¡Creamos, sigamos e imitemos a Jesús, el Maestro de maestros!

El 6 de junio es el día del Maestro en Perú. Es un día feriado, y este año, al caer domingo, se usará como feriado el día lunes 7 de junio. El día del Maestro fue instituido en homenaje a la Primera Escuela Normal de Varones que fundó el General San Martín en 1822. El feriado es para todos los maestros de mi país.

Hay homenajes, agasajos y regalos para los maestros en la totalidad de las escuelas en toda esta semana. No quiero quedarme atrás. También quiero homenajear (y lo honro por su labor) a los maestros, a todos, pero en especial, Al Maestro de maestros, a Jesús de Nazaret, Dios hecho Hombre.

Jesús nazareno es el Maestro por antonomasia. Su vida, su obra y sus enseñanzas han instruido, instruyen e instruirán a los hombres a lo largo de toda su existencia en este mundo.

Ningún ser humano puede ni debe pasar desapercibido al Maestro. De lo que hacemos con lo que aprendemos y sabemos de Jesucristo depende nuestra vida en este mundo y también en la eternidad. Si creemos, seguimos e imitamos al Maestro de maestros, estamos con Dios y lo disfrutamos; sino lo hacemos, estamos sin Dios, huérfanos y sin esperanza ya ahora y por la eternidad.  

A Jesucristo le llamaban Rabí (Juan 1:38). En el trasfondo judío esta palabra significa: “Mi Maestro” o “El Grande”. Rabí es la expresión respetuosa, reverencial y honorífica con las que los judíos trataban a los maestros de la ley de Dios, como lo era Esdras (Esdras 7:6, 10-12, 21, 25-26). Jesucristo lo era y sus testigos, los apóstoles, lo testifican.

A Jesús también se le llamaba Maestro, que en el idioma griego quiere decir “instructor o enseñador”. Esta palabra no solo hacía referencia a su labor de maestro y a sus enseñanzas, sino también a la autoridad que era propia de todo buen maestro. (Mateo 8:19; 19:16; 26:18).

Las enseñanzas de Jesús y el sentido espiritual y desafiante con la que interpretaba la ley de Dios impresionaba y dejaba estupefactos a sus oyentes. Él claramente le daba el sentido olvidado a la ley y se encargaba de que todos sus oyentes lo notasen (Mateo 5:17-48). Ellos nunca habían oído enseñar y hablar como hablaba Jesús y así lo reconocían con emoción respetuosa (Juan 7:46). Los que lo oían pensaban, por tanto, que él había venido de parte de Dios (Juan 3:2). Son muchas las personas que escucharon a Jesucristo que se maravillaron y asombraron por la autoridad de sus enseñanzas y de su modo de impartirlas (Mateo 7:28-29).

La inteligencia y la sabiduría con la que Maestro de maestros respondía las preguntas amañadas de sus oponentes maravillaba a los testigos y avergonzaba a sus enemigos. No había trampa que pudiese con él. No había pregunta que lo confundiese. Todas sus respuestas revelaban la maldad de sus adversario y la ignorancia espiritual voluntaria en la que estaban envueltos. Fueron varias las ocasiones en las que los dejó sin absolutamente nada que decir (Mateo 22:15-22, 23-33; 34-46).

El traidor usado por el diablo para entregarlo a su muerte vicaria por los pecadores lo entregó con un beso llamándole “Maestro, Maestro” (Mateo 14:45). Que le diablo se introdujo en Judas Iscariote y lo movió en su entrega a los judíos para matarle es un hecho documentado en los evangelios (Lucas 22:3-6; Juan 13:2, 27; 6:70-71; Lucas 22:53). El Maestro, sin embargo, aun en este tan doloroso y frustrante momento nos da su ejemplo a seguir. Su trato al tal traidor infraganti resuena en la historia de la humanidad: “Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?” (Lucas 22:48). El Maestro de maestros es nuestro modelo a vivir todo el tiempo y en toda circunstancia, ya justa o injusta.

El Rabino de Dios tiene que ser el principio y el fin de nuestra vida. Nuestros ojos tienen que estar atentos a él para saber siempre que hacer. Su ejemplo y su obediencia a Dios y a su palabra y todas sus acciones hicieron volver a la humanidad a Dios y él mismo es el camino para vivir con Dios desde ahora y por toda la eternidad (Hebreos 10:5-10). El amor a Dios y a la humanidad expresados en obediencia suprema a Dios nuestro Creador y Redentor es el sendero que Jesucristo nos dejó y el que todos nosotros tenemos que andar.

El día del Maestro en Perú y en todas las naciones de este mundo no debe conmemorarse ni celebrarse obviando y olvidando a Jesucristo. Todos los maestros deben acordarse de él para encontrar estímulo, sabiduría y desafío al cumplir su tan trascendental labor. El Maestro de maestros también tiene que ser conmemorado y homenajeado todo día del Maestro.

¡Muchas gracias te damos Dios nuestro por darnos a Jesucristo tu Hijo, el Maestro de maestros! ¡Ayúdanos a creer en él y a seguirlo todos los días de nuestras vidas! ¡Qué su ejemplo de obediencia por amor a ti y a la humanidad sean el combustible que nos hace vivir para ti y para otros al estar en esta tierra! Amén y amén.

Fotos: Aniversario 29 de la Institución Educativa Particular Betel, Paita, Perú.

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