La ansiedad es un estado de agitación, inquietud y zozobra del ánimo. En esta condición, los ansiosos se llenan de angustia, de incertidumbre, de desasosiego, de intranquilidad, de congoja.
El ansioso no vive en paz. El ansioso siempre está turbado. El ansioso permanentemente está agitado e intranquilo. Está intranquilo y abrumado por lo que necesita para vivir cada día. Está nervioso e inquieto por sus relaciones personales. Está sin paz porque no sabe si podrá mantener lo que tiene o recuperar a quienes estaban a su lado y se le han ido.
El ansioso no disfruta la vida. El ansioso siempre está cansado, cargado y lleno de pavor. El escritor del salmo 119 expone esa su ansiosa zozobra y su efecto en su ser más profundo con esta declaración: “se deshace mi alma de ansiedad”.
El alma del salmista, su ser interior, la parte vital de él, que es donde tiene su fuerza, su energía, su ánimo y su motivación para vivir, trabajar, amar, sufrir y gozar en esta tierra, estaba “deshaciéndose”, “descomponiéndose”, “desbaratándose” y “desarticulándose”. La condición de su alma, que es sede de sus pensamientos, emociones y voluntad, estaba mal, realmente mal, muy mal.
Son muchos los hombres y mujeres que pasan por momentos así en su peregrinaje en esta tierra. Estoy pensando en mí y en muchos otros que conozco mientras escribo. La vida es buena y bella, pero complicada y difícil. El mundo es hermoso y lleno de bien, pero también tiene fealdad y maldad. Los seres humanos que nos rodean, tanto los cercanos como los más lejanos, tienen virtudes y bondad, pero también pecado y maldad.
Al vivir tendremos problemas, frustración, decepción, sufrimiento, etc. “El alma que se deshace de ansiedad” no contribuye a enfrentar la vida tal como es. Necesitamos encontrar la cura contra la ansiedad porque la vida sin decepción, ni frustración, ni dolor, ni angustia no existe en esta dimensión.
El remedio contra la ansiedad y su efecto debilitador y “desintegrador” de nuestra alma sí existe. Sí hay cura y medicina para que nuestra alma no se “deshaga” por la ansiedad. La cura está en Dios y en Su Palabra, que es la Biblia.
En el mismo texto en el que el salmista expresó la condición de su alma por la ansiedad, él presentó el remedio y la cura para su situación. Él dijo: “Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra.”
El remedio contra la ansiedad y el quebrantamiento del alma está en Dios. Tenemos que hablar con Dios cuando estamos así. Digámosle a Dios nuestra situación. Contémosle lo que nos pasa. Narrémosle con confianza lo que nos pasó, nos pasa y suponemos que nos pasará. Pongamos delante de él lo que nos ahoga, inquieta y desalienta. Hablar con él nos curará, fortalecerá y animará.
El remedio y la cura para restaurar y mantener saludable y fuerte nuestra alma también está en la palabra de Dios. Leamos su palabra. Creamos todo lo que está escrito. Alimentémonos de las palabras de Dios que están en la Biblia porque ellas son “… espíritu y son vida.” (Juan 6:63). Esperemos y fortalezcámonos en las promesas de Dios que están en la Biblia porque ellas “… son fieles y verdaderas.” (Apocalipsis 22:6).
La ansiedad está allí, “en” nuestro entorno. La ansiedad “quiere” deshacer nuestra alma. No nos dejemos “capturar” por ella. Pongámosle freno y vacunémonos contra ella hablando con Dios en oración y sustentándonos con su palabra bendita.
Jesús, nuestro Señor y Salvador, dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33). Jesús nunca ofreció que la fe en él nos “garantizaba” una vida sin aflicción. No, él nunca nos ofreció nada de dificultades. Al contrario, él nos anticipó las aflicciones al vivir en esta tierra. Sin embargo, juntamente con esa anticipación, él nos dijo que la paz y el sosiego para vivir animados y victoriosos en este mundo difícil se encuentra en vivir en él.
¡Qué Dios nos sustente con nuestra fe en Jesús y en su palabra para vivir íntegros, fuertes, gozosos y optimistas aun cuando el afán y en la ansiedad asedien nuestra alma para deshacerla!
¡Vivamos en Jesús, creamos y confiemos en Dios, hablémosle de lo que nos acontece y recibamos su sustento a través de su palabra que está en la Biblia!
Amén.













