El cristiano genuino es uno que ha dejado de servir a los “ídolos” que servía para enfocarse y centralizarse en el servicio y la adoración del Dios vivo y verdadero.
Los hombres de hoy tenemos nuestros “ídolos”. Un “ídolo” es todo aquello que interrumpe nuestra adoración y obediencia exclusiva a Dios.
Los “ídolos” nos hacen desobedecer e ir en contra de Dios y de su palabra. Los “ídolos” pueden ser otras personas, cosas, pensamientos, hábitos, vicios, … o nosotros mismos.
La conversión verdadera implica el abandono total de los ídolos. Los que creemos y seguimos a Jesucristo debemos dejar los ídolos tan pronto como los identificamos, si es que de verdad queremos servir, adorar y agradar única y exclusivamente al Dios vivo y verdadero que nuestro Salvador vino a revelarnos.
Dios y Jesucristo esperan de nosotros sus seguidores consagración y devoción exclusivas. Nada ni nadie debe estorbar nuestra lealtad a Dios y a nuestro Señor y Salvador que vino a la tierra a salvarnos de nuestros pecados y de nuestra condenación.
Al mismo tiempo que dejamos nuestros “ídolos” y servimos consagradamente a Dios, nosotros tenemos que estar a la expectativa de la venida de Jesús, nuestro Señor.
Jesucristo viene por nosotros. Lo ha prometido y él cumple lo que promete. Su retorno es nuestra esperanza y nuestra garantía de no experimentar la ira venidera que él trae y que caerá sobre todos aquellos que no han creído en él ni le han seguido.
Cristianos de todo el mundo, creamos, sigamos, obedezcamos, sirvamos y esperemos a Jesucristo que ya pronto viene.
Dejemos todo aquello que impide nuestra adoración a Dios. Nada con los ídolos de todo tipo. Abandonemos lo que nos estorba y nos impide servir en exclusividad a Dios.
¡Dios y Padre nuestro, ayúdanos a creer y a seguir a Jesucristo de todo corazón!
¡Dios eterno y lleno de misericordia, qué la conversión de “nuestros ídolos” al Dios vivo y verdadero sea genuina y verdadera!
Amén.
