Author Archive: Segundo Rodriguez
Los pastores y misioneros laicos y el valor de su trabajo en las iglesias bautistas independientes de Perú.
Los pastores laicos son el gran valor infravalorado humanamente por los pastores, los líderes y las iglesias, pero no por Dios, que los usa grandemente en la conducción y el fortalecimiento del Cuerpo de Cristo en muchísimos lugares de este mundo.
Definición.
Un pastor laico en el contexto peruano es un pastor que no se ha formado teológicamente para cumplir el oficio pastoral o misionero. Este tipo de pastores no ha tenido un llamado subjetivo (un llamado divino, una vocación) al pastorado, y no se ha formado para eso, y tampoco ha determinado vivir de ese trabajo. En consecuencia, la gran mayoría de los pastores laicos no está dedicado por entero a la labor pastoral y tampoco vive de ella. Ellos, mayormente, son hermanos en Cristo, que creen, aman y sirven a Jesucristo en su obra. Es justamente por eso mismo que asumen el reto de pastorear. Su disposición los hace aceptar la responsabilidad de liderar y pastorear la grey de Dios porque entienden que es él quien los llama a hacerlo.
Historia.
Históricamente, la palabra “laico” viene del griego “laos”, que significa pueblo. La palabra se usaba para hacer una distinción entre el pueblo y sus líderes, ya en el área política como religiosa.
Con el tiempo, esa palabra se usó para identificar a los ministros de las Iglesias que fueron nombrados sin haber sido ordenados como aquellos que sí eran ministros de carrera.
En el contexto occidental, la iglesia católica y las iglesias protestantes tienen ministros ordenados de carrera y ministros laicos, que no han tenido esa tipo de ordenación por no haber optado tal carrera ni esa preparación.
Las iglesias independientes (que no tienen nada que ver con el gobierno político ni con una jerarquía religiosa), que se administran a sí mismas, también tienen ministros de carrera y ministros laicos.
Los pastores y misioneros laicos y las iglesias bautistas independientes de Perú.
En el circulo bautista independiente de Perú, que es donde yo me muevo, hay también esos dos tipos de ministros: los de vocación y carrera, y los laicos, que aunque no son de vocación ni carrera, sirven como pastores en un buen numero de congregaciones.
Los pastores de vocación y carrera son pocos, muy pocos. Este tipo de pastores se forman en los seminarios y en los institutos bíblicos, ya de iglesias asociadas o de iglesias individuales. Estos pastores trabajan mayormente en las iglesias de las ciudades, porque son ellas las que normalmente les pueden pagar un salario regular. Estos pastores son atraídos a las ciudades por las ventajas que estas ofrecen a los ciudadanos.
Los pastores laicos, que son una gran mayoría, se encuentran administrando iglesias en los lugares aledaños de la grandes ciudades, y en los pueblos pequeños del campo, tanto de la costa como de la sierra y de la selva del Perú. Estos pastores no viven de pastorear las congregaciones, ellos tienen su propia fuente de ingresos y no dependen de esa labor para el sustento de sus familias. Son lo que se conoce como pastores bi-vocacionales. Son contados con las manos los pastores laicos que reciben ofrendas de las iglesias en las que sirven o de otras iglesias.
La gran contribución espiritual de los pastores y misioneros laicos en la obra de Dios en Perú.
Su contribución es inobjetable y quiero alistarla en forma clara y específica:
1. Liderazgo. Estos pastores cubren una función indispensable. Todo grupo humano necesita liderazgo y las iglesias de nuestro Señor no son la excepción. Los pastores y misioneros laicos encabezan y administran las iglesias. Son ellos los que conducen a la grey de Dios hacia su crecimiento cualitativo y cuantitativo. Sin ellos, las congregaciones no tendrían quien las dirija, administre y represente, y correrían el riesgo de desaparecer de un buen número de localidades.
2. Enseñanza. Su otra contribución clave es la enseñanza y la predicación. Toda congregación requiere de instrucción y son estos pastores quienes suplen tal necesidad.
3. Ejemplo e identificación. Para los hermanos de la congregación, en un sentido, les es mucho más fácil identificarse con un pastor laico. La razón es comprensible, pues cada uno de ellos ve que él vive, trabaja y lucha en la misma manera que lo hacen ellos. En consecuencia, mirarlo como un modelo y ejemplo es muy natural.
4. Confianza y familiaridad. Los pastores laicos son muy bien conocidos por la congregación. La cercanía y la confianza, que son vitales para que los hermanos se acerquen y escuchen y hagan caso a sus pastores, están presentes desde mucho antes de que los pastores laicos lleguen a cubrir esa posición.
5. Ahorro financiero. La mayoría de los pastores laicos no dependen del salario que puede pagarle o no la congregación. De lo que conozco, solo hay un reducido grupo de estos pastores que recibe una ofrenda acorde con lo que sería un salario promedio aceptable en Perú, pero la gran mayoría de ellos no recibe ni siquiera el salario mínimo vital. En consecuencia, las congregaciones pueden invertir sus ingresos en acondicionar su infraestructura y en la extensión de evangelio en otros lugares.
El aporte de los pastores y misioneros laicos es el soporte de la existencia, la estabilidad y la expansión del evangelio de Jesucristo y de Su Iglesia en los pueblos y en las ciudades de todo tamaño a lo largo y ancho de este mundo. Necesitamos reconocer el valor de este mayoritario grupo de siervos de Dios y del trabajo que realizan silenciosa y diligentemente para Dios y para su iglesia en esta tierra.
La honra y la recompensa humana a los pastores y misioneros laicos por parte de las congregaciones bautistas independientes de Perú.
Los siervos de Dios nunca trabajan para Dios en Su Obra en función de salario y de recompensas. El móvil de su servicio y de su trabajo es la gratitud a Dios por su salvación en Cristo Jesús y su amor por Jesucristo, su evangelio y los pecadores necesitados.
El hecho de que los siervos de Dios no trabajen en la extensión del evangelio por dinero y por recompensas no significa que Dios no los retribuya ni que la iglesia no deba recompensarles. La Escritura enseña claramente que Dios sí los estimula con remuneración por medio de las congregaciones de sus hijos. Toda recompensa de Dios a sus siervos, ya laicos o ya profesionales (en buen sentido), le es otorgada por medio de la iglesia, que es la que se beneficia de su servicio.
La Biblia nos instruye con claridad respecto a cómo tenemos que mostrar nuestro aprecio a los siervos de Dios. (Los textos bíblicos que alistaré se aplican tanto a obreros laicos como a los obreros de vocación).
Esto es lo que debemos hacer para cumplir con dar honor a estos valiosos siervos de Dios:
1. Amarlos y valorarlos por el hecho de que trabajan en el ministerio pastoral o misionero (1 Tesalonicenses 5:12-13; 1 Timoteo 5:17-19; 3 Juan 8; Hebreos 13:7.; Colosenses 4:7-11; Filipenses 2:29-30; 1 Corintios 16:11; 1 Corintios 16:17-18).
2. Obedecerlos y ayudarles a cumplir con su trabajo (1 Corintios 16:15-16; Hebreos 13:7; Hebreos 13:17; Hechos 6:1-7; Colosenses 4:11).
3. Darles ofrendas y recompensas financieras en conformidad con la labor que realizan (Aun cuando este tipo de obreros no viven del evangelio). (1 Corintios 9:4-14; Gálatas 6:6; 1 Corintios 16:10; 2 Corintios 11:7-9; 12:13; Filipenses 4:10-20; 1 Timoteo 5:17-18).
4. Comprendámosles y no olvidemos que ellos son humanos imperfectos y pecadores como lo son aún todos y cada uno de los hijos de Dios (Hebreos 4:14-16; Hebreos 5:7-10; 1 Corintios 9:26-27; Gálatas 2:11-14).
5. Cuidemos su gozo y su ánimo al servir a Dios como pastor o misionero (Marcos 3:21, 31-32; 2 Corintios 11:23-29; 2 Timoteo 4:9-18; Hebreos 13:17).
6. Oremos fervientemente por su vida espiritual personal y familiar (Romanos 15:30-33; Efesios 6:18-20; Colosenses 4:3-4; 1 Tesalonicenses 4:25; 2 Tesalonicenses 3:1-5).
Esta manera de expresarle nuestro aprecio a los pastores y misioneros laicos por los que son y por lo que hacen por Dios y por su iglesia no son discutibles. Se tienen que obedecer gozosamente. Todo cristiano y toda iglesia de Dios debe obedecer la palabra de Dios y obrar conforme a ella.
Los encargados, eso sí, de encabezar y promover el aprecio y las recompensas para los pastores y misioneros laicos son los pastores y misioneros que están dedicados al ministerio tiempo completo, y que viven por tanto de la predicación y de la enseñanza del evangelio. Son ellos quienes deben promover el darle el lugar que les corresponde en la obra de Dios a estos siervos de nuestro Señor Jesucristo.
Una cosa más, quiero pedirles a los pastores y misioneros a los que Dios ha bendecido con congregaciones grandes y prósperas (porque están en lugares donde hay muchísima gente), que tengan mucho cuidado cuando Dios los bendice y les da el privilegio de predicarles y enseñarles a estos siervos de Dios en las conferencias o campamentos preparados para ellos. No les prediquen como si ellos fuesen ustedes y ministrasen en lugares como los vuestros. Anímenlos. No los critiquen ni los reprendan insensiblemente. Muchos de ellos tienen congregaciones pequeñas porque están en pueblitos pequeños. Ellos necesitan estímulo, no críticas destructivas ni comentarios desalentadores (He sido testigo de como este tipo de predicadores y maestros maltratan y desaniman a estos valiosos siervos de Dios). Les ruego que no hieran a estos hijos de Dios.
Conclusión.
Quiero terminar esta nota, la cual confieso que se ha extendido más de lo previsto, compartiendo el motivo que me impulsó a escribirla.
Me propuse escribir esta nota luego de pasar un tiempo con el pastor Florentino, quien es agricultor y sirve como pastor en la Iglesia Bautista Jesús mi Salvador de Leandro Campos, Zarumilla, Tumbes. Vi su trabajo y su fruto. Bautizó ocho nuevos discípulos mientras estuve allí.
Dios me dio el privilegio de ser testigo de su obra por medio de Florentino en su iglesia de esa parte de mi país. Fue por eso que pensé en él y los que son como él. Dios me puso a los pastores y misioneros laicos en mi mente durante todo mi retorno a Trujillo, mi ciudad. No paré de pensar en ellos y es por eso que escribí.
Creo que Dios quiere que honre a esos sus siervos con esta mi nota. Este año cumpliré 39 años de servicio a Dios. En todos mis años he interactuado y servido con varios pastores y misioneros laicos.
Recuerdo a Segundo García, a Adislao Córdova, a Jacinto Córdova, Santos García, a Gilberto Peña, a Fernando Peña, Lucio Pinedo, Medardo Chanchari, a Manuel Guevara, Douglas Ferreyra, José Huamán, Luis Gallo, Franklin Armijos, y a muchos otros más. Muchas gracias, hermanos por el trabajo que han realizado y que muchos de ustedes aún realizan para Dios y su iglesia. Dios los bendiga y los recompense por vuestra labor y sacrificio.
Oración: Dios y Padre de Jesucristo, abre nuestros ojos y nuestras bocas y nuestras manos para ver, hablar y dar honor visible y oportuno a tus pastores y misioneros laicos. Ayúdanos a amarlos, a cuidarlos, a valorarlos y a recompensarlos por la labor espiritual que realizan constantemente para ti en tus iglesias mientras están en este mundo. Amén y amén.
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¿Por quién debemos votar los cristianos peruanos en las elecciones presidenciales de este año?
¿Por quién debemos votar los cristianos en las elecciones presidenciales de este año?
Esta pregunta tan directa me la hizo un hermano joven muy recientemente. Ofrecí responderle y hoy es el tiempo adecuado para hacerlo. La segunda vuelta en Perú está ya muy cerca, a menos de un mes.
Este joven hermano siempre me desafía con sus preguntas y tengo que contestarle de manera oportuna.
De antemano, debo aclarar que no voy a dar nombre alguno, sino cuatro valores claves que, como seguidor de Jesucristo, veo en la Biblia respecto a la política, el gobierno y la administración de un país.
1. Los cristianos tenemos que votar por los candidatos que Dios ha determinado que sean elegidos.
Dios elige a las autoridades. Es él quien pone y quita las autoridades. Siempre ha sido, es y será así. La Biblia es clarísima. No existe ningún gobernante (independientemente de si es bueno o malo, u honrado o corrupto, o eficiente o ineficiente, o compasivo o cruel) que no haya sido instituido por Dios.
En el caso peruano, Dios ha determinado que quienes nos gobiernen legislativamente sean los candidatos de los partidos que han sacado más alto puntaje. Lo mismo pasa con respecto a la presidencia del país. Dios nos ha dejado dos candidatos en la instancia final. No tenemos otra opción, excepto que Dios determine alguna otra cosa y en una forma que ahora nosotros no vemos. En consecuencia, tenemos que elegir entre las dos únicas opciones que Dios ha dispuesto. Te guste o no te guste, de los dos partidos ganadores dará Dios al Perú su Presidente.
2. Los cristianos tenemos que votar por quien tiene valores cercanos a los principios de la Biblia, la palabra de Dios.
La Biblia es clara respecto a lo que Dios ha establecido. Aunque es obvio que los gobernantes normalmente se rebelan contra Dios y contra Su Ungido, Jesucristo (Ver Salmos 2:1-3 y Hechos 4:24-28), elijamos al que conserva uno, o más principios y valores bíblicos, no a quien no tiene ninguno o que va contra todos ellos.
Estos son los valores claves que hay considerar: La vida, la libertad y la responsabilidad individual, la familia tradicional (un hombre y una mujer), el trabajo, etc. Nosotros no debemos darle nuestro apoyo a gobernantes que vayan en contra de esos principios y valores.
3. Los cristianos debemos votar quien tiene la determinación eliminar la inseguridad y la injusticia en nuestro país.
La Biblia afirma claramente que Dios ha establecido a las autoridades y les ha conferido el monopolio de la fuerza legal con el fin de que castigue al malo y recompense al bueno (Romanos 13:3-4). Esto significa que el deber principal del gobernante es asegurar la paz y la seguridad física y legal para sus ciudadanos.
Dios quiere que los seres humanos “vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:1-3) y las autoridades juegan un rol crucial en que ese deseo divino se haga realidad.
Nuestro país necesita gobernantes que apliquen la justicia como corresponde y castiguen así a los delincuentes. La delincuencia no violenta y la violenta han crecido mucho en nuestro país. Se tiene que revertir esa triste realidad.
Los peruanos, por tanto, tenemos que darle el voto a quien tenga el coraje y la valentía de terminar con ese flagelo, que diariamente enluta los hogares de los peruanos, y que les impide vivir y trabajar en paz.
4. Los cristianos tenemos que votar por quien no nos agrave la vida personal, familiar y laboral con más impuestos.
Los impuestos son una carga que todos los ciudadanos pagamos de una u otra manera. Todos tenemos esa carga. Unos, pagan poco; otros, pagan mucho; pero, en última instancia, todos pagamos.
Los impuestos son una realidad y la Biblia nos ordena pagar nuestros impuestos para el sostenimiento de quienes nos gobiernan y para que funcione adecuadamente la infraestructura y la burocracia con la que nos sirven (Romanos 13:6-7).
Empero, los gobiernos previos a la democracia no eran tan grandes y ni tan ineficientes como los de hoy. Los gobernantes de hoy tienen una administración mucho más grande y pesada que un elefante y más lenta que un oso perezoso. Sostenerlo es muy gravoso.
El agravar con impuestos y aranceles a los ciudadanos impide la inversión y la creación de puestos de trabajo por parte del contribuyente. Lo cual es muy pernicioso para el progreso y la prosperidad de una nación.
Podría seguir escribiéndote más consejos valiosos a tomar en cuenta para guiar tu voto a uno u otro candidato, pero creo que con lo dicho es suficiente. En mi página web, por cierto, he escrito dos artículos mucho más amplios respecto a qué deben tomar en cuenta los creyente para apoyar a los partidos políticos y sus candidatos.
No te doy un nombre porque no es mi trabajo hacerlo. Cada uno debe elegir a quien su conciencia y su conocimiento lo guíe, sin olvidar, eso sí, que es Dios el que determinará en última instancia quien será el próximo Presidente de Perú. Nosotros los cristianos debemos descansar en que lo que Dios decide siempre es lo mejor y lo más adecuado para el país.
Votemos con confianza y con conocimiento. Las autoridades son todas establecidas por Dios. Amén.
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Nota: Los texto grabados en las fotografías afirman contundentemente que Dios es el soberano de todos los gobernantes de este mundo. Él es quien los coloca en sus posiciones y el que los quita de ellas en el momento que lo cree conveniente.
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Paro Agrario en Perú: Del Israel antiguo al Perú hoy.
Paro Agrario en Perú: Del Israel antiguo al Perú hoy.
En el pueblo judío antiguo y debido al sistema monárquico de su gobierno, cuando el gobernante abusaba con los impuestos, hasta el punto de generar insatisfacción y molestia a sus ciudadanos, estos lo dejaban solo, para hacerlo recapacitar y corregirse.
“Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.” (1 Reyes 12:16).
En ese contexto, quien sufría una huelga generalizada por las malas políticas de gobierno, era el propio gobernante y su élite (Literalmente, el rey se quedaba solo. Nadie iba a sustentarlo ni a defenderlo. La soledad del rey era también la de su corte, de su élite, de su burocracia). Hoy en día, sin embargo, una huelga o paro contra los gobernantes y sus políticas, lo sufren los propios ciudadanos y sus familias, excepto esos mismos gobernantes y su élite soporte y complice.
He visto el padecimiento de los ciudadanos por los paros y manifestaciones con mi propios ojos. Es más, yo mismo he sido estorbado a la largo de mi vida por este tipo de protestas contra los gobernantes y sus políticas.
El evangelio y su difusión también se atrasa por las protestas, especialmente, cuando por el enojo de los ciudadanos contra sus gobernantes se bloquean las carreteras y caminos. La inmovilidad por el cierre de las carreteras nos afecta tremendamente a todos, de una u otra manera (Todo se agrava en una situación como esa). Ahora mismo, está ocurriendo un gran paro en el norte de Perú.
No es posible llegar a Piura ni Tumbes desde el sur de ambas ciudades. (Tengo que ir Tumbes para enseñar la Biblia a una congregación y no puedo ir por el paro que ha cerrado esa carretera desde el día lunes).
Los agricultores han cerrado la carretera principal y son muchos quienes están en varados en la carretera y son muchos los que no pueden entrar ni salir de esas ciudades.
Necesitamos orar por los gobernantes y elegir mejor a quienes nos gobernarán el próximo quinquenio. Es imperativo que seamos serios y que ejercemos este nuestro privilegio con conocimiento y resposabilidad.
Que Dios nos ayude a orar por las autoridades y a escoger candidatos a gobernar que generen, con sus políticas, un ambiente en el que podamos vivir y trabajar “quieta y reposadamente con toda piedad y honestidad”. Amén.
Está escrito que Dios quiere que vivamos bien en este mundo. Eso depende de Dios, sí, prioritariamente; pero también de nosotros y de los gobernantes que nosotros mismos elegimos.
“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.” (Timoteo 2:1-5).
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#ReflexiónBíblica #1Reyes12 #ParoNacional #OraciónPorLasAutoridades #Piura #Tumbes
A quienes convocar, entrenar e integrar en el liderato de la obra de Dios.
Se necesitan obreros para la obra de Dios y los siervos de Dios que ya están trabajando para él son los encargados de identificarlos, convocarlos, entrenarlos e integrarlos a la misión de Dios.
Pablo como veedor y convocador de obreros.
Pablo es el modelo para convocar y asimilar a otros en la obra de Dios. Él convocaba obreros para que apacienten la grey de Dios y la administren misionológicamente, es decir, “administrar las iglesias no solo para mantenerlas, sino con una visión activa de expansión y alcance de los aún no discípulos de Cristo”.
Su labor de convocatoria y llamamiento a Timoteo se describe en este siguiente párrafo de tres versículos:“Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. Quiso Pablo que este fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego” (HECHOS 16:1-3 RVR1960).
Pablo nos marca el camino a seguir sobre quienes son los que tienen que ser reclutados, entrenados e integrados como líderes de la obra de Dios.
El Modelo en Listra
Pablo identificó y convocó a Timoteo en su segundo viaje misionero, cuando llegó a Derbe y a Listra. Al convocarlo para mentoreo misionero, reveló las características que se debe buscar en aquellos que deben ser encaminados para encabezar las congregaciones de hijos de Jesucristo.
Hechos 16:1-3 describe a Timoteo con al menos tres características claves:
Era un discípulo.
Tenía buen testimonio ante los hermanos.
Estaba dispuesto y listo para servir a Dios en la extensión de su evangelio.
La formación de los pastores y misioneros y sus respectivos colaboradores y relevos debe realizarse con hijos de Dios que tienen estas cualidades básicas.
La Base de la Iglesia Local
Esas tres características las desarrolló Timoteo en su congregación local. Fueron los obreros y los hermanos en Cristo de su ciudad quienes lo ayudaron a crecer en estos rasgos de su carácter. Pablo lo llamó como parte de su equipo de obreros y lo hizo crecer aún más, pero todo lo que logró en él fue sobre la base de lo que Dios ya había hecho en Timoteo en su iglesia local.
Los centros de entrenamiento de obreros deben edificar sobre el trabajo de los líderes y de las iglesias locales, pero sin usurpar ni estorbar su labor. Imitemos al apóstol de gentiles. Convoquemos a la obra de Dios a hermanos en Cristo que son discípulos, que tienen buen testimonio y que quieren de corazón servir en la extensión del evangelio.
Oración Final
Sigue levantando obreros para encabezar tus congregaciones y dirigirlas al crecimiento espiritual y al cumplimiento de la gran comisión, oh buen Dios y Padre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén
Foto de encabezado
Imposición de manos y consagración al ministerio pastoral de la Iglesia Bautista Betel de la ciudad de Paita a Pablo Paiva (mayo 2025), quien se formó en forma básica en esa misma congregación, primero, y en el Seminario Bautista del Perú, después.
¿Por Qué Lloró Jesús, el líder espiritual más poderoso del universo? Los 4 Motivos Profundos de Juan 11:35 y el Consuelo para tu Alma.
Introducción: El Valor Espiritual del Llanto en quienes lideran y en todos los seres humanos.
“Jesús lloró.” (Juan 11:35).
Llorar como Jesús lloró no es solo una necesidad para los hijos de Dios, sino la expresión más sincera de que somos seres humanos y verdaderos seguidores del Unigénito Hijo de Dios.
Al inicio de mi fe en Jesucristo (1987) oí una predicación memorable sobre las Bienaventuranzas, donde Jesús dijo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4). El misionero Herbert Elliot, quien predicó ese sermón, conocía de primera mano el sufrimiento—su hermano, Philip James Elliot, fue asesinado por los Huaoroni en 1956 mientras les predicaba el evangelio.
Herbert sabía que solo quien llora recibe la consolación de Dios.
El llanto nos conecta y nos acerca a Dios y hace que él alivie, y consuele, y seque nuestras lágrimas personalmente. Llorar, en consecuencia, nos hace bienaventurados.
Recientemente, volví a pensar en el llanto porque lloré, y mucho. Dios consoló mi lloro haciéndome meditar en Jesucristo, nuestro Redentor, Salvador, Líder y Ejemplo supremo. “Jesús lloró” (El líder supremo, poderoso y efectivo verdaderamente lloró como el más débil de los mortales). Estas frase bíblica de dos palabras y de tan solo diez letras me han traído consuelo y alivio fortalecedor. Fui bienaventurado.
A continuación, compartiré el consuelo que experimenté al meditar y escribir sobre los motivos del llanto de Jesús, quien es él líder supremo del movimiento espiritual que transformó y transforma la vida de la humanidad para bien tanto en la vida presente como en la vida para la eternidad por ya más de 2000 años.
El llanto es la acción humana que mejor expresa la vulnerabilidad y la sensibilidad del ser humano. Se llora por pena, tristeza o dolor, o por la intensidad de emociones como la alegría, la rabia o la frustración. El llanto es parte de nuestra experiencia humana desde el nacimiento hasta la muerte.
Dios, nuestro Creador, nos diseñó a Su imagen y semejanza con estas emociones. Al determinar nuestra salvación, nos dio un Hombre semejante a nosotros aun en el llanto, pero sin pecado.
Juan 11:35 es el versículo más corto de todo el Nuevo Testamento, pero su mensaje es profundo y elocuente. Jesús, el Verbo hecho Carne, es verdaderamente Dios y realmente Hombre. Su humanidad quedó develada en ese su emotivo y significativo llanto. Nuestro Salvador también llora.
El llanto de Jesús tuvo cuatro motivos fundamentales, que resuenan con las razones por las que muchos de nosotros, en especial quienes lideramos, también derramamos lágrimas:
1. El Dolor de la Compasión y la Empatía
El primer motivo fue la pérdida de un amigo y el profundo sufrimiento de los dolientes. Jesús amaba a Lázaro y a sus hermanas, Marta y María. Él sufrió al ver su dolor por la enfermedad, la impotencia y la muerte irremediable de Lázaro.
Cuando Jesús llegó a Betania, se conmovió profundamente (se entristeció y se perturbó) al ver la tristeza de los que acompañaban a la familia. Su emoción lo desbordó. Él no solo simpatizó con los dolientes (reconociendo el dolor desde fuera), sino que empatizó con ellos (poniéndose en su lugar), haciendo que su pena fuera también la Suya. Su llanto fue la expresión de esta perfecta compasión.
El llanto de Jesús es la máxima expresión de su entendimiento de la fragilidad humana. Es una bendición inmensa tener un Salvador que nos entiende plena y perfectamente.
2. La Indiferencia y Dureza de Corazón de los Adversarios
El segundo motivo fue el ataque y la burla de sus enemigos. Jesús tenía adversarios acérrimos que, mostrando una total insensibilidad y falta de compasión, usaron la tragedia de la muerte de Lázaro para cuestionar Su poder y Su amor. Preguntaron: “¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?” (Juan 11:37).
A Jesús le dolió profundamente ver la indiferencia y el “corazón de piedra” de estos críticos. Él, que todo lo ve y quiere la salvación de toda criatura, se entristeció por la malicia. Su llanto, en parte, fue motivado por la falta de humanidad. En esto, Jesús nos consuela: cuando somos atacados por nuestros adversarios en medio de la tragedia, él nos entiende y se duele con nosotros.
3. El Dolor ante la Incredulidad Voluntaria
El tercer motivo fue la anticipación de la ceguera espiritual de muchos de los líderes y judíos que presenciarían el milagro. Jesús afirmó ser la resurrección y la vida. Él esperó la muerte de Lázaro para que Sus discípulos creyeran y para que Marta viese la “gloria de Dios” (Juan 11:40).
La resurrección de Lázaro fue un hecho histórico irrefutable: Su cuerpo ya hedía y no había forma de dudar. Sin embargo, muchos de los testigos no creyeron.
El llanto de Jesús se explica por el dolor ante la incredulidad de quienes, viendo la manifestación de la gloria de Dios, se negaron tercamente a creer. A nosotros también nos duele cuando quienes ven nuestras buenas obras y motivaciones se niegan a confiar. Jesús experimentó el mismo dolor, y por ello nos consuela.
4. El Dolor Profético por la Condenación Eterna
El cuarto y último motivo fue la consecuencia condenatoria que tendría Su acto: la resurrección de Lázaro aceleró la decisión final de sus adversarios de matarlo. Los líderes judíos determinaron que “nos conviene que un hombre muera por el pueblo…” (Juan 11:50), sellando así Su muerte (Juan 11:53).
Jesús lloró porque vio su propia muerte inminente, pero más aún porque vio que sus opositores, al redoblar su rechazo, se colocaban en condenación irredimible. Él sufrió al ver que Su acto de vida sería la causa final de su decisión de muerte. Nosotros, como Jesús, hemos llorado por la decisión obstinada de individuos que persisten en un camino ruinoso, anticipando su destino.
Conclusión: La Bendición de Llorar como Cristo
Los motivos del llanto de Jesús tienen que ser los mismos por los que nosotros también lloramos. Llorar es una expresión de nuestra humanidad y una evidencia de que Jesús era tan humano como nosotros, aunque sin nuestro pecado.
Jesús nuestro Señor y Autoridad y Líder perfecto lloró por:
El dolor y la muerte (las consecuencias del pecado).
La insensibilidad y la falta de humanidad.
La incredulidad voluntaria.
La condenación eterna de quienes lo rechazaron.
Los verdaderos líderes también lloran. Son seres humanos empoderados que no pierden su debilidad y humanidad, sino todo lo contrario. Todo lo que hacen lo hacen empatizando con quienes los rodean, ya estén a su favor o en su contra. Su compasión y sensibilidad, expresada en su lloro, los hace más cercanos y reales.
Que Dios nos ayude a llorar como nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Que entendamos que llorar no es debilidad, sino sensibilidad, simpatía y compasión. Que Dios nos ayude a llorar muchísimo más por asemejarnos a Cristo en Su amor y Su entendimiento de la condición humana ante Él. Amén.
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El Hospital No Es el Destino Final: La Crónica de una Batalla por la Dignidad y el Regreso a Casa.
El Hospital No Es el Destino Final: La Crónica de una Batalla por la Dignidad y el Regreso a Casa
El propósito de mi entrada al hospital, y la idea que me acompañó durante toda la experiencia, era esta:
“Al hospital hay que ir para curarse de lo que es posible curar y para revertir lo que se puede revertir. El hospital no es un lugar al que se debe ir para frenar lo imparable ni para impedir lo inevitable. El hospital no es un lugar al que uno se tiene que ir para morir ni para pasar allí los últimos días de su vida en este mundo.”
Lo que sigue es la crónica de cómo esta filosofía se puso a prueba en la realidad del sistema de salud de mi país.
1. El Contexto del Paciente y la Emergencia
Mi madre tiene 91 años. Es viuda; mi padre falleció hace ya tres años. Ella camina, se asea, se cambia, va al baño y administra su dinero por sí misma. Padece de Artitris y Fibrosis Pulmonar. Por su edad y sus males, todo lo hace lento, con cansancio y algo de dolor, pero su lucidez es completa. Administra su vida y sus bienes por sí misma. No le gusta ir al médico ni al hospital. Se cura a sí misma con la medicina y los tratamientos que recibió en el hospital en su pasado, y con los remedios naturales que ha usado durante su vida. Como creyente en Dios y en Jesucristo, su confianza en Su voluntad es fuerte y la expresa en sus oraciones.
Mi madre fue llevada al hospital por un posible derrame cerebral. Su lengua estaba hinchada, no podía mover los brazos, ni caminar, y sentía un dolor y una debilidad intensos. Mi esposa y mis hijos, que la vieron y a quienes mi madre pidió que la llevasen a su cama para acostarse, se preocuparon muchísimo y la llevaron para que fuese atendida por emergencia.
La llevaron a una clínica particular, primero; pero al no tener ésta servicio de emergencia, la trasladaron a un hospital de su seguro. La asistieron aproximadamente a las 9:30 a.m. Era domingo ese día. La estabilizaron de inmediato con una pastilla de Atorvastatina y sugirieron una Tomografía al cerebro, para ver la posible causa de su emergencia y darle un tratamiento restaurador.
La Tomografía se la hicieron fuera del hospital (El Tomógrafo del hospital estaba malogrado). Me reuní con mi madre y mi familia en el lugar de la Tomografía. Una vez hecha la Tomografía, volvimos al hospital. (Ese retorno fue un error; lo entenderán al seguir con el relato).
2. La Estancia y la Tiranía del Protocolo.
Mi madre estuvo en el hospital cinco noches y seis días. A continuación el detalle de lo que ocurrió:
El Primer Día: Parálisis Dominical.
El primer día tomó la pastilla de Atorvastatina. Se le hizo una Tomografía (fuera del hospital) y estuvimos esperando al Neurólogo, para que leyese el reporte y diese su diagnóstico y su receta. Tristemente, por ser domingo, el especialista no vino y mi madre tuvo que quedarse en el hospital.
Ella estuvo sentada en una silla de ruedas porque no había una cama libre, ni en el pasadizo, ni en una habitación.
En la noche, sin embargo, la ubicaron en un dormitorio, con otros siete pacientes. Ese dormitorio, estaba atendido por una doctor/a, una enfermera/o y una técnica/o. En ese ambiente, se le desnudó, se le puso pañal y se la acostó. No “tenía” que levantarse para nada allí, ni para ir al baño. La habitación era fría y le dije al personal que mi madre podría agravarse.
Yo no pude acompañarla en ese frío ambiente, tuve que salir y solo podría visitarla durante una hora cada día. “Ese es el protocolo del hospital en dormitorio” se me dijo, cuando objeté.
Aunque dejé a mi madre en el hospital, no lo hice con convicción. Mis razones: 1) Mi madre tiene 91 años. 2) Mi madre quería volver a su casa. 3) Ella estuvo estable todo ese día y sin recibir más medicación. 4) El Neurólogo no vendría sino hasta las 11 a.m. del día siguiente. 5) No vi en la doctora encargada de su atención una convicción de que mi madre se quedase; nos dijo varias veces que el hospital era peligroso para pacientes como mi madre.
¿Por qué, entonces, la dejé? 1) Somos 7 hermanos y necesitábamos unanimidad. 2) La doctora no me dijo clara y contundentemente: “lleve a su madre a casa y trátela ambulatoriamente”. 3) El hospital no dio de alta a mi madre; le otorgó una cama. 4) Se me explicó que, según el protocolo, el alta de mi madre sería mi responsabilidad y que no recibiría ni diagnóstico oficial, ni tratamiento, ni medicina del hospital.
El Segundo Día: La Confirmación de la Inutilidad.
El segundo día (lunes) fue igual que el primero, pero “peor”. No pude saber nada de mi madre sino hasta entre la 1 y 2 de la tarde del lunes. No se me dijo mucho.
El Neurólogo dijo que la Tomografía mostró que mi madre tuvo un “derrame” antiguo y que no vio un derrame actual, sino a lo mucho un pre derrame. Aun así no le dio el alta.
Ese día también la examinó el cardiólogo y no le encontró nada extraño en el contexto de su edad.
Las horas pasaron y pasaron, y no hubo alta.
Cuando la visitamos en su lecho, mi madre nos manifestó su incomodidad y su deseo de volver a su casa. Fue duro escuchar su pedido, sin concedérselo.
Se quedó una noche más.
El Tercer Día: El Hospital como Agente de Perjuicio.
Yo estaba muy impaciente y estresado por no ver a mi madre. Ya era martes. Por mi impotencia y frustración, quebranté el protocolo. Intervino la seguridad y la policía. A Dios gracias, mi acción no llegó a mayores, pero sí hizo que el personal del hospital me prestase “más” atención.
La doctora me dio más explicación ese día. Me dijo que mi madre padecía de Fibrosis Pulmonar (ya sabíamos) y que estaban haciéndole pruebas para dilucidar el porqué de su exacerbación respiratoria. Le informé, que como familia, no autorizábamos pruebas invasivas. Ella tomó anotó lo que dije.
Se me informó entonces que le harían una Tomografía más, esta vez sería de su pulmón. Como el Tomógrafo estaba malogrado. Ese examen se haría fuera del hospital, como a 25 minutos e sería llevada en la ambulancia.
Esperamos ese examen todo el día.
Cuando llegó la noche, “la Tomografía no se hará hoy”, pensé. No fue así. El hospital la llevó a ese examen como a las 9 de la noche. Gracias a Dios, mi hermano y yo acompañamos a mi madre. Fue bueno que fuimos, pues la vimos y hablamos y la ayudamos a sobrellevar su viaje, tanto al ir como al volver.
Por cierto, objeté que mi madre fuese de noche a esa Tomografía (Corría mucho viento, mi madre es friolenta, y no sale de noche casi nunca). La doctora me dijo que conseguir una cita es muy difícil y que debía aprovecharla.
Mi madre recuerda ese su viaje en la ambulancia como una viaje en “carretilla”. Le fue muy incómodo viajar acostada todo el trayecto.
Mi madre pasó otra noche más en la emergencia.
El Cuarto Día: Deterioro y Resignación.
Miércoles. Era feriado y el hospital funcionaba al mínimo. Mi madre estaba muy agotada y desmejorada. Ella estaba perdiendo la confianza en sus hijos y también en el personal del hospital.
Para este momento de su hospitalizacion, mi madre ya estaba con oxígeno. Y alucinaba. Y se quejaba de que la tenían amarrada (En ese hospital, no sé si en todos, para evitar que los pacientes se dañen, atan sus manos a la cama. No “hay” mala intención; es por seguridad). “Entiendo” su porqué, pero para el paciente lúcido, que se vale por sí mismo, esa práctica de “seguridad” tiene que ser terrible.
Cuando vi a mi madre, me angustié y no “quise” estar en su delante.
La doctora no me dio más información. ¿Por qué? Porque el reporte del Tomógrafo debía ser visto por el especialista, el Neumólogo que, por ser feriado, no estaba presente.
En el momento de la visita, no entré. Dejé que entrasen mis familiares. A todos, sin embargo, les dije: “No le digan a mí madre que ya va a salir.” (Ella nos pedía que la llevásemos a casa).
Ese día, por cierto, falleció uno de los pacientes de su habitación. (Mi madre no se dio cuenta; hubiese sido peor, pues cree que en el hospital “matan” a los pacientes. Si se hubiese dado cuenta, confirmaba su “creencia”.).
Añado un detalle del martes que no mencioné. Al salir para ir a la Tomografía, u paciente, y también mi madre, compartieron que uno de los médicos había dicho que ella recibiría su alta el miércoles.
En consecuencia, en parte del martes y parte del día miércoles, mi madre tuvo la esperanza de volver ya a su casa. Esa esperanza, sin embargo, se desvaneció tan pronto como llegó la noche de ese miércoles.
Mi madre se quedó otra noche más.
El Quinto Día: El Quiebre Emocional.
El quinto día (jueves) fue triste y desesperanzador. Ver a mi madre me fue muy doloroso. Ese día tampoco se nos dio un reporte claro del diagnóstico de mi madre. Repitieron lo mismo que los días anteriores. (Todavía no entiendo el porqué, ya que no era feriado, y seguro que sí había un Neumólogo de turno).
Para ese momento, el aspecto de mi madre no era bueno. Ese día ni mis hermanos ni sus nietos fueron a verla, solo mi esposa y yo. Mi madre, en esencia, se despidió de nosotros. Ya no nos habló de volver a la casa. Ella solo nos dijo que ya “no” tendrá una reunión con todos sus hijos. Nos contó sus sueños y alucinaciones, en los que la llamaban y llamaban. Mi madre se había resignado a “morir” en el hospital.
Mi esposa y yo salimos muy afligidos del hospital. (Mi padre, de 89 años, falleció allí, después de 2 semanas de estadía).
Mi madre se quedó una noche más en el hospital.
El cuadro de mi madre (aún viva) y mi padre (ya muerto) en el hospital me quebrantó. No me quedé en el hospital. No había razón para estar allí (en un sentido, también “estaba resignado”). Volví a mi casa muy, pero muy afligido.
Todos en casa vieron mi angustia.
Me acosté e intenté dormir un poco, pero no pude. En mi mente solo pensaba en que mi madre, pase lo que pase, debía estar en su casa, no en el hospital. Para que mi madre saliese teníamos solo dos opciones: el alta médica o el alta voluntaria. Lo primero dependía del hospital, pero no la dieron antes, ahora menos. La segunda opción dependía de nosotros sus hijos, pero necesitábamos unanimidad y no la teníamos.
Mi angustia fue tan grande que clamé y lloré ante Dios, diciéndole que no permitiese que mi madre muriese en el hospital, sino en su casa, junto a su familia. No puedo dar el dato de cuánto tiempo estuve a llorando y clamando a solas a Dios, pero sí les diré que derramé mi alma y toda mi angustia ante él.
Luego, llamé por teléfono a un buen amigo mío. No me contestó, pero le dejé un mensaje contándole mi angustia y la razón de ella. (Por cierto, mi amigo me dijo que no oyó el mensaje. No importa. Narrar mi tristeza en su buzón me ayudó muchísimo).
Una vez calmado, busqué la unanimidad fraternal para el alta voluntaria de mi madre. Gracias a Dios, esta unanimidad se logró. Mi ánimo y mi alegría se desbordaron.
Como mi madre estaba con oxígeno en el hospital, hice las gestiones necesarias para tener oxígeno en casa. Dios nos fue propicio y obtuvimos lo que necesitábamos. Uno mi hermano me ayudó con todo eso.
Nuestro plan fue retirar a nuestra madre del hospital esa misma noche, pero por el consejo de un médico y de amigos, decidimos solicitar el alta al día siguiente.
Mi madre durmió su última noche en el hospital.
El Sexto Día: El Triunfo de la Voluntad.
Me desperté temprano, pero no me afané, ya sabía como funcionaba el hospital. No me atenderían sino hasta a partir de las 9 de la mañana. No valía la pena ir antes de esa hora.
Al llegar al hospital, le dije al vigilante que necesitaba hablar con la doctora encargada. El vigilante fue hasta ella y cuando le dio mi nombre y el nombre de mi madre, la doctora le dijo: “Ya he hablado con él, que vuelva a la 1 pm, para el reporte acostumbrado.”
Al oír su respuesta, que me cerraba la puerta e inmovilizaba (era las 9.30 am en ese momento), dije: “Dígale a la doctora que he venido a solicitar el alta voluntaria de mi madre”. El vigilante fue con mi mensaje a la doctora. Cuando salió, me dijo: “La doctora dice que el alta ocurrirá bajo su responsabilidad.” Sí, le dije.
El vigilante volvió a hablar con la doctora. Al salir, me dijo: “La doctora hablará con usted tan pronto atienda otros asuntos urgentes de su turno.”
La doctora me llamó a eso de las 11.30 a.m., más o menos. Estaba junto al Neumólogo. Me explicó el cuadro que veía en mi madre (No necesito colocar todo el cuadro clínico que se nos dio). Este diagnóstico se desprendió de la Tomografía del día martes (Nos lo dieron después de dos días). No había justificación alguna para esa demora, pero no había ido a discutir.
La doctora trató de explicarme que necesitaban más análisis para confirmar sus diagnósticos. Nosotros, si embargo, ya no queríamos que nuestra madre siguiese en el hospital. El Neumólogo vio mi determinación, y le dijo a la doctora: “El señor entiende la situación de su familiar y sabe lo que sigue, así que firmaré su alta.” En otras palabras, mi madre saldría del hospital con su alta, lo cual le permitiría contar con su programa paliativo, gracias al seguro de mi difunto padre.
Eras las 12 del medio día cuando empecé a tramitar el alta de mi madre. Hice todo en función de lo que me aconsejó el doctor. Luego, lo más difícil … esperar, esperar y esperar.
Mi madre, sin razón alguna, salió del hospital a eso de las 7 de la noche del día viernes. Estuvimos esperando una ambulancia para llevarla a casa. Pero no era necesario. Mi madre, finalmente, bajó de la camilla de su ambiente de emergencia, la sentaron en una silla de ruedas, y la acercaron a la ambulancia. Una vez allí, ella misma se paró y subió a la ambulancia; se fue sentada a casa, y con oxígeno.
En la casa, la acostamos en su cama, y le colocamos el oxígeno que ya estaba listo, y nos alegramos de volverla a tener entre nosotros otra vez. Mi madre por fin estaba en su casa otra vez. Su alegría fue inmensa.
En contraste, ese día murió un paciente más en el ambiente donde estuvo mi madre.
4. Conclusión: Un Llamado a la Humanización.
El propósito de esta crónica es ayudar a todos los que trabajan y se relacionan con el sistema de salud de mi país. Los hospitales son una gran ayuda y, aunque no existe la perfección ni la ausencia de error en este mundo, pero siempre podemos crecer y hacer mejor todo lo que hacemos.
En esta crónica, todos quienes estuvimos inmersos en los sucesos podríamos habernos desenvuelto mejor. Mi escrito está hecho en pro de esa mejora. Siempre se puede mejorar.
Como hijo, he aprendido que debo respetar la voluntad de mi madre. Ella sabe que sus males y su condición no son reversibles, pero no quiere terminar su vida este mundo en un hospital.
Los Médicos, enfermeras y personal administrativo deben aprender a trabajar con los familiares. No se deben encerrar en sus conocimientos y protocolos. Tienen que saber que no todos los pacientes necesitan el mismo protocolo, pero siempre necesitan a su familia.
Los Burócratas de la salud tienen que oír a los pacientes y a quienes trabajan día a día con ellos. Sus protocolos deben ser uniformes, pero quienes los aplican deben tener libertad para obrar conforme a cada paciente en particular.
Los familiares de los pacientes, y los propios pacientes, tienen que aprender que el hospital no puede curar lo incurable y no puede revertir lo irreversible.
Hay que demandar de los hospitales lo que está a su alcance, no lo que no lo está. Y hay que recordar siempre que, sobre todo: el hospital es para curar y revertir lo sanable y reversible, pero el lugar para vivir sobrellevando lo no curable e irreversible, con dignidad y apoyo familiar y amical, siempre es el hogar.
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Mi madre salió del hospital el 10 de octubre del 2025. Hoy (19 de noviembre 2025), que escribo esta nota, ya es más de un mes que está en nuestra casa. Dentro del contexto de su edad y de sus males, ella está relativamente bien.
Mi madre sigue en actividad y haciendo las mismas cosas que hacía antes de ir al hospital. Desde luego, sus males y su edad siguen su inevitable avance, hasta su desenlace.
Nosotros, su familia, tanto los que estamos cerca como los que están lejos, siempre estamos con ella. Ella está mucho más vigilada que antes. Será así hasta que Dios lo determine.
El hospital le brinda a mi madre oxígeno (son muy eficientes en este servicio) y también un médico para cuidado paliativo que, Dios mediante, la verá por primera vez en unos pocos días.
Mi oración continua a Dios por mi madre (que confía en Dios y tiene la esperanza de la vida eterna por creer y seguir a Jesucristo) es esta: “Alivia, oh Dios, sus dolores y sus males, y fortalece su cuerpo y su mente, para sobrellevar su vejez y sus males hasta que la lleves contigo al paraíso.”
Muchas gracias por leer y apreciar esta crónica. Si le encuentras provecho, mi satisfacción será muy grande. Si tienes a alguien en mente que podría beneficiarse de esta crónica, compártesela.
Salmo 118:5
“Desde la angustia invoqué a JAH, y me respondió JAH, poniéndome en lugar espacioso.”
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👑 El Desafío del Gobernante Ideal: Entendiendo Génesis 1:26.
👑 El Desafío del Gobernante Ideal: Entendiendo Génesis 1:26
“Si todos los hombres, es especial quienes son padres, o líderes eclesiásticos, o presidentes de algúna asociación, o autoridades políticas, incluyendo los gobernantes de las naciones, entendiesen El Desafío del Gobernante Ideal en Génesis 1:26, la vida en este mundo sería muchísimo mejor para todos.”
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El hombre fue creado para señorear y gobernar la creación que Dios hizo, la cual era buena en gran manera. Este mandato implicaba hacerla aún mejor, muchísimo más buena para sí mismo, para la propia creación y para todas las criaturas, y, fundamentalmente, para la glorificar y honrar a Su Creador, el Dios Todopoderoso y Bueno.
El fundamento de esta misión se encuentra en el primer capítulo de la Biblia:
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.” (Génesis 1:26)
La Clave del Gobierno: Identidad y Función
El contexto de este mandato es clave para entender el tipo de señor y de gobernante que tenía y que tiene que ser el ser humano. Dios creó todo el universo bueno, muy bueno. Todo estaba en su sitio y todo tenía su finalidad y su provecho. El hombre fue creado y hecho para “optimizar” y “perfeccionar” lo que ya era bueno en gran manera. ¡Qué tremendo desafío!
El cumplimiento de esta misión era posible. Dios nunca pide algo que no podemos hacer. Hay al menos, en Génesis 1:26 y en su contexto, varios hechos que demuestran que el hombre podía realizar tan grande misión:
Él era a imagen y semejanza de Dios: Este es el hecho más importante. Ser a la imagen de Dios es lo que capacita al hombre para señorear. Dios, el Soberano, le transfirió al hombre la capacidad funcional para ejercer una soberanía delegada y actuar como Su representante en la Tierra.
La creación y las criaturas hechas solo podían ser mucho mejores con el desarrollo cultural.
Dios estaba con él para optimizar aún más lo bueno y perfecto que era.
El “mal” en tanto distorsión de lo bueno no existía, y la muerte no estaba activa.
Todo estaba diseñado para que el hombre fuese un señor y un gobernante ideal de todo cuanto Dios había hecho.
📝 El Significado Profundo de “Señoree”
La palabra “señoree” (que traduce el hebreo radah) demuestra que el hombre fue hecho para gobernar. Expresa la misión de gobernante del hombre, quien desde su posición de autoridad y superioridad privilegiada, debía dominar, gobernar, controlar, mandar y administrar a todas las criaturas. Este privilegiado rol está ratificado y confirmado por lo dicho en Génesis 1:28.
El buen gobierno del hombre tenía que verse en todos los cielos, en todo el mar y en toda la tierra. Los peces, las aves y toda bestia de la tierra debían “maximizar” su potencial, su hábitat y su manera de vivir. ¡Toda la creación debía reflejar a este magnífico gobernante! ¡Dios tenía que mirar complacido al hombre y a todo lo creado gracias al buen señorío del hombre!
¿Cómo iba a ejercer el hombre su gobierno y su señorío?
Debía usar y reflejar el carácter y las habilidades que Dios le dio al hacerlo a Su imagen y semejanza.
Debía ejercer sobre la creación la autoridad que Dios le dio.
Debía confiar en la bendición de Dios al ejercer su gobierno.
Debía tener la convicción de que toda la creación y todas las criaturas estaban aptas para cooperar y maximizar su rendimiento bajo su gobierno.
Dios y la creación esperaban muchísimo del hombre como gobernante. ¡Qué reto privilegiado más inmenso el de la criatura hecha a semejanza de Dios!
🚀 Aplicación Práctica del Señorío
Todo hombre debe mostrarse y ser siempre el buen gobernante y administrador que Dios diseñó y quiere que sea.
Sé que ahora este contexto óptimo e ideal no existe por causa del pecado y de sus consecuencias, pero aun así, los hombres podemos ejercer y maximizar nuestro potencial gobernante y administrativo. ¡Hagámoslo cada día y a cada instante!
Empecemos con gobernarnos a nosotros mismos: El autocontrol y la disciplina son el primer campo de batalla del buen señorío.
Luego, y a la vez que nos enseñoreamos de nosotros mismos, cuidemos y desarrollemos el potencial de nuestra familia nuclear y de nuestra familia extendida.
Continuemos y extendamos nuestro potencial administrativo y de gobierno en todo ámbito de nuestras asociaciones (iglesia, escuela, comunidad, ciudad, provincia, país, continente, mundo, etc.).
Finalmente, hagamos grande y mejor todo proyecto que emprendamos por iniciativa propia o iniciativa de otro (tarea, trabajo, negocio, empresa, nación).
¡Desarrollemos nuestro potencial como buenos gobernantes y administradores en toda área de nuestra vida y de nuestro entorno, hombres! ¡Consagremos nuestra vida y nuestros recursos para serlo todo el tiempo! ¡Hagámoslo con toda pasión y diligencia, y con muchísima mayor razón, si es que creemos y seguimos a Jesucristo, nuestro Salvador y Señor, y modelo de vida! Amén.
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Aviva Tu Obra, Oh Dios: La Oración de Habacuc y la Urgente Necesidad de Avivamiento Hoy.
La Oración de Habacuc: 4 Pasos para el Avivamiento Hoy.
“Descubre el patrón bíblico en Habacuc 3:2. Analizamos los 4 principios que el profeta usó para clamar a Dios por un despertar espiritual en su nación.”
El avivamiento de la obra de Dios siempre es una necesidad continua en este mundo, y en el mundo de hoy, muchísimo más.
Avivamiento (en el uso cotidiano) es la acción y el efecto de avivar. La palabra “avivar” significa: “volver a vivir”, “revivir”, “cobrar vida”, “entusiasmarse” o “dar vigor o energía” a algo.
En el uso cristiano o evangélico, el avivamiento es el “despertar“, la “consagración“, la “renovación” y la “priorización” de la vida espiritual con Dios por medio de Jesucristo, Su Hijo. Este avivamiento puede ser individual, colectivo o los dos juntos. Como consecuencia del avivamiento, la vida personal de todo cristiano, de la Iglesia y de la sociedad en general, se hace más devota, más arrepentida, más sensible, más obediente y más útil a Dios y a la extensión de Su evangelio.
El Avivamiento no es una reliquia histórica, sino una necesidad continua y, hoy más que nunca, urgente. Ante el enfriamiento espiritual y la secularización, la única solución es un acto soberano de Dios. El profeta Habacuc lo entendió y nos dejó un patrón atemporal en su oración de Habacuc 3:2. En este post, exploraremos los cuatro principios fundamentales que él usó para clamar por un despertar espiritual en su nación y que son indispensables para nuestra vida y nuestra época.
“Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.” (Habacuc 3:2).
1. Tenemos que ser conscientes de que el avivamiento es necesario.
¿Se adora, alaba, teme, obedece y ama a Dios? ¿Se guarda y se vive en conformidad con las leyes reveladas en la palabra de Dios? ¿Se vive misericordiosamente y fraternalmente entre prójimos? ¿Las familias viven en respeto mutuo y armonía? ¿Las autoridades se preocupan por el bienestar de todos los ciudadanos y les dan seguridad y justicia, o solo viven para sí mismos y sus allegados?
Estas preguntas se respondían negativamente en los días de Habacuc. El profeta era consciente de la situación de su sociedad, tal como lo expresan Sus palabras clarísimas al respecto:
“¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan. Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia.” (Habacuc 1:2-4).
Él, a la vez, sabía que el juicio de Dios estaba a la puerta de su nación. Es más, Habacuc conocía a quienes usaría Dios para ejecutar Su juicio y eso lo tenía confundido y angustiado.
“Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis. Porque he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y presurosa, que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas ajenas.” (Habacuc 1:5-6).
El contexto religioso, político y social de Judá requería de un avivamiento espiritual y Habacuc estaba al tanto de esa urgente necesidad. Su oración a Dios para que avive Su obra en sus días es un reflejo de su lucidez y de su discernimiento espiritual.
Nuestro tiempo requiere de hijos de Dios que imiten a Habacuc.
Nuestras familias, congregaciones y naciones demandan “Habacucs” modernos, que estén con los ojos despiertos, y que vean la necesidad de un avivamiento obrado por Dios, y que oren por el mismo al Dios todopoderoso. ¡Que Dios levante cristianos diligentes y alertas que vean la necesidad del avivamiento espiritual!
2. Tenemos que estar escuchando la palabra de Dios humilde y reverentemente.
¿Cómo es que Habacuc llegó a ser consciente de la necesidad de un avivamiento? Su testimonio al respecto es poderoso. Él oía atenta y temerosamente la palabra de Dios. Su actitud ante ella era propicia para que el Espíritu Santo avivase su vida para con Dios y para con su prójimo. Fueron las Sagradas Escrituras las que despertaron su entendimiento y lo hicieron ver la necesidad espiritual de su nación. La Escritura decía una cosa y el pueblo judío vivía otra.
Los cristianos tenemos que estar oyendo y leyendo la Biblia como lo hizo este profeta. “Oh Jehová, he oído Tu palabra, y temí” tiene que ser también nuestro testimonio. Es la palabra escrita de Dios la que nos hace ver si estamos agradando a Dios o yendo en contra de Su buena y bendita voluntad. Es la Escritura la que nos motivará y nos impulsará hacia un avivamiento espiritual. Ella obrará en nosotros primero, y luego, al seguir transformándonos y encaminándonos más y más hacia Dios, nos hará ver que los demás también necesitan la obra de Dios en sus vidas.
3. Tenemos que pedirle a Dios en oración el avivamiento.
Habacuc deja en claro en su oración que el avivamiento espiritual verdadero es obra de Dios, no del hombre. “Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos. En medio de los tiempos hazla conocer”, oró el profeta. La implicancia es trascendental: “Es Dios mismo quien tiene que ejecutar y concretizar el avivamiento.”
Habacuc le pidió a Dios el avivamiento de Su obra en la vida de su pueblo y de toda la humanidad. Su obra tenía que ser visible en su momento histórico. Toda su nación y todas las naciones que la rodeaban tenían que ver la obra de Dios en los judíos. Era Dios mismo quien debía hacer conocer Su labor en la vida cotidiana de los ciudadanos de Judá.
La petición en oración de Habacuc tiene que ser nuestra oración. Nosotros también debemos pedir que Dios “avive Su obra en medio de nuestra época.” Tenemos que pedirle que avive la vida espiritual en cada creyente y discípulo de Cristo. Debemos rogarle que reviva a Su iglesia y que la impulse hacia Él y hacia la misión de predicar el evangelio a toda criatura. En nuestra oración necesitamos pedir que Dios quebrante y mueva los corazones de nuestros conciudadanos hacia Él y hacia Jesucristo, Su Hijo, para la vida presente y la venidera.
4. Tenemos que estar listos a aceptar los resultados propios de la presencia santa y poderosa de Dios.
El avivamiento espiritual es posible porque Dios se revela en poder en quienes son Su pueblo y en quienes no lo son. Su presencia y Su obra serán un hecho tanto en quienes le temen y sirven como en quienes no lo hacen.
Habacuc sabía que Dios obraría en ira contra los pecadores y sus pecados, y en misericordia para con los pecadores que se arrepentían y volvían a Él en fe y conversión genuina. “En la ira acuérdate de la misericordia”, oró el profeta. El profeta quería que la ira de Dios sobre los ciudadanos rebeldes de su pueblo se expresase, pero sin dejar de expresarles también Su misericordia salvífica y redentora.
El avivamiento espiritual que Dios obra revela a nuestro Creador en ira contra los pecadores no arrepentidos y en misericordia para con los pecadores arrepentidos.
¡Tenemos que aceptar con un corazón humilde y reverente lo que hará Dios durante el avivamiento!
En resumen, el avivamiento espiritual es una necesidad urgente y vital en todos los niveles. Cada cristiano debe avivar y estimular su vida con Dios para amarle, obedecerle, adorarle, servirle y glorificarle todo el tiempo. Asimismo, la iglesia de Cristo necesita ser revivida y cobrar ánimo para consagrarse y servir con amor en la extensión del evangelio. Finalmente, el avivamiento es clave para que aquellos que aún no creen en Jesús se salven, vivan una vida nueva y multipliquen el número de personas que sirven y glorifican a Dios.
Oración: “Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.” (Habacuc 3:2).
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Solo O Fructífero: La Opción Crucial que Jesús Tomó por la Humanidad.
“El significado profundo del Grano de Trigo de Juan 12:24, la terrible exclusión que Jesús evitó con su muerte y el llamado radical a que el cristiano dé su propio fruto.”
Dios Hijo, la segunda persona de la Trinidad, se hizo Hombre en Jesús de Nazaret para salvar a los seres humanos de sus pecados y de su condenación. Él siempre vivió en función de su misión. Sus palabras sobre el propósito de su venida son claras y Juan 12:24 es la evidencia.
“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”
Jesús, con el poder de elegir, pudo haber guardado Su vida. Si no hubiese muerto, se habría quedado “solo” (sin vida eterna para nadie más). Él habría sido el único en la gloria de Dios. Todos los demás habríamos quedado excluidos eternamente.
Él, sin embargo, optó por dar Su vida por nosotros. Murió en nuestro lugar para resucitar y, como el grano que produce la espiga, levantar y llevar a muchísimos otros seres humanos hacia la gloria de Dios (Hebreos 2:10).
Este pasaje no solo establece el plan de salvación, sino también el camino del discípulo. Jesús nos enseña que en Su camino hay que “morir” para realmente “vivir” y ser fructíferos:
“El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan 12:25).
El cristianismo demanda el sacrificio de uno mismo. Jesús empieza su Iglesia sacrificándose por ella (Efesios 5:25) y demanda que Sus discípulos mueran a sí mismos para ser Sus testigos y portavoces. El egoísmo no tiene parte en la vida de los cristianos.
Jesús nos llama a morir a nuestra vida en este mundo para vivir la Suya. ¡Él nos convoca a seguirle y a imitarle! ¡Hagámoslo! ¡Muramos a nosotros y vivamos a Cristo cada día! ¡Hay recompensa eterna por hacerlo!
“Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.” (Juan 12:25-26).
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