Jesucristo pide de nosotros sus seguidores adhesión y compromiso total con Dios y con su obra de salvación en este mundo. Todos y cada uno de nosotros sus discípulos tenemos que estar ligados inseparablemente a Jesucristo. Él dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15.5).
Jesucristo nos quiere útiles y productivos. Su plan es hacer su obra por medio de cada uno de nosotros. Nosotros somos su brazo para darle gloria a Dios, bendecir espiritual y salvíficamente a quienes nos rodean, y saciar nuestras almas y llenarnos del gozo de Dios.
Ser fructíferos y útiles a Dios y a Jesucristo en sus propósitos y en su obra de salvación es un hecho posible, que depende de cómo nos relacionamos con Jesucristo. Tenemos que creer en él de todo corazón. Tenemos que cultivar una vida íntima con él cada día. Necesitamos vivir ligados a él en toda nuestra manera de vivir.
Si nos separamos de Jesús dejamos de ser útiles y productivos. Nuestro Señor afirmó con contundencia: “… porque separados de mí nada podéis hacéis.” ¿Qué quiso decir con esta declaración? ¿Cómo entendemos y explicamos estas palabras de Jesús?
Primero, estas palabras no significan “no ser capaz de hacer nada” al vivir en esta tierra. La evidencia es que existen muchos hombres y mujeres que no creen ni siguen a Jesucristo y, sin embargo, no están inactivos, ni improductivos, es decir, … no están muertos. Esos hombres no son salvos ni hijos de Dios, pero viven, trabajan, producen, prosperan, ríen, sufren, etc. Las palabras de Jesús no deben entenderse en el plano meramente material y mundano.
Segundo, las palabras de Jesús deben entenderse y explicarse espiritualmente. Jesús da vida espiritual a todos aquellos que están ligados a él. Él nutre y alimenta a sus discípulos con su vida, con sus verdades, con sus valores y con su poder. En consecuencia, los que están ligados a Jesucristo dan fruto y son útiles a Dios. Dios los usa para agradarle, glorificarle y alabarle. Dios los usa para bendecir a otros para salvación (a los inconversos) y para crecimiento y ánimo espiritual (a los creyentes y a las iglesias de Jesucristo). Y por último, Dios llena de satisfacción y gozo a los discípulos ligados a Jesús. Estos discípulos no son perfectos, pero viven plenamente. Ya no tiene hambre ni sed espiritual. Están llenos del gozo del Espíritu Santo y reflejan su obra y su fruto en su personalidad y en su forma de vivir.
Tercero, y último, las palabras de Jesucristo son una advertencia contundente para todos sus seguidores. El discípulo que se desliga de Jesucristo se inutiliza y esteriliza. Al romper su comunión y compañerismo con Jesús, pierde la vida, los valores, el poder y la nutrición de Su Salvador, quedando vacío, seco, desnutrido, sin poder y totalmente improductivo espiritualmente.
Jesucristo nos quiere útiles y productivos. Estar ligados y adheridos a él nos garantiza esa utilidad y productividad. ¡Acerquémonos a nuestro Señor Jesucristo cada día! ¡Afirmémonos en él, en su obra de salvación, en sus promesas, en su venida y en la vida gloriosa a su lado cuando todo este mundo termine! ¡Vivamos en Cristo, por Cristo y para Cristo en todo momento y en toda área de nuestra vida!
¡Seamos provechosos espiritualmente a Dios, a quienes nos rodean y a nuestras propias almas viviendo siempre muy pegados a nuestro Señor y Salvador!
Amén.
