¡Dios estímulo mi fe en Iguala y alrededores! – Una breve crónica de mi viaje.

Dios me trajo por segunda vez a Iguala, México. Allí, él, al igual que en mi primer viaje, estimuló mi fe haciéndome ver la forma en está obrando. ¡Él sigue llamando obreros a su obra y usándolos en la salvación de más personas y en la edificación de su iglesia! (Foto 1: El pastor Gerardo Blancas y yo).

El pastor Gerardo Blancas, de la IB Agua Viva, fue quien armó mi agenda de visitas. Le agradezco sobremanera. Su labor me permitió servir en Ahuehuepan, Tulimán, Taxco, El Sauz e Iguala.

En Ahuehuepan, la gente es sencilla. Allí sirve el hermano Camerino, quien es el misionero encargado de esa congregación. En Tulimán, la congregación está compuesta por mujeres y niños. Son la mujeres quienes hacen todo allí. Los hombres brillan por su ausencia, tristemente.

Tanto la iglesia en Ahuehuepan como en Tulimán están siendo respaldadas y ayudadas por el pastor Gerardo Blancas y la iglesia Buenas Nuevas. Ellos los visitan periódicamente y los acompañan en su labor. (Foto 2: El hermano Camerino).

En Taxco visité al misionero Geovanni quien, juntamente con su esposa y su pequeña niña, está iniciando una congregación en esa ciudad. Geovanni y su esposa son misioneros y jóvenes, apoyémosles con nuestras oraciones.

El misionero Geovanni me encaminó hacia la zona de El Sauz, como a una hora y media de Taxco. Mi hijo Noé y yo fuimos hasta El Sauz en compañía del hermano René Bravo. El hermano José Bravo y su esposa tienen dos niños y son muy activos en la obra de Dios. Esta pareja es un gran apoyo para Geovanni y su familia. ¡Dios los bendiga y los siga usando en la extensión de su reino! ¡Qué Dios sigan levantando parejas como José y su esposa, son de gran bendición a su obra!

En El Sauz, nuestro hermano René, Noé y yo, visitamos al pastor José, quien está al frente de la obra de Dios en toda esa zona.

Con el hermano José, y bajo su dirección, fuimos a visitar a las familias que por la gracia de Dios él ha ganado para nuestro Señor.

La labor que realiza el hermano José es esforzada e impresionante. Él hace la obra de Dios allí juntamente con su esposa. No tiene apoyo financiero. (Foto 3: René y José, al medio, junto a mi y otro hermano en Cristo).

Además de eso, toda esa área es muy, pero muy “peligrosa”. Todo lo que hace, lo hace con sus propios recursos. Este pastor realmente es un apasionado por Dios y la iglesia del Señor y las personas que no tienen a Jesucristo. ¡Tengámoslo en nuestras oraciones!

Al volver a Iguala, Dios me dio el privilegio de testificar de su evangelio en cuatro congregaciones: la IB Hermón, la IB Getsemaní, La IB Berea y la IB Agua Vida.

Todas estas congregaciones son distintas entre sí y están ubicadas en diferentes lugares. Lo que es común en los hermanos que congregan en ellas es esto: Aman y alaban a Jesucristo. ¡Gloria a Dios! (Foto 4: Los hermanos de la IB Berea, alabando y glorificando el nombre de nuestro Dios).

En este mi viaje a México conocí y me relacioné con muchísima más gente que en mi viaje anterior. Dios me dio esa grande bendición y ellos hicieron más agradable y confortable este mi viaje.

Estoy agradecido a Dios por todos los hermanos con quienes mi hijo y yo pudimos interactuar. Todos ellos bendijeron nuestras vidas con su hospitalidad y generosidad. La fe en Cristo y el Espíritu Santo realmente nos unió y nos hizo vernos como lo que somos: familia de Dios en Jesucristo.

Antes de partir, Dios me dio la oportunidad de hablarles de Cristo a dos jóvenes mujeres mexicanas. Ellas venían artesanía y les compré algunos recuerdos.

Al finalizar mi compra, les pregunté si creían en Dios. Ellas dijeron que sí. Entonces les pregunté si sabían lo que Dios iba a hacer con ellas el día que se presentaran delante de él. Ninguna tenía idea. Aunque una de ellas ya se había preocupado por eso debido a la muerte de un familiar. Aproveché el momento y les expliqué el evangelio de Jesús y cómo es que a través de él y solo de él Dios puede perdonarnos y darnos entrada a su reino eterno. Estas mujeres abrieron sus ojos y se aliviaron escuchando que hay salvación en Cristo Jesús. Oré con ellas y me despedí preguntándoles si habían comprendido lo que les compartí. Me dijeron que sí. ¡Dios use su evangelio y de salvación por medio de Jesucristo a estas mujeres! Por cierto, las dos tenían relación con dos grupos étnicos de México. Una era de los  Mazatecos y la otra de los Nahuatl. ¡Fue una bendición hablar de Cristo con ellas! (Foto 5: Las dos mujeres jóvenes a quienes compartí el evangelio… ¡Qué el Espíritu Santo obre y las salve por la fe en Jesús!).

Mi viaje llegó a su fin y estoy a punto de emprender mi retorno a Perú. Dios estimuló mi fe aquí. Él tiene mucha gente que ya está siguiendo a Cristo y sirviéndole. Eso me anima mucho. Además de eso, Dios sigue trayendo gente a su camino. Me gozo en ese hecho. Por último, Dios tiene aquí, en este país, mucha gente a la que falta alcanzar. Hay mucho que hacer y se necesitan obreros. Sigamos rogando a Dios para que levante y envíe obreros a este país, y desde este país, a otros países.

Amén.

Cantos “no conocidos” – Coro Eliel – IB Berea, Iguala, México

Mi hijo Noé y yo tuvimos la bendición de visitar la IB Getsemaní, de Iguala, Guerrero, México. Esta iglesia tiene como su líder al misionero Alberto Flores, el cual sirve allí junto a su familia. Me impresionó el trabajo de este siervo de Dios. Su servicio a Dios es un desafío y un gran estímulo para quienes servimos a Dios.
Nuestro tiempo con la palabra de Dios, la alabanza y la comunión con los hermanos fue muy edificante. En la reunión también participó la IB Berea. Así que nosotros conocimos a los hermanos de dos iglesias en esta visita.
Durante el tiempo de alabanza, el Coro Eliel, que es parte de la IB Berea, entonó cuatro cánticos, los cuales logré filmar. De éstos cuatro cánticos, 3 no los he escuchado nunca, así que es tiempo de aprenderlos, para alabar a Dios y edificar a nuestros hermanos.
Nosotros tenemos el deber de edificarnos y animarnos al amor y a las buenas obras y los cánticos son un buen recurso para hacer ambas cosas.
Colosenses 3:16-17 dice:
“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”
¡Qué Dios use estos cantos entonados por el Coro Eliel para edificar y alentar a todo aquél que los escuche!

¡Mi mayor gozo hoy!

“No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.” (3 Juan 4).

El apóstol Juan escribió estas palabras refiriéndose al gozo que le generaba el ver a sus hijos espirituales andando fielmente en el camino de seguir a Jesucristo. Entiendo su gozo. Porque también me alegro muchísimo cuando veo que las personas a las que he enseñado el evangelio siguen fielmente a Jesús. Pero ahora estoy disfrutando un gozo muchísimo mayor.

La razón es la siguiente: Estoy viendo como mi hijo mayor está siguiendo a Cristo y sirviéndole. Mi alegría es muy grande. Él y yo estamos en México, sirviendo a Dios juntos. ¡Qué bendición más grande! Deseo de todo corazón que Dios siga obrando en él y haciéndole crecer en su vida para con Jesucristo y su obra de salvación en este mundo.

Les comparto sus palabras y el himno que mi hijo cantó en la IB de Ahuehuepan, en el Estado Guerrero, México. El himno que cantó se titula “Necesito tu presencia”, y sí, es cierto, nosotros necesitamos la presencia de Dios en nuestras vidas.

Gracias a Dios, su presencia es real y permanente, y todos los que creemos en Jesús en base a lo que dice la Biblia, sabemos que esta su presencia en un hecho cierto e innegable.

¡Gloria a Dios por esa Su presencia entre nosotros!

Elisabeth Tramell, una mujer admirable.

Nuestra hermana Elisabeth Tramell partió a la presencia de Dios hace ya unos poquitos días (específicamente, el 2 de febrero).

Mi esposa la describe como una mujer piadosa, atenta, hacendosa, ordenada y muy servicial.

Su esposo, el misionero Redford Tramell, la describe por sus hechos para con él. “Siempre me acompañó en todo; nunca me preocupe por ropa limpia y planchada; siempre me tenía la comida preparada. No tengo queja para con ella”, me dijo, con voz entrecortada.

Yo la conocí por el misionero Redford. A mi me impresionó su vitalidad, su alegría y su muchísima, pero muchísima paciencia para con mi hermano Redford Tramell. Siempre destaqué ante él esa virtud tan preponderante. Nadie como ella para esperar y esperar al hermano Redford. Realmente, “nadie”, excepto, ella podía convivir con él y complementarlo. Ella era “la” ayuda idónea de Dios para él.

Nuestra hermana Elisabeth ya partió a la presencia de nuestro bendito y eterno salvador, quien es Jesucristo, el Hijo de Dios, que fue enviado a esta tierra para salvar a los pecadores.

Ella, su sierva, que se entregó a él para servirle toda su vida, ya está con él, en espíritu. Su cuerpo está todavía aquí, en la tierra. Sus restos están en una urna, esperando el día de la resurrección. El día de la resurrección será glorioso y portentoso. Pablo describe lo describe así:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Co 15.51–57).

En este texto hay mucho que decir. Pero no es el fin de este escrito. Este escrito está hecho en memoria de una preciosa sierva de Dios. Una mujer que sirvió a Dios y a su iglesia en Perú. Ella dejó Estados Unidos por servirnos a los peruanos dándonos el evangelio, que es el tesoro y la perla de gran precio. Toda su vida la vivió aquí y es de aquí de donde el Señor se la llevó.

Dios la tenga en su gloria y la recompense con su servicio.

La recordaré siempre. Su sentido del humor (ella me contó el mejor chiste que le cuento a mis amigos), su paciencia, su diligencia y su disposición para servir a otros estarán siempre presentes en mi memoria.

Al pensar en ella, oremos por su esposo, el hermano Redford, quien “la extrañaba”, la extraña y la extrañará.

Oremos también por sus hijos y nietos, para que sigan el ejemplo de Elisabeth, y sirvan a Dios con todo su corazón.

¡Qué Dios nos ayude a todos a seguir al Señor Jesús como le siguió nuestra hermana Elisabeth!

Misión Bautista de Tulimán – Una congregación “de” mujeres

“Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.” (Hechos 1.14). Las mujeres son un gran instrumento de Dios en la obra de evangelizar al mundo. Su fe siempre es estimulante. Ellas siempre están en las reuniones de oración, como se ve en el texto citado, pero su labor es todavía mucho más amplia y hay que reconocerlo.

En Enero, Dios me dio el privilegio de visitar la Misión Bautista de Tuliman, en Iguala, Guerrero, México. La congregación es nueva. La gran mayoría no tiene mucho tiempo en la fe. Enseñar el evangelio y la obra salvadora de Jesucristo a estos nuevos hermanos en Cristo fue una gran bendición.

La congregación en su totalidad estaba compuesta por mujeres y niños. Durante mi estadía allí, y mientras predicaba, si vi a algunos varones, pero, al parecer, solamente estaban de visita. Quien llevó el evangelio a ese pueblo fue un varón, pero quienes respondieron con fe y con firmeza al desafío de seguir a Jesucristo, fueron las mujeres.

Me impresionó el fervor de las mujeres que estaban en la congregación. Todas ellas llegaron a la reunión con sus hijos. Para ellas, su fe en Jesús es muy importante; por eso, la quieren transmitir también a su hijos. En ese pueblo, son las mujeres las que dirigen, enseñan y administran la iglesia que Dios está levantando allí.

Las mujeres son una gran bendición en las iglesias y en la extensión del reino de Jesucristo. Fue una mujer quien nos trajo a Jesús, el Mesías, el Salvador del mundo (Mateo 1:18-25). Las mujeres apoyaron con su presencia y sus bienes a Jesucristo y a su ministerio terrenal (Lucas 8:1-3). Dos mujeres -su abuela y su madre- fueron cruciales en la fe que tuvo Timoteo (2 Timoteo 1:5). La Biblia es clara en el tan crucial rol que cumplen las mujeres en la obra de Dios.

Dios mediante, volveré a Tulimán y me regocijaré viendo lo que Dios está haciendo en ese pueblo por medio de estas mujeres.

Las mujeres tienen una dignidad especial por ser creación de Dios y porque son sus instrumentos para bendecir a la humanidad y a la iglesia que Jesucristo está edificando en este mundo. ¡Dios las bendiga y siga usando a las mujeres para su gloria y honra!

Una iglesia Misionera y su ejemplar desafío – desde San Luis Potosí – México

El apóstol Pablo le dijo a los hermanos de la iglesia de Tesalónica que ellos habían llegado a ser un ejemplo a todas las iglesias de la región de Macedonia y de Acaya. Estás fueron sus palabras ellos: “… de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y Acaya que han creído. Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos de hablar nada.” (1 Tesalonicences 1.7-8).

Todos los discípulos de Cristo de Macedonia y de Acaya sabían que la iglesia de Tesalónica era una iglesia evangelizadora y discipuladora. Su actividad diligente como testigos de Cristo en el cumplimiento de la gran comisión había hecho que extendiesen el evangelio en toda esa región hasta el punto de que Pablo y sus compañeros ya no tenían que “hablar nada”. ¡Qué tremendo testimonio el de Pablo respecto a esta ejemplar iglesia! (Foto 1: Noé y yo, junto a la familia Cortez y al hermano Lalo y su esposa; ambas familias estudian en la Escuela Bíblica de esta ciudad).

¿Por qué es que he pensado en la iglesia de Tesalónica y en estas palabras de Pablo sobre ella? Ha continuación les compartiré el porqué.

Estoy en San Luis Potosí, México. Vine hasta aquí acompañando a Noé, mi hijo mayor, quien se está preparando en el Seminario Bautista del Perú, y quien hará su obra práctica por dos meses en la Iglesia Bíblica Bautista de esta ciudad.

Mientras estoy aquí, decidí que Noé y yo visitaríamos una iglesia en su servicio nocturno. Como era Jueves, le pregunté a nuestro anfitrión, el hermano Lalo Rodríguez, a cuál iglesia podríamos ir. Él no solamente nos dijo a cuál, sino que nos llevó hasta esa congregación.

La congregación que visitamos tiene por nombre Iglesia Bíblica Bautista “El Gran Redentor” (Me gusta mucho este nombre, refleja fielmente a nuestro Salvador). El pastor se llama Noé Díaz (Pido oración por él, que Dios lo guarde fiel y lo siga usando en su obra). Era noche de estudio bíblico y oración. Al ingresar nos dieron una hoja escrita por ambas caras. Cuando la miré y la leí, me llamó la atención la lista de apoyo misionero tanto dentro como fuera de México.

Dentro de México apoyan a misioneros en 9 lugares. Fuera del México apoyan misioneros en 29 países alrededor del mundo. Aparte, ellos apoyan a diversos ministerios. Según el pastor Noé, ellos apoyan a poco más de 50 misioneros. ¡Es obvio que ellos están viviendo intensamente la Gran Comisión! (Foto 2: Hoja de oración de la IBB El Gran Redentor).

Para mí, esa hoja y la información que de ella se desprende, me hizo pensar de inmediato en las iglesias bautistas de Perú. Mi pregunta interna fue: ¿Tenemos en Perú alguna iglesia que tenga una lista de apoyo misionero que se le asemeje? De lo que conozco, no. No hay una iglesia que apoye misiones en esa magnitud. (Puedo estar errado; si me corrigen, me harían un gran bien).

Cuando terminó el servicio, dialogué un poquito con el pastor Noé. Le hice varias preguntas. El pastor respondió mis preguntas muy amablemente.

Gracias a sus respuestas sé que la congregación tiene 21 años de fundada; que tiene una asistencia de 150 personas (entre niños y adultos) y que construyó su edificio, que es de aproximadamente 600 m2, sin ayuda extranjera.

Aparte de eso, de lo que vi, la gente de la iglesia se veía sencilla y sin signos de riqueza. Además, el área en la que está ubicada la congregación es similar a la de los distritos en los que se encuentran varias de las iglesias de Perú.

Me impresionó esta congregación. No vi mucho de ella, solo estuve en un servicio. La predicación y el tiempo de oración fueron muy estimulantes. Pero, el desafío más grande, el que me hizo reflexionar, vino de su hoja de oración, que está en esta nota. (Foto 3: Servicio de oración de Iglesia Bíblica Bautista El Gran Redentor).

¡Dios obre en nosotros los cristianos de Perú para crecer en nuestro compromiso misionero y evangelístico!  ¿Podemos hacer más e ir más allá y a más lugares de los que estamos yendo? Seguro que sí y la IBB El Gran Redentor es un ejemplo de que sí, sí podemos. ¡Vivamos con intensidad la Gran Comisión!

Termino este testimonio con estas palabras de Pablo: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” (1 Corintios 15.58).

Pablo nos anima a crecer, no ha decrecer; a hacerlo siempre, no de vez en cuando. Nosotros deberíamos estar haciendo cada vez más, no menos. Deberíamos estar iniciando más iglesias, no menos. Nuestro apoyo misionero tendría que ser cada vez mayor, no menor. Nuestras iglesias tendrían que tener más misioneros siendo apoyados en oración y con ofrendas, no menos.

Lo que he visto en esta ciudad y en esta iglesia es un gran llamado de atención para mi servicio a Dios.

¡Qué Dios nos ayude a imitar el ejemplo misionero de esta iglesia mexicana y que crezcamos más y más siempre en la obra que nuestro Señor Jesucristo nos encomendó!

¡Qué Dios siga bendiciendo y usando grandemente al pastor Noé Díaz y a la IBB El Gran Redentor!

Por la gracia de Dios…

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” (1 Co 15.10).

Pablo experimentó la gracia de Dios. La gracia de Dios lo transformó. Era incrédulo y enemigo acérrimo de Jesucristo pero la gracia de Dios le hizo tener fe, confianza y amor supremo por él. Fue un cruel perseguidor de la iglesia y de los cristianos pero la gracia de Dios lo convirtió en fundador y promotor de iglesias en varias ciudades y también en enrolador de más cristianos en todos los lugares a donde fue. La transformación de Pablo fue totalmente radical. De todos los personajes principales del Nuevo Testamento, Pablo, después de Jesucristo, es el personaje más trascendental.

La vida presente y futura de Pablo cambió de rumbo por obra de la gracia de Dios. La gracia de Dios impactó la vida de este varón de una manera tal que no dejaba de hablar de ella y de atribuirle a ella lo que él era y lo que él hacía. “Por la gracia de Dios soy lo que soy” y “he trabajado más que todos…”, decía. El Nuevo Testamento tiene abundante testimonio de quién era Pablo y de cuánto trabajó para Jesucristo y la extensión de su evangelio en todo el mundo de aquel entonces.

Pablo empezó a vivir a Cristo y a proclamar el evangelio de salvación tan pronto como Dios se manifestó a él y lo llamó a su reino. Su trabajo fue diligente y sacrificado. Llevó el evangelio a gran parte de los pueblos y ciudades del Imperio Romano. Fue perseguido, apedreado y encarcelado por predicar a Jesucristo, pero eso no le desanimó, sino que le estimuló a predicar con más tesón todavía. Pablo trabajó mucho, es innegable. Pero ese su trabajo, él no se lo atribuyó a sí mismo, sino a la gracia de Dios, que fue la que obró para que él, en Cristo, fuese quien era e hiciese todo lo que hizo.

La gracia de Dios estaba presente en toda la vida de Pablo. Nunca la puso a un lado. Nunca la ignoró. Nunca la menosprecio. Siempre valoró y siempre vivía muy agradecido a Dios por ella. Su vida toda estaba basada en la gracia de Dios. La gracia de Dios fue su motivación constante al vivir en esta tierra luego de conocer a Jesucristo. Recibió gracia y compartió gracia. Así vivió él en la tierra, hasta que Dios lo llevó a su presencia.

Pero la gracia de Dios no ha obrado solamente en Pablo, sino también en todos los que creemos y seguimos a Jesucristo. No ha existido, no existe y no existirá ningún discípulo de Jesucristo que no atribuya su salvación y su transformación a la gracia de Dios. Nosotros no tenemos mérito por nosotros mismos. Por nosotros mismos solamente tenemos deméritos. Somos pecadores y merecemos el juicio de Dios. Pero Dios, por su gracia y por su misericordia nos ha mirado, nos mira y nos mirará con compasión, para salvarnos, santificarnos. utilizarnos y glorificarnos. Todo discípulo sabe y es consciente de que es por la gracia de Dios que estamos en pie y tenemos esperanza.

He pensado mucho en la gracia de Dios en estos días. He pensado en ella en función de mi propia vida; mi vida sin Cristo y mi vida en Cristo; mi vida personal y mi vida familiar. No puedo yo mirar ningún aspecto noble, bueno y alegre de mi vida aparte de la gracia de Dios. Aun mis pecados, mis defectos y mi imperfección los miro en base a la gracia de Dios pues solo ella explica el porqué todavía sigo en pie a pesar de ellos.

El evangelio de Juan dice que Dios por medio de Jesucristo trajo para todos los hombres gracia sobre gracia. Fue la gracia y la misericordia de Dios la que me preservó y me mantuvo vivo cuando yo no conocía todavía a Jesucristo. Esa gracia me hizo mirar a Cristo para rogar mi salvación y transformación cuando vivía una vida vacía y sometida a mis pasiones y pecados. Es la gracia de Dios la que me ha sostenido durante todos los años en que estoy siguiendo a Jesucristo.

Pablo atribuyó lo que era y lo mucho que trabajó por Cristo y su evangelio a la gracia de Dios. Yo tengo que hacer lo mismo. Aparte de la gracia de Dios, no tengo nada bueno y nada de valor. Todo lo que soy y todo lo que tengo es por Dios y su gracia.

La gracia de Dios, su misericordia y su bondad para los pecadores, ya hijos suyos o no, han sido mi meditación en todos estos últimos días. Al pensar en la gracia de Dios, también he pensado en mi reacción ante ante Dios y mis semejantes a causa de ella. Tengo que amar más a Dios. Debo ponerme a su servicio y trabajar más y más duro por él. También, tengo que darle más de mí, por causa de Dios y su gracia, a todos los que me rodean, que son muchos.

Antes he pensado que he hecho suficiente y que tengo derecho a descanso. He exagerado en eso. He sido egoísta y negligente. Por Dios y su evangelio, tengo que cambiar. Tengo que darme más y hacer más por los demás.

La gracia de Dios demanda sacrificio y negación de uno mismo. Dios sacrificó a su Hijo Jesús por nosotros. Jesús entregó su vida por nosotros pecadores. El Espíritu Santo vino a morar en humanos pecadores. Ni Dios Padre, ni Dios Hijo, ni Dios Espíritu Santo se han guardado algo para sí a fin de servirnos. La gracia de Dios se ha manifestado así, en esa medida, con entrega total.

La gracia de Dios debe impulsarnos a entregarnos totalmente a Dios, primero, y también a los demás, todo por gratitud y por agradarle él. Todos los que disfrutamos los beneficios de la maravillosa gracia de Dios tenemos que consagrarnos voluntaria y diligentemente al servicio a Dios y a los demás.

Todo esto ha venido a mi mente mientras he meditado en la gracia de Dios. Soy lo que soy y tengo lo que tengo por la gracia de Dios. Tengo que trabajar más y más para Dios y para otros debido justamente a la gracia de Dios. Aparte de la gracia de Dios, no creo que exista una motivación más grande para vivir para Dios y para los demás. ¡Qué Dios me ayude a vivir por su gracia y expresando esa su gracia a todos los que están en mi entorno y a todos los que se relacionan conmigo por dondequiera que vaya! Amén.

29 Junio de 1987 – La conversión de Segundo

Segundo tenía 22 años cuando se convirtió en seguidor de Jesucristo.

Segundo, antes de su conversión, estaba atrapado por vicios y costumbres que desgastaban su alma, afligían a sus padres, avergonzaban a sus hermanos y familiares, y causaban conmiseración entre sus vecinos y entre todos aquellos que lo conocían.

Segundo era muy consciente de que su vida estaba mal y que de seguir así, nada bueno se avizoraba para él. Porque lo sabía y porque eso también lo incomodaba y lo hacía infeliz, quería dejar de vivir así, y vaya que intentó ser distinto, no una, sino muchas veces. Cada vez que volvía a su casa y veía el desconsuelo de su madre, la decepción de su padre y la frustración de sus hermanos, y también, por supuesto, el propio vacío de su alma, él se proponía cambiar, se proponía dejar sus vicios, para ser un joven distinto y mejor, como sí lo eran todos sus hermanos. Pero… había un gran pero. No podía cambiar. No podía ser distinto a lo que era, no le era fácil. Siempre volvía a hacer aquello que no quería. No solamente volvía a hacer lo que no quería hacer, sino que lo  hacía peor. Su vida estaba yendo de mal en peor y eso lo tenía muy frustrado.

Todo cambio, empero, el día 29 de Junio de 1987. Era Lunes. En el mundo católico, cada 29 de Junio se celebra el día de San Pedro, en honor de aquel impetuoso y rudo pescador, quien era simplemente Simón, pero que por hacerse seguidor de Jesucristo, se convirtió en el hasta hoy muy reconocido Pedro.

Ese lunes, Segundo se despertó de una borrachera. Estaba todo oscuro y no alcanzaba a ver nada, pero nada. A su mente le vino de inmediato esta pregunta: ¿Ya estoy muerto? Al ver que no estaba muerto, vinieron estas otras preguntas: ¿Voy a vivir así toda mi vida? ¿Para esto me ha creado Dios? ¿No hay otro tipo de vida que esta que vivo?

Estas preguntas volvían y volvían a la mente de Segundo. Desde que abrió sus ojos, no dejó de hacerse esas preguntas. Hasta que de pronto y sin saber cómo, a su mente le vino claramente esta afirmación: Jesucristo puede darte una nueva vida, él puede cambiarte. (Segundo había oído de Jesús desde la edad de 6 hasta más o menos los 10 años. Esto muestra lo valioso de sembrar la historia de Jesucristo en los niños).

Después de esta afirmación, en su interior retumbaron estas tres preguntas: ¿Qué es lo que van a decir tus amigos si te conviertes a Jesucristo? ¿Podrás dejar a ellos y a tus vicios y a tus malas costumbres? (Recuerda que lo has intentado muchas veces y siempre has fracasado) ¿Podrás seguir las enseñanzas de Cristo sin volver atrás?

Estas preguntas estaban allí, una y otra vez. Todo esto ocurría en el interior de Segundo y no había reposo. Se había despertado de su embriaguez como a las 4 de la mañana. Eran ya cerca de las 11 de la mañana y la batalla en su interior era cada vez más y más fuerte. Hasta que llegó el momento crucial. Eran poco más de la 11 de la cuando cuando decidió entregar su vida a Jesús. Para hacerlo, le vino a su mente el nombre de un misionero, que ya antes le había hablado de Jesucristo.

Segundo fue hasta este misionero y le dijo decididamente: Quiero entregar mi vida a Jesucristo. El misionero le miró sorprendido. Una vez repuesto de la sorpresa, el misionero y él fueron a una oficina. Allí, en esa oficina, el misionero le explicó el evangelio. Le dijo: Jesús vino a salvar a los pecadores, murió en una cruz por los pecadores, resucitó de los muertos, está vivo y ofrece dar perdón de pecados, vida eterna y una vida nueva a los que creen en él de todo corazón. Todo su resumen estaba respaldado por textos bíblicos. Finalizó este su resumen, diciéndole: ¿Quieres orar y entregarle tu vida a Jesús?

Segundo estaba decidido. Su respuesta fue: Sí, quiero entregar mi vida a Jesús. Su oración en ese momento crucial fue: “Señor Jesucristo, yo estoy cansado de vivir como vivo, quiero una vida distinta a la que tengo, si tú puedes dármela, te entrego mi vida.” Una vez que terminó de entregar su vida a Jesús, se despidió del misionero, salió a la calle, miró hacia el cielo, y le dijo a Dios: “Ahora vive tú en mi vida.” Eran ya como las 2 de la tarde.

Ese día cambio todo en la vida de Segundo. Poco a poco empezaron a verse los cambios en él. A partir de allí, ya no pudo comer sin orar agradeciendo a Dios por los alimentos. Dejó de embriagarse. Fue liberado de inmediato de un pecado que le esclavizaba y avergonzaba sobremanera. Sus amigos, al inicio, al ver el cambio, se burlaron de él; pero luego, al ver que el cambio era irreversible, lo dejaron en su nuevo camino.

Segundo se había convertido en un hombre distinto. Dios obró por gracia en su ser y por eso el cambio ocurrió. Está escrito: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas fueron hechas nuevas.” (2 Corintios 5.17). Su vida no ha sido perfecta ni sin pecado porque ser un hombre distinto, un hombre nuevo, por seguir a Jesucristo, no significa ser perfecto, ni no pecaminoso. Significa estar separado y apartado para Dios por medio de Jesucristo. Significa haber sido santificado y limpiado por la sangre de Jesucristo. Significa estar creciendo en apartarse del mal, aunque, eso sí, todavía peque y ofenda a Dios y a otros.

Es así como él llegó a ser distinto. Todo esto ocurrió por la gracia de Dios. Su gracia obró en él maravillosamente y al unirle con Cristo, se cumplió lo que dice el libro Efesios 2.8-10: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Su experiencia transformadora ocurrió el 29 de Junio de 1987. A partir de ese día, cada vez que llega esta fecha, él la conmemora y la celebra. Ese día es para él, un día de renovación de su compromiso con Dios. Ese día está siempre en su memoria, como lo está el día en nació, y lo celebra, y lo celebrará, hasta el fin de su vida en esta tierra.

Pero la experiencia de Segundo también puede ser la tuya. ¿Qué debes hacer para que la sea? Fundamentalmente, tienes que arrepentirte de tus pecados, y creer en Jesucristo de todo corazón, y seguirle como su discípulo todos los días de tu vida en esta tierra. Si lo haces, ten por seguro que Dios te hará un “pecador perdonado santo” y te consagrará para él. No tengas ni una duda de eso. ¡Qué Dios te ayude a entregarle tu vida a Jesús para ser así un santo más que entrará al reino de Dios!

Si ya has tenido la experiencia de creer en Jesucristo de todo corazón, ten por cierto que Dios te ha hecho un “pecador perdonado santo” y que te ve así siempre. Es muy posible que tú mismo, que te sabes pecador, no te veas así. Lo entiendo. Muchas veces me pasa lo mismo, y más, cuando pecó contra Dios y contra otros. Pero, recuerda esto siempre, no eres “pecador perdonado santo” por ti mismo, sino por lo que Dios ha hecho en ti por medio de Jesucristo. Dios te ve “pecador perdonado santo” por causa de Jesús y su obra salvadora y santificadora, y porque que te ha dado Su Espíritu, el cual está en ti (1 Corintios 6.19-20). Por eso, ¡gózate y celebra el día de tu salvación! El día de Segundo fue el 29 de Junio y lo celebra y se goza en él. En tu caso, celebra el día en que creíste. ¡Gózate! Tú sabes qué día fue. ¡Qué Dios te ayude a gozarte y a celebrar con alegría el día conversión!

Perdonad, perdonad, … perdonad.

Los cristianos estamos llamados a perdonar.
El juzgar y condenar a otros nos está prohibido; no es nuestra labor hacer esas cosas.
A nosotros se nos ordena perdonar, perdonar, y perdonar.
Se nos pide, en otro texto, que perdonemos hasta 70 veces 7, lo cual no quiere decir que contemos nuestro perdón y que cesemos y no perdonemos más una vez que hemos perdonado 490 ofensas.
A nosotros se nos pide perdonar siempre, siempre y siempre.
Siempre vamos a ser ofendidos y dañados por otros. Es inevitable que así sea. Por tanto, perdonar es la mejor cura para el resentimiento, la frustración y toda emoción negativa contra otros.
Dios quiere lo mejor para nosotros y es por eso que nos ordena perdonar. El acto de perdonar trae bendiciones grandes.
Al perdonar, agradamos a Dios, lo glorificamos y lo tenemos contento con nosotros.
También, cuando perdonamos, limpiamos nuestro corazón de amargura, de resentimiento y de enojo contra otros. Con esas emociones destructivas fuera del corazón, tenemos paz y contentamiento.
Finalmente, y de acuerdo con el texto de la foto, al perdonar, quedamos “aptos” para ser perdonados. Jesucristo dijo muy claramente: “Perdonad, y seréis perdonados”.
Nosotros también pecamos y ofendemos a otros y, principalmente, a Dios. Necesitamos que se nos perdone y gracias a Dios, se nos ofrece ser perdonados… si es que nosotros aprendemos a perdonar.
¡Qué Dios nos ayude a perdonar siempre y cada vez que es necesario! Amén.