Dios me trajo por segunda vez a Iguala, México. Allí, él, al igual que en mi primer viaje, estimuló mi fe haciéndome ver la forma en está obrando. ¡Él sigue llamando obreros a su obra y usándolos en la salvación de más personas y en la edificación de su iglesia! (Foto 1: El pastor Gerardo Blancas y yo).
El pastor Gerardo Blancas, de la IB Agua Viva, fue quien armó mi agenda de visitas. Le agradezco sobremanera. Su labor me permitió servir en Ahuehuepan, Tulimán, Taxco, El Sauz e Iguala.
En Ahuehuepan, la gente es sencilla. Allí sirve el hermano Camerino, quien es el misionero encargado de esa congregación. En Tulimán, la congregación está compuesta por mujeres y niños. Son la mujeres quienes hacen todo allí. Los hombres brillan por su ausencia, tristemente.
Tanto la iglesia en Ahuehuepan como en Tulimán están siendo respaldadas y ayudadas por el pastor Gerardo Blancas y la iglesia Buenas Nuevas. Ellos los visitan periódicamente y los acompañan en su labor. (Foto 2: El hermano Camerino).
En Taxco visité al misionero Geovanni quien, juntamente con su esposa y su pequeña niña, está iniciando una congregación en esa ciudad. Geovanni y su esposa son misioneros y jóvenes, apoyémosles con nuestras oraciones.
El misionero Geovanni me encaminó hacia la zona de El Sauz, como a una hora y media de Taxco. Mi hijo Noé y yo fuimos hasta El Sauz en compañía del hermano René Bravo. El hermano José Bravo y su esposa tienen dos niños y son muy activos en la obra de Dios. Esta pareja es un gran apoyo para Geovanni y su familia. ¡Dios los bendiga y los siga usando en la extensión de su reino! ¡Qué Dios sigan levantando parejas como José y su esposa, son de gran bendición a su obra!
En El Sauz, nuestro hermano René, Noé y yo, visitamos al pastor José, quien está al frente de la obra de Dios en toda esa zona.
Con el hermano José, y bajo su dirección, fuimos a visitar a las familias que por la gracia de Dios él ha ganado para nuestro Señor.
La labor que realiza el hermano José es esforzada e impresionante. Él hace la obra de Dios allí juntamente con su esposa. No tiene apoyo financiero. (Foto 3: René y José, al medio, junto a mi y otro hermano en Cristo).
Además de eso, toda esa área es muy, pero muy “peligrosa”. Todo lo que hace, lo hace con sus propios recursos. Este pastor realmente es un apasionado por Dios y la iglesia del Señor y las personas que no tienen a Jesucristo. ¡Tengámoslo en nuestras oraciones!
Al volver a Iguala, Dios me dio el privilegio de testificar de su evangelio en cuatro congregaciones: la IB Hermón, la IB Getsemaní, La IB Berea y la IB Agua Vida.
Todas estas congregaciones son distintas entre sí y están ubicadas en diferentes lugares. Lo que es común en los hermanos que congregan en ellas es esto: Aman y alaban a Jesucristo. ¡Gloria a Dios! (Foto 4: Los hermanos de la IB Berea, alabando y glorificando el nombre de nuestro Dios).
En este mi viaje a México conocí y me relacioné con muchísima más gente que en mi viaje anterior. Dios me dio esa grande bendición y ellos hicieron más agradable y confortable este mi viaje.
Estoy agradecido a Dios por todos los hermanos con quienes mi hijo y yo pudimos interactuar. Todos ellos bendijeron nuestras vidas con su hospitalidad y generosidad. La fe en Cristo y el Espíritu Santo realmente nos unió y nos hizo vernos como lo que somos: familia de Dios en Jesucristo.
Antes de partir, Dios me dio la oportunidad de hablarles de Cristo a dos jóvenes mujeres mexicanas. Ellas venían artesanía y les compré algunos recuerdos.
Al finalizar mi compra, les pregunté si creían en Dios. Ellas dijeron que sí. Entonces les pregunté si sabían lo que Dios iba a hacer con ellas el día que se presentaran delante de él. Ninguna tenía idea. Aunque una de ellas ya se había preocupado por eso debido a la muerte de un familiar. Aproveché el momento y les expliqué el evangelio de Jesús y cómo es que a través de él y solo de él Dios puede perdonarnos y darnos entrada a su reino eterno. Estas mujeres abrieron sus ojos y se aliviaron escuchando que hay salvación en Cristo Jesús. Oré con ellas y me despedí preguntándoles si habían comprendido lo que les compartí. Me dijeron que sí. ¡Dios use su evangelio y de salvación por medio de Jesucristo a estas mujeres! Por cierto, las dos tenían relación con dos grupos étnicos de México. Una era de los Mazatecos y la otra de los Nahuatl. ¡Fue una bendición hablar de Cristo con ellas! (Foto 5: Las dos mujeres jóvenes a quienes compartí el evangelio… ¡Qué el Espíritu Santo obre y las salve por la fe en Jesús!).
Mi viaje llegó a su fin y estoy a punto de emprender mi retorno a Perú. Dios estimuló mi fe aquí. Él tiene mucha gente que ya está siguiendo a Cristo y sirviéndole. Eso me anima mucho. Además de eso, Dios sigue trayendo gente a su camino. Me gozo en ese hecho. Por último, Dios tiene aquí, en este país, mucha gente a la que falta alcanzar. Hay mucho que hacer y se necesitan obreros. Sigamos rogando a Dios para que levante y envíe obreros a este país, y desde este país, a otros países.
Amén.






















