía la convicción de que Dios lo entendería; por eso es que quería estar “cara a cara” ante Dios para argumentar su sufrida situación.

Dios se manifestó a Job para darle la respuesta que buscaba. Al manifestarse, sin embargo, Dios confrontó a Job con preguntas cuyas respuestas mostraban su grandeza y inmenso poder.

La reacción de Job ante la manifestación personal de Su Creador fue arrepentimiento en polvo y ceniza y humillación ante él y estas palabras de admiración: “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti.” (Job 42:2).

Job se rindió ante el todo poder y el todo saber de Dios (que limita al diablo y al mal, aunque permite su obrar y lo aprovecha para el bien de su pueblo). Job aprendió que debía confiar y esperar en Dios aun cuando no entendiese la razón de lo que le aconteció. Dios se agradó de su humilde reacción y, aunque no le explicó el porqué de su dolor, sí restauró su salud, le dio 10 hijos más y le devolvió sus bienes por duplicado.

No siempre vamos a saber el porqué de nuestros sucesos dolorosos; Dios no está obligado a explicarnos todo, todo, todo. Lo que sí vamos a conocer a través del dolor y el sufrimiento, si es que nos mantenemos fieles y si es que nos encomendamos a Dios, es esto: Dios está con nosotros, y nos oye, y “todo lo puede” y “todo lo sabe”. ¡Él sabe todos los porqués y siempre son para nuestro bien, aunque nosotros no los sepamos!

¡Esperemos, confiemos, clamemos, oigamos y conozcamos más y mejor a nuestro Dios durante nuestro sufrimiento incompresible! Amén.  

¡Dios y Padre de Jesucristo, ayúdanos a vivir confiados y seguros en ti aun cuando el diablo nos ataque muy duramente y nos genere sufrimiento que no entendemos! Te pedimos esto en Jesús tu Hijo, amén.

…

“¿Has sentido a Dios en tu sufrimiento aunque no entendieras el porqué?”
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¡Confiemos en Jehová Dios totalmente!

Todas las personas que viajan en un avión confían que el avión es bueno, eficiente y apropiado para llevarlos a su destino.

Estos viajeros suben a los aviones confiando totalmente sus vidas y su plan de viaje a los pilotos, pues saben y entienden que ellos los conducirán a su destino con toda seguridad.

Todos los viajeros viajan con seguridad y esperanza en los aviones y tienen toda la razón del mundo para hacerlo, pues Google Gemini afirma que “… el medio de transporte moderno más seguro es el avión.”

…

Proverbios 3:5-6 me hizo reflexionar en cuánta gente confía y encomienda totalmente su vida y sus planes a los pilotos y a los aviones. Todos los aeropuertos del mundo son la evidencia empírica irrefutable de la fe de los seres humanos en la industria aeronáutica. (Aun los pasajeros desconfiados y miedosos, y que no se “fían” totalmente de los pilotos y de los aviones, están seguros en los vuelos).

…

Pero Proverbios 3:5-6 no fue escrito para que confiemos en los pilotos y los aviones, sino en Jehová Dios, nuestro Creador y Redentor, el único y verdadero Dios. La exhortación y la orden del escritor de Proverbios es clarísima:

“Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.

Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.”

Tenemos que fiarnos “… de Jehová todo corazón”. Tenemos que hacerlo nosotros mismos, nadie más puede fiarse de Dios por nosotros. Cada uno de nosotros tiene que entregarse a Jehová personalmente. Al fiarnos totalmente de corazón en él, le confiamos toda nuestra vida.

El fiarse en Jehová Dios implica “dejar de apoyarnos en nuestra propia prudencia” y sabiduría. A partir de encomendarnos a Dios, nosotros ya no dirigimos nuestra vida. Nuestra “prudencia”, que “es nuestra sensatez, cautela y buen juicio”, queda de lado. Ahora es la sensatez, cautela y el buen juicio de Dios las que nos gobiernan y conducen.

Cuando nosotros nos entregamos de todo corazón a Jehová Dios y “lo reconocemos en todos nuestros caminos”, nuestra vida queda en sus manos y él se encarga de enderezar entonces nuestras veredas y nuestro andar por ellas.

…

El significado de Proverbios 3:5-6 está ilustrado en la relación entre los pilotos del avión y los pasajeros del mismo. Todos, absolutamente todos los pasajeros dejan de apoyarse en “su” propia prudencia y juicio al viajar en los aviones. En los aviones, todos los pasajeros están en las manos de los pilotos y de su prudencia al viajar en ellos. Los pasajeros quedan en las manos de los pilotos para despegar, para volar y para aterrizar aterrizar el avión. Los pasajeros solamente tienen que subir y seguir confiadamente las instrucciones de los tripulantes del avión.

…

Lo que hacen los pasajeros con los pilotos y el avión al volar tenemos que hacerlo nosotros con Dios y nuestra vida con él.

…

Nuestra vida en este mundo es como un viaje. Tiene un punto de partida, un trayecto y un punto de llegada.

El punto de partida es Dios; con él y por él es que existimos y tenemos vida en este mundo. El trayecto es nuestra vida en este mundo; desde que nacemos hasta que morimos. El punto de llegada es nuestro encuentro con Dios; salimos de él y volvemos a él, ya para vida eterna o ya para condenación eterna.

El destino final ante Dios, ya para vida eterna o ya para condenación eterna, depende de cómo vivimos nuestra vida en este mundo (nuestro trayecto, nuestro viaje).

Si durante esta vida nos fíamos de todo corazón en Dios, y no en nuestra propia prudencia, sino que lo reconocemos en todos nuestros caminos, entonces y solo entonces, vamos a llegar hasta Dios para vivir junto a él por toda la eternidad.

Pero …

Si durante esta vida no nos fíamos de todo corazón en Dios, sino que vivimos según nuestra propia sabiduría y consejo, y no lo reconocemos en todos nuestros caminos, ni dejamos que enderece nuestros pasos, entonces nuestro encuentro con Dios será para condenación perpetua.

…

Dios quiere que vivamos a su lado como sus hijos desde hoy y por toda la eternidad. Dios envió a Jesucristo su Hijo a esta tierra para salvarnos de nuestros pecados y darnos vida eterna. Jesús murió por nuestros pecados y resucitó de los muertos para nuestra justificación. Jesús está vivo y ofrece salvarnos y hacernos hijos de Dios si creemos en él y le seguimos.

Dios en su sabiduría y prudencia eterna ha establecido a Jesús como el único camino para llegar hasta él. Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. Para llegar a Dios salvíficamente hay creer y seguir a Jesús en forma necesaria e indispensable. No hay otra forma de llegar a Dios.

La fe genuina en Jesucristo en respuesta a lo que Biblia dice de él es la primera evidencia en este tiempo de que nos fiamos de Jehová de todo corazón. Si creemos y seguimos a Jesús de verdad en esta tierra, somos hijos De Dios y Dios vive en nosotros y nos conduce por medio de Su Espíritu Santo. En consecuencia, Dios está en todos nuestros caminos y se asegura de llevarnos hasta él para vida eterna.

Fiémonos de Jehová de todo corazón y empecemos nuestra vida con él creyendo y siguiendo a Jesucristo Su Hijo. ¡Que Dios nos ayude a fiarnos de él de corazón creyendo y siguiendo a Jesucristo! Amén.

¡Seamos los cristianos y las iglesias “Gayo” tras y junto a los divulgadores de la verdad!

“Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia testimonio de tu amor; y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a Dios, para que continúen su viaje. Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin aceptar nada de los gentiles. Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que cooperamos con la verdad” (3 Juan 5-8).

Elogio de Juan apóstol a Gayo, el amado, el cooperador con la difusión de la verdad.

La divulgación de la verdad, es decir, el mensaje de que Dios existe y de que está salvando a los hombres de sus pecados por medio de Jesucristo Su Hijo, demanda ingentes recursos.

Estos recursos vienen siempre de Dios a través de quienes creen y siguen a Jesucristo. Son los hijos de Dios quienes ponen a disposición de la verdad sus vidas y sus recursos para que sea ella divulgada a muchas más personas en todas partes de este mundo.

La verdad de Dios revelada en Jesús de Nazaret se propaga, entonces, en función de la cooperación de los discípulos. A más discípulos cooperando, mayor difusión y mayor alcance. (Foto: Todas las congregaciones locales existen debido a los hijos de Dios “Gayo”).

En los días iniciales de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo existían muchos divulgadores y portadores itinerantes del evangelio de nuestro Señor. Estos hombres se movían de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad predicando y enseñando las buenas nuevas de salvación a todos cuantos podían.

Estos predicadores itinerantes se caracterizaban por su fe en el Hijo de Dios, por su amor a Jesucristo, por su negativa a recibir recursos de los no discípulos y por su pasión por difundir y explicar la verdad de Dios a muchas más personas y en muchos otros lugares.

Estos predicadores necesitaban ayuda logística básica para cumplir su tarea de divulgación de la verdad: comida, hospedaje, recursos financieros, compañerismo, recomendación y guía en todo lugar a donde llegaban y desde donde volvían a emprender un nuevo viaje divulgador. (Foto: Luis Tintaya y yo, junto al misionero peruano Julio Velasquez, quien gracias a hermanos e iglesias “Gayo” ha sido usado por Dios para edificar congregaciones de hijos de Dios en Venezuela y España). 

Las necesidades de los divulgadores itinerantes de la verdad de Dios por medio de Jesucristo, el Salvador y Señor de todos los hombres, eran satisfechas por hombres como Gayo, quienes recibían fraternalmente a estos hermanos y los servían mientras estaban con ellos, y quienes luego los encaminaban al momento en que les tocaba partir hacia otro lugar.

El encaminarlos, empero, no era solamente un saludo de despedida y un conjunto corto de instrucciones para que no se perdiesen en el camino. No, no era solo eso. Era mucho más. La palabra “encaminarlos” en este contexto implicaba el “darle todo lo necesario” para garantizar que los predicadores y maestros de la verdad llegasen a su nuevo destino y cumpliesen más fácilmente su labor divulgadora.

En aquellos días, los viajes se hacían a pie, en bestias y en barcos. Viajar demandaba tiempo y cuanto más tiempo, más comida y más dinero. La palabra de Dios y la gracia de Dios era (es y será) gratuita siempre, pero llevarlas a los pecadores que todavía no creen era costoso. Cuanto más cerca el destino a divulgar la verdad, menos oneroso; pero cuanto más lejos, mucho más oneroso. (Foto: El misionero peruano Raúl Sinti e Ivette, su esposa, y sus hijas, están divulgando la verdad en España. Están allí gracias a los hermanos e iglesias “Gayo”, pero necesitan más).

Los predicadores itinerantes de aquel tiempo, al ser “desconocidos”, necesitaban también de cartas de recomendación para ser recibidos confiadamente en las congregaciones que existían en su camino. En consecuencia, encaminarlos implicaba consejos aclaratorios y complementarios de la verdad de Dios y la entrega de cartas de recomendación (Hechos 18:24-28). (En el año 1988, al empezar mi labor divulgadora de la verdad del evangelio, recibí una carta de recomendación para ser recibido en una ciudad donde iba a predicar. Si así fue conmigo hace poquitos años, imagínense cuán indispensable y necesario eran esas cartas en el tiempo del Nuevo Testamento).

Gayo encaminaba lo más adecuadamente que podía a los predicadores y el uso de esa palabra para describir su labor lo demuestra. “Encaminar” significa, en el contexto usado, “enviar adelante” o “acompañar en el camino”. Esto quiere decir que Gayo despedía a los mensajeros itinerantes dándoles apoyo y provisiones para su viaje, para que estuviesen equipados para continuar su misión divulgadora de la verdad.

El trabajo hospitalario y equipador de Gayo llegó a los oídos de Juan por boca de estos mismos predicadores itinerantes, que testificaban de su servicio y de su amor delante de toda la congregación. El apóstol Juan, quien para aquel entonces ya estaba muy anciano, escribió esta carta a Gayo para reconocerle y felicitarle ante la iglesia de Cristo por tan encomiable y trascendental labor en pro de la difusión de la verdad de Dios.

La verdad salvífica de Dios a favor de los hombres revelada en Cristo Jesús en la palabra de Dios, la Biblia, necesita ser divulgada también hoy a los pecadores que todavía no la creen. Los predicadores y maestros itinerantes y los pecadores que aún no están en la verdad necesitan de creyentes e iglesias “encaminadoras”.

Llevar a la verdad de Dios a muchos más hombres y mujeres hoy en día requiere de lo mismo que antes: transporte, alimentación, hospedaje, recursos financieros, compañerismo, recomendación, guía, etc. Al igual que antes, cuanto más cerca se lleva la verdad, menos recursos; cuanto más lejos, más recursos.

Al igual que antes, Dios suple los recursos para la difusión de la verdad por medio de sus hijos y de sus iglesias. Las iglesias y los hermanos “Gayo” son claves para que la verdad del evangelio de Cristo llegue a los pecadores necesitados de salvación.

Hace poquito he sido testigo de cómo varias iglesias y hermanos “Gayo” de Perú “encaminaron” a una divulgadora de la verdad para que la llevase a la gente que la necesita en la República de Mali.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” compraron los tickets de bus y de avión, proveyeron para trámites consulares, dieron hospedaje y alimentación, acompañaron y recibieron y guiaron a la divulgadora en los diferentes lugares a donde llegó, y abastecieron y abastecen de dinero para que viva y cumpla su misión en ese su campo de misión.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” son esenciales en los viajes de predicación y enseñanza que he realizado hasta hoy. Escribo esta nota con gratitud, para reconocer a estos hermanos colaboradores con la verdad. (Foto: Niños de la Iglesia Bautista Betel de Paita. El igual que ellos, los niños de la República de Mali tendrán una maestra de la verdad gracias a los hermanos e iglesias “Gayo” de Perú).

Voy a terminar ya esta nota.

Los hermanos y las iglesias “Gayo” aman a Cristo, a Su Iglesia, a Su evangelio, a la verdad, a los pecadores y a los divulgadores de la palabra de Dios. Ellos son obedientes a Dios y quieren que haya más gente que conozca a Cristo y le siga. El rol de los “Gayo” tiene que ser valorado suficientemente y mi escrito es un granito de arena para que sea así.

¡Seamos cristianos e iglesias “Gayo”! ¡Encaminemos y ayudemos a los que difunden la verdad para que lleguen bien equipados para anunciarla a los pecadores dondequiera que estén!

¡Muchas gracias Dios y Padre de Jesucristo por los hermanos en Cristo y las iglesias colaboradoras con la divulgación de la verdad del evangelio de salvación!

¡Oh Dios de toda salvación, te rogamos que levantes muchos más hermanos e iglesias con el corazón de “Gayo”!

Proverbio no calvinista – Dios es nuestro ejemplo: Él no nos pide hacer lo que no hace.

He denominado a Proverbios 3:27-28 como Proverbio no calvinista. ¿Por qué? Porque el Calvinismo enseña que Dios es la voluntad de Dios que una gran cantidad de la humanidad sea condenada. En consecuencia, para estos seres humanos no existe posibilidad alguna de salvación, pues, Jesucristo no murió ni resucitó por ellos.

El proverbio, que denomino no calvinista, que es palabra inspirada por el Espíritu Santo de Dios y que se nos da a nosotros para practicarlo y vivirlo, enseña clara y contundentemente que tenemos que ayudar y hacerle bien a nuestro prójimo necesitado y con muchísima mayor razón si es que tenemos la capacidad para hacerlo. 

La instrucción del proverbio es ineludible: “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, Cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, Y mañana te daré, Cuando tienes contigo qué darle.” (Proverbios 3:27-28).

Obviamente, la instrucción del proverbio es principalmente para nosotros los seres humanos. Nosotros los seres humanos no debemos negarnos a hacerle el bien a quienes lo necesitan. No podemos nosotros postergarle una ayuda indispensable a quienes la necesitan.

Dios no nos pide a nosotros algo que no podemos hacer. Sus mandatos siempre son posibles de cumplir. En este proverbio, la capacidad de realizar lo que se nos demanda está destacada con estas frases: “cuando tienes poder para hacerlo” y “cuando tienes contigo que darle”.

No es bueno ni es propio de los cristianos evitar la ayuda y el socorro a los necesitados. Y no lo es no por nosotros mismos solamente, sino porque nuestro Dios no es un Dios que se niegue, que se resista, que se prive y que evite socorrer y ayudar a los necesitados.

Dios, el único y verdadero, el Dios de la Biblia, no quiere perder las almas de los hombres, no quiere abandonarlos en su tragedia y desgracia. No, Dios “no decreta” la condenación a los seres humanos.

Este proverbio es una exhortación que un dios que ha predestinado a un sector de seres humanos a la condenación desde antes que ellos pecasen no puede dar. Esta instrucción, es impropia de un dios que no hace nada para evitar la condenación de quienes viven y heredarán condenación. No es posible que un dios que tiene la capacidad y el poder de salvar a los pecadores y no no hace, le ordene a sus hijos que hagan lo que él no hace.

El Dios que escribió este proverbio no es calvinista. El Dios que escribió este proverbio es el primero en hacer aquello que ordena que sus hijos hagan. El Dios de la Biblia siempre es el modelo y el ejemplo de aquello que quiere que sus hijos practiquen.

El Dios de la Biblia “… no se niega a hacerle bien a quien es debido”. El Dios de la Escritura Sagrada no le dice al necesitado de pan “… Anda, y vuelve, y mañana te daré”. El Dios y Padre de Jesucristo, el Señor y Salvador del mundo, siempre actúa en base a su poder y siempre da lo tiene que dar.

Este proverbio llamó mi atención hace unos días atrás. Ese día me estuvieron hablando de la doble predestinación calvinista. El proverbio me hizo ver que Dios no es calvinista. ¡Claro que no!

El dios calvinista se “niega” a hacerle bien a quien es debido -a quien lo necesita-, aunque tiene poder para hacerlo”. El Dios de la Biblia, en cambio, está dispuesto para hacerle bien a todos y le ordena a sus hijos que hagan eso mismo. Esa es la razón por la que denominé a Proverbios 3:27-28 como un “proverbio no calvinista”.

¡Qué Dios nos ayude a vivir y a hacer conforme a Su ejemplo y a lo que nos dice en Su Palabra, la Biblia! Amén.

A propósito del anuncio del cierre del Spurgeon’s College de Londres

La educación bíblica teológica de quienes serán los pastores y maestros, y los evangelistas que perfeccionarán a los Santos para la obra del ministerio tiene que repensarse, redefinirse y actualizarse constantemente.

Escribo esto a propósito del anuncio del cierre del centro de entrenamiento que fundó Spurgeon en 1856, el Spurgeon’s College de Londres.

La noticia no me toma por sorpresa.

Soy ya varios los años en los que noto la necesidad de hacer cambios en la preparación de obreros para la obra de Dios. Mis ideas las he dialogado con cuantos he podido. Mis propuestas, asimismo, las he llevado y las llevo a cabo en todo lugar en los que me han abierto las puertas.

Por cierto, mis ideas y propuestas no son nada complejas. Son, diría yo, básicas, sencillas y fáciles de implementar … si es que hay quienes quieren enseñar y quienes quieren crecer.

La noticia del cierre del Spurgeon’s College me hizo recordar también el cese del Seminario Bautista El Calvario de Lansdale, Pensilvanya, Estados Unidos, que ocurrió el 2014.

El cierre de iglesias locales (que ocurre, y la historia lo evidencia) y de instituciones de entrenamiento (como las que menciono en esta nota) no implica que Dios deja de obrar, y de salvar pecadores, y de perfeccionar a sus santos para su obra. No. No significa eso. Lo que significa es que no hay que quedarnos estáticos, sino que hay que seguir viviendo a Cristo y creciendo en él.

Dios siempre está levantando obreros para su mies, que es mucha. Estos obreros tienen que ser preparados en función de lo que dice efesios 4:11-16. Los pastores, los misioneros, los líderes y las congregaciones tienen que estar siempre alertas a lo que Dios está haciendo en pro de esa preparación.

La obra de Dios por medio de Jesucristo Su Hijo y Su Espíritu Santo en, por y a través de Su Iglesia y la predicación de Su Palabra escrita, la Biblia, es inmortal y permanece para siempre. Amén.

Foto: Todo lo que existe que hemos edificado los seres humanos en esta tierra pasará. Lo único que permanecerá para siempre es lo que se hace siguiendo y practicando la palabra de Dios.

La ciudad de Roma, Pablo, el evangelio y la Iglesia de Cristo del Nuevo Testamento y los cristianos en Roma hoy.

La ciudad de Roma.

Roma es una ciudad milenaria, antiquísima de Italia. Tiene aproximadamente unos 2700 años de antigüedad. Según la mitología romana, la ciudad fue fundada por Rómulo, su primer rey. Rómulo y Remo, su hermano gemelo, fueron alimentados por una loba. Romulo mató a su hermano Remo, quien se burlaba de él, y fundó la ciudad el 21 de abril del año 753 a.C.

Roma tuvo preponderancia en la época del Imperio Romano, ya que el César la constituyó como la capital y el epicentro político y económico del Imperio. La ciudad, asimismo, cuando el Imperio “se fusionó” con el Cristianismo, se convirtió en el núcleo del tal religión. Roma, en consecuencia, tuvo una grandeza admirable y la historia de la humanidad así lo evidencia.

El patrimonio histórico y arquitectónico de Roma es vasto y atrae a visitantes del todo el mundo. Son muchos quienes van a ver y a respirar la historia que emana la ciudad. Los edificios emblemáticos y representativos son: el Coliseo, el Foro Romano, el Panteón y la Basílica De San Pedro, en el Vaticano.

El apóstol Pablo y Roma.

La ciudad de Roma recibió en su seno al paladín de los seguidores de Jesucristo, a Pablo, el apóstol a los gentiles. El libro de Hechos registra y certifica la llegada y al trabajo de Pablo en la ciudad de Roma. El apóstol llegó a Roma preso, para ser juzgado ante el César, por los delitos que los judíos le habían imputado.

La travesía de Pablo hasta Roma fue atribulada. La tripulación se enfrentó a vientos contrarios y a una muy peligrosa y adversa navegación. Era invierno cuando viajó. Padecieron, incluso, un viento huracanado llamado Euroclidón, el cual los hizo naufragar.

La muerte rondó sobre Pablo y sobre todos los que navegaron con él. Dios, sin embargo, guardó a Pablo y protegió también por causa de él a todos los otros tripulantes.

Pablo, gracias a que durante la travesía fue obvio a las autoridades romanas que Dios estaba con él, fue tratado muy bien al llegar a Roma, a pesar de ser un acusado destinado a juicio. El buen trato se evidenció en el hecho de que vivió su prisión en una casa alquilaba, con la libertad de predicar la palabra de Cristo sin impedimento alguno.

Pablo llegó a Roma no como había pensado llegar. El libro de Romanos evidencia que él sí quería visitar la ciudad, pero de paso, cuando terminase su labor entre Jerusalén e Ilírico, y estuviese yendo a España (Romanos 15:17-33). Dios, sin embargo, lo llevó a la ciudad a su manera, la cual está descrita en los últimos cuatro capítulos del libro de Hechos. Pablo llegó a Roma, asimismo, no cuando quiso, sino cuando Dios quiso (Romanos 1:8-15; 15:22).

El evangelio y la iglesia de Cristo en Roma.

Roma seguramente escuchó el evangelio de Cristo gracias a los ciudadanos suyos que estuvieron en Jerusalén el día en el que nació la Iglesia de Cristo, al llegar el Espíritu Santo sobre todos los discípulos reunidos en el aposento alto (Hechos 2:1-42). Ese día, gracias a la predicación de Pedro de los hechos salvíficos de Dios a favor de la humanidad por medio de Jesucristo, se añadieron a la iglesia como tres mil personas, entre la cuales tiene que haber habido algún romano.

En Roma ya existían discípulos de Jesucristo previo a la visita de Pablo a la ciudad. No existe registro bíblico de la visita a esa ciudad, eso sí, ni de Pedro ni de ningún otro apóstol. A ninguno de los doce discípulos de Jesús, por tanto, se le debe atribuir ciertísima y dogmáticamente la fundación de dicha congregación. La evidencia de que había ya una comunidad de cristianos en Roma es la carta A Los Romanos, que fue escrita por Pablo.

La Iglesia del Nuevo Testamento y la Iglesia Católica Romana hoy.

En Roma, más específicamente, en el Vaticano, está el centro de poder de la Iglesia Católica Romana. El evangelio de Cristo no parece estar reflejado hoy por hoy por esta ya milenaria organización. Ella se denomina a sí misma como la Iglesia que Cristo fundó a partir de Pedro. Esa afirmación Católico Romana tiene que ser certificada por la Biblia para ser aceptada con convicción.

La Iglesia del Nuevo Testamento y la Iglesia Católica Romana tienen dos equivalencias y dos distinciones básicas. Las dos equivalencias son estas: 1) Ambas se identifican con Jesucristo como su fundador y 2) Ambas basan sus creencias primigenias en las Sagradas Escrituras, la Biblia.

Las dos distinciones entre ambas iglesias son las siguientes: 1) Autoridad: Iglesia del Nuevo Testamento reconocía el liderazgo singular de Pedro, pero también el de los otros once apóstoles, el de Pablo, el de los ancianos, y de los que fueron surgiendo en el tiempo; la Iglesia Católica Romana, en cambio, le da la primacía del liderazgo y de la autoridad a Pedro y lo jerarquiza en él y a través de él. 2) La autoridad escrita: La Iglesia del Nuevo Testamento se basaba únicamente en las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento, primero, y la del Nuevo Testamento, después; la Iglesia Católica Romana, en cambio, acepta a la Biblia y le añade la tradición de la Iglesia, que, en definitiva, es la que le ha dado la forma que dicha iglesia tiene.

El evangelio de Cristo en Roma hoy.

En Europa el evangelio de Cristo tal como lo encontramos en la Biblia ha retrocedido. Italia no es la excepción y la ciudad de Roma tampoco.

Pero en Roma sí hay cristianos que quieren basar su fe y vivir en Cristo como vivió la Iglesia de Cristo en la Biblia.

Desde mi perspectiva, todos los cristianos tenemos que identificarnos con Cristo y con los cristianos del Nuevo Testamento. Sí tenemos que reconocer y aprender de los que Dios ha hecho en la historia y en su iglesia post bíblica, pero nuestro fundamento siempre es y tiene que ser la Biblia, la palabra de Dios.

He escrito esta nota porque, Dios mediante, voy a predicar y enseñar en una iglesia de Cristo en Roma. Sí sabía que hay iglesias que quieren vivir a Cristo como se vivió en el Nuevo Testamento, pero no conocía ninguna, porque nunca había estado en esa ciudad. Ahora, empero, estoy pronto a conocer a hermanos en Cristo que están en la ciudad en la que Pablo predicó por dos años en una casa alquilada por estar bajo arresto domiciliario.

En Roma hubo un predicador apasionado en la época bíblica.

Ese predicador fue Pablo, el apóstol a los gentiles. Sus palabras a los romanos, antes de ir a ellos fueron: “Así que, en cuánto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma” (Romanos 1:15).

Yo estoy emocionado por el privilegio de conocer a los hermanos que están ahora en Roma.

Estoy seguro que esa congregación ha sido formada por uno o más hermanos que creen y siguen a Jesucristo, y que tienen la misma pasión por anunciar las buenas nuevas que predicó Pablo.

Me contentamiento y mi asombro respetuoso y maravillado por la experiencia que se me avecina en Roma me ha hecho escribir esta nota.

Voy a tener el privilegio de conocer a mis hermanos en Cristo que están en Roma. Le enseñaré la palabra de Dios y recibiré ánimo y desafío espiritual al estar con ellos. Estoy bendecido y agradecido a Dios por darme este gozo.

Compartiré mi experiencia en Roma en una siguiente nota, Dios mediante.

Estoy anhelando el día de verme con mis hermanos de esa ciudad. Amén.

¡Creamos, sigamos e imitemos a Jesús, el Maestro de maestros!

El 6 de junio es el día del Maestro en Perú. Es un día feriado, y este año, al caer domingo, se usará como feriado el día lunes 7 de junio. El día del Maestro fue instituido en homenaje a la Primera Escuela Normal de Varones que fundó el General San Martín en 1822. El feriado es para todos los maestros de mi país.

Hay homenajes, agasajos y regalos para los maestros en la totalidad de las escuelas en toda esta semana. No quiero quedarme atrás. También quiero homenajear (y lo honro por su labor) a los maestros, a todos, pero en especial, Al Maestro de maestros, a Jesús de Nazaret, Dios hecho Hombre.

Jesús nazareno es el Maestro por antonomasia. Su vida, su obra y sus enseñanzas han instruido, instruyen e instruirán a los hombres a lo largo de toda su existencia en este mundo.

Ningún ser humano puede ni debe pasar desapercibido al Maestro. De lo que hacemos con lo que aprendemos y sabemos de Jesucristo depende nuestra vida en este mundo y también en la eternidad. Si creemos, seguimos e imitamos al Maestro de maestros, estamos con Dios y lo disfrutamos; sino lo hacemos, estamos sin Dios, huérfanos y sin esperanza ya ahora y por la eternidad.  

A Jesucristo le llamaban Rabí (Juan 1:38). En el trasfondo judío esta palabra significa: “Mi Maestro” o “El Grande”. Rabí es la expresión respetuosa, reverencial y honorífica con las que los judíos trataban a los maestros de la ley de Dios, como lo era Esdras (Esdras 7:6, 10-12, 21, 25-26). Jesucristo lo era y sus testigos, los apóstoles, lo testifican.

A Jesús también se le llamaba Maestro, que en el idioma griego quiere decir “instructor o enseñador”. Esta palabra no solo hacía referencia a su labor de maestro y a sus enseñanzas, sino también a la autoridad que era propia de todo buen maestro. (Mateo 8:19; 19:16; 26:18).

Las enseñanzas de Jesús y el sentido espiritual y desafiante con la que interpretaba la ley de Dios impresionaba y dejaba estupefactos a sus oyentes. Él claramente le daba el sentido olvidado a la ley y se encargaba de que todos sus oyentes lo notasen (Mateo 5:17-48). Ellos nunca habían oído enseñar y hablar como hablaba Jesús y así lo reconocían con emoción respetuosa (Juan 7:46). Los que lo oían pensaban, por tanto, que él había venido de parte de Dios (Juan 3:2). Son muchas las personas que escucharon a Jesucristo que se maravillaron y asombraron por la autoridad de sus enseñanzas y de su modo de impartirlas (Mateo 7:28-29).

La inteligencia y la sabiduría con la que Maestro de maestros respondía las preguntas amañadas de sus oponentes maravillaba a los testigos y avergonzaba a sus enemigos. No había trampa que pudiese con él. No había pregunta que lo confundiese. Todas sus respuestas revelaban la maldad de sus adversario y la ignorancia espiritual voluntaria en la que estaban envueltos. Fueron varias las ocasiones en las que los dejó sin absolutamente nada que decir (Mateo 22:15-22, 23-33; 34-46).

El traidor usado por el diablo para entregarlo a su muerte vicaria por los pecadores lo entregó con un beso llamándole “Maestro, Maestro” (Mateo 14:45). Que le diablo se introdujo en Judas Iscariote y lo movió en su entrega a los judíos para matarle es un hecho documentado en los evangelios (Lucas 22:3-6; Juan 13:2, 27; 6:70-71; Lucas 22:53). El Maestro, sin embargo, aun en este tan doloroso y frustrante momento nos da su ejemplo a seguir. Su trato al tal traidor infraganti resuena en la historia de la humanidad: “Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” (Lucas 22:48). El Maestro de maestros es nuestro modelo a vivir todo el tiempo y en toda circunstancia, ya justa o injusta.

El Rabino de Dios tiene que ser el principio y el fin de nuestra vida. Nuestros ojos tienen que estar atentos a él para saber siempre que hacer. Su ejemplo y su obediencia a Dios y a su palabra y todas sus acciones hicieron volver a la humanidad a Dios y él mismo es el camino para vivir con Dios desde ahora y por toda la eternidad (Hebreos 10:5-10). El amor a Dios y a la humanidad expresados en obediencia suprema a Dios nuestro Creador y Redentor es el sendero que Jesucristo nos dejó y el que todos nosotros tenemos que andar.

El día del Maestro en Perú y en todas las naciones de este mundo no debe conmemorarse ni celebrarse obviando y olvidando a Jesucristo. Todos los maestros deben acordarse de él para encontrar estímulo, sabiduría y desafío al cumplir su tan trascendental labor. El Maestro de maestros también tiene que ser conmemorado y homenajeado todo día del Maestro.

¡Muchas gracias te damos Dios nuestro por darnos a Jesucristo tu Hijo, el Maestro de maestros! ¡Ayúdanos a creer en él y a seguirlo todos los días de nuestras vidas! ¡Qué su ejemplo de obediencia por amor a ti y a la humanidad sean el combustible que nos hace vivir para ti y para otros al estar en esta tierra! Amén y amén.

Fotos: Aniversario 29 de la Institución Educativa Particular Betel, Paita, Perú.