Para muchos, dinero y fe son incompatibles. Piensan que Dios y lo relacionado con él no requiere dinero. ¿Tendrán razón?
Aclaremos: Jesucristo murió por nosotros y resucitó para justificarnos. Salvarnos no nos cuesta; le costó a Jesús. En Jesús Dios regala salvación eterna. ¡No tenemos que comprar nada! ¡No necesitamos dinero para salvarnos! ¡Necesitamos creer en Jesucristo!
Pero no “espiritualicemos” todo.
Lo que cuesta dinero es llevarle el evangelio a las personas. Siempre costó y hoy más… ¡todo es más caro! El transporte moderno nos hace llegar a mayores distancias, a más personas y más rápido… pero a mayor precio. El dinero es esencial en la extensión del evangelio.
Jesucristo mismo “requirió” dinero para ir y llevar su mensaje. “Necesitó” dinero y lo tuvo. ¿De dónde lo obtuvo? De sus seguidores… ellos lo dieron y las mujeres de Lucas 8.1-3 lo prueban.
Sus discípulos de ese tiempo anunciaron la salvación a muchas más personas y en muchos más lugares gracias al dinero que aportaron los adeptos al Salvador.
Llevar el evangelio a toda criatura por todo el mundo requiere de dinero y Dios quiere que sus hijos lo provean.
Todos debemos extender la salvación en Cristo con nuestra voz, con oraciones… y con dinero.
Los cristianos debemos invertir en la obra misionera, que es lo que hacemos para extender la salvación a más personas.
Es vital el sostenimiento de quienes llevan el evangelio a pueblos y ciudades donde no hay discípulos.
Dios regala salvación en Cristo, pero difundir este mensaje sí cuesta dinero y los cristianos debemos proveerlo.
Somos muchos los cristianos, si todos damos, habrá suficiente dinero para extender el evangelio a muchos más.
¡Sumémonos a los cristianos que ofrendan para que Jesucristo sea anunciado-conocido por más personas en más lugares!
Amén.
