¡Jesús se fue, pero volverá!

¡Cómo se fue Jesús a los cielos, así  es como él vendrá otra vez!

Los cristianos estamos esperando el retorno de Jesucristo.

Nuestra vida está en sus manos y solamente cuando él venga está nuestra vida será plena y gloriosa.

Nosotros creemos que Jesús es Dios hecho Hombre. Él, quien es Dios Hijo, la segunda persona del Único Dios vivo y verdadero, vino a esta tierra, se encarnó y habitó entre nosotros los seres humanos para que conozcamos y tengamos compañerismo con Dios.

Nosotros conocemos muy bien la historia de la salvación de Dios a través de Jesús, la cual está narrada en los cuatro evangelios. En estos cuatro libros se nos muestra con hechos que Jesús es a quien Dios envió para buscarnos y salvarnos de nuestra condenación y perdición.

La obra cumbre de Jesús fue su muerte por nuestros pecados y su resurrección de entre los muertos al tercer día. Todo esto en conformidad con las escrituras del Antiguo Testamento, que se cumplieron específicamente en él.

Jesús, una vez resucitado, se dedicó por cuarenta días a enseñar a sus discípulos todo lo concerniente al reino de Dios.

Luego de esto, él ascendió a los cielos y sus discípulos, que estaban con él, lo vieron y son testigos oculares de este su ascenso.

Sus discípulos miraron impresionados el ascenso de Jesús a los cielos. Ellos no dejaron de mirar los cielos aun cuando Jesús ya había sido ocultado de su vista por una  nube.

Fue en esa circunstancias que se les dijo a ellos que Jesús volvería otra vez. Los que dieron el anuncio profético de la venida de Jesucristo fueron dos varones (dos ángeles) que estaban vestidos con vestiduras blancas.

Lucas, el autor del libro de Hechos, testifica este maravilloso acontecimiento: “Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entretanto él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” (Hechos 1:10-11).  

¡Cómo se fue, así es como Jesús vendrá otra vez!

Jesús vendrá y tomará a su iglesia para que se reúna con él en los cielos.

Cuando esto ocurra, los cristianos que ya están muertos, serán resucitados; y los cristianos que todavía estén vivos, serán transformados.

Luego, tanto los resucitados como los transformados, serán arrebatados en la nubes para recibir al Señor Jesús en el aire, para estar así siempre con el Señor (1 Tesalonicenses 4:13-17).

Los cristianos siempre están esperando a Jesús.

El alma de los hijos de Dios anhela el regreso de su salvador.

Todo discípulo de Jesucristo quiere que él venga y asuma ya su reino totalmente.

Jesús vendrá personalmente a arrebatar a su iglesia. No tengamos ninguna dura de eso. Él dio su vida y compró a cada hijo de Dios con su sangre preciosa, la cual es más valiosa e incorruptible que el oro y la plata. Nosotros le pertenecemos y nos vendrá a llevar a su gloria para estar con él por toda la eternidad.

Nuestra esperanza no está en este mundo.

Nosotros no queremos estar aquí por siempre.

Nuestra ciudadanía está en los cielos y desde allí esperamos a Jesús, nuestro Señor y Salvador, quien nos transformará y nos dará un cuerpo semejante a la gloria suya.

El retorno de Jesucristo desencadenará una serie de acontecimientos gloriosos y magníficos con los que se dará fin a este mundo presente para alumbrar el mundo nuevo, que será grandioso y maravilloso.

Jesús mismo ha dicho que vendrá y tenemos que está seguros y confiados que así será.

Sus últimas palabras en el libro de Apocalipsis 22:20 fueron: “… Ciertamente vengo en breve.”

Jesús siempre cumple su palabra y por eso que la iglesia de Cristo contesta así a esta su promesa: “Amén; sí, ven, Señor Jesús.”

¡Animémonos y alentemos unos a otros con esta bendita esperanza del retorno de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, quien pronto viene por nosotros! ¡Sirvámosle y hablemos de Jesús a quienes nos rodean para que crean en él y le sigan y sean salvos! ¡Qué Dios nos ayude a vivir para Cristo entretanto lo esperamos con ansias! Amén.

¡Hijos benditos de Dios por medio de Jesucristo!

Hijos benditos de Dios por medio de Jesucristo Su Hijo.

Los hombres y mujeres que creen y siguen a Jesucristo son hijos de Dios. Ese es un privilegio y una bendición grande que Dios les da a ellos por la fe en Jesucristo. Son muchos los hombres y mujeres que creen y siguen a Jesús y que son, por tanto, hijos de Dios. Estos hijos de Dios, entonces, son amados, perdonados, libres de condenación, herederos de Dios y coherederos con Cristo.

El apóstol Pablo escribió al respecto: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Romanos 8:16-17).

Esta bendición no es de todos los seres humanos, pero no porque no esté a su alcance, sino porque existe un gran sector de seres humanos que no cree, no acepta y no recibe a Jesús como enviado de Dios. Ese grupo de humanos, por tanto, se queda en su condición caída, que es heredada de Adán, quien desobedeció a Dios y arrastró a todos a esa condición.

La condición caída está sintetizada en esta palabras de Romanos 3:23: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” La desobediencia de Adán nos constituyó a todos pecadores y destituidos (expulsados, echados, prohibidos, sin derecho a, sin el privilegio) de la gloria de Dios. En consecuencia, no nos es posible comunión ni compañerismo con Dios en esa nuestra condición caída. Es justamente por ese hecho que Adán y Eva se escondieron de Dios por miedo a él en el huerto.

Dios, que es bueno y que nos ama y no nos quiere perdidos, envió a Jesucristo para revertir nuestra desdichada condición caída. Jesucristo vino a esta tierra y se dedicó a buscar y a salvar lo que se había perdido. Su obra cumbre para salvarnos fue su muerte por nuestras transgresiones y su resurrección de los muertos al tercer día para nuestra justificación. Pablo escribió así al respecto: “… a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación.” (Romanos 4:24-25).

Los evangelios, que son cuatro (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), son clarísimos respecto al hecho de que Jesús es Dios hecho Hombre y él único que puede perdonar nuestros pecados y librarnos de nuestra condición caída. Así es como se presentó Jesús desde el principio de su vida en este mundo y, sobre todo, cuando empezó a predicar y a enseñar siendo ya de unos treinta años de edad.

Jesús, sin embargo, no fue recibido, ni aceptado como Hijo de Dios. Al contrario, él fue rechazado. El clímax de su rechazo fue su cruenta muerte por nuestros pecados y la negación de su resurrección por parte de las autoridades judías de ese tiempo.

Pero no todos rechazaron a Jesús. Él tuvo gente que le creyó desde el principio. Todos estos que creyeron en él y le siguieron fueron sus discípulos y sus testigos oculares de quien fue realmente él, y de todo lo que hizo y que probó verdaderamente que él es Dios hecho Hombre.

Juan se refiere a estos discípulos de Jesús cuando dice “… mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios”. Todo aquel que creyó y siguió a Jesús ese tiempo recibió “el derecho”, “el permiso”, “el privilegio” y “la facultad” de ser hijo de Dios.

Pero el ser hijos de Dios por creer en Jesús y seguirle no fue solo para la gente de aquellos días, sino también para nosotros que vivimos en este tiempo. A Nosotros también se nos anuncia el evangelio de Jesús para ser salvos de nuestros pecados e hijos de Dios. Si nosotros creemos en Jesús, y le recibimos, y le seguimos genuinamente como sus discípulos, seremos entonces hijos benditos de Dios, pues, esta palabra es también para nosotros hoy: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:12-13). 

Ser hijos de Dios por la fe en Jesús es nuestro privilegio bendito. Al creer, Dios, por medio de Su Espíritu Santo, nos hacer nacer de nuevo y nos imparte su vida, sus valores y su naturaleza, la cual se acrecentará continuamente, hasta que lleguemos a ser semejantes a Jesucristo, Su Hijo.

¡Creamos en Jesús mientras estamos en esta tierra! ¡Aprovechemos que estamos vivos y pongamos nuestra fe en Jesús para ser hijos de Dios¡ ¡Nada ni nadie es más valioso e indispensable que la bendición eterna de ser hijos de Dios por medio de Jesucristo Su Hijo! Amén.

¡Percepción errónea y desaire mortal!

Existe una percepción errónea y un desaire mortal del que uno se arrepentirá por siempre.

No te burles, no te rías, no juegues y no menosprecies las noticias que anuncian el castigo divino.

No menosprecies el mensaje que anuncia lo qué pasará en el futuro.

En una ciudad antigua emblemática vivían dos jóvenes bastante afortunados.

Los dos jóvenes citadinos de nuestra historia estaban contentos. Les estaba yendo muy bien. Vivían en una ciudad moderna y próspera y ellos habían progresado con ella. Tenían novia y ya pronto se casarían con ellas; el compromiso ya estaba hecho.

Su presente era muy bueno y su futuro se veía promisorio.

Un día, sin embargo, el padre de sus prometidas, los buscó bastante urgido. Él llegó a ellos harto presuroso. Se veía sudoroso y cansado, pues había venido corriendo. Ellos lo vieron nervioso, angustiado, desesperado y con muchísimo miedo.

Se preocuparon por su condición.

Esa su preocupación, sin embargo, cambió tan pronto como Lot, su futuro suegro, les dio su mensaje. Él les dijo: “Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba.” (Génesis 19:14).

El contenido del mensaje les hizo pensar que su suegro estaba delirando, fuera de sí, y exagerando demasiado.

Lo vieron como una fanático “religioso”, que hablaba cosas irreales.

Estos dos muchachos no tomaron en serio a su suegro y tampoco a sus palabras. Ellos asumieron que el padre de sus prometidas estaba “bromeando”, y “burlándose” de ellos. Según su “percepción”, su suegro estaba alucinando y fantaseando. No veían ningún problema en el horizonte y a ningún “Jehová” que iba a “destruir” su ciudad.

Ellos no escucharon a su suegro. En ningún momento consideraron que su percepción era “errada”. En consecuencia, no hicieron caso de su suegro, no se preocuparon siquiera por tan urgente noticia. “Desairaron” y “desoyeron” el aviso que Dios les envío y no salieron de la ciudad.

Lo que ocurrió después con la ciudad y con ellos fue terrible.

Su suegro no estaba bromeando.

Jehová Dios estaba airado contra su ciudad y sus ciudadanos. Él verdaderamente iba a destruir su ciudad y había enviado su mensaje a ellos para que no pereciesen con ella.

Su percepción errónea y su desaire al mensaje que se les envió para salvarlos les fue mortal.

El juicio de Dios no fue una broma.

Dios no quiere condenar; Él quiere salvar. Él no advierte en vano. A estos dos jóvenes los atrapó el juicio de Dios por menospreciar y no escuchar la advertencia que recibieron.

La descripción de lo que Dios hizo con su ciudad es clarísima: “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.” (Génesis 19:24-25).

Estos dos muchachos “percibieron” el mensaje salvífico de su suegro como una burla a ellos. No sé porqué es que lo percibieron así. Seguro que Lot tenía algunos problemas como testigo de Dios y comunicador de su mensaje. Pero, ellos no tienen excusa, y si la tuvieron, ésta no los libró de perecer con su ciudad y sus conciudadanos.

Reírse, burlarse, jugar y menospreciar el destino eterno es muy peligroso. Tomar en poco el juicio de Dios por nuestra acciones pecaminosas es un error fatal. Caricaturizar la salvación de Dios y verla con desprecio y desaire nos traerá perjuicio temporal (en esta tierra) y eterno (en el mundo venidero).

Tomemos a estos jóvenes como un ejemplo de lo que no debemos hacer.

¡Percibir erróneamente a los mensajeros de Dios y su mensaje, y desairar a Dios y a su mensaje de salvación, nos acarreará condenación eterna!

¡Cuidado!

Dios existe y es nuestro creador. Él es bueno y misericordioso.

Nosotros somos pecadores y vivimos  alejados de él, desobedeciéndole y deshonrándole.

Nosotros merecemos el juicio y la condenación divina, pero Dios no quiere condenar ni castigar, él quiere perdonar y salvar.

Dios nos ha enviado a Jesucristo Su Hijo para salvarnos de nuestros pecados y de nuestra condenación. Jesús murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

Dios ofrece perdonar y quitar toda condenación a toda persona que cree en Jesús y le sigue genuinamente.

Creamos en su mensaje urgentemente. ¡Creamos y sigamos a Jesucristo Su Hijo!

Necesitamos la salvación de Dios y él está listo para salvarnos.

Cada día que pasa nos acercamos a nuestro encuentro eterno con Dios y solamente Jesucristo puede hacernos aceptables ante él.

Dios quiso salvar a dos de los jóvenes de Sodoma y de Gomorra, pero ellos menospreciaron su oferta de salvación y perecieron en la condenación de su ciudad.

No incurramos en su error craso.

Escuchemos con temor y reverencia el mensaje de la Biblia.

Dios ha enviado sus mensajeros a todo el mundo con su mensaje de salvación por medio de Jesucristo Su Hijo.

Si tú escuchas el evangelio de Jesús, créelo. Si tú escuchas que Jesús vino salvarte, recíbelo y síguele como discípulo.

Si te conviertes a Dios por medio de Jesucristo para servirle y adorarle de corazón serás salvo eternamente y la ira de Dios no te alcanzará jamás. El apóstol Pablo escribió estás palabras de quiénes creen y siguen a Jesucristo: “… y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.” (1 Tesalonicenses 1:9-10).

¡Creamos a los mensajeros que hoy nos anuncian el juicio de Dios y su salvación por medio de Jesucristo! ¡Jesús es el único que nos libra de la ira venidera!

Si te burlas, si te ríes, si juegas, si menosprecias y si desaíras a los mensajeros y al mensaje de la salvación de Dios en Jesucristo que se te trae, te arrepentirás eternamente.

¡Todos tenemos que tomar muy en serio el evangelio de salvación de Dios en Cristo Jesús!

¡Evitemos la percepción errónea y el desaire mortal que consiste en no hacer caso al mensaje de salvación en Jesucristo que Dios nos envía por medio de sus mensajeros! Amén. 

¡Iluminados y alumbrados por Dios y por Jesucristo Su Hijo!

Al salir del avión y experimentar la claridad y la energía del sol abrazador selvático me vino a la mente un texto profético del Apocalipsis. En ese texto se anticipa un mundo nuevo en el que el sol será minimizado.

El sol es vital para la vida en esta tierra. ¿Cómo es que se sustentará la vida en ese mundo nuevo si es que el sol es opacado?

El texto del Apocalipsis lo dice clara y contundentemente: La gloria de Dios y de Jesucristo Su Hijo iluminarán y alumbrarán la ciudad en que habitarán los hijos de Dios. Está escrito: “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que alumbren en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (Apocalipsis 21:23).

La vida eterna en la ciudad celestial que Dios tiene preparada para sus redimidos se augura maravillosa y esplendorosa. Allí, la luz del sol y de la luna no nos serán necesarias. La vida, la salud, la claridad y la energía que requerimos para vivir ya no nos serán dadas por ambos astros, sino por Dios y por Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. ¡Cuán bendita es la esperanza que Dios nos da a conocer en la Biblia, su palabra!

¡Quiénes creen en Jesucristo y le siguen tienen certeza y seguridad tanto para sus vidas en esta tierra como para sus vidas en la eternidad! Los seres humanos no vivimos y nos morimos y ya no hay nada más. No es así. Hay otra vida después de ésta. Hay otro mundo también. La biblia nos dice la verdad respecto a lo que viene y haremos muy bien en creerla y vivirla.

El frío no me gusta, y si es por mucho tiempo, menos. El frío me estremece, me entume, me enferma y paraliza. Prefiero al sol, a su luz, a su calor, a su energía. La luz del sol y su calor me serán algo incómodos, pero me dan vigor y ganas de andar y de obrar. El calor del sol no me deja en cama, me impulsa a levantarme, a pararme.

Espiritualmente también es así. No me gusta estar frío, sin energía y sin ánimo. Necesito a Dios y a Jesucristo Su Hijo. Dios me da aliento y energía para vivir cada día. Él me sostiene y me motiva. ¡Doy gracias a Dios por permitirme conocerle y seguirle por medio de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador!

¡Qué grandioso va a ser el día en que empecemos a vivir la eternidad al lado de Dios! Allí ya no habrá nada ni nadie que nos debilite y desaliente. Vivir iluminados y alumbrados por Dios y Jesucristo Su Hijo ya hoy es glorioso, y lo será mucho más en la eternidad. Amén.

¡Anunciemos gozosamente el evangelio de Jesucristo!

“Evangelio” significa “buenas noticias”, “buenas nuevas”. El evangelio en la Biblia es presentado como un mensaje poderoso. El poder del evangelio bíblico radica en el poder de Dios y en lo que anuncia: la salvación, el perdón de pecados y la vida eterna.

El evangelio anuncia la salvación de Dios por medio de Jesús, Su unigénito Hijo, quien es el salvador, Cristo el Señor. Los ángeles consolaron a los pastores que recibieron el anuncio del nacimiento de Jesús con palabras evangélicas: “… No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo; que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10-11).

Dios ama a los pecadores y es por eso que envío a Su Hijo a este mundo para que los pecadores que creen en él y le siguen sean salvos. Dios no quiere condenar; esa no es su prioridad. Lo que Dios quiere es salvar y Jesucristo Su Hijo es la evidencia irrefutable de tal realidad.

Jesucristo, de acuerdo al evangelio, murió por los pecadores conforme a las escrituras, y resucitó de entre los muertos al tercer día. Luego de resucitar, él se presentó vivo a sus discípulos con muchas pruebas indubitables de su resurrección y les habló del reino de Dios por cuarenta días.

En mérito a quién es Jesús y a la obra de redención que él realizó en la cruz del Calvario, todo pecador que cree en él y le sigue de corazón es hecho hijo de Dios y coheredero del reino de Dios. Este es el mensaje vital del evangelio bíblico.

La buena nueva, la noticia alegre, el evangelio bíblico, afirma ciertísimamente que quienes creemos en Jesús y le seguimos, somos hechos hijos Dios, ya no estamos perdidos, ya no somos hijos de ira, ya no estamos bajo condenación. Esta nuestra salvación es un hecho consumado y real gracias a que Jesús “… fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.” (Romanos‬ ‭4‬:‭25‬).

El evangelio es inclusivo y está accesible a toda criatura y a todas las naciones. Apropiarse del evangelio de Jesucristo y de sus beneficios es fácil. ¿Cómo es que obtenemos la salvación de Dios por medio de Jesucristo que anuncia el evangelio? El apóstol Pablo no dice lo que tenemos que hacer. “… Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:8-10).

¡Creamos el evangelio! ¡Hagámoslo pronto! ¡Confesemos que Jesús el Señor y creamos en nuestro corazón que se levantó de entre los muertos por el poder de Dios! Si lo hacemos, si confesamos y si creemos, seremos salvos eternamente.

Una vez que ya hemos creído y confesado a Jesucristo, el evangelio nos “obliga” a una misión, a la misión de anunciar el mensaje de salvación. Nosotros que creemos estamos llamados a compartir la buena noticia de la salvación a toda persona por dondequiera que vayamos.

¡Hablemos el evangelio! ¡Contemos las buenas nuevas de salvación a quienes se relacionan con nosotros! ¡Aprovechemos cada oportunidad que Dios nos da para decirle a otros que Jesucristo es el único y suficiente salvador que necesitan!

Está escrito:‬‭ “Pues si anuncio el evangelio no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciaré el evangelio!” (1 Corintios 9:16). ¡Qué Dios nos impulse a hablar las buena nuevas de salvación en Cristo a toda persona en todo tiempo! Amén.‬

José, el hombre al que el éxito y la prosperidad perfeccionaron en bondad.

José, el hombre al que el éxito y la prosperidad perfeccionaron en bondad. Eso es lo que el éxito y la prosperidad deben hacer con todos nosotros: hacernos mejores personas. José es un ejemplo de que ese propósito divino mediante sus bendiciones sí es posible de alcanzar. 

José es un hombre común que experimentó lo malo, doloroso y amargo de la vida sin corromperse. El mal que padeció durante años lo convirtió en un hombre mejor ante Dios y ante los hombres. Su vida no solo fue de padecimiento; también experimentó dicha, prosperidad y éxito. Aunque estos momentos de prosperidad fueron cortos y transitorios durante el periodo en que el odio, la envidia y la injusticia quebrantaron su corazón, fueron mucho mayores y duraderos cuando llegó a ser el segundo después de Faraón.

Desde temprano, José fue amado y preferido por su padre, Jacob. Ascendió pronto en la casa de Potifar, donde llegó como esclavo y terminó siendo el mayordomo principal. Lo mismo ocurrió en la prisión del Faraón, donde fue colocado como administrador. Su punto de quiebre ocurrió al interpretar los sueños de Faraón, lo que cambió radicalmente su vida. Faraón vio su carácter y sabiduría, y lo nombró su segundo en todo su gobierno. A partir de entonces, su prosperidad, bienestar y éxito no cesaron hasta su muerte.

Pero José no solo gozó de bienes y aprecio en Egipto. También fue el libertador y bienhechor de su propia familia, protegiéndola y bendiciéndola, incluso a los hermanos que lo maltrataron y vendieron. Sus palabras a ellos fueron: “… No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.” (Génesis 50:19-21). Esas palabras de José son muy elocuentes en cuanto lo buena persona que era. El bienestar, el poder, la riqueza y la fama no corrompieron su carácter, al igual que tampoco las adversidades y las injusticias. Siempre fue un hombre de bien, un ejemplo a seguir.

La clave en la vida de José fue su relación con Dios. Dios lo conocía y bendecía, y él lo sabía. José temía y respetaba a Dios, y nunca quería pecar contra Él. Reconocía que su sabiduría y entendimiento espiritual provenían de Dios y comprendió que su prosperidad era gracias a Él. José interpretó las acciones perversas de sus hermanos como parte del propósito divino para con él. Nunca se creyó en lugar de Dios (y por eso perdonó; y por eso nunca se vengó) y siempre esperó que la última palabra la tuviera Él, mirando su futuro con optimismo. (La Biblia, Génesis capítulo 37, 39-50).

José siempre vio a Dios obrando en su propia vida y en la vida de los demás. Tanto los acontecimientos felices como infelices los interpretó en función de Dios y su buena voluntad para con él. Él perennizó su reconocimiento al accionar bondadoso de Dios a su favor en los nombres de sus hijos, y el nombre del segundo de ellos lo ejemplifica: “Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi prosperidad.” (Génesis 41:52). José nunca atribuyó su prosperidad a sí mismo, sino a Dios. Es por eso que siempre fue noble, sencillo y humilde de carácter.

Nuestra vida en este mundo tiene bien y también mal. Tanto lo malo como lo bueno de la vida tienen que perfeccionar para bien nuestro carácter y nuestra personalidad. La vida de José nos da la clave para que la prosperidad y la adversidad de la vida siempre nos ayuden a ser mejores seres humanos para con Dios y los hombres.

Si deseamos que el éxito y la prosperidad de Dios no nos deformen ni dañen, debemos relacionarnos con Dios como José. Él vivió por la fe, viendo lo visible y transitorio de la vida a través de la buena voluntad de Dios. Así debemos vivir también, disfrutando de las bendiciones de Dios y usando esas bendiciones para ser mejores personas ante Él y ante nuestros semejantes.

¡Qué Dios nos ayude, a quienes hoy creemos en Jesús Su Hijo, para que el bien, la prosperidad y el éxito que nos da nos transformen en mejores hijos suyos! Amén y amén.

José, el hombre que venció el mal con el bien.

José es el hombre que todos debemos ser. Él experimentó lo bueno y lo malo de la vida, y estas experiencias lo moldearon según la voluntad de Dios. Lo bueno y lo malo no afectaron negativamente su carácter; al contrario, lo enriquecieron y perfeccionaron.

En este mundo, lo bueno y lo malo son inevitables. Todos los seres humanos los experimentamos en mayor o menor grado.

Lo malo incluye la maldad, el odio, el maltrato, la violencia verbal y física, la mentira, la injusticia y la ingratitud. Lo bueno abarca el bien, el amor, el buen trato, la amabilidad verbal, la veracidad, la justicia y la gratitud. José sufrió lo malo y disfrutó lo bueno de la vida.

José sufrió lo malo principalmente de sus propios hermanos. Siendo el penúltimo de doce hermanos, fue aborrecido, envidiado y maltratado  por ellos. Finalmente, fue vendido como esclavo.

José también sufrió en la casa de su amo, donde fue acosado sexualmente por su patrona, y al rechazarla, fue calumniado y encarcelado injustamente.

En prisión, José interpretó los sueños del copero y el panadero del Faraón de Egipto. Aunque el copero fue liberado, olvidó interceder por José ante Faraón durante dos largos años.

A pesar de estas injusticias, José no se dejó llevar por el resentimiento ni la amargura. En cambio, perdonó a sus hermanos y no guardó rencor contra la esposa de Potifar ni el copero.

Experimentar lo malo causa dolor, impotencia, frustración, decepción, tristeza, llanto, desaliento, etc. Estas emociones son normales y transitorias, pero pueden convertirse en emociones dañinas y destructivas, si es que no se las vence con el bien.

José tiene que haber luchado mucho en su interior para no convertirse en resentido, amargado, frustrado, vengativo y odioso. La narración bíblica no muestra esa su lucha interna. Empero, la escritura y la evidencia empírica nos dan sustento para afirmar que él no fue ajeno a la tentación de pagar con emociones y actos malos a quienes lo maltrataron.

El relato bíblico muestra a José siendo un hombre bueno e interesado por el bienestar de los demás. Lo malo que experimentó de parte de otros no lo hicieron un mal hombre. No, no fue así. Lo malo que padeció lo hizo atento, paciente, considerado, misericordioso, perdonador y bondadoso.

José interpretó y reaccionó a lo malo de la vida y a la maldad desde su fe y su temor a Jehová su Dios. Él andaba con Dios. Dios estaba presente en todas sus acciones. José sabía que Dios estaba con él y que todo suceso por más malo que fuese estaba bajo su control soberano.

José testificó que Dios trató y estuvo con él durante todo el tiempo en que sufrió lo malo. Él quiso que se supiese siempre lo que Dios había hecho en su vida durante su aflicción; es por eso que llamó Manases a su hijo mayor.

Manases significa “hacer olvidar”. José nombró a su hijo dando esta su razón: “… porque Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre.” (Génesis 41:51).

Dios consoló a José en su dolor y en su amargura. Fue Dios quien alivió su tristeza por el mal que le hicieron. Fue Dios quien hizo que “olvidase” lo mal que fue tratado.

Nosotros no estamos exentos de experimentar lo malo. Los primeros cristianos sufrieron lo malo, pero Dios trató con ellos como lo hizo con José.

A nosotros lo malo nos tiene que ayudar siempre a ser buenos. Nuestro carácter como hijos de Dios tiene que ser fortalecido y perfeccionado para conformarnos a la voluntad de Dios.

La exhortación de Pedro a los cristianos de su tiempo nos es pertinente. Nosotros debemos sufrir lo malo de la vida siendo buenos. Él escribió: “Así qué, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.” (1 Pedro 4:15-16).

Seamos como José. Que padecer lo malo y a los malos nos haga buenos para nuestro Dios y para Jesucristo Su Hijo. No dejemos que lo malo nos haga perder el gozo de nuestra salvación. Jesucristo vino para darnos vida en abundancia y no lo malo ni los malos deben interrumpir esa vida bendita.

Vencer el mal con el bien es posible para quienes que somos hijos de Dios por medio de Jesucristo. Lo malo y los malos deben fortalecer y afirmar nuestra personalidad como nuevas criaturas en Cristo Jesús.

José es un ejemplo que nosotros debemos emular. ¡Qué Dios nos ayude!

¡Dios y Padre de Jesucristo, haz que lo malo de la vida acreciente nuestro amor, devoción, confianza y lealtad plena a ti y a tu Hijo Jesucristo! Amén y amén.

El Trueque Bendito y Glorioso: La Justicia de Dios en Jesús para todo pecador.

El Trueque Bendito y Glorioso: La Justicia de Dios en Jesús para todo pecador que cree en él y le sigue.

Dios mira hoy a los hombres y a todas las naciones en Jesús, Su Hijo Amado. Aquellos que están con Jesús y le siguen, están con Dios; y quienes no están con Jesús ni le siguen, están contra Él. Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres.

Dios, en Jesús, realizó un intercambio bendito y muy beneficioso para nosotros, los pecadores. Jesús, quien nunca cometió pecado, fue hecho pecado por nosotros. Todo pecado cometido por nosotros y toda la condenación que justamente merecemos fue puesto y castigado en Jesús.

Dios, mediante este sorprendente acto, liberó en Jesús a los hombres de todo pecado, condenación y culpa. En Jesús, entonces, los hombres son inimputables y totalmente aptos para vivir con Dios por toda la eternidad.

Además, Dios, por medio de este intercambio bendito, hizo algo aún más impresionante: Hizo a todo hombre pecador justicia de Dios en Jesús. Esto significa que la justicia de Dios, que es la pureza y santidad plena de Dios, que estaba toda en Jesús Su Hijo, fue puesta y colocada en todo pecador que cree y sigue a Jesús.

Dios, en consecuencia, por causa de Jesús y en Jesús, ve a todo pecador revestido con Su propia justicia. En otras palabras, Dios ve al pecador puro, limpio y santo porque lo ve siempre en Jesús.

Esta condición del pecador que cree en Jesús y le sigue es perenne y constante. No existe ni un momento en el que Dios mire al pecador que cree y sigue a Jesús fuera de Él. Es justamente por este intercambio bendito y glorioso que la salvación eterna del pecador que cree y sigue a Jesús es segura, firme e imperdible.

¿Quiere decir esto que el pecador que cree y sigue a Jesús puede entonces vivir como le plazca? ¿Es esta bendita y segura salvación en Cristo un seguro para continuar en el sendero del pecado y la rebeldía contra Dios? No, de ninguna manera.

El discípulo de Jesucristo no tomará esa forma de vida. Lo que él hará, por creer en Jesús y por ser consciente del perdón de pecados eterno que ha recibido por Su amor y Su sacrificio, es amar, obedecer, servir, alabar y glorificar constantemente a Dios por medio de Jesucristo Su Hijo.

Nunca somos salvos por nosotros mismos. Siempre y siempre es por Jesús y Su sacrificio que Dios nos acepta y nos hace Sus hijos y Sus herederos. ¡Gracias Dios por el intercambio bendito y glorioso que hiciste a nuestro favor por medio de Jesucristo tu Hijo! Amén.

¡Siempre transparentes y visibles ante Dios!

Dios está siempre presente. Él ve todo y sabe todo. No hay nada de nosotros que escape a su percepción.

Nos observa tanto en la luz como en la oscuridad. Ni las tinieblas más profundas ni el escondite más recóndito pueden ocultarnos de su presencia. Todos somos transparentes y siempre visibles ante sus ojos.

El escritor del Salmo 139 sabía que Dios es omnisciente y omnipresente. David sabía que nunca se deja de estar en la presencia de Dios. Él está siempre y también ve todo en todo momento. No existe un instante de nuestra vida que está fuera de su vista.

Dios nos vio en el vientre de nuestra madre. Él nos ve al levantarnos y al sentarnos. Él nos ve cuando andamos y también cuando descansamos.

La vista de Dios cubre nuestro ser interior y también el exterior.

Él contempla nuestros pensamientos, intenciones y acciones. Dios percibe nuestra tristeza y nuestra alegría, nuestro ánimo y nuestro desánimo, nuestra fortaleza y nuestra debilidad.

Dios nos conoce profundamente y podemos ser auténticos en su presencia. ¡Qué maravilloso es conocer y relacionarnos con este bendito y glorioso Dios a través de la fe en Jesucristo, Su Hijo, nuestro Señor y Salvador!

David estaba impresionado y maravillado por Dios y sus virtudes. Él era consciente de la imposibilidad de escaparse de la presencia de tan grande Dios. Su reacción natural ante esta cualidad de Dios fue la alabanza y la adoración reverente y gozosa.

Los hijos de Dios por la fe en Jesucristo tenemos que ser genuinos siempre ante Dios. Debemos pararnos ante él con confianza y sinceridad. No hay razón para la doblez sino para la transparencia y la autenticidad. ¡Alabemos y adoremos respetuosa y alegremente a través de Jesús a este nuestro maravilloso y grandioso Dios todo vidente! Amén.

Crónica de mi visita a la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz, España.

Jesucristo anunció que edificaría Su Iglesia en Mateo 16:18. La Iglesia es una obra de Jesucristo. Él es quien la edifica, la acrecienta, la sustenta, la purifica, la corrige y la perfecciona. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, “… la plenitud de aquel que todo lo llena en todo.” (Efesios 1:23).

Jesucristo edifica Su Iglesia desde los cielos a través del Espíritu Santo, de sus seguidores obedientes y de la predicación del evangelio. Él empezó a edificar Su Iglesia desde el día de Pentecostés, con la llegada del Espíritu Santo (Hechos 2:1-47).

Jesucristo es quien añade a Su Iglesia a todos quienes creen en su evangelio: “… Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47). Todos los que creen en Jesús y le siguen son Su Iglesia y son salvos ya desde hoy y por toda la eternidad. Esta obra de Cristo es indestructible y llegará a su fin cuando él termine de edificarla, santificarla y perfeccionarla. (Foto: El pastor Francisco Ruiz, quien fue el primer pastor de la PIB de Torrejón de Ardoz).

La Iglesia de Jesucristo ocupa un lugar central en mi vida. Mi vida gira alrededor de la iglesia desde el 29 de junio de 1987. A mí me gusta ver lo que Dios hace en la iglesia. Es una bendición grande hablar de cómo Dios está obrando en la iglesia.

En esta nota testificaré de lo que vi en la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz, España. Este escrito es un testimonio que escribo con retraso. Dios me dio la oportunidad de conocer y de interactuar con su congregación de hijos que Dios que está en Torrejón de Ardoz, España. Esta mi interacción ocurrió el año pasado, entre setiembre y octubre.

Estuve en esa congregación para dar el mensaje de la Biblia a la congregación y a un buen grupo de jóvenes, que se congregaron allí en razón de un encuentro juvenil. Mis momentos allí fueron dos y muy edificantes y significativos.

Mi experiencia con los hermanos de la iglesia y con la juventud que se congregó en esa ciudad llenó de mi alma de gozo y de optimismo. En España, como en varias otros países de este mundo, Dios tiene un remanente fervoroso de hijos suyos. Jesucristo, quien es Dios hecho Hombre, es creído, seguido, amado, alabado, obedecido y esperado por varios españoles y por diversas personas de las varias naciones que están viviendo en esa nación europea. (Foto: Edificio en el que se congrega la PIB de Torrejón de Ardoz, España. Calle Higuera, 4, 28850).

La Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz empezó el año 1981. La congregación empezó con la familia Ruiz. Esa congregación naciente tuvo el apoyo del misionero Julio Lyons. Ese esfuerzo inicial de discípulos obedientes a la gran comisión rindió fruto para vida eterna y le ha dado a la ciudad de Torrejón de Ardoz el testimonio de Jesucristo y su salvación desde ese año hasta hoy.

Dios me dio el gusto de conocer y charlar un poquito con Francisco Ruíz, quien fue el primer pastor de la congregación. Él es un ciudadano español y ya está jubilado. El pastor Francisco todavía tiene vigor y comunica con entusiasmo el cómo obró Dios en su ciudad para edificar la congregación de discípulos de Jesús en sus días. (Foto: Jesucristo salva gente y la añade a Su Iglesia por la obra del Espíritu Santo, la obediencia de sus discípulos y la predicación del evangelio y su palabra escrita).

Mi visita a esa congregación fue una realidad gracias al pastor Ruben Ruiz, que es quien preside, administra y pastorea a los hijos de Dios que reúnen allí. El pastor Rubén y su familia fueron anfitriones amenos y agradables. Ellos reflejaron la hospitalidad que es una característica clave de los siervos de Dios.

Con el pastor Ruben hablamos de la Biblia y de la obra de Dios en su país. Hablamos de historia de la iglesia y del papel de españoles ilustres, Casiodoro De Reina (Sevilla, España) y Cipriano de Valera (Fregenal del Sierra, España). Estos dos españoles son los que nos legaron la Biblia que usa gran parte de la iglesia de lengua española. El primero, nos la tradujo (1569); y el segundo, la revisó (1602).

El pastor Rubén me obsequió una Biblia de transporte fácil. Esa Biblia es la que viaja conmigo dondequiera que Dios me da el privilegio de enseñar y predicar. ¡Gracias, pastor Ruben, por tan útil obsequio! (Foto: El pastor Rubén y su esposa, oremos por ellos, su trabajo es muy importante para la PIB de Torrejón de Ardoz).

La Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz está compuesta por hermanos españoles y por hermanos de otros varios países. El local en que se reúnen es acogedor y cálido. Los cantos al Señor son muy parecidos a los que cantamos en el Perú. La atención a la palabra de Dios es estimulante. Dios bendijo mi vida durante mi tiempo entre sus hijos. ¡Dios los bendiga y los siga sobreedificando en la fe en Jesucristo con la palabra escrita que está en la Biblia!

Pablo tenía interés en España, quería visitarlos. Entiendo a Pablo en ese su interés. La historia muestra que España ha sido un instrumento de Dios para que Su Persona y Su obra de Salvación por medio de Jesucristo sean conocidas en varias naciones del mundo. (Foto: Los jóvenes que se congregaron en el local de la PIB de Torrejón de Ardoz para oír el mensaje de Dios y tener comunión unos con otros vinieron de distintos lugares de España).

En la España actual son muchos los ciudadanos de diferentes países que encuentran a Jesús y le siguen al llegar a ese país en busca de un futuro mejor. Estoy contento porque Dios tiene discípulos de Cristo que están predicando el evangelio y haciendo discípulos en España. Mi alma se alegra al ver la obra de salvación por fe en Jesús que Dios difunde por medio de Su Iglesia.

Finalizo este testimonio dando gracias a Dios porque tiene a los hermanos de la Primera Iglesia Bautista de Torrejón de Ardoz como sus mensajeros para que sean muchos más los ciudadanos que escuchan el evangelio de Cristo en esa ciudad.

¡Qué Dios bendiga a los hermanos de la PIB de Torrejón de Ardoz y que los afirme en la de Jesús y los siga usando como sus mensajeros en esa ciudad y en toda España! Amén.

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“Si eres una persona que está buscando a Dios o si ya eres un hijo de Dios por medio de Jesucristo, y estás en Torrejón de Ardoz, visita y reúne en esta congregación de hijos de Dios.”

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