Asesinos impunes.
Asesino es la persona que mata a otro con alevosía, premeditación y ventaja, y sin ningún motivo más que enojo, capricho, egoísmo.
Impunidad es no sufrir consecuencias visibles por crímenes cometidos.
En este mundo hay asesinos impunes y mucha sangre derramada “clamando” a Dios por esa impunidad.
Duele la muerte de inocentes. Indigna que asesinos e instigadores pasen desapercibidos. Es decepcionante que las autoridades no solamente no castiguen a los asesinos, sino que los protejan y los justifiquen.
En Perú siempre hay asesinatos impunes.
Los asesinatos son malos; pero son peores los impunes. En la sociedad actual hay impunidad por causa de valores perversos, cálculo político, cobardía, incapacidad e indiferencia de quienes gobiernan.
La impunidad de los asesinos es ante los hombres, no ante Dios. Los asesinados claman a Dios por el crimen que han sufrido. Su sangre pide y requiere a Dios justicia con vehemencia y desesperación. Dios escucha este clamor y hará justicia.
Caín mató a Abel, por enojo, con alevosía, en secreto. Tomó providencias para quedar impune.
Pero Caín supo que los muertos “hablan” y que Dios escucha.
Dios confrontó a Caín: “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”. Caín no quedó impune. Dios se encargó de él.
Los asesinos impunes tienen impunidad ante los hombres, no ante Dios.
La justicia humana del presente “excusa, justifica, permite y promueve” la impunidad de asesinos.
Entristece la muerte inocente. Frustra la impunidad de asesinos. Desalienta la complicidad, indiferencia, cálculo político, incapacidad e indiferencia de los gobernantes.
Todo este sistema de valores trastocados terminará; también la impunidad.
Jesucristo hará justicia. Él vendrá nuevamente y establecerá su reino justo. En su reino no habrá impunidad.
¡Anhelo y espero el reino de Jesucristo!
