Las autoridades siempre se enseñorean de las naciones que presiden.

A propósito de las elecciones presidenciales, que están ya muy cercanas:
1. Siempre tendremos gobernantes humanos. Será así hasta que Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores venga a la tierra para establecer su reino sempiterno.
2. Estos gobernantes humanos que, de acuerdo a la Escritura, son establecidos por Dios, se conducirán y ejercerán su función en razón de su naturaleza pecaminosa y de su imperfección.
3. También, de acuerdo a la Biblia, entretanto no se establece plena y definitivamente el reino de Jesucristo, estas autoridades, salvo muy raras excepciones, están bajo el dominio del diablo, quien recibió “todos los reinos de este mundo”.
4. Jesucristo, refiriéndose a las autoridades, que son legítimas, aún cuando sus ideologías, sus estrategias, sus métodos y sus acciones para tomar el poder y mantenerse en él sean contrarios a los principios y valores suyos, dijo:
“Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.” (Mt 20:25).
5. Las palabras de Jesucristo respecto a cómo se conducen las autoridades son verdaderas siempre. Las naciones y los imperios siempre son regidas y regidos por autoridades que se enseñorean y se hacen “señores” de sus gobernados y de sus bienes. Esto ha sido así antes, es así hoy, y será así, en mayor y menor grado, hasta que Jesucristo mismo reine en los cielos nuevos y tierra nueva que él mismo creará cuando venga por segunda vez.
6. Al ejercer nuestro voto, por tanto, los seguidores de Jesucristo, dependemos de Dios, seguimos los valores y principios de la palabra de Dios, y encomendamos nuestro país a Dios, pues es él al final quien determinará al gobernante que “se señoreará” del Perú y de los peruanos.
7. Los cristianos, al margen de quien llega a “enseñorearse” del país, tenemos la misión de ser testigos de Jesucristo. Esa nuestra misión la seguiremos cumpliendo sea quien sea el que “se enseñoree” del país. Quien llegue a enseñorearse del país puede “facilitar o dificultar” nuestras vidas y el cumplimiento de nuestra misión con “su enseñoreamiento”, pero eso no impedirá que nosotros sigamos obedeciendo a Jesús.
8. Jesucristo es quien tiene toda potestad en los cielos y en la tierra. Jesucristo es el verdadero Señor y Rey de nuestras vidas, de la iglesia, del Perú, del mundo, y de todo el universo. ¡Afuera todo temor y todo miedo al ejercer nuestro voto, hermanos! Los cristianos nos debemos a Jesús y confiamos supremamente solamente en Jesús. Amén y amén.

Nota: Escribí este post en mi muro de Facebook el viernes 28 o el sábado 29 de mayo, antes del las elecciones que fueron el domingo 6 de junio. Después de esa publicación y sin mayor explicación específica alguna, Facebook inhabilitó mi cuenta personal de su plataforma. ¿Habrá sido el contenido del post lo que causó mi inhabilitación? 

Elmer Manuel Rodríguez Chuquimango

Elmer Manuel Rodríguez Chuquimango (4 de enero de 1977) el sétimo de mis hermanos, de los ocho que somos, partió hoy (5 de junio de 2021) a la presencia de Dios. Él nació con Síndrome de Down. Elmer tuvo meningitis a los cuatro meses de nacido. Ese mal agravó su condición.

Su vida fue casi como la de cualquier otro ser humano hasta más o menos los 17 o 18 años. En ese lapso de tiempo, nosotros, su familia, lo disfrutamos, lo gozamos, y lo “sufrimos”… pues era travieso y avezado. Subía y caminaba por las paredes sin temor alguno. Elmer era también tierno, amable, cariñoso, laborioso, dulce, enamoradizo, juguetón, alegre y risueño. (Foto: Elmer y su sonrisa ida, que me encantaba, aun cuando me parecía que se reía de mí).

Elmer participaba con nosotros en nuestra congregación. Leía la Biblia, cantaba y pedía oración por nosotros sus hermanos. No había reunión de oración en la que él no solicitará que la congregación orase por nosotros. Elmer también ayudaba en los servicios de la iglesia. Era un buen jovencito. Recuerdo bien aquellos días. Era hermoso verle alistarse para ir bien presentable a alabar a Dios.

Pero, siempre hay un pero en esta vida.

Algo le pasó entre los 17 o 18 años. Nosotros no sabemos qué le pasó. No estuvimos con él en ese momento. A partir de esa experiencia, Elmer empezó a retroceder en el ejercicio de sus facultades. Este retroceso se notó y se hizo evidente en su capacidad de comunicarse. Poco a poco dejó de hablar, y ya no pudimos saber de él mismo lo que sentía y pensaba. (Foto: Mis padres hicieron todo cuanto sabían y podían por Elmer. ¡Dios los bendiga!).

Al síndrome y a la meningitis, y al suceso desconocido que le acaeció, se le añadieron los frecuentes ataques epilépticos. Estos ataques lo fueron dañando muchísimo más. Los ataques eran fuertísimos. Tiene varias heridas por causa de esos terribles e imprevistos ataques. Para nosotros era muy doloroso verle padecer estos ataques.

Dios se ha compadecido de él y de nosotros y lo ha llevado a su presencia. Dios ha hecho con él y con nosotros lo que está en su plan y por eso determinó su reposo a este mundo. Su corazón dejó de latir y partió a la presencia de Dios hoy (5 de junio 2021). Él se fue como si estuviese muy cansado, poquito a poquito. Derramó unas poquitas lágrimas al irse. Todos nosotros estuvimos junto a él al momento de emprender su viaje al reino de Dios. (Foto: Mis padres, mi hermana Heriberta y Elmer en la navidad del 2020, que por causa de la pandemia, la celebramos por medio de zoom. Mis hermanos “están” con nosotros en la pantalla).

Ya han pasado unas horas desde su partida. Elmer ya descansa. Ahora está en la piadosas manos de Dios. Allí, junto a Dios, Elmer está mejor. Ya no sufrirá más los males que le aquejaron durante toda su estadía en esta tierra. Ahora, Elmer, junto a Dios, solamente tiene gozo y paz. En donde está hoy, Elmer ya no tiene dolor ni sufrimiento, solo salud y alegría. Amén y amén.

A nosotros nos queda su recuerdo.

Nosotros recordamos los momento alegres.

Nosotros recordamos su ternura, su delicadesa, su alegría, su risa, su mirada vivaz y movediza.

Elmer Manuel se fue con Dios, a su reino.

Elmer siempre fue un niño. (Foto: Elmer, mi padre, Lucas y yo en la playa de Huanchacho).

Como el niño que fue, Elmer está incluido en estas palabras de Jesús, el Hijo de Dios, quien vino a esta tierra, no para condenar, sino para salvar: Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. (Lucas 18:16–17).

Mi hermano Elmer ya dejó este mundo. Ahora Elmer está con Dios, en su reino. En el reino de Dios él está mejor, muchisísimo mejor. Allí, en el reino de Dios, y junto a Dios, Elmer camina y vive con gozo y alegría perpetua. Su cuerpo quedará en la sepultura, pero él ya vive con Dios. Amén. (Foto: Elmer junto a mi hermana Heriberta, mi sobrino Daniel y yo, en una de nuestras salidas a desestresarnos).

Los adultos, según Jesús, debemos recibir el reino de Dios como un niño. Elmer no necesitó hacerse un niño para recibir el reino de Dios, él “era” un niño… siempre “fue” un niño. El “niño” Elmer se fue al reino de Dios porque, según Jesucristo, le corresponde. ¡Descansa y gózate con Dios en su reino, que también es tuyo, Elmer!

¡Dios, consuélanos y confórtanos a todos quienes somos su familia! Amén.

Lo qué nos está más cerca e inminente…

Lo que no está más cerca e inminente es nuestro encuentro con Jesucristo.

Este hecho tiene que ser una certeza cristiana indubitable. Nuestro encuentro con Jesucristo está cada vez más y más cerca. Siempre lo ha estado, pero ahora su cercanía nos es más y más inminente. Y será así hasta que Jesucristo venga por nosotros o hasta que nosotros vayamos a encontrarnos con él.

Pablo, quien tenía en mente el advenimiento de Jesucristo y su encuentro con él, escribió dos párrafos clarísimos respecto a este maravilloso acontecimiento:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (no todos moriremos); pero todos (tanto discípulos muertos como discípulos vivos) seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos (los creyentes en Cristo que están muertos) serán resucitados incorruptibles, y nosotros (los creyentes en Cristo que están vivos) seremos transformados.” (1 Corintios 15:51-52).

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (los creyentes que están muertos), para que nos entristezcáis como los otros (los que no creen ni siguen a Jesucristo) que no tienen esperanza. Porque sí creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (los que murieron creyendo en él). Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor (esta frase hace referencia a los creyentes que estaremos vivos cuando él venga para reunirse con nosotros), no precederemos a los que durmieron (a los que creyentes que están muertos). Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” (1 Tesalonicenses 4:13-18).

Los dos párrafos bíblicos transcritos, presentan la inminencia de nuestra reunión con Jesucristo a través de dos acontecimientos que pueden ocurrir en cualquier momento. Uno de ellos es nuestra muerte y el otro es el retorno de Jesucristo por su iglesia. Ambos acontecimientos son inminentes, están allí, a la puerta y muy cerca de nosotros.

Los discípulos de Jesucristo de la época neotestamentaria creían que él vendría por ellos en sus propios días, mientras estaban vivos. Jesucristo, como sabemos, tanto por la Biblia como por la historia, no ha retornado todavía por su iglesia, la cual está a su espera. Muchos de los creyentes en Jesús, por tanto, murieron esperándole, sin haberle visto volver.

Esa realidad, sin embargo, no anula el hecho de que al morir, todos los discípulos que murieron se han reunido con Jesucristo en espíritu. Los cristianos que han muerto están con Jesús en su reino. ¿Recuerdan a uno de los de los dos ladrones que fue crucificado junto a nuestro Señor y que se arrepintió a él antes de morir? A este ladrón arrepentido, Jesús le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). El ladrón arrepentido se reunió con Jesús inmediatamente después de que murió.

La muerte reúne al discípulo con Jesucristo. Los cristianos no debemos temerle a la muerte. No debemos buscarla, pero hay que prepararnos y hay que estar listos para morir sin sorpresa ni desesperación alguna. Pablo, quien no temía morir y quien siempre estaba listo para dejar el mundo presente, dijo: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.” (Filipenses 1:21-24).

Para Pablo, morir era “partir y estar con Cristo”; por esa razón, para él, “el morir es ganancia”. La muerte nos hace cruzar el lumbral del mundo presente para encontrarnos y reunirnos con Jesús en el mundo espiritual eterno. De acuerdo con las Escrituras, toda persona que ha creído en Jesucristo y muere va a reunirse con él.

Nuestra muerte es inminente. Podemos morir en cualquier momento. Este es un hecho segurísimo.

Los que estamos viviendo en estos días por causa del virus chino y las acciones humanas para eliminarlo tienen que habernos hecho mucho más conscientes de que nuestro encuentro con Jesús es el acontecimiento más y más cercano. Son muchos los hijos de Dios que han partido e ido con el Señor. Un día seremos nosotros los que moriremos e iremos con el Señor. Puesto que así es, lo que nos toca es estar listos y preparados para irnos con él.

No hay que temerte a la muerte; ni a la nuestra, ni a la de otros. No hay que sorprendernos de la muerte. No hay que huir de ella. Hay que estar preparados y listos para cuando nos toque morir. ¿Cómo nos preparamos y estamos listos para morir e irnos con Jesucristo?

1. Hay que asegurarnos de que nuestra fe en Jesucristo es verdadera y genuina. Esto es vital, porque solamente el cree y sigue a Jesucristo tiene vida eterna y al morir va con él.

2. Hay que vivir toda nuestra vida confiando en Jesucristo y sirviéndole en toda área de nuestra vida en esta tierra. Toda área de nuestra vida debe estar sometida a Cristo y tiene que ser vivida para honrarle y glorificarle.

3. Hay que crecer cada día en nuestra relación con Dios por medio de la oración, la lectura de la Biblia, la adoración y alabanza a Dios, el arrepentimiento y la confesión de pecados, la obediencia a la palabra de Dios, y de ser testigo de Jesucristo y su evangelio dondequiera que Dios nos lleve.

4. Hay que disfrutar intensamente la vida, la familia, el trabajo y los bienes que Dios nos ha dado. Dios nos da sus dones para disfrutarlos y debemos gozarnos en todo lo que él nos ha dado en esta tierra.

5. Hay que vivir en este mundo en función de la gran comisión. Este mundo es nuestro campo de misión. Estamos aquí para predicar el evangelio de Jesucristo y para hacer discípulos de Jesús a todas las naciones.

6. Hay que vivir como extranjeros y con desapego a este mundo y a todo lo que tenemos y hay en él. Nuestra ciudadanía es celestial. Estamos en esta tierra de paso, de transito. Nuestra patria celestial nos espera y debemos estar listos para reunirnos con Jesucristo cuando él lo determine.

Nuestra reunión con Jesucristo es lo más cercano e inminente. Estemos listos para esa nuestra reunión. Todos nosotros podemos morir e ir con Jesús en cualquier momento. Si no es la muerte la que nos reúne con Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, lo que nos reunirá con él es su venida por Su Iglesia. La venida de Cristo por Su Iglesia es también inminente. Puede ocurrir en cualquier momento. Por eso, ya porque nos morimos o ya porque él viene por su iglesia, nuestra reunión con Jesucristo es lo que nos está más cerca e inminente.

¡Preparémonos y estemos listos para reunirnos con nuestro Señor y vivir con él por la eternidad! Amén y amén.

¡Benjamín Salinas …!

Benjamín está “vivo” en mi memoria porque lo tengo frecuentemente en mis pensamientos. Hoy, justamente, estuve pensando en él y en los momentos que pasamos juntos. Coincidimos en el Día del Aspirante en el Seminario Bautista del Perú. Allí vi su don musical. Tocaba el piano, cantaba, dirigía con mucha gracia; y también ensayaba y acompañaba con buena voluntad a quienes querían cantar. Este mi encuentro con él en ese acontecimiento duró poco, dos o tres días. Fue en agosto del año 1987.

Después, en los años 88 al 90, fuimos compañeros de pabellón y de aula en el Seminario. Aparte de la música, Benjamín, amaba la palabra de Dios y el conocimiento de ella. Nuestro tiempo estudiantil fue precioso y es inolvidable. Nos gozábamos estudiando, cantando, leyendo, hablando, jugando, bromeando, riendo, etc. El pabellón de varones, con Benjamín allí, está siempre en mi mente, por todas las vivencias por causa de él; destaco una vivencia en especial. Benjamín siempre se levantaba directo al piano, para tocar uno que otro himno. El himno que más tocaba, y que yo recuerdo mucho es el siguiente: “Suenan melodías en mi ser”. Para mí, ese himno, tocado por él, siempre alegraba mi alma y fortalecía mi fe y mi esperanza en Dios y en su obra de Salvación. Aun hoy lo sigue haciendo. (Foto: Benjamín Salinas).

Entre el año 90 y el día de su partida a vivir con Dios, con Benjamín hemos pasado muy buenos tiempos. En cursos bíblicos, en servicios de edificación, en conferencias, en campamentos y en reuniones de negocios en diferentes ministerios. Su amor por la obra de Dios en Perú y el mundo siempre ha sido muy visible. Su amor por las personas y su interés personal por ellas han marcado la vida de mucha gente. Benjamín está “vivo” en mi memoria por su aprecio a mí y mi familia. Fue por él que “aprendí” que los siervos de Dios “eran los tíos de los hijos” de sus consiervos. Mis hijos eran “sus” sobrinos y les daba su afecto y su propina “como” tales. Recuerdo que en diciembre me reuní con él en Lima, para comer un ceviche. Él vino desde su casa en el Retablo para estar conmigo durante el breve tiempo que tenía entre un vuelo y otro. Aprecié y admiré ese su gesto. Él era un amigo, sabía ser amigo. En enero, dos meses antes de su partida a la presencia de Dios, fue a vernos a nuestra casa. Mi familia disfrutó su presencia que, aunque breve, nos edificó y animó. Benjamín, quien “vive” en mi memoria, ahora ya vive con Dios. (Foto: Promoción 1990, SBP).

Pero Benjamín también “vive” en la memoria de Magdalena, su esposa, y también en la memoria de sus tres hijos. Toda su familia puede dar fe de lo que estoy escribiendo. Con toda seguridad, ellos lo recuerdan constantemente. Y lo seguirán recordando hasta que Dios los reúna con él en la eternidad. Por cierto, tengamos presentes en nuestras oraciones a su preciosa familia.

Benjamín “vive” también en la memoria de los hermanos en Cristo a quienes sirvió como pastor y consejero espiritual y musical. Él está en el corazón y en la mente de todos ellos, que lo conocieron, que lo escucharon, y que trataron con él. Los hermanos de la IBB El Retablo pueden dar fe de lo que escribo. También, los hermanos del Grupo Coral Norte, que él promovió y dirigió con entusiasmo.

Benjamín también “vive” en su producción musical, y en sus predicaciones y en sus enseñanzas, y en sus escritos. Hoy mismo estuve escuchando varios de los himnos que cantó y que dirigió mientras sirvió a Dios en esta tierra. Pero hoy no ha sido el único día que escuché su producción, lo he hecho también antes y es seguro que seguiré escuchándole. (Foto: Benjamín y Magdalena).

Benjamín “vive” también en la vida de sus amigos, quienes, como yo, pueden dar fe de lo que digo.

Pero, para terminar, lo más importante, Benjamín vive hoy ante Dios en Su Reino Eterno. Esto que estoy diciendo no lo digo en función de mi deseo, sino en base a lo que enseña la Biblia, que es la Palabra de Dios. Jesucristo, cuando los saduceos intentaron hacerle quedar en ridículo a él y a la realidad de la resurrección de los muertos y a la vida después de morir en esta tierra, dijo: “Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven.” (Lucas 20:37-38). La Biblia es clara respecto a que la vida no termina cuando morimos en esta tierra. Al morir en esta tierra dejamos de estar presentes palpablemente para esta dimensión, pero seguimos viviendo real y espiritualmente en otra dimensión. Si somos hijos de Dios, por haber creído en Jesucristo de todo corazón mientras estábamos aquí, como hizo Benjamín, al morir en esta tierra nosotros vivimos presentes en el Señor. (1 Corintios 5:6-8). El hecho de que el creyente en Cristo al morir en esta tierra va a vivir y a estar con Cristo en Su Reino es lo que le hizo testificar a Pablo estas palabras: “Porque de ambas cosas (vivir o morir en esta tierra) estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir (morir) y estar con Cristo (vivir en Su Reino), lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne (seguir viviendo en la tierra) es más necesario a causa de vosotros.” (Filipenses 1:23-24). (Foto: Benjamín junto a toda su familia).

Como Benjamín está presente y vive con Cristo hoy en su reino celestial y eterno es que lo imagino tal como lo conocí en esta tierra. Me lo imagino mirando con admiración a Jesucristo, Su Salvador y Su Señor. También lo imagino entonando alabanzas y cantando gozosamente a nuestro Dios. Lo imagino buscando a los hombres del Antiguo y del Nuevo Testamento para dialogar con ellos y oírlos testificar sobre las maravillas de Dios. También, lo imagino hablando con quienes fueron sus maestros y amigos en esta vida y que ya están allí con el Señor. Lo imagino maravillado y asombrado por la belleza y la gloria que está viendo y disfrutando. (Foto: Benjamín, Luis y yo, en el aeropuerto de Lima).

Podría seguir escribiendo, pero debo terminar.

Benjamín “vive” y seguirá “viviendo” en mi memoria y en la memoria de todos los que nos relacionamos con él cuando estuvo aquí. Estoy seguro de eso. Pero, de lo que más estoy seguro, y sin ningún ápice de duda, es que Benjamín vive con Dios y que disfruta de él y de todo lo que él tiene allí en Su Reino.

“Dios es Dios de vivos” y Benjamín vive con él. Amén, amén.

Sí tú aún no tienes la esperanza de seguir viviendo ante Dios y con Dios el día que mueres a esta tierra, cree de todo corazón en Jesucristo, quien murió y resucitó para salvar a los pecadores, y tal esperanza ciertísima será también tuya.

Benjamín ahora entiende lo que nosotros entenderemos después:

Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.

El 2020 quedará atrás en unas pocas horas. Luego, tan pronto como se acabe este singular y dramático año, el 2021 será una realidad.

El año que está terminando nos ha dejado una lección muy grande: No somos dueños soberanos y autónomos ni del tiempo, ni del espacio, ni de la vida… ni de nuestros planes.

Mucho de lo que pensábamos hacer el 2020, no lo hicimos.

Por eso, al realizar mi agenda del 2021, que es lo que estoy trabajando en estas últimas horas del 2020, un párrafo de cuatro versículos del libro de Santiago ha estado y está en mi mente todo el tiempo. (Les animo a leer varias veces ese texto, hasta que les grabe en el corazón). Ni siquiera pude escribir una sola actividad sin pensar en ese párrafo y, en especial, en la frase: “Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.”

En ese párrafo se nos advierte sabia y enfáticamente respecto a la necedad de planear nuestra vida y nuestras actividades como si nosotros fuésemos los gobernantes autónomos del universo en que vivimos y como si lo que sucediese dependiese solamente de nosotros y de nosotros.

El 2020 nos debe haber enseñado que no es así.

El texto citado no está en contra de planear con anticipación nuestros proyectos y actividades. No, no lo está. Santiago está en contra de que planifiquemos sin tomar en cuenta a Dios, quien es el gobernante supremo de la creación y de todo cuánto acontece en ella.

Mi agenda anual ya está casi terminada.

Es mi proyección, pero la realización de lo planeado y de lo que no está planeado, no está en mi manos, sino en las manos de Dios.

De Dios depende que yo esté vivo.

De Dios depende que yo pueda movilizarme.

De Dios depende de que me dejen ir y llegar a donde planeo ir.

De Dios depende de que pueda realizar el servicio que voy a brindar.

De Dios y de su voluntad depende todo… absolutamente.

Vivir, planear y asegurar nuestra vida y la de otros como si nosotros fuésemos Dios es una expresión de soberbia y de insensatez.

Lo racional y lo piadoso es declarar muy convincentemente: “Si el Señor quiere, viviremos, y haremos esto o aquello.”

Amén. Así es.

El 2021 está a la puerta.

Mis metas y mis actividades de este nuevo año están en las manos de Dios.

“Si el Señor quiere, viviré, y haré lo que he planeado y también lo que no he planeado.”

¡A Dios sea la gloria y la alabanza por siempre! Amén.

Iglesia Sinaí – Nuevo San Juan de Papayal – Río Ucayali

Dios me hizo conocer un nuevo lugar en este mi nuevo viaje al Requena y a Jenaro Herrera, por el río Ucayali. Conocí la comunidad de Nuevo San Juan de Papayal. En esta comunidad, que está en la Reserva Nacional de Pacaya Samiria, tiene unas veinte familias, está floreciendo una nueva iglesia de nuestro Señor Jesucristo.

Allí vive el hermano Nelsón y su familia. Nelsón es parte de la IB Buenas Nuevas de Jenaro Herrera. Hasta hace unos meses, él y su familia eran los únicos seguidores de Jesucristo en Nuevo San Juan de Papayal. Gracias a Dios, esto ha cambiado y ya no es así, pues, Ronald y su familia, que vivían en Iquitos, se mudaron a vivir en la comunidad.

Ronald y Nelsón, juntamente con sus familias, empezaron a reunirse para estudiar la Biblia y alabar al Señor. También han cobrado ánimo y han empezado a hablarle a las personas sobre Jesucristo. Su labor ha empezado a tener fruto. Ahora mismo hay dos familias más que se han añadido al grupo de discípulos. ¡Qué bendición más grande!

Ronald es el pastor de la pequeña iglesia de cuatro familias. Su testimonio me impactó. Me contó que vino de Iquitos con el fin de tener una vida más sosegada. En Iquitos él trabajaba de constructor y servía en una iglesia de la ciudad.

Ronald dijo que le huía predicar en la iglesia, pues no prefería servir en la iglesia como constructor. Dios, sin embargo, lo ha hecho pastor en Nuevo San Juan. Dios tiene su forma de obrar y de encaminarnos a su voluntad y a su servicio. Lo que Dios ha hecho y está haciendo con Ronald es una evidencia de su gracia y de su soberanía.

La comunidad de Nuevo San Juan está cerca de Jenaro Herrera, más o menos a una hora, en peque peque. Gracias a esa cercanía, tanto Ronald como Nelson son instruidos por el pastor Isidoro del Águila, quien sirve en la iglesia Buenas Nuevas de Jenaro Herrera. La iglesia de Jenaro Herrera también está involucrada en apoyar al pastor Ronald y a la iglesia Sinaí. Fue gracias al pastor Isidoro y la iglesia de Jenaro Herrera que tuve el privilegio de visitar la comunidad de Nuevo San Juan.

La nueva iglesia, que ya es una realidad, se llama Sinaí. Por ahora, las cuatro familias se están reuniendo en sus hogares, pero ya están para construir su local. El pastor Ronald me informó que ya tienen la madera para el local, pero que les falta el dinero para la calamina. Ronald me compartió que iban a construir un local de un techo de cuarenta calaminas. El presupuesto para comprar tanto las calaminas como los accesorios para colocarlas es un aproximado de mil soles.

En mi visita a esa nueva congregación, Dios me dio el privilegio de enseñar la palabra de Dios a Neyson y a Ericka, quienes habían creído y estaban muy dispuestos a bautizarse. También enseñé en el servicio matutino, que fue previo a los bautismo. ¡Fue una bendición grande enseñar la palabra a estos hermanos!

Durante mi visita bautizamos en total a cinco nuevos discípulos. Al principio iban a ser solo dos, Neyson y Ericka. Pero, luego, se añadió Manuel. Después, cuando ya habíamos bautizado a estos tres hermanos, se añadieron dos nuevos discípulos. ¡Dios animó mi alma con su obra en los corazones de estos cinco nuevos hijos suyos!

Dejé a los hermanos de Nuevo San Juan con la certeza de que los hijos de Dios están en la manos de Dios. Descanso en esa seguridad. La iglesia es de Jesucristo; le pertenece, porque es él quien la compró con su sangre. Asimismo, es Jesucristo mismo quien edifica, purifica, cuida y perfecciona a cada discípulo y a toda Su Iglesia. Él hace esto por medio del poder de Su Espíritu y de Su Palabra.

En consecuencia, al despedirme de ellos, y al ir alejándome de la nueva iglesia y de la comunidad en el peque peque que me llevaba a Jenaro Herrera, vinieron a mi mente estas palabras que escribió Pablo: “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hechos 20:32). Estas palabras de Pablo son mi oración por estos hermanos que acabo de conocer y por todos los hermanos a quienes tengo el privilegio de servir.

¡Dios bendiga a esta nueva congregación de la rivera del Ucayali y que sean muchos más los pueblos en los que se establecen iglesias de Jesucristo! Amén y amén.

Otrosi digo: En el siguiente playlists he colocado algunos de los videos que filmé. Son cortos. En ellos muestro la entrada a la comunidad de Nuevo San Juan, el pueblito, los cánticos que entonamos y los bautismos realizados.

¿Quién debe dirigir nuestras vidas?

¿El virus chino y los gobernantes de este mundo van a “seguir” dirigiendo nuestras vidas? No. En ninguna manera. No deben. Nunca debieron hacerlo. Ya nos han dirigido por un tiempo, demasiado tiempo, creo yo, pero es suficiente. Recuperemos nuestras vidas y volvamos a dirigirlas nosotros, bajo la autoridad de Dios.

Es obvio, para quienes quieren verlo, que el virus ha sido más dañino de lo debido, por causa de quienes gobiernan y de sus disposiciones, en especial en Perú. Se ha hecho un daño enorme a las familias del Perú.

Todos debemos volver a vivir. Nuestros antepasados no dejaron de vivir sus vidas por los virus, los enfrentaron, los vencieron y los mantuvieron a raya. Igualmente debemos hacer nosotros. No debemos dejar de vivir por miedo a enfermarnos o a morir. Las enfermedades y la muerte no se van a ir, siempre estarán allí, pero no nos tocarán hasta que sea nuestra hora.

Los cristianos también debemos volver a vivir en Cristo Jesús, y bajo su autoridad, y con muchísima mayor razón que el resto de los ciudadanos de este mundo. Creemos en Dios y creemos en Jesucristo, Su Hijo, quien dio su vida por nosotros. Nosotros estamos en sus manos, tanto en vida como en muerte. Nosotros somos del Señor. Romanos 14.8 así lo dice y debemos en vivir en función de ese hecho y de esa certeza.

Debemos volver a congregarnos. Dios lo ordena en el libro de Hebreos. Quienes lideran las iglesias deben planear el cómo. A quienes somos liderados nos toca apoyarlos, congregando y estimulándolos con nuestra presencia. Congregar es un asunto de obediencia, de crecimiento, de misión y de salud espiritual. Tenemos que congregar, es vital que lo hagamos. Los beneficios de cumplir con Hebreos 10.24-25 son muchísimos.

Debemos volver a conmemorar y a anunciar la muerte de Jesucristo por medio de partir el pan y beber el vino juntos. Este también es un mandato del Señor y tenemos que obedecerle a él. Hay gran bendición en participar de la comunión que hay en tal conmemoración. Y, para cumplirlo, es indispensable, que obedezcamos la palabra de Dios y congreguemos.

Debemos seguir yendo a evangelizar a los perdidos y a discipular a los creyentes. La evangelización y la discipulación virtual y local tienen que seguir siendo hechas. Son muy útiles, pero no nos eximen de obedecer el mandato de ir y de ser testigos de Jesucristo, en el lugar en el que vivimos, en el país del que somos ciudadanos, y en todo el mundo.

Volvamos a vivir obedeciendo a Dios antes que a los hombres. El costo de obedecer lo que Dios manda pueden ser las críticas burlonas, los reclamos airados, las enfermedades, las multas, la prisión, y hasta la muerte. Pero eso no es comparable con vivir agradando a Dios y el gozo que resulta de obedecerle a él antes que a los hombres.

Pedro y Juan, y una gran cantidad de quienes nos han precedido en Cristo Jesús, experimentaron insultos, golpes, cárceles, y la muerte violenta e injusta, por obedecer la palabra de Dios. Ellos caminaron en el sendero de la obediencia y nosotros debemos hacer lo mismo en este tiempo.

Ni el virus chino, ni ningún otro virus, o bacteria o mal, deben dirigirnos al vivir en esta tierra. El miedo a enfermar y a morir no deben conducir nuestro entrar ni salir de casa. Tampoco deben dirigir nuestras vidas quienes nos gobiernan.

El único que debe dirigir nuestras vidas es Dios. Él y solamente él es nuestro único Rey y Señor. En consecuencia, es mejor enfermar y morir viviendo en obediencia a Dios, que estar sanos y morir viviendo en desobediencia a él.

¡Qué Dios nos ayude a vivir en esta tierra obedeciendo Su Palabra cueste lo que cueste! Amén y amén.

Los cristianos y su apoyo a políticos y a partidos políticos

¿Cuáles son los valores fundamentales que deben regir el accionar del político y el partido político que deben apoyar los seguidores de Jesucristo?

Los cristianos estamos en este mundo y tenemos una ciudadanía terrenal. Como ciudadanos del país en el que hemos nacido o el país que hemos adoptado, estamos obligados a tomar una postura política respecto a quienes lideran el país.

Nuestra postura puede ser de apoyo, de crítica, de oposición o de indiferencia. Cualquiera que sea nuestra postura política, debe tener sustento. Los cristianos no adoptamos postura alguna a ciegas, en ignorancia y sin poder dar razones para la misma.

La indiferencia, es postura política, y son muchos los ciudadanos que la adoptan, pero no es responsable. La indiferencia política no debe ser una característica de los cristianos.

Nuestra postura política responsable reconoce que, en conformidad con lo que Jesucristo dijo en Juan 19:10-11, quienes gobiernan tienen autoridad para cumplir esa su función.

Esa autoridad les dada “de arriba”, del cielo. Es Dios mismo quien da autoridad a los gobernantes. Romanos 13 reafirma que es Dios mismo quien instituye las autoridades que gobiernan las naciones y este mundo.

Como cristianos, y reconociendo que es Dios quien da autoridad a los gobernantes, y obedeciendo lo que Dios nos ha ordenado en su palabra, oramos por quienes nos gobiernan, les predicamos, y anhelamos la salvación de todos los hombres, entre los cuales también están incluidos los políticos.

Ya que es así y que de todas maneras somos responsables por el destino político del mundo y del país en el que vivimos, y que se nos da la oportunidad de participar en la elección de quienes son los que nos gobiernan, es nuestro deber asumir nuestro rol político con mucha responsabilidad.

En este escrito alistaré algunos valores que deben tener y propugnar aquellos políticos y partidos políticos a quienes los cristianos y toda la gente de bien del Perú debe darle su apoyo responsable.

Vida humana. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que respetar y proteger a todos seres humanos sin excepción desde su concepción hasta su sepultura.

Libertad humana. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que enfatizar y privilegiar la libertad y la responsabilidad de los seres humanos para decidir y actuar en conformidad con su conciencia y sus valores.

Matrimonio y familia. El partido político y los políticos que apoyamos tienen estimular, proteger y crear las condiciones mínimas para que el matrimonio, entre un hombre y una mujer adultos, y la familia, que son las células básicas y fundamentales de la sociedad, se desarrollen, se afirmen y se fortalezcan.

Emprendimiento, trabajo y disfrute. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que estimular y proteger el emprendimiento individual, familiar y asociado para producir, inventar, vender, comprar y disfrutar libremente dentro del Perú y el mundo de todo aquello que los ciudadanos peruanos logren lícitamente.

Igualdad ante la ley. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que fomentar la justicia “justa” y predecible. Por tanto, tienen que fomentar y establecer que todo ser humano es igual ante la ley. Nadie tiene que ser favorecido o perjudicado por ley en función de color, tamaño, pobreza, riqueza, religión, ideología política, etc.

Seguridad y justicia. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que tener la convicción de que el rol de los gobernantes y de las autoridades del país es dar seguridad y justicia a los ciudadanos. Por lo cual, ellos deben cuidar el cumplimiento de la ley, recompensando a los que hacen lo bueno y que contribuyen al bienestar y la prosperidad del país, y castigando a los que hacen el mal y empobrecen a otros. El monopolio de fuerza, que es de quienes gobiernan, tiene que ser usado para castigar a los que hacen mal (Romanos 13:4).

Administración pública pequeña y eficiente. Quienes gobiernan deben enfatizar su función principal: justicia y seguridad. Por lo cual, los policías, los fiscales y los jueces deben ser remunerados y provistos de las herramientas necesarias para cumplir eficientemente su trabajo. La administración debe priorizar su labor esencial. Quienes gobiernan no deben ver a la administración pública como una fuente de trabajo para sus votantes o para obtener más votantes. Quienes gobiernan deben generar con su trabajo un ambiente propicio para que sus ciudadanos trabajen y creen fuentes de trabajo. La administración pública debe sustentarse y funcionar eficientemente con tributación mínima, sin generar endeudamiento, sino ahorro.

Tributación mínima y voluntaria. Quienes gobiernan y quienes trabajan en la administración pública, al igual que cualquier otro trabajador, que gana en función del trabajo que realiza, deben demostrar con su trabajo que merecen su salario. Por lo cual, el estímulo más grande para que los ciudadanos tributen, es su trabajo eficiente. En consecuencia, si quienes gobiernan realizan bien su trabajo, el país mejorará, los ciudadanos tendrán trabajo, habrá inversión y más trabajo, la prosperidad será un hecho visible. En esas condiciones, todos los ciudadanos tendrán el estimulo para aportar voluntariamente para equipar el sector público para cumplir su función y también para pagar el salario de quienes gobiernan y de todos quienes trabajan en la administración pública.

Relaciones internacionales. El partido político y los políticos que apoyamos tienen que poner a los ciudadanos peruanos, a las leyes y al territorio nacional primero al relacionar al país con los otros países del mundo. Ningún país ni ningún organismo internacional debe estar por encima del Perú y los peruanos. Toda relación internacional debe fortalecer nuestra soberanía, no menoscabarla.

Corrupción, mentira e impunidad nulas. El partido político y los políticos deben luchar contra la corrupción en la administración pública. Esto implica una mejor selección de las personas que llegarán a trabajar para el país. Quienes gobiernan y manejan los recursos de los ciudadanos deben administrarlos honestamente. Los mentirosos no deben asumir puestos en la administración pública porque no se puede confiar en ellos. Por eso, la mentira, la deshonestidad y todo acto de corrupción deben ser sancionados drásticamente.

Mérito, capacidad y eficiencia. El partido político y los políticos que apoyamos deben priorizar el mérito, la capacidad y la eficiencia en la administración pública. Al gobierno y a la administración pública deben llegar los mejores trabajadores del sector privado. Trabajar en el sector público tiene que ser un premio y un privilegio para los ciudadanos más destacados del país.

Administración responsable de los recursos naturales. El partido político y los políticos que apoyamos deben velar que los recursos naturales del país se administren responsablemente. El Perú tiene abundantes recursos naturales para el provecho de sus ciudadanos. Estos recursos se deben administrar sabiamente y en beneficio de todos los peruanos.

Los cristianos estamos en este mundo y estamos llamados a ser responsables para con quienes van a administrar nuestro país. La buena administración del país es un asunto de sentido común.

El sentido común y la evidencia empírica nos hacen ver que es imposible un país prospero con gobernantes con ideología y principios que van en contra de la vida, el matrimonio, la familia, la libertad, la igualdad ante la ley, la seguridad, la justicia, el trabajo, la eficiencia, el ahorro,  la honestidad y la verdad.

Los cristianos, que seguimos a Jesucristo, quien es nuestro Rey, y a quien nosotros esperamos, tenemos que cumplir nuestro rol político en base a los principios y valores que él nos enseña en la Biblia, que es la palabra de Dios.

Los principios y valores que están alistados en esta nota están contenidos en la Biblia. Hay más valores, pero los que he alistado son básicos. Los cristianos nos identificamos con ellos y debemos estar listos para apoyar a los políticos y a los partidos que también los tienen, los defienden y los promueven.

Mientras Jesucristo todavía no venga a la tierra para establecer su reino y mientras estemos viviendo en este mundo, tendremos autoridades. Es inevitable que así sea. Por eso, nuestra participación política en base a los principios de la palabra de Dios es nuestra mejor opción al vivir en esta tierra. ¡Qué Dios nos de sabiduría para elegir mejor a las autoridades que gobernarán y administrarán nuestro país!

Nota: Si quiere leer más sobre política, lea este otro artículo:

https://segundorodriguez.com/pautas-biblicas-para-la-accion-politica-de-los-cristianos/

¡Sirvamos con gozo a quienes no pueden valerse por sí mismos!

El ser humano normal, que crece, que es adulto, que es capaz y que está sano, sirve, trabaja, es útil y provechoso para otros. Es en esa manera que se sostiene y cubre sus necesidades para sí mismo, y para los suyos, y para los desvalidos y necesitados de este mundo.

Solamente los bebés, y los que crecen y son adultos pero están incapacitados por causa de enfermedad grave y severa, y los ancianos muy, pero muy ancianos, son quienes requieren que se trabaje por ellos y para ellos.

Estoy entendiendo mejor esta acción propia de todo ser humano normal y por eso aprecio mucho más a las personas que sirven, que trabajan, que ayudan y que son provechosos para otros, en especial, para aquellos que no pueden valerse por sí mismos.

Jesucristo es un modelo de este tipo de servicio. Dios, en la Biblia, que es Su Palabra, tiene esta declaración, que fue pronunciada por Jesucristo, quien es el ejemplo supremo del servicio a los desvalidos. “Porque el Hijo del Hombre tampoco vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.” (Marcos 10:45 – Reina Valera 1909).

Jesucristo hizo lo que nosotros los pecadores no podíamos hacer para nosotros mismos ni para otros. Nosotros no podiamos morir para pagar nuestros pecados y ser salvos y evitar así la condenación eterna en el lago de fuego. Como no podiamos hacerlo, quien lo hizo fue Jesús.

La Biblia es clara al respecto: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Romanos 5:8). ¡Es una gran bendición que él se haya sacrificado por nosotros! ¡Todos aquellos que hemos creído en él y le seguimos de todo corazón estamos muy agradecidos por su salvación!

Los padres normales son también un ejemplo de este tipo de servicio. Nos atendieron e hicieron todo por nosotros sus hijos cuando éramos bebés. Nos dieron de comer, nos limpiaron, nos vistieron, nos curaron, nos educaron, nos consolaron, etc. Ellos nos sirvieron y trabajaron para nosotros constantemente. Se sacrificaron y se sacrifican por nosotros. Es gracias a ellos que somos lo que somos y que hacemos lo que hacemos. (Foto: Mi padre y mi madre son un ejemplo de cómo servir al que lo necesita).

Tanto Jesús como nuestros padres nos han enseñado con su ejemplo a servir y ayudar a quienes no pueden valerse por sí mismos. Empero, nosotros muchas veces no somos concientes de esa enseñanza que nos están dando con sus vidas. Eso me ha ocurrido a mí. Tanto Jesucristo como mis padres me han estado enseñando sobre el servicio al débil, al desvalido, al necesitado y no me daba cuenta.

Todos los cristianos y todos quienes somos hijos estamos siendo enseñados y entrenados para servir a quienes lo necesitan. Se nos entrena porque esa va a ser nuestra vida si somos normales, sanos y adultos. Empezamos a servir así al tener a nuestros hijos. También cuando alguien de nuestra familia se enferma gravemente. Y, por último, cuando nuestros queridos y sacrificados padres envejecen.

Cuando Dios nos da el privilegio de servir, de cuidar, de ayudar y de trabajar por y para quienes no pueden valerse por sí mismos; encontremos ánimo, fuerzas y gozo en el ejemplo de Jesucristo y de nuestros padres. ¡Qué Dios nos ayude a servir de corazón y con gozo a quienes nos necesiten! Amén.