¡Mi Redentor Vive y después de muerto resucitaré, lo veré y viviré con él!

La muerte llegó a personas que quiero. La tristeza les embarga y el dolor les agobia.

Están tristes y desde donde estoy solamente puedo orar por ellos y darles palabras de aliento.

La persona que murió vivió en esta tierra creyendo en Dios por medio de Jesucristo, Su Hijo. Y Jesucristo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación (Romanos 4:25), dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Cree esto?”

Ella creyó en Jesucristo y en lo que él dijo de sí mismo. En consecuencia, su muerte no es definitiva, no ha muerto eternamente, ella resucitará y vivirá eternamente al lado de Dios y de todos los redimidos.

Desde la distancia y desde mi no presencia física pido a Dios que consuele, de fuerzas, ánimo y ayuda a mis amigos y hermanos en Cristo, cuyo familiar a partido a su encuentro espiritual con Dios.

El antónimo de la muerte es la vida. Lo opuesto a morir es resucitar.  La Biblia habla de la muerte y también de la vida. La Biblia presenta el morir y también el resucitar.

Yo no sé de ustedes, pero sí se de mí. Se puede vivir y morir con la esperanza de resucitar de los muertos para salvación y vida eterna al lado de Dios. Si se quiere vivir y morir así, hay que creer y seguir a Jesucristo de todo corazón.

Job, quien es conocido por el sufrimiento atroz que padeció, creía en la resurrección de los muertos y en su propia resurrección. Sus palabras, en Job 19:25-27, son contundentes.

Él sabía que Su Redentor estaba vivo. Él sabía que se iba a morir y que por el proceso de la muerte, su piel iba a ser deshecha. Pero él sabía, también, que iba a resucitar y que en su carne iba a ver a Dios.

Ver a Dios luego de morir y resucitar es una verdad liberadora y alentadora. La muerte no es nuestro final, sino nuestro principio, el principio de nuestra eternidad. En esta nuestra eternidad, veremos a Dios, lo veremos personalmente, seremos nosotros mismos los que experimentaremos ese bendito hecho y Job lo hace patente.

La muerte y el dolor que produce en nosotros que la padecemos, nos agobia, nos abruma. Job no lo niega, él dice que su corazón desfallece dentro del él. Pasa lo mismo con nosotros. Pero, eso sí, nuestra esperanza es mayor, y es por eso que nos sobreponemos al dolor y nos levantamos y nos ponemos en pie, para seguir viviendo con ánimo para Dios por la fe en Jesucristo.

¡Gracias a Dios por darnos esperanza en días de dolor por la muerte! ¡Gracias a Dios por darnos a Jesucristo, que murió y resucitó para salvarnos de la muerte!

¡Qué Dios nos ayude a vivir creyendo en Jesucristo mientras vivimos como extranjeros y peregrinos hasta irnos a vivir con él por la eternidad!

Amén y amén.

Creer en Dios da aliento y fortaleza para atravesar cualquier situación.

Dios sostuvo, sostiene y sostendrá siempre a todo aquel que cree en él y lo busca y espera en él. Dios nunca falla ni deja solos a lo que le temen y lo esperan.
La vida de por sí ya es dura, pues hay que trabajar duro. La vida tiene sus momentos de gozo, de bienestar, sí, claro que sí. La vida tiene muchos momentos alegres. Siempre debemos agradecer a Dios por los buenos instantes que vivimos en este mundo.
Pero son los instantes de dolor, de frustración, de traición, de pérdida atroz, los que nos hacen desmayar. Este tipo de momentos nos hacen olvidar todos los buenos momentos. Este tipo de momentos nos quitan el aliento y nos derrumban mental y emocionalmente.

Puede ser porque se pierde algo que amamos y que nos es muy valioso. ¿El trabajo? ¿La vivienda? ¿La familia? ¿Una amistad? ¿Un miembro del cuerpo?
En todo momento Dios está al lado de uno, pero es en la tragedia, en la desgracia, en el dolor, en el desvanecimiento, que su presencia se hace urgente e indispensable. Es en la aflicción y el sufrimiento indecible que conocemos más y mejor a Dios.
El escritor del Salmo 27, David, el gran rey David, experimentó momentos de dolor y de desesperación, que le fueron emocionalmente horribles. Él se sintió morir. Pero, gracias a Dios, tuvo su pero, su pero fue su fe. Su fe en Dios, su fe en el bondadoso Jehová Dios lo sostuvo.
Yo he tenido momentos así también, y al igual que David, mi fe en el bondadoso Dios me ha revivido y fortalecido.
Cree en Dios por medio de Jesucristo. Cree en la bondad de Dios por medio de Su Hijo Jesús. Cree en que Dios está presente en esta tierra y obrando en ella en todo momento. Aguarda a Dios y cobra ánimo. Espera en Dios y tus fuerzas serán renovadas.
No lo has perdido todo. No te has quedado solo. Todavía Dios está presente. Todavía queda Dios.
Amén y amén.

El árbol de la ciencia del bien y del mal – El bocado bueno, protector, prohibido y mortal.

El árbol de la ciencia del bien y del mal es el segundo árbol que Dios destaca en la narración bíblica. El primero es el árbol de vida (Génesis 2:9).

El árbol de la ciencia del bien y del mal era un árbol bueno, como todo lo que Dios hizo. El árbol está incluido en la declaración que clausuró la obra creativa de Dios (Génesis 1:31).

Pero el árbol de la ciencia del bien y del mal, que era bueno, le fue prohibido clara y específicamente a Adán; y también a Eva, que recibió la prohibición de boca de Adán.

¿Por qué Dios les prohibió ese crucial árbol? Es difícil responder por Dios. Con todo, me aventuraré a dar algunos motivos implícitos en el relato y la prohibición.

1. Ellos tenían mucho que comer y no necesitaban comer el fruto de ese árbol. Génesis 2:9 muestra la abundancia que había en el huerto. Dios autorizó a Adán a comer todo árbol del huerto,  incluyendo al árbol de Vida (Génesis 2:16).

2. Dios los hizo capaces de conocer el bien y el mal sin necesidad de desobedecerle. El bien era obedecer a Dios y el mal era desobedecerle. Adán mostró su capacidad de conocer el bien y de expresar ese conocimiento al obedecer a Dios nombrando a todos los animales. Adán y Eva mostraron su capacidad de conocer el mal al obedecer a Dios no comiendo del árbol por un breve tiempo entre el final del capítulo 2 y el inicio del capítulo 3 de Génesis.

3. Adán y Eva tenían a Dios como Maestro personal directo. Dios los hizo a su imagen y semejanza, es decir, tenían las capacidades de Dios en expresión humana. Dios les hizo conocer cuál era su posición, su rol y sus deberes en toda su creación (Génesis 1:28). Dios le hizo conocer también qué debían comer ellos y también las otras criaturas (Génesis 1:29-30). Dios les hizo conocer también cuán amplia y plural era su libertad cómo cuán mínima y singular era su prohibición (Génesis 2:16-17). Dios era su maestro. Adán y Eva podían conocer lo que quisiesen directamente de Dios.

4. Dios dio a Adán y Eva la prohibición para protegerlos de la muerte y del enemigo qué ellos “no sabían” que ya existía. Para este momento del relato, y habiendo pasado la semana de creación, Lucifer ya se había convertido en diablo y Satanás, y era adversario de Dios y de ellos (Apocalipsis 12:9), pero Adán y Eva no lo sabían. Obedecer Genesis 2:16-17 protegía a Adán y Eva de ese enemigo y su engaño. También, obedecer ese mandato los protegía de la muerte, que les era potencial, pero experimental al desobedecer.

5. Dios probó la lealtad voluntaria de Adán y Eva con la prohibición de Génesis 2:16-17. Dios hizo personas a su imagen y semejanza. Dios hizo individuos libres. Dios hizo de los seres humanos entes con voluntad propia, ya para obedecer o “desobedecer”. Dios quería y esperaba que Adán y Eva decidiesen serle leales y que mostrasen esa su lealtad obedeciendo su mandato libre y voluntariamente. ¿Era un riesgo? Sí, y Dios asumió ese riesgo porque era lo mejor para nosotros.

Estos son los motivos implícitos en árbol de la ciencia del bien y del mal que veo en la narración y en la prohibición de Génesis 2:17. Si ustedes ven algún otro motivo, háganmelo saber.

Dios siempre buscó, busca y buscará el bien del ser humano.

Adán y Eva vieron esa bondad por un breve tiempo en el árbol de la ciencia del bien y del mal y en la orden de no comerlo. Cuando vieron esa bondad fueron obedientes a Dios y estuvieron en comunión con él y disfrutaron de todo lo que él dispuso para ellos.

Así es también hoy.

Dios es bueno y quiere lo mejor para con nosotros. Por eso nos ha dado a Jesucristo, Su Hijo, quien murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación (Romanos 4:24-25). Si vemos la bondad de Dios en Jesucristo y creemos en él y le seguimos, tendremos perdón de pecados y salvación eterna, y disfrutaremos de Dios y de todos sus bienes.

Aprovechemos la bondad de Dios y pongamos nuestra fe en Jesús para seguirle y servirle. Amén.

El bocado bueno, protector, prohibido y mortal que fue el árbol de la ciencia del bien y del mal no fue comido por un breve lapso de tiempo, pero después …

El árbol de la vida, un árbol ignorado hoy anhelado.

En el huerto que Dios hizo en Edén había gran variedad de árboles frutales. Sus frutos eran deliciosos a la vista y buenos para comer; se veían sabrosos y exquisitos. Y lo mejor, Adán y Eva eran libres de comerlos y alimentarse de ellos.

Adán y Eva veían “se deleitaban” y “se alimentaban” de los frutos de esos árboles. El autor inspirado no nos da ese hecho, lo presumo. No es posible que nuestros primeros padres hayan estado entre tanto árbol frutal sin haberse alimentado de ellos.

El autor inspirado destaca de entre todos estos árboles a dos árboles: El árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. ¿Por qué el escritor los separa, los remarca y los señala claramente?

Estos dos árboles son protagonistas en el relato bíblico.

En esta nota hablaré del primero de los dos árboles.

El árbol de la vida fue ignorado por Adán y Eva. Su fruto estaba a su alcance. Podían comerlo. Debían comerlo. Ese fruto no les estaba prohibido. Dios no les vedó ese árbol. Nuestros padres sí podían alimentarse del árbol de la vida. (Génesis 2:16).

¡El árbol de la vida y su fruto estaban disponibles!

Tristemente, Adán y Eva no comieron del de árbol de la vida. ¿Por qué no lo hicieron? Es probable que no lo hicieron porque estaban llenos de vida y porque tenían mucho para comer.

Después, cuando desobedecieron, cuando ya pecaron, Dios determinó que Adán y Eva no debían tener el árbol de la vida al alcance de su mano, para cogerlo y para comerlo (Génesis 3:22).

De acuerdo al testimonio del propio Dios, si Adán y Eva, ya caídos, comían del árbol de la vida vivirían para siempre. ¿Era malo eso en ese momento para ellos? Sí, seguro. ¿Por qué? Porque ellos hubieran perpetuado irremisiblemente su condición caída y desobediente.

Antes de la desobediencia, sí era bueno comer del fruto del árbol de la vida. Adán y Eva tenían el permiso de Dios y eran buenos, como toda la creación, por eso podían comerlo libremente. Su desobediencia quebrantó su bondad y la bondad de todo lo creado. Dios no quería que ellos perpetuasen su condición caída y por eso los alejó del árbol de la vida. ¿Cómo lo hizo? Los echó del huerto y colocó en su camino querubines y una espada encendida (Génesis 3:24).

El árbol de la vida entonces ya no es mencionado recurrentemente, “desaparece”.

Se menciona en Proverbios 3:13-18; 11:30; 13:12; 15:4, pero como símbolo de virtud o de un estado deseable.

El árbol de la vida aparece históricamente otra vez en el libro de Apocalipsis, el último libro de la Biblia, que narra la victoria definitiva de Jesucristo sobre el malo, los malos y el mal. Este árbol, que estuvo en el medio del huerto en Edén, ahora está en medio del paraíso de Dios (Apocalipsis 2:7), que es la Nueva Jerusalén, la ciudad eterna de Dios (Apocalipsis 22:2), que aparecerá al fin del mundo presente y al inicio del mundo eterno (Apocalipsis 21:1-4).

El árbol de la vida está al alcance de los redimidos y herederos del reino de Dios por la fe en Jesucristo (Apocalipsis 22:14). Dios alimentará a sus hijos con el fruto de ese árbol y dará sanidad con sus hojas a todos aquellos que por Jesucristo hayan llegado a vivir y gozar de él y de todos sus bienes por los siglos de los siglos (Apocalipsis 2:7; 22:2).

¡Qué Dios me ayude, te ayude y nos ayude a creer y a seguir a Jesús mientras estamos vivos para que Dios nos dé de comer del árbol de vida a su lado en la eternidad! Amén.

¿Cómo tener relaciones realistas y saludables con los que nos rodean?

Introducción.

Los seres humanos vivimos siempre con un constante e inevitable contacto con otros seres humanos. Nacemos, crecemos, trabajamos, descansamos, jugamos… y morimos entre seres humanos.

Toda nuestra vida está entre otros y con otros. Siendo que es así y que no podemos escaparnos de esa realidad, tenemos que asumirla y determinar en consecuencia cómo es que vamos a vivir entre (y con) los que están a nuestro alrededor.

Todos nosotros tenemos padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, etc.

Si estamos en un barrio, tenemos vecinos y amigos y… también enemigos.

Si estamos en el colegio o en la universidad, tenemos profesores y compañeros de clase.

Si ya trabajamos, tenemos a nuestros jefes y a nuestros compañeros o a nuestros subordinados y a nuestros compañeros si es que nosotros somos los jefes.

El día que nos casamos, si lo hacemos, tendremos cónyuge, hijos, suegros, cuñados, etc.

Si somos creyentes, tenemos a nuestros pastores, a nuestros diáconos, a nuestros maestros y a nuestros hermanos.

Tenemos que vivir con otros y entre otros. Dios ha diseñado así la vida de todos los hombres. Es su voluntad buena, agradable y perfecta que vivamos entre otros y con otros (Romanos 12:1).

Pero el pecado, que invadió a nuestro planeta a causa de la desobediencia de Adán y que quebrantó la voluntad buena y agradable y perfecta de Dios, ha distorsionado toda nuestra vida, incluyendo, desde luego, nuestras interrelaciones personales, es por eso que estas nuestras relaciones se tornan ásperas, duras, difíciles, incómodas y hasta insoportables.

El tema que nos ocupa plantea una interrogante desafiante: ¿Cómo tener relaciones realistas y saludables con los que nos rodean? La pregunta presupone los hechos siguientes:

  1. Tenemos relaciones interpersonales inevitablemente.
  2. Nuestras relaciones tienen que ser realistas porque si no lo son tendremos mucha frustración.
  3. También, nuestras relaciones tienen que ser saludables porque si no lo son viviremos mal nosotros y también los que nos rodean.
  4. Sí se puede tener relaciones realistas y saludables con aquellos que nos rodean y nos rodearán mientras estemos en esta tierra.
  5. Las relaciones realistas y saludables al vivir entre otros y con otros dependen de nosotros mismos.
  6. Es vital que vivamos entre otros y con otros aceptando y viviendo lo que la Biblia dice sobre nosotros y todos los seres humanos.

La idea central de esta exposición es la siguiente: Vivir realista y saludablemente con otros sí nos es posible. Como es posible, nosotros examinaremos lo que tenemos que hacer para que así sea.

Gracias a Dios, lo tenemos a él y a su Espíritu, para ayudarnos en este menester; y también tenemos la Biblia, que nos alumbrará y nos dirá qué tenemos que hacer para vivir bien con y entre aquellos que nos rodean.

A continuación, las decisiones y acciones personales que nosotros debemos asumir para vivir realista y saludablemente con otros y entre otros:

Primero: Determina vivir bajo el principio de amar como Dios y Cristo aman y han mandado que amemos.

Los cristianos estamos llamados a vivir nuestra vida bajo la ley del amor. No estamos hablando aquí del amor como el mundo lo ve, sino del amor según Dios, que es un amor de nuestra voluntad, no solamente de nuestras emociones.

Dios es amor dice la Biblia (1 Juan 4:7-12). Su esencia y su naturaleza toda es amor. Su acto irrefutable de amor ha sido, es y será siempre Jesucristo, Su Hijo, a quién dio y envío a esta tierra para nuestra salvación. (Juan 3:16; Romanos 5:8).

Jesucristo amó y se entregó a sí mismo por su iglesia (Juan 15:9-10). Toda su vida y sus obras fueron motivadas por su capacidad de amar. Su ministerio terrenal, sus padecimientos indecibles y su horrible muerte en la cruz no tienen otra explicación mayor que su amor por nosotros los seres humanos.

Dios nos ha ordenado que amemos a nuestro prójimo (Levítico 19:18; Mateo 22:39). Por lo general, el que ama a su prójimo no le hace mal (Levítico 19:13-17) y es por eso que el que ama a su prójimo ha cumplido la ley (Romanos 13:8-10).

También tenemos el mandato de amar a nuestros enemigos (Mateo 5:43-48). En consecuencia, el mandato de amar tiene que obedecido porque Dios nos lo ordena y porque nos ha capacitado para cumplirlo (Romanos 5:5).

Asimismo, quienes profesamos fe en Jesucristo y somos miembros de Su Cuerpo, Su Iglesia, tenemos que amar a nuestros hermanos en la fe cómo él nos ha amado a nosotros. (Juan 13:31-35; 1 Juan 3:10-24; 4:7-21).

El amor de Dios en nosotros por medio del Espíritu Santo es la clave al vivir con otros y entre otros. El amor de Dios nos ayuda a disfrutar la vida con otros y entre otros cuando todo va bien. El amor de Dios también nos ayuda a sobrellevar y soportar la vida con otros y entre otros cuando todo no va tan bien.

El amor de Dios y nuestra capacidad de amar como Dios nos ha amado en Cristo Jesús es vital al relacionarnos con otros y entre otros. A esta capacidad de amar divinamente hay que añadirle la determinación de hacerlo, cueste lo que cueste. Ya que amar, y amar como Dios ama, es un acto de nuestra voluntad. Tenemos que decidir amar a quienes nos rodean. ¡Vivamos y relacionémonos con otros en función del amor de Dios! Amén.

Segundo: Cumple tus deberes bíblicos para con aquellos que te rodean.

En mi experiencia, he notado que muchos de los problemas interpersonales se suscitan debido al incumplimiento de roles. Nosotros tenemos deberes que cumplir y los que nos rodean esperan que los cumplamos. Desde luego, nosotros también esperamos que los que nos rodean cumplan sus deberes. Cumplir los deberes que nos corresponden es vital para tener buenas relaciones con los que nos rodean.

Si eres hijo: Éxodo 20:12; Efesios 6:1-3; Colosenses 3:20. (Honra a tu padre y a tu madre. Obedece a tu padre y a tu madre. La obediencia a los padre es en todo).

Si eres hermano: Génesis 4:9. (Cuida, protege, vela, ayuda, socorre a tu hermano).

Si eres empleado: Efesios 6:5-8; Colosenses 3; 1 Pedro 2:18. (Obedece, respeta, sirve sin vigilancia y de buena voluntad a quien te da trabajo. Mira a Dios y no al hombre al trabajar para tu jefe).

Si eres patrón: Efesios 6:9. (Respeta, sirve, cuida, trata justa y con buena voluntad a tus empleados. No amenaces, no coacciones a tu empleado. Mira a Dios y trata a tus empleados como Dios te trata a ti).

Si eres amigo: Proverbios 17:17. (Se fiel, dispuesto y disponible a ellos en todo tiempo).

Si eres discípulo: Hebreos 13:7, 17. (Se dócil, leal, respetuoso y fácil de cuidar).

¿Qué hacemos si nosotros cumplimos nuestros roles pero los otros no? La respuesta es “fácil”. Nosotros tenemos que seguir cumpliendo nuestros roles sin desanimarnos ni enojarnos por el hecho de que los otros no cumplen los suyos. Así, con nuestro ejemplo y nuestras palabras, les motivamos a cumplir los suyos, y oramos también por ellos para que asuman su responsabilidad y hagan lo que deben hacer.

Si la situación no cambia y los otros persisten en no cumplir sus roles, nosotros seguimos cumpliendo nuestros roles y aprendemos a soportar y a sobrellevar esa situación sin quejarnos, ni resentirnos y sin dejar de vivir gozosos.

Tercero: Ten la meta de ser de edificación y de ánimo a todos aquellos que se relacionan contigo.

Nos movemos en base a propósitos y a determinaciones. Al convivir con otros, tenemos que tener el objetivo de bendecir y animar a toda persona que trata y tratará con nosotros.

Romanos 14:19. (Nosotros tenemos que seguir todo lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. Nuestro camino nunca es ser un tropiezo ni un estorbo a nadie, sino un estímulo).

Romanos 15:1-3. (Nosotros tenemos que soportar las flaquezas de los débiles, y buscar agradar a nuestro prójimo en lo que es bueno. Hacemos estas dos cosas siguiendo el ejemplo de Jesucristo).

1 Tesalonicenses 2:11. (Nosotros tenemos que exhortar y consolar a aquellos que están a nuestro alrededor).

1 Corintios 10:23-24. (Nosotros tenemos que obrar siempre lícitamente, pero tenemos que evitar hacer lo que nos es lícito, si es que no da edificación alguna a quienes nos rodean. Nuestra meta no es nuestro propio beneficio, sino el del otro).

1 Corintios 10:31-33. (Nosotros buscamos siempre la gloria de Dios en todo nuestro obrar. Por eso, nosotros no hacemos tropezar a otros, pues no procuramos nuestro beneficio, sino el de los que nos rodean. En última instancia, nosotros buscamos siempre la salvación de otros por medio de nuestras acciones, que siempre tienen que ser cristocéntricas y espirituales).

Los hombres y mujeres que viven a nuestro alrededor tienen que, de parte nuestra, recibir edificación, ánimo, aliento, consuelo, fortaleza e impulso para hacer lo bueno al vivir en esta tierra. Nuestra presencia debe ser buscada. Nosotros debemos ser una inspiración para todos los que nos rodean.

Cuarto: Aprende a sufrir agravios y a perdonar las ofensas.

Los seres humanos somos pecadores e imperfectos. Esto implica que necesariamente vamos a ofender y agraviar a los que nos rodean. Es más, nosotros mismos vamos a recibir ofensas y agravios de aquellos que conviven y se relacionan con nosotros.

Las ofensas y los agravios son inevitables. En consecuencia, necesitamos manejar espiritualmente estas cosas.

Tenemos que aprender a perdonar y a pedir perdón. También, es vital que aprendamos a sufrir pérdidas para evitar una guerra mayor (que generará más pérdidas) y mantener nuestra paz y la paz con otros.

1 Corintios 6:1-11. (En este párrafo somos instruidos a no agraviar ni defraudar a nadie. Enseña, también, que debemos estar listos a sufrir agravio y defraudación. Lo que nunca debemos hacer nosotros es prolongar la contienda).

1 Pedro 2:18-25. (Hay que soportar a empleadores difíciles, injustos y violentos. Aun cuando esos empleadores sean así, a nosotros nos toca sobrellevarlos y soportarlos, sin dejar de hacer lo bueno e imitar a nuestro Señor Jesucristo).

Marcos 11:25-26. (Nosotros tenemos que perdonar a quienes nos ofenden, afrentan y agravian. Nosotros no podemos dirigirnos a Dios en oración si tenemos en nuestro corazón rencor u ofensas sin perdonar).

Efesios 4:32. (Nosotros tenemos que ser misericordiosos, y perdonadores, e imitadores de Dios en nuestro trato con otros. Obramos con otros como Dios obró en Cristo a nuestro favor).

Mateo 18:21-22. (Nosotros debemos perdonar ilimitadamente. Nosotros no tenemos que estar contando un límite de ofensas perdonables. No. Todas las ofensas tenemos que perdonarlas).

Lucas 23:34. (Jesús perdonó todo el mal que los principales líderes judíos y el parte del pueblo de Israel le hicieron mientras estuvo en la tierra. Nosotros estamos llamados a perdonar, a perdonar, a perdonar).

Hechos 7:60 (Esteban fue calumniado y acusado injustamente, y juzgado en un juicio armado, y sentenciado y ejecutado violenta y cruelmente, pero, aun así él perdonó dramática y genuinamente).

2 Timoteo 4:16-18 (Pablo fue desamparado y dejado solo cuando se enfrentó al león, pero aun así él intercedió por los que lo abandonaron, y perdonó y no guardó rencor).

Quinto: Decide vivir en paz con todos los hombres y deja el hacer justicia a Dios.

Esto significa que nuestro corazón tiene que estar sano y sin ningún sentimiento de rencor ni de odio contra ninguna persona que se relacione o se haya relacionado dolosamente con nosotros. Nuestro corazón tiene que estar en paz y si ninguna cuenta pendiente contra nadie.

En este caso, no es tanto lo que pasa en el corazón de los otros, sino lo que pasa en nuestro corazón. Todo sentimiento de venganza y de hacer justicia por nuestra cuenta debe ser eliminado de nuestro corazón.

A nosotros nos toca estar en paz con el que nos hace daño y encomendar la causa y el perjuicio en la manos de Dios. Nosotros nunca podemos tomar la justicia por nuestra mano.

Romanos 12:17-21. (Nosotros no pagamos a nadie mal por mal. Nosotros procuramos lo bueno delante de los hombres y para todos los hombres. Nos toca estar en paz con todos. No nos toca vengarnos, sino dejar lugar a la ira de Dios. Nosotros le hacemos bien al que nos hace mal. Nosotros vencemos el mal haciendo el bien).

Mateo 5:38-48. (Nosotros no vivimos bajo la ley del ojo por ojo y diente por diente. Nosotros estamos en esta tierra para hacer lo bueno aun a aquellos que nos hacen mal. Nosotros no podemos aborrecer a nadie, nosotros estamos llamados a amar a nuestro prójimo y también a nuestros enemigos. Nos toca bendecir, orad y hacer bien a aquellos que nos maldicen y nos hacen mal. Nosotros tenemos que ser buenos como nuestro Dios que le hace bien a buenos y a malos. Tenemos que ser distintos a los publicanos y a los gentiles, que no temen a Dios. Nosotros tenemos que ser como Dios, nuestro Padre).

2 Timoteo 4:14-15. (Alejandro el Calderero le causó muchos males a Pablo, pero él no le guardó rencor, sino que lo dejo en manos de Dios. Nosotros no somos jueces de nadie, pero sí podemos poner a todos los que nos hacen mal en manos de Dios).

Sexto: Espera rechazo, desacuerdos y abandono sin sorprenderte sobremanera.

No todos te van a querer, ni van a estar de acuerdo contigo, ni van a querer tu compañía.

Aprende a no sufrir y a no resentirte por el hecho de que no todos te quieran. Es normal que así sea. Es más, tú mismo no “quieres” a todos los que te quieren, ni estás de acuerdo con todo lo que otros te dicen, ni “quieres” andar con todos lo que quieren andar contigo.

El rechazo, el desacuerdo, el abandono y aún la traición son normales entre hombres y mujeres pecadores. Hay que esperar estas cosas y hay estar preparados para asumirlas y reaccionar ante ellas espiritualmente.

Mateo 5:10-12. (En un mundo bajo el dominio del diablo, el usurpador; y gobernado por hombres pecadores codiciosos y rebeldes a Dios; y habitado por hombres y mujeres pecadores alejados de Dios y Su Palabra; es normal y lógico que los hombres y mujeres temerosos de Dios sufran persecución e injusticias constantemente. No hay que sorprenderse de tal realidad. Jesucristo la anticipó y afirmó que así fueron perseguidos también los profetas. Es mejor aceptar que así es y gozarse por sufrir por causa de Cristo, teniendo en mira el galardón que él tiene para sus seguidores).

Marcos 3:21, 31-35; Juan 7:1-9. (Jesucristo sufrió, por ejemplo, la incredulidad, el rechazo y la incomprensión de su propia madre y hermanos. De acuerdo a los textos alistados, ellos pensaban que él estaba fuera de sí. Es por eso que querían aprenderlo y llevarlo a casa).

Juan 10:21-22. (Para muchos de los judíos que le oían y que eran testigos oculares de lo que Jesús hacía, él estaba endemoniado).

Juan 8:60-66. (Jesucristo tuvo la tristeza y frustración de ver a varios de sus discípulos estar en desacuerdo con él, y murmurando contrariados por sus enseñanzas, y abandonándole decepcionados de él y sus enseñanzas para no andar más con él. Eso sí, Jesús también tuvo el gozo de ver que sí tenía verdaderos seguidores).

Marcos 14:43-46. (Jesucristo sufrió la traición de Judas Iscariote, pero aun así, él lo trató amable y misericordiosamente en el instante mismo en que éste lo entregó a sus verdugos).

No hay que hacerse falsas ilusiones. Podemos amar (y tenemos que amar) y hacer el bien a todos (y tenemos que hacerlo), pero eso no significa necesariamente que todos nos quieran, y semqueden con nosotros, y nos hagan bien, y no nos defrauden. Preparémonos para la soledad, la ingratitud, el mal trato y la traición sin sorprendernos ni resentirnos.

Sétimo: Vive con la meta de cumplir 1 Corintios 10:31-33.

La Biblia no nos ha dejado en tinieblas en cuánto a nuestras relaciones interpersonales. Tenemos pautas e instrucciones claras y realistas. Dios no nos pide lo que no podemos cumplir.

Lo que está escrito está a nuestro alcance y el párrafo de 1 Corintios 10:31-33 resume y alista en forma específica y clara las metas que deben movernos al relacionarnos con otros:

  1. Tenemos que glorificar a Dios (31). Básicamente, siempre tenemos que preguntarnos si es que la forma en que nuestra relación e interacción con otros está glorificando y honrando a Dios.
  2. Tenemos que evitar ser un tropiezo a otros: ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios (32). En este caso, al relacionarnos e interactuar con otros, tenemos que preguntarnos si estamos estimulando sus vidas o siendo un tropiezo o estorbo a ellos.
  3. Tenemos que procurar la salvación de todos los hombres (33). Por último, al relacionarnos e interactuar con otros, el objetivo de que sean salvos por medio de Jesucristo y Su Evangelio siempre tiene que estar presente.

Nuestro enfoque al vivir es agradar a Dios y vamos a agradarle siempre si es que vivimos teniendo como metas 1 Corintios 10:31-33. Ese texto resume lo que tiene que ser nuestra vida en esta tierra. ¡Qué Dios nos ayude!

Conclusión

Las buenas relaciones con nuestro prójimo sí son posibles si es que tenemos una perspectiva bíblica de lo que Dios quiere de nosotros en esta área de nuestra vida y si es que nosotros somos obedientes y valientes para hacer lo que él nos demanda.

Nuestra relación con Dios es la clave al relacionarnos con otros. Tenemos que tratar a otros como él nos trata a nosotros. Esto implica que el amor, la misericordia, la paciencia, la bondad, el perdón y todo atributo de Dios tienen que ser los ingredientes con los que sazonamos nuestras relaciones con otros.

Al relacionarnos con otros, tenemos que ser realistas, no ilusos. No vamos a agradar a toda persona y tampoco todos van a querer estar junto a nosotros. Vamos a ser ofendidos y agraviados. Pero, aún así, podemos estar en paz y sin ningún sentimiento de odio ni de venganza para con los que nos han hecho algún daño. Nuestro corazón puede estar en paz porque nuestra meta principal es agradar y darle gloria a Dios.

Los cristianos tenemos que vivir con otros de una manera tal que sean bendecidos y edificados (los no creyentes, tienen que ver el evangelio y a Jesús en nuestras vidas; los creyentes deben encontrar edificación y ánimo para servir a Dios al tratar con nosotros). El cristiano no debe ser conocido por hacer mal al prójimo sino el bien. Nuestra vida y obras deben mostrar que somos la sal y la luz del mundo (Mateo 5:13-16).

La llenura del Espíritu Santo y nuestra sumisión a su obra en nosotros es vital al relacionarnos con quienes nos rodean (Efesios 5:18-20). La carne siempre tratará de que nos relacionemos con otros pecaminosamente, pero por el Espíritu y obra nosotros seremos victoriosos al relacionarnos con ellos cristiana y espiritualmente.

Tenemos un reto grande y Dios nos ha capacitado con su Espíritu (Gálatas 5:23-23) y Su palabra (Colosenses 3:16) para vivir con otros en una forma edificante, armoniosa y pacífica. ¡Dios sea glorificado por eso! Amén y amén.

Jesucristo y Su Obra confirmadora en la Iglesia Bautista Buenas Nuevas – Jenaro Herrera, Loreto, Perú.

“Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día.” (Hechos 16:5)

Jesucristo no solamente edifica Su Iglesia constantemente, sino que siempre está confirmándola y acrecentándola. Siempre hay personas creyendo en él y haciéndose sus discípulos. Y siempre hay seguidores suyos que están creciendo y afirmándose en la fe en él.

Jesucristo confirma Sus Iglesias por medio de sus siervos, sus pastores.

Los pastores son personas vitales en la obra de confirmar las iglesias de Jesucristo. Ellos son el instrumento de Jesús en esa labor.

Jesucristo siempre está levantando pastores para confirmar sus iglesias.

Soy testigo ocular privilegiado de cómo Dios hace este trabajo. Dios me ha bendecido con este privilegio. (Foto: El Pastor Isidoro Del Águila, Nara -su esposa-, Josué y Joanix, dos de sus cuatro hijos).

En esta nota les testificaré cómo Jesucristo está confirmando la Iglesia Bautista Buenas Nuevas de Jenaro Herrera, en la rivera del Ucayali, Loreto.

Oí de Jenaro Herrera y de una iglesia bautista en ese pueblo cuando empecé a enseñar en el Centro de Capacitación ABCDE Requena. ABCDE Requena fue fundado por el difunto misionero Steve Ross, de Florida, USA. La visión del centro era preparar a los pastores y líderes de la rivera del Ucayali, empezando desde Pucallpa hasta Requena.

ABCDE Requena era financiada por la Misión Alas del Rey, de Florida, USA. Dios me hizo cooperar con ellos en la capacitación de obreros y líderes de la rivera del Ucayali desde el año 2007. Fue así que tuve conocimiento de Jenaro Herrera y una iglesia bautista allí. (Foto: el local donde congrega la Iglesia es también una evidencia de su prosperidad. Antes el edificio era de madera, que estaba carcomida. Hoy es de material noble).

En aquel tiempo, desde Iquitos a Requena, yo viajaba en una lancha, que podía ser el Venor o Don José. El viaje duraba entre 15 a 20 horas, dependiendo de cómo estaba el río y de cuántas paradas realizaba la lancha durante el trayecto. Gracias a Dios, mis viajes ahora tardan solamente entre 5 a 6 horas.

Jenaro Herrera era una parada obligatoria de la lancha, tanto al ir de Iquitos a Requena como al volver. Cuando la lancha atracaba en Jenaro Herrera, yo solo miraba. Veía al pueblo a la distancia. Me llamaban la atención sus vendedores, en especial los vendedores de queso.

No recuerdo exactamente qué año es que empecé a ir a Jenaro Herrera. Tampoco recuerdo cómo es que fui invitado a visitar la Iglesia Bautista Buenas Nuevas de ese pueblo. En mi memoria tampoco hay información de cómo es que conocí a Isidoro Del Águila, el pastor de esa congregación. (Foto: el puerto de Jenaro Herrera. Los botes, los rápidos y las lanchas atracan allí. Son varios los ciudadanos de viven de venderle productos a los pasajeros).

Lo que sí está en mi mente es cómo es que ha obrado Dios en el pastor y su familia, y también en la iglesia.

La Iglesia Buenas Nuevas de Jenaro Herrera empezó con un misionero norteamericano. El misionero norteamericano vivió en el pueblo y durante su tiempo de trabajo, la iglesia fue floreciente. Eso cambió, empero, a su salida.

Entre la salida del misionero norteamericano y la llegada del Isidoro Del Águila, la iglesia casi se extinguió. Digo casi porque la llama de la fe se mantuvo en algunos hermanos que no salieron del pueblo rumbo a Iquitos u otras ciudades, sino que se quedaron para vivir y trabajar allí. (Foto: La congregación ha crecido en número y también en amor a Dios y en entusiasmo gracias a la labor del pastor Isidoro).

Uno de los que no salió fue Nolberto. Él mantuvo la débil lámpara de la fe en Jenaro Herrera.

Otro que mantuvo viva esa llama fue Edwin Del Águila, hermano de Isidoro.

Gerinaldo, quien fue a vivir a Jenaro Herrera, también contribuyó a que la luz siguiese prendida.

Y así fue hasta que Dios trajo a Isidoro y a su familia al pueblo. Su llegada fue providencial. El cambio de la congregación llegó con Isidoro. Isidoro ha sido y es una bendición grande a la obra de Dios en este pueblo.

Isidoro ya era creyente, al llegar. Él, antes de llegar, había estado en Pucallpa e Iquitos. En Iquitos, Isidoro afirmó su fe y estudió algunos cursos bíblicos en la Iglesia Bautista Getsemaní. Cuando él volvió, tenía ya su familia. Volvió al pueblo para ayudar a su madre en el cuidado de sus búfalos. (Foto: Junto a Isidoro y su familia. Isidoro y su familia son mis hermanos y mis compañeros en la obra de Jesucristo).

Isidoro y su familia llegaron a Jenaro Herrera el año 2012. Al llegar vio el estado de la congregación. Los seis hermanos que congregaban no tenían mucho ánimo. Todo ese año Isidoro sirvió como maestro a la congregación. Para los hermanos de ese momento, fue obvio que Dios los bendijo con el trabajo de Isidoro.

Dios tocó, entonces, el corazón de Isidoro y de los pocos hermanos que estaban en la congregación. Isidoro fue nombrado pastor de la congregación por este grupo de seis hermanos el año 2013. Fue entonces que el entusiasmo volvió al corazón de los hermanos. La congregación ha prosperado desde que Isidoro es pastor. Yo he sido testigo de esta prosperidad, pues he ido para bautizar hasta en tres ocasiones. La congregación actualmente consta de 35 adultos fieles, sin contar con los niños y con que visitan ocasionalmente.

Durante la época de Covid 19, Dios llevó a su presencia a unos cuantos buenos hijos suyos de la congregación. Ellos ya gozan con Cristo en su presencia. Todos los que ya se han ido, llegaron al Señor Jesucristo durante la labor pastoral de Isidoro.

Isidoro trabaja pastoreando la congregación y trabaja también cuidando sus búfalos y produciendo queso. Como gran parte de los pastores que lideran las iglesias en los pueblitos de la selva de Perú, él recibe una ofrenda pequeña de la congregación, que está compuesta de personas con bajos ingresos. (Foto: Los hermanos de la Iglesia Buenas Nuevas son un gran aliciente para mi vida. Aprecio muchos su compañerismo).

Isidoro, como todos los hombres de estos pueblos, siempre son tentados a emigrar. En Jenaro Herrera, como en la mayor parte de los pueblos de la selva de Perú, no hay tanto trabajo. La gente por aquí se dedica a la pesca, a la caza, a la agricultura, a la ganadería, al comercio, al transporte y a trabajar para el gobierno. La economía es bastante escasa. Todo es en pequeña escala aquí y es por eso que muchos son los que se van. Unos se van temporalmente, y otros, para no volver más.

El año pasado Isidoro me habló de su deseo de emigrar. Gracias a Dios, él no ha emigrado. Quienes han emigrado han sido sus hijos mayores. Ahora Isidoro tiene realizar mucho más trabajo que antes, pues ya no tiene la ayuda de sus hijos mayores. Esto es bueno, en un sentido, pues ha enraizado a Isidoro a Jenaro Herrera y, por ende, a la Iglesia Buenas Nuevas.

Dios está haciendo su obra en la vida del pastor Isidoro y su familia. Jesucristo está edificando la Iglesia Buenas Nuevas de Jenaro Herrera. Dios tiene amor y quiere que su salvación en Cristo Jesús se extienda en los más del tres mil ciudadanos de Jenaro Herrera. Isidoro y la Iglesia Bautista Buenas Nuevas son su instrumento en este pueblo. Oremos por ellos, por favor.

Nosotros podemos ayudar al Pastor Isidoro Del Águila y a su familia. Nosotros también podemos ayudar mucho a los hermanos de la Iglesia Bautista Buenas Nuevas. El pueblo de Jenaro Herrera y la obra de Dios en el Ucayali y sus pueblos requieren de nuestro apoyo en oración.

Yo no sé cuánto tiempo más Isidoro y su familia seguirán en Jenaro Herrera. Tampoco sé cuánto tiempo más es que él será el pastor de la Iglesia Buenas Nuevas de Jenaro Herrera. Lo que sí sé es que Isidoro y su familia y la Iglesia Bautista Buenas Nuevas se bendicen y se acrecientan mutuamente. (Foto: El mercado de Jenaro Herrera abre a eso de la 5.00 am y cierra como a las 10.00 am. Los pobladores de Jenaro Herrera y alrededores necesitar la luz del evangelio que refleja la Iglesia Buena Nuevas).

El pastor Isidoro y su familia, y la Iglesia Bautista Buenas Nuevas, y el pueblo de Jenaro Herrera son una evidencia de que Dios trabaja confirmando y acrecentando la Iglesia de Jesucristo. Él quiere iglesias fuertes, firmes y crecientes para usarlas en la salvación de más personas por el evangelio de Jesucristo. ¡A Dios sea la gloria por Su Obra en y a través de la Iglesia de Jesucristo!

¡Qué Dios bendiga y siga usando como un instrumento de salvación a Isidoro y a su familia!

¡Qué Dios bendiga, acreciente y use a los hermanos de la Iglesia Bautista Buenas Nuevas en Jenaro Herrera y alrededores!

¡Qué Dios siga salvando gente de Jenaro Herrera y alrededores por medio de la predicación del evangelio de Jesucristo!

Amén.

Adán, el trabajo, y nosotros.

“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrase y lo guardase” (Génesis 2.15).

Dios ha hecho especial al ser humano. Su trato para con él lo evidencia. En este texto, por ejemplo, Dios coloca a Adán en el huerto de Edén. El huerto era un paraíso: tenía todo que lo es vital. Dios lo colocó allí y le dio un trabajo. Ese trabajo  evidencia lo especial que él es.

El trabajo y el hombre está unidos inseparablemente. Nuestra existencia está asociada al trabajo. Dios nos hizo trabajadores, nos dio trabajo, y quiere que trabajemos. Las palabras “guardase” y “labrase” especifican nuestro trabajo primigenio en la tierra,

Se nos encomendó trabajar “labrando” la tierra (Génesis 2.5). Este trabajo empezó en el huerto en Edén (Génesis 2.15). El huerto era el modelo de cómo debía hacer el hombre en toda la tierra. Nuestro trabajo era hacer de la tierra un huerto como el que él hizo para nosotros.

“Labrar” tiene que ver con “preparar, acomodar, sembrar, regar, cultivar y trabajar la tierra para que produzca.” “Guardar” tiene que ver con “vigilar, cuidar, proteger, custodiar, defender, preservar”. Tanto “labrar” como “guardar” enmarcan y definen el trabajo de Adán en el huerto. Adán debía lograr que el huerto siempre fuese productivo y bello.

Desde el tercer día de la creación y hasta el momento en el que Adán y Eva fueron creados, toda la tierra era “muy posiblemente” una jungla, una selva (Génesis 1.11-13; 2.4-7). Dios dio a Adán y Eva el trabajo de convertir esa “jungla” en un huerto.

Adán empezó su trabajo de “labrar” y “guardar” el huerto. El relato bíblico testifica que él puso nombre a los animales (Génesis 2.19-20). Lo imagino disfrutando ese su trabajo. Tristemente, él disfrutó su trabajo por breve tiempo.

Su desobediencia trastocó todo.

Su pecado le afectó a él y a su trabajo.

Fuera del huerto, su trabajo no fue igual.

Su caída afectó a toda su descendencia y nosotros lo somos.

Es por eso que para muchos el trabajo es “un mal necesario”.

Los cristianos debemos lograr un cambio en la sociedad con respecto al trabajo. Nuestra fe y nuestra forma de trabajar deben impactar a quienes nos rodean.

El trabajo es la expresión de la capacidad creativa del hombre y la evidencia crucial de la imagen y semejanza de Dios en él. Dios trabaja y Jesús, Su Hijo, también lo hace. Jesús dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5.17).

La capacidad, la oportunidad y el deber de trabajar son un privilegio que Dios nos ha concedido.

¡Disfrutemos trabajando para la gloria de Dios por más pesado y duro que sea el trabajo que nos toca realizar!

Amén.

¡Examina y prueba tu fe y la presencia de Dios por Jesucristo en tu vida cada día!

Este escrito es para ti, que creciste siendo enseñado en la fe a Dios y a Jesucristo en base a la Biblia. La enseñanza vino de tus abuelos, tus padres, tu iglesia, tu colegio y de la gente de tu pueblo, de tu ciudad. La navidad, la semana santa, las fiestas patronales, los lugares de culto, los ritos, los cantos, las historias bíblicas y las exhortaciones de tus padres te formaron y te culturizaron en la creencia en Dios y en su amor para con los seres humanos pecadores.

Tú eres un privilegiado. Has sido instruido y culturizado en todo aspecto de tu vida en la fe en Dios. Debes dar gracias a Dios por eso, pues, hay personas que no han tenido tal bendición. Pero, este es un pero para desafiarte y animarte, tu creencia en Dios y tu vida en él necesitan ser confirmadas y certificadas.

Confirmar y certificar la fe en Dios es una cuestión urgente e imprescindible. Cada uno de nosotros va a presentarse delante de Dios en cualquier momento. La vida en esta tierra es corta en relación a la eternidad. Cuando se acabe nuestro tiempo aquí, nos presentaremos ante Dios. De allí que no hay nada más importante que confirmar y certificar que nuestra fe es genuina. ¿Cómo lo hacemos?

Pablo nos responde y nos dice cómo es que podemos confirmar y certificar nuestra fe. Él escribió estas palabras a la iglesia en Corinto: “Examinaos a vosotros mismos si estás en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros mismos, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5).

Confirmamos y certificamos nuestra fe por medio de examinarnos, de probarnos a nosotros mismos. Nosotros mismos tenemos que ver que Jesucristo está en nosotros y que nosotros estamos en él. Si nuestra fe es real tendremos señales de la misma en nuestra vida. Pero si nuestra fe solo es cultural y religiosa, entonces no tendremos evidencias de la presencia de Cristo en nuestra vida. Es nuestro trabajo personal examinar y probar nuestra fe. ¡Hagámoslo! ¡Hazlo!

Para ayudarte en esta tarea he hecho este escrito. En este artículo te daré tres pautas para que confirmes y certifiques que tu fe es genuina y aprobada por Dios.

Primero. Tu fe tiene que ser confirmada por la Biblia, que es Palabra de Dios. Lo que crees sobre Dios y Jesucristo y su obra en la historia de la humanidad a favor de ella y, por ende, a favor tuyo, tiene que estar sustentada en la Biblia. Debes poder declarar las palabras de la Biblia que sustenta tu creencia, tu conocimiento y tus afirmaciones. Si dices que Jesús nació de la virgen María quien concibió por obra del Espíritu Santo debes saber contar la historia (Mateo 1:18-24; Lucas 1:26-38; 2:1-20). Si dices que Jesús vino a salvar a los perdidos y a darles vida eterna, tienes que tener el sustento (Juan 3:16-20). Si crees que por creer y seguir a Jesús eres una nueva criatura e hijo de Dios, tienes que señalar dónde dice Dios eso (2 Corintios 5:17; Juan 1:12-13). En fin, todo lo que crees sobre Dios tiene que estar sustentado en la Biblia.

¿Puedes tú sustentar tu vida con Dios en la palabra de Dios? ¿Respalda la Biblia lo que tú crees y sigues en tu vida con Dios? ¿Cuál es tu respuesta a esta pregunta de evaluación?

Segundo. Debes poder señalar un momento clave en el que tú mismo en forma consciente y voluntaria acudiste al llamado de Dios y le entregaste tu vida a Jesucristo para que te perdone y te reciba como un discípulo suyo.

Jesucristo nació, creció, sirvió, murió, resucitó y ascendió a los cielos desde una sociedad de personas que creían en Dios y le rendían adoración. Pero, aunque esa sociedad creía en Dios, no todos aceptaron a Jesús, sino que le rechazaron.

Pablo (Saulo), por ejemplo, antes de ser discípulo de Jesús, lo perseguía. Él creía en Dios y le rendía adoración, pero estaba equivocado respecto a Jesús. Eso cambió cuando Jesús mismo lo interceptó en el camino a Damasco (Hechos 9:1-30). Fue allí cuando Saulo (Pablo) se convirtió en discípulo de Jesucristo para servirle toda su vida. Pablo siempre tenía presente el momento de Damasco porque allí dejó la fe de su tradición para tener fe viva y genuina en Dios y en Jesucristo, quien vino a la tierra para salvar a los pecadores (Hechos 22:6-21; 26:9-23).

Haber crecido en un entorno de fe en Dios no es lo mismo que creer en Dios por uno mismo y a partir de un momento crucial que se puede ubicar, señalar y exponer. Pablo cambió a partir de la intercepción de Dios camino a Damasco. Yo tuve mi momento crucial el 29 de junio de 1987. Tú también debes poder señalar un momento clave en el que le dijiste a Dios: “Soy pecador, soy un necesitado de ti, Dios mío. Necesito tu obra en mi vida. Me has enviado un Salvador, Jesucristo, quien murió y resucitó para darme perdón y vida eterna. Voy a seguirle genuinamente. Recíbeme y acéptame con una tu criatura que vuelve a ti. Amén.”

¿Has tenido tu momento crucial con Dios por medio de Jesucristo? ¿Puedes evocarlo y compartirlo? Si tu respuesta es sí. Amén, gloria a Dios, adelante en el camino de Jesucristo. Si aún no has tenido ese momento, es tiempo de que lo tengas. Rinde tu vida a Jesucristo y empieza a seguirlo como un discípulo de una vez.

Tercero. Tu vida tiene que dar señales de que Dios ha obrado y está obrando en ti. No significa que tienes que ser perfecto e impecable. No significa que no vas a fallarle a Dios. No, no significa eso. Dios sabe que somos pecadores. Pero tiene que haber en ti una vida nueva.

Esa vida nueva tiene expresiones vitales que deben verse en ti (1 Corintios 6:9-11). Tienes que haberte bautizado como discípulo de Jesús consciente y voluntariamente luego de haber puesto tu fe en Jesús (Mateo 28:18-20; Hechos 16:29-34). Tienes que integrarte a la iglesia de Jesucristo, que son todas las personas que creen y siguen a Jesús, y que se congregan en algún sitio específico (Hechos 2:41, 47; 4:31; Hebreos 10:23-25). Tienes que desechar lo malo y pecaminoso en ti cada día(1 Pedro 2:1). Tienes que alimentarte de la Biblia, la palabra de Dios (1 Pedro 2:2). Tienes que estar acercándote y conociendo a Jesucristo cada vez más y más (1 Pedro 2:4; Filipenses 3:7-11). Tienes que estar ofreciendo sacrificios espirituales a Dios por medio de Jesucristo en todo tiempo (1 Pedro 2:5). Etc.

Si crees en Dios y en Jesucristo y tu creencia es real y genuina, y no solo un creencia propia de haber crecido en un ambiente religioso y cultural cristiano, entonces estos tres puntos alistados serán una realidad en tu vida. 1) Podrás justificar tu fe en la Biblia, la palabra de Dios. 2) Podrás señalar el momento clave en el que te entregaste a Dios por medio de Jesucristo. 3) Podrás testificar de la transformación de tu vida y alistar las señales básicas tu nueva vida.

¿Tienes tú en tu vida estas evidencias? ¿Ves en ti la obra de Dios por medio de Jesucristo? Es muy importante que respondas estas preguntas afirmativamente.

La fe en Dios y en Jesucristo es indispensable y necesaria en esta vida. No podemos agradar a Dios ni ser salvos sin esa fe. Cada día estamos más cerca de nuestro fin, de nuestra partida de esta tierra a nuestro encuentro con Dios.

Al encontrarnos con Dios al final de nuestra vida en esta tierra solamente hay dos opciones para nosotros: 1) Entrar al reino de Dios para vivir y gozarnos de Dios y de todos sus bienes por toda la eternidad o 2) Ser echados del reino de Dios para ser atormentados por toda la eternidad en el lago de fuego preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:41; Apocalipsis 20:15).

Examinar y certificar si nuestra fe en Dios y en Jesucristo es real y genuina es vital e imprescindible. Examinemos nuestra fe cada día. No tomemos a la ligera nuestra vida con Dios por medio de Jesucristo. Necesitamos estar seguros de que estamos en el camino correcto hacia la eternidad gloriosa con Dios.

¡Qué Dios nos ayude a todos nosotros a probar y certificar nuestra vida con él por medio de Jesucristo Su Hijo en base a la Biblia cada día! Amén.

¡Luchemos y combatamos los malos pensamientos!

Escribiré sobre los malos pensamientos y cómo vencerlos. Le debo esta a nota un joven amigo mío que lucha contra ellos. Él empezó su batalla contra los tales y me ha hecho partícipe de esta su guerra. Escuchándole, he sido consciente también de mi propia guerra contra los malos pensamientos.

La guerra de este jovencito no es solo suya, sino la de todos los hombres y mujeres de este mundo. Esta guerra empezó con la tentación de la serpiente en Edén y se agravó y se hizo endémica y crónica con la caída de Adán al desobedecer a Dios y obedecer al diablo.

La generación que pereció por juicio de Dios con el diluvio de aguas sucumbió ante los malos pensamientos. Sus mentes y sus razonamientos fueron subyugados por el mal. Sus pensamientos llegaron a ser todos malos y Dios tuvo que exterminar a la gente de ese tiempo, excepto a Noé y su familia.

Génesis 6:5 describe clara y contundentemente la condición mental humana que atrajo el juicio de Dios: Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).

¿Cómo es que podemos evitar que los malos pensamientos inunden nuestras mentes y nos hagan obrar, sentir, pensar, reaccionar y vivir malvadamente y en contra del carácter y la voluntad de Dios expresadas claramente en la Biblia, la palabra de Dios?

Para obtener victoria contra los malos pensamientos, los hijos de Dios por la fe en Jesús Su Hijo tenemos que:

  1. Probar, examinar y afirmar que nuestra fe en Jesús es real y genuina. (2 Corintios 13:5; 1 Corintios 15:34; 1 de Juan 5:4-5; Juan 1:12-13). La batalla contra los malos pensamientos solamente será victoriosa en forma constante si es que somos hijo de Dios.
  2. Vivir llenos, sujetos y guiados por el Espíritu Santo para contrarrestar y vencer así los deseos y las obras de la carne. (Gálatas 5:16-25; Efesios 5:18-20). El poder del Espíritu Santo nos garantiza la victoria.
  3. Alimentarnos de la Biblia, la palabra de Dios, para introducir así en nuestras mentes y corazones las verdades, hechos, principios y valores de Dios, para meditar y obedecer y vivir de acuerdo a ellos. (1 Pedro 2:1-3; Colosenses 3:16). La Biblia es vital para alimentar nuestras mentes con las verdades de Dios.
  4. No negar los malos pensamientos, sino reconocerlos de inmediato, para combatirlos y neutralizarlos y derribarlos llevándolos cautivos a todos a la obediencia a Cristo. (Mateo 15:19; Santiago 2:4; 2 Corintios 10:5). Tenemos que reconocer que tenemos y tendremos malos pensamientos. Negar este hecho es engañarnos.
  5. Alimentar la mente con todo aquello que sea bueno y consistente con nuestra fe en el Dios y Padre de Jesucristo y lo que él ha revelado en la Biblia, la palabra Escrita de Dios. (Efesios 4:17-24; Filipenses 4:8-9). En este mundo nuestra mente siempre va a ser estimulada a pensar mal, pero nuestra determinación a agradar a Dios nos ayudará a minimizar y a triunfar contra tales estímulos.

A los hijos de Dios los malos pensamientos nos agobian y afligen. Es normal que sea así. A los hijos de Dios no nos hace felices lo que es contrario a la voluntad de Dios. Los malos pensamientos están en nosotros desde la caída de Adán y aunque ya hemos puesto nuestra fe en Jesús y somos nuevas criaturas, éstos se encuentran en nosotros, en lo que la Biblia denomina el hombre viejo (Efesios 4:22).

Todos los hijos de Dios tenemos que luchar contra los malos pensamientos y mi hermano en Cristo joven me ha hecho consciente de ese hecho. La generación que pereció bajo el juicio de Dios en el diluvio no combatió los malos pensamientos. En consecuencia, los malos pensamientos los dominaron e inundaron hasta el punto en que sus mentes y sus corazones solamente cavilaban el mal y mal cada vez. Fue por eso que los pre-diluvianos vivieron contrario a lo determinado por Dios y perecieron bajo su juicio.

No combatir los malos pensamientos es muy peligroso para todos los seres humanos.

No combatir los malos pensamientos es indigno de todos los que somos hijos de Dios por la fe en Jesucristo.

Nosotros los cristianos somos nuevas criaturas por la fe en Jesucristo nuestro Señor y Salvador. Dios nos ha capacitado con el Espíritu Santo y la palabra de Dios para ser victoriosos contra los malos pensamientos.

Vivamos victoriosos contra los malos pensamientos aferrándonos a Jesucristo y a su gracia salvadora en todo momento.

Con Jesús, la victoria contra los malos pensamientos es más que Segura. ¡Qué Dios nos ayude!

Amén y amén.

1 Timoteo 2:3-6 y la salvación eterna de todos los hombres

“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” (1 Timoteo 2:3-6).

¿Cuál es la interpretación fiel de 1 Timoteo 2.3-6? ¿Está su significado visible o invisible? ¿Todos pueden entenderlo o se requiere ser alguien especial? ¿Qué nos dice este párrafo respecto a la salvación de Dios: es para todos los hombres o solamente para algunos hombres? ¿Quiere Dios realmente salvar a todos los hombres o no? ¿Jesucristo es mediador entre Dios y todos los hombres o solo es mediador entre Dios y algunos hombres?

La enseñanza respecto a la obra de salvación de Dios a favor de todos y cada uno de los seres humanos por medio de Jesucristo es motivo de discordia y división entre los pastores y líderes, y entre los creyentes, y entre las iglesias de Jesucristo.

Hay dos enseñanzas claramente marcadas y diferenciadas: 1) La primera: Dios quiere salvar a todos y a cada uno de los seres humanos y ha sacrificado a Jesucristo por toda la humanidad a fin de que todos sean salvos por creer en él y seguirle. 2) La segunda: Dios quiere salvar a parte de los seres humanos y ha enviado y sacrificado a Jesucristo por esa parte de los seres humanos a fin de que solo ellos sean salvos por creer y seguir a Jesucristo.

Estas dos ideas tienen sus defensores y sus detractores. Tanto defensores y detractores de estas dos ideas sustentan o intentan sustentar sus ideas mediante la Escritura, La Biblia, la palabra de Dios. Ambos hacen bien en esto porque no debe aceptarse ni seguirse ninguna doctrina sin que ésta se sustente en la Biblia.

En este escrito me he propuesto analizar y refleccionar en 1 Timoteo 2:3-6. En lo básico, intento mostrar cuál de los ideas contrapuestas respecto a la obra de salvación en Cristo Jesús es respaldada por este párrafo bíblico.

El contexto anterior y posterior del párrafo que analizaremos es contundente respecto al hecho innegable de la muy buena voluntad de Dios para con todos los hombres aun cuando estos son pecadores. Dios quiere una vida buena para todos en esta tierra y es por eso que nos instruye con su palabra para que la tengamos. (1 Timoteo 2:1-2; 2:7-15). El párrafo que examinaremos está en este contexto bondadoso.

Repasaremos el párrafo de la siguiente manera: 1) Primero: Haremos una lectura literal normal, es decir, lo leeremos tal como está escrito, con el significado obvio de cada palabra. 2) Segundo: Haremos dos lecturas literales “no normales” y le daremos el significado que causa la discordia doctrinal entre los interpretes y expositores. 3) Tercero: Presentaré observaciones en base a la lectura literal normal y también en base a la lectura literal no normal. 4) Cuarto: Justificaré el porqué de la forma de mi escrito y mi exposición. Por último, concluiré mi escrito enfatizando el desafío de basar todas y cada una de nuestras creencias en la palabra escrita de Dios bajo la guía y enseñanza del Espíritu Santo.

I. Primero: Lectura literal normal.

“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere (“quiere”, verdaderamente lo quiere) que todos los hombres (“todos los hombres” son todos los hombres) sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres (“los hombres” son todos los hombres no solamente algunos de ellos), Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos (“todos” es todos los hombres no solamente algunos de ellos), de los cual se dio testimonio a su debido tiempo.”

II. Segundo: Dos lecturas literales “no normales”.

La lectura no literal: “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere (desea íntima y profundamente, pero no ha decretado ni ha obrado realmente para) que todos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres (algunos hombres), Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos (“todos” no es todos los hombres, sino solo algunos), de los cual se dio testimonio a su debido tiempo.”

Otra lectura no literal: “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos (algunos hombres, eso sí, de todo tipo: panaderos, carpinteros, abogados, ingenieros, etc.) sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres (algunos hombres), Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos (“todos no es todos, sino algunos), de los cual se dio testimonio a su debido tiempo.”

III. Tercero: Conclusiones doctrinales según cada lectura realizada.

A. Conclusiones en función a la lectura literal normal:

1. Si leemos y entendemos 1 Timoteo 2.3-6 como está escrito: Dios quiere y ha hecho también todo lo que corresponde para que todos los hombres sean salvos. Jesucristo es salvador de todos los cristianos y de todos los hombres, pero solamente los cristianos son salvos, pues solamente ellos creen en él. Los hombres que no se salvan, no se salvan por su propia responsabilidad, ya que ellos se niegan y se rehusan creer genuinamente en Jesucristo, quien fue enviado por Dios para salvar a los pecadores.

2. Si leemos y entendemos 1 Timoteo 2.3-6 como está escrito: Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres (tanto salvos como no salvos). Esto es muy importante ya que no se puede encontrar salvación sino por la mediación y la intercesión de Jesucristo. El no salvo necesita esa mediación e intercesión antes de ser salvo porque sin la mediación e intercesión de Jesucristo en ninguna manera podría ser salvo. El creyente es salvo por Jesucristo gracias a esa mediación, y ya como salvo, él tiene la intercesión y la mediación de Jesucristo por toda la eternidad.

B. Conclusiones en función de las lecturas literal no normal:

1. Dios quiere que todos los hombres sean salvos, pero ese su querer no implica ni significa necesariamente que haya hecho y haya provisto salvación para todos los hombres, pues él solamente quiere salvar y ha provisto salvación para algunos hombres.

2. Dios quiere que todos los hombres vengan al conocimiento de la verdad es una expresión de deseo, pero que no involucra acción, ya que Dios no ha provisto la manera en que todos los hombres vengan realmente al conocimiento de la verdad.

3. Jesucristo no es mediador entre Dios y los hombres, realmente él solamente es mediador entre Dios y algunos hombres.

4. Jesucristo no se dio en rescate por todos, él solamente se dio en rescate por algunos. Los demás hombres no tienen rescate alguno y no tienen salvación, sino solamente condenación.

5. El Espíritu Santo, que habló a través de Pablo, dijo estas palabras que dicen lo que dicen, pero que no necesariamente significan lo que significan. Él realmente no quiso que Pablo, ni sus lectores en ese tiempo, ni los lectores de todos los tiempos, entendiesen como está escrito. Lo que él realmente quería es que ese significado estuviese escondido entre esas palabras hasta que fuese descubierto por uno o más hombres singulares, especiales y con mayor porción del Espíritu que los demás cristianos.

6. Pablo, quien escribió estas palabras bajo inspiración, no supo expresar el significado de la verdad de Dios con las palabras correctas y exactas y es por eso que no fue claro en este asunto tan trascendental.

7. Los que leen el párrafo examinado y lo entienden tal como está escrito, son indoctos de la verdad de Dios, no entienden el evangelio ni la obra de Dios, el Espíritu Santo está apagado y no les está iluminando.

8. La gran multitud de hombres que se condenan, no se condenan porque han rechazado a Jesucristo, sino porque estaban destinados para ser condenados. Como estaban destinados a ser condenados, no se proveyó salvación para ellos. Jesucristo, que es el único mediador y el único que podría salvarlos, no fue destinado para ellos. Su condenación, por tanto, es irreversible e inevitable.

9. Todos los llamados al arrepentimiento y a la conversión que se hacen en la Biblia a todos los hombres en todo lugar y de todo lugarno son genuinosson solo una mera formalidad.

10. La condenación eterna de todos y cada uno de los que no creen en Jesucristo ni le siguen no es absolutamente una responsabilidad de ellos por no creer ni seguirle, sino de Dios, que es quien los condenó de antemano y no proveyó salvación para ellos.

VI. Cuarto: Justificación de esta exposición.

Estoy haciendo mis observaciones como un lector cristiano común de la Biblia. Abro mi Biblia, leo lo que está escrito e interpreto el párrafo de acuerdo a las palabras que están escritas allí.

El contexto me dirige a entender lo que está escrito con el significado normal de que “quiere” es quiere, “todos” es todos, “los hombres” es los hombres, “sean” es sean, “un” es un, “solo” es solo, “Jesucristo” es Jesucristo, etc.

Ya he escrito esto antes y lo escribo otra vez: siempre voy a interpretar el texto bíblico en su sentido normal y literal. Dios nos ha dado su palabra y su Espíritu para guiarnos. También nos ha dado maestros humanos para enseñarnos su palabra, pero estos maestros humanos pierden su autoridad cuando quieren que entendamos un significado que contradice lo que está escrito claramente. No seguiré ese tipo de maestros, siempre me quedaré con lo que es visible y claro.

Los textos bíblicos se interpretan primero de acuerdo a su contexto cercano, luego en su contexto más amplio y, finalmente, en el contexto de toda la Biblia. Jamás un texto bíblico debe entrar en contradicción ni con su contexto cercano, ni con su contexto más amplio, ni con el contexto de toda la Biblia.

Palabras finales: Necesitamos la ayuda de Dios y las Sagradas Escrituras para definir bíblica y verazmente todas y cada una de nuestras creencias.

Una oración: ¡Dios Espíritu Santo enséñanos y guíanos cada día a toda verdad que está en la Biblia!

Una determinación: Leer, creer, interpretar literal y normalmente la Biblia, la palabra de Dios. Amén y amén.

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestro corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1.19-21).