El pasado es inmutable. Lo vivido, vivido está. No podemos enmendar el pasado; no podemos volverlo a vivir.
Nuestro presente es resultado de nuestro pasado, pero no tenemos que anclarnos en él. Debemos mirar hacia atrás para sacar lecciones para nuestro presente y para nuestro futuro, pero no tenemos que vivir mirando el retrovisor a cada instante ni en todo el tiempo.
Son muchos los seres humanos que viven su presente y su futuro añorando su vida pasada. Unos, añoran sus buenos tiempos y lo extrañan. Otros, se lamentan de sus experiencias malas y viven afligidos, enojados, amargados.
No es bueno ni práctico vivir así.
Israel, el pueblo escogido de Dios vivía atado al pasado y eso le estorbaba porque nublaba sus ojos y no “veía” a Dios y a su obrar. Algunos judíos pensaban tanto en los buenos tiempos de antaño que no veían ni aprovechaban lo que Dios estaba haciendo en su presente. Otros judíos estaban constantemente tristes por sus pretéritos sufrimientos y males y no disfrutaban lo bueno de su presente ni estaban expectantes a lo nuevo que Dios les traería en su futuro.
Dios le habló a Israel respecto al pasado y con esas sus palabras nos habla hoy sobre eso mismo a nosotros. Él dice: “No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas” (Isaías 43:18). “Olviden” el pasado. “Dejen” atrás las cosas que ya ocurrieron. Eso le dijo claramente. Obviamente, Dios no quería que su pueblo “viviese” el pasado en su presente. Nosotros tampoco debemos vivir “añorando afanosamente” lo bueno ni lo malo de lo que ya fue.
El presente exige concentración, dedicación y enfoque total.
El futuro y lo nuevo que viene en él demandan nuestra alerta maximizada.
Como Dios estuvo con nosotros en el pasado, está en el presente y estará en nuestro futuro. Dios no cesa de hacer su obra y nosotros tenemos estar abiertos a lo que él está haciendo hoy y a lo que él hará mañana. Dejar de vivir en el pasado es vital para ver lo nuevo de Dios en nuestro presente y en nuestro futuro.
Dios quería a Israel atento y abierto a su accionar en su presente y en su futuro.
Sus palabras a Israel también son para nosotros. Él dijo: “He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad” (Isaías 43:18). Dios siempre hace nuevas cosas. Dios siempre está abriendo caminos. Dios nunca nos deja solos. Siempre tenemos que estar atentos a lo que Dios hace.
No debemos ser ateos al vivir.
No estamos solos al estar en esta tierra.
Siempre tenemos a Dios y él siempre está interesado en nosotros. Nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro están en sus manos. Como Dios estuvo en nuestro pasado, está en nuestro presente y también en nuestro futuro.
Dios está siempre.
Dios está obrando en todo momento.
Dios siempre está interesado en nosotros y en nuestro bien.
Miremos nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro en función a lo que Dios dice. El pasado debe quedar atrás, dice Dios. Dios está haciendo su obra en nuestro presente y debemos verla y conocerla para disfrutarla y maravillarnos. Dios, asimismo, hará “camino” y “río” nuevo en nuestro futuro.
Nunca estamos solos y abandonados.
Nunca estamos acorralados y perdidos.
Nunca ya no hay nada que hacer.
Nunca debemos debemos darnos por derrotados.
En nuestro pasado las cosas ya están hechas, pero en nuestro presente y en nuestro futuro siempre hay opciones, maneras, rutas y experiencias nuevas. La presencia de Dios y su obrar misericordioso y bondadoso garantizan compañía, ayuda, salida y socorro novedoso. ¡Dios abre camino donde no hay y él hace germinar donde está seco!
La presencia de Dios y su buena voluntad para con nosotros garantizan otra oportunidad, otro comienzo, otra vida. Si reconocemos a Dios presente y activo podemos esperar curación y sanidad para toda herida del alma. Mientras estamos vivos siempre hay un nuevo amanecer, un nuevo día y un nuevo florecimiento.
No nos encerremos en nosotros mismos.
Tampoco vivamos “dependientes” y en función del obrar de quienes nos rodean.
No nos demos por vencidos. No tiremos la toalla por más incapacitados e impotentes que nos sintamos y nos veamos.
Miremos a Dios y esperemos su nueva obra, su nueva vida, su nuevo camino, su nuevo río.
Dios se reveló y se revela a nosotros hoy por medio de Jesucristo y la obra de su Espíritu Santo en concordancia con la palabra de Dios que está en la Biblia y es por eso que nosotros estamos llamados a tener una perspectiva suya de nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.
¡Qué Dios nos ayude a estar atentos y a ver a Dios y su hacer en todo tiempo!
¡Dios está siempre y nosotros contamos con él en cualquier circunstancia!
Amén.
