Los ancianos, el Corona Virus y los no ancianos.

“Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.” (Levítico 19.32).

Las canas son propias de los ancianos. Los ancianos, desde la perspectiva divina, son personas especiales, preferentes y distinguidas. Ante ellos hay que levantarse, hay que ponerse en pie. Tenemos que pararnos ante su presencia. Un judío “no anciano” no podía quedarse indiferente en presencia de los ancianos. El rostro de los ancianos tenía que ser honrado por los “no ancianos”. Honrar tiene que ver con respetar, enaltecer, privilegiar y dar honor. Los ancianos judíos, por tanto, debían ser  respetados, enaltecidos, privilegiados y dignos de todo honor. Eran los “no ancianos” los llamados a tratarlos en esa forma especial. (Foto: José Silverio y María Elena, mis padres, 88 y 85 años, respectivamente).

La posición de honor de los ancianos entre los judíos “no ancianos” era una disposición divina. Dios lo ordenó. Jehová puso “su firma” en el mandato. En consecuencia, la obediencia a este mandamiento era una expresión de tener “temor de Dios”. Temer a Dios implica amor, reverencia, respeto e incluso “miedo” a Dios. Por tanto, los líderes judíos y la sociedad judía “no anciana” expresaban que tomaban a Dios en serio cuidando digna y privilegiadamente a los ancianos.

Una persona, una familia, una comunidad, una nación y un mundo que no “se levanta” en presencia de los ancianos y que “no los honra” con respeto, reverencia, aprecio, amor, gratitud y con cuidado suficiente, conveniente, decente, honorable y decoroso,  no teme ni respeta a Dios y, por tanto, lo desagrada, lo deshonra y no lo glorifica.

Los ancianos están muriendo en gran cantidad diariamente en estos días. Es así en Italia, en España, y en otros países, y también en Perú. El Corona virus está matando a los ancianos. (También a otros, desde luego).

De los 9 muertos anunciados por el Ministerio de Salud el 1 de abril de 2020, solo un tiene 26 años, los demás son de 59, 59, 60, 63, 65, 68, 69 y 89 años, en decir, entran en la categoría de ancianos.

Los ancianos están luchando, agonizando y muriendo, y siendo cremados o sepultados, “solos”, sin la compañía de sus seres queridos, en varias partes del mundo. Ahorita mismo, en algunos países, por la saturación de los hospitales, según testimonios que se difunden en las redes, los ancianos mueren sin siquiera ser atendidos, ya que se privilegia la edad y la condición potencial de sanarse. Esto no es aceptable delante de Dios. (Foto: Comunicado del Ministerio del Salud).

En Perú todavía no tenemos “una saturación” de los hospitales por causa del virus proveniente de China. El Ministerio de Salud ha informado que hay más de 1300 contagiados, de los cuales, 198 están hospitalizados. Ruego a Dios que no tengamos saturación de enfermos por este virus en los hospitales, para no llegar a la situación de Italia ni de España.

Yo, como muchos otros en Perú y en otros países, vivo con mis padres, que son ancianos y, por tanto, potenciales víctimas de este letal virus. Tengo que tener muchísimo cuidado.

Dios, en estos tres últimos días, me ha hecho pensar mucho en el texto que comento. Siendo franco, más que pensar, este texto me ha confrontado y me ha hecho hacerme esta pregunta: ¿Estoy yo cumpliendo la palabra de Dios y dándole respeto y cuidado honroso a los ancianos que están conmigo y que son mis padres? (Foto: Mis padres, un día en que mi hermana mayor llevó a la familia a comer en un restaurant campestre de Trujillo).

Cuidar a los ancianos no es tan fácil. Ese cuidado se hace muchísimo más difícil a medida que la edad va haciendo estragos en ellos y debilitando y hasta limitando sus facultades. Pero no importa cuán difícil y trabajoso sea atender respetuosa, honrosa, paciente y amorosamente a los ancianos, tenemos que hacerlo.

A los peruanos nos toca cuidar a nuestros ancianos. Quienes tenemos ancianos en casa, estamos llamados a darle respeto y cuidado digno. No solamente para que no se infecten por el virus, y porque es por ellos que somos lo que somos, sino porque Dios, nuestro Creador, Sustentador y Redentor es quien nos lo ordena.

Quienes somos discípulos de Jesucristo estamos obligados a ser un ejemplo de cumplir la palabra de Dios. Por tanto, tenemos que honrar, respetar y cuidar diligente a los ancianos que están en nuestro entorno. ¡Ayúdanos a hacer esto que tu mandas, oh Dios!

1) Oremos por ellos. 2) Evitemos que se expongan a la infección. 3) Hablemos con ellos para hacer más llevadero su confinamiento. 4) Leamos la Biblia con ellos para edificar sus almas y darles ánimo. 5) Estemos atentos a su estado de ánimo y a la narración de sus historias. 6) Llamémosles y mostremos nuestro interés y aprecio si estamos lejos. 7) Tengámosles paciencia, mucha paciencia, como ellos nos la han tenido a nosotros. 8) Caminemos y hagamos las cosas al paso de ellos, no al nuestro. 9) Acudamos a servirles y a atenderles tan pronto como ellos lo requieran. 10) Hagamos las tareas que ellos hacían y que ya no pueden hacerlas. 11) Seamos firmes, pero tiernos y dulces con ellos. 12) No nos cansemos de cuidarlos, y si nos cansamos, arrepintámonos pronto y sigamos atendiéndolos. (Foto: Mi madre con Lucas, su nieto. Cargándolo como nos cargó a sus 8 hijos cuando éramos niñitos. Mi padre la observa).

Tratemos a nuestros ancianos como quisiéramos que nos tratasen a nosotros cuando lo seamos. Tenemos que tener un cuidado especial por los ancianos y mucho más si estos ancianos son nuestros padres o nuestros familiares. Dios demanda que lo hagamos y debemos hacerlo.

Cumplamos la palabra de Dios y expresemos que tememos a Dios y tomamos en serio su palabra cuidando a quienes hoy son ancianos.

¡Qué Dios nos ayude a todos los “no ancianos” a cuidar de corazón a nuestros ancianos!

¡Qué Dios nos perdone a los “no ancianos” cuando fallamos en darle honor, respeto y cuidado amoroso a nuestros ancianos!

¡Qué el Espíritu Santo nos ayude y produzca en nosotros los “no ancianos” el carácter que él quiere por medio cumplir lo que su palabra manda respecto a como tratar los ancianos que están bajo nuestro cuidado! Amén.

“Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.” (Levítico 19.32).

(Foto que encabeza este artículo con el texto bíblico: Mi padre en la playa de Huanchaco, Trujillo, Perú).

¡Examinemos toda información que estamos recibiendo!

“Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal.”

(1 Tesalonicenses 5.21–22).

Examinar tiene los siguientes sinónimos en el diccionario en línea Wordreference: “investigar, comprobar, reconocer, inspeccionar, averiguar, indagar, observar, analizar, estudiar, verificar, mirar, ojear.” Dios quiene que examinemos bien todo lo que oímos, vemos y leemos. ¿Por qué? Porque lo que oímos, vemos y leemos formará nuestro pensamiento y nuestra acción respecto a uno u más hechos de la vida.

Luego de examinar todo, nos toca discernir qué es lo que desechamos, expulsamos, echamos fuera y qué es lo que retenemos, guardamos e introducimos a nuestra mente para hacerlo parte de nosotros. Este proceso, que es vital en la formación de nuestro juicio, tiene estar libre de maldad, ya que Dios nos ordena que retengamos lo bueno y nos abstengamos de toda especie de mal.

En consecuencia, los cristianos estamos llamados a examinar todo lo que oímos e introducimos a nuestra mente. Tenemos que hacer así con lo que oímos de quienes predican la palabra de Dios y mucho más todavía con la información política e ideológica que hay tras un hecho en todos los medios de comunicación que tenemos a nuestro alcance.

La resurrección de Jesucristo, que es un hecho históricamente irrefutable, tuvo una información política oficial, la cual se difundió gracias el poder mediático de aquel entonces. El párrafo que narra lo que ocurrió se encuentra en Mateo 28:11-15. En lo básico, la versión político mediática sostuvo que el cadáver de Jesús fue hurtado mientras lo guardias dormían y que el testimonio de los discípulos respecto a que él resucitó de entre los muertos era falso. Fue la versión político mediática la que quedó en la gran mayoría de gente de aquella generación de judíos que rechazó creer en Jesús para ser salvos: “Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.”

¿Por qué no se dijo la verdad respecto a la resurrección de Jesús? No se dijo la verdad porque el poder político mediático de aquel tiempo lo impidió. Quienes regentaban ese poder impusieron una narrativa del suceso que les era conveniente y que justificaba y respaldaba las acciones que ellos realizaron contra Jesús. Ellos pagaron para que su narrativa se divulgase y, tristemente, sí encontraron personas dispuestas a difundir su versión de los hechos.

Hoy pasa lo mismo con los acontecimientos respecto al Virus chino. No se difunde la verdad de los hechos, sino “la verdad” que el poder político mediático ideológico quiere que se impregne en la mente de los ciudadanos del mundo. Todas las autoridades de los países hacen eso: las chinas, las europeas, las estadounidenses, las japonesas, las rusas, las peruanas, etc. Son varias las autoridades mundiales que han dicho que están en guerra y en toda guerra el manejo de la información es vital. Es por eso que surge una información, luego otra, que la desmiente, y así sucesiva, y hasta simultáneamente. Todo está ocurriendo muy rápido y la información también viene y va con esa rapidez.

La guerra ahorita mismo ya no es solamente contra el virus y la preservación de la vida de la gente, sino también por cuál es el país o los países que van a ser hegemónicos luego de que esta pandemia termine. Por tanto, la información que se brinda está seleccionada, calculada, matizada y direccionada con fines geopolíticos, en unos casos, y con fines de sobrevivencia política en otros. Tenemos que examinar todo lo que oímos, vemos y leemos sobre el corona virus y sus consecuencias.

El virus está presente. Los muertos por el tal virus aumentan día a día. Las infecciones siguen enfermando a más personas. Muchos ciudadanos están confinados en sus casas. Son varios los países que están paralizados. El miedo, la incertidumbre y la preocupación están allí. Las medidas y la lucha de los gobiernos contra este virus son hechos ineludibles. Estamos en una guerra contra un enemigo invisible nunca antes vista hasta hoy.

Nosotros no podemos negar los hechos. Están allí. ¡Estamos afectados por ellos! Y mi intención al escribir esta nota no es la negación. Mi intención básicamente es la siguiente: escuchemos el consejo de Pablo y “examinemos todo” lo que oímos, vemos y leemos sobre lo que está ocurriendo. Juzguemos toda información a la luz de lo que la Biblia nos dice sobre el hombre y su naturaleza caída, pecaminosa y opuesta a Dios. No aceptemos así no más todo lo que se nos dice. Examinemos y juzguemos cada información que se nos brinda. Roguemos y pidamos en oración a Dios para que con su Espíritu Santo nos ayude a discernir lo verdadero de lo falso en toda información que recibimos.

Por último, al examinar los hechos que estamos viviendo y la información que se nos da sobre ellos, no caigamos en temor, ansiedad, frustración, desesperación ni ahogo. Mantengamos la fe y la esperanza. Estemos confiados. Recordemos que nuestro Dios reina y que nuestras vidas y la historia de la humanidad están en sus manos. Por Jesucristo, el Hijo de Dios, nosotros, los que le seguimos, tenemos vida eterna y esperamos en él y solo él tanto para nuestra vida en este mundo como para nuestra vida en el mundo venidero. ¡El Señor viene! (1 Corintios 16:22).

“Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal.” (1 Tesalonicenses 5.21–22).

¡Qué Dios nos ayude! Amén y amén.

¡Jehová pensará en mí! – Salmo 40.17

Hay tiempos en los que no se sabe qué hacer. La preocupación y la desesperación nos ahogan y nos inmovilizan. Son días aciagos, tristes y llenos de infelicidad. El Salmo 40 fue escrito por alguien que experimentó momentos así. En el verso 17, el salmista dice: “Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.” (Salmo 40.17). Su aflicción y su necesidad no lo derrumbaron porque él creía  y confiaba en Jehová Dios. Él sabía que no estaba solo en su agobiante situación: Jehová Dios estaba con él. Su afirmación certera, la que lo sostenía y le daba fuerzas para seguir de pie y “sonreír” en medio de su aflicción era este firme hecho: “Jehová pensará en mí“. Su Dios no solamente estaba allí y pensaba en él, sino que también obraría en su favor porque él era su ayuda y su libertador. En consecuencia, él termina su salmo pidiéndole a Jehová que “no se tarde” en ayudarle y liberarle de su ahogante circunstancia. Si usted está pasando un tiempo de aflicción, de preocupación, de confusión y de incertidumbre, mire a Dios. Si se ve acorralado, atrapado y sin salida; confíe en Dios. Recuerde que Dios está allí y que él piensa en usted y en su aflicción y necesidad. Usted no está solo. Dios no lo ha olvidado. Dios obrará a su favor en su momento. Confíe. Haga como el salmista, invóquele y pídale que obre a su favor. ¡Dios piensa en usted, le escuchará y le socorrerá! Amén.

Corona Virus e Intercesión – Ezequiel 22:30-31

Vivimos un tiempo singular. Hay dolor, tensión, impotencia, incertidumbre, desesperación, confusión y muerte. ¿Qué es lo que tenemos que estar haciendo en estos días los discípulos de Jesucristo? ¿Qué es lo que Dios quiere que hagamos? ¿Cómo es que nosotros podemos ayudar a quienes están infectados por el Corona Virus y a quienes están en la trinchera combatiendo esta pandemia? ¿Cómo es que desde nuestro “confinamiento” podemos contribuir y hacerle mucho bien a nuestros prójimos en todo el mundo? En este video comparto una acción que todos los cristianos podemos realizar y que ayudará muchísimo a todos quienes están luchando en esta batalla contra el Corona Virus y sus dramáticas consecuencias para los países y los ciudadanos de la tierra.

Viruschino, Cuarentena, Toque de queda, los discípulos de Jesucristo y Romanos 8.28

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8.28).

“Los que aman a Dios” en este texto son los que creen, siguen, aman, obedecen, sirven, alaban y esperan a Jesucristo, quien vino a esta tierra para salvar a los pecadores.

Estos que aman a Dios, “saben” y están convencidos de algo, que es cierto y que es consolador, alentador y muy fortalecedor. ¿Qué es lo que ellos saben? Lo que saben es que “todas las cosas” que ocurren en este mundo, ya buenas, o ya malas, “les ayudan a bien”. Al decir todas las cosas, se incluyen la pandemia presente y las disposiciones de las autoridades. Desde este texto, tanto la pandemia como las disposiciones restrictivas que las autoridades han determinado, son provechosas y muy útiles para las vidas de los cristianos y les ayudan para vivir en esta tierra y para vivir en la eternidad.

Dios tiene “su propósito” para todos aquellos le aman. Y es justamente para cumplir ese “su propósito” que él los ha llamado. Ese propósito de Dios para “los que le aman” es conformarlos a la imagen de Jesucristo y perfeccionarlos para que cumplan el mandato de hacer discípulos en todas la naciones. 

Siendo que Dios afirma que “todas las cosas nos ayudan a bien” y con la certeza de que él siempre dice la verdad, los discípulos de Jesús estamos llamados a ver y a percibir el bien para nuestras vidas en toda situación, ya buena o ya mala, ya fácil o ya difícil. (Foto: A la mayor parte cristianos de Perú, salvo pocas excepciones, nos gusta congregar, pero por ahora no podremos hacerlo).

Toda circunstancia en la que estamos inmersos, tanto por nuestra propia iniciativa y responsabilidad, como por la iniciativa y responsabilidad de otros, “es” provechosa y nos ayuda a bien. Esto es lo que el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo nos dice en Romanos 8.28.

En consecuencia, y en base a lo ya dicho, el Viruschino o Covid-19, y las decisiones que las autoridades están adoptando para combatirlo, nos deben ayudar PARA NUESTRO BIEN. Dios, quien es, en última instancia, el gobernante supremo, ha dispuesto que ambos hechos NOS AYUDEN en nuestro crecimiento a la imagen de Cristo y en nuestro perfeccionamiento para cumplir con la gran comisión.

¿Cómo nos ayudan a bien a los discípulos de Jesucristo el Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda que estamos viviendo? 

1. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a valorar a Dios y a nuestra vida con él. Dios es lo único seguro, permanente y realmente valioso que nosotros tenemos en esta vida. Su persona, sus obras y su voluntad son nuestro tesoro inquebrantable. Nuestra vida y todo lo que tenemos en esta vida son efímeras, pasajeras. Rápido, en un abrir y cerrar de ojos, las podemos perder; pero a él, a nuestro Dios, no. Él permanece para siempre. Así que, ahora, entretanto estamos confinados, busquémosle, conozcámosle y redediquémonos a él, para amarle, adorarle, alabarle y servirle con todo nuestro ser.

2. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a valorar a Jesucristo y lo que él ha hecho, hace y hará por nosotros. Conocemos a Dios por medio de Jesucristo. Jesucristo vino a salvarnos de nuestros pecados. Él murió por nosotros y resucitó para darnos vida. Él nos acompaña y está con nosotros todos los días hasta el fin de mundo. Él intercede hoy por nosotros ante Dios y vendrá por nosotros para llevarnos a su presencia para vivir con él por toda la eternidad. Este pequeñísimo virus está haciendo manifiesta la fragilidad humana y la inseguridad de la vida en esta tierra. Esta pandemia tiene que habernos convencido a todos que nada en este mundo es seguro. En cambio, Jesucristo y lo que ha hecho, hace y hará por nosotros, es lo más seguro y valioso que nosotros tenemos en esta tierra. Por tanto, creamos, obedezcamos, conozcamos, hablemos y esperemos en Cristo cada día nuestra vida. ¡No hay nada mejor que estar en Cristo y seguirle de todo corazón! (Foto: Mi barrio, siempre bullicioso; hoy luce muy silencioso).

3. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a enfocarnos en nuestra familia y en nuestra casa. La mayor parte de nosotros tenemos familia. Si estamos casados, tenemos esposa e hijos. Si no lo estamos, tenemos padres y hermanos. También tenemos otros familiares. Esta cuarentena nos obliga a estar con ellos todo el tiempo. Ahora que no tenemos que salir a trabajar, pasemos nuestro tiempo  en actividades espirituales, laborales y “distractivas” con nuestra familia. Conozcámonos, escuchémonos… conversemos. Saquémosle el jugo a este tiempo y que nuestra familia crezca, se anime y salga muy fortalecida en todo aspecto de su vida en esta situación.  ¡Aprovechemos el tiempo y disfrutemos de nuestra familia!

4. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a valorar nuestra iglesia local y las actividades congregacionalesAhora que están prohibidas las reuniones masivas por el gobierno y el temor al contagio por el viruschino, no podemos congregarnos. Esta disposición, que busca protegernos a nosotros mismos y también a otros, nos aleja físicamente a los unos de los otros. Eso significa que no podemos estudiar la Biblia, orar, adorar y cantar juntos. Empero, aunque es así, como iglesia aún tenemos que ver la manera de cumplir nuestros deberes fraternales y la tecnología nos puede ayudar mucho para eso. Estamos llamados a vernos como iglesia sin necesidad de un edificio físico. Ahora más que nunca el hecho de que somos un cuerpo espiritual nos obliga a orar, leer la biblia, cantar y adorar como familias en nuestras casas. Cuando esta pandemia termine, los discípulos debemos anhelar congregar e involucrarnos en las actividades de edificación de nuestras iglesias. (Foto: Mi iglesia local, siempre concurrida, por la pandemia, nos “congregaremos” virtualmente para cantar y oír la predicación desde nuestras casas).

5. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a valorar nuestras habilidades, a reenfocar nuestra manera de trabajar y a reinventarnos como trabajadores. El mundo no quedará igual luego que pase esta pandemia. Habrá una crisis financiera tremenda. Toda la cadena de pagos se quebrantará en nuestro país y en todos los países. ¿Cómo es que saldremos de la crisis financiera y cómo es que cubriremos  nuestras necesidades? La respuesta no admite discusión: Trabajando. Nuestra forma de trabajar tiene que ser mucho mejor que antes. Como cristianos, tenemos que honrar a Dios y glorificarle con nuestro trabajo; y haremos ambas cosas, y mejor, cuando trabajemos “como para el Señor, no para los hombres”, en cualquiera sea la actividad que laboremos. ¡Qué Dios nos ayude y cultive en nosotros la determinación de servirle trabajando mucho mejor!

5. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda nos ayudan a no amar “al mundo ni a las cosas que están en el mundo”. En esta declaración no me refiero al mundo ni a las cosas que hay en él en el sentido necesariamente pecaminoso. Me refiero al mundo en su sentido bueno, bello y útil. Este mundo que Dios ha creado es bueno, hermoso y útil, aunque caído y bajo maldición. Además de esto, el ser humano “ha logrado” revertir la maldición divina y lo ha hecho confortable y cómodo. Es cierto que todavía hay zonas en las que esto no es así, pero mayormente el hombre ha logrado hacer “cómoda” la vida en este mundo. Esta “confortabilidad” hace que los hombres amen vivir y se apeguen a este mundo. Los cristianos no estamos exceptuados. A nosotros también nos atrae este aspecto del mundo y es por eso que tememos a la muerte y no la “valoramos” como lo que es: “la puerta” a estar con Cristo, “lo cual es muchísimo mejor”. Este mundo y lo que hay aquí no son para nosotros para siempre. Nosotros no debemos amar este mundo, sino el venidero. Nosotros no tenemos por qué arraigarnos aquí. Estamos de paso. Usemos lo que hay aquí para servir a Dios y extender su reino, no para alejarnos de él y de su voluntad. Esta pandemia debe ayudarnos a valorar la eternidad, y la tierra y los cielos nuevos que Jesucristo traerá cuando venga en su reino. (Foto: Después de las 8 de la noche, nadie sale de su casa. Ni la tienda de mi vecina vende a nadie desde esa hora).

6. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda deben ayudarnos a cultivar con mayor constancia y fidelidad las actividades básicas de la vida con Dios y el crecimiento espiritual. La oración, la lectura de la Biblia, la meditación y el canto tienen que ser nuestra ocupación en estos días. Tanto a nivel personal como a nivel familiar estas actividades básicas tienen que ser cultivadas. ¡Qué Dios nos ayude a leer la Biblia, a orar, a meditar y a cantar hasta que se levante la pandemia y más allá de ella! Amén.

7. El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda deben ayudarnos a no confiar en el hombre ni en las autoridades en la forma en que confiamos en nuestro Dios. Esta pandemia y lo que sabemos hasta hoy de ella nos muestran indudablemente que el hombre es imperfecto e incapaz de darle seguridad permanente a sus semejantes. Las autoridades políticas no son confiables. No dicen la verdad. Siempre buscan su beneficio político sin importarle la verdad de los hechos y menos la verdad de Dios. Los hombres, en forma general, están alejados de Dios y quienes gobiernan los países, también.  Por eso, los cristianos, aunque oramos por todos los hombres para su salvación, y aunque oramos por las autoridades para que cumplan la voluntad de Dios, no nos aferramos a ellos. Nosotros esperamos en Dios, en lo que él ha dicho en la Biblia, su palabra, que es la verdad. Nuestra lealtad suprema es a Dios y a Jesucristo, Su Hijo.

El Corona Viruschino, el Estado de Emergencia y el Toque de Queda tienen  que ser interpretados y experimentados por nosotros los cristianos desde la perspectiva bíblica cristocéntrica y Romanos 8.28 es clave para hacer ambas cosas.

Este virus nos está afectando a todos. Las reuniones masivas están suspendidas y los discípulos de Jesucristo no podemos reunirnos. Nuestras autoridades lo han dispuesto y nos toca acatar y someternos. Empero, aún así, ahora mismo, al menos en Perú, nosotros no notamos en su dimensión real lo dramático de la situación, aun cuando ya hemos tenido que interrumpir y cambiar nuestra vida en gran manera. Lo que se viene será aún más fuerte. Italia y España son un ejemplo de lo que puede ocurrir. No coloco cifras aquí porque ustedes pueden oírlas en los noticieros, leerlas en los diarios, o buscarlas en internet para saberlo. (Foto: ¿Cuándo volverá a ser bullicioso mi barrio? No lo sé, pero espero que pronto).

Es posible que algunos de nosotros o de nuestra familia o de nuestra congregación contraiga el virus y hasta llegue a morir por el mismo, pero aún allí, Romanos 8.28 se cumplirá y ese suceso “nos ayudará para bien” porque, para nosotros, “el vivir es Cristo y el morir es ganancia”. ¡Qué grande es el desafío para nuestras almas y para nuestra fe que nos presenta esta pandemia!

Mi escrito está dirigido a todos aquellos que son seguidores de Jesucristo por haber puesto su fe en él de todo corazón. Si tú aún no estás siguiendo a Jesucristo, te animo a creer en él de corazón y a seguirle desde hoy hasta el fin de tus días. Jesucristo vino a la tierra a salvar pecadores, murió por los pecadores, resucitó de los muertos y está vivo. Él quiere salvarte de tus pecados y de la condenación eterna. Lo que tú tienes que hacer es pedirle que te salve, que te perdone sus pecados y que te de vida nueva. ¡Házlo, pídele a Cristo eso! Entrega tu vida a Jesús de todo corazón. Si lo haces, Dios te ayudará a enfrentar esta pandemia como su hijo y Romanos 8.28 será una realidad en tu vida.

¡Qué Dios nos ayude a enfrentar esta pandemia producto del virus chino a la luz de Romanos 8.28 y que nos ayude a encontrarle el provecho a fin de que crezcamos a la imagen de Jesucristo y seamos así perfeccionados para cumplir con ser testigos suyos a todos los que se relacionen con nosotros! Amén y amén.

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8.28).

Video: Mi barrio por causa de la declaratoria de emergencia y el toque de queda.

¡El mundo es de mi Dios! – IB Betel – Trujillo.

“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares, Y la afirmó sobre los ríos.” (Salmos 24.1–2). 

El planeta tierra y todo lo que existe sobre ella, y el universo entero en el que ella está ubicada, le pertenece a Dios. Dios la hizo. Dios la sostiene. Dios la recreará.

Quienes vivimos aquí la administramos, y debemos administrarla conforme a lo que Dios ha dispuesto. Si la administramos bien, la disfrutaremos mejor, y agradaremos a Dios. Si la administramos regular, mal o muy mal, la sufrimos y desagradamos a Dios. Sin embargo, y tanto si hacemos bien o mal nuestro rol de administradores, nuestro planeta está en las manos de Dios. De él dependió su existencia. De él depende su subsistencia. De Dios también depende el final de nuestro planeta.

Cuando Dios determine el final del mundo y el universo en que vivimos, lo hará para darnos un nuevo planeta y un nuevo universo, en el cual mora la justicia. La Biblia dice claramente: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. (2 Pedro 3.10–13).

Los cristianos tenemos que recordar siempre que Dios es el dueño, el sustentador y el gobernante supremo de nuestro planeta y de todo el universo. El mal y los malos están aumentado. La élite que gobierna la mayor parte de los países del planeta está cada vez más lejos de Dios y de sus leyes. Empero, no será así para siempre. El día que Dios lo determine, Jesucristo, nuestro Salvador y Rey, vendrá tal y como se fue (Hechos 1.11), y pondrá otra vez en orden al planeta y a todo el universo.

Jesucristo, al venir, establecerá su reino y hará un planeta nuevo, que será eterno. Allí, en ese mundo nuevo, viviremos con él y disfrutaremos de su presencia y de todas sus bendiciones. Alegrémonos y gocémonos al vivir y al servir a Dios por medio de Jesucristo mientras estemos en este mundo, que está y estará seguro hasta que nuestro Señor así lo disponga.

Lean estas sus palabras: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está.” (Apocalipsis 21.5–6).

El día que temo, yo en ti confío – Testimonio.

La Biblia dice: “El día que temo, yo en ti confío.” (Salmo 56:3). Hoy ha venido esta palabra a mi mente y a mi corazón. El miedo, y específicamente, el miedo a morir es normal en todos los seres humanos. Hoy en mi vuelo a Iquitos sentí este miedo como no lo he sentido en ningún otro momento.

Nuestro vuelo atravesó una tormenta y experimentamos una fuerte turbulencia. Estábamos descendiendo para aterrizar cuando entramos a la turbulencia. No me fijé ni en el tiempo que duró ni filmé nuestro tránsito por la turbulencia porque en ese momento solamente atiné a agarrarme lo más fuerte que pude y a seguir las instrucciones del piloto del avión.

El avión no continuó con el descenso de aterrizaje por causa de la turbulencia. Sobrevoló Iquitos hasta salir de la turbulencia; luego, una vez que hubo calma, regresó y aterrizó normalmente.

Mientras estábamos en la turbulencia, hubo gritos de pánico, y risitas nerviosas, que son propias en quienes quieren controlar así su temor. Para algunos, que no se dejaron dominar por el miedo, la turbulencia la pasaron como una diversión… al inicio.

La turbulencia hizo que todos los pasajeros invoquemos a Dios. Algunos en silencio y otros en voz alta. En mi caso personal, siempre le digo a Dios que mi vida y mi muerte están en sus manos. Esta vez no fue la excepción.

Tomé las fotos y los videos que acompañan a este corto testimonio una vez que salimos de la turbulencia y había ya calma.

Gracias a Dios, antes de bajar del avión pude hablar la palabra de Dios a dos de los pasajeros. Lo hice porque se me preguntó si había tenido miedo. Les dije que sí, pero que creía en Jesucristo y me había encomendado a él.

Luego de testificar de mi fe en Jesús, los animé a tener fe en él. También, les cité a ellos una declaración de Jesús y otra de Pablo.

Estas son las declaraciones que vinieron a mi mente en ese momento: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive, y cree en mí, no morirá eternamente” y “Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”.

¿Tuve miedo? Sí, claro sí que tuve miedo. En mi miedo lo que hice fue ponerme en las manos de Dios. No tenía ninguna otra alternativa. La Biblia dice: “El día que temo, yo en ti confío.” (Salmo 56:3).

Algo más que puedo testificar de esta mi experiencia. Sí, tengo algo más. Y tiene que ver con los pilotos que conducían el avión.

La destreza, la valentía y la firmeza de los pilotos de Latam para atravesar la tormenta me impresionaron y me hicieron recordar el Himno El Piloto de Galilea. Canté ese himno con mis compañeros en el seminario. Eso fue hace ya un buen tiempo. No tengo una grabación de cuando nosotros cantamos, pero pueden encontrar el himno en Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=Y7g3LQsx3K4

Cuando estamos en situaciones en las que nosotros no podemos hacer nada, confiemos en Aquel que sí sabe y que sí puede hacer lo que se necesita hacer. Nuestro Dios nos pide confiar en él y hay que hacerlo.

Todos los pasajeros tuvimos miedo, pero en nuestro miedo, no nos desesperamos ni intentamos nosotros conducir el avión para sacarlo de la turbulencia. Lo que hicimos es confiar y seguir las instrucciones de los pilotos del avión.

Así debemos hacer en nuestro peregrinaje en esta tierra. Debemos dejar en las manos de Dios aquello que ni podemos controlar ni solucionar. Tenemos que descansar en él y seguir sus instrucciones siempre, y más cuando estamos en situaciones en las que nosotros no tenemos ni poder ni capacidad para hacer algo.

¡Qué Dios nos ayude a confiar y a poner nuestras vidas en sus manos, siguiendo sus instrucciones cuando el miedo por “las turbulencias” y “los peligros” de la vida nos invada! Amén.

“El día que temo, yo en ti confío.” (Salmo 56:4).

Video: Gracias a la pericia de los pilotos, el vuelo aterrizó sin ningún contratiempo más.

¡Enfrentemos la muerte victoriosamente!

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquél que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).

Los seres humanos mueren cada día.

Cada vez que sé que alguien muere, pienso en mi propia muerte, y también en la muerte, como lo que es, un fenómeno presente e inevitable en nuestra vida en esta tierra.

Antes de ayer por la mañana falleció Teodosio Flores. Lo conocí en Moyobamba (1988), cuando empezaba mi vida en Cristo. Él era un hombre diligente y trabajador. Leía la Biblia y conocía de Jesús. Era un hermano en Cristo. Lo visité varias veces mientras estuvo en Moyobamba. Luego, cuando compró tierra en Sullana, también lo visité.

Por circunstancias propias de la vida y el trabajo, no volví a verlo sino hasta la semana pasada. Me informaron que estaba muy enfermo. Hablé con él por teléfono y capté que estaba muy mal. Hablaba en muy débilmente. Le leí la Biblia y oramos juntos en esa ocasión. (Foto 1: Teodosio Flores y Marina, su esposa; y sus tres hijos, Pedro, Marina y Rosa. Año 1988).

Sullana no está tan lejos de mi ciudad, así que Dios me movió a viajar para verlo, y fui. Me impresionó su aspecto. Estaba muy delgado y débil. Me senté cerca a él. Teodosio me reconoció, y me hizo saber que yo estaba gordo (él estaba lúcido, porque es verdad). Le leí Juan 14:1-6; oré y canté tres cantos que él conocía y que también procuró cantar, a pesar de su debilidad. Después, él pidió perdón a su esposa y a su hija por las ofensas cometidas. Antes ya había pedido perdón a sus otros dos hijos. ¡Fue un buen tiempo el que pasé con Teodosio y su familia!

Después, cuando retorné a mi ciudad, y ya estaba en casa, su hija me llamó y me informó que su papá había comido y que estaba de buen ánimo. Mi corazón se alegró con la noticia. Luego, recibí otra llamada, esta sí que fue triste. Nuestro hermano Teodosio empeoraba. La familia estaba afligida. En momentos de agonía, la mejoría y el empeoramiento permutan muy rápidamente, y eso es lo que estaba ocurriendo.

Al fin, Anteayer, recibí la noticia de su fallecimiento.

Murió tranquilo.

Ese es el testimonio de Rosa, su hija.

Teodosio se fue en paz con Dios y con su familia. Parece que sólo estaba esperando reconciliarse con toda su familia para descansar e irse con nuestro Señor Jesucristo. Su muerte fue victoriosa justamente por eso, por su fe en Jesucristo. (Foto 2: El hermano Teodosio Flores y Marina, su esposa, junto a Rosa, una de sus dos hijas).

Morir en Jesucristo es la única manera de morir victoriosamente. Pero para morir en Jesucristo es necesario oír, creer e invocar a Jesucristo mientras estamos vivos.

Jesucristo es el Hijo de Dios. Dios lo envió a esta tierra para salvar a los pecadores. Jesús murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos para salvarnos y darnos vida eterna.

Si creemos en él de todo corazón mientras estamos vivos, tenemos vida eterna y cuando la muerte nos llegue, moriremos victoriosamente, porque no moriremos para siempre. Jesús afirmó esta victoria cuando dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquél que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).

La muerte victoriosa es una realidad cuando crees y sigues a Jesucristo y es por eso que responder afirmativamente la pregunta que Jesús le hizo a Marta en Juan 11:26 es vital y muy necesario. Marta, respondió la pregunta que Jesús le hizo respecto a si creía con un sí rotundo y contundente. Ella le dijo: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (Juan 11:27). (Foto 3: Teodosio Flores junto a Marina, su esposa; y a Pedro y Rosa, sus hijos).

Teodosio, al igual que Marta, creyó en Jesucristo y es por eso que murió victoriosamente. Su muerte es “dormir”, “descansar” y “reposar”. Su muerte es temporal y transitoria. Su muerte terminará cuando Cristo venga a la tierra para llevar a su iglesia para vivir con él por toda la eternidad.

Ese día, Teodosio, (y todos los que han muerto en Cristo) se levantará vivo, con cuerpo transformado y glorificado, para vivir por toda la eternidad. Si uno muerte creyendo en Cristo, en consecuencia,  muere victoriosamente. Morir sin Cristo, al contrario, por no haberlo seguido en vida, es morir en derrota, en condenación, por toda la eternidad.

Nosotros vamos a morir.

Nuestros seres queridos también van a morir.

Morir es un hecho ineludible. La historia y nuestra realidad demuestran que así ha sido, así es y que así será. No nos podemos escapar de la muerte. Ella nos asecha y nos está esperando. Enfrentémosla victoriosamente creyendo en Jesucristo.

El asunto nunca es si vamos a morir, sino cómo, cuándo y dónde vamos a morir. La muerte puede llegarnos tanto si estamos sanos como si estamos enfermos. Podemos morir sabiendo que estamos muriendo o de improviso, sin siquiera saberlo. La muerte nos puede llegar a propósito o en forma accidental.

Ya que la muerte va a llegarnos de todos modos, lo mejor que podemos hacer al vivir es prepararnos para enfrentarla con gozo y con victoria. ¿Es posible enfrentar la muerte con gozo y con victoria? Sí, sí es posible.

Quienes seguimos a Jesucristo somos llamados a enfrentar con gozo y victoria a la muerte. Es la fe en aquel que murió y resucitó para darnos vida la clave para enfrentar la muerte con gozo y victoria.

Solamente hay que ver los cantos que se entonan en los servicios funerarios de los cristianos. Y sí, sí hay tristeza, pero esa tristeza está sazonada con el gozo y la victoria de Cristo, quien está vivo y quien nos consuela con su triunfo y su esperanza.

Todos los seres humanos podemos morir victoriosamente. La clave es oír, creer e invocar a Jesucristo mientras vivimos. ¡Hagámoslo! ¡Vivamos creyendo y siguiendo a Jesucristo y Dios nos hará enfrentar nuestra muerte en forma gozosa y victoriosa! Amén. (Foto 4: Marina, esposa de Teodosio, y Marina y Rosa, sus hijas, junto a una de sus nietas).

Termino este escrito pidiendo oración por la esposa y los hijos y nietos de mi hermano Teodosio. Ellos tienen que aprender a vivir sin nuestros hermano. ¡Qué Dios los consuele y ayude! Pidamos, también, que Dios use la muerte de Teodosio para que sus hijos y nietos crean y sigan a Jesucristo de todo corazón. Su esposa y sus hijos ya han oído de Jesucristo y ya saben lo que tienen que hacer.

¡Qué Dios los encamine hacia Jesús y que ellos se sometan y sigan a Cristo en esta vida y estén así listos para morir victoriosamente cuando les llegue su momento!

Postdata: Hace unos meses conocí a una persona que esperaba su muerte en forma victoriosa y gozosa. Lea aquí: https://segundorodriguez.com/morir-con-entusiasmo-y-gozo/

Puerta abierta – Pucallpa – Noviembre 2019

Pablo siempre quería ir a más lugares con el fin de alcanzar a más personas con el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Por eso mismo, uno de los motivos de oración que le hizo a la iglesia de Colosas es el que sigue: “Orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo…” (Colosenses 4:3). Los creyentes de hoy tenemos que imitar a Pablo en este deseo suyo. Tenemos que estar dispuestos para ir a más lugares y alcanzar así a mucha más gente con el evangelio. (Foto: El pastor Luis Salas, Juanita y Abel, y mi esposa y Lucas y yo).

En todos los lugares de este mundo en que habitan las personas se requiere que el evangelio se proclame y también se afirme la fe de los que han creído, y de los que creerán en Jesucristo. Es así en todas partes. Mucho más en los lugares alejados y de difícil acceso porque son muy pocos los que van hasta dichos lugares. Los creyentes tenemos la orden de ir “por todo el mundo” con el fin de predicar el evangelio “a toda criatura”. Es por eso que tenemos que imitar a Pablo y pedir ayuda en oración a fin de que Dios nos abra puertas para ir a muchos más lugares a predicar la palabra de Dios.

En mi caso, también quiero ir a más lugares, para alcanzar a mucha más gente. Por eso es que aprovecho cuando la puerta se abre y se me da la oportunidad de predicar y enseñar la palabra de Dios en lugares donde aún no lo he hecho. Dios me ha abierto puerta en Pucallpa y es por eso que viajé a esa ciudad. Fue mi segunda vez allí. La ciudad es grande, con mucho potencial. Se llega a esta ciudad por tierra (buses), por río (barcos) y por aire (aviones). (Foto: una auto foto junto a los hermanos que asistieron al servicio dominical de la IB Maranata).

Pucallpa es vital para alcanzar a la gente que vive por el río Ucayali y por la carretera Federico Basadre.  Mi contacto principal en esa ciudad es el pastor Abel Rodríguez. Abel pastorea la Iglesia Bautista Maranata, en Hortencia Pardo. Abel y su esposa son oriundos de Requena y están de acuerdo conmigo en que podemos hacer muchísimo más para nuestro Señor Jesucristo y la extensión del evangelio en y desde esa ciudad. Nuestro propósito es alcanzar con el evangelio y con entrenamiento a las personas que habitan en los caseríos y pueblos de esa parte de Perú. Confiamos en que Dios nos ayudará a hacer realidad ese nuestro propósito.

Abel y su esposa tienen el apoyo de Isaac, su hijo, quien ya está casado. Isaac y su esposa son un gran apoyo para Abel y para la IB Maranata. Nosotros pasamos un grato y edificante tiempo con estas dos familias. Mi esposa, Lucas y yo, y también el pastor Luis Salas, de la IB Gracia, de Chimbote, fuimos hartamente fortalecidos en nuestra fe por la hospitalidad de estas dos familias, y por la fraternidad y el compañerismo con los hermanos de la iglesia. (Foto: El pastor Luis Salas enseñando los principios bíblicos para la vida de servicio a Dios por medio del evangelio de Marcos).

El pastor Luis Salas enseñó los primeros capítulos del Evangelio de Marcos por las noches. Los hermanos estaban ávidos de aprender la palabra de Dios. Ser testigos de ese hecho nos conmovió y nos motivó muchísimo. Tuvimos entre 25 a 30 hermanos durante cada clase. Dios mediante, volveremos a esta congregación y continuaremos enseñándoles la palabra de nuestro Señor. Ya hemos hecho planes y si Dios así lo dispone y confirma, el 2020 estaremos con ellos por lo menos en tres oportunidades.

Mientras estuvimos en Pucallpa participamos en el día del Himno. Tal día fue celebrado por las congregaciones bautistas de la ciudad. El evento se realizó en la Iglesia Bíblica Bautista Gracia, que es dirigida por el pastor Luis Duymovich.

El pastor Luis Salas fue el encargado de compartir la palabra en ese tiempo especial. Fueron al menos cinco congregaciones las que participaron en el programa. Nosotros disfrutamos y fuimos edificados por los cantos que nuestros hermanos entonaron. (Foto: El pastor Luis Salas exponiendo la palabra de Dios en el día del Himno).

Durante nuestra estadía en Pucallpa también pude ver al misionero Jorge Vásquez, quien pertenece a la asociación Camino de Vida, de Requena.

Conozco a Jorge desde Requena, ya que él ha sido enviado por su asociación,  junto a varios otros varones, para que los capacitemos con los cursos bíblicos que enseñamos en el centro de entrenamiento ABCDE de la ciudad de Requena.

Jorge está haciéndose cargo de una congregación en un asentamiento humano que colinda con el aeropuerto de Pucallpa.

Yo supe que él iba a estar en la ciudad y es por eso que agendamos vernos. Jorge vino a verse conmigo junto a Jordan, que es uno de los varones de la congregación que dirige. (Foto: El misionero Jorge y Jordan -el del centro- y yo).

Mientras estuvimos en la ciudad, el pastor Luis Salas y yo visitamos la zona en la que está ubicado el local de la congregación que Jorge dirige. La congregación tiene su local propio en una avenida principal. Los alrededores del local de la congregación está llenándose de habitantes. Estoy contento con lo que Dios está haciendo por medio de este siervo de Dios.

El misionero Jorge también quiere que entrenemos a los varones de su congregación con los cursos que dictamos en el centro de capacitación ABCDE Requena. Veremos qué es lo que Dios dispone al respecto. (Foto: El pastor Luis Salas y yo junto al misionero Javier Vásquez y dos varones de su congregación).

En Pucallpa hay mucho que hacer. Desde Pucallpa se puede hacer mucho con el evangelio de Jesucristo en favor de las personas que viven en esa parte del Perú. Ya hay gente trabajando por la obra de Dios en esa ciudad y desde esa ciudad, pero puede y de haber más obreros aún; la necesidad es muy grande. Si Dios sigue obrando y nos abre esa puerta, también iré por allí, a fin de contribuir con la predicación del evangelio y el crecimiento de las iglesias en esa zona.

¡Muchas gracias por sus oraciones a favor de la extensión del evangelio y el crecimiento de las iglesias en esa parte de Perú!

Último viaje a Iquitos y el Bajo Amazonas – Noviembre 2019

“Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Este mandamiento de Jesucristo sigue siendo un desafío y muy necesario de cumplir para glorificar a Dios y para que muchísima más gente sea salva.

Dios me está llevando a cumplir este mandato por la selva de Iquitos. ¡Hay mucha necesidad de que el evangelio se predicado por allí! ¡Qué Dios siga levantando a sus hijos para vayan a predicar por esa parte de Perú! (Foto: los ríos de la selva de Perú tienen muchos lugares en los que se necesita predicar el evangelio).

Hoy terminaron mis visitas a Iquitos y al Bajo Amazonas durante este 2019. Aunque todavía falta un mes para terminar este año, humanamente no hay ya ningún viaje a realizar. Dios mediante, mis actividades en esa parte del país se reactivarán el 2020, si así Dios lo sigue disponiendo.

Esta vez estuve en Orellana, río Napo, Bajo Amazonas. Allí se realizó la última comunión que las iglesias planearon durante este año. Normalmente, son 6 los pueblos que participan en estas comuniones: Oran, Ayzana, Marupa, Caballocochío, El Triunfo y Orellana. Tristemente, a esta comunión solamente vinieron los de Ayzana, El Triunfo, Marupa y Orellana.

La comunión se realizó con tres inconvenientes: el clima, llovió durante casi todo el día; enfermedad, se enfermaron el pastor Abel y su suegra, ambos de Marupa, también se enfermó Gary; la ausencia de Caballocochío y Oran, no vino ninguno de los hermanos de esos dos pueblos. Estos tres inconvenientes causaron mella en el ánimo de todos nosotros. Con todo, nuestro Señor fue misericordioso y nos alegró el alma con su palabra y con la reconciliación de una jovencita. Dios siempre obra y nos conforma el corazón. (Foto: El tiempo de comida fue propicio para acrecentar nuestro compañerismo en Cristo Jesús).

A este viaje fui con Douglas, Carlos, Gary y César. Ellos son unos buenos compañeros. El trabajo que hacemos en favor de los hermanos del Bajo Amazonas tiene un impulso fuerte gracias a ellos. Además, el trayecto, tanto al ir como al volver, así como la estadía en esos lugares, se hacen más llevaderos, amenos, alegres y edificantes por su agradable y alentadora compañía. ¡Gracias hermanos, por la bendición que añaden a mi vida durante cada viaje con ustedes!

Los pueblos por esa parte del Amazonas son pequeños, de muy pocos habitantes. Algunos pueblos no llegan a 50 habitantes. Eso hace que las iglesias también sean pequeñas. Los pastores y líderes que existen por allí necesitan enseñanza de la palabra de Dios y mucho ánimo. Si Dios quiere, vamos a seguir yendo por esos pueblos. ¡Qué sea él quien nos mueva e impulse a ir y animar así a nuestros hermanos de esos lugares! (Foto: En ese bote vimos partir al pastor Abel, su suegra y a los hermanos de Marupa. Nos entristeció su partida. ¡Qué Dios restaure la salud de Abel y su suegra!).

Aunque fuimos pocos por causa del clima, la enfermedad y la ausencia de dos pueblos, Dios nos alegró el corazón viendo el trabajo y el amor de los hermanos que estuvieron presentes. El pastor Teodoro y los hermanos de Orellana se esforzaron muchísimo para atendernos a todos los que llegamos. Nuestras clases y la predicación de la palabra de Dios estuvo enfocada en el libro de Nehemías. Nuestra última reunión fue muy emotiva. Uno de nuestros hermanos dio testimonio de la obra de Dios en su vida y se quebrantó. También, nos emocionó la reconciliación de una jovencita de 19 años. ¡Dios nos dio animó de esa manera!

Nuestro ánimo y disposición por seguir sirviendo a Dios y a nuestros hermanos de esos lugares están firmes. Douglas, César y Gary, de la IB Maranata, de Iquitos, están más listos para seguir yendo. Esta vez se añadió al grupo, Carlos, quien también es de Iquitos y quiere apoyar. Por mi parte, también estoy dispuesto a seguir yendo. Este grupo de siervos de Dios me motivan y me hacen crecer en mi determinación de servir a Cristo y a su iglesia. Amén. ¡Qué sea Dios quien nos lleve por allí el 2020, que ya pronto llega! (Foto: De izquierda a derecha, Carlos, Gary, Douglas, Segundo y César. ¡Dios siga acrecentando este grupo!).

En la selva de Perú existen todavía muchos pueblos que necesitan ser evangelizados y discipulados. Hay adultos, jóvenes y niños que necesitan oír de Jesús y su obra de salvación. Jesucristo ordenó: “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Esa parte del Perú es también todo el mundo y tiene allí a muchas criaturas que necesitan oír el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Quienes tenemos el evangelio estamos llamados a ser obedientes a Jesucristo. Necesitamos obedecer e ir llevando el evangelio por allí. ¡Qué Dios nos ayude a ir! Amén.